7 de enero de 2018

'Star Wars: Tarkin', de James Luceno

Tarkin, de nombre Wilhuff, gran moff del Imperio, es uno de mis villanos favoritos de Star Wars. Ambicioso, brillante, implacable y maquiavélico, su presencia nunca trae nada bueno ni deja indiferente. Si no hubiera volado por los aires con la Estrella de la Muerte, se revolvería en su tumba al ver en el festival del humor que se ha convertido el Imperio al mando de oficiales como Armitage Hux.

Por eso, cuando me enteré de que una de las novelas del nuevo canon de Star Wars estaría protagonizada por el gran moff, cuyo pasado apenas se ha explorado en casi cuarenta años de literatura galáctica, me mostré todo lo entusiasmado que puede mostrarse alguien de mi edad ante un libro que no va a llevarse ningún premio ni recordará en un par de meses. Además, el autor era James Luceno, que, pese a ser uno de los escritores recurrentes de la franquicia más valorado por los fans, no se libra de escribir castañas pilongas como Halcón Milenario.

Así pues, me armé de prudencia y mantuve mis expectativas enjauladas y sometidas a tratamiento de electrochoque.

Pero antes de hablar de la novela, y para que entendáis mejor la que ya os puedo adelantar que ha sido una decepción, me gustaría ahondar en por qué Tarkin es uno de mis personajes preferidos de la saga.

La principal culpable de mi debilidad por el artífice de la doctrina de gobernar con el miedo es mi admiración por el actor que se calzó sus lustrosas botas en La guerra de las galaxias: el fallecido Peter Cushing.

Actor briátnico de inconfundible rostro afilado, gran amigo del también difunto Christopher Lee, Cushing empezó haciendo sus pinitos en el teatro y la televisión, y luego se hizo famoso por sus papeles en las películas de terror y misterio de la Hammer, interpretando a leyendas de la ficción literaria como Van Helsing, Frankenstein y Sherlock Holmes.

Por si esto fuera poco, rodó algunas escenas de La guerra de las galaxias con zapatillas de andar por casa para estar más cómodo, y en su tiempo libre le gustaba coleccionar, pintar y jugar con soldaditos en miniatura.

¿Cómo no quererlo?

La segunda razón de que me guste Tarkin es que es un humano corriente y moliente. En una galaxia poblada por brujos-samurái de armadura negra, viejos albinos con cara de pasa que lanzan rayos por la punta de los dedos, y lagartos-droide asmáticos que manejan espadas láser como si fueran molinillos, Tarkin no dejar de ser un señor mayor con uniforme al que se le da muy bien su trabajo.

Es un estratega militar de genio incomparable, frío y despiadado como pocos, y el segundo al mando del Imperio (al menos hasta que la escoria rebelde vuela la Estrella de la Muerte); pero al final del día depende de sus propias habilidades para alcanzar sus objetivos, no de un campo de energía mística que mantiene unida la galaxia.

Ojalá me hubiera comprado un muñeco suyo y no de Ric Olié (que, aunque suena café exótico, es el piloto que saca a la reina Amidala y a los Jedi de Naboo en La amenaza fantasma).

Su olor a cuervo carroñero se reconoce nada más subir a bordo.

La tercera y última razón por la que Tarkin se merece estar en mi top 10 de villanos de Star Wars es que, con permiso del trío protagonista de la trilogía clásica, tiene la pareja sentimental más fardona de toda la franquicia.

En el Universo Expandido (desterrado para siempre del canon oficial por Disney), la protegida y amante del gran moff era la almirante Daala, que consiguió destacar entre sus compañeros de academia pese a la ausencia de planes de igualdad en todos los programas electorales del Emperador y logró convertirse en la mujer con el rango más alto de la flota Imperial. Tarkin se fijó en ella y la puso al mando de la instalación de I+D que desarrollaría los planos y prototipos no solo de la Estrella de la Muerte (ingenieros geonosianos, Krennic.... pffff), sino también de los devastadores de mundos y del Triturador de Soles, armas de destrucción masiva que pusieron en jaque a la Nueva República tras la caída del Emperador.

¿Qué hacen vuestras novias y mujeres en su tiempo libre?, ¿cupcakes? El viejo Wilhuff sí que sabe lo que busca en su media naranja.

Se recomienda no tocarle las narices.

Hablando ya de la novela, Tarkin nos sitúa cinco años después de La venganza de los Sith, tiempo más que suficiente para que la lejía espacial haya eliminado el pestazo a niño muerto del antiguo Templo Jedi, ahora residencia palaciega del Emperador, y también para que hayan surgido algunos conatos de descontento con el rumbo fascista que está tomando el nuevo orden galáctico.

