20 de noviembre de 2016

Thundarr el Bárbaro: El secreto de la Perla Negra


Entre las décadas de los sesenta y ochenta, la animación del estudio de Hanna-Barbera se caracterizaba por dos cosas: por entretener a los niños llevando a sus televisores risas e ilusión, y por ser una cagarruta de paloma producida con cuatro perras gordas.

Thundarr el Bárbaro, que se emitió entre 1980 y 1982, ni siquiera era una serie de Hanna-Barbera, sino de su hija bastarda, Ruby-Spears, fundada por los creadores de Scooby-Doo después de mandar a freír espárragos a su compañía madre.

Aunque el mayor logro que Joe Ruby y Ken Spears alcanzaron bajo su propio sello probablemente fuera producir dieciocho episodios de una serie protagonizada por un cubo de Rubik, se suele decir que su mejor producto fue Thundarr el Bárbaro, que se distanciaba de los patrones de los dibujos animados de la época mezclando con acierto elementos de un popurrí de fuentes de lo más variopintas (desde los libros de Conan el Bárbaro de Robert E. Howard, hasta los cómics de Flash Gordon, pasando por la película de La guerra de las galaxias), para crear una distopía futurista fuera de lo común y de gran atractivo para los aficionados a los géneros de espada y brujería y de ciencia ficción..., al menos en concepto.

La introducción de cada episodio nos cuenta todo lo que necesitamos saber sobre la serie: en el año superfuturista de 1994, el universo nos marcó un golazo colando un cometa entre la Tierra y la Luna. El cometa, que según la versión original era un planeta despistado, pasó tan rápido que partió la Luna en dos y también arrastró la atmósfera de la Tierra a su paso, provocando así lo que el narrador denomina una "destrucción cósmica": maremotos, terremotos, alborotos, Mr. Roboto... Un desmadre.

¿Quién iba a pensar que el mundo se iría al garete en 1994? Desde luego para los niños que vieran la en 1989 en sus televisores con carcasa de madera y diales para cambiar de canal, debió de ser un palo imaginar que solo les quedaban catorce años de vida para convertirse en astronautas o alcanzar el primer puesto en el marcador de la recreativa de Pac-Man. Un crío no merece vivir con semejante presión.

En comparación con el fin del mundo, quizá el estreno de ¡Vaya Santa Claus! no fue tan malo.

La cosa se puso tan apocalíptica que hasta dos mil años después no volvieron a surgir formas de vida en la Tierra, muchas de ellas extrañas y malévolas: hombres lobo que adoran los primerísimos primeros planos, hechiceros con guantes de fregar que invocan lagartijas gigantes con alas, tipos bipolares con dos caras que no copiaron de ningún villano de DC... La repera.

-Ummm... Creo que le llamaré Lupita.

En este futuro desolador, un esclavo se libera de sus cadenas para luchar contra la opresión, la maldad y los pantalones ajustados. Él es... ¡Thundarr el Bárbaro! Empuñando su "fabulosa" Espada Solar, cuyo parecido con una espada de luzTM es pura coincidencia, y acompañado de su fiel amigo Chewbacca el Wookie Ookla el Mok y de la princesa Ariel (no confundir con la sirenita del mismo nombre), nuestro héroe recorre la Tierra acudiendo en auxilio de los inocentes, los indefensos, los débiles... Vamos, como Michael Knigh, pero en rubio y sin coche fantástico ni chupa de cuero.

Presentando a He-Man Skywalker.

El primer episodio comienza con una panorámica que nos revela algunas huellas de la hecatombe sideral que aconteció cuatrocientos lustros atrás: edificios más ruinosos que el castro de la Campa Torres, aviones que aterrizaron como pudieron, un coche tan fuera de garantía que habría que desenterrarla de los estratos mesozoicos...

