24 de noviembre de 2011

Los primeros cómics de Transformers

El fin de semana pasado, buscando material para próximos artículos en casa de mis padres (y un abrigo para el invierno, y ropa de cama, y comida...), encontré por casualidad mis viejos cómics de Transformers, que la editorial Forum publicó bajo el sello de Marvel entre finales de los ochenta y principios de los noventa. Estaban guardados en una baúl junto con un tebeo de las Tortugas Ninja, dos tomos de Don Mickey, tres tazos de Dragon Ball Z, un capuchón de boli Bic y algunas historietas de Conan el Bárbaro recopiladas de la revista infantil Gente Menuda.

Los números de Conan estaban encuadernados y en perfecto estado, pero el resto de cómics, incluidos los de Transformers, me los encontré tal y como los dejé cuando era un crío: hechos polvo. Las cubiertas dobladas, las hojas cuarteadas, las viñetas pintarrajeadas... Incluso faltaban algunas páginas, y aunque ya no recuerdo qué hice con ellas, seguro que no fue bonito.

Aun así, estos cómics tienen que valer una fortuna. Para ir sobre seguro, habría qué ver a cuánto cotiza la nostalgia en época de crisis; pero para mí su valor es incalculable, sobre todo los de Transformers. Y no lo digo no porque estos juguetes japoneses adaptados a formato cómic y luego a teleserie me gustasen especialmente, sino porque dentro de su colección también se publicaban las historietas de Rom, el Caballero del Espacio, un personaje que nunca fue tan popular como Spider-Man o Iron Man, pero que contaba con su pequeño círculo de seguidores, más o menos como la Cosa del Pantano en DC. Pero me estoy desviando del tema.

Aunque en España la colección de Transformers abarcó casi 70 números, sus primeras aventuras se repasan en un pispás. Permitidme que os lo demuestre con este artículo de más de 4.000 palabras.


#1. Transformers


¿Podéis imaginaros formas de vida basadas no en el carbono, sino en la interacción de engranajes, palancas y poleas? Si es así, hace veintisiete años podríais haber inventado los Transformers y haberos hecho de oro como hizo Hasbro. Y por inventar quiero decir comprar los derechos de varias franquicias de juguetes japonesas, unirlas bajo una misma marca y darles un trasfondo con tintes épicos a través de cómics y dibujos animados. En lugar de eso, ahora solo sois los fracasados con ideas ridículas del presente. Es para avergonzarse.

Cybertron, un planeta mecánico donde dos facciones de máquinas vivientes llevan eones enfrentadas: los apacibles Autobots, liderados por Optimus Prime; y los belicosos Decepticons, comandados por Megatron.

La batalla es tan brutal que saca el planeta de su órbita (supongo que si te tragabas lo de los robots alienígenas, el resto iba rodado) y lo conduce a un campo de asteroides, donde, según C-3PO, sus probabilidades de sobrevivir serían de 1 contra 3.750.

Seguro que no recordabais a Megatron con gafas de sol horteras.

Para despejar el camino de pedruscos espaciales, los Autobots construyen una nave a la que llaman el Arca, un nombre con tintes bíblicos antes siquiera de que existiesen los dinosaurios. Desafortunadamente, los Decepticons van un paso por delante de sus rivales y lanzan un ataque sorpresa, obligando a Optimus a estrellar la nave contra la Tierra, tal y como era ésta antes del nacimiento de las folklóricas. De este modo, y a riesgo de que su actuación suicida le garantice una entrada rápida en el Infierno Robot, Optimus evita que sus enemigos se hagan con el Arca y su colección de Playbot.

Cuatro millones de años más tarde, una erupción volcánica reinicia el Arca en el año 1984 de nuestra era, justo a tiempo de ver el estreno de películas como Terminator, Cazafantasmas, Superdetective en Hollywood, Indiana Jones y el Templo Maldito, Gremlins, Loca Academia de Policía o Karate Kid. (¿Y qué tenemos en 2011? Transformers: El lado oscuro de la Luna y Capitán Trueno y el Santo Grial. Que le den al 00.)

Para haberse matado.

