3 de abril de 2018

He-Man y los Masters del Universo: Un acto de desaparición

El Carro de Asalto vuela, Stratos vuela, los vampiros lobo vuelan... ¿Y sabéis lo que también vuela? El tiempo. Aunque cueste creerlo, ha pasado más de un año desde la última vez que escribí sobre los Masters del Universo, y más de dos, ¡dos!, desde que comenté un episodio de la serie animada de Filmation.

Esto es algo imperdonable para un fan como yo, y no me extraña que últimamente me sintiera un poco flojo. ¡El Poder de Grayskull me ha abandonado! O puede que sea cosa de la astenia primaveral.

Pero este problema tiene fácil remedio. El de los Masters, no el de la astenia. A no ser que Ostara sufra un desafortunado accidente...

Hoy recapitularemos el tercer episodio de He-Man y los Masters del Universo, que es muy especial para mí porque yo creía que era el cuarto. Sí, resulta que debido a las discrepancias entre las fechas de producción y emisión, he estado metiendo la pata con el orden de los episodios todo este tiempo. Pero podéis estar tranquilos. A partir de ahora, procuraré que todos los episodios sobre los que escriba en el blog estén bien ordenados. Sé que es innecesario, porque no existe ninguna continuidad entre unos y otros; pero me hace sentir mejor conmigo mismo.

18 de marzo de 2018

Bioman (Choujuu Sentai Liveman): ¡Expuestos! Dummyman

Sin prisa pero sin pausa (salvo, ejem, un ligero receso de casi tres años entre una recapitulación y otra), hoy desciendo de mi Fortaleza de la Soledad a la blogosfera con una recapitulación del cuarto episodio de mi serie Super Sentai favorita: Choujuu Sentai Liveman, más conocida por tierras ibéricas como Bioman.

¿Y por qué es esta mi serie favorita de entre las más de cuarenta que Toei ha producido desde 1975? Porque es la única que vi cuando era un crío y además he tenido el valor de tragarme por segunda vez siendo ya un adulto. El metraje japonés de Zyuden Sentai Kyoryuger reciclado para los Mighty Morphin Power Rangers no cuenta.

Y como ya he escrito líneas suficientes para cubrir el lateral de la imagen que las acompaña, iré directo al grano. Luces, cámaras...

¡Bioman!

4 de marzo de 2018

Crónicas de la Dragonlance: El retorno de los dragones

Después de veinte años sin consumir, he recaído. Pensé que sería más fuerte que mi adicción, pero no tuve ninguna oportunidad. Me faltaron fuerzas para resistirme. Empecé consumiendo muy poco, pretendiendo revivir, aunque fuera solo por un instante, aquella sensación de excitación pasada y jurándome que no iría más lejos, que me detendría a tiempo. Pensé si consumía una pequeña dosis lo tendría todo controlado y que no volvería a engancharme. Aquello no tenía por qué significar nada.

Luego vino el desengaño. Aquello me gustaba. Quería más.

Y aquí estoy ahora,  releyéndome las novelas de la Dragonlance. ¡Peor aun! Me he comprado algunas que ni siquiera tenía. ¡Y también la trilogía de El valle del viento helado!

*Sollozo melodramático*

Si nunca habéis leído libros con portadas como la que acompaña estas líneas, es probable que eso de la Dragonlance os suene a chino. En realidad debería sonaros a inglés, pero si nunca habíais oído esa palabra, a vuestros efectos es lo mismo. Nǐ míngbái ma?

La Dragonlance es una serie de cerca de medio millón de novelas, publicadas mayormente entre mediados de los ochenta y finales de los noventa, ambientadas en un universo de fantasía heroica plagado de tópicos que, por si lo anterior fuera poco descorazonador, está basado en varios módulos del juego de rol de Dungeons & Dragons creados por un señor con nombre de playmate llamado Tracy Hickman. ¿Es necesario que añada algo más para ahuyentar a cualquier lector de fantasía con buen gusto?

La primera trilogía de la serie se recopiló bajo el nombre de Crónicas de la Dragonlance y se compone de El retorno de los dragones, La tumba de Huma y La Reina de la Oscuridad, cuyos títulos en inglés solo se parecerían menos a sus traducciones españolas si hubieran escogido palabras del diccionario al azar. En concreto, el primero de estos libros, que es el que comentaré hoy, lleva el título original de Dragons of Autumn Twilight, que debería haberse traducido como Dragones de crepúsculo otoñal. Eso sí, el título que le dio la editorial española, aunque menos poético, es más directo y honesto. No había dragones y ahora los hay. Es más, esta podría ser la sinopsis del libro.

Tras el salto, portadas mucho más chulas que las historias que se ocultan tras ellas.

14 de febrero de 2018

Marmalade Boy: El aroma de la madurez. Yo no estoy celosa. ¡Que va!

¡Marmalade Boy vuelve a estar de moda! Aunque la serie se emitió hace más de veinte años y lo único que nos quedaba de ella eran nuestros recuerdos, la nostalgia y una amarga mezcla de vergüenza y arrepentimiento, sus seguidores están de enhorabuena, porque el próximo abril se estrenará en Japón una película protagonizada por actores de carne y hueso basada en el popular manga de Wataru Yoshizumi. Esto sin duda volverá a poner la serie en boca de sus miles, eh, cientos, um, ¿decenas? de fans.

