31 de diciembre de 2016

Se suspende la sesión

No voy a andarme con rodeos ni hacer un drama de lo que no lo es: este año entrante dejaré el blog en stand by. Lo que yo haga con mi blog debería importaros un pimiento; pero si os disgusta y estáis planteándoos el suicidio como alternativa a una vida sin mis entradas, podéis estar tranquilos, porque no pienso cerrar el blog ni descarto volver a escribir en él en el futuro. Es más, gracias a la magia de las entradas en la recámara, seguiré publicando, aunque sea a menor ritmo, a lo largo de 2017.

El motivo que hay detrás de esta decisión es sencillo, y seguro que todos vosotros lo entenderéis a la primera. Como dijo Poochie una vez: "Mi planeta me necesita".

Además, este blog es una amante celosa y exigente (que, para colmo de males, ni siquiera se lava los dientes), y prefiero emplear el poco tiempo libre que tengo en otras cosas. Con suerte, si no muero de camino a mi planeta, puede que incluso llegue el día en que escriba algo de mayor calado literario y que me reporte más satisfacción que este blog. Etiquetas para crecepelos, por poner un ejemplo.


Si alguien quiere discutir sobre el tema, para eso están los comentarios.

Espero que sigamos haciéndonos compañía al menos durante otro año más. ¿Quién sabe?, si me entra el mono, incluso podría darme por escribir alguna entrada nueva de aquí a un tiempo. Eso sí, no esperéis nada tan trabajoso como las recapitulaciones de Juego de Tronos.

Gracias a todos y feliz año nuevo.

24 de diciembre de 2016

'How the Grinch Stole Christmas!', del Dr. Seuss

Aunque podría pasarme horas y horas hablándoos de películas y especiales de televisión navideños, tantas como para que os hartéis de la Navidad y empecéis a celebrar la Kwanzaa, tengo que admitir que en lo que se refiere a la cultura popular navideña, y aunque me guste una barbaridad leer, no sé mucho de cuentos navideños. Descontando el maravilloso relato de Charles Dickens sobre un pobre anciano capitalista atormentado por los efectos de una mala digestión, el único relato navideño que me viene a la cabeza es How the Grinch Stole Christmas!, del Dr. Seuss.

En un caso flagrante de publicidad engañosa, el Dr. Seuss no era doctor ni tenía un doctorado. De hecho, Seuss ni siquiera era el nombre de pila del autor, sino el segundo nombre de Theodor Geisel, que empezó a firmar bajo esta suerte de seudónimo cuando le prohibieron seguir escribiendo en la revista de la universidad por beber ginebra de extranjis en su dormitorio. Yo no sé si leería a mis hijos la obra de un escritor que bebe alcohol a escondidas y que luego se hizo famoso como publicista, esto es, un experto en la manipulación del comportamiento ajeno; pero eso no frenó a los estadounidenses, y sus cuentos infantiles, escritos en verso e ilustrados por él mismo, se vendieron como churros y aún hoy siguen editándose.

Probablemente debido a que las rimas se traducen como el orto a otros idiomas, la obra del Dr. Seuss no es muy conocida en países como España, y apuesto a que si muchos de vosotros reconocéis al Grinch, es solo porque en Solo en casa 2 salen varias escenas de la adaptación de dibujos animados de 1966. También habrá quien tuviera menos suerte y conociera al Grinch por la película de Jim Carrey, pero es que a veces la vida nos da sorpresas muy desagradables. Incluso en Navidad.

11 de diciembre de 2016

'Sopa de elegidos', de Pablo García Maeso

"¿SOPA DE QUÉ?", se preguntará el lector inconformista, decepcionado al encontrarse con semejante título después de esperar tres semanas a que me dé por publicar una entrada nueva. "No fastidies que esta es otra de esas reseñas de una novela de un autor novel que jamás voy a leer". ¿Sabes qué?, vete al cuerno, lector inconformista.

Si lleváis algún tiempo metidos en el mundo de los blogs y de los podcasts en español, aunque solo sea como lectores u oyentes, es probable que tengáis la intensa vida social de un asceta persa y también que conozcáis al autor de Sopa de elegidos, aunque seguramente no será por su verdadero nombre, sino por el pseudónimo de Wally Week; antiguo colaborador de Viruete.com, redactor del difunto blog Pyajamarama!, guionista de la serie Qué vida más triste, y locutor de Vuelo 180. Con semejante currículo, ¿cómo perderse su primera novela? Básicamente no leyéndola, pero era una pregunta retórica.

De hecho, admito que para mí esta ha sido la novela más esperada del año, no solo porque su autor me parezca la monda y haga referencias a dos de mis aficiones favoritas en casi todos los programas en los que participa  (las aventuras gráficas de LucasArts y los Masters del Universo) , sino porque no estaba esperando ninguna otra. ¿Vientos de invierno decís? Tal vez en 2018...

En cualquier caso, y como viene siendo habitual cuando me da por apoyar a autores cuyo reconocido prestigio está por llegar, me comprometí conmigo mismo a escribir una reseña tan pronto como terminase de leer la novela del señor Week, así que pese a que ya no le dedico al blog ni una quinta parte del tiempo que le dedicaba antes, aquí estoy. Además, y por encima de todo, no soporto buscar "reseña novela sopa de elegidos" en Google y que el primer resultado me lleve a una reseña sobre Sopa de miso, de Ryu Murakami. El único Ryu que merece mi respeto lleva un dogi andrajoso y se lía a golpes con coches y barriles en las fases de bonus.

20 de noviembre de 2016

Thundarr el Bárbaro: El secreto de la Perla Negra


Entre las décadas de los sesenta y ochenta, la animación del estudio de Hanna-Barbera se caracterizaba por dos cosas: por entretener a los niños llevando a sus televisores risas e ilusión, y por ser una cagarruta de paloma producida con cuatro perras gordas.

Thundarr el Bárbaro, que se emitió entre 1980 y 1982, ni siquiera era una serie de Hanna-Barbera, sino de su hija bastarda, Ruby-Spears, fundada por los creadores de Scooby-Doo después de mandar a freír espárragos a su compañía madre.

Aunque el mayor logro que Joe Ruby y Ken Spears alcanzaron bajo su propio sello probablemente fuera producir dieciocho episodios de una serie protagonizada por un cubo de Rubik, se suele decir que su mejor producto fue Thundarr el Bárbaro, que se distanciaba de los patrones de los dibujos animados de la época mezclando con acierto elementos de un popurrí de fuentes de lo más variopintas (desde los libros de Conan el Bárbaro de Robert E. Howard, hasta los cómics de Flash Gordon, pasando por la película de La guerra de las galaxias), para crear una distopía futurista fuera de lo común y de gran atractivo para los aficionados a los géneros de espada y brujería y de ciencia ficción..., al menos en concepto.

13 de noviembre de 2016

Geralt de Rivia: Tiempo de odio

Tiempo de odio es la cuarta novela de la saga del brujo, del autor polaco Andrzej Sapkowski, un vejete entrañable que en una reciente entrevista dijo: "Esto es literatura, y no se tiene que analizar de ninguna otra forma. Mis opiniones importan menos que el agujero del culo. Son como el ojete. Todo el mundo tiene opiniones, y todo el mundo tiene ojete. Y no es conveniente enseñar a la gente ni tus opiniones ni tu ojete". ¡Podéis leer la entrevista completa aquí! Los escritores bordes que se amoscan con facilidad son mis favoritos, y Sapkowski se lleva la palma.

En cuanto al libro, tiene todas las virtudes del volumen anterior, pero casi ninguno de sus defectos. La trama avanza a buen ritmo, la narración está bien construida y, aunque la historia se queda a medias (porque eso es lo que pasa con las sagas, ¿qué le vamos a hacer?), hay una conclusión más o menos satisfactoria. Incluso puedo recomendároslo con independencia de que hayáis leído o no los libros anteriores.

Si os ha gustado esta reseña y queréis que escriba más entradas como esta, por favor enviad un sobre con 15 € a nombre del Tipo de la Brocha a la dirección: Autovía A6 (Madrid- A Coruña) Salida 29, 28250 Torrelodones, Madrid, Casino Gran Madrid, junto a la máquina de King Kong Cash.

¿Cómo? ¿Queréis que me extienda más? ¿Y sin cobrar siquiera?

De acuerdo, pero entonces no me culpéis si os destripo algunos detalles de la trama. Estáis avisados.

30 de octubre de 2016

Masters del Universo: El día de las iracundas calaveras


Entre las colecciones de cómics de los Masters del Universo que publicó Ediciones Zinco en España allá por la década de los ochenta, cuando los aviones comerciales aterrizaban en las hombreras de las chaquetas y los teléfonos móviles desechados se utilizaban como ladrillos en el sector de la construcción, la más popular fue sin duda la de Marvel. Fue la editorial de los tebeos de superhéroes la que editó el mejor cómic que se ha publicado jamás de los Masters del Universo, el cual conservo en una cámara hiperbárica protegida por un sistema de seguridad inteligente en mi búnker secreto. O quizá esté en el estante superior del armario donde guardo la aspiradora, nunca sabréis la verdad.

