26 de noviembre de 2019

The Witcher: 'El último deseo'. ¿Qué historias adaptará la serie de Netflix?


Quizá ahora mismo os estéis preguntando si vuestro humilde servidor, el recalcitrante y rimbombante Tipo de la Brocha, no había escrito ya una reseña de El último deseo. Pues no lo dudéis más; la respuesta es sí. Y que me aspen si no lleváis mucho tiempo leyendo este blog, porque han pasado ya cinco años desde que lo hice. Quizá va siendo hora de premiar vuestra fidelidad. Os habéis ganado el espacio que hay entre este párrafo y el siguiente. Disfrutadlo.

Volviendo al tema que hoy nos ocupa, no solo es cierto que reseñé el primer libro de la saga de Geralt de Rivia hace unos años, sino que recientemente, después de releerme el libro en cuestión, también revisé y actualicé esa reseña para publicarla en Goodreads. Las opiniones pueden cambiar con el tiempo. Es más, algunas deberían hacerlo.

Pero esta entrada no pretende ser una tercera reseña del libro, sino un repaso de los relatos recopilados en él para allanar el terreno antes de que empiece la serie producida por Netflix, que podremos ver a partir del 20 de diciembre. ¿Que por qué me hago esto? Porque soy masoquista.

Al principio, solo pretendía tomar algunas notas para que, si al final me daba por recapitular la serie del brujo como hice con Juego de Tronos, pudiera comparar la adaptación con la obra original sin tener que echar mano constantemente de los libros (mis estanterías están guardadas por una esfinge disléxica, lo que hace de cada consulta una arriesgada y estúpida aventura). Sin embargo, a medida que avanzaba en esta tarea y el número de notas iba en aumento pensé: "Ya que estoy, ¿por qué no escribir una entrada completa en el blog resumiendo cada relato? Seguro que a más de uno le da pereza leerse los libros y le viene bien un poco de ayuda, sobre todo si no le preocupa comerse spoilers tan gordos como el de la carátula del DVD de El planeta de los simios".

Y aquí estamos ahora.

Pero antes de hablar sobre los relatos, conozcamos un poco más a su protagonista.

11 de noviembre de 2019

Masters del Universo: La Trampa del Tiempo


La gente no habla de los cómics de Masters del Universo. Ni de los Masters del Universo en general. Incluso los irreductibles fans de He-Man hablamos poco de los cómics de Masters del Universo, y cuando lo hacemos son los minicómics que acompañaban a los juguetes los que suelen acaparar nuestras conversaciones; si nos animamos mucho, quizá alguna de las publicaciones de DC.

Pocos recordamos, en cambio, otras colecciones de tebeos y, en particular, las coloridas historietas publicadas por editoriales alemanas como Condor Interpart. Y si de algo saben nuestros vecinos germanos, aparte de cerveza y salchichas, es de épica fantástica. Incluso se dice que El anillo de los nibelungos inspiró a J. R. R. Tolkien a escribir la más famosa de sus sagas literarias: Cartas de Papá Noel.

Entre 1984 y 1986, coincidiendo con la época de esplendor de la franquicia, antes de que llegaran los tiempos oscuros, antes de Girator y Hordak Torpedor, Condor Interpart publicó diez números de la serie Masters del Universo o, como ellos le llamaban, Die Giganten des Universums, que suena a impresionante ópera espacial. Estos cómics llegaron a España con algunos años de retraso de la mano de Ediciones Zinco, que integró en una misma colección los cómics alemanes y los ingleses de London Editions. Este combinado anglo-germano contiene alguna de mis historietas favoritas de los Masters del Universo.

31 de octubre de 2019

4 historias reales de hombres lobo (o por qué la gente con mucho pelo no es de fiar)

Cuando hablamos de seres fantásticos que causan espanto, o sea, de monstruos, podemos distinguir dos grandes categorías: los monstruos a secas, que no se parecen en nada a un ser humano, y los hombres-monstruo, que poseen forma humana o semihumana.

Entre los segundos, hoy nos interesan aquellos que, o bien comparten rasgos con algún animal, o bien pueden transformarse en él: hombres oso, hombres pantera, hombres jaguar, hombres tejón, hombres chinchilla... La mezcla varía según la geografía, pero desde principios del siglo XX el hombre-monstruo más popular es, sin duda, el hombre lobo, también conocido como licántropo, lobombre o el tipo que se afeita la espalda con cortacésped.

Antes de que el cine de terror americano y, concretamente, Universal Studios convirtiesen a Lon Chaney Jr., maquillado literalmente hasta las cejas, en  un icono reconocido en todo el mundo, el hombre lobo era un monstruo de origen europeo, como el repollo o el críquet.

El lobo (Canis lupus) siempre ha sido un animal temido en Europa. Incluso en la actualidad, con medios y recursos de sobra, se considera un animal peligroso, y nosotros, a diferencia de nuestros antepasados, no tenemos que defendernos de sus ataques e incursiones con un palo puntiagudo o una hogaza de pan duro.

Cuando el Viejo Continente estaba cubierto de grandes bosques y los hombres vivíamos en grupos pequeños y dispersos, la presencia de lobos era motivo de alarma y miedo. Su astucia, ferocidad y voracidad lo convertían en un animal aterrador sin necesidad de recurrir a sandeces sobrenaturales. A los niños se les advertía de ellos en cuentos como Caperucita Roja, Los tres cerditos o El lobo y las siete cabritillas, no fuera a ser que se acercaran a acariciarlos pensando que eran simpáticos "guauguáus".

