1 de noviembre de 2018

JoJo's Bizarre Adventure: Phantom Blood - Una juventud junto a Dio

El tercer episodio de JoJo's Bizarre Adventure empieza exactamente donde lo dejamos en el episodio anterior: con Dio recién llegado a la mansión de los Joestar tras descubrir el secreto de la máscara de piedra, y con JoJo haciendo un poco de teatro con un candelabro en la oscuridad para destapar los tejemanejes de su hermano adoptivo.

A diferencia de los episodios anteriores, y a pesar de su título de novela erótica gay, Una juventud junto a Dio no transcurre a lo largo de años o días, sino que, a salvo de un flashback puntual, toda la acción se desarrolla del tirón en una misma noche; una noche que pone fin a la primera parte de esta historia trágica sobre la que probablemente nunca seguiré escribiendo. ¿Qué pasa? Son otros seis episodios y se me están desgastando las huellas dactilares con estas recapitulaciones.

A la luz de los recientes acontecimientos, JoJo le dice a Dio que le ha dado el antídoto a su padre y que nada le duele más que tener que entregar a su hermano a la policía. Teniendo en cuenta que en Londres le rajaron el antebrazo hasta el hueso con una triple sierra circular giratoria y ni siquiera se quejo, su umbral de dolor está por las nubes, así que imaginaos lo que tiene que dolerle que enchironen a Dio. JoJo es un trozo de pan. Pero no un pan cualquiera, sino un pan elaborado de forma tradicional, con harina, levadura y amor de madre.

Dio intenta engañar a JoJo para que se despiste un instante y coserle el páncreas a puñaladas, apelando con lágrimas de cocodrilo a su buen corazón y alegando que, a causa de haberse criado en una pobreza dickensiana, le pudo la avaricia.

"¿Te importaría darme algo de tiempo? Me gustaría entregarme en persona", le dice. "Pero acércate un poquito para consolarme, que te aseguro que no estoy ocultando un puñal en el cabestrillo". Esto último no lo dice de palabra, pero es como si lo hiciera, porque la sutileza de Dio como villano rivaliza con la del conde Drácula en su castillo ruinoso de altas ventanas negras.

¿Llorera fingida? Ni siquiera esta patética estratagema es baja para Dio.

Por suerte, oculto entre las sombras hasta que se descubre encendiendo una cerilla, está Robert E. O. Speedwagon. El bandido quedó inexplicablemente fascinado con la caballerosidad del joven Joestar y decidió seguirle hasta su casa, porque se olía que podía tener problemas a su regreso. Recordemos que este mismo tipo, en el episodio anterior, tenía una banda que se dedicaba a acuchillar a transeúntes despreocupados para birlarles todo lo que llevasen de valor. ¿Y ahora ayuda a un desconocido a cambio de nada? Tiene que ser el arco de personaje más rápido de la historia.

Como Speedwagon está acostumbrado a tratar con gente de la peor calaña, Dio no se la da con queso, y le dice a JoJo que no se crea ni una palabra de lo que dice su hermanastro. Él es capaz de oler si alguien es bueno o malo y Dio hiede a maldad.

"¡Huele peor que el vómito!", exclama el bandido reformado. Y aun añade más: "Su maldad es claramente innata".

Ay, esta gente y su fascinación por el espectáculo...

En un aumento progresivo de dramatismo, Speedwagon mete la mano entre unas cortinas y saca de ellas a un asiático menudo de aspecto taimado, cejas tan largas como sus bigotes de Fu Manchú, y peinado de príncipe saiyano.

JoJo dice que el hombrecillo ha confesado haberle vendido el veneno a Dio, y aunque no es que hiciera falta recurrir a esta baza después de que Dio haya admitido su culpabilidad, supongo que si ya te has tomado la molestia de arrastrar a un inmigrante chino de Londres a Liverpool, recorriendo más de doscientas millas a caballo, lo mínimo es enseñarlo.

