11 de diciembre de 2016

'Sopa de elegidos', de Pablo García Maeso

"¿SOPA DE QUÉ?", se preguntará el lector inconformista, decepcionado al encontrarse con semejante título después de esperar tres semanas a que me dé por publicar una entrada nueva. "No fastidies que esta es otra de esas reseñas de una novela de un autor novel que jamás voy a leer". ¿Sabes qué?, vete al cuerno, lector inconformista.

Si lleváis algún tiempo metidos en el mundo de los blogs y de los podcasts en español, aunque solo sea como lectores u oyentes, es probable que tengáis la intensa vida social de un asceta persa y también que conozcáis al autor de Sopa de elegidos, aunque seguramente no será por su verdadero nombre, sino por el pseudónimo de Wally Week; antiguo colaborador de Viruete.com, redactor del difunto blog Pyajamarama!, guionista de la serie Qué vida más triste, y locutor de Vuelo 180. Con semejante currículo, ¿cómo perderse su primera novela? Básicamente no leyéndola, pero era una pregunta retórica.

De hecho, admito que para mí esta ha sido la novela más esperada del año, no solo porque su autor me parezca la monda y haga referencias a dos de mis aficiones favoritas en casi todos los programas en los que participa  (las aventuras gráficas de LucasArts y los Masters del Universo) , sino porque no estaba esperando ninguna otra. ¿Vientos de invierno decís? Tal vez en 2018...

En cualquier caso, y como viene siendo habitual cuando me da por apoyar a autores cuyo reconocido prestigio está por llegar, me comprometí conmigo mismo a escribir una reseña tan pronto como terminase de leer la novela del señor Week, así que pese a que ya no le dedico al blog ni una quinta parte del tiempo que le dedicaba antes, aquí estoy. Además, y por encima de todo, no soporto buscar "reseña novela sopa de elegidos" en Google y que el primer resultado me lleve a una reseña sobre Sopa de miso, de Ryu Murakami. El único Ryu que merece mi respeto lleva un dogi andrajoso y se lía a golpes con coches y barriles en las fases de bonus.

Imagen del autor saliendo de la oficina de correos tras enviar un centenar de ejemplares de su novela a la prensa especializada.

Sinusitis: Sopa de elegidos es una comedia fantástica que trata sobre las aventuras y desventuras de Fusa Goretti, una becaria al servicio del gobierno, que, sin quererlo ni beberlo, se embarca en un peligroso y largo viaje junto al semiorco Knork, veterano de guerra, para reunir a un grupo de exhéroes y evitar que unos villanos traigan el apocalipsis al mundo en forma de horror lovecraftiano.

Y sí, esta novela es humorística y se desarrolla en un mundo de fantasía que guarda más parecido con nuestra realidad cotidiana, con toda su burocracia y sus problemas sociales, que con los universos épicos de los Tolkien y Jordan de la literatura fantástica. Por lo tanto, es difícil no comparar Sopa de elegidos con la saga de Mundodisco. Pero lo cierto es que sus similitudes acaban en el género. No solo el estilo y los recursos empleados por el señor Week son diferentes, sino que en ningún momento me dio la sensación de estar leyendo a Pratchett o, lo que hubiera sido peor, a un imitador. Ningún autor puede renegar de sus influencias literarias (salvo Sapkowski, que las rechaza y además te manda a tomar por culo en una sauna turca), pero si en este caso ha pesado más algún autor que otro, yo no me he enterado, y eso a pesar de que el señor Week reconoce como referentes a Mendoza, Jardiel Poncela y Wodehouse. ¡Para que luego digan que la incultura literaria es un problema!

Otro punto que distancia a Sopa de elegidos de la ficción anglosajona es su propia condición de novela de cuño español, no tanto por la crítica *cof* 15-M *cof* social, que es casi accidental, sino por utilización de frases, dichos y refranes populares, prácticamente inéditos en el género fantástico y que pueden chirriar al principio, pero a los que uno acaba acostumbrándose y cogiéndoles el gusto. También la gastronomía, sobre la que empieza a escribirse más a menudo desde que el Gordo Martin lo pusiera de moda, suena bastante patria, y cuando los protagonistas no están a dieta de queso mohoso, comen gazpacho, daditos de morcilla, bizcocho de higos… Una delicia.

En cuanto a los sucesos y ocurrencias de la novela, están inspirados en las partidas que el señor Week ha jugado a Dungeons & Dragons con sus amigos; una fuente de inspiración que, según estudios contrastados, han compartido algunos de los más grandes literatos de la historia, como Cervantes, Victor Hugo y Jane Austen. Esto, por otro lado, explica por qué ocurren tantísimas cosas a lo largo de la novela y por qué algunas de ellas guardan escasa relación con la trama principal, llegando en algún caso a poder eliminarse sin perjudicar la historia. Dicho esto, el viaje es tan entretenido y lamentas tanto que se acabe que, al final, se perdonan los desvíos en el camino. Y en todo caso, no estamos hablando de desvíos de nivel Tom Bombadil. De haber sido así, no podría estar escribiendo esta entrada, porque me habría cortado las venas.

