6 de octubre de 2014

Batman & Drácula

Que Batman y Drácula cruzarán sus caminos era inevitable, una cuestión de tiempo, como el dúo musical de Tom Jones y Raphael. Es una idea que, antes o después, se te pasa por la cabeza.

Entre el Caballero Oscuro y los nosferatu hay demasiados puntos en común para pasarlos por alto. En primer lugar, Batman es un justiciero que trabaja en el turno de noche, y los vampiros no pueden ver la luz del sol ni en pintura porque los convierte en polvo (o al menos eso es lo que ocurre con los vampiros decentes que no se iluminan como un Gusiluz ni protagonizan novelas de ficción romántica para chicas adolescentes).

En segundo lugar, Batman escogió disfrazarse de murciélago para combatir el crimen (una idea mucho mejor que la que le sugirió la polilla a la que había ahuyentado a golpe de zapatilla un minuto antes de un murciélago pasase por delante de su ventana), y, tradicionalmente, los vampiros pueden transformarse en murciélagos.

En tercer lugar, Batman es el guardián de Gotham, la ciudad gótica, y desde que el estudio Hammer revivió los clásicos del cine de miedo, los vampiros se mueven a sus anchas en el terreno del terror gótico, aunque a veces se inclinen por el techno o la astracanada.

Estos y otros aspectos comunes (las grandes mansiones, la lista interminable de novias, la afición por la música de Prince...) deberían llevarnos a pensar que no es descabellado llevar a los vampiros a las historietas del autoproclamado mejor detective del mundo. De hecho, el primer cruce entre Batman y una de estas criaturas de la noche se remonta al mismo año de su creación, 1939, cuando Batman viajó hasta Hungría en el Batgiro para liquidar a un vampiro que tenía hipnotizada a su prometida. Nadie roba la novia al puñetero Batman.

Por eso, no es de extrañar que en 1991,el mismo año en que los estudios Universal celebran el 60º aniversario de la película Drácula de Bela Lugosi, DC publicase bajo el sello de Elseworlds (dedicada a historias no canónicas, como Superman: La guerra de los mundos) la novela gráfica Lluvia roja, en la que el Cruzado Enmascarado se enfrentaba al más famoso de los condes transilvanos. Y no, no me refiero a János Hunyadi, el Azote de los Turcos, sino a Drácula, el Príncipe de las Tinieblas.

Los autores, Doug Moench y Kelley Jones, son dos nombres que cualquiera que fuera aficionado a los cómics de Batman en los años noventa conoce bien. Los textos de Moench son evocadores y recargados sin resultar empalagosos, propios de la adaptación de una obra literaria. ¿Quién mejor que él podría capturar la esencia del terror gótico de la obra más famosa de Bram Stoker y trasladarla al universo del Murciélago? Alan Moore probablemente, pero cuesta pillarle libre de los efectos del LSD o las setas alucinógenas. No hay más que ver su etapa a cargo de la Cosa del Pantano.

Por su parte, Jones tiene un estilo de dibujo muy personal que, o bien te entusiasma, o bien odias a muerte. Sus figuras son estilizadas, y sus monstruos, aberrantes y grotescos, y maneja las sombras a su antojo, haciendo prevalecer siempre la espectacularidad sobre la precisión y el realismo. Su Batman no podría cruzar una puerta sin darse con las orejas puntiagudas en el dintel y a veces tiene los brazos tan largos como un orangután; pero es sensacional de un modo que no puede serlo un actor de carne y hueso. Jones dibuja a Batman tal y como Batman querría que lo vieran.

Se acabaron los batidos de proteínas para ti, Batman.

El cómic empieza muy bien, y en apenas dos páginas y media, los autores se las ingenian para establecer la atmósfera trágica, infausta y sanguinolenta que nos acompañará durante toda la historieta, arrastrándonos a una Gotham elegante y lúgubre a la vez, un lugar donde luces y sombras se retan creando matices románticos y tenebrosos, una Gotham que es difícil no comparar con el Londres victoriano conmocionado por los crímenes de Jack el Destripador. Si no es vuestro caso, vivimos en mundos diferentes. Reconozco que el vuestro puede ser mucho más colorido y feliz. Decidme si veis unicornios trotando bajo el arcoíris.