Presentando a Wang Chan. Dance hall days love ♪

El imparable crescendo de revelaciones dramáticas llega a su punto álgido cuando se descorre otra cortina (sola, al parecer) y tras ella aparece George Joestar, al que acompañan un inspector y cuatro agentes de policía.

"Me rompes el corazón", le dice a Dio. "Te crié con las mismas expectativas y el mismo afecto que a mi propio hijo".

Habiendo aclarado lo bien que se le da juzgar a las personas, George pide a JoJo que se encargue de todo porque no quiere ver cómo detienen a su hijo. El hijo desalmado, roba-amores, quema-perros, traidor y asesino, para más señas.

Sorpresa ad infinitum.

Wang Chan, que desafortunadamente no tiene un cómico acento que aligere  la enorme tensión dramática acumulada entre las paredes de la mansión, dice que Dio no se va a dejar atrapar porque los tres lunares de su oreja son símbolo de buena fortuna y no melanoma u otro tipo de cáncer de piel.

Como aquí nadie aprende nada en absoluto (salvo Dio, que ha aprendido que cuanto más innecesariamente complicado es un plan, más probable es se vaya a pique), JoJo hace el favor a su hermano de ser él quien le espose. Pero en cuanto se le pone a tiro, Dio exclama que renuncia a su humanidad y...

Minipunto para el que recuerde cuándo utilicé por primera vez esta imagen.

... apuñala a JoJo con la intención de activar  con su sangre la máscara de piedra y así sobrepasar los límites humanos.

Sí, a partir de ahora Dio será un ser inmortal, sin más debilidades que la luz del sol, los símbolos de fe, el agua bendita, el ajo, las estacas en el corazón, la decapitación, el agua en movimiento y la plata. Eso si es que no se rebana a sí mismo el pescuezo cuando se afeite por no poder reflejarse en los espejos. Lo dicho: un ser inmortal.

Sin embargo, pese a que el director pretende engañarnos con un primer plano de la herida, no es JoJo quien recibe esta puñalada trapera, sino George Joestar, que, pese a estar más débil que un huérfano aquejado de raquitismo que trabaja dieciocho horas diarias en una mina de carbón, consigue teletransportarse de algún modo delante del puñal y salvar a su hijo.

Es la primera cosa útil que hace en siete años, así que voy a celebrarlo dando un sorbo de té con el dedo meñique extendido.

-Ugh, siempre he soñado con beber de una taza que dijera "Mejor padre del mundo".
-Eeeh... ¿Podemos dejarlo en "mediocre"?

Dio, riendo con esa carcajada sonora y seca que se alimenta de sí misma y crece hasta alzarse por encima de cualquier otro sonido, como solo saben hacerlo los auténticos villanos, se pone la máscara de piedra y la embadurna con la sangre que empapa sus manos.

La máscara se activa y atraviesa el cráneo de Dio con sus ganchos retráctiles, creando un aura rosa a su alrededor y emitiendo un estallido de luz azulada y estrellitas que serían cursis hasta para La tierra del arcoíris.

Y la risa diabólica va en aumento.

¡Chispeante!

La policía, reaccionando al fin antes este festival de humor e iniquidad, abate al asesino a tiros, y el cuerpo de Dio sale disparado a través de una ventana y cae, inerte, en el patio.

George Joestar, moribundo, le dice a JoJo que coja su anillo, que pertenecía a su difunta madre. La herida que le ha provocado Dio también siente debilidad por el drama, así que es lo bastante mortal para que no pueda salvarse, pero no lo suficiente como para que no pueda decir unas últimas y emotivas palabras.

El inspector de policía se echa la culpa de lo ocurrido. Pero no creáis que se culpa por dejar que otros hagan su trabajo y tener los reflejos de un gato disecado, sino porque no detuvo al padre de Dio Brando cuando tuvo ocasión.

