9 de octubre de 2016

Superman: La maldición de Banshee

A diferencia de Jerry Seinfeld, no soy muy fan de Superman. Y la culpa no la tienen Zack Snyder ni su deprimente y glorificado Hombre de Acero. Me gustan las dos primeras películas de Richard Donner, me encanta el crossover con Spider-Man de 1978, y tengo cuatro o cinco cómics de Superman muy buenos (y uno de ellos no es La caída de Camelot); pero nunca he seguido la serie regular durante mucho tiempo ni veréis figuras de Superman decorando mis estanterías. De hecho, el único muñeco de Superman que he tenido pertenecía a la colección Super Powers y perdió la capa, los brazos y buena parte de la pintura en menos de una semana. No sé por qué lo maltraté de esa manera, pero voy a pensar que el muñeco no me entusiasmaba. Además,en mi casa nunca fue rival para Skeletor ni los Decepticons.

El único momento de mi infancia en el que sentí genuino interés por los cómics de Superman fue cuando DC puso a John Byrne al cargo de la colección, permitiéndole reinventar al Hombre de Acero a su gusto tras el prodigio incomprensible conocido como Crisis en Tierras infinitas.

Aunque cuando era un crío no prestaba ninguna atención a quién escribía o dibujaba qué cómic, sí que reconocía el estilo de Byrne y, sin ponerle nombre, sabía que era el mismo dibujante de la colección de los 4 Fantásticos que tanto me gustaba.

La consecuencia inmediata de mi fijación con Byrne fue que acabé comprándome, o, mejor dicho, dando la brasa a mis padres para que me compraran, un par de tomos recopilatorios de Superman y varios cómics de grapa sueltos, todos ellos publicados por Ediciones Zinco. Aproximadamente veinte años después, ya sin necesidad de malgastar más fondos que los propios, me compré toda la colección del Superman de John Byrne, reeditada por ECC. Y aunque os parezca mentira, os aseguro que toda esta historia está a punto de llegar a alguna parte.

Ahí va un dinero que podría haber invertido en alguna figura de Batman de Hot Toys donado a la beneficencia.

Después de terminar de leerme la colección de Byrne, eché en falta un número en el que Superman viajaba a Irlanda para enfrentarse a Silver Banshee y que, en su día, había leído en formato grapa. Byrne no era el autor de ese número, pero el dibujante también tenía un estilo muy característico y guardaba un buen recuerdo de él, así que hice una de las cosas que más me gusta cuando preparo una entrada para el blog: ¡investigar! Es como hurgar en la basura, pero sin ensuciarse las manos ni arrugar la nariz para contener las arcadas.

Repasando las portadas de la colección de Superman en internet, no tardé en localizar el cómic en cuestión y, tirando del hilo, descubrí que Ediciones Zinco lo publicó en su día como un especial de verano (nada dice verano como un islote irlandés maldito y envuelto en la niebla). El guión corría a cargo de Roger Stern, autor de muchas de las historietas de los Vengadores y de Spider-Man, y el dibujante que de crío me había llamado la atención era el grandísimo Mike Mignola, aún lejos de la fama que le traería Hellboy, pero ya apuntando maneras.

Especial verano. ¿Por qué no?

John Byrne creó a Silver Banshee para el número 595 de Action Comics, enfrentándola en su debut al Hombre de Acero, una pelea que, aunque pueda parecer lo contrario, no es como cuando un luchador de la WWE se enfrenta a uno de la UFC. Aparte de volar y poseer "la fuerza y la velocidad de diez hombres" (aunque diez hombres no corren más que uno y hay incluso más posibilidades de que tropiecen), Silver Banshee tiene unas cuerdas vocales que ni la vocalista de Warlock, y sus aullidos sónicos dejan a cualquiera que no sea un superhombre kryptoniano más seco y mustio que una manzana deshidratada.

Para crear al personaje, Byrne se inspiró en la mitología irlandesa, en la que el término banshee hace referencia al espíritu errante de una mujer cuyo lamento suele asociarse a la muerte inminente de un familiar. Es como una de esas páginas de internet que pueden predecir cuándo vas a morir, solo que más sexy e imprecisa.

Primer dibujo de Silver Banshee. Puro heavy metal.

