17 de noviembre de 2011

Esclavas en el espacio (1987)

A finales de los años ochenta, Esclavas en el espacio debió de ser carne de videoclub. No hay más que ver el póster para saber que estamos ante un caso agudo de seriebenitis. La película no se estrenaba en el cine, no se invertía en publicidad, y simplemente se escogía un título sugerente (Slave Girls from Beyond Infinity en el original) y se contrataba a un ilustrador más o menos competente para tener una carátula atractiva a la vista. Y en el reverso, ¡alé!, un fotograma de la prota encadenada y ligerita de ropa y otro de un robot. Más de un incauto acabaría alquilando la cinta.

Sin embargo, ahora que la información nos desborda por medio de mil y un dispositivos, es improbable que nos la den con queso. Al fin y al cabo, es solo cuestion de meterse en la IMDb y ver que la peli tiene un 4.3. No se tarda más que unos segundos.

Pero algo hemos perdido.

Yo lo que más echo de menos es la incertidumbre. Uno podía bajar al videoclub, alquilar tres películas y que dos de ellas fueran un asco, sí; pero si la tercera era buena-buena o tan mala que era buena, se te quedaba grabada como parte de una experiencia más grande que la propia película. No es el caso de Esclavas en el espacio, una versión de tantas de la muy superior El malvado Zaroff. Con chicas en bikini, eso sí.

La cinta comienza en una jungla de quita y pon de un planeta muy, muy lejano. Podéis iros acostumbrando a la vegetación, porque los decorados escasean y este en concreto se repite más que el ajo. Ni siquiera se molestan en mover las plantas de sitio. Total, ¿para qué?, si todo hombre que vea esta película se fijará únicamente en la rubia de pechos infartantes que ha entrado en escena. O lo hará siempre que no esté escribiendo una recapitulación plagada de estupideces, en cuyo caso estará atento a otros detalles. O dirá que el canalillo de la rubia debería llamarse Silicon Valley.

Un mutante armado con un rifle láser está a punto de atrapar a la Barbie neumática, cuando un misterioso desconocido derriba a la criatura con una ballesta. Una ballesta láser, aunque eso se da por descontado.

Aceptamos "tío con disfraz de goma" como mutante, pero solo porque tiene cara de crustáceo.

Fundido en negro y cortamos a una nave espacial de juguete que surca la inmensidad del espacio recorriendo una pintura mate la mar de cutre. Dentro de la nave, encerradas en una celda, hay dos chicas encadenadas al suelo.

Aunque suponemos que se trata de las esclavas del título, no podemos evitar hacernos algunas preguntas, como: ¿Por qué están allí? ¿De qué se conocen? ¿Quién las ha capturado? ¿A dónde las llevan? ¿Por qué son esclavas?, ¿de quién?

Ninguna de estas preguntas tiene respuesta, pero al menos las chicas tienen nombre: Daria (Elizabeth Kaitan) y Tisa (Cindy Beal).

Daria es la que podría competir a nivel local con el Grupo Leche Pascual.

Emulando a la sensacional Hulka, Daria rompe su cadena y la utiliza para invertir la polaridad del mecanismo que mantiene los barrotes cerrados. (Si alguna vez tocáis fondo y acabáis escribiendo ciencia-ficción para ganaros la vida, jamás os olvidéis de que siempre podréis sacar a vuestro protagonista de cualquier apuro invertiendo la polaridad de algún cachivache. En TRON también funcionaba.)

Las chicas dejan fuera de combate a dos guardias en baja forma, y roban una lanzadera con "megadeslizamiento" e "inducción atómica". Lo sé, la jerga es demasiado técnica como para que vuestros limitados cerebros la asimilen. Hay que estudiar para entender esto.

-¡Rápido! ¡Activa el impulsor de iones! ¡Torpedos de protones al máximo!

No han pasado ni dos minutos desde que las chicas han escapado de la nave, cuando la lanzadera es capturada por el rayo tractor de un planetoide.

Mientras intentáis imaginaros cómo se estrella la lanzadera (porque 100.000 dólares no son dinero para rodar un aterrizaje forzoso), haré un pequeño paréntesis para repasar las mayores aportaciones al mundo de la interpretación de Elizabeth Kaitan y Cindy Beal:

  • Elizabeth Kaitan: enseñó las tetas en Viernes 13 VII: Sangre nueva antes de que la mataran.
  • Cindy Beal: dobló a un robot de Dragon Ball GT en cinco episodios.

Dicho esto, os dejaré adivinar por cuál de estas razones las contrataron para Esclavas en el espacio: a) venían avaladas por sus numerosos registros interpretativos; o b) lucen estupendas en bikini y ropa interior.

