11 de junio de 2012

Barbarian: The Ultimate Warrior

Si dos estantes repletos de libros y cómics de Conan, tropecientos muñecos de los Masters del Universo, y una docena de películas de fantasía heroica protagonizadas por consumidores asiduos de anabolizantes no son señal suficiente de mi pasión por el género de espada y brujería, imagino que hablar sobre un juego de lucha de hace más de veinticinco años en el que manejamos a un bárbaro musculoso en taparrabos con una destreza mortal con la espada ancha despejará cualquier duda que pudieráis tener. Además, es lo que me proponía hacer igualmente.

En 1987, la compañía inglesa Palace Software, desarrolladora del popular Cauldron y su secuela, programó y distribuyó en Europa el videojuego de lucha Barbarian: The Ultimate Warrior para Commodore 64. Poco después, el título también pasó por las principales "computadoras personales" de 8 y 16 bits, entre ellas Amstrad, Atari y Spectrum.

Dicho esto, o bien el párrafo anterior te ha sonado a arameo, o bien peinas canas y me has seguido perfectamente, en cuyo caso es posible que te hayas sentido envejecer con la misma celeridad que Walter Donovan al final de Indiana Jones y la última Cruzada.

Pero nada de lo anterior importa, porque esta entrada en realidad solo es una excusa para hablar de Maria Whittaker y sus inseparables compañeras. Quizá convenga aclarar que cuando he mencionado mi pasión por los bárbaros, estaba utilizando el masculino genérico.

Imagínate que es el año 1987 o 1988 y que entras en una tienda de videojuegos. Mientras tarareas el Livin' on a Prayer de Bon Jovi que suena en tu walkman, empiezas a pasear entre los estantes en busca de tu próxima adquisición. Internet es cosa del futuro, así que salvo que hayas leído alguna recomendación en una revista especializada o vengas aconsejado por un amigo, te tienes que guiar por las carátulas de los juegos. Y resulta que te toca elegir entre esto:


... y esto otro:


No hay color. Y eso que en España contábamos con el gran Azpiri dibujando para Spectrum.

El maromo de la carátula de Barbarian es Michael "Wolf" Van Wijk, el gladiador más popular de la versión británica del programa Gladiadores americanos, y la chica del bikini azul es Maria Whittaker, una de las grandes musas de la fotografía erótica británica de los años ochenta.

Él nos importaba un pimiento, porque solo era otro culturista superbronceado y aceitoso con una peluca que parece una familia de ardillas atropellada, pero ella, con su cara de golfilla, su figura esbelta y sus pechos naturales talla 95E, era un dibujo de Frank Frazetta hecho realidad. Gracias a ella probablemente se vendieron más copias de Barbarian de las que finalmente se jugaron.

Whittaker hizo su debut en la página tres del tabloide The Sun cuando solo contaba 16 veranos y pronto se convirtió en una de las modelos más solicitadas en el mundillo de la fotografía softcore. También trabajó como actriz en un par de películas, algunos episodios de El show de Benny Hill, y un clip de Genesis, e hizo sus pinitos musicales como cantante con el sencillo Stop Right Now, aunque el pésimo recibimiento del disco frenó su carrera en los escenarios y no pudimos disfrutar de su faceta musical, aun cuando fuera con tapones en los oídos, como sí lo hicimos en cambio de muchas otras chicas igual de bien dotadas.

Volviendo a lo que estábamos, suponiendo que no fueras ciego, la carátula ya había captado tu atención y solo te quedaba coger la caja, darle la vuelta para ojear el reverso en busca de imágenes del juego y alguna pista acerca de qué iba... y convencerte definitivamente de que tenías que llevártelo a casa aunque tuvieras que empeñar tu walkman e incluso la casete con la selección de los mejores éxitos del año que iba dentro.

Giggity Giggity Goo!

Ahora bien, en España, la publicidad de Erbe aseguraba que "no solo te sorprenderá la portada". A estas alturas, lo dudo; pero veamos si entonces era cierto.

El juego tiene dos partes, una en la cara A y otra en la cara B, que podían cargarse en cualquier orden.

La primera parte es un modo versus al que el manual de instrucciones se refiere como "entrenamiento para el combate". No sé cuánto de entrenamiento hay en un combate a muerte con espadas de acero, pero no seré yo quien rellene una hoja de reclamaciones cuando puedo disfrutar de mi tiempo libre cercenando cabezas huecas.

En este modo, podemos desafiar a la máquina o a un amigo. Lo segundo solía ser más complicado porque había que conseguir que el amigo en cuestión dejase de sobar la carátula y prestase atención al juego. Además, era más difícil derrotar a un oponente humano que a la inteligencia artificial de una máquina con especificaciones técnicas poco superiores a las de un ábaco.

No es entrenamiento si uno de los contendientes necesita una transfusión de sangre al terminar.

La segunda parte es la "lucha a muerte", que viene a ser el modo historia del juego, si es que puede llamarse historia al típico pastiche de fantasía heroica.

