3 de enero de 2013

Reyes de 1990


Hará cosa de un año, mi hermano pasó a DVD todas las cintas caseras que grabó mi padre antes de que cumpliésemos esa edad en la que se es menos interesante que los chimpancés del zoológico. Sin embargo, antes que sentarme con mi familia a ver de nuevo esas cintas, hubiera preferido que me metiesen astillas empapadas de aceite bajo las uñas y les prendieran fuego.

No soporto verme en vídeo cuando era un crío, no desde luego si me acompaña cualquier ser capaz de juzgarme en retrospectiva, ya sean mis padres, mi hermano o uno de esos chimpancés que he mencionado antes.

En particular, con siete años de edad era un crío absolutamente insufrible. Egoísta, chillón, latoso y una auténtica attention whore. No obstante, y a falta de mejores ideas con las que ir clausurando este especial navideño, me he inclinado por repasar una cinta en la que se ven todos los regalos que recibí el día de Reyes de 1990. Humillante, pero divertido. Además, hay cosas peores que el escarnio público, como los campos de concentración soviéticos o la Santa Inquisición.

Viendo esta cinta, lo primero que debo decir es lo impresionado que estoy de que hubiera tantos regalos juntos. No recordaba las Navidades así. De hecho, desde que vi la luz blanca, no recuerdo nada en absoluto. Supongo que antes era más fácil permitirse esta clase de derroches al menos una vez al año, sobre todo cuando el único miembro de la familia que recibía más de un regalo era yo. Mi hermano acababa de cumplir dos años y era feliz con su chupete; mi padre se conformaba con el cómic más reciente de Blueberry o Blake y Mortimer o con algún documental sobre el Titanic, y mi madre... ni idea, ¿con un delantal?

También era una suerte que a mi padre pudiera conseguir algunas marcas a precio de fábrica, aunque muchas veces le dieran material que el fabricante no podía entregar a los distribuidores por ser defectuoso o incumplir las normas de seguridad de la Comunidad Europea. Las cajas de Lego, por ejemplo, solían llegarnos como si les hubiera pasado un brontosaurio por encima.

En el vídeo, como es natural, todos vamos en pijama. Acabamos de levantarnos y nadie se ha lavado todavía los dientes. Por lo tanto, nada de besos ni abrazos. La separación recomendada es de un metro.

Siempre madrugábamos el día de Reyes. Y por "madrugábamos", me refiero a que yo, y nadie más, me despertaba más pronto que ningún otro día del año y corría a levantar al resto de mi familia porque quería abrir mis regalos y disfrutarlos durante el máximo tiempo posible antes de que comenzasen otra vez las clases. Eso sí, como se me ocurriera levantarme antes de las ocho, mis padres me mandaban de vuelta a la cama de un berrido.

Los regalos están junto a nuestros zapatos, que siempre poníamos en el salón en la víspera de Reyes como parte de una tradición que jamás llegaron a explicarme. Visto ahora, me parece un acto muy imprudente. En la serie CSI, la huella de un zapato puede decir mucho. ¿Y si los Reyes Magos se hubiesen llevado nuestros zapatos para incriminarnos en un crimen y luego los hubieran devuelto antes de que nos despertásemos? ¿Tanta confianza se merecen? ¿Alguien les ha pedido sus papeles?

Sí, son tonterías, así que pasemos ya a los regalos, empezando por un increíble...


#1. Monedero



Es curioso que en primer lugar abriese el paquete más pequeño. Indica una contención inusual en mi yo infantil que no encaja con la imagen que tengo de mí mismo como el niño que quiere salir a la terraza, echa a correr y se olvida de abrir antes la puerta corredera de cristal.

Una vez desenvuelto el regalo, le doy varias vueltas antes de mirar entre confuso y enfadado a mis padres. Si la calidad del vídeo no fuera tan mala, creo que podría haberlo pausado en el fotograma exacto en el que la decepción alcanza su pico más alto y juro venganza contra todo Oriente. O Tartessos, según Benedicto XVI.

Mi madre me pregunta qué es lo que me han traído los Reyes y mi contestación suena como un hipido rabioso:

"¡Yo qué sé!".