Os daré una pista:

Exactamente.

La lanzadera cae al mar y las olas arrastran a Daria hasta la costa, donde acaba desmayándose bajo la atenta mirada de un androide. Obviamente, por limitaciones presupuestarias, el autómata solo es un actor con un traje de hojalata; pero deducimos que es un androide porque todos los movimientos que hace van acompañados de sonidos de robot, que es así como muy sutil.

Tras recobrar el conocimiento, Daria entra en la gruta que veis de la imagen superior (de verdad que hay una gruta, mirad a la derecha de donde estáis mirando... un poco más... ahí, bien), cruza la jungla y llega a una mansión repleta de armas, pieles y animales disecados.

-¡Bip, bip! Culo. ¡Bip!

Los trofeos pertenecen a Zed (Don Scribner), dueño y señor del castillo y, hasta hace nada y menos, único residente del planetoide. En línea con la previsibilidad que caracteriza a este tipo de producciones, todo apunta a que Zed es el malo del filme: las notas musicales que anuncian su entrada, sus ademanes distinguidos, su siniestro y negrísimo atuendo, y, sobre todo, ¡su sorprendente parecido con Patrick Bateman! En serio, podría ser el padre de Christian Bale. O el propio Christian Bale, si éste tuviera una máquina del tiempo espacial. Cómo me molaría tener una máquina del tiempo espacial...

Zed vive con dos androides: Vak, que guarda el castillo, y Krel, al que vimos antes merodeando por la playa. Esta es otra clara señal de que Zed no puede traerse nada bueno entre manos, porque, a ver, ¿quién más utiliza robots? Os haré una breve lista: Shredder, el Doctor Infierno, Hordak, el profesor Wily y el yerno de Rocky Balboa. Todos villanos.

-¡Soy Batman!

Sin embargo, Daria no es la única visita que Zed ha recibido hoy. Tisa ya había llegado al castillo por su propio pie e incluso ha tenido tiempo de cambiar su modesto bikini por un camisón negro semitransparente. Preferiría no imaginarme por qué Zed tiene un camisón en su casa si vive solo, pero ya es tarde. Transvestite time!

Casualmente, hace diez días hubo otro aterrizaje forzoso, por lo que aparte de nuestras esclavas favoritas, hay otros dos invitados en el castillo: los hermanos Rik (Carl Horner) y Shela (Brinke Stevens).

Carl Horner es más conocido como modelista que como intérprete, y, de hecho, esta es la única película en la que ha actuado, lo que os puede dar una idea aproximada de la presencia que tiene delante de las cámaras, ahí a la par que la del atrezo. Brinke Stevens, en cambio, es toda una scream queen, y ha participado en más de 120 títulos, la mayoría de ellos de cine de terror. Respecto de los desnudos, ella misma declaró en una ocasión:

Yo no busco trabajos con desnudos, pero ahí están [...]. Desde mi punto de vista, un cuerpo femenino hermoso es un regalo valiosísimo. Ocultarlo demuestra una falta de agradecimiento. De aquí a unos años, cuando mire las fotografías y películas que hice cuando era una chica guapa, sé que me alegraré de haber tenido el tino de aprovechar mis bazas y oportunidades en lugar de desperdiciarlas.

Y por ello le damos gracias.

Gana desnuda.

Después de que Zed comparta su inquietante entusiasmo por la caza con sus cuatro huéspedes (solo le falta hacer ruiditos con la boca como Hannibal Lecter), Rik se lleva a Daria a cinco metros de la mesa con la excusa de que quiere tomar el aire (¿?) y le recomienda que no se fíe de Zed. ¿De verás? A mí me parece un jodido psicópata malvado bastante majo. Es educado, presta vestidos sexis a sus invitadas y, a juzgar por sus trofeos, posee amplios conocimientos de taxidermia. No es nada espeluznante.

Rik le cuenta a Daria que su hermana y él llegaron con un piloto y un navegante, y que, según Zed, ambos desaparecieron después de salir a cazar. Pero estas tonterías no le van a quitar el sueño a Daria, qué va. Es rubia y necesita dormir como mínimo diez horas para levantarse estupenda.

Esta película es idiota y no se me ocurre qué decir sobre estas capturas.

Esa misma noche, Rik irrumpe en el dormitorio de Daria para decirle que su hermana Shela no está en su habitación. Pues no sé, habrá ido a hacer un pis o algo. No hay razón para ponerse paranoicos en un planeta en el que las naves se estrellan inexplicablemente y la gente desaparece de un momento para otro.