El malvado brujo Drax (¿los hay de otro tipo?) está encoñado con la princesa Mariana, y ha amenazado con descargar sobre la Ciudad de las Joyas una muerte atroz si no le entregan a la muchacha. Al menos en este aspecto es fácil identificarse con Drax, porque cualquier hombre heterosexual haría lo mismo por una joven morena y voluptuosa que gasta más en aceite de coco que en vestidos.

Lo siguiente que sabemos es que Mariana se encuentra en poder de Drax, si bien el brujo, en un curioso giro de los acontecimientos y quizá pensando que encontraría un poco más de resistencia por parte de la Ciudad de las Joyas, ha aceptado liberar a la princesa si un campeón es capaz de derrotar a sus demoníacos y desarrapados guardianes.

Los hombres más valientes del reino caen uno tras otro frente a los sicarios del villano, pero, cuando ya todo parece perdido, llega Gorth, el bárbaro de los olvidados páramos del Norte. La melena rizada y brillante, los ojos casi bizcos, espadón en mano, un culturista, un gladiador, un guerrero, de gigantescos pectorales y gigantescos cuadriceps, para patear con sus botas de piel de cabra la cabeza decapitada de sus enemigos.

¿Qué?, me gusta parafrasear a Robert E. Howard.

¡Llevarás mi espada como si fuera un pincho moruno!

El argumento, si es que os importan estas curiosidades, se parece bastante al de la película Deathstalker, quitando, eso sí, la parte de los tres Poderes de la Creación de la cinta de Roger Corman, que nunca tuvo el menor sentido. Drax sería el brujo Munkar; Mariana, la princesa Codille; y el bárbaro, Deathstalker. Es más, aunque el manual de instrucciones no dice nada al respecto, tendría toda la lógica del mundo que Drax organizase el torneo con el mismo propósito que Munkar en el filme, esto es, deshacerse de todo aquel que pudiera suponer una amenaza para él en el futuro.

¡Ja! Y yo que pensaba que nunca llegaría el día en que una película de serie B de Roger Corman me ayudase a aclarar el trasfondo de un videojuego de Commodore 64.

Para superar el torneo, tenemos que derrotar en combate mortal a siete rivales, que salvo por los chalecos de colorines, parecen clones de nuestro propio bárbaro. No obstante, y como es lógico, cada oponente es un poco más difícil que el anterior. Para vencerlos, disponemos de una amplia variedad de ataques y técnicas, desde cabezazos y patadas a estocadas y tajos, pasando por guardias y volteretas, los cuales ejecutaremos realizando distintas combinaciones con la palanca de mandos y el disparador. ¡Incluso podemos imitar uno de los aspavientos más absurdos de Arnold Schwarzenegger en Conan el Destructor!

Por lo que se refiere a la parte técnica, los movimientos de los luchadores se recrearon a partir de un vídeo del diseñador Steve Brown haciendo el payaso con una espada de juguete, y la crítica y el público alabaron su fluidez. A día de hoy, la sensación es la de estar manejando a un nudista tetrapléjico con prótesis ortopédicas; pero los tiempos cambian, claro.

Un detalle gracioso es que cuando reducimos a nuestro adversario a una masa de carne sanguinolenta, y al tiempo que celebramos la victoria enseñando una axila perfectamente depilada, un pequeño goblin viene para recoger el cadáver y arrastrarlo fuera de la pantalla, de modo que el tufo a podrido no moleste a los contendientes de las próximas rondas cuando el cuerpo empiece a descomponerse. Además, si somos lo bastante hábiles o afortunados como para zanjar el combate decapitando al contrario (¡el primer fatality de la historia de los videojuegos!), el goblin pateará la cabeza antes de llevarse el cadáver. Diversión para toda la familia.

Corte volante al cuello.

Por último, nos enfrentaremos a Drax en persona, que, como no es del todo idiota y ha visto de lo que somos capaces con una espada en la mano, se quedará en el otro extremo de la pantalla lanzándonos hechizos letales con aspecto de shurikens y que solo podemos esquivar saltando o agachándonos mientras rezamos por encontrar un hueco que nos permita acercarnos al brujo.

Lamentablemente, derrotar a Drax es más una cuestión de suerte que de habilidad, y esta parte es tan puñetera que la única manera que he encontrado de superarla es con un ROM que te da la opción de ser invulnerable a sus ataques. Después de ver desplomarse al bárbaro como un fardo varias veces, os aseguro que no voy a sentirme mal por hacer trampa.

Para un tipo cuyo nombre suena a desodorante de marca blanca, no lo hace mal.

Con el villano presuntamente muerto o desaparecido, solo nos queda disfrutar del alucinante y bien merecido final del juego, en el que la princesa Mariana bajará a la arena con nosotros y nos agradecerá nuestros mayores esfuerzos... dándonos las gracias. ¡Entre exclamaciones!

Sí, los finales de los juegos de antaño no eran gran cosa. Pero si uno conseguía convertir esos cuatro píxeles en una imagen mental de Maria Whittaker, mejoraba bastante.

-¡Prepárame una tarta al menos, mujer!