Concretamente, el prólogo del cómic nos lleva a los suburbios de Gotham, donde cae una constante lluvia roja, el precio que la ciudad está pagando por los altos niveles de contaminación y una alegoría poco sutil de los eventos que están por venir. Caminad o coged la bicicleta, por favor.

Drácula, que no va disfrazado de tuno ni tiene acento de Europa del Este (¡gracias!), hinca los colmillos a una dama de afecto negociable y luego le rebana el pescuezo para ocultar las marcas.¡El crimen perfecto en un mundo en el que no existen las huellas dactilares ni el análisis de ADN!

¿Dónde está Buffy cuando la necesitas?

La característica sombra de Batman se proyecta sobre la escena del crimen cuando el acto ya se ha consumado. ¡A buenas horas, mangas verdes!

Pronto nos enteramos de que no es la primera víctima que el Murciélago encuentra en estas circunstancias. ¿A qué nueva clase de monstruo se estará enfrentando? Batman tiene sus sospechas...

Kent Brockman: Otro campesino local ha sido hallado muerto. Estaba desangrado y presentaba dos marcas de dientes en el cuello. En el lugar del suceso se encontró esta capa negra, pero la policía está desconcertada
Jefe Wiggum: Creemos enfrentarnos a un ser sobrenatural, probablemente una momia.

Por desgracia, Drácula no ha soportado un vuelo de diez horas en clase turista desde Transilvania hasta Gotham, con un niño pegando patadas a su asiento y un pesado al lado dándole la brasa con la liga de béisbol americana, para disfrutar de la cocina tradicional y el clima costero de la ciudad, sino para engendrar una familia de vampiros. ¿Sus víctimas? Los vagabundos y marginados. Podemos suponer que el mal olor corporal dejó de preocuparle desde el momento en que se instaló en las cloacas.

El alcalde, preocupado por las próximas elecciones, hace lo posible para que los asesinatos que no se aireen y, de todos modos, a nadie le preocupan las muertes de unos sin techo. Excepto, claro está, a Batman, dedicado en cuerpo y alma a la caza del asesino. Bueno, en realidad el comisario Gordon también anda con la mosca detrás de la oreja, pero el día en el que Gordon se embuta en un disfraz de murciélago, avisadme y quizá empiece a interesarme su vida e incluso me plantee ver algún episodio de Gotham.

El problema es que Batman, acostumbrado a pelear con gánsteres y pirados, no es rival para los no-muertos de Drácula, que suplen con fuerza y velocidad sobrehumanas su falta de técnica y de buenos modales en la mesa. Llamaría a Superman, pero el hombre de acero está demasiado ocupado lidiando con los problemas de haberle revelado a Lois su identidad secreta y preparándose para su muerte inminente.

No veía tantas onomatopeyas seguidas desde la serie de Adam West.

Y aquí es precisamente donde entra Tanya, una vampiresa que estuvo a las órdenes de Drácula en la época de los carros de caballo y los corpiños, y que ahora lidera un grupo de vampiros veganos consagrados al exterminio del conde y su prole.

Tanya lleva un mes colándose en el dormitorio de Bruce Wayne mientras duerme y mordiéndole con disimulo, confiriéndole así poco a poco los poderes de un vampiro, pero ninguna de sus debilidades.

Aunque me he leído Drácula de Bram Stoker dos veces y también me he pasado el Castlevania de NES otro par, no estoy tan versado en vampirismo como para darle sentido a ese proceso de transformación; pero, oye, tampoco entiendo por qué a Batman le parece fetén desprenderse de su humanidad y es lo que hay, y si el mejor detective del mundo no es capaz de deducir que los agujeros que tiene en el cuello cuando se levanta por las mañanas no son picaduras de mosquito, apaga y vámonos.

¿Podré seguir tomando sopa de ajo?

