17 de octubre de 2018

JoJo's Bizarre Adventure: Phantom Blood - Dio el invasor

Voy a aventurarme a decir que la mayoría de los que habéis oído hablar alguna vez de Jojo's Bizarre Adventure ha sido por los memes que plagan las cuentas de otakus y otros seres de intelectualidad superior en las redes sociales. Si es así, es bastante probable que tengáis poco claro de qué porras va esta serie. Es normal. Yo sigo haciéndome esa pregunta después de haberme leído dos sagas enteras del manga y más de la mitad de la tercera.

JoJo's Bizarre Adventure empezó a publicarse en la revista Weekly Shonen Jump a principios de 1987 y narra la historia de la familia Joestar a lo largo de varias generaciones en su cruzada contra el mal.

Los protagonistas cambian de una saga a otra, e incluso el tono de la obra y el estilo del autor —Hirohiko Araki, un señor mayor que se tiñe el pelo— evolucionan a medida que se acumulan las viñetas, por lo que no es fácil describir esta serie en apenas unos párrafos; pero las poses extravagantes y sus rompedoras tendencias de moda son la mayor constante de este producto de culto dirigido a auténticos machotes. Y por "auténticos machotes" me refiero a hombres pintorescos y sensibles de musculatura improbable, pecho depilado y ropas abigarradas y provocativas.

Gracias a su éxito dentro y fuera de las fronteras niponas, la colección sigue publicándose a día de hoy y cuenta con varias adaptaciones para la pequeña y gran pantalla. Durante las próximas semanas, nos centraremos en los primeros episodios de una de esas adaptaciones: el anime de 2012.


El primer arco argumental de la serie, titulado Phantom Blood, se desarrolla en la Inglaterra de los años ochenta; pero no los años ochenta de los pelazos cardados y las hombreras gigantes, sino 1880, cuando los bigotones señoriales y los fracs negros se imponían entre los caballeros, y los cabellos ensortijados y las faldas abullonadas, entre las damas.

¡Bienvenidos a la era victoriana!

Y si algo nos enseñaron las películas de terror de la Hammer sobre la Inglaterra del último cuarto del siglo XIX, es que la gente no solo era pomposa y estirada y vestía de la forma más incómoda concebida por la humanidad, sino que sentía fascinación por el terror gótico: monstruos románticos, castillos embrujados, cementerios envueltos en niebla, muchachas pechugonas en camisón...

Sin embargo, antes de viajar hasta esa década, tenemos que retroceder un poco más en el tiempo, ya que el primer episodio de la adaptación televisiva de Phantom Blood se remonta algo más de una década, a 1868, el último año en el que el Imperio británico deportó delincuentes a Australia, tras haber comprobado durante décadas que la amenaza de que un canguro te patee el trasero no reduce el índice de criminalidad. Pero obviamente no todos los delincuentes acababan a bordo de un crucero con rumbo a tierras plagadas de alimañas letales; muchos seguían tentando la suerte en la Inglaterra que los vio nacer, temiendo el día en que acabasen en manos del verdugo o contrayendo la sífilis en un calabozo de mala muerte.

Era una noche oscura y tormentosa, y un carruaje se había despeñado por un barranco...

Los caballos solo están dormidos. Ningún animal fue dañado durante la producción de este episodio.

Si no hay lugar en vuestros corazones para la compasión, si no sentís horror y congoja ante ese grotesco y triste espectáculo, imagino que entonces no tendréis problema en reíros de la pobre mujer cuyas patas asoman por la puerta del carruaje cual tallos de remolacha forrajera.

La muerte no distingue entre pastores y reyes, y tampoco respeta la dignidad de nadie; pero no cabe duda de que al menos la desconocida mujer tiene mejor aspecto que el cochero.

Tendría que haber hecho caso a sus padres y haber abierto aquella barbería en el East End.

Desde lo alto del camino por el que se ha precipitado el vehículo, un viejo llamado Dario Brando contempla la terrible escena y deduce que los caballos resbalaron con el barro. Su mirada aviesa brilla bajo una frente que provocaría pesadillas a un frenólogo, y, entre la barba cana y descuidada, asoma, con una sonrisa cruel, una dentadura amarillenta con más huecos entre sus filas que las tropas británicas durante la rebelión de los cipayos de 1857.

