17 de octubre de 2013

Muestras de afecto: El Expediente X de Bruce Campbell

Expediente X. Guau... No recordaba por qué me gustaba tanto esta serie hasta que empecé a ver capítulos sueltos hace un par de meses. En 2008 repasé los episodios que Chris Carter y Frank Spotnitz consideraban lo suficientemente imprescindibles como para lanzarlos juntos en un pack en DVD (imprescindibles para que ellos tuvieran un colchón decente en caso de que su segundo largometraje sobre la serie se pegase un batacazo en taquilla, como acabó sucediendo); pero, por algún motivo, no me provocaron la misma sensación de canguelo que cuando ponían la serie en Telecinco, antes de que la cadena empezase a emitirla a una hora en la que sólo estaban despiertos los adictos a la Teletienda.

Sin embargo, escogiendo los episodios adecuados y viéndolos por la noche y a solas, he recuperado una pequeña parte de aquella vieja sensación de intriga y angustia que noté la primera vez que los vi. Que me he cagado un poquito viéndolos, vamos.

Ahora bien, aunque en su día me tragué Expediente X de principio a fin, no recordaba que Bruce Campbell fuera una de las estrellas invitadas de la serie. Quizá porque en este episodio en concreto lleva el pelo cortado estilo recluta y está menos graciosete que de costumbre.

Muestras de afecto (o Terms of Endearment en el original) es el séptimo episodio de la sexta temporada de la serie, una temporada en la que los agentes Mulder y Scully han sido relegados a puestos de oficinistas y ya no están a cargo de los Expedientes X. Al menos, no oficialmente. Mulder, por supuesto, no ha renunciado ni mucho menos a la investigación de sucesos paranormales, porque lo oculto para él es como el comer Cheetos Pandilla para mí. La única diferencia es que ahora encuentra sus mejores casos en la destructora de papel del despacho de Spender.

Precisamente uno de esos casos desechados es lo que conduce a Mulder a Virginia. Allí, en un pueblo típico americano, se reúne con una mujer que asegura que un demonio le ha robado a su bebé nonato. Los vecinos más escépticos del pueblo creen que más que un hurto demoníaco se trata de un aborto provocado, porque, sólo un día antes del "rapto", el ginecólogo de la mujer había detectado malformaciones "extrañas" en el feto (cuernos, rabo, afición por los discos de Amistades peligrosas...). Sin embargo, Mulder, que sabe mucho de esto de lo paranormal, sospecha del marido, Wayne Weinsider, interpretado por Bruce Campbell. Para el agente del FBI se trata sin duda de un caso de secuestro fetal demoníaco o Atum Nocturnem, "la fecundación involuntaria de una mujer por un Señor de las Tinieblas". Claro que sí.

Mulder sabe.

No voy a ahondar más en el argumento, para no destripárselo a quien no haya visto todavía este episodio, pero debo decir que el que piense que Bruce Campbell no sería capaz de actuar con seriedad ni aunque le fueran los royalties de Evil Dead en ello, se equivoca. A pesar de esa imagen socarrona a la que nos tiene acostumbrados, en este episodio incluso suelta alguna lagrimilla. Si tuviera que comparar interpretaciones de demonios checoslovacos ladrones de bebés, la suya sería la mejor.

¡Mira, mamá! ¡Estoy actuando!

Lo que quizá disguste a los fans más cuadriculados de la serie, los mismos que jamás perdonaron que sustituyeran a Duchovny por el T-1000, es que no vemos a Mulder y Scully trabajando juntos para resolver el caso. Ni siquiera hay mucho espacio para ellos en el guión. Mulder es quien va desentrañando el misterio poco a poco, pero sus acciones no repercuten realmente en el desarrollo de la trama, y Scully le sirve de hotline para consultas médicas puntuales y no se junta con su compañero hasta el desenlace.

Para los seguidores de Campbell, en cambio, es una buena noticia. ¡Más protagonismo para su ídolo!

Vamos a cobrar igual.

Quizá el punto más interesante del episodio es que Wayne, pese a ser un demonio nacido de las llamas del Submundo, se nos presenta como un personaje trágico, lo que hace que, si a diferencia de mí, tienes alma, te compadezcas de él.

Y si la mierda sentimentaloide no es lo tuyo, que puede ocurrir, aún puedes disfrutar de las escenas grotescas, con todos esos abortos y bebés enterrados en el patio trasero.

Dicho esto, y como esta entrada me está quedando más corta de lo que yo preveía, voy a repasar mis momentos favoritos del episodio:

#1. La primera aparición del demonio antes de los títulos de inicio, una imagen de pesadilla muy efectiva para abrir el capítulo y que deja al espectador con el culo pegado al asiento.

Si cenáis tacos picantes de pollo, es probable que tengáis una visión parecida a esta, sólo que el demonio llevará sombrero mexicano y tendrá bigote.

#2. Mulder acosando a Wayne y retándole a una carrera en un semáforo en rojo. Según la autobiografía de Bruce Campbell, Duchovny y él se lo pasaron en grande durante el rodaje, y ese buen rollo se trasladó a la pantalla. Entre otras anécdotas, Campbell cuenta que una noche estuvieron simulando ruidos de pedos con un vaso lleno de blandiblub hasta que el equipo no pudo soportarlo más. Los actores son como niños. Niños con mejor derecho a adoptar otros niños que la mayoría de las personas. Que se lo digan si no a Angelina Jolie.

¿Ya has vuelto a ver Grease?

#3. Wayne visitando a una vecina del pueblo para venderle un seguro. "Lo sé, Kim, ¿puedo llamarla Kim? Me encontraba en el barrio y... no conviene estar sin seguro ni siquiera durante una semana". Es el clásico momento Campbell, sea lo que sea que signifique esto.

Estaba hurgando en su basura y no pude evitar oír que necesita un seguro.

#4. El giro del final. La primera vez que lo vi no me lo esperaba. La segunda ni me acordaba. Y ahora me siento tentado de estropeároslo. Lo haré a medias con la siguiente imagen.

¡Spoiler!

Mulder y Scully, bebés infernales, Bruce Campbell... ¿Qué más se puede pedir?

6 comentarios

  1. Con la imagen del final ya he recordado todo el episodio y sí, al final uno hasta se encariña com Bruce. Pero claro, tanto Evil Dead tenía que pasar factura...

    Te faltaría comentar el episodio en el que al final sale Cheer, todo él en blanco y negro, y también con giro argumental al final del mismo.

    ResponderEliminar
  2. Desde este episodio vivo acojonado de que alguien me caliente un cazo de leche demoníaca fosforito...

    ResponderEliminar
  3. Victor: Será Cher, ¿no? ¿O te refieres al bar de Cheers?

    Javier Arance López: No, no lo harás. Sé de sobra cómo funcionan estas promesas.

    Terminento: ¡Uno de los miedos más comunes que existen!

    ResponderEliminar
  4. recuerdo que de niño vi ese capitulo y me gusto mucho. me podrías Sugerir películas de Bruce que se entretenidas y que no sen evil dead?

    ResponderEliminar
  5. Wow recuerdo que este episodio si me daba miedo cuando era pequeño... y si el giro de el final es lo mejor de el episodio es una lastima que Carter no le dio seguimiento a la trama de los demonios

    ResponderEliminar