Esta declaración inesperada exige una explicación, así que, flashback descolorido mediante, el inspector se remonta siete años atrás en el tiempo, a una fecha cercana al accidente con el que comienza la serie. El inspector era joven, aún tenía pelo, acababa de ingresar en la policía y había arrestado a Dario Brando tras pillarle in fraganti intentando empeñar el anillo de George Joestar. Lo único que separaba al despreciable ratero de la prisión y quizá del cadalso era una declaración de su víctima.

Sin embargo, en lugar de acusarlo, lord Joestar mintió para que el viejo tuviera una oportunidad de enmendarse y seguir la senda del bien. Cosa que NO hizo. En su lugar, Dario Brando siguió maltratando a su esposa hasta matarla y trastornó a su hijo convirtiéndolo en un psicópata.

Sí, otra gran decisión por parte del pater familias, sin repercusiones negativas de ningún tipo.

Uy, qué mal se ha conservado este hombre.

Lord Joestar muere en brazos de su hijo, pero no sin antes pedirle que entierre a Dio junto a su padre, al que odiaba a muerte, y darle un último consejo de mierda con el que poner en riesgo su vida:

"JoJo, no le guardes rencor a Dio".

Dicha esta idiotez, George Joestar exhala su último suspiro, con todas las casillas del cartón de bingo tachadas. El bingo de cagadas que hunden en la miseria a todos los que te rodean.

El detective se lamenta de que la "inocencia" de lord Joestar le haya costado la vida. Creo que quería decir "ignorancia", no "inocencia", pero puede que en el fondo sean lo mismo.

Speedwagon, en cambio, prefiere afrontar estar adversidad con optimismo y se consuela pensando que JoJo ha heredado el espíritu de su padre. No me preguntéis por qué se consuela con semejante estupidez. Es como si se alegrase de que JoJo haya heredado una fibrosis quística. Y al menos la fibrosis quística tiene tratamiento. La tontuna de los Joestar parece que no.

-A Dios pongo por testigo de que nunca volveré a tener padre.

Al volverse hacia la ventana con lágrimas en los ojos, Speedwagon se da cuenta de que el cadáver de Dio se ha esfumado.

"¡El cuerpo de Dio Brando ha desaparecido!", exclama.

Eso ya lo he dicho yo, ¿no?

Como ni siquiera los ladrones de cuerpos más infames de Edimburgo trabajaban tan rápido, Speedwagon sospecha que Dio ha sobrevivido a una docena de tiros en el pecho y grita al inspector que se aleje de la ventana.

Pero la advertencia no llega a tiempo de salvar a este pobre secundario. Una mano de uñas afiladas como guadañas cruza el umbral de la ventana rota y arranca media cabeza de cuajo al inspector.

"Wryyy", susurra con alegría una criatura maléfica para celebrarlo.

Fatality!

Dio, que se ocultaba pegado a la pared exterior de la mansión, sosteniéndose mágicamente sobre el marco de la ventana, se descuelga y entra de un salto grácil en el salón, sorprendiendo a todos con su regreso de entre los muertos. Bueno, a todos menos a George Joestar y el inspector, que están criando malvas y permanecen impertérritos.

"¡Ha revivido!", grita aterrado uno de los policías, que de pequeño quería ser narrador

"¿Cómo? ¡Le hemos disparado!", exclama otro, demostrando que una sola obviedad nunca es suficiente.

Dio avanza hacia ellos. Sus heridas han desaparecido e incluso los agujeros de su ropa se han cosido solos gracias a un error de continuidad. Y no solo sus uñas han crecido hasta convertirse en un arma mortal y poco higiénica, también sus colmillos se han alargado y asoman entre sus labios.

-Hola, troncos. ¿Me echabais de menos?

Mientras las incompetentes fuerzas de la ley imitan a una farola, JoJo sale de su estupor y, tras soltar el fardo con bigote que sostenía en sus brazos, coge la pistola del inspector y apunta con ella a su hermanastro.

"¡Detente, Dio!", grita sin convicción.

