6 de febrero de 2014

Thrud el Bárbaro

Me encanta el género de espada y brujería. No importa en qué forma venga. Pueden ser videojuegos tan vastos como el Baldur's Gate, películas de serie B como Deathstalker, libros de prosa ostentosa como Zothique de Clark Ashton Smith, discos de power metal que aún no he reseñado y, por lo tanto, no puedo enlazar, etc. Fijaos que incluso tengo más de una docena de libros de la Dragonlance, con eso lo digo todo.

Por ese motivo, hoy quiero llamar vuestra atención sobre una modesta historieta inglesa que he descubierto recientemente: Thrud the Barbarian, una parodia de Conan el Bárbaro que creó Carl Critchlow en 1981 para la revista White Dwarf.

Thrud es un enorme bruto de músculos como montañas y cabeza minúscula que blande con fiereza un hacha desproporcionada para salir de los problemas en los que él solo suele meterse. Sus aspiraciones se reducen a beber una pinta de cerveza tras otra y a comer patatas fritas con salsa Worcester. Si para alcanzar estos nobles fines se tiene que embarcar en alguna aventura de vez en cuando, lo hará, , aunque todo acabe de la manera más desastrosa posible excepto para él mismo. ¡Y ay de quien derrame su cerveza! ¡FWAP!

Critchlow concibió a Thrud el Bárbaro para un proyecto universitario de la escuela de arte a la que asistía. En aquel momento estaba leyendo los libros de Conan de Robert E. Howard y, al igual que hizo Sergio Aragonés al crear a Groo, pensó que sería buena idea dar un giro cómico a ese tipo de historias. Como dibujante, le interesaba especialmente la imaginería howardiana. O como él mismo dice: "Sencillamente me gusta dibujar hombres muy musculados corriendo de aquí para allá en sus paños menores, ¿tienes algún problema con eso?".

Después de pasar por el fanzine Arkensword, Thrud acompañó a su creador en el inicio de su carrera profesional. En concreto, en 1983, Games Workshop incluyó una historieta suya en el número 45 de White Dwarf, la revista sobre frikadas en miniatura que sirve para promocionar los propios productos que vende la multinacional británica. Con los años, el personaje se hizo muy popular y dio mayor proyección a su autor. En España, sin ir más lejos, se ha publicado recientemente un crossover de Batman y Juez Dredd en una antología de ECC Ediciones que incluye una historieta dibujada a pachas entre Critchlow y Dermot Power. Asimismo, Critchlow es autor de las ilustraciones de más de doscientas cartas de Magic: The Gathering, aunque reconoce que los juegos de rol no son lo suyo. Y si queréis saber en qué más ha trabajado este hombre, consultáis la Wikipedia, ¡corcho!

Portada de White Dwarf #45. Bonito sombrero, señora.

El volumen que tengo entre manos (no literalmente, compré una copia digital en ComiXology) reúne las cinco historias del personaje que Critchlow publicó por su cuenta y riesgo entre 2002 y 2007, varios años después de que la carrera de Thrud se hubiera visto interrumpida en White Dwarf. Además, incluye cuatro tiras cómicas de una página cada una de ellas, graciosas, pero que saben a poco, y otras tres historietas más de los tiempos de Maricastaña en blanco y negro y de calidad debatible que supongo que se han incluido a título anecdótico para poder apreciar lo mucho que ha mejorado el estilo del autor. Y bocetos, también hay bocetos.

El argumento de las cinco historietas principales, salvo quizá el de la última, no desentonarían en un relato de Conan el Bárbaro escrito por Robert E. Howard, pero los brillantes diálogos y la idiotez bestial de Thrud hacen que su lectura sea una experiencia totalmente diferente.

En la primera de estas historietas, el joven rey de Carborundum envía un mensajero en busca del noble Sir Percival Persevante y los Siete Magníficos Caballeros de San Simeón el Santo para que le libren del nigromante To-Me Ku-Pa (¿Tommy Cooper?), que ha engañado al rey y ahora reclama para sí toda la cosecha del reino, excepto los tulipanes. En el camino hacia la ciudad, Sir Percival y sus nobles caballeros despiertan a Thrud, que estaba durmiendo la mona a la sombra de un árbol, y el bárbaro los confunde con bandidos. Se inicia una sangrienta persecución.