Tras el hombre vemos a una joven que podríamos tomar por su esposa, pero que es en realidad una mujer trabajadora que le ha acompañado desde el bar, presumiblemente una lavandera o costurera con horario nocturno.

O tal vez una mujer de afecto negociable.

La vileza que insinúa el aspecto del viejo se confirma cuando desciende hasta el lugar del accidente para ver si puede sacar provecho de esta desgracia.

Dario se regocija al encontrar el cuerpo de un hombre vestido con elegancia junto a los restos del carruaje, y la codicia se dibuja en su rostro cuando ve que la desafortunada víctima lleva en uno de sus dedos un anillo dorado con joyas incrustadas.

La joven baja con él y, al acercarse al carruaje, oye el llanto de un bebé. Con el corazón encogido, le dice a Dario que la madre ha muerto protegiendo a su hijo. Imagino que fue antes de que decidiera hacer el pino en plena caída libre.

Sin embargo, Dario está demasiado ocupado saqueando el cuerpo del presunto marido para prestar atención a un óvulo fecundado venido a más.

Palabras que no encontraréis en el diccionario de Dario Brando: "piedad", "compasión" e "higiene dental".

Al lado del cuerpo, el viejo descubre un maletín que contiene una máscara de piedra. Turbado por la siniestra apariencia de este inusual souvenir, Dario lo arroja a un lado y se dispone a arrancarle los piños al cadáver.

La extracción dental, por ruin que os parezca, no es gratuita. La demanda de dientes estaba por las nubes entre los ortodoncistas de la época. Incluso a finales del siglo XIX, cuando ya existían los dientes postizos de porcelana, los profesionales preferían utilizar piezas auténticas para reconstruir las dentaduras de sus pacientes. Ya podéis presumir de haber aprendido algo leyendo este blog.

Antes de que Dario demuestre que no hace falta estudiar odontología para sacar una muela, una mano le aferra la muñeca. El viejo apenas se sobresalta, lo que representa una inusual muestra de comedimiento en comparación con la mayoría de acciones y reacciones que nos esperan en adelante.

Como habréis deducido, el supuesto fiambre no era tal. Y tampoco es un zombi salido de la tumba para atormentar a los vivos escuchando música punk. El hombre simplemente estaba K.O. por el castañazo y tenía que superar una tirada de salvación contra la muerte.

"Mi esposa y mi hijo, ¿están bien los dos?", pregunta el caballero con la voz temblorosa por la conmoción.

Dario le responde que el bebé sigue vivo, pero la madre ha palmadFALLECIDO. Y tiene las vertebras como un acordeón.

El caballero achaca la muerte de su esposa al destino y parece resignarse; sin embargo, la lluvia no logra ocultar las lágrimas de pesar que resbalan por su rostro.

Los hombres de esta serie no temen mostrar sus emociones. Nada puede menoscabar su masculinidad hiperbólica, solo realzarla de la forma más sexy posible.

Confundido y al borde de nuevo de la inconsciencia, el hombre se presenta como George Joestar y le dice a Dario que le ha salvado la vida y está en deuda con él.

En circunstancias normales, no me parecería una conclusión descabellada, solo ingenua; pero si tenemos en cuenta que Dario sostiene el anillo robado delante de las narices del señor Joestar y además, tan pronto como se da cuenta de que puede sacar provecho de la situación, le dirige la clase de mirada que pondría un maníaco homicida antes de clavarte un puñal en cada ojo mientras te roba la cartera y quema tu casa, solo puedo llegar a la conclusión de que el hombre sufre un traumatismo craneoencefálico severo. Eso o que ya era así de idiota antes del accidente.

Dario nunca debería jugar al póquer.

Doce años después...

El hijo de George Joestar, Jonathan Joestar (o JoJo para abreviar), vive despreocupado y rodeado de lujos en la campiña, educándose con los principios y modales de un caballero.