Rik convence a Daria para colarse en el cuarto de trofeos privado de Zed, por el motivo de que éste fue el último lugar en el que estuvieron el piloto y el navegante antes de "salir a cazar". Daria, por supuesto, no se molesta en cambiarse de ropa y va por ahí en camisón.

Sin embargo, el cuarto de trofeos es un lugar de lo más corriente. Están las típicas paredes decoradas con cabezas humanas, el clásico altar de piedra para sacrificios y desmembramientos rituales, y el imprescindible trono decorado con pieles y cráneos para villanos chalados. Y si esto os parece tétrico, tendríais que ver la casa de mi abuela, con todos esos tapetes de ganchillo, estampitas de Jesucristo y figuras de la Virgen de la Vega. Me santiguaría si no fuera porque la última vez estallé en llamas.

Puede ser un mentiroso, un cerdo, un idiota, un cazador de hombres... ¡Pero de actor porno no tiene nada!

Daria y Rik encuentran a Tisa, que también había salido a fisgonear en ropa interior. Lo sé, en el fondo seguís pensando que este no es el vestuario más apropiado para husmear en casas ajenas. Sin embargo, estáis desdeñando la ventaja con la que parten nuestras heroínas. Me explico:

Imaginaos que es de noche y oís ruidos en casa. Después de descartar que la silla con vuestra ropa encima es un asesino en serie, os levantáis acojonados, cogéis el primer objeto contundente que encontráis (si vivierais en los Estados Unidos, sería un bate de béisbol firmado por Babe Ruth), camináis de puntillas hasta la habitación de donde creéis que procede el ruido... y os dais de bruces con una mujer vestida con lencería fina que podría haber sido portada de Playboy o Hustler. Para cuando terminéis de balbucear, ella estará en San Cristóbal de Entreviñas comiendo perdiz con castañas. Esto es así.

Husmea que te husmea, el trío descubre que Zed tiene una lanzadera espacial, pero como no estaría bien marcharse sin la hermana de Rik, elaboran la estrategia más absurda y peligrosa posible para salvarla: Daria y Rik, en pijama y armados con un cuchillo de cocina, colocarán trampas en la jungla (la misma jungla donde Zed caza mámuts y dientes de sable con armas láser y la ayuda de dos androides), y Tisa, mientras tanto, buscará a Shela en el castillo (el mismo castillo en el que Zed está disecando en estos instantes la cabeza de su última presa humana).

El problema de Rik es que las rubias te contagian la estupidez. Y si tengo lectoras rubias, me disculpo de antemano. La culpa es nuestra por pensar con la cabeza de abajo.

Uniformes apropiados.

Al amanecer, Zed ordena a Vak que compruebe que todos los huéspedes estén en sus dormitorios. Como Daria y Rik no han regresado todavía, Tisa le pide al robot que la acompañe a la playa, para evitar la inspección.

Tisa: Zed dice que la selva está llena de peligros. Me sentiría más segura si un androide fuerte y grande como tú me protegiese. Es una pena, pero no llevo bañador.

Qué memez, os diréis. Es un androide, no el sicario malvado número 2. Ni siquiera tiene pito. Error. En esta cinta, los robots son unos pervertidos con la madurez sexual de un chaval de quince años, y Vak sigue a Tisa como si fuera un perrito faldero para verla bañarse en topless.

Entonces llega el otro androide y se desencadena la comedia robótica definitiva:

Krel: ¿Qué haces aquí?
Vak: Mirarla.
Krel: El amo te mandó que vigilaras los dormitorios.
Vak: En la casa todo está bajo control.
Krel: ¿Estás seguro?
Vak: Pues... no.
Krel: Pienso que deberías vigilar la casa.
Vak:. ¿Pensar tú? Tú no has pensado en tu vida.
Krel: ¿Me estás insultando?
Vak: Estás en lo cierto.

Imagináoslo con voces de robot. ¡Es delirante!

-¿Por qué le pediría un corazón al Gran Oz y no un...? Ya sabéis.

Daria y Rik regresan al castillo a tiempo de que Zed pase revista y, para justificar por qué se encuentran ambos en el mismo dormitorio, fingen que están fornicando. Ella con las bragas puestas y él sin quitarse siquiera el pantalón. Estoy convencido de que el actor no protestó cuando le dijeron que iban a restregarle un estupendo par de tetas por todo el cuerpo, pero ella debería haberle planteado algunas preguntas al director, empezando por la motivación de su personaje y continuando con "¿POR QUÉ?".

La pantomima, por algún motivo inexplicable, convence a Zed de que no ha pasado nada raro y éste se marcha sonriendo mientras la farsa desemboca en un acto sexual auténtico. Auténtico, pero de mentira, porque esto no es una película porno y Daria sigue sin quitarse las bragas.