Para rematar mi análisis, señalar simplemente que la música, que podemos alternar con los efectos sonoros (lo uno o lo otro, ¿qué le vamos a hacer?), es todo lo buena que podía ser para las máquinas en que corría. Como punto a su favor, algunos de sus compases son un plagio de las composiciones de Basil Poledouris para la películas de Conan, dos de las mejores bandas sonoras originales que existen. Puestos a imitar algo, que sea bueno, ¿no?

El éxito del título propició el desarrollo de una secuela, que, sin embargo, abandonó el estilo uno contra uno para convertirse en una aventura de desplazamiento lateral, lo que no terminó de cuajar entre los seguidores de la primera parte.

Mirándolo por el lado bueno, en Barbarian II podías pedirte a la princesa Mariana y Maria Whittaker volvió a prestar su escultural cuerpo para la carátula y las imágenes promocionales del juego.

Ni que a estas alturas necesitase justificación para poner esta imagen.

12 comentarios

  1. Realmente curioso lo del fatality (un humor muy retorcido. Mola).

    He echado un googleado para ver ilustraciones de Frazetta y realmente impresionantes las composiciones.


    Saludetes

    P.d. Creo que tienes una errata de dislexia teclil en el penúltimo párrafo ("caujar"). Por lo demás, espectacular como siempre.

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  2. Olvidó poner esta foto y esta foto.
    Lo triste es que nuca vimos la tercera parte, según la wiki pondrían a Debee Ashby y despedirían a Maria. Simplemente digo ¿no podían convivir las dos chicas en un sexy y candente abrazo? no creo que nadie se quejase, pero en fin.

    Le tengo que dar una oportunidad al juego.

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  3. Ah, uno de esos maravillosos juegos imposibles de los 80, qué recuerdos, qué desesperación al ver que eras incapaz de terminarlos o avanzar un par de pantallas. Y hasta la llegada de los emuladores pensaba, con cierta condescendencia, que no los podía acabar por mi inmadurez infantil-adolescente pero debo decir que, y a las pruebas me remito, sigo siendo un inútil para los juegos de amstrad. Aún tengo pesadillas con el Sir Fred, Abu Simbel y tantos y tantos otros.

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  4. Jarlll. Al ver la primera imagen gameplay del juego (ese aspaviento ala Schwarzenegger), me he acordado que en este juego se podían cortar cabezas. Al ver el gif animado, lo he comprobado. Para que luego digan que los porros y el alcohol son malos y hacen que olvides las cosas.

    Los juegos de esa época eran muuuy difíciles pero no imposibles.

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  5. Descastado: Ahora mismo tengo de fondo de escritorio precisamente uno de sus dibujos. Con dinosaurios, trogloditas y un par de voluptuosas jamelgas.

    LacraESECEFE: Jo, potentilla también la señorita Ashby. Menudos dolores de espalda tendría.

    Macdonald: Yo diría que, con la edad, jugamos cada vez peor. A mí me pones uno de los últimos Final Fantasy y es que ni me entero de qué estoy viendo.

    Critical +: Se supone que la IA tenía "huecos" en su programación que podías aprovechar, pero había que estar muy puesto, o sea solo y enfermamente desesperado, para andar pendiente de ese tipo de triquiñuelas.

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  6. ¿Soy el unico aquí que prefiere los pechos naturales?

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    1. No, no eres el único. Pero insisto: SON naturales.

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  7. Este juego fue toda una revolución en su día, ¿que niño podía en su sano juicio resistirse a encarnar a una especie de Conan en un juego que salía sangre y podías decapitar a los enemigos y encima acompañado por una portada como esa? Es la primera vez que he leído el nombre del "maromo", creo que el pobre siempre se había quedado en un segundo plano...

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  8. Que grande el Barbarian, cuantas horas delante de mi Amstrad CPC con monitor fósforo verde jugando a este endiablado juego... si no perdí la vista entonces ya nada puede quitármela. A mis primos y a mí solo nos gustaba matar al enemigo segándole la cabeza, para que saliera el enano y le arrease una soberana patada, pero claro, había enemigos que paraban muy bien esos golpes, así que creo que nunca llegamos hasta el enemigo final. Creo que es uno de los mejores juegos de los 80s y su calidad va a acompañada de su alta dificultad.

    Buen artículo, como siempre.

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  9. Que grande el Barbarian y que grandes las tetazas de la Guitaker...

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  10. Estupendo análisis. Yo tuve la gran suerte de vivir aquellos años cuando aun era un chaval pre adolescente, y ciertamente la carátula me ponía los dientes largos -y algo más-. El juego lo disfruté en un Amstrad CPC 464 y era una gozada para la época, sobre todo por la suavidad de movimientos y las animaciones. Siempre me pasaba todo el combate intentando cortar la cabeza del contrincante, y cuando se producía, era una sensación "orgásmica".

    Saludos

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  11. Pues yo me lo acabé en spectrum sin trucos. Juegazo para la época. Éste y el Exploding Fist formaron parte de la mítica primera oleada de juegos de lucha (junto al IK+). Qué recuerdos...

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