Al mismo tiempo, Dio, hijo de Dario Brando, de la misma edad que JoJo, soporta los malos tratos de su padre alcohólico y se ve obligado a ganarse su sustento jugando al ajedrez en tugurios de mala muerte contra tipos con muy mal perder.

Aunque quizá habría sido más interesante una inversión de papeles, no se me ocurre forma más rápida y simple de explicar por qué JoJo se convierte en un buenazo y Dio en un villano de opereta.

Además, después de haberle dedicado casi ochocientas palabras a tres minutos y medio de episodio, agradezco poder ahorrarme explicaciones complejas sobre la psicología de los personajes. En lugar de eso, prefiero contaros curiosidades como que el nombre de Dio es una referencia al difunto cantante Ronnie James Dio, cuya banda firmó uno de mis álbumes de heavy metal favoritos, Holy Diver. Toda la serie esta plagada de referencias musicales como esa.

-Tienes los modales de un mendigo.

-Quería asegurarme de que estuvieras a gusto conmigo.

En su lecho de muerte, cDario pide a su hijo que se vaya a vivir con los Joestar, que le acogerán como un miembro más de la familia porque son unos meapilas y le deben un favor. También le dice que, como él es un chico espabilado, se aproveche de los Joestar para convertirse en el hombre más rico del mundo. Los valores morales de su progenitor son inspiradores y dignos de reconocimiento, sí, señor.

Frente a la tumba de Dario, Dio jura que se hará más rico que nadie, aprovechándose de quien haga falta para alcanzar esta meta; pero lo hará porque él quiere, no porque se lo pidiera su padre, que era, en palabras del muchacho, "un hombre horrible y retorcido" y "un padre espantoso que hizo sufrir a mamá hasta matarla". Lo que yo decía, un adalid de la virtud.

"¡Escoria!", sentencia Dio escupiendo sobre la lápida de su padre.

Imagen congelada del escupitajo para vuestro deleite.

De los problemas del tercer mundo pasamos a los problemas del primer mundo, que siempre serán lo más importantes porque acaparan más titulares en la prensa.

Paseando por el campo, JoJo se encuentra a dos bravucones molestando a una niña a la que le han quitado una muñeca para comprobar, por puro interés científico, si está igual de bien hecha debajo del vestido que por fuera. ¿Qué niño no ha cometido esta misma travesura con la Barbie de alguna hermana, amiga o prima, o con la colección de muñecas de ese vecino maduro y reservado que apenas sale de su piso?

Sin dudarlo ni un instante, JoJo se encara con los jóvenes gamberros, demostrando que, pese a su corta edad, le sobran arrestos, gallardía y aplomo.

¡KAPOW!

Y le dan una somanta de palos, porque el valor no está reñido con la estupidez.

Después de que los sinvergúenzas se marchen, la niña, que se llama Erina Pendleton, se acerca a JoJo para ayudarle a levantarse; pero él la aparta con brusquedad y le dice que no ha acudido en su auxilio porque esperase su gratitud, sino porque quiere ser un caballero y ella es la clásica damisela en apuros a la que los villanos de bigotes finos atan a las vías del ferrocarril.

"Por muy fuerte que sea tu rival, por más que tu derrota sea segura, hay momentos en los que un caballero debe sacar pecho y luchar", dice JoJo. "Pero algún día mediré metro noventa y cinco de puro músculo y seré yo el que reviente cabezas a guantazos".

La última parte de la cita podría no ser literal.

-No llores. No mires atrás. Hazte el duro.

Al mismo tiempo que JoJo regresa a casa, Dio Brando llega en carruaje y ambos coinciden a las puertas de la mansión.

Cualquier otra serie tendría que confiar en la interacción entre los personajes y los diálogos para sorprendernos, pero JoJo's Bizarre Adventure no es una serie como las demás, y aquí lo demuestra regalándonos una escena tan innecesariamente épica como ridícula y alucinante.

Y es que Dio es mucho Dio y no sale del carruaje como lo haría una persona normal. No, él abre la puerta del carruaje de golpe, arroja su maleta al suelo la fuerza suficiente para levantar gravilla, y abandona el vehículo de un salto armonioso y grácil, digno de un bailarín del Ballet Bolshoi, que remata con un aterrizaje sobre tres puntos.

