4 de septiembre de 2018

El coche fantástico: El espectáculo de Sam


¿Recordáis los buenos viejos tiempos, cuando la gente todavía prefería leer una entrada de blog a un hilo de Twitter y yo escribía sobre El coche fantástico al menos una vez al año?  Sí, antes de que un servidor sucumbiese al embrujo de Marmalade Boy, la serie creada por Glen A. Larson para la NBC era mi compromiso anual inexcusable.

El problema es que hace ya mucho que comenté la mayoría de episodios memorables de la serie (el episodio piloto, el de Goliath, el de KARR...) y, cuando empecé a ver los episodios del montón y a escribir sobre ellos, el gran evento anual se convirtió en un trámite rutinario y mi pereza hacia la serie creció sin freno. Tanto es así que esa pereza acabó cobrando forma, como una condensación del aire, oscura y perversa; y el monstruo de la pereza siguió creciendo y creciendo hasta convertirse en una gigantesca aberración a la que hubo que matar con fuego y un lápiz muy afilado.

Para evitar que esto vuelva a repetirse, y como han pasado ya más de cuatro años desde la última vez que dediqué una entrada del blog a Michael Knight y su Pontiac TransAm parlante, hoy retomamos la serie donde la dejamos: en el quinto episodio de la primera temporada.


El episodio comienza con una secuencia tan diferente de cualquier otra que hayamos visto en episodios anteriores, tan original y disparatada, que es imposible no quedarse mudo de asombro al verla. Espero que estéis sentados al leer esto, porque os puede dar un vuelco al corazón.

Mientras los créditos del reparto del episodio aparecen en pantalla, un plano grabado probablemente desde otro coche nos muestra a KITT circulando por la carretera a velocidad moderada.

Y eso es todo.

¿Estáis ya emocionados? ¿LO ESTÁIS?

No sé cuántas horas de relleno grabarían con el coche recorriendo la monótona y polvorienta red de carreteras de California, pero desde luego supieron amortizarlas para que los episodios llegasen a los cuarenta minutos de duración. La mayoría de tramas podían resolverse en la mitad de tiempo, pero el doble de minutos significaba que la cadena podía meter el doble de anuncios en las pausas publicitarias.

Lo único positivo del desperdicio de metraje es que estas secuencias solían ir acompañadas de alguna canción popular del momento, como el Proud Mary de los Credence o el After Midnight de Eric Clapton; pero no es el caso de este episodio, en el que debieron de gastarse el dinero de los royalties en el seguro de los especialistas y la permanente de David Hasselhoff.

Esto no empieza bien.

Cortamos a un plano del interior del KITT, concretamente del salpicadero (que en su día Michael comparó con el retrete de Darth Vader), y vemos que KITT está operando en piloto automático. Lo primero que pensé fue que en el siguiente plano veríamos a Michael en el asiento de atrás montándoselo con alguna supermodelo de pelo cardado; pero, en contra de mis expectativas, lo encontramos repantingado en el asiento del piloto leyendo el manual de empleo de su socio.

Aunque suene desesperado, me hace ilusión que alguien se tomase la molestia de diseñar el manual de KITT para el atrezo de la serie. Sé que lo único que hizo fue pegar una etiqueta con las palabras "Knight 2000" sobre el manual de un Pontiac Firebird de 1982, porque lo he leído en la guía no oficial del universo de El coche fantástico; pero cuando escribo estas entradas, no hay clavo lo bastante ardiente como para que no me agarre a él.

¿Bujías? ¿Por qué se inventarán tantas palabras?

KITT pasa por delante de un coche patrulla aparcado a un lado de la carretera. El agente trastea con el radar para falsear la información registrada, porque multar a alguien por leer mientras conduce es demasiado fácil, y sale detrás de KITT con la sirena encendida.

"Con este completaré mi cupo", dice.

Al ver el coche patrulla, Michael pregunta a KITT si ha superado el límite de velocidad permitido.

