12 de enero de 2012

Carnibola, la planta tragona

No busquéis más. Este que estáis leyendo es el único artículo en todo Internet dedicado a la Carnibola de Milton Bradley. En español al menos. En inglés hay poco más que comentarios en foros, y como el resto de idiomas no importan, mantengo la afirmación anterior. Esto significa que nos adentramos en terreno desconocido. Insertad aquí la música de suspense que más os guste.

Empezando por el principio, voy a decir que solo el enterarme de cómo se llamaba este dichoso juguete me ha llevado veinte años de minuciosa investigación. O ausencia de ella. En realidad, se me ocurrió lanzar la pregunta al aire en los comentarios de un artículo de Virucom, y resultó que el señor Wally Week (habitual del citado blog y autor de Pyjamarama) se acordaba del nombre.

A partir de aquí fue cuestión de descubrir cómo se llamaba el juguete en su versión original. Resultado: Feed Me! Con esto ya tenía todo lo necesario para encontrar algo de información con la que ofrecer un artículo medio decente. Luego escribí tonterías.

"Feed me!", o "¡Dame de comer!" para el que no controle el inglés, era supuestamente lo que decía la planta al jugador, porque estaba hambrienta y no podía alimentarse por sí misma. Excepto por lo de hablar, me recuerda a mi difunto laurel manchado, que jamás comprendió que quien no llora, no mama. Fue una lástima que no viviera del aire.

El juego consistía en introducir bolas rojas o negras, según nos indicase el dado, en la boca de la planta. Las bolas negras eran ligeramente más pesadas que las rojas, y a mayor peso, más posibilidades había de que la planta cerrase el tragadero de golpe atrapando los dedos del jugador menos afortunado.

Conociendo a los críos, lo más probable es que nadie siguiese las reglas y que cada uno de los jugadores hiciese lo posible para que le pillase los dedos a otro. En mi caso, y teniendo en cuenta mi propia trayectoria con estos juegos-castigo, estoy convencido de que me dedicaba a meter la mano en el bicho y trastear con él solo por el placer de sufrir. Terror lúdico le llaman. No queráis saber lo que hacía con el Cocodrilo Sacamuelas.

El paquete completo.

Aquí, entre nosotros, debo admitir que, hasta hace como quien dice dos días, mi obsesión por este juego rayaba en lo patológico. No porque en su momento jugase más a la Carnibola que al resto de juegos de mesa que teníamos por casa, que no fue el caso o me acordaría, sino porque he pasado mucho tiempo con la plantita de marras metida en la cabeza sin saber siquiera cómo se llamaba. Me sentía como el príncipe de La Cenicienta después del baile; solo que en lugar de un apestoso zapato de cristal, yo tenía el recuerdo difuso de una planta carnívora de plástico.

Supongo que esa obsesión también tiene mucho que ver con mi fascinación por los monstruos fantásticos, desde las criaturas de Ray Harryhausen hasta el rancor de La guerra de las galaxias pasando por los enemigos del primer Super Mario Bros. De hecho, como recordaréis, en el videojuego más famoso de Nintendo había plantas carnívoras, y me apuesto las obras completas de Petete a que la fuente de inspiración de Miyamoto fue la misma que la de Milton Bradley.

¡ÑAM, ÑAM, ÑAM!

A ver, una planta carnívora que dice Feed me... ¿De qué os suena esto?

Si estáis pensando en La tienda de los horrores (el remake musical dirigido por Frank Oz en 1986, no la versión original de 1960), no solo habéis conseguido un A++ en la cartilla brochera de este mes por conocer una película tan alucinante, sino que ya podéis sacar vuestras propias conclusiones sobre el origen de la Carnibola, sobre todo cuando os diga que ésta empezó a venderse poco después del estreno de la película, igual que el Super Mario Bros. ¿Casualidad? Lo dudo mucho.

El póster español de La tienda de los horrores.

Lo que no he podido confirmar pese a los cuatro minutos que he dedicado a indagar sobre el tema, es si MB contaba con la licencia de la productora de la cinta o si, por el contrario, el juego era un vil rip-off que buscaba aprovecharse del tirón comercial del ésta. A juzgar por la caja de la Carnibola, que no tiene ninguna referencia a la cinta, me inclino por lo segundo.

Lo único que me lleva a plantearme la otra alternativa, aparte de las obvias similitudes entre las dos plantas, es que he encontrado el juego subastado en eBay y el vendedor regalaba un sobre de cartas de la película. Pero tampoco es que esto diga mucho, claro. Es probable que las cartas fueran un simple extra, como en esos anuncios de "Compre este trasto inútil ahora y llévese otros tres trastos inútiles más pequeños por 50 euros más. Gastos de envío no incluidos".

Además, en su día, las cartas se vendían por separado. Cinco por sobre con un chicle de regalo y cada carta tenía una pegatina en el dorso y un fotograma de la película o el perfil de un personaje en el reverso.

¿Nadie quiere probar un chicle con más de cuatro lustros?

Pero, sin duda, lo más curioso de estas cartas es que incluían fotogramas del final alternativo de la película, con Audrey II y sus retoños arrasando la ciudad de Nueva York; un final que seguiría inédito a día de hoy si no fuera por la versión en blanco y negro que circuló brevemente en DVD antes de que las unidades tuvieran que retirarse por cuestiones legales.

Si sentís curiosidad, tranquilos, ese final alternativo está requetesubido a YouTube.

Este final costó 5 millones de dólares y lo descartaron por ser menos comercial. Maldito happy ending...

Sí, sí, ya sé que yo venía a hablaros de un juguete, pero nunca está de más recordar una gran película. Y después de todo, no se puede negar que la Carnibola era un juego bastante estúpido. El diseño era atractivo y punto, ¿qué más queréis que os diga?

Por desgracia, en la vida real, la planta carnívora más grande que ha descubierto la Ciencia hasta la fecha es la Nepenthes rajah de Borneo, que no podría comerse nada más grande que un conejo. Y no es que coma conejos. Descontando su parecido con un pokémon, lo más decepcionante de esta planta es que ni siquiera se alimenta de roedores, sino que les sirve de retrete.

Viendo esta foto, su función en la naturaleza está bastante clara.

Tras esta breve regresión, solo me queda agradecer a Wally Week que me haya permitido sacarme esa espina que tenía clavada desde hace tanto tiempo. Ahora ya puedo dejar de dar el coñazo a todo el mundo con mi "¿Recuerdas aquella planta de juguete que...?".

3 comentarios

  1. DIOS!!! YO TENÍA LA MALDITA CARNIBOLA! y si, recordaba el nombre pero es ceirto que en Internet no existe a penas rastro de este desternillante juguete!!
    Mi primer recuerdo de el es abrirlo en casa de mis abuelos una mañana de sábado en Alcorcón, como regalo por mi santo....si, a mi por mi santo me regalaban cosas, algo bueno tenía que tener el ser criado por una madre católica.

    Pd: yo también me he rebanado los sesos intentando buscar información y ha sido un hallazgo dar con este blog y descubrir que se llamaba FEED ME!! WTF!!??

    ResponderEliminar
  2. Yo todavia la tengo!!

    ResponderEliminar
  3. io tambien estao buskandola me la kiero komprar tengo muchos recuerdos

    ResponderEliminar