27 de enero de 2014

El coche fantástico: Despedida de White Rock

Nunca es tarde si la dicha es buena, y aunque este mes tenga ya los días contados, aún estoy a tiempo de recapitular otro episodio de El coche fantástico. Espero que os lo toméis como una buena noticia. Será el sexto que comente sin contar sesiones dobles. ¡El sexto! ¿No es una pasada? O triste, también podría calificarse de triste, sí. Todos tenemos mejores cosas que hacer.

Por aquello de seguir un orden, como el último episodio que revisé fue Maniobras mortales, hoy pasaremos al siguiente: Despedida de White Rock, el tercer episodio de la serie, emitido por primera vez el viernes 8 de octubre de 1982. Yo ni había nacido.

El título en inglés del episodio (Good Day at White Rock) es un homenaje a la película de Spencer Tracy Conspiración de silencio (Bad Day at Black Rock), que inspiraría también el título del episodio Black Day at Bad Rock de El Equipo A. Los argumentos de ambas series eran malos tirando a casposillos, así que no me esperaba que los guionistas se molestasen en buscar títulos originales, aunque, por otro lado, también me parece curioso que parodiasen títulos de películas famosas. Hoy estoy indeciso.

Este episodio es el único de toda la serie que comienza como una peli de Bond: con la conclusión de una misión anterior, metiéndonos así de lleno en la acción. Esto crea en el televidente la expectativa razonable de que el episodio va a ser la bomba, pero lo cierto es que es más pródigo en camisas a cuadros que en escenas de acción. Ya veréis a qué me refiero.

De momento, es de noche y estamos en un almacén de esos que en las películas americanas sólo se utilizan para fines criminales. Habría que ver los expositivos del contrato de arrendamiento. "PRIMERO.- Que D. Fulano de Tal es propietario del local sito en Bla. SEGUNDO.- Que interesando a D. Mengano de Cual arrendar dicho inmueble para satisfacer su necesidad de infringir la ley, ambas partes firman el presente contrato".

Tres sujetos de dudosa reputación están elaborando cocaína con ayuda del Quimicefa. Sé que su reputación es dudosa porque uno de ellos lleva un cuello de camisa tan grande que podría echar a volar con él y a otro le cuelga una medalla de oro por fuera de la camisa. Villanos, sin duda.

Era el siguiente paso lógico después del fiasco del negocio de polvos de talco.

El ruido de una turbina llama su atención, y un instante después, K.I.T.T. atraviesa una de las paredes de pega del edificio, espantando a los criminales y derribando la mesa donde trabajaban. Cuatro millones de dólares de cocaína pura flotan en el aire. Si notáis a Michael eufórico durante la próxima hora, ya sabéis por qué es.

Michael se asoma por la ventanilla del coche y apunta a los traficantes con una ametralladora y una sonrisa deslumbrante. Cualquiera de las dos hubiera bastado para desarmarlos. Nuestro héroe suelta un par de chascarrillos e invita a los criminales a salir del edificio. No se sabe si los entregará a la policía, con los problemas que sin duda conlleva una detención ilegal en la que el escenario del crimen no se ha preservado en absoluto, o si directamente los acribillará a balazos y arrojará sus cadáveres al mar. Ser un justiciero ahorra mucho papeleo.

Peinado afro, chaqueta de cuero remangada hasta el codo, sonrisa triunfante... Michael Knight.

Al día siguiente, Michael se encuentra con Devon en un restaurante muy refinado. El director de la Fundación para la Ley y el Orden está disfrutando de unos escargots acompañados de vino tinto, y le horroriza que Michael pida una hamburguesa doble con queso, cebolla, patatas fritas y un refresco. "Si ustedes no tienen", dice Michael al camarero, "hay un puesto de hamburguesas en la acera de enfrente". Qué sala'o el tío.

Aunque su trabajo para la Fundación no ha hecho más que empezar, Michael debe de ser lo más parecido a un delegado sindical dentro de la organización porque después de sólo tres misiones, incluyendo la del episodio piloto, ya está pidiendo días libres. "Estoy algo deprimido", dice. Le entiendo. Conducir un deportivo inteligente e invencible que combate el crimen mientras uno se acuesta con una joven viuda o huérfana diferente cada noche le pasa factura al más pintado.