El coche, ofendido, le contesta que no, pero que sospecha que el oficial de policía está intentando cubrir su cupo diario de multas "de una forma un tanto irregular".

A veces no sé si KITT está programado para pensar de forma lógica o solo para pensar lo peor del  ser humano. A veces ni siquiera estoy seguro de que no sea lo mismo y tengo que tomarme un antidepresivo.

Michael no está dispuesto a pagar la multa y activa el turbo, huyendo de las fuerzas de la ley y el orden a más de 235 millas por hora.

Si sois fans de la serie, sabréis que normalmente el botón de "Turbo Boost" no sirve para incrementar la velocidad de KITT, sino para que aparezca una rampa mágica delante de él y así pueda ejecutar un salto espectacular a cámara lenta que luego el editor cortará justo a tiempo de evitar que veamos cómo se estrella el morro contra el suelo. Si es así, puede que también os estáis preguntando cómo es posible que un único botón pueda servir para dos cosas tan distintas. Por suerte, tengo la respuesta aquí mismo:


A cuatro minutos de haber empezado el episodio sin que haya ocurrido nada remotamente relacionado con la trama (lo cual debería servirnos de advertencia acerca de lo mediocre que va a ser),  Michael se presenta en el despacho de Devon para que le asigne una nueva misión.

Antes de que muriera Wilton Knight (filántropo billonario responsable de la creación de KITT y de que Michael tenga esa cara de guaperas de carpeta), Devon no se mataba a trabajar precisamente; pero, desde que se puso al frente de la Fundación, trabaja menos que el sastre de una colonia nudista.

En los episodios anteriores lo vimos poniéndose morado de caracoles en un restaurante de lujo y leyendo una revista en el taller de Bonnie, donde al menos podía fingir que estaba haciendo algo de provecho; pero en este episodio ni siquiera se molesta en disimular y nos lo encontramos jugando al críquet en su despacho a plena luz del día.

Dicho esto, lo que de verdad me mosquea es que cuando llega Michael, Devon reacciona como si le estuviera interrumpiendo en mitad de algo importante.

De pequeño no entendía por qué Devon siempre parecía estar cabreado con Michael; pero ahora que soy mayor y pienso peor de la gente, creo que empiezo a pillarlo. Devon está utilizando la estrategia "George Constanza" para fingir que está muy ocupado en el trabajo.


Los ordenadores de la Fundación (que quizá tengan hasta 64 kilobytes de memoria cada uno) han seguido las operaciones de un tal Lawrence Blake durante meses y, gracias a eso, han descubierto que se dedica a comprar segundas hipotecas de negocios marginales para luego adquirirlos a precio de chiste cuando se van "casualmente" al garete.

"¡Esta misión suena apasionante!", exclama Michael en un universo paralelo. "¡Cuéntame más sobre esas hipotecas, Devon!".

El actual blanco de Blake es El estrepitoso y estremecedor espectáculo de Sammy, una exhibición al aire libre de acrobacias con vehículos, y la misión de Michael consiste en obtener pruebas de su juego sucio.

"¿Alguna sugerencia?", le pregunta Devon, interesado en cómo piensa nuestro héroe abordar el asunto.

"No, pero ya se me ocurrirá algo", dice Michael con una sonrisa arrebatadora.

"¡Michael, no tomes iniciativas!", le regaña Devon, acostumbrado a que las notas de gastos de Michael incluyan noches en habitaciones de motel y profilácticos suficientes para enterrar el taller-móvil de la Fundación.

Y esto resume toda la dinámica de su relación durante las tres temporadas que la serie estuvo en antena.

Con estos dos tarugos al frente de la Fundación, no me extraña que tuvieran que cerrar el chiringuito.

La escena siguiente se desarrolla en la oficina de Sammy y sirve para presentarnos a algunos de los personajes secundarios de este episodio.