Menos popular era la colección que editó la editorial alemana Condor-Interpart entre 1985 y 1987, y aun así, gracias a la gran fama de la franquicia de Mattel, la misma se tradujo igualmente a varios idiomas, entre ellos el español y el neerlandés. Y sí, la palabra neerlandés existe, aunque sea un adjetivo tan menospreciado que incluso Word me lo subraya con esa irritante línea roja ondulada que parece hilo dental demasiado usado.

Hoy veremos cómo trataron los alemanes a los Masters del Universo. Por suerte, entre las filas de los Masters hay montones de monstruos y esperpentos, desde hombres-cangrejo hasta un chino con una mano gigante, así que no ha sido difícil encontrar uno que pudiera comentar con Halloween a las puertas, pero lo que si os digo es que ninguno tiene un título más apropiado y a la vez pegadizo que El día de las iracundas calaveras.

16 de octubre de 2016

'La llamada de Cthulhu', de H.P. Lovecraft

Más de cuatro años después de desencajarme la mandíbula bostezando con la novela En las montañas de la locura (a.k.a., the most boring thing ever), he dado una segunda oportunidad a H.P. Lovecraft, ese supuesto genio de la literatura de terror estadounidense al que yo no le pillo el punto. Tampoco se lo pillo a Wet Hot American Summer ni a la dorada al horno y no pasa nada; el mundo sigue adelante.

No obstante, para ser justo con Lovecraft (y no es que a él le importe, porque está muerto), en esta ocasión he escogido La llamada de Cthulhu, un relato de terror tentacular que la crítica más autorizada de internet considera su obra maestra. Yo no puedo calificarlo de tal hasta que haya leído y descartado el resto de su bibliografía (je, je... no va a pasar); pero al menos esta vez pude decir algo positivo del relato incluso antes de empezar a leerlo: es muy corto. La primera parte de mi recapitulación de La amenaza fantasma tiene aproximadamente el mismo número de palabras, y ahora me arrepiento de no haber dedicado ese tiempo a escribir algo con más chicha, como el manual de instrucciones de una lavadora.

Antes de empezar a leer la que podía ser mi siguiente gran decepción literaria, me parecía importante ponerme en contexto, así que busqué información sobre La llamada de Cthulhu. Lo primero que me mosqueó fue enterarme de que cuando esta novelette se publicó por primera vez en la revista Weird Tales en febrero de 1928, ni siquiera le dedicaron la ilustración de portada. En su lugar, el editor decidió dedicársela a un relato de Elliot O'Donnell tiulado La mesa fantasma. La. Mesa. Fantasma. En serio, ¿os imagináis cómo de flojos debía de ver el editor el resto de relatos de la revista, para que escogiese el de la mesa fantasma para captar la atención de los lectores?. Estamos hablando de elegir dibujar a un tipo rudo con una damisela en brazos apuntando con una pistola a una mesa demoníaca antes que al monstruoso Cthulhu, al que Lovecraft describe como "un cuerpo escamoso y grotesco, provisto de alas rudimentarias" sobre el que se alza "una cabeza pulposa y coronada de tentáculos". Aquí hay otro que no le pillaba el punto a algo.

De lo segundo que me enteré en mi labor de investigación es de que Lovecraft escribió La llamada de Cthulhu en 1926 y tardaron dos años en publicársela. Es cierto que hay obras a las que solo el tiempo coloca en el lugar que se merecen, pero en la mayoría de casos, ese lugar es un contenedor de basura.

Con esta visión tan optimista de lo que iba a encontrarme en sus páginas, comencé a leer.

9 de octubre de 2016

Superman: La maldición de Banshee

A diferencia de Jerry Seinfeld, no soy muy fan de Superman. Y la culpa no la tienen Zack Snyder ni su deprimente y glorificado Hombre de Acero. Me gustan las dos primeras películas de Richard Donner, me encanta el crossover con Spider-Man de 1978, y tengo cuatro o cinco cómics de Superman muy buenos (y uno de ellos no es La caída de Camelot); pero nunca he seguido la serie regular durante mucho tiempo ni veréis figuras de Superman decorando mis estanterías. De hecho, el único muñeco de Superman que he tenido pertenecía a la colección Super Powers y perdió la capa, los brazos y buena parte de la pintura en menos de una semana. No sé por qué lo maltraté de esa manera, pero voy a pensar que el muñeco no me entusiasmaba. Además,en mi casa nunca fue rival para Skeletor ni los Decepticons.

El único momento de mi infancia en el que sentí genuino interés por los cómics de Superman fue cuando DC puso a John Byrne al cargo de la colección, permitiéndole reinventar al Hombre de Acero a su gusto tras el prodigio incomprensible conocido como Crisis en Tierras infinitas.

Aunque cuando era un crío no prestaba ninguna atención a quién escribía o dibujaba qué cómic, sí que reconocía el estilo de Byrne y, sin ponerle nombre, sabía que era el mismo dibujante de la colección de los 4 Fantásticos que tanto me gustaba.

La consecuencia inmediata de mi fijación con Byrne fue que acabé comprándome, o, mejor dicho, dando la brasa a mis padres para que me compraran, un par de tomos recopilatorios de Superman y varios cómics de grapa sueltos, todos ellos publicados por Ediciones Zinco. Aproximadamente veinte años después, ya sin necesidad de malgastar más fondos que los propios, me compré toda la colección del Superman de John Byrne, reeditada por ECC. Y aunque os parezca mentira, os aseguro que toda esta historia está a punto de llegar a alguna parte.

2 de octubre de 2016

Odallus: The Dark Call


En los tiempos de la NES y la Master System, allá por el triásico de esta lucrativa industria que tantas miopías ha provocado, los videojuegos eran una combinación de píxeles, música midi, entretenimiento y frustración. Centrándonos en los aspectos técnicos, el gobierno estadounidense aún no había conseguido hacer ingeniería inversa con la tecnología del ovni que se estrelló en Roswell, y a lo más que podíamos aspirar es a que algún día las videoconsolas alcanzasen la capacidad de las máquinas de los salones recreativos, apenas superiores a mi lavadora.

Nadie tenía tanta visión como para adivinar que, en apenas treinta años, la gente capturaría animales virtuales por las calles o disfrutaría de una experiencia virtual que no le provocase náuseas y jaqueca después de jugar cinco segundos. De hecho, si retrocedieseis en el tiempo y enseñaseis un videojuego de ultimísima generación a un crío de la década de 1980, probablemente pensaría que sois un brujo estigio adorador de serpientes, o un visitante de un futuro lejano en el que la gente viaja en pijama por el espacio y se codea con extraterrestres de orejas puntiagudas (por cierto, si por algún casual tenéis una máquina del tiempo y retrocedéis hasta finales de los años ochenta para visitarme, os agradecería que no perdieseis el tiempo con sandeces y me pasarais un listado de los próximos números premiados de la lotería).

Hoy, sin embargo, crear videojuegos con el look and feel de la era de los 8 bits es una elección artística y no el resultado de que el potencial técnico de la generación actual sea equiparable al de un ábaco mesopotámico. Este es el caso de Odallus: The Dark Call, un título indie cuyo creador, el brasileño Danilo Dias, pretendía que el jugador reviviese la sensación de estar jugando a un videojuego de NES, pero sin que las innumerables limitaciones de la videoconsola de Nintendo desmejorasen la experiencia.

25 de septiembre de 2016

Transformers: Showdown!

Aunque ahora mismo pueda pareceros lo contrario, no penséis que me gusta comentar cómics de Transformers al tuntún. El azar es para las señoras mayores de sesenta años que se gastan el dinero de la pensión en máquinas tragaperras. Yo prefiero hacer las cosas por un motivo, no solo porque sí. Y la elección del número de esta entrada no es una excepción. Esto no significa que el motivo por el que lo he escogido sea bueno, solo que tiene sentido para mí. No quiero adelantaros nada sobre la trama, pero este cómic nos enseña lecciones valiosas sobre el amor y la responsabilidad.

La historia de la que hablaré hoy la encontraréis en el número 20 de la serie USA, que no recuerdo con qué número se corresponde de la edición de Comics Fórum ni me importa. Sin embargo, antes de entrar en el meollo del asunto, os pondré en antecedentes para evitar esa horrible sensación de ponerse a ver una película de David Lynch ya empezada.

18 de septiembre de 2016

'Star Wars: Los Lores Sith', de Paul S. Kemp

La mayoría de novelas de Star Wars son malillas. Esto era así cuando el antiguo universo expandido (ahora Star Wars Legends) era canon, es así con la nueva hornada de novelas publicadas bajo el sello Disney, y será así cuando Google adquiera la franquicia en el siglo XXIII. Y cuando digo que son malillas es porque hoy me siento dulce por dentro y suave por fuera, como un ewok relleno de chocolate con leche. En cambio, si tuviera un mal día, ni me molestaría en calificarlas y directamente les pegaría un tiro. Con el láser de la Estrella de la Muerte.

Lo cierto es que muy pocas de estas novelas aspiran a algo más que hacer pasar un rato ameno al lector y permitir al escritor comprarse su marca de tabaco favorita en lugar de esa barata que provoca cáncer solo con mirar el paquete, y ni siquiera todas son capaces de cumplir ese objetivo; pero las hay que son entretenidas, incluso muy entretenidas, y Los Lores Sith (Lords of the Sith en el original) es una de ellas. ¡Y mirad qué portada!


