3 de febrero de 2014

Völgarr the Viking


Echa la vista atrás, a finales de los ochenta, principios de los noventa, cuando Bruce Willis aún tenía pelo Era tu cumpleaños y te regalaban un cartucho nuevo de NES (o de Master System, si eras uno de esos perdedores de Sega), lo desenvolvías corriendo, mirabas extático la ilustración de la caja y corrías a poner la videoconsola, porque ya habría tiempo de leerse las instrucciones el año bisiesto que viene. Y de repente te encontrabas con que no eras capaz de pasar de la primera fase. O llegabas a la segunda por los pelos y allí las vidas y los continues volaban como los patos en el Duck Hunt. Y al desperdiciar tu última oportunidad de alcanzar la gloria, ocurría lo peor: tenías que volver a empezar la partida desde el principio. Así de puñeteros podían llegar a ser los videojuegos de la era de los 8 bits.

No todos los juegos eran igual de frustrantes, porque incluso mi padre conseguía pasarse el Super Mario Bros. sin problemas; pero cuando te encontrabas uno así, te desesperabas. Entonces es cuando leías las instrucciones para ver si es que se te escapaba algo, o esperabas a que publicasen la próxima Hobby Consolas o Superjuegos con la esperanza de encontrar alguna pista que compensase tu ineptitud o equilibrase la dificultad. Puede que algún día, si eras especial y películas como El campeón del videojuego te calaban hondo, dominaras los entresijos del juego y llegaras hasta al final; pero la mayoría de las veces, guardarías el cartucho en un cajón y revivirías tu desengaño cada día que te diera por volver a ponerlo.

Algunos de esos juegos estaban mal diseñados y eran un cagarro que jamás debería haber ocupado espacio en las estanterías, pero otros sencillamente eran muy difíciles y su dinámica obligaba al jugador a mejorar a cada paso, premiando su perseverancia y habilidad. Völgarr the Viking es este segundo tipo de juego, y aunque en el momento de escribir esta entrada, aún no he pasado del tercer mundo, ya puedo aseguraros que merece la pena.

Völgarr the Viking es el hijo impío de Crazy Viking Studios, una desarrolladora que Kristofor Durrschmidt y Taron Millet fundaron en 2012 y cuyo logotipo es un vikingo barbudo con la espada en alto. ¿Se puede molar más? No sé, tal vez montándolo sobre un tiranosaurio...

El juego, como muchos otros títulos independientes creados con cuatro duros, nos retrotrae a la época en la que los treintañeros nostálgicos como yo nos referimos como la Edad Dorada de los videojuegos. Os hablo de los tiempos de la Super Nintendo, la Mega Drive y los salones recreativos. A veces la nostalgia huele a sobaco de adolescente sudado.

Testosterona nórdica.

Empecemos por la historia. Según el manual de instrucciones, el enano Fáfnir era tan avaro, tan avaro, tan avaro, que un día se convirtió en un dragón. ¿Por qué? Porque sí. Afortunadamente, Fáfnir, al igual que Smaug en El hobbit, no era muy dado a merendarse a nadie que no fuera a robarle su tesoro; pero un día Odín, padre de todos, recibió noticias de que estaba arrasando Midgar y había erigido una fortaleza rodeada de una barrera mágica que ni siquiera los dioses nórdicos eran capaces de penetrar.

Los dioses, además, estaban demasiado ocupados con otras amenazas más inminentes y no podían prestar a Fáfnir la atención que merecía (o quizá aún les duraba la resaca del último banquete celebrado a la sombra del gran fresno Yggdrasil, ¿quién sabe?). Así pues, Odín, sabedor de las hazañas del temerario Völgarr, un guerrero vikingo que cayó en combate tras escabechar a cientos de adversarios a ritmo de heavy metal, decidió devolverle la vida a esta buena pieza encomendándole la difícil misión de matar al dragón.

Como veis, el argumento es simple, y la trama no se complica más allá del descubrimiento de un jefazo secreto al que, mientras no me convierta en un dios del metal, sólo veré en sueños y vídeos de YouTube. Pero la historia es evocadora de aquellas grandes aventuras de 8 y 16 bits en las que el destino del mundo dependía de que un bárbaro fornido o una voluptuosa amazona de escueta vestimenta cercenasen la cabeza al villano de turno. Sencillo y trepidante.