Sammy: dueño y estrella del espectáculo que lleva su nombre, un viejo entrañable preocupado por mantener su negocio a flote sin necesidad de arriesgar vidas innecesariamente  (a no ser, claro está, que esa vida pertenezca a un alguien con los pantalones tan ajustados como para garantizar que jamás tendrá hijos que puedan lamentar su pérdida).

Lisa: la hija mayor de Sammy, una profesional del motor cuya  habilidad al volante pasa a un segundo plano tan pronto como se convierte en el blanco del afán conquistador de Michael; naturalmente, esto ocurre en el instante mismo en que se conocen.

Mark: el hijo pequeño de Sammy, un chico entusiasta que se muere de ganas por participar en el espectáculo, aunque su padre crea que aún no está preparado. Su principal cometido es rellenar minutos del episodio con una trama secundaria que tiene menos chicha que un zombi vegano.

Mario: mecánico y latin lover baboso. Como procuran que nos caiga mal desde el momento en que entra por la puerta, voy a suponer que está conchabado con el malo del episodio e inventarme todo un trasfondo de frustración sexual y profesional en mi cabeza para justificar sus acciones como villano de tres al cuarto.

-Anda, hijo, ¿por qué no regresas al lago azul y dejas de darme la brasa?
-Qué duro eres, Miliki.

-He leído en una revista que a las mujeres os gustan los hombres dominantes que no piden permiso.
-No lo sé, pero, por si acaso, cuando encuentres uno, avísame.

En el camión de la Fundación, Bonnie instala un nuevo sistema a KITT para que pueda oxigenar su interior, lo que sin duda resultará de extrema utilidad en algún momento del episodio y no volverá a mencionarse nunca más durante el resto de la serie.

Michael comenta que el invento le vendrá genial para la resaca y luego, aprovechando que Bonnie está distraída, LE HUELE EL PELO. Y se marcha.

Para evitar discusiones sobre esta clase de comportamiento, vamos a pensar que Michael solo estaba interesado por el champú que utiliza su compañera de trabajo y que no es un degenerado al que Bonnie debería demandar por acoso.

-Mmm... Huele a aceite y ruedas quemadas.

Mientras las gradas se van llenando para El estrepitoso y estremecedor espectáculo de Sammy, un hombre al que la cámara evita enfocar el rostro (pero que evidentemente es Mario) extrae un número calculado de litros de gasolina el coche que conducirá Sammy durante su número.

Por si a alguien le interesan este tipo de detalles, el coche de Sammy es un Plymouth Fury del 76 decorado con estrellas blancas y azules, lo que lo convierte en la cosa más americana que verán vuestros ojos esta semana.

No soy un experto en mecánica, pero, ¿es normal que el depósito de gasolina esté etiquetado con tanta claridad?

Después de que el increíble Sammy realice algunas acrobacias de dificultad moderada, el presentador anuncia el  número final, que consiste en saltar por encima una fila de coches con los ojos vendados y atravesar un aro en llamas.

Para asegurarse de que no hay truco, el reverendo local es quien cubre la cabeza a Sammy con una capucha.

"Hay que decir, señoras y señores, que el reverendo está aquí por algo especial", dice el presentador. Si el salto no saliera como está previsto..., bueno, nunca viene mal tener a un reverendo cerca". Y añade: "Es una broma".

A los niños les encanta el humor negro.

La gasolina del vehículo se agota en un momento crítico y el Plymouth choca contra los coches que tendría que haber superado de un salto, volcando y dejando un rastro de combustible por el que las llamas avanzan rápidamente.

No sé como puede dejar un rastro de combustible si la falta de combustible es precisamente la causa del accidente, pero no pienso discutir la lógica de este momento tan dramático. Es un accidente horrible y a cualquier persona sensible debería ponerle los pelos de punta.

Por eso lo he capturado en este GIF animado:


Contra todo pronóstico, el Plymouth no solo no explota, sino que el equipo médico saca rápidamente a Sammy del vehículo accidentado, aún consciente pero con una pierna rota.