Sin embargo, la arqueología trae sin cuidado a los bárbaros analfabetos, las bestias humanoides que parecen un cruce entre el León Cobarde y Hulk Hogan, y las asiáticas vestidas como si fueran a participar en un vídeo de aeróbic de Jane Fonda. Por eso, el trío protagonista avanza a través de la jungla sin prestar atención a semejantes detalles, cabalgando velozmente a lomos de sus caballos y de lo que demonios sea que monta Ookla.

Es un caballo con pico de papagayo y ojos de cocodrilo. Le llamaré Cabagayodrilo.

De momento, no se sabe muy bien si nuestros héroes están huyendo de algún enemigo (mutantes albinos o simios armados con rifles quizás), o si, por el contrario, son ellos los que persiguen a alguien, porque lo único que dice Thundarr es que "los magos" no esperarán que cabalguen toda la noche. La princesa Ariel replica que las prisas son malas consejeras, sobre todo si estás atravesando una jungla en la que en cualquier momento pueden asaltarte "bestias devoradoras de hombres". Empiezo a observar que la serie es muy imprecisa, porque tampoco se aclara si la amazona asiática habla de bestias devoradoras de hombres en general, lo que incluiría a la clásica cougar, o de las bestias devoradoras de hombres de esta particular distopía futurista, que seguramente tengan más tentáculos que las anteriores. En cualquier caso, promete ser una noche interesante.

Thundarr no da importancia a la advertencia de su compañera, porque, ¿qué sabrá una delicada mujer con 4d6 de hechicería de los peligros que acechan en la jungla?, demostrando lo equivocado que está cuando, solo un segundo después, el doble del Ymir de A 20 millones de millas de la Tierra salta de entre la maleza y se abalanza sobre ellos gruñendo y agitando los brazos descompasadamente.

Por suerte para nuestros héroes, ningún estudio puede animar grandes peleas con las vueltas del café, así que la confrontación se reduce a Ookla rugiendo y flexionando sus poderosos músculos para espantar al monstruo.

Lo único que quería era preguntar la hora.

El primo de Zumosol de la criatura de la Laguna Negra apenas ha tenido tiempo de huir con el rabo entre las piernas cuando un grito de socorro alerta a nuestros héroes. Sin dudar ni un instante, Thundarr dirige su caballo al lugar del que proviene la llamada de auxilio seguido de sus compañeros, porque un bárbaro no conoce el miedo (tampoco conoce el desodorante, la chaquetas de punto ni los préstamos con garantía hipotecaria; pero, ¿a quién le importa todo eso en el año 3994?).

Sin saber aún a qué clase de peligro van a enfrentarse, Thundarr despega la empuñadura de la famosa Espada Solar de su brazalete como si fuera un imán de nevera y la activa lanzando un grito de guerra, porque un bárbaro jamás se plantearía la posibilidad de resolver un entuerto sin clavar su espada en algo o alguien, o al menos sin zarandearla masculina y furiosamente.

El grito de socorro proviene de un anciano barbudo y harapiento al han acorralado unos hombres-rata armados con garrotes. En el episodio les llaman tritones, pero yo les llamaré hombres-rata porque llamarles tritones no tiene ni una pizca de sentido. Su líder, que tiene cara de rata camboyana, lleva capa y corona para distinguirse de sus súbditos, e incluso usa pantalones, un símbolo de poder y prestigio en estos tiempos incivilizados en los que lo único que suele separar las partes pudendas de uno de las de los demás es un piojoso taparrabos.

Todos los hombres-rata creen en el fitness.

El rey rata exige al viejo que le entregue "la Perla" a cambio de su vida, pero al hombre no le amedrenta la idea de que unos repulsivos hombres-rata lo arrastren a su madriguera y le muelan a garrotazos y le dice que ni hablar del pirulí.

El grito de guerra de Thundarr, que suena como si se hubiera pillado el prepucio con la cremallera, interrumpe la discusión, helando la sangre de los malvados roedores.