Fresco que representa a unos ciudadanos romanos en plena partida de D&D.

A excepción del prólogo y del epílogo, la novela está escrita en primera persona, siendo Fusa Goretti a la vez protagonista y narradora.

Aunque yo no soy un gran aficionado a las novelas en primera persona (salvo contadas excepciones, como las canallescas memorias de Harry Flashman), al menos fue un alivio que esa primera persona sonase con voz propia. Después de tantos años escuchando y leyendo al señor Week en internet, uno de mis mayores temores es que si pronuncio tres veces su nombre delante del espejo, se me aparezca y me interprete una zarzuela. Otro de mis temores, este algo más fundado y relacionado con el tema que nos ocupa, era que yo mismo no fuese capaz de separar al autor del personaje. Sin embargo, aunque el sentido del humor del autor se ha volcado en la obra, no difumina en absoluto a su protagonista, que cobra vida rápidamente en tu imaginación y que es, sin duda, uno de los puntos fuertes de la novela.

Fusa es una chica muy locuaz, hija de un limpiabotas, pobrecita currante con los pies en la tierra, que quiere ser alquimista y que se aleja tanto de los estereotipos del género fantástico que no alcanza a verlos. Incluso cuando la trama se pone en marcha, sus motivaciones son poco heroicas y propias de una persona de carne y hueso, no de metal bruñido o de lo que sea que estén hechos los héroes de la alta fantasía.

Su coprotagonista, Knork el Impredecible, hace honor a su sobrenombre y, pese a sus dos metros de músculo coronados por un tupé engominado, cuando no está soltando desfachateces o sopapos, resulta entrañable. Eso sí, aunque su presentación es prometedora y el personaje tiene miga, apenas luce al lado de Fusa, sirviendo más de contrapunto al carácter conformista y manso de su compañera que como punto de vista alternativo para el lector, que, por otro lado, es uno de los problemas casi inevitables de la narrativa en primera persona. El semiorco incluso pierde terreno ante algún secundario (el elfo Harpagón es la repera), aunque al menos el epílogo lo redime, dando un desenlace satisfactorio a su particular subtrama.

No hay fanart de Knork, así que estas sopas Knorr son lo más parecido que tengo para ilustrar los párrafos anteriores.

La novela está centrada en los personajes, empezando por Fusa y siguiendo con un extenso y estrafalario dramatis personae, y, ¡gracias a Blorb!, se ahorra las exposiciones enciclopédicas sobre historia, geografía y ciencias sociales, que el autor nos revela a través de pequeños detalles insertos en la narración y no de golpe y porrazo a costa de hacer un paréntesis en la trama y machacarnos con párrafos interminables que al final uno lee con el piloto automático puesto mientras piensa en si la cajera del supermercado se confundió al darle el cambio. ¡Juraría que le di un billete de diez euros!

Incluso la ambientación escogida por el autor se presenta de forma sutil. Al menos en mi caso, siempre que empiezo a leer una novela de fantasía, pienso por defecto en la clásica imaginería medieval. Sin embargo, Sopa de elegidos está más próxima a lo que en el colegio nos enseñaron que se llamaba edad moderna, y en el mundo de Hemisferio hay un gran contraste entre la gente sencilla que vive en el pueblo y se parte el lomo labrando el campo y cuidando del ganado (cuando no está rezando para que los ogros se queden en su cueva), y gente finolis con pelucas y vestidos pomposos que vive en la ciudad y pasea perritos con nombres como Mimi o Pichi.

María Antonieta, mujer moderna y refinada. Todas las tropas fieles al rey Luis se escondían bajo su falda.

¿Y qué puedo deciros del humor? El humor, en general, es complicado. No complicado como descubrir por qué los números se comportan como lo hacen, pero complicado igualmente. Lo que  a unos les hace gracia no se la hace a otros, y lo que a uno mismo le hace reír un día puede dejarle indiferente al siguiente. Por eso, escribir comedia es difícil y hay pocos autores que lleguen a dominarla en el ámbito literario. Por el mismo motivo, las recomendaciones sobre este género, cualquiera que sea su ámbito, sirven de poco. Yo, por ejemplo, puedo poner Seinfeld por las nubes y deciros que es mi sitcom favorita, pero si a vosotros no os gusta su tipo de humor, lo mismo da, no vais a reíros aunque os agarre por las solapas y os sacuda al grito de "¡Ríe, recontracorcho!".

