12 de diciembre de 2011

Enredados (2010)

En los últimos años, he tenido muy, pero que muy abandonado al niño que llevo dentro. ¿Cómo?, ¿que el Tipo de la Brocha se ha comido a un niño? No, hombre, no. Me refiero al niño interior. ¿Cómo?, ¿que el Tipo de la Brocha tiene un niño interior? Sí, hombre, sí. Algo desnutrido, pero vivo aún. Ya sé que mi madurez mental se corresponde con la de un crío de ocho años, pero tampoco me refiero a ese cabroncete imberbe, sino al pequeño y soñador "yo" que todos llevamos dentro y que algunos se esfuerzan en ocultar o, en mi caso, emparedar tras un muro de piedra en el sótano y dejar morir de hambre. Sin embargo, tener un niño interior no es nada de lo que avergonzarse. No por ello debería dejar de enloqueceros la estrangulación erótica.

La reflexión anterior viene a cuento de que recientemente, con esto de que se acerca la Navidad, he visto Enredados, el quincuagésimo largometraje animado de Disney. O el 50º, si es que sois víctimas de cualquier sistema educativo posterior a la EGB y eso de quincuagésimo os suena chino. Se dice pronto, pero es que el primer largometraje de Disney fue Blancanieves, que se remonta a 1937. Ni siquiera yo soy tan viejo, y aunque me tragué todos los clásicos mil y una veces en la tele, lo cierto es que pertenezco a la generación de La sirenita, La Bella y la Bestia, Aladdin y El rey león. La última peli de Disney que vi en el cine fue Tarzán, hace ya más de diez años, y a diferencia de lo que me ocurre con los otros títulos que he mencionado, no tengo ni buen ni mal recuerdo de ella.

Por lo tanto, cuando me recomendaron que viera Enredados, reaccioné con el mismo interés que presto a las mujeres cuando me arrastran a una zapatería. Eso sí, entre ver esta película o una de artes marciales en hongkonés, preferí darle a Disney una segunda oportunidad, empezando por el tráiler.


"Jesusrecristomadredelamorhermoso", pensé. "Como me espere una hora y media de humor chusco, voy a abusar del fast-forward hasta que el DVD salte por los aires".

Por suerte para mí, el tráiler es puñeteramente engañoso. El público busca un nuevo clásico Disney, y los responsables de marketing tratan de vendernos otro Shrek. Vamos, que están más despistados que un esquimal en el Kalahari. Incluso hay escenas en el tráiler que luego no aparecen en la película. Y para rematarlo, van y le ponen música del grupo de pop rock Boys Like Girls, que apenas llevan en el mercado seis años y suenan así como súper modernos. La única manera de que esto parezca un producto menos Disney es intercalando imágenes de tías en tetas, como en Los Rescatadores...

¿Y qué es lo que pasa? Que pongo el DVD con las peores expectativas posibles y a los ocho minutos me doy cuenta de que estoy sonriendo como un imbécil; a los quince, noto así como un reconcomio en el pecho que me aseguraré de que mi biógrafo identifique con gases; a los veinte, suelto por la napia la típica risa huidiza; a los cuarenta y cinco, me sorprendo a mí mismo reviviendo la emoción de la aventura que descubrí con Indiana Jones; al alcanzar la hora, me siento tan Disney por dentro que podría cagar pajaritos azules; a la hora y cuarto, estoy tentado de saltar directamente hasta el final para asegurarme de que la historia concluye con un "y fueron felices y comieron perdices"; y a diez minutos de que todo termine, soy un amasijo de carne reblandecida que necesitaría fumarse un paquete de Marlboro y comerse una vaca cruda para recuperar los testículos.

La culpa es de esos enormes y adorables ojos.

Enredados es sencillamente la mejor película Disney que he visto desde El rey león. Y El rey león tenía la voz de Constantino Romero y leones copulando en la sabana africana. Era difícil superar eso.

El argumento se basa en el cuento de Rapunzel, de los hermanos Grimm, lo que ya de por sí es un excelente punto de partida, porque quien no reconozca la frase "¡Rapunzel, Rapunzel, lanza tu trenza!" debería demandar a sus padres por no darle una infancia plena.