En la nueva cronología canónica de la saga, la novela se sitúa entre la película La venganza de los Sith, de la que suele decirse que no podía ser peor que las dos anteriores, y la serie Rebels, que dejé a medias en la primera temporada porque me aburría y que retomé cuando me enteré de que en la segunda temporada aparecía Ahsoka Tano, porque aunque siempre tengo que consultar dónde va la "h" de su nombre, soy muy fan de Ahsoka. Y eso que tuvo una presentación patética en la película The Clone Wars.

11 de septiembre de 2016

He-Man y los Masters del Universo: La maldición de los Tres Terrores

Más de treinta años después de que se emitiera el último episodio de la serie de animación de los Masters del Universo de Filmation, Super7 ha producido un nuevo episodio con el mismo estilo que lucía la serie original. ¿Recordáis aquellos cuerpos musculados tan homogéneos, aquellas animaciones acartonadas que se repetían episodio tras episodio y la casi total ausencia de acción? Sí, no hay nada como recuperar lo más penoso y cutre de los viejos tiempos para demostrar tu aprecio por ellos.

Este nuevo episodio, titulado La maldición de los Tres Terrores (The Curse of the Three Terrors), se emitió en la Comic-Con de San Diego el pasado agosto y, por alguna razón que escapa de la comprensión humana, Super7 también lo vendió de forma limitada en VHS. Para los que no tenemos la suerte de vivir en un país en el que más del 70% de la población cree en los ángeles y solo un 60% en la teoría de la evolución, desde el 10 agosto el episodio está disponible online por el precio de 1,80 euros en Vimeo y otras plataformas que no voy a anunciar porque no me he molestado en consultarlo y ninguna va a pagarme comisión.

Siendo como soy un fan de la serie de Filmation, además de un coleccionista empedernido de los cómics y muñecos de la franquicia (o sea, alguien que necesita asistencia psiquiátrica inmediata), comprenderéis que tenía que ver este episodio a toda costa. Después de leer esta entrada, también comprenderéis por qué me arrepentí muy pronto de hacerlo.

30 de agosto de 2016

Clásicos Disney: Blancanieves y los siete enanitos


Blancanieves y los siete enanitos (el clásico de Disney, no una de las inefables cintas piratas de los chinos ni la versión porno italiana de Luca Damiano) supuso un hito en la historia del cine. No solo del cine de animación, sino del cine en general. Fue el primer largometraje de animación en color y con sonido de la historia, y abrió el camino a una nueva forma de hacer dibujos animados. Dicen que incluso era una de las películas favoritas de Hitler y que siempre derramaba algunas lágrimas al final, cuando los soviéticos entraban en Berlín (hablo por supuesto de Adolf Hitler, no de su sobrino Heinz Hitler, que prefería Pinocho).

Sin Blancanieves, la Metro Goldwyn Mayer jamás hubiera apostado por El mago de Oz, y sin El mago de Oz no hubiéramos oído hablar del enano que se ahorcó de una pieza de atrezo, ni George Lucas hubiera creado La guerra de las galaxias. O al menos eso es lo que dicen los expertos en animación en los extras del DVD. Me refiero a lo de que no habría habido una Guerra de las galaxias, no a lo del munchkin suicida.

14 de agosto de 2016

Cazafantasmas (2016)

No es algo sobre lo que me haya parado a pensar antes, pero, echando un vistazo al archivo del blog, me he dado cuenta de que no comento muchas comedias. Por lo tanto, me parece oportuno comenzar esta entrada con una pequeña reflexión acerca del humor. Aquellos que no estéis interesados en mis pensamientos más profundos del día (sin contar los que he dedicado a qué desodorante ponerme) podéis saltaros los siguientes párrafos y pasar directamente a mi opinión sobre la película, pero, al hacerlo, condenaréis a vuestros seres queridos a una vida de horror y sufrimiento. Es un nuevo poder que he adquirido al morirme y regresar del Más Allá como un fantasma. Suele pasar.


Los que tenemos la suerte de vivir en sociedad, y no en una cueva aislados del mundo alimentándonos de orugas y plantas que provocan diarrea, estamos acostumbrados a que otras personas nos digan que tal o cual cosa tiene gracia. Y como no somos idiotas, sabemos que lo que en realidad quieren decir es que a ellas les parece gracioso, no que lo sea empíricamente. En otras palabras: lo que a alguien le resulta descacharrante a ti te puede hacer tanta gracia como que desahucien a tus abuelos, los acojas en tu casa, y tu abuela se dedique a cubrir todos tus muebles de manteles de ganchillo. Porque el humor es subjetivo y depende de muchos factores: personales, sociales, culturales, gastrointestinales..., toda la panda.

Esto no quiere decir que la comedia carezca de método. Explicado con la mayor brevedad posible y, por lo tanto, mal explicado, podría decirse que todo aquello que lleve a alguien por un camino para luego sorprenderle con algo inesperado activará en su cerebro el mecanismo del humor. Eso, claro está, siempre que no estemos hablando de malas noticias, porque muy pocos encuentran divertido ir a su médico de cabecera para realizarse un chequeo rutinario y que les digan que solo son un producto de la imaginación colectiva. Tampoco suele ser motivo de risa que lo inesperado sea una fantasmagórica monstruosidad de otro mundo, impura, pútrida y pavorosa.

A donde quiero ir a parar es a que nadie puede deciros qué es o deja de ser gracioso, ni debería juzgaros por vuestros gustos. Salvo que os riáis con las películas de Adam Sandler o de los chistes de Joey en Padres forzosos, en cuyo caso merecéis que os destierren del planeta.

9 de agosto de 2016

Escuadrón Suicida (2016)

La semana pasada se estrenó Escuadrón Suicida, la tercera película del Universo Extendido de DC (DCEU, por sus siglas en inglés), que es el nombre que DC Films y Warner Bros. han puesto al universo ficticio basado en los cómics de la editorial, supongo que porque incluir la palabra "cinematográfico" en alguna parte habría sido demasiado obvio.


Qué póster más dietilamidadeacidolisérgico, ¿verdad? ¡Hablemos de cómics!

La primera aparición del Escuadrón Suicida se remonta a septiembre de 1959 y, según la Wikipedia, las historietas originales trataban sobre "un cuarteto de aventureros sin poderes luchando contra oponente superpoderosos", y en sus aventuras había "conflictos con dinosaurios, gigantes y otras criaturas monstruosas". Pero aunque todo eso suena fenomenal, en 1959 ni siquiera se habían inventado la pintura acrílica y el Telesketch, así que, ¿quién se acuerda de esos cómics? Nadie. Probablemente ni siquiera Kevin Smith.

En cambio, puede que alguno de vosotros sí esté familiarizado con el Escuadrón Suicida que se formó cuando el guionista John Ostrander resucitó al grupo en 1987, poniéndolo bajo la dirección de Amanda Waller. Aparte de traer a bordo a Rick Flag Jr., hijo del líder del Escuadrón Suicida original, Ostrander incorporó al grupo a varios supervillanos, entre ellos el Capitán Bumerán y Deadshot, que, por increíble que parezca, eran incluso menos populares hace treinta años de lo que lo son hoy. También pululaba por ahí la Encantadora, que en sus orígenes no era una pésima arqueóloga poseída por una diosa indígena semidesnuda, sino una artista freelance a la que poseía un ente mágico indefinido, que, al pronunciar la palabra "Encantadora", la dotaba de fabulosos poderes y la disfrazaba de bruja, con su sombrero de pico verde y su minifalda a rombos a juego (en defensa de sus creadores diré que era 1966).

23 de julio de 2016

'Dentro del Laberinto', la aventura gráfica

Nadie que sea medianamente juicioso y sensato podrá discutirme que las mejores aventuras gráficas salieron entre mediados de los ochenta y finales de los noventa, cuando los clásicos de LucasArts y Sierra dominaban el mercado, ¿verdad?

¡MENTIRA! Incluso ese chaval que solo ha jugado a las aventuras autoguiadas de Telltale Games podría rebatir esa afirmación estúpida y gratuita. The Book of Unwritten Tales, La fuga de Deponia y The Night of the Rabbit son solo algunos ejemplos de buenas aventuras gráficas posteriores a la matanza hongkonesa de pollos del 97. De hecho, las aventuras gráficas no empezaron a ser realmente populares hasta Indiana Jones y la última Cruzada, y eso ya es alejarme un año del título que dio comienzo a mi larga amistad con el género, El secreto de Monkey Island. Jugar a aventuras gráficas anteriores, como Mystery House o el Primer King's Quest, requiere la paciencia de un asceta hindú.

Y esa paciencia es la que vamos a necesitar hoy, porque no vengo a hablaros de piratas y monos de tres cabezas, ni de una gran aventura gráfica contemporánea, sino de Labyrinth: The Computer Game.


Distribuida por Activision en 1986, Labyrinth fue la primera aventura gráfica de LucasArts (por aquel entonces aún LucasFilm Games) y también su primer videojuego basado en una PI previa: la película del mismo título y año Labyrinth, de Jim Henson, que en España se distribuyó como Dentro del Laberinto, no fuera a ser que el público creyese que el laberinto en cuestión solo se veía desde fuera y de lejos. Entrañable, divertida e inolvidable para cualquier fan de la fantasía, las marionetas, Jennifer Connelly, o David Bowie con peluca y pantalones de montar súper ajustados, muchos consideramos esta película un clásico de culto.

