19 de agosto de 2017

Juego de Tronos: Guardiaoriente


¿Os suena el nombre Yadrat? ¿De Dragon Ball Z? Yadrat es el planeta en el que aterriza Goku después de escapar por los pelos de la explosión de Namek, tras su intensa batalla  de una duración estimada de medio millón de episodios con el tirano galáctico Freezer. Los habitantes de este lejano planeta, feos como un pólipo colorrectal pero generosos, enseñan a Goku la técnica de transmisión instantánea, un socorrido recurso para llevar a los personajes de un sitio a otro sin tener que perder el tiempo con el viaje de marras.

Ya sabéis por dónde van los tiros, ¿no?

En Juego de Tronos, lo que tardaban los personajes en moverse entre lugares fue en su momento motivo de frustración y pitorreo. Sin embargo, desde la temporada anterior, y especialmente en esta séptima temporada, los personajes utilizan la técnica de transmisión instantánea para ahorrarse tiempo en viajes. Esto es lo que en lenguaje cinematográfico se conoce como elipsis.

No es que yo tenga un problema con que la trama avance más rápido gracias a este recurso, porque lo prefiero la acostumbrada velocidad de tortuga reumática, pero debo mencionar este detalle porque afecta a la forma en que suelo redactar estas entradas.

Normalmente soy capaz de reestructurar los episodios por localización sin necesidad de volver a un lugar ya visitado, pero desde que los personajes son capaces de materializarse a cientos de millas de donde estaban de una escena para otra y la narración pasa por una secuencia determinada de eventos que transcurre en distintos lugares que se reiteran, no me queda más remedio que saltar de acá para allá si quiero que la cronología tenga sentido y entendáis algo.

Supongo que si no llego a decirlo, ni siquiera os hubierais enterado, pero nunca sé qué porras decir en estas introducciones.

12 de agosto de 2017

Juego de Tronos: Botines de guerra


Según internet, este episodio, el cuarto de esta séptima y corta temporada, ha sido el mejor hasta la fecha. Y si lo dice internet, tiene que ser cierto.

No voy a discrepar en que el desenlace del episodio, pese a sus flagrantes melonadas, es una pasada digna de una superproducción cinematográfica, y no hay nada en un dragón churruscando gente que pueda disgustarme. Pero, por otro lado, ya llevo un tiempo notando que las grandes revelaciones de la serie, los giros del guión, están tan telegrafiados que cualquiera con un conocimiento mínimo de narrativa y que no se quede frito viendo la tele puede olerse a la legua lo que va a pasar. Este es un problema del que somos conscientes desde la temporada anterior y que, a medida que la historia se aproxima hacia su desenlace, se hace cada vez más evidente. Y no hay solución, así que toca aguantarse y disfrutar sin frustrarse por la falta de sorpresas.

Siempre nos quedará Casa Austera.

7 de agosto de 2017

Juego de Tronos: La justicia de la reina


Hay una pregunta que me tortura desde hace días y me impide conciliar el sueño. ¿Qué ocurriría si el Rey de la Noche contase con pingüinos entre sus filas de no muertos? Ya hemos visto a los caminantes blancos montar sobre caballos zombis, así que la idea no es descabellada. Y si lo es, vamos a hacer como si no lo fuera.

Es más, pongamos que el Rey de la Noche no se andase con chiquitas y escogiese servirse del pingüino más peligroso de todos para sus oscuros propósitos (conquistar Poniente y abrir pistas de esquí en los Siete Reinos, supongo): el pingüino emperador. Un pingüino emperador mide algo más de un metro, lo que significa, para empezar, que su pico queda más o menos a la altura de la entrepierna de un hombre de estatura media. Su lengua, además, está recubierta de pequeñas púas orientadas hacia atrás para que sus presas no puedan escapar con facilidad. Y por si todo lo anterior fuera poco, se mueven en grupos compactos y coordinados, como la infantería romana en la Antigua Roma. ¡Todo Poniente temblaría a su paso!

Hecha esta sesuda reflexión, pasemos a repasar el tercer episodio de esta corta temporada.