Cuando no está ocupado diseñando su uniforme militar con ayuda de un droide de protocolo que le hace las veces de sastre durante medio capítulo o persiguiendo supervivientes separatistas, Tarkin dirige la Base Centinela, que da soporte a la construcción de la Estrella de la Muerte en el Borde Exterior (el extrarradio de la galaxia).

La cosa está bastante tranquila hasta que la base sufre el ataque de una fuerza insurgente con trampa incluida. Tarkin, sin embargo, no pica el anzuelo y repele el ataque con éxito; pero cuando la noticia llega a la capital del Imperio, el Emperador convoca a Tarkin para tratar el asunto con la debida seriedad, porque no puede uno permitir que le tomen el pelo si quiere mantener el orden en la galaxia. Y como al Emperador le chiflan las películas del género buddy cop, encomienda a Tarkin investigar el incidente con Darth Vader. De esta forma, no solo pretende llegar cuanto antes al fondo del asunto, sino que espera que sus dos mejores hombres tengan ocasión de conocerse mejor, resolver sus posibles diferencias y aprender a trabajar en equipo.

Tema musical de Los hombres de Harrelson.

Vaya por delante que el argumento promete y que esta es una de las novelas mejor valoradas del nuevo canon oficial de Star Wars. De hecho, no he leído ninguna crítica negativa medianamente seria del libro, y sí, en cambio, varias críticas razonadas poniéndolo por las nubes. Sin embargo, que esta sea una de las mejores novelas del nuevo canon es algo que solo puedo entender si es por eliminación de las más malas.

Para evitar sorpresas de aficionados indecisos, empezaré por decir que Tarkin no es un libro de aventuras al estilo de las películas, sino de intriga, y dentro de este género, apenas se merece el calificativo de mediocre.

-¿Qué estoy oyendo ahí atrás? ¡Espero que no sean quejas!

La trama alterna capítulos de Tarkin y Vader investigando el ataque a la Base Centinela con flashbacks del pasado de Tarkin en los que Luceno intenta explicarnos por qué el futuro gran moff resuelve los problemas como los resuelve y de dónde viene su famosa doctrina de gobernar por el temor a la fuerza y no por la fuerza misma.

En lo que se refiere a las pesquisas policíacas, Vader es el músculo del equipo, y Tarkin, el intelectual; el primero reparte estopa con su espada láser, y el segundo pone en práctica sus dotes detectivescas (probablemente un guiño al famoso detective al que Cushing interpretó en repetidas ocasiones). Por desgracia, lo que, gracias al dúo protagonista, comienza siendo una investigación interesante no tarda en convertirse en una parodia galáctica de la película Colega, ¿dónde está mi coche?, con Tarkin y Vader dando tumbos por la galaxia en persecución de una panda de mequetrefes sin carisma que han birlado la nave insignia del moff.

Intriga, lo que se dice intriga, más bien poca, y si lo que queréis es ver a Vader en modo fanservice, Los Lores Sith es mil veces mejor opción.

-Tío, ¿dónde está mi nave?
-¿Dónde está tu nave, tío?

El resto de la novela nos cuenta, en un tono monótono y distante, más propio de una biografía insípida que de una historia de Star Wars, cómo se educó y forjó su carácter el joven Wilhuff en su planeta natal Eriadu, sometiéndose a un primitivo rito de paso familiar que le enseñó a sobrevivir en la jungla; todo ello sin un equipo de cámaras siguiéndole en plan reality show, pero con muchas pruebas de eliminación y más monos espaciales que en Una princesa de Marte. Los flashbacks también nos revelan los inicios de su carrera militar y cómo se introdujo en el terreno político bajo la tutela del entonces senador Palpatine, al que esta novela tiene el dudoso honor de ponerle nombre de pila: Sheev.

Tristemente, el nombre del Emperador es el mayor aporte que hace Luceno al nuevo canon de Star Wars.




La novela también introduce algunos personajes nuevos, pero ni uno solo que sea memorable. Por su rol en la trama (y por ningún motivo más) destaca la tripulación rebelde que roba la nave de Tarkin, tan pobremente caracterizada que no llegué a aprenderme el nombre de ninguno de sus miembros ni a distinguir a unos de otros. Solo conseguí quedarme con que uno de ellos era un mon calamari, porque me hace gracia que en la galaxia exista gente con cara de cefalópodo.