Thrud confunde a caballeros con bandidos y a bandidos con "pobre e inofensiva gente del bosque". Los machaca a todos por igual.

En la segunda historieta, el profesor Prometheus Pye y su aprendiz reclutan a Thrud para que les acompañe como guardaespaldas hasta las Montañas de la Amenaza en busca del laboratorio perdido de Kembaal-o, donde el sabio espera descubrir conocimientos que desafían el entendimiento humano. En el camino, Thrud deberá enfrentarse a dos gigantes de hielo que sólo saben gritar "¡Nadie pasará por aquí!" y a una serpiente gigante. Sin duda, los gigantes son un guiño al relato de La hija del gigante helado de Howard, sobre el que ya hablé en esta otra entrada. En esta historieta, eso sí, la fresca en cuestión no aparece. Es más, hay una falta acuciante de mujeres de curvas generosas en todo este volumen. Supongo que por eso hay tanta cerveza. Para compensar.

"¡Buenos días tengan ustedes, caballeros!". Los personajes son fieles a su forma de ser incluso ante el peligro.

En la tercera historieta, Thrud llega sediento al puesto de Kodin Baatar, a la sombra del Monte Ming, y se convierte sin saberlo en el próximo sacrificio del terrible dios del fuego Chu Yu. Ahora bien, para que la aventura no se quede coja, porque un "Señor del Abismo" más no es rival para él, nuestro héroe se enfrenta también al, dun-dun-dun, ¡Grosellero NegroTM! (The Black CurrantTM en inglés), el temible líder de un grupo de bandidos exterminados por Thrud, contra el que jura venganza, y que protagoniza algunos de los momentos más hilarantes de todo el volumen.

Imaginaos lo difícil que tiene que ser cruzar puertas con ese casco. O compraos este cómic y vedlo, lo que os parezca mejor.

En la cuarta historieta, Thrud deja "indispuesto" al rey de la próspera Shazza-N-Gazza y, a falta de un candidato más apropiado para el puesto, le convencen de que ocupe su trono (a cambio de cerveza, por supuesto). Ahora el bárbaro debe aprender a comportarse regiamente y ganarse la mano de la hija del emperador Antonius Maximus Oesophagus, para evitar que estalle la guerra entre dos reinos. La cosa, claro está, se complica, y Thrud acaba luchando contra una máquina de guerra armada con lanzallamas y bolas de demolición. No preguntéis.

Enseña a tu bárbaro buenos modales en la mesa.

En la quinta y última historieta, inspirada en la búsqueda del Dorado, Thrud se ve literalmente arrastrado a una expedición a la jungla de Mucho Pinchu para encontrar el oro del Templo del Dios Sol. En compañía de un viejo marinero y de los maleantes Gazpacho Polo Solo y Saturno Navarro, Thrud se convertirá en el primer bárbaro ilustrado de la historia. Al menos durante unas pocas viñetas. Y el resto del tiempo hará lo que sabe hacer mejor : meter la pata y aniquilar al prójimo.

¡Muy macho!

Dejando ya a un lado los resúmenes, con los que espero haber captado vuestro interés a pesar de que no escribo a comisión, abordaré ahora de la calidad técnica y artística de este cómic sobre un bárbaro estólido que aplasta todo a su paso.

El dibujo de Critchlow me gusta. Es sencillo y muy dinámico, de una parte inspirado en dibujantes de la talla de Frank Frazetta, pero de otra muy diferente, cercano en la limpieza de las líneas a Moebius y más caricaturesco. El color, de tonos mates y sutil, le va como anillo al dedo.

En cuanto al guión, cada uno sabrá qué le hace gracia y qué no. Yo, por ejemplo, jamás me reí con Chiquito de la Calzada y no soporto a los Morancos; pero puedo deciros que el humor de Carl Critchlow ha conseguido robarme más de una carcajada. Y sí, a veces me río solo en casa delante de la pantalla del ordenador. ¿Vosotros no? Pues que sepáis que la risa inmuniza, adelgaza y deja a los que no han pillado el chiste como pazguatos.