Supongo que debemos alegrarnos, ¿no? Nadie ve estos espectáculos por el morbo.

Entre el público, un hombre de mirada turbia contempla lo sucedido con satisfacción apenas contenida. Los fans de Star Trek: Espacio Profundo Nueve reconocerán en él al actor Marc Alaimo, que dio vida a Gul Dukat, quizá el mejor villano que ha tenido la franquicia creada por Gene Rodednberry.

Lamentablemente, Alaimo no interpreta aquí a un cardasiano malvado con delirios de grandeza, sino a un esbirro del montón llamado Bill Gordon. Y de momento su mayor pecado es llevar una camisa morada con un cuello tan grande que se podrían servir en él dos porciones de pizza familiar.

Papel que da de comer.

Papel que gana premios.

Al día siguiente, Michael regresa a la pista y, desde las gradas, observa a Lisa ensayar algunos derrapes y giros moderadamente competentes.

Cuando la mujer sale del vehículo, Michael salta a la pista y corre hacia ella, aplaudiendo y felicitándola con efusividad, aunque el numerito no ha sido para tanto.

"¿Qué tal está tu padre?", le pregunta.

Dada la confianza con la que se dirige a ella, lo normal sería pensar que Michael ya había aprovechado para presentarse durante la pausa para la publicidad. Pero lo normal no es regla en esta serie.

"¿Quién es usted?", contesta Lisa.

Corre, Lisa. Corre por tu vida.

-Soy yo, ¡Michael Knight!, tu caballero andante.
-¿Desde cuándo llevan los caballeros andantes camisas a cuadros?

Michael le dice que está buscando trabajo como piloto y, para convencer a Lisa de su habilidad al volante, se ofrece a hacerle una demostración con KITT.

Aunque KITT está convencido de que "puede superar fácilmente a esos primitivos coches de acrobacias", Michael le sugiere que no se luzca demasiado para evitar levantar sospechas.

La mayor pega de este episodio es que la gracia de la serie no eran las acrobacias en sí, sino que diera la impresión de que KITT era capaz de ejecutarlas sin necesidad de ayudarse con rampas ni otros trucos del oficio. Y aunque la magia televisiva no siempre resultaba invisible a los ojos del espectador adulto, la suspensión de la incredulidad solía funcionar cuando éramos niños. Sin esa magia, los numeritos no causan la misma impresión. Por eso, en este episodio el único que vive las escenas con intensidad es David Hasselhoff.

Michael sigue una dieta rica en fibra.

Lisa felicita a Michael por su demostración, diciéndole que "no está mal para un aficionado" y que "puede que nos matemos los dos".

Que humor negro sea el leitmotiv de este episodio empieza a inquietarme.

Lisa pide a Michael que espere en la pista mientras ella va a buscar a su padre, que es el único que puede decidir si contratarlo o no.

Por si saltan las armas feministas, esta no es una cuestión de si el padre tiene mejor criterio que su hija, sino de a quién puede demandar Michael si sufre un percance durante el espectáculo y acaba con todas las costillas rotas y las vértebras desmenuzadas

Mientras Lisa está con su padre, Mark, el hijo menor, le demuestra a Michael lo que sabe hacer con la moto.

Aunque esto no lo he leído en ninguna guía de la serie, dudo que me equivoque si afirmo que el guion de este episodio tenía menos páginas de lo habitual y estaba repleto de notas del tipo: "Demostración con la moto de 2 min (RELLENO)".

No me impresiona.

Al rato, Lisa regresa acompañada de su padre, que con las muletas y la pierna escayolada es la viva estampa de un herido de un tebeo de Mortadelo.

Sammy propone a Michael que intente poner el coche sobre dos ruedas, primero de un lado y luego del otro.

"Eso no es justo, papá", le dice Lisa cuando Michael se aleja hacia su coche. "Nadie puede hacer lo que le has pedido".