El Arca, demostrando una falta de criterio alarmante, reconstruye a los escacharrados Transformers para que puedan imitar las formas terrestres que parecen dominar el planeta, esto es, vehículos, en el caso de los Autobots, y armas y aparatos de comunicación, en el de los Decepticons. Hoy la mitad serían putos smartphones y se mejorarían a sí mismos descargándose apps.

Los Decepticons son los primeros en levantarse de su larga siesta, pero, aun teniendo esta ventaja sobre los Autobots, Megatron ordenar largarse con viento fresco, porque si exterminase a sus enemigos en ese momento... No sé, ¿el cómic acabaría enseguida? En serio, la única razón que da Megatron para marcharse en lugar de quedarse dos minutos y exterminar a los Autobots es que los propios Decepticons no están todavía al 100% de su rendimiento y teme que la cosa se tuerza si pelean.

Esto, por supuesto, encaja estupendamente con el hecho de que Megatron pierda dos horas pasando lista entre sus filas mientras los Autobots se van incorporando con toda la calma del mundo. ¡Y atentos a las presentaciones!

Y vosotros que que pensabais que Las aventuras de Blake y Mortimer tenían mucho texto…

Estas enormes parrafadas son las que impidieron que me interesase más por esta colección cuando era un crío. Igual que ahora, entonces también me gustaban los libros, pero si abría un tebeo no era para ver a los pobres personajes achuchados por los bocadillos de texto. Me pregunto si Ralph Macchio (el editor y guionista de cómics, no el de la patada de la grulla) tendría presente el término "equilibrio" cuando se puso a escribir este número.

Además, había una burrada de robots y me costaba enterarme de quién era quién. A Optimus Prime y a Megatron los tenía calados porque eran los mandamases, tenían carisma y en los dibujos animados chupaban más cámara que Pablo Motos en El Hormiguero; pero, para mí, la mayoría de los Transformers eran tan indistinguibles como los extras de una peli de kung fu, y sus nombres me parecían demasiado complicados como para memorizarlos en un par de viñetas: Cliffjumper, Laserbeak, Sideswipe, Sunstreaker, Thundercracker, Brokestraightdude… Tampoco tenía tan buen nivel de inglés como para entender su significado, lo que sin duda me hubiera ayudado, y al final me refería a muchos de ellos con descriptivos, como, por ejemplo, "el que se transforma en jeep" y "el que es clavado a Starscream, pero en azul".

Y en esta viñeta faltan otros diez Autobots. Sigh.

Sin perder la esperanza de regresar algún día a Cybertron (si es que no reventó en pedazos y consiguen que el Arca deje de dar el error 0xc00000e9), Optimus Prime fija un objetivo más inmediato para sus tropas: destruir a los Decepticons. Yo, desde luego, si tengo que elegir entre ver a robots gigantes sacudiéndose de lo lindo, y robots gigantes parodiando la teleserie Un chapuzas en casa, me quedo con la primera opción. Le cogí tirria a Tim Allen desde que hizo Santa Claus 2.

Los Decepticons, en cambio, son mucho más ambiciosos que sus adversarios y pretenden eliminar a los Autobots y también explotar los recursos naturales del planeta para luego dominarlo. Debieron de hacer algún cursillo de motivación laboral antes de llegar a la Tierra.

Sabiendo que como deje hablar a Optimus, estarán así hasta mañana, Hound le dice que todo eso está muy bien, pero que, primero, le gustaría darse un garbeo por ahí realizar una misión de reconocimiento e ir aprendiendo de este nuevo planeta. El líder de los Autobots le da su aprobación, pero le dice que no se olvide de que su principal misión debe ser librar a este mundo del azote que ellos mism… Realmente nadie escucha a Optimus, así que, ¿por qué iba a hacerlo yo? Ya volveremos a verlo en el número siguiente.

¿No se callarán nunca?

Hound y otros cuatro Autobots, entre ellos Bumblebee, el Volkswagen escarabajo amarillo reconvertido a Camaro por Michael Bay, adoptan su forma terrestre y siguen la carretera más cercana hasta un autocine.

Los Autobots confunden a los coches aparcados con terrícolas y Bumblebee decide ser el primero en saludarlos a su peculiar manera: chocando contra el coche de enfrente hasta destrozarle el parachoques y abollarle el maletero. Los relatos de encuentros con extraterrestres que he oído son bastante parecidos, sobre todo la parte de la invasión rectal.