Primera muestra de la extravagancia disparatada que caracteriza a la serie. ¡Y las que nos quedan!

JoJo da la bienvenida a su hermanastro y le presenta a la mascota de la familia, Danny, un gran danés blanco con manchas negras que corre hacia los muchachos ladrando feliz ante la posibilidad de hacer un nuevo amigo, tan bonachón e inocente como solo pueden serlo los perros.

Pero a Dio ni siquiera le hacen gracia los chuchos que aparecen en las sátiras políticas del Punch, y, sin ningún miramiento, arrea un rodillazo a Danny que lo deja medio tieso.

CA-CA-CA-CARESS BREAKER!!!

JoJo, incapaz de asimilar lo que acaba de ver, actúa por puro reflejo y, cegado por la ira, se enfrenta el recién llegado.

Sin embargo, antes de que los chicos lleguen a las manos, aparece George Joestar acompañado de algunos sirvientes y les pregunta qué ha pasado.

Dio, fingiendo una cortesía exquisita, se excusa diciendo que se asustó al ver abalanzarse al perro; pero lo que piensa para sus adentros es lo siguiente:

"Con que este es el heredero de la familia Joestar, el típico niño mimado con una buena casa, sirvientes y dinero. Lo destrozaré psicológicamente".

Vamos, lo que piensa de primeras cualquier chaval de doce años.

El señor Joestar, por supuesto, ignora lo que ven sus propios ojos y decide creer a Dio, convencido de que será tan buena persona como su padre, aquel viejo de mirada perversa que apestaba a ginebra, le robó el anillo y estuvo a punto de arrancarle las muelas.

Me da en la nariz que JoJo y Dio pronto serán como uña y carne.

Dentro de la mansión, George Joestar presenta al joven Brando al personal y ordena que lo traten igual que a JoJo, aunque para ello haya que duplicar el número de reverencias en la casa y las bajas por lumbalgia. Luego pide a los chicos que le sigan escaleras arriba para enseñar a Dio cuál cuál sera su habitación.

JoJo, ingenuo, cree que quizá Dio se asustó de verdad al ver a Danny e intenta hacer las paces con él cargando con su equipaje; pero su nuevo hermano se lo paga retorciéndole el brazo, llamándole imbécil y dándole un codazo acompañado de onomatopeya que le cruje las costillas.

"Escucha, JoJo, no te creas superior a mí solo porque estemos en tu casa. Me gusta ser el mejor, el número uno, no dejaré que nadie me menosprecie", le susurra Dio al oído. "Y otra cosa: odio a los perros. No me asustan, pero me repugna que sean tan sumisos frente a los humanos".

Dio es un chico complicado, pero hay que alabar su honestidad y transparencia.

Antes de subir las escaleras, Dio se fija en la máscara de piedra que cuelga de una de las paredes. Se trata de la misma máscara que su padre Dario ignoró hace doce años. ¿Estarán sugiriéndonos algún futuro desarrollo de la trama? Y lo que es más importante, ¿se me habrá estropeado el detector de sarcasmo? Hace rato que no pita. Dejadme que lo arregle...

¿Veis los tres lunares en la oreja de Dio? También son importantes. O lo serán cuando el doctor le diagnostique un cáncer de piel.

A partir de ese momento, la vida de JoJo cambia a peor. Dio es más espabilado y tiene mejores modales que él, y George Joestar, mal que le pese, no puede evitar compararlos. El hombre incluso empieza a pensar que ha mimado a su hijo natural más de la cuenta.

Qué pena me da JoJo. Es todo tan trágico...

Pero, bueno, algún inconveniente tenía que tener criarse en una mansión de tres plantas en las afueras de Liverpool, rodeada de jardines y más acres de campo que el palacio de Buckingham.


A pesar de todo, el tiempo pasa y JoJo crece y se hace más fuerte. El chico incluso empieza a competir en peleas de boxeo amistosas y deja de ser un pelele.