Michael ha pensado en hacer alpinismo para relajarse y, por lo que se ve, Devon está deseando deshacerse de él, porque le propone que vaya al Himalaya, donde sólo entre 1980 y 1984 murieron unos ochenta escaladores, ya fuera por caídas, avalanchas, o frío extremo. Por ejemplo, en el Everest, el monte más alto de esta cordillera asiática, se produce una muerte por cada diez ascensos realizados con éxito. Es para plantearse qué clase de jefe es Devon si confía un vehículo de empresa de 11.400.000 dólares a una persona a la que preferiría ver con las piernas rotas y enterrada bajo varias toneladas de nieve.

Devon tardó treinta años en dominar este gesto de reprobación.

Michael decide practicar alpinismo en White Rock, un decorado de la Universal que quizá recordéis de películas de ciencia ficción como Llegó del más allá o Tarántula de Jack Arnold.

De camino hacia allí, K.I.T.T. pregunta a Michael: "¿Qué son vacaciones?", como si el técnico que se encargó de programar su módulo conversacional se hubiera olvidado de incluir las palabras que empiezan por "v" en su diccionario. Michael trata de explicárselo, pero resulta que K.I.T.T. ni siquiera conoce el significado de la palabra "relajarse", por lo que no es fácil que entienda el concepto de vacaciones. El caso es que el guión requería que K.I.T.T. pareciera analfabeto para que Michael pudiera comparar estar relajado con estar "en punto muerto"; un chiste tan pésimo como la propia comparación, porque incluso yo, que soy un cero a la izquierda conducción, sé que un coche en punto muerto sigue consumiendo combustible y, por tanto, no se "relaja".

K.I.T.T. admite cuatro jugadores.

Nada más llegar a White Rock, Michael se detiene en una tienda de souvenirs en la que, por alguna razón, casi todos los estantes están ocupados con enormes latas de conserva y útiles de pesca. No me imagino a ningún turista llevándose de recuerdo una calabaza enlatada o unas aletas para bucear, la verdad. Casi sería mejor comprar una barrita de Twix en el aeropuerto.

La dueña de la tienda es una chica soltera llamada Sherry, interpretada por la encantadora Anne Lockhart, que ya había trabajado para Glen Larson como la teniente Sheba en Battlestar Galactica. Aquí Lockhart ha reemplazado el mono de piloto espacial por una camisa a cuadros y pantalones vaqueros, que es el uniforme estándar de los habitantes de White Rock. Incluso Michael acabará vistiendo como ellos, en plan secta. Eso sí, la chica también lleva una cruz latina colgada del cuello. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Sherry es el interés romántico de Michael en este episodio, y por supuesto, la chica cae rendida a sus pies nada más verlo, porque ninguna mujer puede resistirse al irresistible atractivo de The Hoff. Incluso sigue sonriéndole pizpireta después de que él le pregunte qué es una lombriz. Creo que cualquier niño de entre 4 y 7 años sabe lo que es una lombriz. De hecho, hay montones de cuentos infantiles protagonizados por lombrices: Beatriz la lombriz, La lombriz infeliz, Una lombriz y un águila, Lombrices intestinales: causas y tratamientos... Claro que después de oír a K.I.T.T. preguntar por el significado de la palabra vacaciones, ya nada me extraña.

La próxima muesca en el Tablón del Amor de Michael.

Michael flirtea con Sherry y, como la tienda de souvenirs también hace las veces de puesto de comida rápida, le pide una hamburguesa ("con todo, menos con lombrices"), porque los hombres de verdad comen carne roja todos los días de la semana sin plantearse el riesgo de morir a causa de una enfermedad cardíaca. La hierba es para las vacas.

Davey, el hermano pequeño de Sherry, entra en la tienda entusiasmado por el coche que ha visto fuera. "Es mío, ¿te gusta?", dice Michael. Me hubiera encantado que el niño le preguntase si es el dueño de un Lotus Excel rojo, pegándole un corte de tres pares de narices; pero obviamente se refiere a K.I.T.T., y Michael se ofrece a darle una vuelta para ganar puntos con Sherry, aunque su invitación haga saltar las alarmas anti-pederastia.