Pero aunque hoy Dentro del Laberinto es recordada con cariño, en el año de su estreno tuvo menos éxito que el propio videojuego que inspiró. ¿Cómo es eso posible? Mi teoría es que, en los años ochenta, teníamos peor gusto. En serio, hombreras y leggings, ¿qué más puedo añadir?

16 de julio de 2016

Juego de Tronos: Vientos de invierno

Una semana más tarde de lo habitual, vuelvo con vosotros para terminar la recapitulación de la sexta temporada de Juego de Tronos. Normalmente no me tomo tanto tiempo para repasar un episodio de una serie de televisión, pero teniendo en cuenta de que el último episodio de esta temporada dura más de una hora y abarca un montón de tramas en las que los personajes hacen algo más que chapurrear, ha sido como recapitular un largometraje de Cecil B. DeMille.

Además, este calor tórrido y pegajoso hace que la perspectiva de sentarme delante del ordenador a escribir me parezca tan apetecible como una visita al dentista. ¿Qué temperatura tenemos ahí fuera?, ¿350 ºC? Quizá sea hora de mudarse a un lugar menos cálido que el Valle de la Muerte.

Así las cosas, no me extraña que Weiss y Benioff hayan decidido retrasar el rodaje de la siguiente temporada de la serie. ¿Qué escenas de invierno van a poder rodar en España con este calor insoportable? Me imagino a los actores sudando a chorros bajo sus abrigos, al borde de la deshidratación, y a algún pobre extra desmayado en el suelo y friéndose cual filete en sartén.

Según parece, la mayoría del público cree que la sexta temporada de Juego de Tronos ha sido la mejor hasta la fecha. Y a pesar de que no tengo mis estadísticas inventadas a mano, hay muchas razones para que esa sea la sensación general. No las voy a enumerar todas, porque, eh, hace calor; pero entre que ha habido más momentos emocionantes y grandes revelaciones que en ninguna otra temporada, y que el diseño de producción y la cinematografía han sido sobresalientes, se merece un aplauso. Si a Sapochnik no le dan un Emmy por la dirección de la batalla de los bastardos, es que ha habido tongo.

El último episodio desde luego es canela fina, en especial su hipnótico comienzo, que es diferente de todo lo que hemos visto hasta ahora; casi veinte minutos de metraje sin apenas diálogos y cargados de suspense en los que vamos saltando de un personaje a otro mientras suena una inquietante pieza de música clásica para piano (con cuerda, órgano, un coro de niños espeluznante y ni un solo banjo) hasta llegar a su explosivo clímax. El ritmo y el montaje son distintos a los habituales, y el espectáculo está a otro nivel. Es como un supersaiyano que hubiera superado los límites del supersaiyano. Es fantástico.

3 de julio de 2016

Juego de Tronos: La batalla de los bastardos

¿Qué se puede decir cuando la televisión alcanza cotas de calidad propias del mejor cine? Nada. Lo que hay que hacer es subirse a una mesa y celebrarlo bailando como si fuera 1969 otra vez.

Aunque a nosotros nos falta por repasar aún otro episodio para acabar con la agotadora maratón de este año, la sexta temporada de Juego de Tronos ya ha terminado, y lo ha hecho elevando una vez más el listón, con dos de los episodios más espectaculares que se recuerdan. O que yo recuerdo. Tengo que dejar de oler pegamento.

El episodio que resumiremos hoy es el penúltimo de la temporada y, como viene siendo habitual, fue el más caro de producir. Veinticinco días de rodaje, 500 extras, 120 caballos cagando sin parar... Si tenéis tiempo (no os engañéis, lo tenéis, ¡estáis leyendo esto!), ved alguno de los vídeos de rodaje para haceros una idea de la cantidad de trabajo invertido en crear la batalla de los bastardos. Es alucinante.

Y ahora empecemos, que ya son más de las diez.

26 de junio de 2016

Juego de Tronos: Nadie

Empezaré esta entrada con una advertencia: jamás bebáis agua caliente después de comer kiwi.

Dando ese tema por zanjado, os adelanto que en esta recapitulación haré algunas suposiciones respecto de lo que podría ocurrir en el último episodio de esta temporada. Si preferís no leerlas porque creéis que puedo tener razón y arruinaros la sorpresa, saltaos los últimos párrafos de la parte de Desembarco del Rey.

En cuanto a los que decidáis leer mis elucubraciones, algunos quizá pensaréis que no soy tan listo y que lo que digo lo he leído en algún otro rincón de internet. Pero no es así. En primer lugar, porque no gano nada con ello. Soy un hombre adulto y no pretendo dármelas de enterado escribiendo estas entradas, sino entretenerme y, con suerte, entreteneros también a vosotros, ya que no todos tenemos fácil acceso a sustancias psicotrópicas alteradoras de la conciencia. Y en segundo lugar, porque repaso los episodios muy a fondo y es casi inevitable que ate cabos. No lo hago queriendo, simplemente sucede. Los guionistas competentes procuran hilarlo todo y esto implica que las cosas siempre pasan por un motivo y no hay escenas gratuitas (salvo las de desnudos; pero, ¿qué sería una serie de HBO sin desnudos?). Sabiendo esto, solo hay que tener buena memoria para que los puntos se unan solos.

Y ahora, empecemos sin más dilación a repasar el octavo episodio de esta temporada.

19 de junio de 2016

Juego de Tronos: El hombre destrozado

¿Os dais cuenta de que apenas queda una semana para que termine otra temporada de Juego de Tronos? Esta noche se estrena el noveno episodio y la semana que viene será el turno del último.

Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. Bueno, supongo que no para aquellos de mis lectores que aborrecen estas entradas y esperan como agua de mayo que vuelva a hablar de cómics de He-Man o pizzas lovecraftianas; pero, ¿acaso es mi culpa querer terminar lo que ya he empezado? ¡Creo que me merezco una medalla!

Y no os confundáis. Yo soy el primero que tienes ganas de escribir sobre otros temas, incluso si se trata de películas de serie B de ciencia ficción de los años sesenta con limos monstruosos. Para todo hay un momento.

Menos para Leticia Sabater y su canción de La salchipapa. Para eso están reservadas las profundidades abisales.

12 de junio de 2016

Juego de Tronos: Sangre de mi sangre

¿Qué opina George R.R. Martin de que la serie de televisión basada en sus libros haya anticipado una de las revelaciones más inesperadas y trágicas en las que ha trabajado? Según cuenta Vanity Fair Hollywood, a Martin le deprime no escribir lo bastante rápido para evitar que estas cosas ocurran, sobre todo después de haber mantenido él mismo el secreto durante más de veinte años. De todos modos, apuesto a que los miles de libras que HBO ingresa cada mes en su cuenta bancaria en concepto de royalties hacen más llevadero este mal trago.

Peor lo llevan aquellos de sus lectores que prefieren ignorar la serie para evitar que les destripen las próximas novelas. Como no se encierren en un búnker sin conexión a internet, lo tendrán difícil para no enterarse de algunos elementos claves de la trama.

Aun así, el panorama no es tan malo para ellos. El autor ha declarado que los eventos que rodean a la revelación del episodio anterior serán distintos de los de la serie, y estoy convencido de que cuando Vientos de invierno se publique en el año 2043, los lectores encontraremos mucho material nuevo, emocionante y fascinante en sus páginas. ¿Quién sabe?, incluso quizá veamos una trama medio decente para Dorne.

5 de junio de 2016

Juego de Tronos: El portón

¿Estás harto de las introducciones que son una pérdida de tiempo? ¿Quieres aprender algo nuevo? ¿Incluso en domingo? Pues entonces hoy es tu día de suerte, porque hoy explicaré brevemente el proceso de preparación de estas entradas, es decir, qué es lo que hago cuando mi equipo de simios escritores está de vacaciones.

Aunque por mi ritmo de publicación podáis pensar otra cosa, normalmente veo los nuevos episodios de Juego de Tronos la misma noche de su estreno, no a las tres de la madrugada, pero sí a horas a las que las personas decentes suelen estar durmiendo. ¿Estoy con ello insinuando que los vigilantes y porteros nocturnos no son personas decentes? Sí.

Por lo tanto, ya os podéis imaginar que ese primer visionado es entre poco entusiasta y comatoso. Disfruto del episodio, porque me gusta la serie; pero mi cerebro no acaba de procesarlo como el de una persona que ha dormido al menos siete u ocho horas. O seis. O cinco...

Una semana después, vuelvo a ver el mismo episodio, ya doblado al castellano, para preparar la recapitulación correspondiente, teniendo siempre la sinopsis oficial de HBO a mano para asegurarme de que no me dejo nada relevante en el tintero. No veo el episodio del tirón, ni siquiera en un solo día, sino que voy reproduciendo pequeños fragmentos, en orden o no, a medida que escribo. Esta parte es la que más tiempo requiere y suele alargarse hasta bien entrado el fin de semana siguiente.

Cuando el resumen está más o menos listo (o al menos entero), selecciono las capturas de imagen más apropiadas y las inserto a medida que retoco el texto. Las frases de los pies de imagen también las incluyo en ese momento. Por último, antes de publicar la entrada, la repaso una última vez para asegurarme de que cumple los estándares de calidad del blog, esto es, que está plagada de erratas y chistes sin gracia.