Pero resulta que su hermanastro también es mejor que él en eso, y la primera vez que luchan el uno contra el otro, Dio no solo le propina un directo de derecha que lo manda por los aires, sino que aprovecha el golpe para hincarle el pulgar en el ojo.

Teniendo en cuenta que el desayuno recomendado para púgiles del siglo XIX incluía una pinta de vino tinto caliente y una cucharada de brandy, tampoco me extrañaría que esta clase de cosas sucedieran por accidente.

Con semejante estela de sangre podría escribirse Orgullo y prejuicio.

No contento con derrotar a JoJo dentro del cuadrilátero, Dio se ofrece a enseñar sus técnicas a los espectadores y les pide que luego no le cuenten nada a su hermanastro, ya que este, les asegura, no es capaz de guardar secretos. La gente empieza a mirar a JoJo con recelo.

"La soledad es capaz de destrozar a un hombre", piensa Dio. "Convertiré a JoJo en un hazmerreír inútil y le iré arrebatando todo lo que tiene, para que, cuando seamos adultos, todo lo que posea sea mío".

La mente de Dio tiene la sutileza interpretativa de la madrastra de Blancanieves.


Dio sigue extendiendo el rumor de que JoJo es un chivato (aunque ya parezcan dos maromos, recordad que solo tienen doce o trece años, así que tampoco es que haya muchas formas de arruinar su reputación) y los amigos que tenía el joven Joestar empiezan a ignorarlo.

Sin embargo, JoJo es fuerte y no se deja vencer por la adversidad. Aún tiene un amigo fiel en su mascota Danny, con quien comparte sus preocupaciones y recelos, y además no tarda en encontrar el Amor Verdadero™.

Un buen día, Erina Pendleton le deja un cesto de uvas colgado de la rama de un árbol y, al momento siguiente, la pareja se convierte en coprotagonista de un falling in love montage de los que normalmente solo se ven en comedias románticas y que suelen ir acompañados de alguna de esas canciones pop que a todos nos enternecen, como True de Spandau Ballet, o Hungry Eyes de Eric Carmen.

¿Bañándose juntos en el río sin estar casados? ¡Qué descoco e impudicia!

Pero Dio no está por la labor de dejar que JoJo sea feliz, y cuando se entera de que Erina es la causa de que le rodeen efectos luminosos de app barata allá a donde va, asalta a la muchacha y le planta un beso en los morros.

"Tu primer beso no te lo ha dado él. ¡He sido yo, Dio!", declara muy ufano, regodeándose en su ruindad.

Yo soy Erina y me rio a carcajada limpia en su cara de subnormal; pero en esta Inglaterra decimonónica edulcorada con colores pastel y teatralidad intensa, donde los valores morales y la virtud prevalecen sobre el sentido común, la muchacha entra en shock.

Al menos Erina saca un poco de orgullo de entre los pliegues de su falda turquesa y, pese a tener las aguas puras y cristalinas del río al lado, se lava la boca en un charco de barro para que Dio vea que le da más asco un beso suyo que la mugre que sirve de hogar a bacterias, bacilos y gérmenes patógenos.

La afrenta saca a Dio de sus casillas y le arrea una bofetada a la chica, enfadándose inmediatamente consigo mismo por haber perdido el control.

Por si antes no os había quedado claro, el chaval es muy intensito.

Beso Muscat: Los orígenes.

Aunque el incidente tiene todo el dramatismo de un teatro de guiñol para niños, Erina se siente profundamente humillada, y cuando vuelve a ver a JoJo, no es capaz de mirarle a la cara y se aleja de él entre sollozos.

JoJo descubre por su cuenta lo sucedido y, llevado por la rabia, se enfrenta a Dio en el vestíbulo de la mansión.

Dio, seguro de su superioridad física, confía en darle otra paliza para dejarle claro que nunca le ganará, ni en las peleas, ni en la vida; pero no cuenta con que el espíritu de lucha del joven Joestar arde ahora con la llama de quien siente el dolor de un ser amado más intensamente que el propio, lo cual multiplica la fuerza, la resistencia y la velocidad por cuatro.

Y aunque es JoJo quien recibe los primeros golpes, las tornas cambian enseguida y Dio se lleva un cabezazo de campeonato en toda la zona buconasal que le pone las pupilas mirando a San Pedro.