No obstante, en esta adaptación hay muchas novedades y cambios respecto del cuento original. De lo contrario, la película duraría quince minutos y el cine acabaría lleno de niños lloriqueando y padres deseando haberse realizado la vasectomía. Entre otras cosas, y a diferencia de lo que ocurre en el cuento, aquí los reyes no entregan voluntariamente a su hija a una bruja pavorosa, Rapunzel no es retrasada mental, y el "príncipe azul" no pierde la vista dejándose las retinas en unas zarzas ni se pasa años dando literalmente palos de ciego por el bosque comiendo orugas y bayas venenosas.

Ah, sí, y Rapunzel tiene un camaleón que me recuerda al Pato Donald.

En Enredados, la décima princesa Disney es solo una bebita cuando Madre Gothel la secuestra para aprovecharse de los poderes sanadores de su cabello y mantenerse joven para siempre. Con este propósito, Madre Gothel encierra a Rapunzel en una torre construida cuya única entrada es una ventana en lo alto, haciéndole creer que es su verdadera madre y convenciéndole de que afuera solo le esperan monstruos, drogas y todas esas cosas malas con las que te asustan de crío para que te termines las malditas alcachofas. En el decimoctavo cumpleaños de Rapunzel, un bribón que responde al nombre de Flynn Rider llega a la torre, y la muchacha hace un trato con él para que la guíe hasta el lugar del que cada año, en la noche de su cumpleaños, ve elevarse unas luces misteriosas.

Pero esta no es solo la historia de un viaje del punto A al B como los que me hago yo a la Sierra para zamparme un solomillo de novillo a la pimienta, sino también un viaje de descubrimiento y crecimiento personal. Vamos, que el guión está bien escrito y lo que George Lucas no consiguió mostrar en siete horas con Anakin Skywalker, lo consigue Dan Fogelman en apenas hora y media con dos personajes distintos.

Y como no podía ser de otra manera, también hay un mensaje para los niños: perseguid vuestros sueños. Si no lo hacéis, acabaréis escribiendo en un blog en vuestro tiempo libre.

Hasta el caballo me importa.

Pasemos a la mala de la película. Disney siempre ha sabido crear grandes villanos, ya fueran brujas, piratas, visires, mujeres pulpo o el mismo Diablo. Sin embargo, Madre Gothel no es la típica madrastra malvada. Es una yonki egoísta secuestradora de bebés que se parece a Cher.

Gothel no trata mal a Rapunzel, e incluso consigue ganarse su corazón; pero el caso es que la mantiene encerrada dieciocho años alejada del resto de la humanidad y viviendo una mentira. Esto es enfermizo. Me recuerda a esas noticias truculentas de las que jamás debería hablarse en un blog de bien como este.

¡Piruletas y galletitas gratis para todos!

Do you believe in life after love?

La animación, por supuesto, está a la altura de las circunstancias. La expresividad de los personajes es sorprendente, y hay escenas y movimientos de cámara que muy difícilmente podrían recrearse con dibujos tradicionales, o al menos no sin que un montón de pobres trabajadores asiáticos hicieran muchas horas extra a cambio de arroz y dos botones por Navidad.

Ojo, no digo que la película sea perfecta. La repanocha, tal vez, pero no perfecta. Su principal pega, en mi opinión, es que las canciones del veterano Alan Menken, que lleva componiendo bandas sonoras para Disney desde La sirenita, carecen de garra y no están a la altura de sus trabajos anteriores. No están mal, pero no llegan a grabársete a fuego en la cabeza. Y esto os lo dice alguien que se aprendió las canciones de La Bella y la Bestia y Aladdin de pe a pa.

Por otro lado, y como soy incapaz de renunciar a la crítica más personal y extravagante, he de decir que me revienta la perilla de Flynn. Estoy a favor del vello facial, pero en este caso es fácil imaginarlo como el resultado de un proceso creativo similar al que desembocó en el Poochie de Pica y Rasca.

Necesita todavía más agresividad.

En definitiva, Enredados es un cóctel excelente de comedia, romance, aventura y magia Disney, de modo que, ¡eh, tipos duros!, dad un respiro a vuestros rostros adustos y endurecidos por el frío y permitíos sonreír con una película para niños.

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