Curiosamente, en las cinco viñetas que sale la pantalla del autocine, los actores aparecen pegándose el lote. El título de la película es A kiss for us. Muy apropiado.

Hora de presentar al protagonista humano: Buster Witwicky. Es un ratón de biblioteca y su padre, mecánico de profesión, quiere que no estudie tanto y dedique más tiempo a tareas que le puedan servir en el futuro, como sustituir conexiones de la batería, cambiar bujías o taponar fugas del circuito de refrigeración. ¿Para qué intentar conseguir una beca universitaria cuando puede aprender a reparar coches? Sin duda, la mecánica le ayudará a lograr un trabajo de ensueño en el que ser explotado por 2 dólares la hora. ¿Quién necesita más?

Buster es el conductor del coche con el que Bumblebee está intimando, así que, como habréis visto más arriba, sale para cantarle las cuarenta al dominguero que le está reventando la cita con su novia (ya le había desabrochado dos botones de la blusa y metido la lengua hasta la campanilla, eso es segunda base). Y en el mismo momento en que Buster se da cuenta de que el Volkswagen amarillo no tiene conductor, llegan varios Decepticons comandados por Starscream y abren fuego sobre los Autobots y los espectadores.

Bumblebee es herido antes de poder cambiar de forma y Buster, creyendo haber oído al escarabajo gritar como una niña, se queda con él mientras su novia y sus colegas huyen, porque esa, amigos míos, es la decisión más sensata que uno puede tomar cuando se desencadena a su alrededor una batalla campal entre robots de seis metros de altura del espacio exterior: quedarte haciendo compañía al coche que chilla. Que no os digan lo contrario.

Total, para la mierda que estaban viendo…

Abandonando a Bumblebee a su suerte, porque, en realidad, a nadie le cae bien, los Autobots regresan a la carretera intentando atraer el fuego de los Decepticons para así evitar que las indefensas formas de vida "no mecánica" caigan como moscas.

Buster, adalid de la actitud imprudente, aprovecha la distracción para subirse a Bumblebee y lo conduce hasta el taller de su padre con la esperanza de que éste pueda arreglarlo. Y el único motivo que nos da el autor para explicar la conducta del chaval es este: curiosidad. No sé vosotros, pero yo por curiosidad entiendo entrar en un todo a 1€ sin llevar dinero encima, no montarme en un vehículo que llora cuando le disparan y presentarme con él en casa.

El número termina con una revelación para los Witwicky: el coche está vivo. Y no solo está vivo, sino que habla. "Ayudadme, por favor, me muero", dice. Pues no haberte puesto a encular coches ajenos, Bumblebee.


#2. Juego de poder


El segundo número comienza en plena acción, con los Decepticons desmantelando una planta nuclear en construcción para reutilizar su tecnología con el avieso propósito de erigir una fortaleza. Vale, no es tan avieso como práctico, pero en teoría es una Fortaleza del Mal. La aviesidad se da por supuesta.

En cualquier caso, el asalto a la planta nuclear es una buena manera de mostrarnos en qué clase de vileza se ha especializado cada Decepticon para que podamos distinguirlos: Ravage es el espía del grupo, Rumble provoca pequeños terremotos, Frenzy emite frecuencias de radio que bloquean las comunicaciones y los demás básicamente disparan contra todo lo que se mueve con la esperanza de acertar a algo.

En estas viñetas también vemos los primeros atisbos de la que sería la dinámica entre Megatron y Starscream a lo largo de la colección. Megatron sabe que Starscream intenta socavar su posición como líder de los Decepticons, pero, aunque le tiene una tirria que no puede con ella, seguiría eligiéndole para formar parte de su equipo de futbito porque es bueno en lo que hace. Por su parte, Starscream se limita a poner en entredicho las órdenes de su jefe a la espera de que llegue el momento propicio para pegarle un tiro por la espalda. En este cómic, eso sí, Starscream actúa con discreción y se guarda lo que piensa para él mismo, mientras que en la vieja serie de televisión, no tenía inconveniente en decirle a Megatron a la cara "Un día yo seré el líder de los Decepticons" ni en compartir con sus compañeros sus planes de traición; ¡y todo eso solo en el primer episodio!