Pero Dio continúa caminando hacia él sin detenerse, con una sonrisa confiada y cruel dibujada en el rostro. Si no le sobresaliesen un montón de plumas rosas de los hombros, sería una figura temible; pero con ellas se le ve tan coqueto como una dama victoriana con medio kilo de rosas en el sombrero.

Como JoJo es incapaz de apretar el gatillo, Speedwagon interviene y dispara a Dio a bocajarro, acertándole en la frente.

El impacto sorprende a Dio, pero, por lo demás, resulta tan inefectivo como la Leyes de Enfermedades Contagiosas aprobadas por el parlamento británico en 1864, con las que pretendían acabar con la prostitución y las enfermedades venéreas para que los valientes soldados del ejército pudieran seguir conquistando el mundo sin preocuparse de las heridas ulcerosas de sus partes nobles.

Tras lamer la sangre que cae del agujero de su frente con un gesto erótico inapropiado, Dio se alza frente a nuestros héroes con una pose aterradora y ridícula. Sobre todo ridícula. Muy ridícula.

En serio, ¿alguien puede explicarme qué es esto?

Aún está trabajando en lo de ser vampiro. Lo próximo será el acento transilvano.

"¡JoJo, mira qué poderes tan extraordinarios he conseguido gracias a la máscara y a la sangre de tu padre!", exclama Dio saltando por los aires.

Y sin más preámbulos, ensarta el cráneo de uno los policías con dos dedos y lo arrastra hasta el techo, donde lo deja colgar como un salchichón y le succiona la sangre en un santiamén.

"Wryyy", dice, en un esfuerzo vano de convertir esta interjección absurda en una frase mítica de la televisión como "¿He sido yo?", "Me encanta que los planes salgan bien", o "KITT, te necesito".

Con lo malo que es cenar justo antes de irse a la cama.

JoJo se devana los sesos, pero no acaba de comprender el cambio que ha experimentado su hermano adoptivo.

"Puede absorber la vitalidad de la gente...", se dice para sus adentros. "¿En qué demonios se ha convertido Dio?".

Buf, qué pregunta más complicada. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Será un súcubo con la libido baja, el legendario chupacabras, o la creación definitiva del doctor Gero?

El jefe policía Wiggum cree que podría tratarse de una momia.

Nadie podrá criticar la serie por la falta de reflexiones sesudas.

Mientras JoJo le da al coco, Dio arroja su tentempié reseco contra los tres policías que hasta el momento habían conseguido sobrevivir al horror.

El lanzamiento tiene tal fuerza que las temerosas fuerzas del orden se parten en pedazos con el golpe, salpicando extremidades y sangre a su alrededor.

Speedwagon sufre daños colaterales a causa de la explosión humana y cae al suelo con un brazo hecho puré.

Strike!

Ante esta última muestra de poder, y después de grandes elucubraciones, JoJo llega a la conclusión de que "Dio ha dejado de ser humano".

Un aplauso, por favor. Se lo ha ganado.

"Wryyy", vuelve a decir Dio, resumiendo mi opinión de la serie con un grado de exactitud excepcional.

JoJo mira a su padre, que para estar muerto tiene bastante buen aspecto (sobre todo si lo comparamos con el inspector medio decapitado o los pedazos que quedan de los agentes de policía), saca pecho, coge la lanza de una armadura medieval decorativa y, con una determinación suicida admirable, se dispone a enfrentarse a Dio.

Podría decirse... ( •_•) ( •_•)>⌐■-■ ... que está lanzado (⌐■_■). YEEEEAAAHHH!

Pero, si algo nos han enseñado los videojuegos (aparte de que comer setas extrañas te hace más grande y fuerte cuando no te mata de un ataque hepático), es que antes de enfrentarse al jefe final hay que ocuparse de los esbirros.

Por eso, antes de que Dio siga haciendo de las suyas, el policía al que dejó resecó y utilizó como proyectil se incorpora convertido en un zombi putrefacto y se arrastra hacia Speedwagon.