Y así comienza un combate entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, con el destino de un carcamal que sabe no sé qué de una perla en juego. Sin preocuparse de si infringe o no los derechos de copyrigh de Lucasfilm Entertainment Company Ltd., Thundarr blande su Espada Solar para mantener a raya a los hombres-rata. Ariel tampoco se pierde la diversión y, con un movimiento de manos rudamente animado, hace llover bolas de energía sobre sus enemigos. Ookla el Mok, por su parte, levanta en volandas a un par de hombres-rata y los devuelve a su madriguera lanzándolos como si fueran ropa sucia.

Ante esta demostración de poder, a los roedores no les queda más remedio que huir hacia su escondrijo con el rabo entre las piernas.

¡Lucha libre mexicana en el año 3994!

En agradecimiento por su ayuda, el viejo muestra a nuestros héroes la Perla de la que hablaba el rey rata. Efectivamente, es una perla y es negra, así que llamarla de Perla Negra parece bastante acertado, aunque quizá un nombre más rimbombante y original multiplicaría su misticismo. Mis sugerencias son: la Perla del Maestro Inmortal, el Aljófar del Mago Errante y el Testículo Perdido de Abaddon.

Según cuenta el anciano, la Perla Negra perteneció al siniestro mago Géminis y posee un "poder secreto". Espero que sea el poder secreto de que la trama avance, porque no tengo todo el día para comentar dibujos animados más viejos que yo. El anciano les dice que pretendía llevar la Perla hasta un asentamiento humano localizado en las ruinas de Manhattan, supuestamente porque es infalible para combatir a hechiceros mezquinos; pero ahora que ha encontrado a unos jóvenes valientes y vigorosos para que hagan el trabajo por él no duda en expresar lo débil que está.

Thundarr decide que su grupo tomará el relevo (tampoco es que tuvieran nada mejor que hacer), y el trío heroico se dirige a Manhat, que es como Manhattan pero con tres letras menos y hecho una ruina. Al viejo lo dejan tirado en la jungla después de que Ariel le lance un hechizo de recuperación. Seguro que el hechizo lo mantiene a salvo de las bestias devoradoras de hombres que tanto le preocupaban hace dos minutos.

La Perla Negra es un excremento de Mordisquitos.

En el cubil de los hombres-rata, el monarca ratonil, que ha espiado a nuestros amigos, utiliza un pozo mágico para contactar con Géminis, archienemigo de Thundarr y sus amigos, un mago de gesto amable que en el lado opuesto de la cabeza esconde una segunda cara con más mala gaita que un gallego cabreado. El diseño del personaje, sobre todo cuando se asoma su cara perversa recuerda al de Darkseid, el villano de DC, y no es una casualidad porque a ambos los creó el difunto Jack Kirby, que era tan bueno que podía copiarse a sí mismo y salir de rositas.

La verdad es que me sorprende que ninguna compañía de juguetes como Mattel o Jazwares sacase muñecos de Thundarr el Bárbaro en su día. Géminis hubiera sido una pasada de figura para los críos, con una cabeza que gira 180º para mostrar dos rostros distintos y un visor de plexiglás que se desliza sobre la cara que da la espalda.

Cuando el rey rata pone a Géminis al corriente de los últimos acontecimientos, el poderoso mago urge a su lacayo a que utilice las armas que les ha facilitado para recuperar la Perla Negra. Si no, los hombres-rata pagarán un "terrible precio". Ay, esta serie y su vaguedad...

El Skype del siglo XL.

De camino a Manhat, Ariel comparte sus temores acerca de la Perla Negra con Thundarr, al que llama Tóndar porque el doblaje mexicano era así de bueno:

"Dices que no dudas sobre el poder secreto de la Perla. ¿Por qué Géminis no viene tras ella personalmente? ¿Qué clase de peligro estamos llevando con nosotros?".

Thundarr no está por la labor de preocuparse con hipótesis, porque es un Hombre de Acción™ y solo teme a una cosa: que el taparrabos le apriete demasiado y perjudique su recuento de esperma.

