26 de enero de 2019

Supaidāman, el Spider-Man japonés

Han pasado cerca de 40 años desde que la serie de Spider-Man producida por Toei terminó de emitirse en televisión. Durante su emisión, desde mayo de 1978 hasta marzo de 1979, coincidió con la serie estadounidense sobre la que ya escribí hace algún tiempo, y ambas comparten lo que para mí representa el pilar esencial de las producciones de superhéroes de aquella época: el cutrerío desvergonzado.

Sin embargo, pese a que los presupuestos y medios con los que contaban americanos y japoneses no eran muy diferentes (según las fuentes más fiables que he consultado, ambas series se rodaron con las vueltas del pan), la producción de Toei supera con creces a la de la CBS en entretenimiento. Y esto se debe a lo absurda y extravagante que es.

Mientras que los estadounidenses decidieron dar a la serie del arácnido un enfoque de serie policíaca, el Spider-Man japonés ignora todos los elementos periféricos del más reconocible superhéroe de Marvel, abraza el género tokusatsu y se aferra a él como una garrapata ávida de acción y extravagancia.

Ya podéis olvidaros del origen clásico que visteis en los cómics de Stan Lee y Steve Dikto, de los amigos y supervillanos con los que el Trepamuros comparte aventuras y desventuras en los tebeos, y del universo tan inmenso en el que todos ellos conviven, porque la serie japonesa tiene mucho más en común con Bioman o los Power Rangers que con las historietas de Marvel.

Dicho esto, si la serie ha llegado a conocerse más allá de las fronteras de Japón, ha sido sobre todo como meme de internet y son pocos los que se han molestado en ver esta serie y disfrutarla como el glorioso disparate que es. Por eso, como me da lástima que el Spider-Man japonés haya quedado en poco más que una chiste desprovisto de contexto, quiero dedicarle esta entrada y dároslo a conocer recapitulando el primer episodio de la serie.

9 de enero de 2019

Dragon Quest III


¿Por qué, con todos los videojuegos buenos que salen cada año, todavía dedico mi tiempo a jugar y escribir artículos sobre videojuegos lo bastante viejos como para que se consideren hallazgos arqueológicos cuando los saco del cajón?

Y si solo lo hiciera con los típicos plataformas de 8 y 16 bits que se puede uno pasar en una o dos horas, ni tan mal; pero a veces me da por desempolvar un RPG espantosamente largo, y entonces siento que debería recapacitar sobre el uso de mi tiempo libre (o el rumbo de mi vida, en general).

Que haya escogido precisamente la tercera entrega de Dragon Quest para esta entrada es más absurdo si cabe, ya que este juego ni siquiera llegó a Europa. Es cierto que sentía curiosidad por conocer el título que llevó al gobierno japonés a prohibir el lanzamiento de las futuras secuelas de la saga en días lectivos para evitar que los chavales hicieran novillos en masa, pero lo más cercano a un recuerdo que tengo de Dragon Quest es haber visto en la tele Las aventuras de Fly.

Me gustaba mucho esa serie. Tendrá que bastar.