"Saaangreee", murmura la criatura.

Es un zombi, sí; pero los cerebros están sobrevalorados como alimento para no muertos y los líquidos son igual de importantes en la dieta de cualquier cadáver viviente que se precie.

JoJo salva a Speedwagon arrancando al zombi la mitad de la cabeza con la lanza y, consciente de la difícil lucha que le espera, ruega a su padre que le dé fuerzas. ¡Ja! Como si confiarse al espíritu de semejante inútil fuera a servir de algo.

¿Zombi o aspersor? Esa es la cuestión. 

Dio abandona el techo y salta con salvajismo demoníaco sobre JoJo, que contraataca embistiéndolo con su lanza. Sin embargo, el vampiro detiene el arma con facilidad dejándose ensartar la mano y contempla a su rival con sorna.

En ese momento, Speedwagon observa que Dio ya no tiene la herida de bala en la frente y llega a la conclusión de que puede regenerarse y, por lo tanto, es inmortal. Como Christopher Lambert.

Sin apenas esfuerzo, Dio dobla la lanza hasta partirla en dos y, dando una voltereta por encima de JoJo, le clava la punta del arma en su enorme y musculoso trapecio, donde sobra espacio para otras cinco puntas de lanza más.

La dificultad de este combate no está bien ajustada. Porquería de IA.

De espaldas a JoJo, Dio le pide que aguante un rato más, para que él pueda seguir probando sus poderes y así ver hasta dónde puede llegar. Creo que jamás me cansaré de sus delirios de grandeza.

En un amago de sentido común, mientras Dio suelta su discursito de villano de opereta, JoJo y Speedwagon aprovechan para darle esquinazo. Eso le pasa por hacer teatro.

Siguiendo el olor a sangre fresca, Dio recorre el salón en busca de sus presas y sonríe satisfecho cuando ve un charco de sangre formándose debajo de unas cortinas.

"Ya te he dicho, JoJo, cuanto más elaborado es el plan, antes se ve limitado el ser humano".

Pero al descorrer las cortinas, ¡FLASH!, ¡incendio y cremación!

JoJo había prendido fuego a las cortinas, pero no porque tuviera un plan, según aclara él mismo, sino porque tiene agallas. Y, por alguna razón, el fuego se había concentrado a un solo lado de las cortinas hasta ese momento y Dio no había olido el humo, ni había notado el calor que desprendían.

*Tsk* No hay nada que más me jorobe en una serie de vampiros que las cosas no se ciñan estrictamente a las leyes de la física.

Dio is on fire!

Por desgracia para nuestra pareja de héroes, Dio no arde lo bastante rápido, y sus poderes de regeneración mantienen las quemaduras a un nivel sostenible.

"Se regenera al mismo tiempo que arde", explica Speedwagon. "Ese es el secreto de su inmortalidad".

Creía que esto ya lo habíamos dejado claro antes. Que estemos viendo esta serie no significa que seamos duros de mollera, solo que no tenemos criterio para elegir entretenimiento de calidad.

JoJo echa a Speedwagon a un lado de un empujón y rompe la lámpara de aceite con la que había prendido las cortinas contra la alfombra, para crear una barrera de fuego entre ellos.

"¡Huye, Speedwagon!", le dice. "¡Tú no tienes nada que ver con esto!".

Las llamas se extienden a toda mecha, invadiendo el salón, que casualmente está repleto de muebles y adornos victorianos altamente inflamables. Es como revivir el Gran Incendio de Londres de 1666 doscientos años más tarde y a escala mucho más reducida. O sea, algo completamente distinto excepto por el fuego.

JoJo encuentra refugio momentáneo en la segunda planta, hasta donde sube clavando una espada en el suelo e impulsándose con los pies sobre la guarda y el pomo; todo ello con la punta de lanza aún incrustada en el trapecio.