¿Te importa que me lleve a tu hermano pequeño en mi coche, mujer a la que acabo de conocer?

Davey pide a Michael que le deje junto a una furgoneta para ver la cara que pone otro chico al verle bajar. Otro héroe más gazmoño le hubiera dado una lección moral sobre la arrogancia, advirtiéndole que sólo atrae el odio y la envidia. Michael no. Michael quiere ser el tío guayón con el coche alucinante que se tire a su hermana.

Lo que no sabe Michael es que Davey es un looser y cuando echa una ojeada al retrovisor ve al otro chico dándole una tunda. Michael, que sigue queriendo mojar, hace un giro de sentido de 180º que le hubiera costado 3 puntos del carné de conducir y regresa para detener la pelea, con tan mala suerte de que el sheriff del pueblo le ve.

La furgoneta pertenece al hermano mayor del abusón, Lonny, un tipo que, aparte de camisa a cuadros de manga corta y pantalón tejano, también lleva sombrero de paja y tienen la clase de bigote que sólo se dejaría alguien que quisiera disfrazarse de Freddy Mercury en carnaval. No podría parecer más gay ni escuchando canciones de Madonna.

¿Buscas problemas o un bar de maricas? Yo puedo indicarte dónde encontrar cualquiera de esas dos cosas, ojazos azules.

Lonny, que naturalmente es un cretino, se enfrenta a Michael sin importarle que nuestro protagonista le saque una cabeza ni su mirada intensa de culebrón venezolano que dice "ojito conmigo".

Antes de que la disputa pase a mayores, el sheriff Bruckner llega y sugiere a Michael que se marche del pueblo porque "para discutir se necesitan dos personas". Iba a preguntarme si Bruckner no es consciente de la que se armó en la película Acorralado cuando el sheriff la toma con Rambo, pero sería imposible que lo supiera porque la cinta de Stallone se estrenó 14 días después de la emisión de este episodio. Esto es muy curioso porque luego Davey le pregunta a Michael por qué se ha dejado ningunear por el sheriff y éste le responde: "¿Y qué querías que hiciese?, ¿liarme a tiros con él como en las películas?". Hubiera jurado que era una referencia a Acorralado. Ahora estoy confundido.

Michael decide no meterse en líos y dice que continuará su camino, pero el sheriff le pone igualmente una multa por el cambio de sentido ilegal. Le deseo suerte intentando localizar al "hombre que no existe" para cobrarla. La guantera de K.I.T.T. está atiborrada de multas impagadas. Y de cajas de preservativos.

Él es la ley. Desde 1950 probablemente.

De vuelta a la carretera, y después de enseñar a Davey que sólo se debe pelear cuando no queda otro remedio, Michael se cruza con los Scorpios, una pandilla de moteros llegados del infierno para armar la gorda en White Rock y que a mí me recuerdan a los motoristas que persiguen a Clint Eastwood en Duro de pelar, la película aquella del orangután tan inesperadamente entretenida. Ya no se hacen pelis con monos como las de antes.

Ya deberíais saber que en El coche fantástico, pese a la parvedad del presupuesto, siempre suena la mejor música de los 60, 70 y 80, y en la presentación de los Scorpios les acompaña el Born to be Wild de Steppenwolf, una de las canciones roqueras más grandes de todos los tiempos y que es imposible disociar del mundo motero desde que Peter Fonda y Donn Cambern la utilizaron en la banda sonora de Easy Rider.

Están en una misión de Dios.

Los Scorpios entran en White Rock y se detienen frente a la furgoneta de Lonny, que tiene el poder secreto de ser gilipuertas y les pregunta si les esperan en alguna fiesta de disfraces. ¿Se os ocurre una forma más idiota de saludar a veinte peligrosos y rudos moteros? Los Scorpios desguazan la furgoneta y luego pasan por la tienda de Sherry, que también ponen patas arriba al tiempo que uno de ellos, que responde al nombre de Hilly (sí, como "gili"), acosa a la chica. ¡Ojalá Michael estuviera aquí! Su kung fu improvisado siempre pone a los malos contra las cuerdas.