"Cuando el peligro llegue, entonces le haremos frente", dice, y si esto deja a Ariel tranquila, a mí también.

Apuesto a que los dos usan el mismo suavizante para el pelo.

El trío de valientes se detiene al borde de un precipicio bajo el que se extiende un valle fangoso. En él se alzan los vestigios de la que en el pasado fue la orgullosa ciudad de Nueva York. Es el año 3994 y aun así las Torres Gemelas tienen mejor aspecto que ahora.

Ariel utiliza su magia para tender una rampa de energía hacia el valle. Thundarr, sin embargo, ha advertido un peligro acechándoles gracias a sus supersentidos de bárbaro, así que mientras sus compañeros avanzan, él se queda atrás con la esperanza de poder protagonizar  en solitario un momento épico.

La ocasión llega al instante cuando una horda motorizada de hombres-rata surge de la jungla disparando rayos láser con sus garrotes.

Bujías y Vincent: orígenes.

Thundarr desenvaina su Espada Solar y se dispone a combatir contra los hombres-rata y sus "córceles mecánicos".

"Seguramente hay más de cincuenta de ellos. Yo estaré bien", asegura con la confianza que solo dan la experiencia o un retraso mental severo.

Ariel se arrepiente de haber abandonado a su querido "Tóndar" e intenta volver con él, pero Ookla la retiene para mantenerla a salvo y, a pesar de sus quejas, la conduce hasta el valle junto a los caballos.

Después de todo, no es que Thundarr necesite ayuda, ya que derriba a cinco motorratones sin despeinarse antes de que el rey rata intervenga con furia animal. Tomando una decisión poco racional y muy discutible, Thundarr envaina su espada y se planta en posición de firmes esperando a su contrincante motorizado. Cuando el rey rata está a punto de arrollarlo, el bárbaro se hace a un lado y levanta un brazo sin inmutarse, agarrando al conductor por la capa y separándolo de su moto.

"La bestia mayor está acabada", se ríe. No es el comentario más ingenioso del día, pero Thundarr compensa su falta de ingenio con convicción y testosterona.

Sin más dilación, el bárbaro arroja al rey rata contra dos motorratones, derribándolos. Luego, tras este gran momento épico estropeado por una animación mediocre, salta por el precipicio, se agarra a una liana en plena caída libre y se balancea hasta su caballo. No se puede molar más.

-Te la he dado... con queso.

Géminis, que ha presenciado la escena desde su pozo mágico por satélite (los mejores contenidos por 15€/mes + IVA), decide tomar cartas en el asunto y reúne a sus caballeros para recuperar la Perla Negra.

"¡La Perla será mía de nuevo!", exclama como colofón a su predecible discurso de villano.

Alzando las manos en una pose dramática, Géminis lanza un hechizo que envuelve al infiel grupo en una nube de gas rojo. Tratándose de efectos especiales, no repara en gastos.

-Sigh. Ya nunca pasan nada bueno por el pozo mágico.

Ajenos a la amenaza que se cierne sobre ellos, nuestros héroes llegan a lo que queda de la Gran Manzana. Ariel ha leído sobre la civilización anterior al cataclismo en la biblioteca de su padre y explica a sus compañeros que los hombres de antaño vivían en estos rascacielos.

"Deben de haber tenido alas", dice Thundarr, dotado de la capacidad deductiva de tres camiones cargados de berenjenas.

El trío desciende al metro en busca de los humanos que viven en la ciudad. Bajo tierra, Thundarr se altera al ver un póster de la película Tiburón 9 y alza su Espada Solar ante el desafío que representa un trozo de papel pegado a la pared para su intelecto disminuido. Debo decir que el detalle del póster me parece curioso. Entre 1978 y 1987 se rodaron tres secuelas de Tiburón (Tiburón 2, Tiburón 3D y Tiburón, la venganza), así que en 1980, cuando se hizo la serie, no era descabellado pensar que para 1994 habrían llegado a la novena parte. Es una pena que al final la cosa se estancase y nos perdiéramos las que sin duda hubieran sido unas malísimas secuelas: Tiburón 5: Un nuevo comienzo, La muerte de tiburón, ¡Tiburón vive!, Tiburón 8: Espacio profundo...