Aparte de gags puramente visuales, el tebeo destila humor británico por los cuatro costados. ¿Qué entiendo yo por humor británico? Pues el que se basa en la ironía y en el uso adecuado del lenguaje y a la vez tiene un punto mordiente. Algunas citas de Oscar Wilde servirían de ejemplo, pero ahora mismo no llevo ninguna encima, así que lo resumiré de otra manera: su estilo me recuerdal al de los Monty Python en Los Caballeros de la Mesa Cuadrada.

Además, Critchlow es un auténtico maestro en lo que Scott McCloud denomina la interdependencia de palabras e imágenes, combinándolas a favor del punch. Así, por ejemplo, mientras el narrador describe el final de la batalla entre Thrud y un gigantesco minotauro diciendo que "nuestro héroe emerge victorioso gracias a su inteligencia y astucia superiores", en las viñetas se nos muestra al bárbaro saltando repetida y brutalmente sobre su enemigo para aplastarlo al sonido de "¡STOMP!".


En conclusión, si os gustan el humor inteligente, el asesinato en masa y la destrucción, y os sentís cómodos riéndoos de los pastiches del género fantástico, no dudéis en darle una oportunidad a la honesta mole sin luces que es Thrud el Bárbaro.

PD: El borrador de esta entrada se publicó antes de tiempo el lunes pasado por culpa del gnomo gallego que vive en mi ordenador.  Esta versión es mejor y tiene menos erratas.

Fuentes: entrevistas a Carl Critchlow en Project Fandom y en 3D Total.

8 comentarios

  1. Me ha encantado el artículo y el personaje, muy al estilo de los primeros comics de Groo el Errante pero con ilustraciones más bestias y encima con el humor cínico inglés.
    ¿dónde podemos descarg...esto adquirir este cómic?

    PD también odio a los Morancos porque no me hacen nada de gracia pero el Gran Chiquito me provocó eternas sonrisas, esto demuestra que hay diferentes niveles de frikismo, al igual que cremas hidratantes de Mercadona.

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  2. Vamos a leerlos y ya te diré si coincidimos en gustos humorísticos, yo me rio mucho con tus reseñas, así que, posiblemente esto me arranque algunas sonrisas

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  3. Doctor Müller: Yo lo compré en ComiXology. Ahora mismo cuesta $14.99.

    krol con k: ¡Espero que sí!

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  4. Se ve una lectura interesante, respecto a los gustos humorísticos si que coincido con tu valoración de los Morancos, no así con la de Chiquito de la Calzada, al cual no me importaria que nombraran Dios Emperador de la Humanidad y se montara una cruzada para aniquilar a todos aquellos que no le jurasen sumisión y obediencia incondicional.

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  5. Excelente recomendación; el género me encanta y este rompe la línea de buena manera.
    Respecto a Chiquito de la Calzada francamente no le encontré gracia, me aburrió y no le encontré mucho sentido a sus videos; probablemente su equivalente mexicano sea Capulina o "Bartolo". En México el ícono de los chistes desde los ochentas a la fecha es Polo Polo(cuando niño poníamos los acetatos y cassetes a escondidas).
    Ya esperamos tu reseña de Thundar el Bárbaro, que muy corta temporada pero desde ahí comenzó el gusto por el género.
    Me recuerda a Trucutú jejeje.

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  6. Ghortaur el cruel: Prefiero a Chiquito antes que los Morancos, pero porque tengo respeto a la edad que tenía Chiquito cuando saltó a la fama. Y por los Chiquitazos.

    M@nchitas: Thundarr mola. Como concepto.

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  7. Me encanta este tipo de humor, me recuerda a las introduciones que hace Ibáñez al principio de sus historias largas.

    Echad un vistazo a otro bárbaro que parodia el género, Korgoth de Barbaria, es una pena que sólo se hiciera el episodio piloto:

    http://www.youtube.com/watch?v=yoxMiZxN-F0

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    1. Conocía el episodio. Buenísimo. Y me gusta mucho cómo está dibujado. Es una lástima que no pasara de ahí.

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