Una vez a salvo de las llamas, JoJo incita a Dio a seguirle con el mismo gesto que hacía Bruce Lee con la mano cuando quería incitar a sus rivales a comerse una generosa ración de nudillos, patadas y nunchakus.

-¿Qué pasa, Dio? ¿Eres un gallina?

Dio responde a esta provocación haciendo estallar su ropa de cintura para arriba y exhibiendo de este modo su magnífico torso esculpido. Eso sí, su piel está algo desmejorada por culpa de las quemaduras, que le dan un tono moreno churrasco bastante desagradable. Los pantalones, gracias al cielo, son ignífugos.

De repente, una explosión sin ningún sentido (¿habrá sido uno de esos jarrones indios con restos de curry?) provoca que Speedwagon salga despedido hacia el patio, donde estará a salvo.

Dio, convencido de que JoJo quería distraer su atención para que dejase en paz a su amigo y no le está tendiendo ninguna trampa en absoluto (convertirte en vampiro no te hace menos imbécil), sube a por él caminando tranquilamente por la pared.

"Tu vida me servirá para curar todas estas quemaduras", dice, revelando que sus poderes de regeneración tienen un límite.

Aquello que decía de no subestimar a JoJo lo dejamos para la segunda parte de la temporada entonces, ¿no?

Fuego camina conmigo.

JoJo mira hacia su padre, que se está cocinando a fuego rápido, y le pide, por favor, que preste a las llamas "la fuerza necesaria para cumplir mi cometido". En otras palabras: que sea un buen leño y prenda de una vez, a ver si así hace algo útil.

JoJo sube hasta el tejado de la mansión y Dio atraviesa el techo de un salto al grito de "¡Wryyy!" para pillarle por sorpresa. Pero JoJo reacciona a tiempo y se arranca la punta de lanza para frenar con ella el golpe. En ese instante, los momentos clave de su vida pasan ante sus ojos y se da cuenta de que, por culpa de Dio, su juventud ha sido una gran caca equina.

Speedwagon observa el duelo desde el patio y se da cuenta de que JoJo ha provocado adrede el incendio para que las llamas crezcan hasta ser más poderosas que el poder de regeneración de Dio. y no porque la familia tenga firmado un seguro de incendios  con la Sun Fire Office.

JoJo carga contra Dio y atraviesa el tejado, cayendo con él en picado hacia las llamas, dispuesto a entregar su vida, que es lo último que le queda junto con los chelines con los que está jugando en su bolsillo, para detener al monstruo intensito en el que se ha convertido su hermanastro.

Con tal de que cierre la boca...

Aunque la determinación de JoJo coge a Dio desprevenido, este recupera la compostura (las caídas dramáticas dan tiempo incluso para mantener largas conversaciones sobre la obra completa de Charles Garvice) y se libra de él de un rodillazo en el ombligo al tiempo que se engancha a la pared con sus garras.

JoJo, sin nada a lo que sujetarse, se precipita al llameante vacío.

"Goodbye, JoJo", dice Dio con sorna, e inmediatamente se pone a pensar en conquistar el mundo, no vaya a ser que creamos que tiene alguna viso de originalidad como villano.

JoJo, sin embargo, no se rinde. El muchacho clava la polivalente punta de lanza en la pared y utiliza el asta rota como trampolín para ganar altura. Pero esta hazaña circense no es suficiente para alcanzar a Dio, así que JoJo, tenaz como él solo, se quita el cinturón y lo utiliza a modo de látigo, enroscándolo a la pierna de su hermano.

"¡Dio! ¡He vuelto!", exclama.

Es difícil que esto no sea lo más alucinante que veáis hoy.

Los megas que ocupa este GIF nunca estuvieron mejor invertidos.

JoJo arrastra de nuevo a Dio hacia las llamas, porque hay que atenerse al plan, y, mientras caen, por aquello de la venganza poética, le clava el mismo puñal con el que él apuñaló a su padre.

"¡Wryyy!", se queja Dio, aún inmortal.