Ariel trata de explicar a Thundarr el concepto de cine, pero le costaría menos enseñar algebra a un chimpancé que introducir ese concepto en la dura mollera de su compañero.

Regreso al futuro II predijo que Tiburón 19 se estrenaría en 2015. ¡Todo encaja!

Los gruñidos de Ookla al caer a la vía del tren devuelven a la pareja a la realidad y los tres continúan su recorrido por un túnel que escogen aparentemente al azar. Cualquiera con dos dedos de frente supondría que van a necesitar mucha suerte para encontrar a alguien en los 1.300 kilómetros de vías que recorren el subsuelo de la antigua Nueva York, pero esto es una serie de dibujos animados y Géminis y sus esbirros, que parecen sacados de una feria medieval, no tienen ningún problema para encontrarlos a ellos.

Uno de los malvados caballeros captura a Ariel por sorpresa, y cuando Thundarr y Ookla se vuelven para ayudarla, Géminis ya ha interpuesto una muralla mágica entre ellos y su compañera y les está disparando rayos omega por los ojos. El caballero se lleva a la princesa lejos de allí.

-Hola, guapa. ¿No te he visto en alguna cinta de aeróbic?

"¡Géminis!", exclama Thundarr, rabioso. Ah, ¿ya se conocían? Fenomenal, así nos ahorramos las presentaciones.

El hechicero exige a Thundarr que le entregue la Perla Negra si quiere volver a ver a la princesa, pero con ello presupone demasiada prudencia por parte del bárbaro y de su bestial amigo, que se lanzan al ataque sin pararse a pensar en las consecuencias. Géminis grita: "¡Tontoooo!" (así, con muchas oes) y dispara más rayos omega por los ojos, acertándoles de lleno. ¿Acabarán aquí sus aventuras? No, claro que no, no seáis idiotas.

Ookla se queda paralizado a media carrera (es uno de esos rayos), y Thundarr ni siquiera resulta afectado por el hechizo. En ese instante, el bárbaro comprende que la Perla Negra le protege de la magia. Lo cierto es que es una deducción sobresaliente para alguien que hace solo un minuto confundió el póster de un tiburón con un tiburón de verdad. Démosle un aplauso.

Géminis ve que tiene las de perder y se marcha con viento fresco mientras Thundarr, rabioso pero esperanzado, atiende a su peludo amigo.

"Si podemos hacer más de estas perlas, el reino de Géminis estará acabado", concluye el bárbaro.

Ookla gruñe una respuesta que podría significar: "Vete a tomar por saco, me duele la cabeza".

El pobre no gana para colirios.

Thundarr y Ookla regresan a la superficie para buscar a Ariel y un foco les ilumina desde el cielo.

"¡Dioses de la Luz!", exclama el bárbaro.

Ya te digo, Thundarr, ya te digo. ¡Son los caballeros de Géminis en helicóptero! ¡Y van armados con rifles láser!

-¡COBRAAAAA!

Este podría ser el fin de nuestros heroicos guerreros si no fuera porque los villanos en cuestión son demasiado ceporros como para acribillarlos desde el helicóptero y prefieren bajar a tierra para pelear cuerpo a cuerpo.

"¡Son máquinas!", se molesta en especificar Thundarr en mitad de la refriega. Si veíais la serie de las Tortugas Ninja en los noventa, ya deberíais saber lo que eso significa: ahora los buenos se pueden saltar a la torera los límites impuestos por la censura norteamericana y destrozar a los malos sin miramientos, porque, naturalmente, los actos de violencia contra robots tienen menos posibilidades de convertir a tu hijo de cinco años en un asesino en serie.