Silver Banshee llegó a Metrópolis en busca de un libro antiguo y sembró terror, muerte y sensualidad fantasmal a su paso. Superman, convencido de su invulnerabilidad, se enfrentó a ella y acabó aparentemente muerto. Luego resultó que solo estaba medio muerto, y, con la ayuda del Detective Marciano, derrotó a Banshee (por si os interesa conocer los detalles, el Detective Marciano se hizo pasar por el fantasma de Superman, y Banshee no puede matar a un hombre al que cree que ya ha matado, que es la debilidad más rebuscada que he leído en mi vida).

Sin embargo, Silver Banshee no cejó en su intento de recuperar aquel misterioso libro y realizó un nuevo tour por las librerías de Metrópolis, aullando a diestro y siniestro y dejando tras ella una nueva ristra de cadáveres momificados. En esta segunda aparición, conocimos también a su hermano, Bevan McDougal, un hombretón recio y melenudo, de gran mostacho, que buscaba a Banshee para castigarla por romper el ritual sagrado y ancestral del clan McDougal. ¿Estropeó tal vez el tradicional estofado de cordero y verdura? Quién sabe. En esta historieta no aprendimos mucho más de ellos, y antes de que Superman hiciera algo de provecho, los hermanos se esfumaron sin dejar rastro.

Y esto nos lleva al momento en el que Perry White, editor jefe del Daily Planet, manda a Lois Lane y Jimmy Olsen al castillo Broen, hogar ancestral del clan McDougal, para investigar sobre los orígenes de Silver Banshee. Era eso o entrevistarse con un tipo de Maysville, Kentucky, que juraba haber visto a Elvis en una cafetería.

El Superman de Byrne solía acabar hecho un estropajo.

La historieta comienza con Clark Kent llegando a su apartamento y encontrándose de bruces con Batman. No creo que un reportero estrella, y menos un reportero estrella que lleva una doble vida como superhéroe, tenga horarios fijos de llegada a casa, así que no puedo evitar preguntarme cuánto tiempo lleva Batman esperando delante de la puerta a que Clark llegue. ¿Una hora? ¿Tal vez tres?

La teatralidad forma parte de la imagen de Batman desde el día en que decidió que perseguir criminales disfrazado de murciélago era una buena idea, pero todo tiene un límite. ¿No podía simplemente dejarle una nota y quedar en la azotea? Además, ¿y si resulta que nada más cruzar la puerta de su piso, Clark suelta una tralla de superpedos que ha estado aguantándose todo el día? ¿Os imagináis qué corte? No hace falta ser el mejor detective del mundo para saber si Clark ha comido coliflor.

¡Lleva un jersey naranja debajo de una chaqueta azul! ¡Hipster!

Batman entrega a Clark un libro viejo y voluminoso, informándole de que lo encontró en una tienda de Gotham especializada en objetos de arte y libros raros, supongo que mientras buscaba números atrasados de Esther y su mundo para Robin.

La mayor parte del libro está escrito en gaélico (lo sé porque tiene más haches que cachivaches el cinturón de Batman), pero hacia el final está en inglés, aunque lo realmente sorprendente es que en sus últimas páginas se relata la reciente confrontación de Superman y Silver Banshee, con ilustraciones estilo bajo medievo incluidas.

"¡Pero el papel... la impresión parece vieja!", exclama Clark, atónito.

Pues eso no es nada. ¡En la última página ahora hay un dibujo de Batman entregando el libro a Superman! Clark piensa que es un truco del Murciélago, que no tiene nada mejor que hacer que falsificar libros viejos; pero Batman está igual de desconcertado que él y le asegura que hace un momento esa hoja ni siquiera existía. ¡Es como el libro de La historia interminable! ¡Tiene updates automáticos!

Qué monos salimos los dos.

Batman ya tiene bastante carga de trabajo en Gotham por culpa de su deficiente sistema penal y las cárceles de mínima seguridad, así que deja a Clark con el marrón.

"¡Esto es un trabajo para Superman!", reconoce Clark, recurriendo a una línea casi más anticuada que el libro que sostiene.

Al tiempo que se desabotona enérgicamente la camisa (debería pasarse al velcro), se da cuenta de que en el libro ya hay otra página nueva que muestra a sus amigos Lois Lane y Jimmy Olsen dirigiéndose al castillo Broen. ¿Cómo?, ¿se van de vacaciones y no le han avisado? ¡Esto es un trabajo para Superman!

No me preguntéis por todos esos papelajos que vuelan por ahí. Son decorativos.