Después de volar por los aires la Mansión Wayne y la Batcueva para liquidar a veintitrés vampiros (los he contado con la ayuda del Conde de Barrio Sésamo, ja, ja, ja) y de que Tanya se inmole para matar al vampiro nº 24 (sacrificios un tanto innecesarios cuando pocas páginas antes a Batman le ha bastado y sobrado con una silla para liquidar a tres vampiros), a nuestro héroe le crecen alas de murciélago y corre, o más bien vuela, a enfrentarse a Drácula, que ha capturado al comisario Gordon, se ha instalado en un torreón y le ha robado a Batman su bandada de murciélagos especialmente entrenados para acompañarle en sus entradas dramáticas.

El combate termina en tablas, o, para ser más precisos, en un poste, que también es de madera. Y el corazón del Príncipe de la Oscuridad está empalado en él. Ay. Batman cae instantes después debido a la pérdida de sangre, más muerto que la carrera cinematográfica de Linterna Verde.

¿Fin? Ni hablar del peluquín, Pilarín. Para sorpresa del lector, y del fiel mayordomo Alfred Pennyworth, Batman regresa de entre los muertos con un par de colmillos bien largos.

"Puede que Bruce Wayne esté muerto... pero Batman vive... para siempre".

O al menos hasta 1999.

Nota mental: no volver a echar la capa a la lavadora sin suavizante.

Aunque Drácula no reaparece con posterioridad porque es difícil regresar de la tumba cuando no eres más que cenizas esparcidas al viento, Lluvia roja tuvo dos secuelas directas: Tormenta de sangre, publicada en 1994, y Niebla carmesí, publicada en 1999.

En Lluvia roja, a pesar de su progresiva vampirización, Batman seguía siendo el detective frío y calculador que todos conocemos. Vale, es cierto que las alas de murciélago hacían que el esmoquin le quedase fatal y que, gracias a su súper-fuerza vampírica, podía cambiar la rueda al Mercedes sin utilizar el gato; pero, a la hora de actuar, venía a ser el mismo de siempre. Sin embargo, a partir de Tormenta de sangre, Batman comienza un vertiginoso descenso a los infiernos... y el melodrama se le va de las manos.

En esta segunda parte, el Joker toma el relevo de Drácula y se convierte en el mandamás de los vampiros (al parecer, algunos sobrevivieron a la explosión de la Mansión Wayne), organizándolos para liquidar a todos los mafiosos de Gotham y hacerse con sus negocios, igual que hizo Al Capone en Chicago, pero con más colmillos y menos metralletas. De este modo, el Joker se lo pasa pipa, y los vampiros aumentan sus filas y se ponen como el Quico. ¡Todos salen ganando! Menos los honrados ciudadanos de Gotham, claro.

Aquí huele a muerto... ¡y yo no he sido!

Batman, que se ha mudado a un pisito con Alfred después de volar su casa por los aires y descubrir que su seguro de hogar no cubría los vampiricidios, va de nido en nido de vampiros, limpiándolos a estacazo limpio, al mismo tiempo que libra una lucha interna contra la sed de sangre que le acucia y le hace ponerse más melodramático que el reparto de una telenovela mexicana.

"No hay modo de arreglarlo. Ahora soy un yonqui, adicto a lo que nunca he probado, y nada puede saciar mi necesidad. Nada puede sustituirla".

¿Ha probado con la leche de coco? En serio, antes de leer este cómic, nunca pensé que Batman pudiera caer tan bajo como para plagiar la serie de Los Visitantes llevándose una rata a los morros.

Mmmm... Sabe como las hamburguesas del McDonald's.

Pero todavía hay luz al final del túnel, y antes de empezar a prepararse infusiones con tampones usados, Batman encuentra paz de espíritu acurrucándose en la cama junto a la única mujer a la que no le molesta su aliento a rata de cloaca: Selina Kyle, aquí transformada en auténtica mujer-felina a causa del mordisco de un vampiro-lobo combinado con saliva de gato. Doug Moench desde luego sabe crear sus propios mitos.