El sheriff Bruckner se presenta en la tienda, pero, para sorpresa de Sherry, no sólo no detiene a los moteros, sino que les deja marcharse sin pagar los desperfectos ni todo lo que han consumido y les regala un pack de cervezas. Aunque pueda parecer lo contrario, no es que Bruckner esté conchabado con los moteros (ese es el argumento de otros veinte episodios), sólo piensa que si les dejan tranquilos, no tardarán en largarse y así evitará un mal mayor y pronto todo volverá a ser como antes. Suena... ¿razonable? No sé, hace tiempo que no analizo la lógica de una serie de televisión de principios de los ochenta.

No puedo dejar de mirar la caja gigante de bollitos para el desayuno que lleva el chino.

Michael, entre tanto, ya ha empezado a escalar por el monte. K.I.T.T. le espera más abajo tomando el sol con el techo solar abierto. El Caballero 2000 va pillándole el tranquillo a esto de las vacaciones.

La moda local ya ha hecho mella en Michael, porque ha sustituido su polo y chupa por una camisa a cuadros. Mi novia odia las camisas a cuadros, pero yo soy su fan número uno. Para mí son el epítome de la hombría, un canto textil a la virilidad. Ni siquiera eres realmente digno de llevar una camisa a cuadros hasta que no te crece pelo en el pecho y tienes fuerza bastante para talar un árbol. No sé si Hasselhoff talaría muchos árboles en su juventud, pero desde luego no tenía problemas en lo que se refiere a la vellosidad pectoral. Además, alcanza la excelencia combinando la camisa a cuadros con su cinturón de Coyote Dax.

En la cima, el pequeño Davey espera a Michael para hablarle de los moteros. Otra persona se preguntaría cómo ha llegado el chaval tan rápido hasta allí si ha tenido que venir andando desde el pueblo, pero Michael sólo piensa que hay una mujer en apuros a la que se puede camelar. El doble de nuestro héroe desciende de la montaña con la agilidad de una cabra alpina. ¡Hay que entrar en acción!

¡Oye, esos tipos están robándome los neumáticos!

Nada más llegar a la tienda, Michael consuela a Sherry entre sus brazos. "Creo que esta noche debería quedarme aquí", dice el muy granuja. Si Michael escribiera un libro, se titularía 10 trucos fáciles para ligarse a una mujer.

Hilly, el motero acosador, aparca su moto frente a la tienda, pero en lugar de entrar, se queda fuera admirando a K.I.T.T. ¿Quién no lo haría? A mí me sigue pareciendo un bólido de ensueño y está 32 años desfasado. Michael sale de la tienda y Hilly le pregunta si no le importa que dé una vuelta con el coche. Sin embargo, cuando el motero intenta abrir la puerta, no lo consigue porque el lector electrónico ubicado bajo la manija no reconoce sus huellas. En 1982, os recuerdo que casi todo el mundo abría el coche con una llave normal y corriente. Los mandos a distancia no vieron la luz hasta principios del año siguiente, con el Renault Fuego. La de cosas que estamos aprendiendo.

"Está cerrado", dice el motero. Michael le dice que no y abre la puerta sin problema. "A veces se atasca", bromea. Hilly intenta abrir la puerta repetidas veces sin éxito, hasta que se cansa de que le tomen el pelo y saca una navaja. Sherry manda a su hermano pequeño a buscar al sheriff mientras los hombres se revuelcan por el suelo enzarzados en una pelea coreografiada por el matón del colegio.

Se da un aire a Mikey Rourke después de que la pifiaran con su cirugía.

Michael derrota a Hilly con relativa sencillez, demostrando que ningún motero es más duro que un tío de 1,93 vestido con camisa a cuadros, pero el resto de la banda llega en ese instante, y Michael y Sherry se ven obligados a refugiarse en el coche. Nuestro héroe arranca el motor, mete la primera y derriba las motos de la banda empujando una y dejando que el resto caigan por el efecto dominó. Esto no hace felices a los Scorpios, que se arrojan sobre el vehículo agitando con violencia sus cadenas y palancas.