"Deja que lo descubra por sí mismo", dice Sammy.

Y que se mate. Total, si el negocio se va a ir a pique, ¿qué importa una demanda más?

Como es evidente que Michael y KITT realizan la hazaña sin despeinarse, aprovecharé este momento para advertiros que ver una serie de los ochenta en una pantalla plana gigantesca y con una definición superior a la capacidad visual humana tiene sus inconvenientes. El principal es que puedes contar cuántos pelos asoman por el cuello de la camisa de David Hasselhoff, pero también es un bajón lo mucho que se distingue al doble de David Hasselhoff en las escenas de acción.

Antes estas cosas pasaban un poco más desapercibidas o, al menos, era más fácil ignorarlas.

No-Michael.

No-Michael.

En las plantas superiores de un rascacielos, que es donde los magnates trajeados como Blake planean todas sus fechorías, Gordon informa a su jefe de que Sammy ha contratado a un nuevo piloto para su espectáculo

"Esto podría complicar las cosas", le dice.

Blake no ve por qué va a ser eso un problema, así que Gordon se lo deja más claro:

"¿Y si el nuevo es mejor?".

Sí, eso, ¿y si el nuevo piloto conduce un coche inteligente y casi indestructible equipado con los últimos avances tecnológicos para ejecutar acrobacias increíbles con precisión matemática? Es bastante probable, ¿no?

"Espero que se encargue de ello", responde Blake. "Si no lo hace, encontraré a alguien que lo haga, ¿entendido?".

Amedrentado, Gordon asiente y se marcha

La vida del esbirro de los ochenta era muy dura.

-Tus compañeros dicen que te cuesta trabajar en equipo. Esto podría dificultar tu promoción este año.

El saboteador desconocido (Mario) regresa al taller e intenta superar el sistema antirrobo de KITT, pero incluso una palanca sirve de poco ante el blindaje molecular del Knight Industries Two Thousand.

Decidido a no rendirse, el tipo se mete debajo del coche; pero, a diferencia de los ligues de Michael, KITT no se deja manosear los bajos por cualquiera

"Yo en su lugar saldría de ahí si no quiere acabar aplastado", dice el coche al tiempo que desinfla sus ruedas, reduciendo así el espacio entre la parte inferior de la carrocería y el suelo.

El saboteador, que no está acostumbrado a que los coches le amenacen, huye espantado.

"Desde luego hay personas incorregibles", dice KITT, que al menos se podría haber molestado en grabar a su agresor con alguna de esas cámaras suyas tan oportunas que veremos en futuros episodios.

Ojalá le diera un arranque a lo Christine y lo espachurrase.

Cuando KITT le cuenta lo sucedido a Michael, este le resta importancia al asunto. Nuestro héroe prefiere centrarse en salvar el espectáculo de Sammy y dejar que la investigación se resuelva por sí sola gracias a una inesperada conjunción planetaria.

Con esa idea en la cabeza, Michael convence a Sammy para que le permita ejecutar una acrobacia muy peligrosa en la que saltará por encima de un camión y un coche en marcha.

Michael está convencido de que en realidad no corre peligro porque KITT es capaz de casi todo; pero si lo veis desde el punto de vista de Sammy, el conflicto es terrible. Por un lado, Michael está ofreciéndole la posibilidad de salvar el negocio familiar con un número inolvidable; y, por otro lado, sabe mejor que nadie que está jugándose la vida. Es un dilema moral de aúpa que lógicamente no van a tratar en esta serie.

-¿Te importaría incluirme como beneficiario en tu seguro de vida, chico?
-No cuela, viejo.

KITT, decorado con pegatinas de estrella que suman puntos a su carisma, sale a la pista y advierte a Michael que las posibilidades de realizar la acrobacia con éxito "no son muy óptimas".

