12 de marzo de 2019

'Congo', de Michael Crichton

Si la memoria no me falla, leí Parque Jurásico, de Michael Crichton, poco después de que se estrenase la película de Steven Spielberg, allá por el otoño de 1993, más o menos cuando Michael Jordan se retiró del baloncesto profesional.

El siguiente libro del autor con el que me aventuré fue la secuela del anterior: El mundo perdido. Este me lo leí antes de que se estrenase su correspondiente adaptación cinematográfica, también dirigida por Spielberg.

Aunque apenas recuerdo nada de estas dos novelas, salvo algunas de sus diferencias con las películas, tengo que suponer que el hecho de que me leyera El mundo perdido antes de ver su adaptación al cine significa que al menos me gustó la primera parte. A esto le llamo yo optimismo retrospectivo.

Después de esas amenas lecturas, probablemente en el mismo verano en el que se estrenó El mundo perdido, me leí Esfera, y estoy bastante seguro de que disfruté de este libro más que de la dilogía jurásica.

Todos esos recuerdos han permanecido guardados en algún archivador polvoriento y cubierto de telarañas de mi cerebro durante años, tan útiles como un anorak en el África Central, hasta que salieron a la luz hace un par de semanas cuando vi la novela Congo en una estantería de casa de mis padres. Creyendo que apostaba sobre seguro, la cogí prestada.

Fue un impulso del que me arrepentí esa misma noche mientras leía en la cama. Sé que parece feo hablar mal de una novela cuyo autor murió de cáncer hace apenas unos años, pero...