K.I.T.T. se presenta a Sherry como "la voz del Caballero 2000", pero la mujer no le presta mucha atención porque está demasiado preocupada por la horda de moteros furiosos que rodean el vehículo. Ella, claro, no sabe que el blindaje de K.I.T.T. es impenetrable, así que es lógico que esté asustada. El coche se lo explica. "Te confiaré un secreto: la fórmula exacta de mi aleación es...". ¡Eh, K.I.T.T., para el carro! Una cosa es que una pueblerina cachonda conozca la existencia de un coche parlante y otra que vayas revelando secretos industriales a troche y moche.

Uy, ¿he sido yoooo?

El sheriff Bruckner entra en escena y los moteros detienen su infructuoso ataque, temerosos quizá de que les invite a más cerveza. Michael sale del coche y adelanta su mano para estrechar la del sheriff, alegre de verlo, pero éste, en un inesperado giro de los acontecimientos, le coloca las esposas en lugar de detener a la banda. Esta es la segunda vez en tres episodios que enchironan a Michael. Menudo historial.

Al caer la noche, Michael utiliza el transmisor de su reloj para contactar con K.I.T.T., que está confiscado junto a muchos más coches de los que uno esperaría encontrar en el aparcamiento de la comisaría de un apacible pueblo sureño. "¿Puedes salir?", pregunta Michael. "Por supuesto, ¿quieres que vaya a por ti?". Aunque K.I.T.T. le ayudó en una situación similar en el episodio piloto, esta vez Michael prefiere arreglárselas por sí solo y, emulando a un MacGyver al que aún le faltaban tres años para salir en antena, coge un hilo de su cama, lo ata a uno de los muelles del somier y fabrica así una rudimentaria caña de pescar para alcanzar las llaves de la celda.

¿Para cuándo una aventura gráfica de El coche fantástico? Sé que a primera vista puede parecer un género poco apropiado para esta serie, pero, pensadlo bien, aparte de los clásicos puzles de "usar Yoyo con bomba" y de analizar pruebas en plan C.S.I. con ayuda del laboratorio forense de K.I.T.T., también podría haber fases de conducción temeraria como en el Sam & Max Hit the Road o el Full Throttle, e incluso un sistema de puntuación parecido al de Indiana Jones and the Fate of Atlantis, en el que Michael obtendría puntos extra por derrotar a los malos a puñetazo limpio y tirarse a todas las chicas indefensas que se crucen en su camino.

K.I.T.T. se libera empujando el coche que tiene delante contra la puerta del aparcamiento hasta que cede el candado. La nota de humor la pone una pareja que estaba besuqueándose en el asiento trasero del vehículo y que ni se entera de cómo se ha movido. "Ha sido maravilloso", dice la chica, esquivando el burdo doble sentido de la versión original ("Did it move for you too?"). Mi pregunta, para empezar, es cómo había llegado ahí la pareja. Dudo que el sheriff confiscase el coche con ellos dentro, y tampoco parece probable que decidieran saltar la verja de tres metros con alambre de espino y colarse en el coche para pegarse el lote. Este es un misterio sin resolver que dejo en vuestras manos porque yo ya he perdido suficiente tiempo redactando este párrafo.

No, no quiero saber qué llevas puesto, guapa. Quiero hablar con mi coche. No, no he bebido. Condenado cruce de líneas.

K.I.T.T. recoge a Michael a la salida de la comisaría y juntos, o uno dentro del otro más bien, se dirigen al campamento motero, que los Scorpios han instalado a las afueras del pueblo, si por instalar entendéis encender una fogata y tirarse alrededor. Michael toma prestados un chaleco y una gorra de una de las motocicletas y, tan desapercibido como puede pasar un tipo de su envergadura con pinta de haber salido del bar La Ostra Azul, se mezcla con la banda, a la que encuentra emborrachándose y contando las peores bromas de "toc-toc, ¿quién es?" que os podáis imaginar. De este modo, nuestro héroe descubre que mañana planean enfrentarse a los Perros, una banda rival, en White Rock.