Pronto, muy pronto, Megatron…

Después de varias horas hurgando en los bajos de Bumblebee, Sparkplug, el padre de Buster, consigue reparar al Autobot, que les da las gracias por sus "heroicos esfuerzos" (¿?) y rápidamente pone en antecedentes a padre e hijo de su situación, participándoles de la necesidad apremiante de conseguir combustible.

Sparkplug, que no es un hombre dado a hacer muchas preguntas, se ofrece a adaptar el combustible terrestre a los visitantes del espacio exterior, porque, según parece, con un par de cursos de mecánica automotriz ya está uno más que capacitado para trastear con tecnología de otro planeta; no es que haga falta ser científico para eso. Pero ojito con llevarle el coche con la junta de culata estropeada, porque entonces la pieza la tiene que pedir a Alemania y cuesta 800 del ala.

Lo que se va a reír Bumblebee cuando vea la factura.

A cambio de la ayuda de los Witwicky, Optimus Prime se compromete a compartir con los humanos la tecnología avanzada de Cybertron, porque el hecho de que en su planeta esa tecnología se haya utilizado casi exclusivamente con fines bélicos durante miles de años no significa que en la Tierra vaya a suceder lo mismo. Seguro que somos capaces de encontrarle otra aplicación a su... ¿rayo de la muerte? Jesús...

Todas estas melonadas me ayudan a recordar lo que más me gustaba de estos cómics cuando era pequeño: las viñetas en las que los Transformers se transformaban, de robots a vehículos y viceversa. Ahora veo que incluso esos dibujos son bastante cutres y que tienen mucho truco, pero entonces no podía evitar pensar en cómo y dónde encajaba cada pieza. En su día, incluso llegué a construir un Optimus Prime y un Optimus Primal articulados y transformables con piezas de Lego. La verdad, debería haberme dedicado a alguna profesión que hiciese uso de ese talento, en lugar de trabajar en la antesala del infierno que es mi oficina.

Saludos, terrícolas. Llevadme ante vuestro líder.

Gracias a Ravage, que tiene derecho a entrar en los mejores clubs, en los mejores camerinos y en las mejores chicas, Megatron se entera del pacto de los Autobots con los humanos y, con intención de capturar al humano capaz de crear un combustible que les sirva, pasa al ataque al grito de "¡Decepticons fuera!". Prefiero el "¡Vamos, micos! ¿Queréis seguir vivos?" de Johnny Rico, pero no es el peor grito de guerra que he oído; ya sabéis que soy fan de Xena.

Haciendo honor a la verdad, la batalla entre Autobots y Decepticons no es gran cosa, y por "no ser gran cosa" quiero decir que es una basura. Los dibujos de Frank Springer dejan bastante que desear, no sucede nada que no hayamos visto ya y toda la épica se la han dejado en los otros pantalones. Pero, como anunciaba la portada, este cómic tiene un aliciente y es que en él se desarrolla el primer combate mano a mano entre Optimus y Megatron, que es lo que todos los transfans desean ver. Eso y porno gay de Starscream; no preguntéis, y escuchad este podcast.

Desgraciadamente, antes de que se declare un ganador, Starscream rapta al pobre mecánico y los Decepticons huyen con su presa.

Mi momento favorito: Optimus acierta Megatron en toda la boca lanzándole un motor y suena KLUNG. Siento debilidad por las onomatopeyas graciosas.

Buster pide a Optimus que rescaten a su padre, pero después de tanto ajetreo, a los Autobot ya no les quedan fuerzas ni para soltar sus aburridas arengas, y mucho menos para iniciar una trepidante persecución, así que se echan en el suelo para tomarse un respiro. Mis héroes…


#3. Prisionero de guerra


En la fortaleza de los Decepticons, Megatron amenaza a Sparkplug con "cesar" su existencia si no adapta la gasolina corriente a sus necesidades alienígenas. Tras agotar la vía habitual de defensa ("¡No podéis hacerme esto! ¡Soy ciudadano americano"), el mecánico recuerda sus experiencias como prisionero en Corea (introducid un flashback a la escena de tortura de Rambo II; ya sé que se desarrolla en Vietnam, pero viene a ser lo mismo) y decide colaborar con los Decepticon para que su hijo no se quede huérfano.