Vuelvo a mirar el regalo con gesto de asco y se lo doy a mi madre. Sea lo que sea, está claro que no me interesa lo suficiente para pedir una segunda opinión. Probablemente, en aquel momento desease que las galletas que les habíamos dejado a los Reyes contuviesen matarratas. Insisto: era un ser despreciable.

Mi madre me dice que es un monedero. Sorprendentemente, esto parece cambiarlo todo, porque rápidamente se lo quito de las manos. Supongo que mi línea de pensamiento sería la siguiente: Un monedero guarda monedas. Con las monedas se compran cosas. Voy a ser rico.

Y hoy, mi capital líquido se reduce a mi última nómina menos lo que me he gastado en diciembre.


#2. Cobra Pogo Ballistic Battle Ball



El siguiente regalo me entusiasma mucho más que el anterior y en cuanto distingo lo que es, chillo extasiado como Santa Teresa en una de sus frecuentes transverberaciones:

"¡Es de Jillou! ¡Y es una nave! ¡Una nave grande!".

Cuando digo "Jillou" quiero decir G.I. Joe, lo que significa que por entonces esta teleserie americana todavía estaba de moda y que yo no hablaba inglés tan bien como Muzzy hubiera querido.

Tras destrozar el envoltorio, levanto la caja orgulloso para mostrársela a la cámara y casi creo oír aquella pegadiza tonadilla del primer Zelda. A la vista de la imagen, es evidente que a mi padre no se le daba bien enfocar el objetivo, pero al menos tuvo el sentido común de hacer zoom, porque si no, jamás hubiésemos sabido que se trataba del Cobra Pogo Ballistic Battle Ball.

De hecho, hasta que vi este vídeo, no recordaba haber tenido ese juguete. Ni ningún otro vehículo de la colección, todo sea dicho. Imagino que aún estoy sufriendo las secuelas del proyecto Arma X .

De todos modos, y a pesar de mi afirmación tan entusiasta, mis conclusiones eran precipitadas, ya que el juguete en cuestión no es una nave, sino un vehículo terrestre, y su principal peculiaridad es que podía ir botando sobre sus tres patas por el campo de batalla como si fuera un pogo saltarín, provocando, imagino, que los valientes G.I. Joe cayeran muertos de risa a su paso.

Con razón, está clasificado como uno de los veinte vehículos más estúpidos de la franquicia.


#3. Tebeos de Disney



La frase que suelto al coger el siguiente paquete es para hostiarme, sobre todo habida cuenta de que siempre que me preguntan por mi afición a la lectura, digo que me encanta leer desde que era muy pequeño.

"No me digas que son libros".

¿De verdad dije yo eso? ¿Es ese niño la misma persona que hoy construye fuertes de libros sobre su mesita de noche? ¿Seguro que no fue sustituido por un atractivo e inteligente reptiliano entre los siete y los diez años? ¿He dicho reptiliano? Borrad eso de vuestra cabeza.

En fin, supongo que es bueno saber que llevo mintiendo sobre mi pasión por la lectura desde que tengo memoria.

Lo peor, sin embargo, es que mi disgusto es precipitado, porque ni siquiera se trata de libros, sino de tebeos. Dos volúmenes de la colección Películas Disney, y, según veo, uno de ellos contiene la adaptación de Oliver y su pandilla, que habíamos visto en la tele la noche anterior. Sí, nada como irse a la cama con la imagen bien fresca de una de las muertes más extremas de Disney.


#4. Dinosaurus



El siguiente paquete es más grande y se reserva la mayor sorpresa. "¡Masters!", grito al ver el logotipo de la caja. ¿Hace falta que diga algo más u os sirven de referencia los 2.365 artículos que he escrito ya sobre los Masters del Universo?

El penúltimo regalo es el imponente Dinosaurus, un triceratops armado hasta los dientes que servía de montura a He-Man en la Eternia prehistórica. Fuera de España se le llamó Bionatops, pero aquí Mattel tenía que ser mucho más evidente si quería que los críos acabasen picando.