Michael se aleja del campamento, pensando en qué hacer para impedir la pelea. "Creo que ese es el tipo de problema que se resuelve solo", dice K.I.T.T. Sería cierto si no fuera porque podrían destrozar el pueblo, claro. E imagino que llamar a la Policía Estatal o a la Guardia Nacional no es una opción cuando tienes complejo de caballero andante.

Mientras Michael regresa a White Rock, Davey, que ha tenido la misma idea que él, se acerca al campamento para espiar a la banda, pero al no ser un maestro del disfraz como nuestro héroe, los moteros lo descubren y capturan. A su edad, debería haber estado en casa leyendo el número 2 de Lobezno o jugando al Defender en la Atari 2600.

La clave del disfraz es que no se quita la camisa a cuadros.

Sin saber que el crío está en peligro, Michael recoge a Sherry y van juntos a la comisaría para contar al sheriff que va a desencadenarse una guerra de bandas. Antes de entrar en el edificio, Sherry besa a Michael, porque en la América profunda los vínculos con la persona a la que preparaste una hamburguesa son así de estrechos. "Que tengas suerte", le dice ella. No la necesita, boba. ¡Es Michael Knight! Él forja su propio destino a 200 millas por hora.

Bruckner no está muy convencido de que la información sea de fiar, pero al menos no vuelve a detener a Michael. Intuyo que al final estará de su parte.

Los besos de Miss Piggy y la Rana Gustavo son menos acartonados.

A la mañana siguiente, Michael y K.I.T.T. regresan al campamento motero acompañados de Sherry, porque la dueña de una tienda de souvenirs es la clase de persona con la que quieres contar cuando vives en un "mundo lleno de peligros" y te dispones a combatir contra una banda de motoristas.

Después de levantar un poco de polvo describiendo círculos con el coche, Michael se detiene y Sherry ve a su hermano atado a un árbol. "¡Michael, tienen a Davey!", grita. Un momento... ¿Su hermano pequeño no aparece por casa en toda la noche y ahora es cuando se entera? Es evidente que el niño está a su cargo, ya que a los padres ni los mencionan, así que me esperaba más de ella. ¿O es qué Sherry ni siquiera durmió en su casa anoche? Sí, empiezo a pensar que Michael y ella pasaron la noche en el asiento trasero de K.I.T.T. haciendo bebés, como diría Ralph Wiggum. Lo siento, K.I.T.T. Espero que te cambien pronto la tapicería.

Michael es un hombre lleno de recursos y vuelve a conducir en círculos hasta que se levanta una polvareda que le permite acercarse a Davey y liberarle de sus ataduras, que tarda un segundo en soltar porque los moteros se han limitado a enrollar la cuerda alrededor del árbol en lugar de hacerle un nudo. ¿Poco realista? No, porque habían bebido mucho. Los guionistas, quiero decir.

¡Dominguero!

Comienza así la única persecución del episodio, en la que Michael se va deshaciendo de sus rivales de uno en uno gracias a su magnífico control del volante, sus nervios de acero y el hecho de que David Hasselhoff se quedase en el camerino bebiendo Martinis secos en albornoz mientras su doble hacía todo el trabajo duro.

Ahora bien, como es una serie para toda la familia, las consecuencias traumáticas de estos accidentes nos las ahorran, y por eso la mayoría de los malos acaban con sus huesos en el barro, igual que Skeletor, Beast Man y compañía en los dibujos de He-Man de Filmation. Ningún niño quiere ver un traumatismo craneoencefálico.

Los últimos miembros de la banda siguen a Michael hasta White Rock, donde Lonny y el sheriff se deshacen de ellos derribándolos con una cuerda tendida de lado a lado de la calzada.

Highway to Heaven.

Es el fin de los Scorpios y todo ha salido a pedir de boca. El sheriff Bruckner ha aprendido que para hacer que cumplir la ley no basta con regalar cerveza a los delincuentes, Lonny ha descubierto que insultar a una treintena de motoristas es pernicioso para su furgoneta, y Sherry está loquita por Michael.

Ahora sólo queda un problema por resolver: la banda de los Perros sigue teniendo una cita pendiente en White Rock. Con tres minutos de episodio por delante, no parece que vayamos a disfrutar de otra "gran" escena de acción.