Mientras tanto, Starscream sigue tocándole las narices a Megatron, que se alegra de tener un cañón de fusión con el que mantener a raya a cualquier posible aspirante al trono y se hace una nota mental: matar a Starscream tan pronto como deje de ser útil para él. Tampoco me queda muy claro qué hace Starscream que no puedan hacer sus "cortapegas" Skywarp y Thundercracker, pero, claro, yo no soy el líder de los Decepticons.

Colabora o nos reiremos de tu gorra.

Después de que corra la voz sobre la existencia de robots de otro planeta, el ejército y la prensa se asientan en los alrededores de la fortaleza de los Deceptions. Entre los reporteros está el neoyorquino Peter Parker, cuyo álter ego Spider-Man es la estrella invitada de la función en este excepcional crossover que Marvel utilizó como reclamo para atraer a un público más amplio e impulsar unas ventas que no eran para tanto. La idea vino del propio Jim Salicrup, guionista de todos los números de Transformers que estoy comentando, menos del primero, y que en 1985 también trabajaba como editor de la serie del Trepamuros.

Sin embargo, esta clase de crossover no volvería a repetirse, y es que si lo pensáis más de un minuto, los Transformers pintan muy poco en un mundo plagado de superhéroes. Quiero decir, ¿cuánto tardaría Thor, Hulk, Hércules o incluso el Hombre Maravilla en dar cuenta de los Decepticons?, ¿lo que tardo yo en prepararme un sándwich? No tendría gracia. Salvo que me hayáis visto preparar un sándwich.

Aun así, el número en el que salía Spider-Man era uno de mis favorito, porque si había algo que pudiera entusiasmarme más que Spider-Man con el traje negro, eso era Spider-Man con el traje negro luchando contra robots gigantes y transformables.

♪ Hombre-Araña, con tu red la justicia podrás hacer, con valor sin igual al malvado podrás vencer, y dar al mundo la felicidad… ♪

Frustrados los intentos del ejército por detener a los Decepticons, los Autobots llegan al rescate para hacer frente a sus enemigos. Mientras la batalla se desarrolla en el exterior, Gears, un Autobot cascarrabias con una alarmante falta de visión periférica, forma equipo con el dicharachero Spider-Man para infiltrarse en la fortaleza de los Decepticons y rescatar a Sparkplug.

Tras superar a un par de Decepticons tan torpes como para tropezarse con la red de Spider-Man, tumbar a puñetazo limpio a Ravage y Soundwave (el radiocasete con patas, más desaprovechado en estos números que Tory Lane en el bar La Ostra Azul), y envolver a Megatron en telarañas, Gears y Spider-Man consiguen escapar con papá Witwicky de la fortaleza.

En resumen, añadís un héroe de segunda a un Autobot de tercera y juntos consiguen en tres páginas lo que todos los Autobots juntos no conseguirían en tres volúmenes. ¿Veis lo que quería deciros antes?

Spider-Man y sus putos chistes. Que alguien lo pare.

Por desgracia, Gears tiene mala pata y, parodiando a Wile E. Coyote, acaba estampado al fondo de un precipicio, donde sus compañeros lo recogen con una espátula y un carrito para luego hacerle un apaño en el Arca y que al menos pueda hablar, habilidad que el escacharrado Autobot aprovecha para compartir una mala noticia: antes de que Spider-Man y él liberasen a Sparkplug, el mecánico ya le había hecho el trabajo sucio a Megatron, preparando la fórmula del combustible que necesitaban.

La trama se complica. Dun-dun-dun...


#4. La última batalla


Hay que ver cómo se descontrola la situación en el Arca en un instante. Huffer acusa a Sparkplug de traidor, Ironhide chulea a Huffer, Bluestreak sugiere a Optimus que se piren de la Tierra tan pronto como puedan y dejen que los Decepticons sometan a los humanos… Y Optimus es incapaz de poner orden entre sus soldados.

Estas desavenencias confieren mayor profundidad a los personajes, y hace la lectura mucho más interesante. Por ejemplo, ahora no puedo descartar que algún Autobot se pase al bando de los Decepticons si Megatron le ofrece un seguro que cubra daños propios, daños a terceros, incendio total o parcial, robo e intento de robo, asistencia en carretera, revisión anual y asesoría jurídica por menos de 1.000 euros desde el primer año.