Juntos, Batman y Catwoman forman un alucinante dúo de cazadores de vampiros como el que no se veía desde los tiempos de Abraham Lincoln y William H. Johnson.

El ataque sería doblemente sorpresa si ambos fueran desnudos.

Gracias a la ayuda de sus amigos Alfred, Gordon y Selina, Batman consigue poner fin de manera definitiva al club de fans de Anne Rice; pero, en el último asalto, el Joker asesina a la mujer-gato. Batman, rabioso porque se ha quedado sin gachí, hinca el diente al príncipe payaso del crimen en un momento de debilidad, vengándose de su mayor enemigo, pero condenándose a sí mismo para toda la eternidad.

"Ahora no soy mejor que el mismo Drácula".

Eso le pasa por romper la regla número uno del Manual del Hombre Murciélago: nunca matarás, excepto si se trata de Batman vuelve, porque entonces eres libre de reventar a un esbirro gordo con dinamita para arrancar una sonrisa al público.

Batman huye hacia su cripta y deja una nota para Alfred. El fiel mayordomo y el comisario Gordon cumplen el último deseo de su amigo y lo matan clavándole una estaca en el corazón. ¿Lo más chocante? Que Batman tiene la misma letra que un niño de diez años.

Buenas noches, señor monstruo.

Así termina Tormenta de sangre, el relato de una gran tragedia con un final anunciado, pero no por ello menos estremecedor. Moench nos muestra aquí a un Batman que nunca hemos visto antes, dispuesto a seguir luchando por Gotham aun después de habérsele pasado la fecha de caducidad, pero a la vez tentado y derrotado antes de tiempo. Vives la angustia que le reconcome, sus ansias de Bloody Mary, y sabes que su historia no puede acabar bien.

Los dibujos de Jones se mantienen a la altura y retratan con especial acierto los primeros atisbos del monstruo de mandíbula desencajada y ojos rojos en el que Batman se está convirtiendo. Como defecto sólo se le puede achacar que los rostros de los personajes resultan menos consistentes que en Lluvia roja, hasta el punto de que el Joker es distinto cada vez que aparece; unas veces recuerda al cuarto Doctor Who, otras a Lon Chaney en La casa del horror, y otras a Conrad Veidt en El hombre que ríe. También se empieza a notar una tendencia hacia lo truculento, con más sangre y vísceras en las viñetas de las que necesita un banco de donantes. Cuestión de estilo.

Es clavado a Arnold Vosloo en La momia.

Si la historia terminase aquí, habríamos cerrado una dilogía de notable alto, casi sobresaliente si la lees con el ambiente adecuado. Sin embargo, la última etapa de este viaje, que es bastante gratuita, tiene lugar en Niebla carmesí, donde el argumento es casi una excusa para que Moench dé rienda suelta a su verborrea más florida y plúmbea, y Jones dibuje poses extravagantes y muertes grotescas.

Sin un justiciero enmascarado que vele por Gotham, el índice de criminalidad se ha disparado de manera alarmante, así que Alfred tiene la brillante idea de arrancar la estaca que clavó a su amo para ver si un vampiro sediento de sangre que lleva meses pudriéndose en una cripta arregla el desaguisado. Noticia de última hora: no es una buena idea.

Batman ya no es más que un cadáver descompuesto e irascible, ávido de plasma, y además culpa a Alfred del tiempo que ha pasado muerto de aburrimiento en el infierno de la falsa muerte. Sí, Alfred y Gordon son un par de noobs, porque, para matar a un vampiro bien muerto, hay que cortarle la cabeza y no simplemente dejarlo ahí tirado con una estaca clavada en el corazón y los gusanos royéndole las entrañas. O tal vez Batman debería haber sido más específico en su nota.

Con todo, lo peor es que el nuevo Hombre Murciélago también es teatrero a más no poder, un auténtico villano de opereta que dice chorradas del tipo "¡Mi corazón late ahora al ritmo del mal, necio!". Si tuviera bigote, sé que se lo retorcería.