Cuando los Perros llegan a White Rock, encuentran las motocicletas de los Scorpios tendidas en la calzada, formando una barricada endeble y dispersa, y al sheriff con la escopeta cargada y apoyado por todo el pueblo, con Michael en primera línea. "Será mejor que volváis por donde habéis venido. Ya sabéis lo que le pasó a la última banda que nos visitó", dice Bruckner. Probablemente el mensaje hubiera sido más efectivo mostrando los cuerpos descalabrados de los Scorpios, pero aun así, los Perros se marchan sin decir ni una sola palabra.

Con esa hebilla lo mínimo que uno puede hacer es metamorfosearse.

Michael vuelve a reunirse con Devon en el restaurante del comienzo del episodio para pedirle otras vacaciones,y luego regresa corriendo al coche, donde le espera Sherry con un vestido sexy. Michael arranca, enciende el piloto automático y, entre un morreo y el siguiente, le dice a K.I.T.T. que siga adelante "hasta que a uno de los dos se le acabe la gasolina". Ugh. No es fácil ser el coche fantástico.

9 comentarios

  1. Este post tiene ese regustillo típico de lo antiguo que tanto gusta

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  2. Todos los posts sobre el Coche Fantástico deberían ser editados en un libro y usados como ejemplo de como hacer análisis de series, en especial los comentarios acerca de la promiscuidad de Michael.

    Da igual lo que digan de las camisas de cuadros, son un símbolo de virilidad innegable, por algo son la prenda favorita de las lesbianas.

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  3. Para llevar dignamente una camisa de cuadros creo que el bigote ancho o gafas de espejo deberían ser obligatorios. Al menos si vas a celebrar una fiesta en La Ostra Azul. Qué tiempos viendo el Coche Fantástico, lo peor es recordarlo con la inocencia de la niñez y al verlo ahora ver que ya entonces había cosas que hacer más importantes, pero aún asi, esos ratos tirado en el suelo viendolo...
    Melancolía.

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  4. Mmm, recuerdo que lo veía los sábados antes del informe de los rescatados del temblor(1985 en México). Comiendo mis piedrulces o bizcochos con leche de la CONASUPO. Excelente análisis-reseña, con humor y acierto histórico.
    Esas camisas acá las catalogábamos que eran de ranchero o campesino; pero la verdad de niño me gustaba como me quedaban pegaditas y de botones de "cristalito" y metal. En México la moda de los gringos nos llega más rápido.
    El mito murió en el 88 cuando en determinado parque de diversiones tardamos cerca de 3 horas formados para ver a KITT ¡en vivo!!...un asco de 5 minutos ronroneando palabras y encendiendo sus luces y abriendo sus portezuelas como loco...terminaba con una capa de humo pero en ningún momento arrancaba, que mierda.

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  5. Javier Arance López: Y dinámico.

    Anónimo: También se nota cierto regustillo a whiskey barato.

    Anonimatus: No estaría mal ver un libro con una recopilación como esa. Yo lo compraría sin dudarlo. Ahora bien, a ver quién es el guapo que llena un libro recapitulando episodios de El coche fantástico. Es una tarea que conduce a la locura.

    Álvaro Josué de Fernández-Bermejo Fernández; Es raro que alguien use la palabra melancolía en lugar de nostalgia. No añadiré más porque tu nombre es muy largo y no quiero extenderme.

    M@nchitas: No arrastres la decepción contigo y piensa en los momentos de felicidad que K.I.T.T. te trajo cuando veías la televisión.

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  6. No suelo ponermela nunca, pero precisamente hoy, llevo puesta mi camisa a cuadros, bigote no llevo, pero me siento tan viril como Arturo Fernandez

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  7. Gracias a los posts del coche fantastico fué como té descubrí en Ion Litio. Y continuan siendo mis posts preferidos. Gran trabajo! Adelante, solo te quedan como 80 capítulos más para reseñar XD

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  8. krol con k: Me fascina que los comentarios estén sirviendo para manifestarse respecto de las camisas a cuadros. He cumplido mi misión.

    pons007: Muchas gracias. Es bueno saber que a alguien le gustan. Formas parte de una selecta minoría. ¡Enhorabuena!

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