Lo que sí puedo deciros es que a mí esta novela me ha resultado divertida e incluso lo suficientemente graciosa como para que se me escapase la risa en algún pasaje sin tener que abrir la espita de la bombona de óxido nitroso, y que el humor, a diferencia de lo que ocurre con este blog, no está metido con calzador. Entrando en este segundo punto, es una grata sorpresa que el señor Week no caiga en el error de hacer chistes solo porque pueda hacerlos, sino que dé siempre prioridad a la historia. Sinceramente, no me esperaba esa clase de autocontrol de alguien que hace nefastos juegos de palabras como Los juegos de Lundgren. A esto se le llama profesionalidad.

La única decisión criticable, y que de hecho es la única pega que puedo ponerle a esta novela, es que, de entre las muchas perrerías que sufre la pobre Fusa, hay una con la que es imposible no pasar un mal trago, que está tratada con la debida seriedad y sensibilidad, sin chascarrillos ni gracietas, y de la que resulta difícil evadirse por muchas páginas que uno pase. Es más, cruzado ese trecho del camino, tuve que parar de leer un par de días porque ya no era capaz de verle la gracia a nada. Mirándolo por el lado bueno, eso significa que la protagonista llegó a importarme tanto como para sufrir con ella; pero, mirándolo por el lado malo, en una comedia fantástica la empatía jamás debería fortalecerse a costa de romper el tono humorístico hasta el punto de hacerlo difícilmente reparable.

Y dado que no tengo intención de alargarme y tampoco me gustaría cerrar esta reseña dejando mal sabor de boca a nadie, concluiré insistiendo en que esta es una magnífica novela con la que pasar el rato, ligerita, ingeniosa, divertida, con una protagonista fenomenal, y repleta de personajes curiosos.

La anunciada secuela no puede llegar lo bastante pronto, y si este primer volumen mató a Rita Barberá, siento curiosidad por saber a quién matará el siguiente.

En cuanto a vosotros, si queréis saber por qué el bufón no hace imitaciones, vais a tener que leer Sopa de elegidos .

10 comentarios

  1. Es un honor que mi novela comparta blog de reseñas con material de Masters del Universo (no así con la puñetera Guerra de las Galaxias).

    No sé cómo comentar un comentario sobre mi novela, así que lo dejaré en ¡¡MUCHAS GRACIAS!! Me alegra mucho que te haya gustado y que hayas congeniado con Fusa.

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  2. El ingenio lo esperaba, por ser el autor quien es. Por lo que llevo leído estoy de acuerdo con lo que dices, y voy pillando la esencia sobre como está tratado el humor. Me costó al principio ajustar el Wally/Pablo a novela pero poco a poco se acostumbra uno y a disfrutar.

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  3. Las parodias del género de literatura fantástica son siempre bienvenidas y más si vienen de manos de un experto de la cultura popular como Wally Week, a ver si la encuentro por alguna de las librerías de mi zona.

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  4. Buena lavada de bajos al señor Week.

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  5. Ya tengo regalo de reyes!!
    Gracias por la reseña!

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  6. Wally Week: De nada. Ahora sigue escribiendo *chasquido de látigo*.

    kei: Yo también tuve que hacer ese esfuerzo de ajuste, pero es normal. No se puede escribir una novela como se escribe la entrada de un sitio web.

    Anonimatus: En el sitio web de la editorial Sportula tienes varias opciones de compra. Eso sí, hay que superar el miedo a palabras que suenan como espátula.

    Doctor Müller: Las gracias para el autor de la novela. Pero de nada.

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  7. Pues nada, otro libro más que añadir a mi creciente lista de novelas pendientes. Maldito seas.

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  8. Venga que me anoto en este libro, gracias por la reseña.

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  9. Buena reseña. Comparto ese "cambio de chip" necesario para entrar a la novela, pero no lo achaco solo a las expectativas que teníamos quienes conocemos al autor por sus blog o podcasts, es que a la historia le cuesta horrores arrancar: los primeros capítulos se me hicieron muy cuesta arriba, y no es hasta la "segunda partida" y, sobre todo, el capítulo de los ogros, que no empezó a gustarme de verdad. Dicho lo cual, cuando la cosa arranca es una gozada, y personajes como el prior o Hárpagon una maravilla. Incluso la prosa se va haciendo más fluida aunque (y esto es una manía personal) siga siendo un poco expositiva.
    También decir que no me parece una parodia o ni algo estilo Mundodisco, el humor normalmente proviene de los diálogos de los protagonistas, distando las situaciones por lo general de ser muy cómicas (más bien al contrario, a mí también me dejó mal cuerpo ese incidente en particular).
    En resumen, y a falta de un tercio para terminarla, muy satisfecho con mi compra y deseando seguir la evolución del señor Week en sus próximas obras.

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