Yendo al caso concreto, y por poner un ejemplo, esta noche veré el séptimo capítulo y, con suerte, mañana por la noche empezaré a escribir sobre el sexto, cuya recapitulación terminaré el fin de semana que viene in extremis.

El proceso es un tostón y muy trabajoso, así que os agradezco enormemente que os toméis vuestro tiempo para leer estas entradas y, sobre todo, comentarlas. También agradezco los regalos y las transferencias de dinero.

29 de mayo de 2016

Juego de Tronos: El Libro del Desconocido

Tras otra semana en la que aún no se puede opinar sobre la mala pinta que tiene la nueva película de Cazafantasmas sin que una multitud enfurecida te persiga con horcas y antorchas hasta un molino acusándote de monstruo sexista, regresamos con otra recapitulación de Juego de Tronos, a punto ya de llegar al Ecuador de la Temporada.

Y os puedo asegurar que esta mierda no se escribe sola.

Ayer, mientras muchos disfrutabais de la final de la Champions, yo intentaba escribir frases que pretenden ser graciosas bajo las capturas de pantalla de esta entrada, haciendo un esfuerzo imposible por ignorar los alaridos enfervorecidos del bar de abajo. Como no lo conseguía, acabé poniéndome los cascos y escuchando dos veces la banda sonora de Lady Halcón. Y no me inspiró en absoluto.

¿Conclusión? La gente a la que le gusta el fútbol se divierte más que yo. Menos los que son del Atleti, supongo.

22 de mayo de 2016

Juego de Tronos: Perjuro

¿Qué tienen en común Las chicas de oro, Marmalade Boy y una campaña para que PepsiCo y Nintendo traigan de vuelta los tazos de Pokémon?

¿No lo sabéis? ¿Os rendís ya?

Pues que son tres cosas espantosas sobre las que algunos de mis seguidores de Twitter creen que puedo escribir una introducción para esta nueva recapitulación de Juego de Tronos. ¿Y sabéis qué? Que se equivocaban.

Pero lo importante es que todas esas líneas me han conducido hasta el tercio inferior del póster de esta temporada y, por lo tanto, ya puedo dar por resuelto el problema semanal.

En cualquier caso, si se os ocurre una forma menos ridícula de introducir estas recapitulaciones, decídmelo. Soy todo oídos.

16 de mayo de 2016

Juego de Tronos: A casa

"Pasado el sábado, cuando ya apuntaba el primer día de la semana, pues en aquellos tiempos las semanas empezaban en domingo y la gente odiaba los domingos en lugar de los lunes, María Sobaopasiego (más tarde conocida como María Magdalena) y la otra María (que prefería que no la llamasen así) fueron a ver el sepulcro donde habían enterrado a Jesús. Ambas mujeres estaban pasando una fase un tanto morbosa de sus vidas y se entretenían de aquella manera.

De pronto, se produjo un terremoto de 6,4 en la escala de Richter, pues un ángel del Señor había bajado del Cielo a fumarse un piti y había caído de culo. El ángel se acercó al sepulcro, removió la piedra de de dos toneladas que cerraba la entrada como quien aparta una cortinilla de cuentas, y se sentó sobre ella a fumar tranquilamente ante la mirada atónita de las dos mujeres. Resplandecía como un foco en un concierto de Vangelis y sus vestiduras eran blancas como la nieve, pues las había lavado a conciencia con Wipp Express.

Los soldados que guardaban el sepulcro, que hasta ese momento estaban convencidos de que tenían el trabajo más fácil del mundo y pensaban que esta noche a lo mejor incluso ligaban, se cagaron de miedo y les dio un patatús. Por desgracia para ellos, aún no existían las pastillas para los infartos de miocardio. Entonces el ángel dijo a las mujeres:

-Calma y tranquilidad. Ya sé que andáis buscando a Chus, que con su crucifixión inició una línea de merchandising cristiano. No está aquí, pero podéis dejarle un mensaje después de la señal. Piiiiii... Nah, es broma. Ha resucitado, ¿o es que pensabais que estaba marcándose un farol cuando dijo que volvería como Arnold Schwarzenegger en Terminator? Si no me creéis, mirad ahí dentro. ¡Eh!, dejad esa sábana guarrindonga donde está, que si la manoseáis, estropearéis la prueba del carbono catorce. ¿Convencidas? Pues largaos y contadle a sus discípulos que ha resucitado y que va a Galilea. Ale, fus, fus" (Mateo 28.1-4, versión revisada).

7 de mayo de 2016

Juego de Tronos: La Mujer Roja

Cinco años de Juego de Tronos, cinco temporadas de una de las series con más fandom de los últimos tiempos, y tres años de recapitulaciones en este blog. ¿Por qué solo tres? Porque esto es algo que fue surgiendo a medida que crecía mi adicción por la serie y no algo que planease para fastidiarme los fines de semana durante más de dos meses cada año. Pero podría ser peor. Podría estar haciendo lo mismo con Marmalade Boy.

Los fans de los libros, los que empezaron a leerlos antes de que se vendieran tazas y camisetas con los lemas de las Casas de Poniente, aún no pueden creerse que la serie haya adelantado, al menos en parte, a su saga literaria favorita. Lo que es peor, esta saga podría no terminar nunca, porque George R. R. Martin es un escritor lento, tan lento como el regreso de Daenerys a Poniente, y además su gran volumen corporal le hace proclive a palmar de un infarto cualquier día de estos cogiendo una lata de guisantes del estante de arriba en el supermercado. ¿Qué harán sus lectores ahora?, ¿esperarán a que Martin termine las novelas antes de continuar con la serie, lo que podría ocurrir en los próximo diez años, o seguirán viéndola a riesgo de destriparse la trama de los libros? ¿A alguien le importa?

Por su parte, Benioff y Weiss ya no cuentan con un referente literario que pasarse por el arco del triunfo para caldear los foros de internet con cada giro que no está en los libros, y aunque Martin ya les sopló los elementos clave de la historia, lo que veamos ahora será en buena medida de su cosecha. Como la tan apreciada trama de Dorne de la temporada pasada.

24 de abril de 2016

He-Man y los Masters del Universo: El Gran Símbolo de las Formas

Si os estáis preguntando qué necesidad hay de recapitular otro episodio de He-Man y los Masters del Universo, coged vuestros pomposos sombreros y vuestras levitas de paño fino, y largaos de aquí con viento fresco. Por el contrario, si os habéis emocionado al leer el título de la entrada, sed bienvenidos. Solo por eso ya me caéis bien. Nosotros, los aficionados de los Masters del Universo, tenemos que apoyarnos los unos a los otros, igual que harían los miembros de un grupo de alcohólicos anónimos, pero sin ningún tipo de reconocimiento social.

El episodio de hoy, el tercero de la primera temporada, no es tan delirante como otros que hemos comentado anteriormente, pero es que es difícil superar la historia de amor de dos cometas. Lo que sí os prometo es que igualmente estúpido y divertido.

Haciendo honor a la verdad, lo cierto es que el episodio comienza de forma bastante interesante para tratarse de una serie infantil de la década que nos trajo producciones tan espantosas como Denver, el último dinosaurio o Potato Head Kids. Incluso tiene una migaja de misterio e intriga.

Además, por primera vez y sin que sirva de precedente, el plan de Skeletor tiene sentido. Al menos al principio. El problema de Skeletor es que no puede poner freno a su creatividad cuando se trata de hacer el mal y acaba complicando innecesariamente sus planes con clones robot diabólicos y juegos de bondage. No le querríamos tanto si fuera de otra manera.

¿He mencionado ya que He-Man lanza un pulpo gigante por encima de una montaña?

10 de abril de 2016

'Off to Be the Wizard', de Scott Meyer

¿Quién no ha fantaseado alguna vez con ser un mago? Y no me refiero a uno de esos magos de pacotilla que adivinan qué carta has cogido de la baraja o que hacen desaparecer una moneda para luego sacártela de la oreja (o de algún recoveco más profundo y oscuro, en pases privados), sino de los que lanzan conjuros y sortilegios; hombres sabios aficionados a los vestidos con lentejuelas y a los gorros picudos, capaces de achicharrar a una horda de orcos con una bola de fuego, convertir a un príncipe en sapo, o ver el próximo número premiado de la lotería en su bola de cristal. Magos DE VERDAD.

Vale, lo admito. Yo nunca he fantaseado con semejante sandez, quizá porque en lo que a fantasía se refiere, siempre me he sentido más identificado *ahem* con la imagen del bárbaro musculoso con taparrabos que lleva una gigantesca hacha en la mano y tiene una moza medio desnuda recostada a sus pies. Pero no os engañéis: ambas opciones son igual de gays.

Ahora bien, según tengo entendido, el prototipo de geek (ese inadaptado social con pantalones sobaqueros y gafas de pasta, aficionado a la informática y fanático de Star Trek) prefiere a los magos, probablemente porque no se ve levantando más peso que el de la bolsa del supermercado pero sí memorizando docenas de hechizos en un idioma inventado.

Y esto es lo que me lleva a la novela de la que hablaré hoy.


Off to Be the Wizard es el primer volumen de la saga de fantasía Magic 2.0, del dibujante y escritor Scott Meyer, autor también de la tira cómica Basic Instructions, de la que jamás oí hablar hasta que busqué su nombre en la Wikipedia.