¡Demonios! ¡Ahora toda la ropa me queda grande!

Por fortuna para las buenas gentes de Gotham, Batman no se dedica a chupar la sangre a cualquiera, sino que su gira gastronómica se centra en el plantel de villanos: el Pingüino, el Acertijo, el Espantapájaros, Hiedra Venenosa... Batman los mata de uno en uno, a cada cual de forma más truculenta. Y cuando ya sólo quedan un par de ellos en libertad, se ocupa también de los internos del asilo Arkham, porque, reconozcámoslo, cada semana se escapa alguno y eso no tiene ninguna gracia. ¿No pueden acercarse a la ferretería y comprar unos cuantos candados? ¡Que los hay por cinco euros!

¡Sigue el camino de baldosas amarillas hasta el Palacio de Satán, Espantapájaros!

La situación se vuelve insostenible, y el comisario Gordon y a Alfred forjan una alianza con Dos Caras y Killer Croc para eliminar al depredador insaciable en el que Batman se ha convertido antes de que se le acaben los villanos y la soledad le lleve a crear otros como él.

El plan sale a pedir de boca, y al final todos mueren. No se libra ni el apuntador.

Espera... ¡¿QUÉ?!

Incluso si te gusta el gore y no tienes reparos en ver a un vampiro decadente arrancándole el cuello a tiras a Hiedra Venenosa, el principal problema de Niebla carmesí es que NO es un cómic de Batman. Hay un monstruo psicótico, feo como un cruce de rata camboyana y tiburón duende, que viste como Batman; pero el detective está más muerto que el clavo de un ataúd y el hombre detrás de la máscara no hace acto de presencia, salvo quizá como una incertidumbre, un último vestigio de humanidad en la mente de la bestia. O tal vez sólo sea acidez de estómago. Es sorprendente lo mucho que se repite el Pingüino.

Gordon podría haberse salvado si no hubiera sido por esa enorme roca que le está aplastando.


Batman & Drácula no es una trilogía redonda, pero sí muy recomendada para aquellos fans del Hombre Murciélago que estén dispuestos a leer una aventura fantástica y poco habitual, sombría y a veces incluso repulsiva, que se adentra en el abismo del sufrimiento existencial.

El volumen tiene dos primeras partes muy buenas, la primera algo más que la segunda, y una tercera en la que la prosa de Moench peca de melodramática y el dibujo de Jones vacila un poco, pero que conduce a un final satisfactorio. Lúgubre y funesto, pero satisfactorio.

La ambientación es extraordinaria, con viñetas realmente inolvidables, y la lectura te absorbe de principio a fin, introduciéndote en un mundo macabro, poético y oscuro en el que los personajes de siempre se enfrentan a situaciones para las que no están preparados.

La próxima vez, eso sí, Batman debería pedir ayuda a su amigo Scooby-Doo.

9 comentarios

  1. Muy buenas observaciones sobre como estas historias estan entre las más góticas de Batman, creo que son las que más se aproximan a ese genero literario.

    Las historias de superhéroes ambientadas los universos alternativos estan entre las mejores al no tener que preocuparse de mantener un status quo, los cambios que se hacen respecto a este son permanentes.

    Una de las cosas que más me gustan de esta trilogía es que los finales de cada parte son conclusivos y satisfactorios, nada de cliffhangers como en la serie de Adam West.

    Aunque la tercera parte no está al nivel de las otras hay que reconocer que los autores hicieron un gran trabajo al retratar uno de los principales elementos del terror gótico, el villano trágico. Ejemplos de estos villanos son Dorian Gray o el propio Drácula, alguien que en un principio era una persona más o menos decente y que tenía el potencial de convertirse en un gran hombre pero que dejó que sus defectos le dominasen y le convirtieran en una versión corrupta y retorcida de si mismo, un monstruo con una pequeñísima pizca de humanidad dentro de este que le atormenta constantemente. En esta trilogía la cosa es especialmente trágica para los lectores, el villano no es presentado por primera vez directamente como villano, estos le conocen cuando todavía era un héroe y son téstigos de primera mano de su caida.

