2 de enero de 2012

El apartamento (1960)

¿Qué puedo decir de El apartamento que no se haya dicho antes? Incluso es posible que otros hayan comenzado a hablar de esta película haciéndose exactamente esa misma pregunta. ¡O que hayan seguido los mismos derroteros que sigo yo ahora! Pero seguro que no añadieron esto: siete Estrellas de la Muerte de color rosa orbitando alrededor de un canguro espacial gigante. Ya puedo morir tranquilo pensando que mi artículo es original. Uf, por los pelos.

Decir que El apartamento es una obra maestra y uno de los mejores trabajos del director y guionista Billy Wilder suena vacío. Hablar de ella como un magnífico cóctel de comedia, romance y drama sería quedarse corto.

Por eso, yo voy a probar en ir un poco más allá de las críticas de manual y hacer una declaración de intenciones. A estos efectos, he decidido instaurar una nueva tradición: ver El apartamento en Año Nuevo de aquí hasta que me muera... o trascienda mi yo y conecte con la conciencia suprema, lo que ocurra primero. Y si mi familia no quiere repetir la experiencia de este año conmigo, bueno, como decía Conan el Bárbaro, ¡que se vayan al infierno!

Años sesenta. Bud Baxter (inolvidable Jack Lemmon) es uno de los 31.259 empleados de una de las compañías de seguros más grandes de los Estados Unidos. Para ascender en una empresa como esta, hay que hacerse notar, y Baxter parece haberlo conseguido gracias a su apartamento, que presta ocasionalmente a sus jefes para que éstos puedan pasar allí la noche con sus queridas. A la espera de que llegue el soñado ascenso, Baxter aguanta el cargo de conciencia y los inconvenientes que le acarrean sus favores hasta que un día descubre que la amante del mandamás de la compañía no es otra que la joven ascensorista de la que él mismo está enamorado, la señorita Fran Kubelik (la preciosa y vivaracha Shirley MacLaine).

Esta sencilla premisa, que no es mucho mejor que la de cualquier comedia romántica protagonizada por Jennifer Aniston, se desarrolla siguiendo un guión redondo y repleto de matices geniales, a los que incluso favorece el paso del tiempo. No me imagino a nadie diciendo lo mismo de Transformers: El lado oscuro de la Luna en el año 2061.

Alcohol y tabaco. Qué tiempos.

Con todo, en este planeta, hay a quienes les da pereza ver películas antiguas porque, según dicen, son lentas o, ¡el horror!, están en blanco y negro. Por eso, a veces me gustaría que hubiera colonias en la Luna para irme allí a vivir con una selenita explosiva. Pero hay muchos títulos viejunos que hacen que merezca la pena el "esfuerzo" de sentarse frente al televisor, y El apartamento, sin duda, está entre ellos.

Además, vosotros ya deberíais saber que yo no soy de esos que recomiendan películas porque todo el mundo las ponga por las nubes. Lo haría si me pagasen, claro; pero es que mi brújula moral se escacharró cuando iba a la universidad. El caso es que no me tiembla la voz al decir que me encanta el Flash Gordon de Dino De Laurentis, o que Casablanca me aburre tanto como el Hombre Invisible haciendo sombras chinescas.

El apartamento dura media hora más que la cinta de Bogard y, sin embargo, se hace infinitamente más corta. Aparte de unas interpretaciones en estado de gracia, con actores que relucen en pantalla como las estrellas que son, y unos diálogos que suenan creíbles y espontáneos, el filme es valiente, porque se aleja de los clichés y de las soluciones fáciles. Ni siquiera ofrece un final feliz al uso de Hollywood, y esto me gusta porque me sorprende. (Aunque no todo lo que me sorprende me gusta, como, por ejemplo, que sea Nochevieja y no tenga agua caliente en casa. ¿Os he dicho ya cuánto odio mi caldera?)

Sólo hay una escena en toda la película que, a fecha de hoy, requiere un elevado gravo de suspensión de incredulidad, y es cuando Baxter y Fran van por la calle y él le confiesa que ha examinado su ficha y que sabe dónde vive, con quién vive, cuándo y dónde nació, cuánto mide, cuánto pesa, el número de su carné de identidad... y ella, en lugar de correr como alma que lleva el diablo, ¡sonríe halagada! ¿Os acordáis de cuando el acoso era genial? Yo no.

La famosa palmadita en el culo me fascina cada vez que la veo. A tope con la igualdad.

Pero más importante que todo lo anterior es el hecho de que este es uno de los pocos filmes que me hacen sentir persona. No mejor persona, sólo persona. Sensible y con ganas de dar abrazos. En mi caso, es probablemente lo mejor que puedo decir de una película. O me puedo hartar a darle estrellitas, ¿qué creéis que es mejor?

1 comentario

  1. Vaya!Creo que voy a desvirgar los comentarios de esta entrada..qué halago!Después de cargarme vorazmente todos tus otros artículos sobre cómics,pelis de supers,videojuegos...he empezado a leer tus otros posts y me parecen muy interesantes.Así que ya tengo ganas de ver el apartamento, el desafío de las aguilas, la trilogía del dolar...material "Fresco " para explorar..gracias tipo de la brocha!

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