Al terminar, Rik dice que "si muriese hoy, no me importaría". Una palabras, muy, ¿cómo lo diría?, premonitorias.

¡Dun-dun-dun!

En la siguiente escena, Daria, Tisa y Shela se despiertan encadenadas a una columna en el cuarto de trofeos de Zed, de nuevo vistiendo esos alucinantes bikinis prehistóricos que puso de moda Raquel Welch en Hace un millón de años. La única explicación que nos dan sobre qué hacen aquí es que las drogaron. El cómo y el cuándo quedan a la imaginación del espectador. ¿Qué es lo que yo creo? Que Zed les ofreció un vaso de agua misteriosamente burbujeante y verde. No son lo que se dice muy espabiladas.

Daria y Zed discuten sobre sus filosofías de vida (sí, en serio), y después Zed suelta a las tres chicas en la jungla para darles caza. Ahora bien, por aquello de hacer el juego más interesante, Zed les entrega un mapa con el camino a un templo donde guarda armas láser. Si llegan hasta allí, las chicas no solo tendrán más posibilidades de ganar, sino que también podrán escenificar la carátula de la cinta; cosa que no se puede decir de todos los filmes de serie B.

Igualitas a las que tengo en casa, columna y cadenas incluidas.

En el transcurso de la cacería, Zed mata a Shela, pero, con algo más de suerte que su amiga, Daria y Tisa consiguen llegar al templo sanas y salvas. Desafortunadamente, el acceso al edificio está protegido por un jeroglífico. ¿Qué harán ahora? No pasa nada. Daria resuelve el acertijo en un santiamén gracias al poder de... ser rubia. Esta película hace algo más que tantear las fronteras de nuestra ingenuidad...

El interior del templo, que recibe el nombre de Zona Fantasma, es un lugar donde "la medida espacio-tiempo no vale". No obstante, vosotros podéis referiros a él como el Plató de Cartón Piedra Con Una Niebla De Cojones.

Después de separarse accidentalmente, las chicas se cruzan con un par de zombis salidos de ninguna parte que el director debió de incluir porque les sobraban un par de caretas del último Haloween y pensó que quedarían fetén en su película. Luego el mutante del principio de la cinta regresa de la sala de vestuario y atrapa a Tisa, a la que coge en brazos, porque ella está jamona y él muy solo. Antes de que digáis "Espera, espera, espera... ¿Qué era todo eso de los zombis? ¿Qué zombis?", Daria acude al rescate con un desproporcionado LaserScope que encuentra guardado en un arcón de piedra. Ahora todo cobra sentido.

Solo que no.

Fuck yeah!

De vuelta a la jungla, Zed embosca a las chicas y, tras un intercambio de disparos láser, derriba a Daria. Dando a ésta por muerta, Zed regresa con Tisa al castillo para comprobar la resistencia de su mesa a los movimientos oscilantes y a las embestidas.

En ese momento, Daria se presenta con un disfraz de gladiadora y desafía a Zed a un combate a muerte. Probablemente, hubiera sido más fácil matar a Zed cuando contaban con la ayuda de Rik o cuando Shela aún seguía viva, pero entonces la película hubiera terminado cuarenta minutos antes y nosotros nos hubiésemos perdido la escena con los zombis espontáneos.

Gladiator 2. Ahora con más rubias de bote.

Como cabía esperar, las chicas derrotan a los malos y huyen en la lanzadera, aunque Zed, a pesar de estar muy malherido, se las apaña para activar el mecanismo de autodestrucción del castillo. ¿Que por qué hace esto? No lo sé, pero si yo tuviera un mecanismo como ese en mi sofá, lo activaría ahora mismo con tal de ahorrarme un solo segundo más de seguir escribiendo sobre este bodrio.

Fin.

Si tenéis una vida, por favor enviádmela a través del formulario de contacto. Gracias.

2 comentarios

  1. ¿Cómo es posible que se me hubiera pasado este artículo? Soy un lector fiel desde los lejanos tiempos de ionlitio, de los que nunca comenta nada pero devora recapitulaciones como esta. Mucho ánimo, Tipo, siga usted así.
    Entrada que va directa a mi Top 5 de comicidad del blog. Grande.

    ResponderEliminar
  2. Hola, está muy bueno el artículo, me he reído mucho por dos razones: 1) el artículo es muy ocurrente, y 2) la película no es más ocurrente que el artículo. Un saludo desde Córdoba de la Nueva Andalucía (Argentina)

    ResponderEliminar