30 de junio de 2014

X-Men: Días del futuro pasado

Entre enero y febrero de 1981, muuucho antes de que tú nacieras, incluso antes de que tú y yo naciéramos, pero no antes de que nacieras, carcamal, Chris Claremont y John Byrne publicaron una de las historietas más populares de La Imposible Patrulla-X. La llamaron Días del futuro pasado.

Sólo el título ya da que pensar, ¿verdad? Vamos a ponerlo en mayúsculas y negrita para darle mayor énfasis: DÍAS DEL FUTURO PASADO. La leche en polvo; sí, señor.

En este cómic de dos números, Kitty Pride viaja al pasado para evitar que Mística y su nueva Hermandad de Mutantes Diabólicos asesinen al senador Kelly y desencadenen sin pretenderlo la aprobación del Acta de Control Mutante de 1988 y, a la larga, una distopía futurista en la que los centinelas dominan los Estados Unidos y el país se encuentra al borde del apocalipsis. Me refiero a un apocalipsis nuclear, no al enemigo de la Patrulla-X al que había que dar para el pelo en el videojuego X-Men vs. Street Fighter.

En 1993, la idea de Claremont y Byrne se adaptó en un episodio doble de la serie de dibujos animados en el que Bishop ocupaba el lugar de Kitty como recadero del futuro. Y en 2014, Bryan Singer, el director de las dos películas buenas de la Patrulla-X y de la película más sosa de Superman (El Hombre de Acero tiene sus momentos, y al menos con Superman IV me río), ha llevado esa historieta al cine en una película sólida y espectacular que goza del mejor plantel de actores imaginable. ¿Cómo es de buena? Tanto como una jugosa Cheesy Bacon Cheeseburguer.

23 de junio de 2014

Juego de Tronos: Los niños

Y fueron felices y comieron perdices. Fin.

Así acaban los cuentos clásicos y así acaba también la cuarta temporada de Juego de Tronos, pero en mi caso sustituyendo las perdices por Doritos rancios de una bolsa que lleva abierta desde hace una semana. No vamos a ponernos exquisitos después de ver cómo a Oberyn le aplastaban la cabeza como a una ciruela, ¿a que no?

La mayoría de seguidores de la serie se despiden de Juego de Tronos hasta dentro de diez largos meses, quizás menos si también leen los libros a medida que se van publicando y George R. R. Martin nos sorprende a todos terminando de escribir Vientos de invierno antes de que acabe el año. Pero ese no es mi caso. Yo tengo mucho trabajo atrasado. Trabajo que debería haber hecho en 2011, pero al que no pillé el tranquillo hasta hace dos años. ¿Sabéis de qué hablo? Pues no se lo contéis a nadie. Es un secreto.

De todos modos, si la serie os parece un muermo y tampoco soportáis mis recapitulaciones, vais a seguir recibiendo vuestra dosis semanal de lo que sea que os gusta que escriba, lo que probablemente incluya nuevas entradas sobre los Masters del Universo. Haters gonna hate.

19 de junio de 2014

Dragon Ball Z: Battle of Gods (2013)

¿Sabéis hace cuántos años publicó la revista japonesa Weekly Shonen Jump el último número de Bola de Dragón? ¡Hace la friolera de diecinueve años! ¡Diecinueve! Los niños que nacieron en 1995 ya pueden pedir un Amanecer Moscovita en el bar de la esquina y apostar dinero en el casino. Teniendo eso en cuenta, ¿a alguien puede de verdad extrañarle que cuando Akira Toriyama comenzó a colaborar en la producción de esta nueva película no se acordase ni de que A-18 era rubia?

Sí, ha llovido mucho desde 1995. El manga y el anime han evolucionado una barbaridad desde entonces y, por mucho que pueda pesar a los nostálgicos, dudo que Bola de Dragón vuelva a ser tan popular como lo fue en los años ochenta y noventa. Si le pusierais a un niño la serie de televisión ahora, probablemente le parecería un rollo patatero y no sería capaz de tragarse sin protestar los 1.679 episodios que dura el combate con Freezer, ni aquel episodio íntegramente dedicado a la transformación de Cell en su forma perfecta. Según la edad, puede que incluso se dé cuenta de que la calidad de la animación deja mucho que desear en comparación con la de las series actuales.