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  2. Excelente comienzo de las reseñas Hallowenescas!
    Vid Editorial las trajo a México, en esa época me gustaron bastante, hoy día probablemente ya no "las valoro" como fan, pero me siguen gustando.
    Al menos el piloto y el primer capítulo de Gotham no me han gustado, espero que mejore y sea algo digno de convertirse en parte de las sagas de Batman.
    Jajaja, melodramas de telenovelas mexicanas, bastante acertado =)
    Batman come ratas como Brad Pitt en "Entrevista con el vampiro", supongo que para no morder a los ciudadanos...o simplemente para verse más animal.
    Interesante "trilogía", dignas de tomarse como historias alternas(bien lo dijiste).

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  3. Debo reconocer que este comic me ha llamado la atención. No se porque pero nunca se me ha hecho raro ver a Batman enfrentado contra Dracula, en cierto modo, el primer vampiro encaja muy bien en el universo del Hombre Murciélago y no desentonaría paseando por Gotham (o un poco si). La verdad es que lo que mas me ha llamado la atención es el dibujo. Exagera las características de Batman para enfatizar su aspecto de murciélago. Y he de reconocer que la ultima imagen resulta impactante, aunque eso si, Alfred no se parece mucho a Vincent Price??? Pues eso ,que la historia me ha llamado la atención y me ha gustado tu recapitulación de los tres comics. Esperando mas artículos especiales de Hallowwen estaré. Saludos!!!!

    PD: No se si en Marvel recientemente hicieron lo mismo, metiendo a Dracula en un fregao aun mayor con muchos de los héroes y creo que algunos acababan convertidos en vampiros. No se si me estaré liando, pero creo que hicieron algo así...

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  4. Anonimatus: Drácula era un tío "debuti" hasta que se coló de Mina Harker. Es cierto que de vez en cuando dejaba anémica perdida a alguna pueblerina, o secuestraba bebés para dárselos de comer a sus groupies. Pero, ¿y el caché que le daba a Transilvania? ¡La de turistas que venían a ver su castillo! Luego se fue a Londres a buscar a la pelandusca esa y fíjate cómo acabó.

    M@nchitas: Confirmo que Batman come ratas por la misma razón que Brad Pitt: ambos son mariquitas. Aunque no tiene nada de malo.

    JoakinMar: Contestando a tu posdata, diré que no me suena esa historia de Marvel, pero conozco bien el Drácula de Marv Wolfman y Gene Colan publicado en los años setenta. Estaba chulo.

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    1. hay un especial de la Patrulla X con Dracula.
      Todo empieza con Ororo atacada por un vampiro... 100% recomendable.

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  5. Estupenda reseña e interesante cómic. Lo conocía de vista y oídas pero nunca había tenido la oportunidad de leer algo sobre él, y menos una reseña tan divertida, fresca y aguda como la tuya. Tomo buena nota de él y a ver si tengo suerte para encontrarlo, porque lo supongo descatalogado. ¿ O ECC lo ha reeditado ?

    Saludos desde dentro del laberinto.

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    1. ¡Gracias por los cumplidos! Y mucha suerte buscando el volumen recopilatorio. Me da en la nariz que será complicado.

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  6. Muy buen artículo, sr Brocha, desde el que hiciste del tomo de Conan & Belith hace ya la friolera de años no me despiertas el mono de comprarme un cómic como con este artículo.
    Muy en la distancia me recuerda al primer Batman vs Predator donde más que un cómic parecía una peli de la saga Predator, pues tal como narras este parece otra versión del Dracula de Bram Stocker pero en lugar de hacerlo Coppola la hace Burton.
    Lo único que me echa para atrás es el dibujo de Jones, me recuerda al petardo de Sienkiewich de los Nuevos Mutantes.

    Lo dicho, enhorabuena por el artículo y a ver cómo me lo momto para pillarlo.

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    1. Jones gusta o disgusta, no suele haber término medio. Pero su estilo sienta como un guante al género de terror .

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