No satisfecho con esto, JoJo desencadena los Meteoros de Pegaso sobre su rival, convencido de que no hay nada que recupere más rápido el honor de una dama que una somanta de palos.

No me canso de verlo.

Una pequeña parte de los doce galones de sangre que expulsa Dio por la nariz salpican la máscara de piedra, que reacciona al baño carmesí agitándose y desplegando unos ganchos retráctiles que la descuelgan de la pared.

JoJo mira el objeto mosqueado, pero su atención enseguida se centra en Dio, que se incorpora con lágrimas en los ojos, ofendido de que aquel al que considera su inferior le haya dado semejante tunda.

Mostrando su lado más barriobajero, Dio saca una navaja y, en ese instante, George Joestar, que lleva al menos un rato contemplando el espectáculo desde lo alto de la escalera, interrumpe la pelea.

Como el señor de la casa tiene sintonizado otro canal en el que Dio no es un pequeño psicópata sin alma, acusa a JoJo de ensañarse con su hermanastro cuando este no podía defenderse, demostrando así una actitud impropia de un caballero. En cambio, de la navaja que Dio lleva en la mano e intenta ocultar torpemente a su espalda no dice ni pío. Ten padres para esto.

-Qué vergüenza, JoJo. Un caballero se arrojaría sobre la navaja para dar ventaja a su adversario.

Me gustaría decir que aquí acaba el episodio y dejaros con el sabor agridulce de la primera victoria de JoJo y una pizca de intriga, preguntándoos qué misterio oculta la máscara de piedra. Pero el episodio aún no ha acabado y lo que viene a continuación hará que el personal del hospicio de Oliver Twist os parezca un dechado de santidad.

Pocos días después de la pelea, el mayordomo sale a quemar hojarasca y, al abrir el horno, encuentra una caja de madera lo bastante grande para meter dentro el equipamiento de todo el equipo nacional de críquet. Pensando que la habrá tirado alguna sirvienta, el hombre se encoge de hombros y enciende el horno. Será por cajas.

Después de que el fuego comience a arder, un olor a pelo quemado y filete a la brasa llena el aire y algo comienza a golpear la tapa desde dentro. El mayordomo, horrorizado, se da cuenta de que había alguien en la caja ¡y está quemándose vivo!

Pero no es alguien. ¡Es Danny, la mascota de JoJo! Ya es mala pata. No lo mató su dueño dándole uvas, con lo tóxicas que son para los perros, y lo tuvieron que matar 400 grados Celsius.

Lo único positivo que se me ocurre decir es que al menos la serie de televisión, a diferencia del manga, no muestra al pobre chucho en llamas ni explica que estaba amordazado con alambre para que no pudiese ladrar. Menudo consuelo.

Esto da un nuevo significado al término "perrito caliente".

Hay que decir que matar a un perro es de ser muy hijo de p***, y, por deleznable que lleguen a ser los actos de Dio en el futuro, nada de lo que pueda hacer a partir de ahora me parecerá peor. Podría incluso hacer descarrilar el Expreso de Oriente matando a todos sus pasajeros, con soldados condecorados, enfermeras e inclusos bebés a bordo, y aun así no conseguiría superarse. Lo admito. Soy uno de esos idiotas con la escala de valores trastocada por culpa del amor incondicional de los chuchos.

El Dr. Infierno no mató ningún perro. Piccolo, el Rey de los Diablos, no mató ningún perro.

Dio, te odio.

Sí, ya lo sabemos, Dio. Pero para esto aún faltan siete años. No nos adelantemos a los acontecimientos.

En la campiña, ignorando la tragedia que está teniendo lugar, JoJo observa a Erina recorriendo cabizbaja el camino, sin saber qué decirle y sintiéndose muy desgraciado. ¿Mal de amores? Supéralo abrazando a tu mas... co... ta.

Oh.

Al regresar a casa, JoJo encuentra a su padre y a algunos sirvientes alrededor de la tumba que han cavado para el churruscado Danny. Incluso han clavado una cruz sobre el montículo de tierra. Todos los perros van al Cielo.