Esto no tiene ningún sentido, porque estamos hablando del coche fantástico y ya le hemos visto superar desafíos mayores; pero supongo que los guionistas necesitaban alguna excusa para que los espectadores sintieran emoción durante el número, aunque fuera impostada.

Pese a todo, el doble de Michael consigue realizar el salto lo bastante bien para que las cámaras capten un par de buenos planos antes de que el coche se estampe de morros contra el suelo y el montador utilice una toma del aterrizaje captada en otro salto diferente y más sencillo.

Nunca fueron muy sutiles con los cortes.

Emocionada, Lisa besa a Michael en la mejilla.

"Es un beso de negocios", le dice apurada. "No es personal".

Pero cuando Michael la deslumbra con una de sus irresistibles sonrisas de actor de culebrón, ella ya no puede contenerse más y se le lanza al cuello para comerle todo el boquino.

"Este ha sido personal", le dice Lisa, tomando aire.

Enhorabuena, chica. Disfruta de tu nueva mononucleosis.

Calentando motores.

Gordon, el esbirro de Blake, se acerca a Michael y le ofrece ganar cincuenta veces lo que Sammy le está pagando.

Aunque no sería raro que hubiera algún cazatalentos entre el público, solo quedan quince minutos para que acabe el episodio, así que Michael da por supuesto que Gordon trabaja para Blake y le contesta que, si tanto cree que vale, quiere hablar directamente con su jefe.

Conjunción planetaria, lo que yo decía.

Gul Dukat vs. Michael Knight.

Michael informa a Devon de los avances que ha hecho por pura chiripa y le dice que, cuando se reúna con Blake, intentará dejarse comprar para confirmar que su intención es perjudicar el espectáculo.

Devon le contesta que quizá Blake tenga "formas más económicas de resolver su problema", como borrarlo del mapa.

Corte inmediato a Blake ordenando a Gordon que borre a Michael del mapa.

Gordon pregunta a su jefe si quiere que actúe con discreción, pero Blake ya ha alcanzado su forma definitiva de villano de serie televisiva y le ordena que lo mate con un "verdadero final de espectáculo".

¡Claro que sí! ¿Qué más dará que un asesinato llame la atención sobre sus actividades? ¡Lo importante es disfrutar!

-Necesito el dinero de esa propiedad para poder cambiar la decoración de este despacho.

Por la noche, Gordon se reúne con Mario, perdón, el saboteador cuya identidad nos ocultan sin mucho esfuerzo, y le paga para que elimine a Michael.

Gordon advierte al saboteador que si falla en esta misión, será él quien se encontrará una "sorpresa desagradable" en su coche.

¿Qué puede ser peor manta llena de ladillas que guarda Michael en el maletero de KITT?

Creo que es Pikachu.

El día del espectáculo, Michael convence a Sammy para que deje a Mark rellenar más minutos de metraje con su número de motociclismo, porque no existe un solo padre en el mundo que no se enorgullezca de poner en riesgo la integridad física de su progenie con actividades de riesgo que nadie con un cerebro funcional realizaría.

Aunque no hay ninguna parte del número de Marc digna de GIF, aquí tenéis a Mario mostrando su verdadero rostro al echar un somnífero a la bebida de Michael y brindando con él por su éxito:

-Dulces sueños, Michael.
-Qué raro eres, Mario.

Durante el número final (el mismo que ya hizo la última vez... literalmente), Michael empieza a quedarse grogui al volante y no alcanza la velocidad necesaria para realizar el salto.

KITT se da cuenta de que está ocurriendo algo raro y apremia a Michael para que active el piloto automático, que en realidad debería activarse solo porque la misión primordial de KITT es preservar la vida humana.

Michael consigue pulsar el botón en el último momento, KITT activa el turbo y, para ahorrar costes, el montador del episodio copia y pega la misma toma en la que completaron el número la vez anterior. Ronda de aplausos.

No debería haber comido cocido.