Furioso, Dio golpea a JoJo y le rompe los brazos; pero aun así, no consigue desembarazarse de él. El joven Joestar soporta golpes, bravatas y fuego con el estoicismo que caracteriza a todos los caballeros ingleses de metro noventa y cinco de altura y músculos de acero.

Pidiendo de nuevo a Pesago que le dé su fuerza (no puede ser al espíritu de su padre, no tendría sentido), JoJo arrea una patada a la pared y se desvía de su trayectoria original para ensartar a Dio en la estatua de Afrodita, que se alza entre las llamas en el salón de la mansión.

Dio, incapaz de regenerarse a la velocidad necesaria, se retuerce de dolor mientras se arrepiente para sus adentros de haber subestimado otra vez el potencial de JoJo.

¿Sabéis el papel vegetal que se pone debajo de las pizzas en el horno?, ¿ese que suele acabar con las esquinas carbonizadas, de forma que se desintegran con solo tocarlas? Eso es exactamente lo que le pasa a Dio. Muere como el papel de horno para pizzas.

Pincho moruno. Pincho moreno.

Pero, ¿y nuestro héroe? ¿Acabará siendo también pasto de las llamas?

¡No!, porque, sin ninguna explicación aparente, JoJo cae de golpe fuera de la mansión, malherido y un poco chamuscado, pero vivo.

Speedwagon, con lágrimas de felicidad en los ojos, lo acuna en sus brazos y anuncia a los cuatro vientos que ha ganado la batalla.

Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad.

Y así termina la primera parte de Phantom Blood, con un desenlace épico, aunque pelín trágico, para una temporada que no hace sino volverse más extravagante y exagerada con cada episodio.

Tras los créditos, sin embargo, nos aguarda una última sorpresa.

A la mañana siguiente, el comerciante chino, Wang Chan, busca la máscara de piedra entre los restos humeantes de la mansión y encuentra a Dio, que para haberse desintegrado esa misma noche, lo lleva muy bien.

¿Volveremos a verlo en próximas entradas del blog? Probablemente no.

Pasad una terrorífica noche.

6 comentarios

  1. Yo nomino a George Joestar para padre del año, junto a Gendo Ikari y Genma Saotome.

    ResponderEliminar
  2. Mucho mejor que la segunda temporada de Castlevania de Netflix. Se extrañan tus reseñas de día de muertos. Supongo que "Hallowen" o "IT" ya no son lo mismo, pero estaría de fábula una reseña con tu estilo.

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias por las reseñas. Ojalá te animes a comentar aunque sea algún otro episodio suelto en otro momento, la cuarta temporada tiene unos cuantos autoconclusivos que podrías reseñar.

    ResponderEliminar
  4. Venga hombre, tienes que seguir. Leer esto es mejor que ver series.

    ResponderEliminar
  5. Jojo entiende que no se puede desenmascarar a un embustero como Dio si no hay dramatización,¡mientras más testigos vayan apareciendo mejor!
    Excelente como siempre, me uno a la petición de una posible continuación, si mal no recuerdo dentro de nada sale Jack el destripador zombie de un caballo. Sólo digo.

    ResponderEliminar
  6. Edmaster: Padrazos del anime: cuando no te mandan a conquistar otro planeta siendo un bebé, te dan por perdido y juran exterminar a la humanidad al mando de un ejército de dragones.

    M@nchitas: Justo ahora he empezado a ver la segunda temporada de Castlevania y, de momento, me parece mejor que la primera. Drácula es interesante.

    Oingo Boingo: ¿Autoconclusivos? Eso siempre es bueno. Lo tendré en cuenta y me lo pensaré.

    censor: Eso es lo más bonito que me han dicho nunca.

    Nickford: La serie es cada vez más loca y, si tuviera más tiempo, recapitularía Phantom Blood entera; pero creo que los seguidores de los JoJo os tendréis que conformar con esto. Al menos durante algún tiempo. Seguramente la eternidad.

    ResponderEliminar