El Dinosaurus fue uno de los últimos juguetes de la colección junto con el Tyrantisaurus de King Hiss, y, sin duda, uno de mis favoritos. Estaréis de acuerdo conmigo en que un niño no puede pedir mucho más que un triceratops cargado con misiles. Es más, incluso cuando perdí interés en los Masters del Universo, seguí jugando con el Dinosaurus, que enseguida mezclé con mis Dino Riders.

Por lo demás, en la cinta, este es el único juguete que saco de su caja nada más desenvolverlo, y antes de terminar de montarlo, ya estoy jugando con él y dejando para la posteridad esta gran frase:

"¡Ñaca, ñaca! ¡Me como a los niños peludos!".

Por "niños peludos" entiendo que quiero decir pequeños cavernícolas, lo que significa que no debía de tener muy clara todavía la inclinación moral del animal ni sus hábitos alimenticios. Todo el mundo sabe que los triceratops solo comían crepes de espinacas.


#5. Shadow Bat



Quizá muchos de vosotros no recordéis los juguetes de StarCom, o la serie de dibujos animados del mismo título que produjeron DiC y Coleco para promocionarlos. Yo sí. Los miembros de la U.S Space Force eran una suerte de G.I. Joe espaciales que luchaban contra la malvada Shadow Force, una flota invasora de alienígenas y androides comandada por el Emperador Oscuro.

Los muñecos eran del tamaño de un pulgar y tenían imanes en la suela de las botas. Mi madre estaba harta de encontrárselos pegados en las lámparas de pie y en los grifos de los lavabos. Pero lo mejor de la colección eran con diferencia las naves, que tenían montones de artilugios y funcionaban sin necesidad de pilas.

El Shadow Bat era la nave insignia de los villanos y siempre fue mi favorita de la colección. Tenía una bodega de carga con capacidad para un vehículo terrestre, armas que se desplegaban de los lugares más "insospechados" y un caza triangular que podía acoplarse a una de sus alas. Una auténtica maravilla que me proporcionó horas y horas de diversión.

En el vídeo, tardo varios segundos en darme cuenta de qué es lo que me han regalado, y cuando lo hago, exclamo:

"¡Por fin tengo una nave de los malos!".

Porque, claro, no es fácil imaginarse trepidantes aventuras por el cosmos cuando solo cuentas con soldados de uno de los dos bandos. La tercera vez que los enfrentas a enemigos con dispositivos de ocultación klingon deja de ser divertido.

Y hasta aquí puedo leer.

Si pensáis que son muchos regalos para un solo niño, tenéis razón. Pero peor es que años más tarde regalásemos esos juguetes a los pobres. ¿Cómo iban a apreciar los mendigos el Shadow Bat si ni siquiera tenían un televisor para seguir los dibujos animados?

En cualquier caso, y teniendo en cuenta que hace casi una década que no veo otros regalos de Navidad que los que me compro yo mismo, no me importaría repetir una experiencia como la del vídeo, aunque solo sintiera un 10% de la ilusión que desprendía entonces. Del 90% restante siempre podría ocuparse mi póster de Denise Milani tumbada en la playa.

25 comentarios

  1. Mi entrada favorita de cuantas te he leído. Grandísima y muy divertida.

    Y juro que decidí esto antes de llegar al enlace a mi blog.

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  2. Pedazo artículo, Tipo de la Brocha!!! No se ven muchas cosas así por ahí. Enhorabuena :D

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  3. Ey nada mal los regalos sobre todos los masters. Yo tambien tengo los dos dinosaurios!

    Y seguramente me toque ademas pasar a mi las cintas VHS a DVD >_<

    PD: Feliz año!

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  4. Sabiduría inmunda.3 de enero de 2013, 2:28

    Me ha hecho llorar rememorando mis reyes de la infancia, tampoco es que me queje de los últimos, la Play 3 , por ejemplo, le da mil patadas al videochallenguer, pero y la ilusión? en donde ha quedado la ilusión?? eh??

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  5. Me encantó la mancuerna del tema musical y la entrada, muy disfrutable todo, oiga.

    Ahora estamos un paso más cerca de saber su verdadera identidad. ¡Ñiac Ñiac Ñiac!