Viendo que los ánimos están como para que los espachurren en cualquier momento, Sparkplug agarra a su hijo y echa a correr hacia la salida más próxima. Jazz los ve y, como está de parte de Huffer en toda esta discusión, dispara una bola de fuego para evitar su huida. El problema es que se pasa tres pueblos, y las llamas golpean a Sparkplug, que grita "Uh-- Ugh-- ¡El dolor!" y cae inconsciente al suelo con las cejas chamuscadas, todo muy teatral.

Buster nunca se cambia de camiseta.

Mientras Ratchet, doctorado en medicina mecánica, transporta a Buster y a su padre hasta el hospital más cercano, Megatron, con el depósito lleno, se planta delante del ejército que vigila la fortaleza día y noche y dice que le golpeen con todo lo que tengan.

El ejército de los Estados Unidos no se anda con remilgos cuando se trata de la seguridad de su país e inmediatamente abre fuego contra este enemigo de otro planeta. Sin embargo, después de tirarse quince minutos disparando balas, misiles y onomatopeyas como K-BAM, BA-POW y BUDDA, el líder de los Decepticons sigue en pie e ileso.

Vanagloriándose de su superioridad, Megatron suelta un "ja" que suena en mayúsculas y con exclamaciones, y vuelve por donde ha venido. Es un gran momento para este personaje, porque define su carácter, pero me surge una duda: aunque Megatron sea prácticamente indestructible, ¿no debería el ejército haber volado la montaña y la fortaleza con ella? Y si no es así, ¿por qué no hay una pila de balas aplastadas a los pies de Megatron? ¿Tengo que deducir acaso que los contratistas del Departamento de Defensa externalizan la fabricación de armas a China y que el material era defectuoso? ¡No me obliguéis a pensar!

¿Veis la cuarta viñeta? La fortaleza es una maqueta.

Poco más tarde, Ravage descubre lo chunga que está la situación para los Autobots ahora que no tienen combustible y corre a informar a Megatron, que, después de haberle pegado un tiro a Starscream por darse el gusto, declara que ha llegado el momento de alzarse con la ansiada victoria frente a sus adversarios.

Con lo que los Decepticons no contaban es con que los Autobots se hubieran guardado un as en la manga: los tubos de transferencia del Arca, que permiten traspasar la poca energía que le restaba al grueso de los Autobots a los cinco soldados más fuertes del grupo, entre ellos Optimus Prime.

Así pues, son cinco Autobots con las pilas cargadas frente al doble de Decepticons. ¿Ganarán? Pues no, más bien no.

Es como el Gorilla Press del Ultimo Guerrero.

Sin embargo, Megatron canta victoria demasiado pronto, porque, en realidad, Sparkplug había llenado los depósitos de los Decepticons con diesel del baratillo (podría haberlo mencionado en el Arca antes de que le prendiesen fuego, pero en fin…), y justo cuando los Autobots están preparándose para reunirse con su hacedor, la vieja receta de combustible con chile de manicomio guatemalteco de los Witwicky hace su efecto y los Decepticon se revuelcan por el suelo con unos retortijones de espanto.

Tristemente, Optimus y sus compañeros ni siquiera tienen tiempo de descorchar la gasolina de alto octanaje para celebrarlo, porque Shockwave, un Decepticon derrotado en tiempos prehistóricos por los Dinobots, regresa del olvido para aplastar a los supervivientes con su rayo de la muerte.

Y así acaban más o menos todas mis noches de fiesta. Hay gente que no aguanta el alcohol.

Los números siguientes son más interesantes que estos y la serie sin duda mejoró con el tiempo; pero, de momento, vamos a dejarlo aquí, porque tengo mucho sueño y me ha parecido que el Clint Eastwood de mi póster de Por un puñado de dólares me guiñaba un ojo. Esto nunca es buena señal.

7 comentarios

  1. ¡Gran artículo! Como siempre, por otra parte.

    Me habría encantado leer estos comics cuando era niño, de hecho me encantaría poder hacerlo hoy.
    El dibujo se ve muy básico y el entintado es pobre pero ay la nostalgia, de niño tenía a Optimus y a Megatron, eran mis juguetes favoritos, me flipaban las transformaciones.