La novela, la primera de su autor, se publicó en Amazon en 2014 y tiene en este momento una puntuación de cuatro estrellas y media, con más de novecientas reseñas, en Amazon.com. Aunque hay que reconocer que la mayoría de lectores tiene un criterio literario pésimo, las ventas debieron de hablar por sí solas, porque Amazon ofreció a Meyer firmar un acuerdo de edición para escribir dos libros más con 47North, el sello de ficción de Amazon Publishing. A día de hoy, el cuarto volumen de la saga ya está en cocina.

3 de abril de 2016

'La mejor venganza', de Joe Abercrombie

¿Os habéis vengado alguna vez? A todos nos han hecho alguna vez la puñeta y hemos sentido el deseo de devolver el golpe, pero de ahí a tomarse uno la justicia por su mano hay un trecho. El "ojo por ojo, diente por diente" solo conduciría a la humanidad al desastre, al menos hasta que se inventen los ojos biónicos y la seguridad social cubra los costes de los implantes dentales.

Yo nunca he querido vengarme de nadie. Quizá haya deseado que a algún idiota le cayese un yunque en la cabeza, pero jamás se me ha pasado por la cabeza castigar a otra persona por hincharme las narices. Para empezar, dicen que la mejor venganza es la que se sirve fría, la que se medita y dilata en el tiempo, dejando que el enemigo se confíe, para culminar con un estallido de violencia solo apto para mayores de 18 años. Pero ese tipo de venganza exige ser paciente y rencoroso, mantener el fuego del odio vivo a golpe de fuelle hasta que llega el momento apropiado, y a mí se me pasan los enfados tan pronto como veo fotos de cachorros de labrador que parecen pollo frito rebozado.

En segundo lugar, también es verdad que nadie me ha dado nunca buenos motivos para vengarme, y no puede uno vengarse por cualquier tontería, ¿verdad? Si no me vengué cuando me birlaron mi juguete de Battle Cat, ya no creo que me vengue nunca.

Pero si hablamos de ficción, la venganza sí es lo mío. Mi novela favorita, El conde de Montecristo, gira en torno a la venganza, y también hay innumerables y maravillosas películas que se sirven de la venganza como premisa argumental, ya se trate de Uma Thurman abriéndose paso a golpe de katana para llegar hasta Bill, o de Charles Bronson fulminando a una banda de quinquis con su Magnum Wildey .457.

Por lo tanto, no me extraña que La mejor venganza me haya gustado tanto. Si el libro tratase sobre el karma, apuesto a que no lo hubiera querido ni para calzar mesas.


La mejor venganza (en inglés, Best Served Cold) es la cuarta novela ambientada en el universo de La Primera Ley, y también la cuarta que publicó su autor, Joe Abercrombie. Y aunque siempre está bien leer las sagas en orden por aquello de ver el cuadro completo y no destriparte otros libros que luego podría interesarte leer, se trata de una novela independiente.

27 de marzo de 2016

Batman v. Superman: El amanecer de la justicia

Desde que Batman v. Superman: El amanecer de la justicia se estrenó el miércoles pasado, he leído comentarios de todos los colores y he llegado a la conclusión de que la peña necesita relajarse, tomarse un tiempo para ordenar sus ideas, reflexionar acerca de lo que ha visto, y no arrojarse a foros y redes sociales según sale del cine a farfullar lo primero que se le pasa por la cabeza.

Lo que es cierto, aparte de que Batman mola, es que había grandes expectativas puestas en esta película. Se ha venido hablando de ella como uno de los acontecimientos cinematográficos más esperados del año, quizá porque el western de zombis protagonizado por los Backstreet Boys y 'N Sync no se estrenará en cines y saldrá directo a vídeo, o más probablemente porque el enfrentamiento entre los dos mayores iconos del cómic de superhéroes americano es un evento que lleva dilatándose desde hace más de una década. Algunos puede que incluso recordéis cuando el proyecto estaba en manos de Wolfgang Petersen y la película empezaba con Bruce Wayne felizmente casado y Superman divorciándose de Lois Lane. Lástima habérnosla perdido.


¿Y qué ocurre cuando las expectativas son muy altas? Que las críticas son de todo menos moderadas. O bien es la mejor película de superhéroes de la historia del cine y barre el suelo con todas las producciones de Marvel, o bien es un montón de mierda de dinosaurio que apesta en diez kilómetros a la redonda. Parece que en internet si uno no se posiciona en los extremos, se queda fuera. ¿Fuera de qué? No lo sé. Pero fuera. Y fuera es peor que dentro.

Por suerte, a mí esas bobadas me importan un comino, y puedo decir tranquilamente que Batman v. Superman me ha parecido lo bastante entretenida como para no sentir que he tirado el dinero, pero también lo suficientemente mediocre como para olvidarme de ella en un par de semanas. Zack Snyder sabe captar la dimensión épica de los cómics y nos deslumbra con su estética hiperestilizada, pero necesita mejores guiones para sustentar ese ostentosidad visual, y al igual que El Hombre de Acero, la película es un festín sensorial sin sustancia al que le falta consistencia, le sobran tramas, y donde oscuridad y realismo se confunden con baja saturación y un tratamiento del guión desprovisto de humor. Se vislumbra cierto potencial, pero Snyder no sabe sacarlo a flote, y al final, la genialidad queda reducida a fogonazos dispersos.

Si habéis estado atentos a los tráileres, ya habéis visto toda la película y no hay nada que pueda añadir para destripárosla. Aun así, por si os preocupan estas cosas, os advierto que no me voy a cortar con los detalles.

20 de marzo de 2016

'La Rueda del Tiempo: El Ojo del Mundo', de Robert Jordan

Es difícil reseñar una saga literaria sin haber terminado de leerla, porque hasta que uno no la acaba, carece de perspectiva y es imposible que sepa si al final todo encajará en su sitio y el desenlace será satisfactorio, o la historia se irá al cuerno y terminará convirtiéndose en un cagarro de proporciones épicas.

Esto es especialmente cierto cuando la saga en cuestión es La Rueda del Tiempo y se divide en catorce libros que, por su enorme extensión, se han convertido en veinte en algunas ediciones. Os estoy hablando de una saga de más de 10.000 páginas (¡10.000!) publicadas a lo largo de más de veinte años. Salvo que me dedicase en cuerpo y alma a esta saga de fantasía y me olvidase de cualquier otro libro que pudiera interesarme (cosa que no va a pasar), tardaría tres o cuatro años en leerme semejante legajo, e incluso si lo hiciera, ¿cómo porras iba a acordarme de lo que leí en los primeros libros cuando empezase a leerme los últimos? ¡Tendría que tomar notas! En resumen: es ridículo.

No obstante, eso no quita para que me haya leído el primer volumen de esta saga, titulado El Ojo del Mundo, y que en la edición española publicada bajo el sello Timunmas se divide a su vez en dos libros: Desde dos ríos y La Llaga. Normalmente criticaría esta clase de política editorial y acusaría a Planeta de estafadora y sacacuartos; pero dado que la edición normal tiene más de 800 páginas, agradezco no tener que meterme en la cama con un mamotreto capaz de provocarme tendinitis en las muñecas.

13 de marzo de 2016

Los surfistas nazis deben morir

Si no seguís mi blog desde el principio de los tiempos,  quizá no sepáis que en su día, antes de tener mi propio dominio, colaboraba en ionlitio, un blog tan vetusto que incluso disfrutó de la llamada Edad de Oro de los Blogs, cuando los ingresos publicitarios, los regalos y las invitaciones entraban a espuertas, y a los blogueros les bastaba con chasquear los dedos para que las mujeres cayeran rendidas a sus pies. O eso dicen las leyendas. A mí solo me gusta aporrear el teclado para que se formen palabras.

Hoy me alegra publicar en el blog una recapitulación de una película maravillosa, calificada de hito en el género bélico-surfista por la crítica más autorizada, y cuyo título seguramente hayáis oído alguna vez. Para variar, esta entrada no lleva mi firma ni la he plagiado de otros sitios web menos populares confiando en que nadie descubra nunca mi oscuro secreto, sino que es obra de la pluma e ingenio de Rafael Carbayeda, fundador de ionlitio.


Como veis en el magnífico póster, la cinta que hemos escogido para este gran evento es Los surfistas nazis deben morir, una producción de The Institute, dirigida por el aclamado Peter George y distribuida por Troma Movies en 1987. Solo por su título ya se puede intuir lo buena que es.

Sin más preámbulos, cedo la palabra a Rafa.

8 de marzo de 2016

Madres forzosas: Nuestros comienzos, de nuevo

Después de haber publicado dos recapitulaciones seguidas, cada una con más palabras de las que lee el español medio al año, no pensaba escribir otra recapitulación tan pronto, porque este tipo de entradas me supone pasarme buena parte del fin de semana encerrado en casa delante del ordenador, escribiendo hasta que se me desprenden las retinas y desesperándome cada vez que hago una captura de pantalla en la que alguien parece estar sufriendo un ictus; pero es que Madres forzosas es la clase de bombazo televisivo que no podía pasar por alto.

Además, como últimamente ha estado lloviendo, mejor quedarse en casa terminando de ver la primera temporada de la serie que salir a la calle a cantar bajo la lluvia como Gene Kelly, ¿verdad? Sobre todo, porque yo no tengo ni la voz ni el carisma de Gene Kelly y correría el riesgo de resbalar y partirme la crisma.