¡Feliz Año Nuevo!

Ahora bien, aunque mucha gente de gusto refinado y exquisito criterio espera este estreno con ilusión, no hace falta ser el oráculo de Delfos para saber que la cinta será un insulto imperdonable al fandom de la serie y que hará un pobre uso de los personajes a los que tanto queremos.

Incluso yo, que no soy un gran connoisseur de Marmalade Boy, considero imperdonable que se les haya ocurrido contratar a seres humanos para interpretar a Miki, Yuu y compañía. ¡Los palos de escoba andantes del manga y el anime son seres etéreos que se sostienen gracias a un esqueleto de alambre de aluminio, no gente corriente como la que nos cruzamos cada día en la calle! ¿Y acaso los ojillos rasgados de los japoneses pueden compararse con los focos circenses que lucían los personajes en la serie y que, de tan grandes que eran, nos abrían la puerta a sus corazones y otros órganos repugnantes? ¡Es evidente que no! Además, el uniforme de Miki debería ser verde, no gris.

¿Qué será de nuestra infancia en manos de la industria del cine japonesa? ¿Por qué nos torturan de esta manera?

Propongo, por tanto, que lancemos una petición en Change.org para que la película no vea la luz del día. Si estáis de acuerdo con mi propuesta, por favor organizadlo todo. Yo soy demasiado vago para hacer algo más costoso que quejarme en internet.

Dicho esto, ya podemos continuar donde lo dejamos el 14 de febrero del año pasado, con Miki sumida en el recuerdo reciente de su viaje a Hokkaido...

20 de enero de 2018

'Star Wars: Heredero del Imperio', de Timothy Zahn

A lo mejor echasteis en falta que escribiera sobre Los últimos Jedi hace unos meses y sé que mi reseña sobre la mediocre novela Tarkin no os ha compensado, pero os aseguro que tuve dos buenos motivos para saltarme la que incluso a mí me parecía una cita inevitable con el blog. El primero es que me daba pereza ponerme a escribir durante las Navidades, sobre todo cuando podía aprovechar el tiempo libre para terminar algunos de esos centenares de libros y videojuegos pendientes que conforman la Gran Pila de la Deshonra™. El segundo motivo es que no me gusta escribir sobre temas con los que internet está revolucionado y sacando lo peor de sí mismo.

Pero ahora que ya han pasado un par de meses desde el estreno y nadie se acuerda de que la película es lo peor que ha ocurrido en la historia de la humanidad desde las Cruzadas, puedo decir sin meterme en berenjenales que la disfruté mucho. Soy el primero en no verle sentido a la persecución de la trama principal (aunque seguro que hay una explicación para que la Primera Orden no mande varias naves a velocidad luz delante de la flota de la Resistencia) y no hace falta ser Roger Ebert para darse cuenta de sus defectos; pero Los últimos Jedi también tiene todo lo que le pido a una buena película: personajes carismáticos, emoción y entretenimiento. Y, lo que es más inusual, salí del cine sintiendo una chispa de aquel entusiasmo que sentía por Star Wars cuando tenía quince años y aprenderme de memoria el nombre de los extraños huéspedes del palacio de Jabba me parecía relevante.

Al día siguiente, esa chispa se había encendido y, no sin cierto sentimiento de culpabilidad, acabé comprándome en Amazon cinco novelas de Star Wars, cuatro del nuevo canon de Disney y una del viejo Universo Expandido. Confieso que nunca he sido capaz de dejar estas novelas del todo, porque combinan dos de mis grandes pasiones (Star Wars y el olor a árbol muerto prensado); pero no me compraba tantas de golpe desde que me dio por coleccionarlas en los años noventa.

Y no contento con eso, volví a leerme Heredero del Imperio, de Timothy Zahn.

7 de enero de 2018

'Star Wars: Tarkin', de James Luceno

Tarkin, de nombre Wilhuff, gran moff del Imperio, es uno de mis villanos favoritos de Star Wars. Ambicioso, brillante, implacable y maquiavélico, su presencia nunca trae nada bueno ni deja indiferente. Si no hubiera volado por los aires con la Estrella de la Muerte, se revolvería en su tumba al ver en el festival del humor que se ha convertido el Imperio al mando de oficiales como Armitage Hux.

Por eso, cuando me enteré de que una de las novelas del nuevo canon de Star Wars estaría protagonizada por el gran moff, cuyo pasado apenas se ha explorado en casi cuarenta años de literatura galáctica, me mostré todo lo entusiasmado que puede mostrarse alguien de mi edad ante un libro que no va a llevarse ningún premio ni recordará en un par de meses. Además, el autor era James Luceno, que, pese a ser uno de los escritores recurrentes de la franquicia más valorado por los fans, no se libra de escribir castañas pilongas como Halcón Milenario.

Así pues, me armé de prudencia y mantuve mis expectativas enjauladas y sometidas a tratamiento de electrochoque.

Pero antes de hablar de la novela, y para que entendáis mejor la que ya os puedo adelantar que ha sido una decepción, me gustaría ahondar en por qué Tarkin es uno de mis personajes preferidos de la saga.