Pero no entremos en debates absurdos cuando podemos ver a Ookla levantando un coche por encima de su cabeza para aplastar a estos fantoches de hojalata.

Es extraño que en 1980 no pensasen que en 1994 ya habría coches voladores.

Tras derrotar a sus enemigos, Thundarr se pone a los mandos del helicóptero y sobrevuela las ruinas de Manhattan en busca de Ariel. Podríais pensar que aprender a manejar un helicóptero requiere muchas horas de lecciones teóricas seguidas de otras tantas horas de práctica y que un bárbaro jamás sería capaz de pilotar una máquina tan compleja por ciencia infusa, pero él es Thundarr y le traen sin cuidado vuestros comentarios sarcásticos.

Cuando la pareja se aleja, varios humanos andrajosos salen a la calle. Hasta ahora estaban escondidos por miedo, pero ahora que han visto a Thundarr zurrar la badana a los sirvientes de Géminis están dispuestos a recibirlo como amigo. Su líder utiliza la pantalla de una lámpara como sombrero.

El Bronx, supongo.

Thundarr pilota el helicóptero hasta la fortaleza-santuario de Géminis (solo hay que seguir el rastro de iniquidad) y deja a Ookla a los mandos mientras él se infiltra en este lugar de horror tecnológico y tinieblas arcanas.

El bárbaro "presiente" que Ariel está apresada tras unas puertas dobles de metal adornadas con sendas cabezas monstruosas, y corre hasta ellas, activando así la trampa más obvia de la historia de la fantasía: un botón rojo de 25 centímetros de diámetro instalado en el centro de una de las baldosas del suelo.

Al pisar el botón, nuestro imprudente héroe activa un mecanismo que provoca que una de las cabezas ornamentales dispare un rayo láser contra él, pero, gracias a sus reflejos de ardilla, lo esquiva a tiempo.

Solo falta el cartel de "☠ PELIGRO. NO PULSAR ☠".

Thundarr se abre paso a través del metal con su Espada Solar y se encuentra de nuevo frente a frente con Géminis, que mantiene a Ariel presa en una jaula. Me decepciona un poco descubrir que no es una jaula colgante; pero, claro, la princesa tampoco es una bailarina exótica. Y además dudo que a Géminis le guste la música disco. Tiene más pinta de gustarle Wagner.

El diabólico mago amenaza con mantener encerrada a Ariel si Thundarr no le entrega la Perla. ¿Mantenerla encerrada?, ¿eso es todo? ¿No va a torturarla y luego ejecutarla dándosela de comer a alguna aberración mutante de este mundo postapocalíptico? Menudo villano pusilánime está hecho.

Pero la situación aún podría haber sido bastante peliaguda si los guionistas no hubieran recordado que Ariel también compró el set de Magia Borras y es una experta en hechicería de tres al cuarto. Con un gesto de su mano, la princesa hace bajar la visera del casco de Géminis y la cierra con un candado mágico, cegándolo.

Aprovechando esta distracción, Thundarr corre hasta la celda.

"Bienvenido al Penthouse, Thundarr", bromea Ariel. Me gustaría pensar el significado de esta frase hace treinta y cuatro años no era el mismo que ahora, por aquello de que los productos para niños no combinan demasiado bien con el sexo explícito, por glamuroso que sea; pero tiene pinta de que sí, porque la revista de Bob Guccione empezó a publicarse en 1969.

-¡Aparta de los barrotes, mujer! ¡Este no es tu lugar! ¡Pronto podrás regresar a la cocina!

Thundarr destroza los barrotes de la celda con su espada y huye con Ariel hacia una ventana, donde espera que Ookla los recoja con el helicóptero. Sin embargo, el mok no controla su propia fuerza y arranca la palanca del helicóptero de cuajo, inutilizándolo. Frustrado por su propia ineptitud, Ookla pega una patada al panel de mando, lanzándolo a través del morro del aparato ante las miradas atónitas de Thundarr y Ariel, que observan cómo el helicóptero cae en picado.