Un viejo marinero apellidado O'Connor (O'Malley también me hubiera valido) lleva en su bote a Lois y Jimmy hasta la Isla Negra, una isla embrujada por un monstruo que vive entre las ruinas del castillo de Ben More, un monstruo tan horrible que jamás ha vuelto nadie de allí; devora a todos los que tienen la temeridad de aventurarse a ir a la isla. Algunas veces, cuando más oscura es la noche y sopla el viento, se le oye hacer un ruido infernal...

♪ Por el amor de una mujer
jugué con fuego sin saber
que era yo quien me quemaba ♪

Uy, me equivoqué de tebeo.

Esta es la imagen que quería poner:

Imagino que el capitán quiere decir miles de años, no generaciones, salvo que el primer McDougal conviviera con neandertales.

Dentro del ruinoso castillo, Seamus McDougal, jefe del clan McDougal, regaña a su hercúleo sobrino Bevan por no haber sido capaz de parar los pies a su hermana Siobhan en Metrópolis y encima haberse gastado una fortuna en el viaje. ¿De verdad hacía falta pasar una semana en Disney World y ver el musical de Macbeth en Broadway?

Lois y Jimmy llaman a la puerta y Bevan los captura en daca las pajas.

"Acabo de encontrar a estos dos intrusos en la puerta principal, tío Seamus", dice el gigante. El concepto de intrusos no acaba de encajar con el de gente que llama educadamente a la puerta, pero no voy a discutir con un hombre del tamaño de un gorila al que no le da corte llevar falda.

Lois se identifica como periodista del Daily Planet y explica que han venido para hacerles preguntas inoportunas sobre Silver Banshee y tacharles de palurdos supersticiosos ante los millones de lectores de su periódico. Seamus le responde que las banshee no son más que paparruchas, como el monstruo del Lago Ness o los depósitos con rentabilidad superior al 4,00% TAE, pero Jimmy no se rinde fácilmente.

"Esta banshee no es ningún mito. ¡Mató a varias personas en los Estados Unidos buscando un libro procedente de este castillo!", protesta el chaval. "Y además su sobrino encaja con la descripción del hombre que me tumbó en el último enfrentamiento de Superman con Silver Banshee en el número 17 de Superman (volumen 2), publicado en mayo de 1988".

Seamus apunta al listillo con una pistola. "Ya sabes más de lo conveniente, chico", dice.

Bevan debería empezar a trabajar esas piernas en el gimnasio.

Superman sobrevuela el tempestuoso océano Atlántico, alegrándose de la barbaridad que ahorra en billetes de avión, cuando de pronto le cae un rayo encima y lo deja turulato pese a su cacareada invulnerabilidad, haciéndole perder la bolsa de viaje en la que llevaba el libro del clan McDougal, que se precipita hacia un torbellino la mar de inoportuno.

Raudo como una gacela con jetpack, el Hombre de Acero se lanza en picado a por la bolsa. En ese instante, el torbellino se abre para revelar una inmensa aparición espectral de la cabeza de Silver Banshe, cuyas espinillas deben de ser del tamaño de bolas de golf.

"¡Dame el libro! ¡Si me obligas a arrebatártelo, lo haré!", grita la bruja.

Superman le dice que naranjas de la China y lucha contra la mar embravecida, sobreviviendo a duras penas pero recuperando el libro, que por suerte es impermeable y resistente a los rayos. Alzado invicto sobre la roca que años más tarde protagonizaría el corto de Pixar titulado Lava, el Hombre de Acero Inoxidable desafía a su implacable enemiga. Se quedará con el libro al menos hasta que ella pague por sus asesinatos o descubra cuánto podrían pagar por él si lo subastase en Sotheby's.

-¡Dijimos que nada de aguadillas!

Bevan McDougal carga con Lois y Jimmy como si fueran dos sacos de patatas y los baja a una gruta subterránea, en la que el tío Seamus, que tiene la lengua suelta después de haber bebido varias pintas en el pub con sus amigos McManus y O'Callaghan, les cuenta la historia de los McDougal: cómo hace miles de "generaciones" conquistaron a las fuerzas ultraterrenales que habitaban estas tierras y echaron a todos los testigos de Jehová y carteros comerciales que las rondaban, cómo han mantenido la línea sanguínea pura mediante el incesto y la endogamia, y cómo se sacaron un ritual de la manga para que cada primogénito demostrase ser digno del apellido McDougal.