    Próspero Año Nuevo.

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  6. Me ha encantado, sobretodo porque es fácil sentirse reflejado, ¡aunque yo nunca tuve ese Dinosaurus! Al menos si pude tener una especia de araña gigante que iba con pilas, ¿sabes su nombre?

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  7. Qué buena entrada :D

    Yo nací dos días antes de que se tomaran estas fotos, LOL. Mientras tú abrias esos regalitos, yo era una bebesita en el hospital xD.

    Muy gracioso verte de enano y, sobre todo, los comentarios que hacías con cada regalo, jejeje.

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  8. Gracias, Tipo de la Brocha. Gracias a este artículo sé a qué pertenece el tanque que tengo, a los juguetes esos de StarCom. Venía con tres muñecos y uno se ha perdido, y a otro le falta un brazo.Lo malo es que el muelle o el dispositivo que hacía que se abriese lentamente se ha jodido y abre de golpe, pero me ha hecho ilusión verlo comentado.

    Respecto a la calidad del vídeo, hay conversores que permiten darle más resolución, aunque llevan mucho tiempo de trabajo.

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  9. Todavía guardo la nave en mi armario y en bastante buen estado. La saqué este otoño durante una limpieza y para mi sorpresa en la bodega de carga guardaba un pequeño vehículo. La mini nave triangular seguía acoplada aún por suerte.
    Y tuve otro par de naves acojonantes pero se rompieron (así mismas, ya se sabe, espontáneamene, nadie sabía nada de lo que había pasado y menos yo), por favor Tipo de la Brocha, para cuando una entrada sobre StarCom!!!
    Genial artículo por cierto,

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  10. No sabes que a todos nos gusta leer desde pequeños hasta que nos recuerdan que el primer libro lo leímos con 10-11 años?
    Y todos éramos niños odiosos porque todos los niños son odiosos, obviando eso, ha sido una entrada muy emotiva. Felicidades.

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  11. tremendo artículo! creo que esa misma navidad yo recibí como regalo el heroquest, pero por desgracia no dispongo de vídeos que lo prueben :)

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    1. No tienes nada pendiente en tu blog Rafa...?

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  12. Si no te has podido convertir en Super Saiyan despues de recibir el monedero, no lo podrás lograr nunca. Lamento venir con la dura verdad :(

    Saludos!

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  13. Miguel Roselló: Y eso que te ha tocado leerlo con un 70% más de erratas. Pero vamos, que ya deberían estar todas corregidas, incluyendo el enlace a tu página. Menudo error más tonto.

    utf: ¿Y quién querría verlas?

    Vladek: No te confundas, yo no tenía el Tyrantisaurus. Snif...

    Sabiduría inmunda: ¿Dónde? ¿DÓNDE? Yo no lo sé. ¿Has mirado ya en el armario de la salita?

    LacraESECEFE: ¿Y para que cojones querría alguien conocer mi verdadera identidad?

    Roy Ramker: ¿Cómo no iba a acordarme? ¡Spydor, la diabólica araña mecánica! Me cargué todas y cada una de sus patas y perdí sus ojos.

    Jero-chan: Pues entonces ya no eres tan joven. Tic-tac, tic-tac...

    Victor: La cinta se la pasamos luego a Lucasfilm y lo que veis es todo lo que pudieron hacer por ella.

    Hermann: Por desgracia, no tengo suficiente material sobre StarCom para escribir una buena entrada. Me gustaría, eso sí.

    Mixtli1984: No generalices, el rango de hostiabilidad varía mucho de unos niños a otros.

    q256: Estás obsesionado con el HeroQuest. No me lo pegues, que ya tengo mis propias obsesiones.

    Bizarro: Leches que no. Ahora verás... ¡Aaaaaah! ¡Gñ! Nada, que no me sale. Qué raro. Ayer lo conseguí.

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  14. Yo nunca madrugaba en Reyes y mis padres se rallaban. En mi mente infantil, me daba miedo que los Reyes aún estuvieran por ahí y no quisieran dejarme ningun regalo al pillarlos in fraganti.

    Grande el Triceratops!! Yo también lo tenía pero los misiles me duraron poco.