    Lo más alucinante de toda la historia es que unos seres que son capaces de viajar por el espacio necesiten la ayuda de un mecanico para poder adaptar el combustible terrestre a sus necesidades. ¿De verdad, seres de otro mundo que está a millones de km, teneis menos conocimientos que alguien que reprocha a su hijo que lee demasiado? Y si sois coches, coches que hablan y se transforman además, ¿no podeis detectar que el combustible que habeis tomado no es el que necesitais? Que eso lo puede hacer mi coche, que tiene 15 años y casi todas las cosas funcionan con "truco".

    Otra cosa, lo de "transfans" ha sonado muy raro, si alguien te oye debes aclarar que eres fan de los transformers (dibujos, muñecos, comics y peliculas para todos los públicos) y no de Carmen de Mairena.

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    1. Hubo pocos dibujantes decentes en esta colección, y el coloreado nunca fue gran cosa.

      Me gusta la ambigüedad de la palabra transfans.

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  2. Sabiduría Inmunda23 de agosto de 2012, 14:14

    Me encantan sus artículos, Señor Brochez, yo tb me acuerdo de la vacilada de Starscream a Megatron en el primer episodio de los dibujos y este ni siquiera se enfadaba o le daba una colleja para ponerlo en su sitio.

    Por cierto, tiene tela lo del nombre del padre del chico, Sparkplug, o es un apodo o es un transformer encubierto, lo que viendo el tono general de la serie en estos primeros números, seria perfectamente plausible XD.

    Una pregunta, lo de la Tierra antes del nacimiento de las folkloricas, no sera una referencia a Mortadelo y Filemon? XD

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    1. Eh, mi padre se llama Bujía. Bujía Alerón. Ojito con lo que decimos.

      Y sí, una referencia a Mortadelo, aunque no recuerdo a qué álbum. Dinosaurios probablemente.

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  3. El mejor de todos para mí fué el cómic de 2 episodios titulado "El último Autobot", por guión, historia, dibujos..... fué de lo mejor. Y con tu permiso te hago algo de Spam: FTFH y ACAT.
    Bsucadnos por shí, somos coleccionistas desde nanos y son foros abiertos. ;)

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  4. Andrew wildman fue el ultimo y mejor dibujante

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  5. Genial artículo, lleno de referencias pop-basura, como a mí me gustan.
    Yo también encontré hace poco aquellos primeros números entre mis cosas y al releerlos pensé las mismas cosas que tú.
    En mi caso, me encantaban. Los releía una y otra vez hasta aprenderme nombre, características y personalidad de todos los transformers.

    Desgraciadamente, cerraron la papelería donde mi padre me compraba los números y, a pesar de mis súplicas, no buscó dónde seguir comprándolos.
    Total, que me quedé en el número 28, con Optimus muerto, Megatrón muerto, Grimlock como líder desastroso de los autobots, Blaster detenido para ser ejecutado, Goldbug/Bumblebee y otros autobots cautivos del RAAT...
    Un puto trauma, no exagero. Algún día mi padre y yo tendremos que tener una charlita sobre todo esto en el psicólogo.

    Con el advenimiento de internet intenté buscar algo sobre cómo había continuado la historia, pero encontré información confusa (yo no sabía nada de que hubo reboots y generaciones posteriores), además de que nunca vi la serie de TV.
    Pasó el tiempo y lo olvidé.

    Hasta el otro día que, después de ojear aquellos números antiguos me da por intentar bajarme la colección y ¡premio! Ahí está la colección completa. 68 números para saber qué pasó con Optimus y cía ¡25 años después!
    Y la verdad es que lo he flipado, pero en el mal sentido, con tramas absurdas (más aún), mitología sacada de la manga, desfiles de robots cada vez más parecidos entre sí y luego, como remate, ideas tan delirantes como los Headmasters o los Pretenders (no confundir con el grupo de música, aunque también sea delirante).

    Aún así, no he podido evitar disfrutar hasta leer el final (abrupto de cojones), aunque sólo sea por haberme quitado aquella espinita.
    Y ahora lo he pasado genial con tu artículo. Muchas gracias

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