"Espero que tengas otra forma de escapar de aquí", dice la chica. Echo en falta las risas enlatadas.

Por supuesto, Thundarr no está preocupado. Ookla y los caballos han salido sorprendentemente ilesos del accidente y les esperan abajo, así que agarra a Ariel por la cintura ¡y salta desde más de veinte metros de altura hasta la grupa de su caballo! Los testículos de Thundarr deben de estar recubiertos de titanio y kevlar.

Una vez se lo vio hacer al Zorro.

Nuestros héroes cabalgan de regreso a Manhat, donde son recibidos por una comitiva de pordioseros precedida por el tipo con la lámpara por sombrero y el carcamal al que salvaron de los hombres-rata al comienzo del episodio. Gran acogida.

Relámpagos y truenos anuncian la llegada de Géminis, que ha seguido al bárbaro y sus compañeros hasta las ruinas de la antaño gran ciudad. Levitando junto a la Estatua de la Libertad, que yace semienterrada en el fango, y rodeado de nubes tormentosas, el malvado mago reclama la Perla Negra una vez más, ganándose un sobresaliente en teatralidad.

Los neoyorquinos harapientos dicen que "tararí que te vi", y Géminis utiliza su abracadabra más poderoso para dar vida a la mismísima Estatua de la Libertad, adelantándose nueve años a Cazafantasmas II.

El coloso de metal, con sus más de 30 metros de altura y 225 toneladas de peso, ataca sin contemplaciones, utilizando su antorcha a modo de lanzallamas.

Cualquier otro saldría de allí por patas, pero no nuestros héroes, valientes hasta el final. Ariel detiene una llamarada en mitad del aire con su propio rayo de energía mágica, en plan Bola de Dragón, y mientras Thundarr hace la pedicura a la estatua viviente con su Espada Solar, Ookla trepa hasta la cabeza para arrearle mamporros con una viga de acero corrugado. Es algo digno de ver.

usto cuando pensaba que esta serie no podía ser más alucinante...

Géminis exige por última vez que le entreguen la Perla Negra, porque no teme repetirse, y Thundarr cae en la cuenta de que la Perla es la clave. Gritando "¡La Peeeeeeerla!" a pleno pulmón, el bárbaro arroja el objeto en cuestión contra la Estatua de la Libertad, rompiendo el hechizo y librándoles de Géminis, que desaparece en un estallido de luz.

La victoria, sin embargo, es amarga, porque, al igual que le ocurrió a Jack Sparrow, han perdido la Perla Negra y, por lo tanto, deberán perseverar en su lucha contra las fuerzas del mal... Pero eso será ya en otro episodio.

Y ahora, a esperar a que llegue Charlton Heston.

Admito que más allá de los fondos y del diseño de los personajes, los dibujos son un cagarro y la técnica de animación penosa (incluso se ve a la legua qué animaciones van a reciclar en próximos episodios); pero el guión es una oda a la literatura pulp y encadena una escena de acción tras otra, de modo que es imposible aburrirse. Por eso, le doy un notable alto. ¡Larga vida a Thundarr el Bárbaro!

10 comentarios

  1. Aunque la serie no sea muy famosa es obvio que ha inspirado a muchos de las que vinieron después, como He-Man o los Motorratones.