No podemos culpar a los críos por tener razón. Bola de Dragón no ha envejecido bien. Es extraño que yo lo diga, porque en su día fui el mayor aficionado de la serie que os podáis imaginar. Grababa todos los episodios de la tele en VHS, tenía la colección completa de cómics de la serie blanca y de la serie roja, leía guías de personajes hasta saberme de memoria las sandeces más descabelladas que puedan ocurrírseos (¿quién sabe cuál es el plato favorito de Zankoku Kuma?)... ¡Incluso llegué a convencerme a mí mismo de que el Dragon Ball: Final Bout era un buen videojuego!

Por suerte, el fanboyismo se me acabó pasando a medida que la gente se inventaba palabras como fanboyismo, y desde ese momento pude apreciar Bola de Dragón por lo que realmente era: una serie que introdujo la historieta japonesa en un país donde prácticamente sólo conocíamos los Mortadelos y los tebeos de superhéroes americanos. Además, eso no quita que a día de hoy siga sintiendo predilección por la serie por su componente nostálgico. ¿A quién no le gusta ver a tíos fribrosos con peinados estrafalarios pegándose morradas de antología?

16 de junio de 2014

Juego de Tronos: Los vigilantes del Muro

Si hay algo que podemos esperar con certeza en la vida es que Francisco Ibánez dibuje un nuevo Mortadelo cada vez que se celebra el Mundial de Fútbol, y que los novenos episodios de Juego de Tronos sean impactantes y den mucho que hablar. La ejecución de Ned Stark en la primera temporada (artículo en trámite desde 2011), la batalla del Aguasnegras en la segunda, la Boda Roja en la tercera... y ahora, la Batalla del Castillo Negro en la cuarta. Todos estábamos muy pendientes de lo que sucedería en el noveno episodio de esta temporada, pero sólo los que se han leído los libros podían hacer suposiciones.

Por mi parte, después de la triste, triste, requetetriste muerte de Oberyn, me costaba pensar que un episodio dedicado íntegramente a la gloria de Jon Nieve y la Guardia de la Noche fuera a impresionarme. Es más, intuía que iba a sentirme decepcionado. Ni Jon Nieve me gusta como personaje, ni me parece que la trama del Norte esté bien llevada en la serie.

En todo caso, si queréis saber si mi opinión ha cambiado después de ver el episodio, tendréis que llegar hasta el final de esta entrada. Y no vale pulsar ctrl+fn.

9 de junio de 2014

Juego de Tronos: La Montaña y la Víbora

No ha habido ningún episodio de esta temporada que esperase con tanta ansiedad e incertidumbre como este último, ni siquiera el primero. A pesar de que lo difícil que resulta aparcar un libro justo cuando la historia se pone interesante, he dejado de leer Tormenta de espadas pocos capítulos antes del que relata el juicio por combate de Tyrion. Y necesitaba saber en qué acababa la cosa. ¿Qué puede haber más emocionante que un combate a muerte entre un vividor chileno y un bestiajo islandés para decidir el destino de un enano neoyorquino? ¿Una batalla entre 100.000 salvajes y 102 guardias de la noche, decís? ¡Bobadas! He visto la preview del próximo episodio, ya sé por dónde van los tiros y me atrevo a afirmar que ningún episodio protagonizado por Jon Nieve puede ser emocionante.

Pero no perdamos el tiempo con introducciones que sólo sirven para que el cuervo de la derecha no se sienta desangelado. Aparte de una pelea a brazo partido que dura cinco intensos minutos, tenemos mucho que contar. Este episodio guarda más de una sorpresa.

2 de junio de 2014

Battle Chess

He de admitir que de pequeño jugaba bastante al ajedrez. Chitón. No queremos que nadie más se entere. Yo también veía Salvados por la campana y Cosas de casa, así que estoy al tanto del estigma social que acompaña a este juego. Antes de la llegada de los ordenadores de sobremesa, era la principal afición de los nerds.

No se sabe exactamente cuándo surgió el ajedrez ni quién lo inventó (mi visita a la corte del marajá Rudrasimha en unos de mis viajes a través del tiempo se cuenta ahora como si fuera una mera fábula matemática), pero la mayoría de historiadores coinciden en situar la cuna del ajedrez en la India en torno al siglo VI. A algo tenían que dedicarse los hindúes cuando no estaban adorando a las vacas. Ahora bien, las reglas del ajedrez moderno, con la creación de la reina, se fraguaron en nuestra querida Valencia,  entre horchata y horchata, durante la segunda mitad del siglo XV, y se extendieron por Europa gracias a la imprenta.