Ni siquiera hay pantalla de inicio. Odín pronuncia las palabras "Rise, warrior!" y, en el acto, los huesos del difunto Völgarr se yerguen cubriéndose de músculos y piel broncínea, dispuestos a tensarse para empuñar una vez más la espada y el escudo. Su espesa caballera dorada y su luenga barba ondean al viento, esperando a que empecemos a jugar. No habrá cinemáticas ni diálogos que interrumpan nuestras hazañas. El juego sabe ir al grano.

Hala, saca la basura.

El juego en sí es un plataformas lateral con tres tipos de retos: enemigos, saltos y trampas, muy parecido en su mecánica al Ghouls'n Ghosts o, quizá más, al Rastan.

Völgarr cuenta con un elenco de movimientos bastante completo: puede blandir y balancear su espada con fiereza nórdica, bloquear ataques con su escudo, saltar y volver a saltar dando un tajo circular letal, ensartar a sus adversarios con lanzas o crear con éstas plataformas sobre las que apoyarse clavándolas en la pared, y rodar para sortear enemigos o dar mayor impulso a sus saltos. No hace falta decir que manejar a Völgarr con soltura es vital, y sólo combinando todas sus habilidades y aprendiendo a ejecutarlas en el momento apropiado evitaremos la muerte.

Consejo gratuito para principiantes: ajustad los controles para evitar tener que pulsar dos botones a la vez cada vez que queráis ejecutar una acción como arrojar la lanza o rodar. Pulsar dos botones en lugar de uno es una pérdida de tiempo que no os podéis permitir. Tampoco hay tiempo para comer gusanitos mientras le dais a la tecla. Además, ibais a poner el teclado hecho un asco.

Völgar el Vikingo, el mejor lanzador de jabalina que existe en el mundo. Su jabalina cruza mares y océanos.

A lo largo de las pantallas, encontraremos distintas mejoras para Völgar, porque no todo puede solucionarse luciendo una barba magnífica sobre el pecho ni teniendo unos músculos de acero.

Los power ups son, por este orden: una birria  de escudo de madera que se parte de dos golpes, un escudo de metal irrompible que potencia la fuerza de nuestra lanza, un casco astado para asustar a las pueblerinas, y una espada flamígera que luce de miedo. Y si conseguimos encontrar el martillo del dios del trueno, no sólo resistiremos un golpe sin perder nuestro equipamiento, sino que liberaremos un poderoso contraataque.

Cool guys don't look at explosions.

Al principio, avanzaremos muy lentamente, muriendo cada dos por tres y viendo a Völgarr estallar en un amasijo de huesos quebrados y pulpa sanguinolenta. Cuando eso ocurra, golpearemos nuestro vaso con forma de cráneo sobre la mesa y maldeciremos a la madre que parió a los programadores. ¿Qué clase de vikingo es Völgarr que ni siquiera puede derrotar a una vulgar horda de hombres lagarto e insectos gigantes?

El caso es que hasta que dejemos de pensar que estamos ante un hack 'n' slash y empecemos a concebir cada pantalla como una suma de desafíos que debemos aprender a superar individualmente, seguiremos viendo morir a Völgarr una vez tras otra, igual que si fuera el día de la marmota.

Yuk.

El secreto para avanzar es averiguar cómo dominar cada uno de esos desafíos y después, cada vez que regresemos a ellos tras la vigésimo séptima defunción prematura, repetir los movimientos que mejor nos funcionaron cuando los superamos. Sólo así podremos llegar un poco más lejos la próxima ocasión.

Es verdad que las vidas son infinitas, pero si morimos, retrocederemos hasta el último punto de guardar (el Cristal de Odín) que hayamos activado. Y no penséis que los Cristales están a tiro de piedra. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de juegos modernos, la partida no se guarda cada dos por tres para que un golpe de suerte pueda ayudarnos a avanzar incluso si somos unos mantas. Cada mundo se divide en dos fases y sólo hay un cristal al comienzo de cada una de ellas. Si palmas en el jefe final, tienes que repetir la segunda fase enterita para volver a enfrentarte a él. Y cuando eso ocurre, creedme que os entrarán ganas de arrancar entrañas a dentelladas. O tal vez esto sólo me pase a mí por. No debería comer tanta carne roja.

Lo importante no es el tamaño, sino tener una espada en llamas.