    Por alguna razón me imagino que el Thundarr es en realidad el personaje de un jugador de rol que se puso varios puntos en la habilidad "Pilotar Helicópteros" mientras que el de Ariel se los puso en "Historia" mientras que el que hace de Okkla en "Malabares con Enemigos"

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  2. ¡¡¡excelente reseña!!! me has hecho el día Tío..
    Al igual que las caricaturas de su época, carecían de lógica y tratándose de realidades alternativas, se pueden sacar hechizos, amuleto, armas y lugares de la manga sin necesidad de justificar su origen.
    "doblaje mejicano", en todos lados se cuecen habas, antes no les cambiaron el nombre a los protagonistas por algo más "sencillo" de recordar o pronunciar (algo así como "tío gilito" en vez de Scrooge McDuck). Imagina a "Tóndar" como "Pancho, el bárbaro" ó "Hombre rayo, Rayoman el bárbaro..."porque así se las gastan en los doblajes mexicanos.
    Muchas pelis y caricaturas manejaron el 1994 y 1999 como el fin del mundo...yo me sorprendía cuando era 1994 y me decían que en el 2000 se acabaría el mundo...o en 2014 ya habría cápsulas regenrativas de salud.
    Me has dejado sin palabras, una reseña esperada y que ha valido la pena.

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    1. En Méjico el "Tío Gilito" se llama "Rico Mc Pato"... casi aciertas...

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    2. Lo digo por el buen Tipo de la Brocha que es de España...Para México un claro ejemplo es "Don Gato", Pedro y Pablo Picapiedra y el inigualable Jorge Arvizu "el Tata" en los doblajes.

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  3. Mira que me debí de tragar decenas y decenas de series de animación mierdeceras en mi niñez y primera adolescencia, pero esta ni me suena...Y efectivamente, parece abracadabrante como ella sola...

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  4. Vaya!Una de las pocas series de los 80 que no conocía...aunque me recuerda mucho a una que sí que ví de pequeño..Los Herculoids!Te suena?La verdad es que aunque los dibujos fueran un cagarro como bien dices había acción a raudales!Buena reseña!Por cierto más arriba pones Michael Knigh..te falta la T.No me pilles manía..je je je

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  5. No tenía ni idea de la existencia de esta serie, y mira que me vi de las más peregrinas que los 80 tuvo a bien ofrecernos.

    Esto tenía de todo, licencias de autor pisoteadas (esos sables de luz, ese Geminis que es clavado a Darkseid....) y me extraña que con la legislación americana a tu favor Lucas y DC Comics podían haber sacado un pastizal demandado por plagio.
    Lo mismo podía hacer el autor de "esto" a la hora de demandar por plagio ya que He-Man es clavado a Thundarr pero rubio y con las puntas más saneadas gracias a que es cliente del mismo peluquero que su hermana la Princesa Adora.

    Admiro sobremanera la capacidad de tragarte bodrios en filmation, después de las Calaveras de hace unas semanas.

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  6. Creo que vi la serie por el canal Boomerang cuando pasaban comiquitas viejas, hasta que empezaron a convertirse en un nuevo MTV con reality shows de niños y niñas con problemas hormonales.
    Me sorprende que un bárbaro tenga puntos en pilotar helicópteros y es así porque un detalle tan cómico me fuera dado cuenta cuando lo vi... ¿o fue otro yo que vio el capitulo?
    Buen articulo como siempre, siempre me paso por acá para olvidarme del desastre de Venezuela y de paso recordar la niñez. Saludos.

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  7. Buena reseña del capítulo, pero yo he venido a pedir (sin ofrecer nada a cambio, obviamente…) algún post sobre tradiciones navideñas como El calendario de Adviento o la épica história de San Nicolás

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  8. Curioso, no había oído hablar de este tal Thundarr hasta que has hablado de él. Quizás mi infancia me pilló tarde como para ver aunque fuesen las reposiciones de las autonómicas. El caso es que me ha gustado mucho la mezcla de mundo postapocaliptico con fantasía al mas puro estilo Conan. La pena es que esté orientada hacia los niños porque con un poco de violencia y algún desnudo ganaría enteros. O sería peor, quien sabe. En fin, una excelente reseña Tipo de la Brocha. O Brochez. O como prefieras que te llamen. Espero con ganas tu siguiente articulo.

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