¿Y por qué razón, si es que puede saberse, me he tragado los trece episodios de Madres forzosas en lugar de ver cualquier otra serie o película de mi lista de pendientes de Netflix? La respuesta a esta pregunta mató al gato. Y no me refiero a la curiosidad, sino a una atracción malsana por Padres forzosos, la serie creada por Jeff Franklin en 1987 y de la que nace este spin-off.

En todo caso, creo que hubiera sido peor ver Hot Bot Sharknado 3.

Pero no nos andemos por las ramas. Hoy estamos aquí para repasar el primer episodio de Madres forzosas y eso es lo que haremos. ¡Al tajo! ¡Leña!

28 de febrero de 2016

Star Trek: La nueva generación/Doctor Who: Asimilación

Si alguien sabe cómo añadir añadir un superíndice al título de las entradas, por favor que me lo cuente, porque el título completo de este cómic de ensueño para los amantes de las series de ciencia ficción es Star Trek: La nueva generación/Doctor Who: Asimilación2, y elevar el título al cuadrado es importante. Ya sabéis que cuando una sola asimilación no basta, hay que multiplicarla por sí misma.

A estas alturas de la vida, superada ya la barrera de los treinta, pensaba que un cómic en el que la tripulación original de la USS Enterprise y la Patrulla-X se unían para combatir contra un enemigo común sería el crossover de Star Trek más raro que leería en mi vida, y, felizmente, estaba en lo cierto. Ni siquiera el más reciente cruce de Kirk y Spock con Charlton Heston y el doctor Zaius en el planeta de los simios llega a esa nivel de extravagancia.

Sin embargo, este otro cómic, que empezó a publicarse en mayo de 2012, resulta sorprendente dentro del ámbito de lo plausible. Star TreX era una sandez que nadie en su sano juicio querría tener en su estantería o, en el peor de los casos, guardado en una funda de plástico y metido en una caja de cartón dentro de un armario ignífugo controlado las veinticuatro horas del día por un sistema de videovigilancia. Por el contrario, Star Trek: La nueva generación/Doctor Who: Asimilación2 (alguien debería dar con unas buenas siglas para este título) intenta dar sentido al que sin duda es el cóctel definitivo para trekkies y whovians. ¿Lo consigue? No lo sé, porque ni siquiera he llegado al final de la colección; pero, a juzgar por los dos primeros números, al menos se esfuerza.

Por eso, en cierto modo, es un lástima que lo único que sepa de la serie de Doctor Who es lo poco que cuenta este cómic en el reverso de la portada y alguna cosa más que he visto en internet, a saber: que se trata de una serie familiar que lleva la tira de tiempo en antena y que el Doctor es un alienígena que viaja a través del tiempo y el espacio armado solo con su increíble inteligencia y su destornillador sónico. Lo del destornillador tiene que ser una errata.

No obstante, estoy dispuesto a ver algún episodio entero un día de estos. Solo tengo que sacar tiempo entre el trabajo, el blog, las carreras de cuadrigas y mi nueva serie de televisión favorita: Madres forzosas.

En cualquier caso, y a pesar de mi falta de conocimiento sobre el universo del Doctor, como buen seguidor de las dos primeras series de Star Trek que soy, puedo aseguraros que si los guionistas Scott y David Tipton y el dibujante J.K. Woodward demuestran en este cómic el mismo cariño por Doctor Who que por Star Trek y la misma fidelidad hacia los personajes, los whovians pueden respirar tranquilos. Esta es una obra hecha por fans para fans, y supongo que si os entusiasman ambas series, os podríamos llamar, en un ejercicio léxico sin precedentes, "trevians" o "whokkies", lo que suene más a virgen hasta los cuarenta.

Como el primer número de la colección no tiene mucha chicha y se centra casi exclusivamente en el Doctor, comentaré los dos primeros números de una sentada.

21 de febrero de 2016

Padres forzosos: Nuestra primera función

Cuando pienso en las series de televisión ñoñas y cursis de mi infancia, el primer título que me viene a la cabeza es Padres forzosos. Miento. Es Los osos amorosos, pero de alguna forma tenía que empezar esta entrada.

Para los que no peinéis canas y prefiráis ver series actuales en lugar de reposiciones de programas de los ochenta y noventa (solo se vive una vez), Padres forzosos era una comedia de situación para toda la familia que trataba sobre un padre viudo que cuidaba de sus tres hijas con ayuda de su cuñado roquero y su mejor amigo cómico. La máxima de cada episodio era que no había ningún problema que una familia unida no pudiera solucionar antes de veintidós minutos, aunque hubo algunos episodios en los que necesitaron el doble de tiempo para dejar todo bien atado, como aquel episodio doble en el que viajaban a Disney World y Stephanie quería ser princesa por un día, o en el que la pequeña Michelle se convertía en una gigantesca pesadilla atómica andante y asolaba la ciudad de San Francisco. Esto último me lo he inventado.

La serie aguantó ocho temporadas en antena a pesar de la dura competencia de otras series de la misma calaña como Los problemas crecen, Cosas de casa o Dinosaucers. Todo un logro para este circo de moralina flagrante y risas enlatadas.


Ahora, veinte años después de que se emitiese su último episodio, la serie vuelve a la televisión en forma de secuela gracias a Netflix. O por culpa de Netflix, ya veremos. Ahora es D.J., la hija mayor, quien se queda viuda y tiene que cuidar de sus hijos con ayuda de su hermana Stephanie y su mejor amiga Kimmy, lo cual empieza a sonar a maldición gitana transmitida de padres a hijos. En esta nueva entrega, titulada Fuller House (Madres forzosas en español), también veremos, aunque solo puntualmente, a Danny, el tío Jesse y Joey, es decir, a toda la familia menos a la pequeña Michelle, que se supone que está consagrada al mundo de la moda, igual que las auténticas gemelas Olsen, solo que con menos anorexia y sin pasar largas noches en clubes nocturnos consumiendo alcohol y droga hasta caer redonda al suelo.

Aprovechando que Madres forzosas se estrena dentro de cinco días, hoy repasaremos el primer episodio de la serie original, para lo cual tenemos que retroceder en el tiempo hasta 1987. Para ello solo necesitaremos el poder de nuestra imaginación y una ligera intoxicación provocada por un escape de gas.

14 de febrero de 2016

Marmalade Boy: Juego de amor. Odio a Ginta

¿Disfrutando de San Valentín? Pues ya os vale. Claro, como vosotros no tenéis que ver y comentar un episodio de Marmalade Boy cada año para conmemorar el día de los chalados enamorados... Ojalá las rosas que os regalen tengan espinas y todos los bombones que os comáis os vayan directamente al culo.

Para variar, el sexto episodio de Marmalade Boy no empieza con Miki reflexionando sobre el amor en uno de sus inspirados monólogos interiores ("¿Qué hacer? ¿QUÉ HACER? ¡¿QUÉ HACER?!... ¿Qué puedo hacer? Yo... no sé"), sino que lo hace con su mejor amiga Meiko rememorando el beso de tornillo que le dio al profesor Namura en la biblioteca del instituto en el episodio anterior.

La escena me recordaría al comienzo del tercer episodio si recordase algo más que una sensación de vértigo y vacío existencial, pero aquí es Meiko, y no Miki, quien está sentada en su dormitorio utilizando un robot de juguete como terapeuta. Todo normal si consideráis normal la anormalidad absoluta y delirante en la que viven los protagonistas de esta serie.

-Bip. Dejad de utilizarme para resolver vuestros estúpidos conflictos amorosos, mamelucas. Bip-bop-bup.

Y como no podía ser de otra manera, en este Japón de los noventa de ostentosidad desbordante, el dormitorio de Meiko es tres veces más grande que mi salón y tiene un ventanal con puertas de unos tres metros de alto por cinco de ancho que da a una terraza con vistas a lo que supongo debe de ser su jardín particular.

Estas características hacen de la habitación el lugar idóneo para tener un flashback o para tomar el té con señoras septuagenarias ricachonas. Y no veo a ninguna señora septuagenaria por aquí.

11 de febrero de 2016

¡Quinto aniversario!

¡Feliz 5º aniversario, blog! Aún no puedo creerme que llevemos tanto tiempo juntos. Si fueras una mujer y estuviéramos casados, ahora mismo estaríamos celebrando nuestras bodas de madera. Sí, ya sé que el término "bodas de madera" no le suena bien a nadie, que no tiene el mismo gancho que bodas de plata, de oro o incluso de alhelí; pero a ti, querido blog, te llevaría igualmente de viaje a Sri Lanka y te haría el amor dulcemente sobre un lecho de rosas. Insisto: si fueras una mujer. Pero como no lo eres, tendré que conformarme con frotarme contra la pantalla del ordenador.

Y aunque tratándose de frotamientos probablemente preferiríais que me hubiera olvidado de vosotros, mis poco dicharacheros lectores, no lo he hecho. Es más, este año, ya sea por haberme seguido todo este tiempo o porque acabáis de llegar aquí por casualidad buscando fotos de ewoks silvicultores, vuestro regalo es doble. Sí, habéis leído bien, ¡doble! No he reparado en gastos.

En primer lugar, os traigo es este fantástico dibujo tan kirbyesco (© mi hermano y yo) y sobre el que podéis babear cuanto queráis:

Pinchad en la imagen para verla más grande. ¡Pinchad, corcho!