De vuelta al suelo, y en un giro inesperado de los acontecimientos, KITT activa el sistema de oxigenación para que Michael se recupere de su somnolencia. ¿Podría haberlo hecho ANTES del salto?, os preguntaréis. Sí, claro, pero eso habría tenido demasiado sentido para los estándares de la serie.

Mario echa a correr, porque tenía una necesidad urgente de delatarse, y Michael lo persigue con KITT, atropellándolo y capturándolo.

Entre la espada y la pared, Mario confiesa su papel en los acontecimientos y revela a Michael que Gordon va a poner una bomba debajo de las gradas.

No soy un genio criminal, pero a lo mejor que Blake compre el negocio de Sammy poco después de que media pista haya volado por los aires levanta alguna sospecha.

¿Es el equipo de rodaje lo que se refleja en el casco?

Michael conduce a KITT debajo de las gradas y acorrala a Gordon entre fallos de racord.

El esbirro, asustado y al borde de un ataque de pánico, canta como un jilguero y les advierte que la dinamita está a punto de estallar.

Como el bienestar de la mayoría supera al bienestar de un coche parlante, Michael coloca a KITT sobre la dinamita. Por suerte, la explosión no parece causarle más daño que una obstrucción en el tubo de escape. Michael ya ha pasado más veces por eso.

Marc Alaimo tenía que comer.

Michael se presenta en las oficinas de Blake y le engaña con sutileza para que se autoincrimine, grabándole con su reloj para tener la prueba que necesitan.

La conversación se desarrolla de forma muy parecida a esta:

"Señor Blake, ¿puede usted confesar en voz alta y vocalizando que estaba dispuesto a obtener la propiedad de Sammy mediante el sabotaje e incluso el asesinato mientras yo adopto está pose tan natural en la que le apunto con mi reloj?".

"Faltaría más".

Michael Knight, actuando con naturalidad.

En el epílogo del episodio, Michael regresa al taller-móvil de la Fundación para que Bonnie le haga una revisión a fondo a KITT y repare los daños que haya podido causarle la bomba. Como Devon está rondando por ahí, Michael se controla un poco y no le huele el pelo a su compañera.

Una vez comprobado que el coche sigue de una pieza, Michael le dice a Devon que KITT y él seguirán participando en el espectáculo al menos otras tres semanas, hasta que Sammy se recupere o Lisa se dé cuenta de que Michael está convirtiendo su vagina en un centro ambulante de enfermedades venéreas, lo que ocurra primero.

Fin.

5 comentarios

  1. Echaba de menos a Michael Knight y Kitt.

    Creo que hay par un episodios memorable por analizar, uno en dos partes en el que los malos sustituyen a Devon por un doble que cierra la Fundación y consiguen destruir a Kitt, gracias a la ayuda de un vigilante consiguen reconstruirle con nuevas capacidades.

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  2. Vi esta serie en televisión en Venezuela pero el canal saltaba muchos los episodios, le estaba agarrando el gusto hasta que llego Caballeros del Zodiaco y bueno se me olvido el coche fantástico :D
    Debo admitir que lo poco que vi me traje la magia de la serie, así como cuando niño nunca le vi el cierre a Ultraman XD
    Buen Post como siempre amigo. Saludos.

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  3. Me encanto su micro aparición en Los Guardianes de la Galaxia 2, aunque debio aparecen también su amigo el coche.

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  4. Anonimatus: Sí, hay algunos episodios más que tienen su miga, pero pocos. A lo mejor algún día comentó el cómic en el que KITT se enamora de un coche parlante rosa.

    José Correa: Nunca es tarde para ver El coche fantástico de cabo a rabo. Espera, ¿qué hora es? ¿Y el año? Sí, es tarde ya.

    Fran Roldán: GRACIAS.

    jin jack: Sí, no es de los que reniega del personaje que le trajo la fama. Quizá porque nunca tuvo mucha más (a salvo de la que le sumó interpretar a Mitch Buchannon).

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