    Quizás sea que yo soy hijo único pero más o menos siempre he tenido ese volumen de regalos hasta la pubertad más o menos (y no, no soy el sobrino favorito del Tio Gilito)

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  15. El triceratops debió ser el muñeco más vendido por aquellas fechas porque yo también tenía uno. Le puse "Cuernos", lo cual creaba cómicas situaciones cuando alguno de mis personajes decía alguna expresión con "cuernos". El mío no comía niños peludos pero los cuernos de la frente eran misiles parecidos a los puños de Mazinger Z que luego volvían y todo. También me gustaba quitarle la cabeza (la parte que se podía quitar) y fingir que era un dinosaurio zombi. Me están entrando ganas de sacarlo del trastero y ponerme a jugar otra vez tirado en suelo como hacía antes. Me ha gustado mucho la cara de "What the fuck!" del monedero. Gran entrada para empezar el año.

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    1. Joder ahora que lo describes así (con lo de los cuernos y la dentadura) ya me acuerdo! Yo también tuve uno y hacia lo mismo que tu con la boca y la mandíbula.:)

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    2. Ya te digo, fue un éxito de ventas. Si te acuerdas, el cuerpo no era de goma sino de un plástico duro de cojones. Una vez estaba jugando con Cuernos en la calle y un niño trató de quitármelo. El "dinosaurazo" que le metí en la cabeza fue antológico. Era una mezcla de juguete y arma perfecta. Otro día os cuento lo que hice una vez con el "Insecto Acorazado", sólo diré que un niño casi pierde un ojo.

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    3. Tío, empiezas a dar miedo... Los "robots" de He-man eran buenísimos. A parte de este dinosaurio también tuve el destructor lanzadiscos, con el que martirizaba a mi hermana xD

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  16. Tío, te has superado. Hay que tenerlos bien puestos para auto-analizarte cuando eras pequeño y encima hacerlo de manera pública.

    Reconozco que hoy en día odio a los niños (de hecho de vez en cuando me como uno para cenar), son ruidosos, estúpidos y sabelotodo. Sin embargo yo era igual, o más repelente si cabe que ellos, por esa razón soy incapaz de verme en videos de cuando era un crío.

    Una única duda ¿para que necesitaba un niño de edad un monedero!? xD

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  17. Pennywise: Alguna vez tuve ese mismo temor a pillar a los Reyes o a Papá Noel dejando los regalos. La única manera de recrear esa sensación ahora sería llegando a casa de trabajar a una hora que no es la habitual con la sospecha de que tu novia o esposa te está poniendo los cuernos. O algo así.

    El Chachi: Efectivamente, creo recordar que tanto los cuernos como la mandíbula superior del bicho podían quitarse. Y tienes que contarnos lo del Insector Acorazado, que no se te olvide.

    DGrumpy: Nah, en realidad es un primo mío. Me lo he inventado todo.

    El monedero sería para guardar el dinero que me daban para chucherías.

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  18. El Tipo de la Brocha: ¡Si!¡Spydor! Suerte que te tengo a ti para estas cosas :D

    Yo lo usé una vez para perseguir a mis gatos y la cosa acabó en una lucha sin cuartel en la que Spydor salió muy mal parado, como bien comentas, perdía las patas con tremenda facilidad.

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  19. Qué buena entrada! También me acuerdo de esa época en la que tenía un trillón de regalos, no como este año, que sólo me han regalado una vela por Navidad.... y lo peor de todo es que me hizo muchísima ilusión, ya que no pensaba que iba a recibir ningún regalo.

    Por cierto, no sé qué leches pasó en torno al día de Reyes de 1990 y los nacimientos, ya que la mañana siguiente la pasé en el hospital porque acababa de nacer mi hermano. Dicho sea de paso, el trauma que me llevé al levantarme un día con 4 añitos para encontrar la casa llena de juguetes y levantarme al día siguiente para descubrir que mis padres se habían largado de casa mientras estaba dormida fue épico. Cuántas horas de terapia me esperan...

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  20. Chapó, Tipo. Mola el contraste entre la foto del monedero y la del dinosaurio de los Masters.

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