Y en segundo lugar, ¡ta-ta-chan!, ¡cambio de diseño del blog!

A principios de enero ya aligeré la barra lateral y también toqueteé las pestañas de la parte superior del blog. Ahora he completado esa metamorfosis con una nueva e ideal cabecera de Miguel Roselló que, de algún modo, intenta darle sentido a un nombre que elegí sin reflexionar cuando empecé a escribir en internet hace ocho o nueve años. (En mi defensa diré que no me imaginaba utilizando el mismo seudónimo tanto tiempo después. De hecho, pensaba que a los treinta estaría viviendo en la Luna con un harén de amazonas selenitas satisfaciendo todos mis deseos y tendría mejores formas de pasar el tiempo que escribiendo estupideces en un estúpido blog.)

Entiendo que podáis echar de menos a Óscar el Gruñón, cuya imagen nos ha acompañado durante tanto tiempo; pero espero que comprendáis que en algún momento tenía que abandonar al simpático muñeco de felpa de Barrio Sésamo y buscar una identidad propia por la que Sesame Workshop y The Jim Henson Company no pudieran demandarme.

Por último, también he aumentado el ancho de las entradas a 600 píxeles y aplicado un tamaño de fuente que hará creer al  lector medio del blog que su miopía y astigmatismo han mejorado. Como inconveniente, habrá algún artículo en el que las imágenes estén descuadradas, pero deberían ser la minoría y me importa un pimiento.

Espero que con estos cambios y vuestro apoyo incondicional no remunerado, el blog dure al menos otros cinco años más. A los diez son las bodas de aluminio, y con papel de aluminio se envuelven los bocatas cuando uno va de excursión. Ese ya es otro cantar.

31 de enero de 2016

'Dragones Negros', de Claudio Vosco

Si os gusta la fantasía heroica del tipo "bárbaros, elfos, enanos y magos" pero con poco hincapié en los magos, estáis de enhorabuena, porque hoy os voy a hablar de un libro que os va a encantar. Y aunque vuestras preferencias signifiquen que no estáis en la onda y que probablemente seáis tan viejos que incluso recordéis un tiempo en el que no existían las redes sociales y conectarse a internet hacía más ruido que una caja llena de grillos, no borréis esa sonrisa de vuestra cara.

¿Qué más da que ahora los aficionados al género fantástico solo lean a Martin, Sanderson, Rothfuss, Abercrombie y a sus menos aclamados imitadores? ¿Acaso pueden deciros ellos lo que os tiene que gustar o dejar de gustar? ¿Es que no existen distintos subgéneros de ficción fantástica, todos igualmente válidos? Por supuesto que sí, y por eso, nadie debería hablar de las "dragonadas" de forma peyorativa, no generalizando al menos.

Cada cual lee lo que le gusta, y a veces a uno le apetece enfrascarse en un mundo de complejos conflictos políticos y sólidos entramados familiares mientras finge que es capaz de memorizar miles de nombres, y otras veces prefiere leer una aventura fresca y sin complicaciones que le haga rememorar aquellos tiempos más sencillos en los que Tasslehoff Burrfoot era el personaje más divertido del género fantástico.

Aquí es precisamente donde entra Dragones Negros, la primera novela de Claudio Vosco, un autor cartaginense afincado en "un refugio campestre de localización desconocida" que, al igual que yo, ha decidido compartir sus frutos literarios en internet por el módico precio de cero euros. ¿Una buena novela fantástica gratis? ¡Como lo oís! Eso sí, a diferencia de un servidor, él ha conseguido escribir una novela auténtica y completa, y no un revoltijo surrealista cuya segunda parte está indefinidamente aplazada.

25 de enero de 2016

Entrevista en Librojuegos.org

Si a principios de enero aún estabais disfrutando de los últimos coletazos de la Navidad, combatiendo la resaca de Nochevieja o vaciando el estómago de mazapán y turrón para hacer hueco al roscón de Reyes, quizá se os pasó por alto que a finales de 2015 escribí un librojuego y que el 2 de enero lo publiqué en internet. Gratis. ¡Totalmente gratis! No sé por qué no lo habéis leído todavía.

Los chicos de Librojuegos.org (abajo en la imagen, terriblemente preocupados) tuvieron la amabilidad de escribir una reseña de El archibrujo pirujo de la Montaña de Orujo, y hace poco volvieron a contactar conmigo para que respondiera a algunas preguntas. Afortunadamente ninguna estaba relacionada con la misteriosa desaparición de palomas en mi barrio. Hoy podéis leer la entrevista que me hicieron aquí.

-¿Quién contactó con ese subnormal?

También quiero aprovechar esta ocasión para recordaros que queda muy poco para el quinto aniversario del blog. Y este año habrá algunos cambios. CAMBIOS IMPORTANTES.

No, en realidad no son importantes. Pero os tengo reservada una pequeña sorpresa; una nadería si la comparamos con el libro que ya os he regalado y del que, a pesar de las mil visitas que tiene, apenas he recibido diez comentarios. So ingratos.

Mientras tanto, podéis ir pensando en qué regalos vais a hacerme vosotros. La Batcueva de Lego del Batman de Adam West se me antoja ideal, pero me conformaría con que dejaseis de pedirme que repase episodios de Marmalade Boy por San Valentín.

17 de enero de 2016

Los odiosos ocho


"Bang bang, he shot me down.
Bang bang, I hit the ground".


Los odiosos ocho (The Hateful Eight en inglés, y Омерзи́тельная восьмёрка en ruso) es la octava película de Quentin Tarantino, el único director y guionista que trolea a su reparto con un consolador gigante llamado "Big Jerry" cuando lo sorprende echando una cabezadita en mitad del rodaje. La película supone la segunda aportación de Tarantino al género western, para el que ya demostró estar a la altura de los Leone, los Corbucci, los Valerii y los Tortellini del celuloide italiano con Django desencadenado, que logró sorprender y cautivar a crítica y público por igual (o al menos a la parte de la crítica y el público a la que la violencia excesiva no le provoca náuseas ni pone el grito en el cielo cada vez que oye la palabra nigger).

Sin embargo, si descontamos la inconfundible impronta personal del cineasta tennesiano, Los odiosos ocho tiene poco o nada que ver con el colorido filme que protagonizaron los Electro y Blofeld de Tierra-18. Es más, esta película ni siquiera reúne todos los elementos que solemos asociar al western tradicional, como los cielos rojos de atardecer, el polvo y los matojos, o los planos de posaderas equinas; y aunque la historia tiene lugar en el lejano y salvaje Oeste, está mucho más próxima al género detectivesco, con una trama que, al menos hasta la llegada del último y apoteósico acto, se desenvuelve de la misma forma que una película de suspense.

Y ahora dejadme que os explique por qué salí entusiasmado del cine en menos de 1.500 palabras y sin destriparos nada. Prometo que no tuvo que ver con sustancias estimulantes que no fueran cafeína.

9 de enero de 2016

Geralt de Rivia: La sangre de los elfos

Hasta hace poco me quejaba de que los dos primeros libros de la saga del brujo fueran una recopilación de relatos cortos en lugar de un tocho épico con el que se me quemasen las pestañas de tanto leer y que narrase una única y gran historia en la tradición de las grandes novelas del género de fantasía, como El señor de los anillos, Juego de Tronos, La primera ley, o los libros de Teo.

Sin embargo, ahora que por fin tengo lo que quería y he llegado al primer libro de la saga que se centra en una misma historia, no sé qué pensar.

Bueno, obviamente sé qué pensar, o de lo contrario, no estaría escribiendo esta reseña; pero esa es mi forma de decir que meh, que ni fu ni fa, que preferiría haber dedicado mi tiempo a leer la nueva serie de cómics del Doctor Extraño o a ver la segunda temporada de BoJack Horseman en Netflix.

Probablemente si me tomase esta novela como parte de una saga más grande, que es lo que es, y terminase de leerme la historia completa, mi opinión cambiaría a mejor; pero de momento me ha dejado frío.

2 de enero de 2016

'El archibrujo pirujo de la Montaña de Orujo', un librojuego del Tipo de la Brocha

Los que me seguís en Twitter y hacéis el esfuerzo de buscar y leer mis esporádicos tweets en vuestro interminable timeline ya sabíais que en el último mes y medio he escrito una parodia de un librojuego. Lo que no sabíais, porque me lo tenía muy callado, es que el librojuego en cuestión era El hechicero de la Montaña de Fuego, el primer número de la serie Lucha Ficción, con el que muchos se iniciaron en el mundillo de los libros de rol allá por la década de 1980.

Aunque os parecerá un fastidio, mi parodia solo abarca la primera mitad de la obra original, esto es, hasta el momento en el que el anónimo aventurero al que encarna el lector cruza el río que atraviesa el interior de la Montaña de Fuego. Sin embargo, tengo una buena explicación para ello. En primer lugar, no necesitaba llegar más lejos, porque el motivo por el que he escrito esta parodia ha sido para comprender mejor los entresijos de los librojuegos, por si algún día tengo tiempo y me entran ganas de escribir uno; y en segundo lugar, me daba mucha pereza terminar de escribirla. Aun así, son más de 100 páginas y casi 25.000 palabras que digerir. Y sin dibujitos.