Völgar the Viking es un juego de ensayo y error que obliga al jugador a mejorar a costa de hacerle repetir veinte veces lo mismo. Por lo tanto, salvo que seamos jugadores curtidos de reflejos prodigiosos, deberemos memorizar las fases de cabo a rabo y tener más paciencia que un santo si soñamos con llegar a superarlas. Las rabietas sólo nos perjudican. Y a nuestro ordenador también. Es muy difícil jugar en un HP Pavilion TouchSmart 15-n023ss que has defenestrado desde un quinto piso.

Lo importante es que sepamos que no es que el juego sea injusto. Si Volgärr cae y ve negado el ascenso al Valhalla, será sólo culpa nuestra.

Las locas aventuras de un vikingo en Japón.

Entrando un poco a hablar del apartado técnico, los gráficos del juego son en 2D con sprites coloridos, detallados y bien animados, y da gusto ver cómo saltan los píxeles de sangre. Como curiosidad, podemos cambiar la paleta de 32 a 16 bits y eliminar el efecto de suavizado para darle al juego un aspecto más cercano al de los títulos de Mega Drive, pero hay que ser idiota para jugar con gráficos peores.

La banda sonora, que podéis comprar en Bandcamp o escuchar gratis a continuación, está bastante inspirada y es pegadiza, aunque, a mi juicio, le falta garra. Quizá unas melodías más cañeras, más tipo Manowar, hubieran sido mejor recibidas.


En definitiva, si tuviera que resumir mi experiencia con Völgarr, diría que jamás me he sentido tan manta delante de la pantalla del ordenador, ni siquiera cuando intentaba arrancar juegos viejos con MS-DOS; pero también es cierto que hacía tiempo que no me sentía realizado jugando a un videojuego. Aquí sabes que cada victoria, por pequeña que sea, te la has ganado a pulso.

Por eso, y aunque no suelo hacerlo, voy a puntuar el juego con un 8 sobre 10, calculado sobre la base de las horas que me ha mantenido alejado de mi novia y de mis series de televisión favoritas.

Por cierto, Volgärr the Viking está disponible para descarga en Steam.

8 comentarios

  1. Los de Master System crecimos muy felices con todas las sagas de Alex Kidd y de los Battle Toads (copia superbarata de las tortugas ninja) además de tener a la mascota más supermejor del mundo, pues todos sabemos que Mario es un icono de la pederestia internacional mientras que Sonic es un erizo adorable.

    Como nos tenemos en twitter un día te molestaré con un privado para asesoramiento sobre cómo probar juegos de NES, MS, Super Nes y MegaDrive en PC tal y como haces tú, oh gran maestro de la experimentación...

    Una duda, ¿por qué el emblema de Saito tiene las mismas letras que Sega?
    ¿era pues Saito la marca blanca?

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  2. Pues si te interesan juegos de este estilo,hazte con el Hotline Miami, un juego con graficos del estilo de accion en vista cenital, dificil, aunque algo corto, pero eso si, con una banda sonora bastante chula. Aqui te la dejo para que la escuches porque es una gozada!!!!

    http://www.youtube.com/watch?v=Oy3CVP_LlAk&list=PL6KDHYgO_GjCNGtuUVTnh3UWdXJox1up4

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  3. Doctor Müller: El tema de Sega era una broma. Yo nunca me incliné por ningún bando, aunque en casa sólo tuviéramos consolas de Nintendo hasta que salió la PlayStation. Por eso, incluso he comentado juegos de Mega Drive. No sé resolverte tu duda. Soy un necio.

    JoakinMar: El juego no me llama demasiado, pero la banda sonora me gusta. ¡Gracias por darla a conocer!

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  4. que juegos de nes eran muy dificiles para ti?

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    1. Solstice, Werewolf, Blues Brothers, Contra... ¡La lista es interminable, monada!

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  5. Este juego recuerda muchísimo al Rastan pero más difícil, de hecho quedaría mejor como su secuela que las secuelas oficiales.


    Sería divertido que ver un video analizando el juego como hace el el Angry Video Game Nerd.

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    1. Graba el vídeo y alcanza la fama. Pero recuerda: la fama es efímera.

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  6. Ese es tu ordenador? Un hp pavilion TouchSmart 15-n023ss ? Estaba pensando en comprármelo. Funcionan bien los juegos? Con otros ordenadores he tenido problemas.

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