Siobhan, les revela, era la primogénita de su difunto hermano Garret y un día se marchó a ver mundo en plan mochilera para luego regresar con un montón de ideas tontas en la cabeza, como, por ejemplo, que una mujer podía ser la jefa del clan McDougal. ¿Una mujer? ¡Ja! El lugar de una mujer está en casa aguantando sin rechistar las somantas de palos de su marido alcohólico. Sin embargo, pese a que Seamus la mandó a freír espárragos, Siobhan llevó a cabo el ritual igualmente y los espíritus la maldijeron.

"¡Mentiras!", aúlla desde alguna parte Silver Banshee.

Bevan se hace pis en sus calzones a cuadros escoceses, pero el tío Seamus no está preocupado y le ordena que encadene a Lois y Jimmy a una roca para que experimenten la maldición de los McDougal en sus carnes. Los turistas se pirran por estas supercherías pintorescas.

¿Esto va a ser como lo de Andrómeda y el monstruo marino?

De golpe y porrazo, el suelo de piedra se resquebraja y empieza a derrumbarse alrededor del grupo, dejando aislados a Seamus y a su sobrino sobre un precario pilar de roca. La espectral Silver Banshee asciende desde la oscura sima y acusa a su tío de utilizar a Bevan para privarle de su derecho de nacimiento y de haber vendido los libros de su padre en el mercadillo a precio de saldo.

Antes de que Banshee pueda retorcer el pescuezo a su tío, Superman entra en escena atravesando una pared de roca sólida, lo cual no creo que ayude a mejorar las estabilidad estructural de la ya de por sí inestable gruta, por espectacular que resulte.

Superman, me das miedo.

Banshee, que tampoco es manca, ataca al Hombre de Acero a grito pelado, pero el libro de la granja de MacDonald contiene poderosos hechizos que le protegen de cualquier berrido y ni siquiera la voz del difunto James Dio haría mella en él ahora.

De lo que el libro no protege a Superman es del frío acero del hacha ceremonial con la que Bevan le atraviesa el brazo de lado a lado. Recordad que el Hombre de Acero tiene tres grandes debilidades: la kryptonita, los pastelitos de chocolate y naranja, y la magia, que en la gruta del clan McDougal flota en el aire en forma de fuerzas místicas ancestrales y olor a naftalina.

Superman aprieta los dientes, convenciéndose de que el dolor solo está en su cabeza y no en las terminaciones nerviosas de la masa de carne y tendones desgarrados que rodean el agujero de su brazo, y arroja a Banshee contra su hermano Bevan.

¿Wunk? Ay.

Aprovechando este breve respiro, Superman libera a Lois y a Jimmy y les dice que pongan los pies en polvorosa mientras él termina este trabajo.

Banshee no tarda ni un minuto en contraatacar y, cambiando de estrategia, dirige su aullido sónico contra la propia gruta, provocando que un montón de pedruscos se desplomen sobre el Hombre de Acero.

"¡Necesito el libro para estar libre de la maldición!", chilla Banshee, llorando. "No sabes por lo que he pasado".

Tiene gracia que se lo diga precisamente al tipo al que en apenas diez páginas han fulminado con un rayo, ahogado en el océano Atlántico, atravesado el brazo con un hacha y enterrado bajo varias toneladas de roca.

Superman, que empieza a estar frito, le dice que sabe exactamente por lo que ha pasado porque de camino hacia aquí se ha entretenido leyendo el libro de marras, o al menos ha ojeado las partes con dibujitos. Por lo tanto, sabe que su hermano la distrajo poniendo caras graciosas durante el ritual para que fracasase, que esto mosqueó a los espíritus y provocó que la arrastrarán a un abismo infernal, y que allí una arpía le dio la oportunidad de salvarse si traía de vuelta el libro, otorgándole los poderes y la espectacular melena de Silver Banshee. ¡Pero ninguna tragedia disculpa los asesinatos que ha cometido! Eso solo vale para los antihéroes que fueron miembros de los marines estadounidenses, como el Castigador. Y este ni siquiera es un personaje de DC.

Superman, supersermoneando mientras se desangra.

En ese momento, una vieja reseca surge de la nada, levitando en el aire, y da la razón a Superman. Se trata de la arpía que dio sus poderes a Siobhan, a la que dice que, al demostrar arrogancia y desprecio hacia sus semejantes, ha fracasado en su búsqueda.

La arpía convierte el libro en polvo con un gesto de su mano y Banshee grita "¡¡¡NO!!!". Los tres pares de signos de exclamación son una muestra evidente de su desesperación. Además, le salen gratis.