George Joestar, que no sería capaz de unir los puntos ni aunque se los numerasen para formar un dibujo de Dio con cuernos, pezuñas y rabo, dice a su hijo que la policía cree que pudo ser obra de un ladrón que quería deshacerse del perro guardián; pero JoJo sabe quién es el auténtico culpable.

-No veo ningún motivo para relacionar la muerte de tu mascota con la pelea que tuviste con Dio hace solo unos días. Ninguno en absoluto.

Esa noche, acostado en su cama, JoJo llora desconsolado.

También es verdad que si su mascota hubiera sido un bicho más pequeño y difícil de singularizar, al menos su padre podría haberle dado el cambiazo y ahorrarle ese disgusto.

¿Recordáis el plan de Joey en Padres forzosos para que Michelle nunca tuviera que volver a pasar por el trauma de perder un pez de colores? Ocurrió en el episodio 17 de la cuarta temporada. Nadie aprendió ninguna lección ese día, pero es un buen ejemplo de las decisiones horribles que puede tomar un padre (o amigo comediante fracasado) para prevenir llantos y pataletas.

Este chiste no es solo malo. Es aterrador.

Dio, satisfecho tras su venganza, pero irritado al mismo tiempo consigo mismo por haber subestimado a JoJo y haberse dejado llevar por sus emociones otra vez, llega a la conclusión de que debe esforzarse por mantener la calma, incluso si eso supone pasarse una elipsis de siete años entre este episodio y el siguiente sin cometer fechoría alguna.

La máscara de piedra, testigo silencioso de la tragedia que se está cocinando, se aburre colgada de la pared.

-¡Usadme ya, corcho!

El próximo episodio traerá el triple de músculos, diez veces más teatralidad y vampiros que hacen "WRYYYYYYYY". ¡La cosa promete!

7 comentarios

  1. Jojo's y tus recapitulaciones, hermosa combinación. Me alegro que te pongas a hablar de la experiencia tan bizarra (ya de entrada nos avisan) que es esta historia. Yo me tengo que poner al día con la adaptación, pero de valer, vale la pena.
    Al principio me generaba una mezcla entre curiosidad y rechazo, como un perro en un horno. Ahora, a diferencia de con el pobre chucho, desapareció el rechazo. Espero que, aunque no sean las entradas más populares, no las dejes (si puedes con mermelade boy...).
    Un apunte, antes del opening has tenido un error de tipeo y puesto 2002 en lugar de 2012. Te aviso porque ya de por sí muchos nos confundimos para entrar al mundo de jojos y puede marear a la peña.
    Saludos!

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  2. No suelo comentar, pero me da pena que un post tan currado tenga un solo comentario.

    Para mí las sagas buenas de JoJo empiezan con Stardust Crusaders. Los Stands dan mucho juego. Pero supongo que esta tampoco está mal.

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  3. Nickford: Gracias por el cumplido y por la corrección de errores. Aciertas con lo de entradas populares. Al menos a nivel de comentarios.

    Anónimo: ¡No necesito tu compasión! *Se vuelve a su esquina a llorar*

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  4. Soy uno de los que siguen esta serie y no por la historia sino por lo extraño que resulta, ese límite entre masculinidad y ridiculez le queda muy bien. Las poses son de los mejores. Buen post amigo, como siempre entretenidos un montón.

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  5. Jojo es el mejor manga del mundo, es imposible aburrirse con él.
    Mi saga favorita es Steel Ball Run, una de las cosas más demenciales que he leído en mi vida XD.

    Muy buena entrada, no lo dejes please.

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  6. Espero que el Dio ese tenga una muerte espantosa, lenta y dolorosa por lo del perro. Sí, yo también tengo la escala de valores morales trastocada.

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  7. José Correa: La mejor baza de la serie es su excéntrica originalidad. Siempre hay algo que sorprende.

    Oingo Boingo: Gracias. Y tranquilo, no voy a dejarlo. Dije que habría tres entradas y tres habrá. La segunda llegará en apenas unas horas.

    Juan Mendez: Es un problema, pero los perros son adorables.

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