Como curiosidad, la nave de Tarkin (la Carrion Spike, o, en español, la Punta Carroña) se ha visto recientemente en los cómics de Poe Dameron editados por Marvel en poder de Terex, un agente de la Primera Orden con cierto parecido a Pierre Nodoyuna.

Sí, es una trampa, siempre es una trampa, almirante, ya lo sabemos.

Llegados a este punto, y por no dedicar más tiempo a un libro que no lo merece, mis principales pegas son que la historia tarda mucho en arrancar; que cuando lo hace, es poco interesante; y que los flashbacks sobre el pasado de Tarkin son tan insulsos que ni siquiera puede disculparse que interrumpan la letárgica trama principal. Aunque no faltan quienes dicen que Luceno capta a la perfección el espíritu de la saga y que entiende el universo creado por George Lucas como pocos autores, lo cierto es que este libro tiene poco de Star Wars aparte del nombre de sus personajes.

En cuanto a las curiosidades, podría haberlas leído en la Wookiepedia.

9 comentarios

  1. Oooh, pues nada.
    El otro día estaba intentando recordar el nombre del libro de SW que en su momento (los 90) vendían como "el episodio 4 si se llegara a filmar", no se si lo conoces

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    1. Me imagino que te referirás al la Trilogia de la nueva República. Sin los libros en los que sale por primera vez el Almirante Thrawn.

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    2. Es probable que te refieras a la trilogía de la Nueva República (a.k.a., la trilogía de Thrawn), de Timothy Zhan. El primer libro de la trilogía es Heredero del Imperio, y, a día de hoy, sigue siendo de las mejores novelas de Star Wars. Precisamente ahora me estoy leyendo la edición anotada que se publicó por su 20º aniversario, y ojalá todas las novelas fueran así de buenas. Aunque la historia ya no es canónica, si eres fan de la saga y te gusta leer, es el mejor sitio por el que empezar.

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  2. Por lo que veo, no parece una novela tan interesante como aparentaba. Mira que Tarkin siempre me llamó la atención y siempre estaría dispuesto a leer cualquier cosa relacionada con su pasado y ver como legó a ese puesto tan importante en el Imperio, pero por lo que leo aquí, parece que la cosa no aporta tanto como uno se esperaría. Por otro lado, quien en su sano juicio convertiría una novela biográfica en una suerte de relato detectivesco, encima emparejado con el mismisimo Darth Vader. Yo lo que quiero es leer cuales fueron las grandes proezas militares que tuvo que llevar a cabo el bueno de Moff para acabar dando la orden de abrir fuego a la todopoderosa Estrella de la Muerte (y se que ahí está Rogue One, pero me refiero a algo bueno de verdad) . Esta podría haber sido una buena oportunidad, pero por lo que comentas, buen Tipo, no es así.

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  3. Me pregunto si el Palpatine decidió hacerse Sith para poder cambiarse el nombre.

    Supongo que el grupo de los rebeldes no tendría ningún androide, en Star Wars los héroes relevantes siempre tienen alguno.

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  4. Creo que el principal problema de estos libros es que intentan acercarse demasiado al canon lo que les resta margen de maniobra. Entiendo que Disney, o quién sea, establezca un marco general pero a partir de ahí debería dejar mucha más libertad creativa a los escritores o directores. Mira lo que ha pasado con el spin off de Han Solo, esos cambios de director a media película nunca sientan bien y al final se notan.

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  5. Anonimatus: No recuerdo si el grupo terrorista tenía androide, la verdad. Es una novela que me ha calado profundamente, como ves. Me ha cambiado la vida.

    Mixtli: Estoy de acuerdo. Lo bueno del antiguo Universo Expandido es que, aunque los autores no podían hacer lo que les viniera en gana (Timothy Zhan menciona algún que otro tira y afloja con Lucasfilm en sus comentarios a la edición 20º aniversario de Heredero del Imperio), sí que tenían bastante libertad para ampliar el universo de las películas. Ahora mismo parece que lo único que les dejan hacer es rellenar los huecos que hay entre unas películas y otras (incluidas las que piensan que podrían producir en el futuro) con relatos que no tienen verdadero impacto en los personajes ni en la historia de la saga. Las novelas del canon Disney son como los episodios de relleno de una serie de televisión. Eso sí, hay episodios de relleno como aquel de Dragon Ball Z en el que Goku y Piccolo se sacan el carné de conducir que, sin ir a ningún lado, son entretenidos.

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