Superman le dice a la arpía que si no le hubiera dado a Banshee sus poderes, quizá esta no se hubiera liado a matar a la gente; pero la arpía contesta con evasivas y le suelta una chapa tremenda sobre la grandeza, los vicios humanos y los descuentos de la Teletienda. Y después, para demostrar quién tiene razón, vuela la isla por los aires, que es lo que yo llamo un argumento de peso.

El único libro bueno es el libro muerto.

Tras la explosión, Lois y Jimmy rescatan a Superman del agua y lo suben al bote de O'Connor. Sus heridas se han curado y además se ha quedado un día estupendo.

Pero, ¿qué ha sido de Banshee y los McDougal? La arpía se aparece en las nubes cual rey Mufasa y les dice que ya no volverán a darles la lata nunca más. Y por "nunca más" voy a suponer que quiere decir hasta que a algún guionista se le agoten las ideas y decida rescatar a esta supervillana del olvido.

Fin.

-Superman, ¿qué fue eso? ¿Superman? ¿Superman?
-*Sigh* Necesito una birra.

7 comentarios

  1. Buena reseña.
    Por cierto, el parrafo:
    "En ese momento, una vieja reseca surge de la nada, levitando en el aire, y da la razón a Superman. Se trata de la arpía que dio sus poderes a Siobhan, a la que dice que, al demostrar arrogancia y desprecio hacia sus semejantes, ha fracasado en su búsqueda."

    Parece una metafora del feeminismo de la igualdad mandando a la mierda el hembrismo actual.
    Algo como Cristina Hoff Summers mandando a la mierda a Betty Gimeno, alabemos la veeeeerdadera igualdad.

    Por cierto vaya chunga que es la versión femeenina DC de Bahnsheee de la patrulleja X, aunque la verdad es más parecida a la mitología.
    En otro orden de cosas que me place ver que se diversifica usted Mr Brocha.

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  2. Yo tengo la etapa de Byrne en el coleccionable que saco Planeta y a ver si algun dia me pillo el de Hijo Rojo.

    Respecto al comic me hace gracia la idea de Batman esperando tranquilamente en el apartamento o mirando varias librerias.

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  3. El Superman de Byrne es la mejor encarnación del personaje, sólo los poderes más conocidos, no tan potentes como para hacerle invencible y sin chorradas como el superventrilocuismo.

    Releyendo la historia de Silver Banshee me hace pensar que Pixar se inspiró en ella para hacer Brave y estoy casi seguro de que la arpía es la misma vieja que convirtió a un huérfano de 11 años en una bestia y a sus sirvientes en objetos vivientes por no dejar entrar a una desconocida en su casa.

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  4. OLGERD VLADISLAV: Este blog está diversificado en exceso. Debería centrarme en dos temas máximo por año.

    Vladek: Llevo tiempo pensando en comprar Hijo rojo. Seguro que es un cómic excelente... para un SUCIO COMUNISTA.

    Anonimatus: ¿Y si creamos la primer asociación de fans del Superman de Byrne que tampoco son tan fans, pero oye, que si se queda y se sirve cerveza y cacahuetes, genial?

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  5. Curiosa historia de Superman. Siempre lo imagino enfrentándose a Robot, villanos megalomaniacos y alienigenas, nunca lo imaginé verlo enfrentado con una criatura de la mitología irlandesa. No se, me parece un poco extraño, mas propio de una historia de Constantine o la Cosa del Pantano. Pero aun así, resulta una historia bastante curiosa.

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  6. Amigo brocha, mi interés por Superman es similar al de usted salvo por el hecho en que no me compré la era de Byrne en sus diferentes formatos ya que cada vez que me entraban (o entran, hace un par de meses al escuchar un podcast del kriptoniano) ganas de comprarlo, lo ojeo, y se me quitan las ganas...

    Superman y yo nunca seremos (super) amigos.

    Yo me quedo con esta cita:
    "una pelea que, aunque pueda parecer lo contrario, no es como cuando un luchador de la WWE se enfrenta a uno de la UFC"
    Veo que también viste a CM Punk ser apalizado en 2 minutos.

    Y sin más, me despido hasta el siguiente artículo del especial Halloween.

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  7. Joakin Martinez Rodriguez: The Swamp Thing for president. Adoro a esa criatura.

    Doctor Müller: ¿Cómo se te pueden quitar las ganad después de ojearlo? Es como tener antojo de tarta, ver una tarta con una pinta deliciosa en un escaparate y no comprarla. Inconcebible.

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