Debido a ese temor histórico, es en Europa donde más casos se han documentado sobre hombres lobo. Solo en Francia, entre 1520 y 1630, se registraron más de 30.000 incidentes relacionados con la licantropía, todos indiscutiblemente verídicos, porque ¿cómo vamos a desconfiar de nuestros vecinos franceses?

En este artículo, os hablaré de algunos de estos hombres lobo europeos.

27 de octubre de 2019

Ghost Whopper, de Burger King


Estaba pendiente de publicar solo una entrada más este mes, la tercera y última de este especial de Halloween; pero en mi camino se cruzó un horror visceral que clavó sus uñas dentro de mí y se aferró con tal fuerza a mis intestinos que no lo he podido olvidar hasta que he ido al baño esta mañana. Fue una experiencia dolorosa y espeluznante, acompañada de lamentos y gritos guturales; pero después de ver partir semejante monstruosidad, irreconocible y apestosa por el desagüe, pensé que merecía la pena dedicarle una entrada.

Voy a hablaros de la Ghost Whopper, la nueva hamburguesa de Burger King que se levanta de la tumba bajo el eslogan "Que tu hambre descanse en paz".

Se trata de una oferta por tiempo limitado que la compañía ha lanzado para celebrar el Halloween que nos aguarda ya agazapado tras la esquina; una forma tan válida como cualquier otra de capitalizar esta tradición y arañar ventas antes de que acabe el mes a cambio de una inversión insignificante.

La promoción no me sorprende. Las hemos visto similares con anterioridad, y la sombra de sus predecesoras es alargada. ¿Recordáis la Halloween Whopper de 2015, con los panecillos negros? Yo sí. Aquella aberración culinaria de esponjoso ébano me quitó las ganas de probar la Nightmare King en 2018, y han tenido que pasar cuatro años para que la tentación volviera a nublar mi sentido común e instinto de supervivencia.

Podría echarle la culpa a la sociedad consumista en la que vivimos de estos deslices en una dieta generalmente impecable y libre de ultraprocesados, pero estaría engañándome a mí mismo. Tengo cerebro de gordo y un apetito insaciable por la comida basura.

¿Ha merecido la pena cruzar al Lado Oscuro de la alimentación por una oferta temporal vinculada a una tradición anglosajona que solo tardíamente se ha ido popularizando también fuera de los Estados Unidos?

Por supuesto que no.

22 de octubre de 2019

Capitán América #306: ¡La invocación!

En el número anterior de Capitán América...

El héroe de la barras y estrellas viajó hasta Londres sin una buena razón y acabó peleándose con su homólogo inglés, el Capitán Britania.

Después de hacer turismo a modo de saco de boxeo por algunas de las construcciones más representativas de la capital europea, el Capitán América cayó derrotado, completamente K.O. Los estadounidenses no sufrían un descalabro como este a mano de los ingleses desde la batalla de Fort Washington en 1776.

El Capi despertó en una mazmorra compartiendo celda con un tipo inconsciente y semidesnudo que resultó ser Brian Braddock, el verdadero Capitán Britania.

Allí el enemigo con el que se había zurrado de lo lindo le reveló su verdadera identidad: ¡Modred el Místico! ¿Su objetivo? Atraer al mago Merlín hasta el plano terrenal para enfrentarse a él. Se ve que no estrenaban nada bueno en el cine esa semana y no tenía nada mejor que hacer.

15 de octubre de 2019

Capitán América #305: ¡Camina sobre Inglaterra!

¿Quién en su sano juicio compra tebeos de superhéroes sueltos?

¿Tú mismo? Tal vez. Pero estás leyendo este blog, así que de buen juicio mejor no hablamos.

Seguir los culebrones de Marvel y DC es difícil incluso cuando te haces con preciosos tomos recopilatorios de tapa dura, porque rara es la colección en la que las que las tramas no acaban cruzadas, entrelazadas y embrolladas con las de otras cien colecciones distintas. ¿Quieres enterarte de primera mano de todo lo que pasa en el universo superheroico de turno? Acabarás invirtiendo todo tu sueldo en tebeos.

Sin embargo, recuerdo que cuando era cuando era un canijo hiperglucémico (os hablo de cuando tenía cuatro o cinco años; ahora soy más alto), y con honrosas excepciones, no me preocupaba mucho por cosas como la continuidad. La mayoría de cómics que tenía entonces, o bien eran la segunda o tercera parte de alguna historia que comenzó en un número anterior, o bien dejaban la trama inconclusa.

A mediados de los ochenta no era tan fácil como ahora satisfacer la obsesión completista. En mi caso, solía comprar cómics de superhéroes únicamente cuando estaba de vacaciones. En aquella época, pasábamos la mayor parte del verano en un pueblo de la sierra de Madrid y en el municipio no había tiendas especializadas. Únicamente vendían tebeos en un par de quioscos, que estaban a tres kilómetros de la casa donde veraneábamos. Cuando pasaba por allí con mi padre, generalmente porque tocaba hacer la compra en el supermercado, cogía del estante lo que fuera que el quiosquero tuviera en ese momento. Bastaba con que la portada me llamase la atención. Muy rara vez tenía la suerte de comprar números sucesivos. Y me importaba un comino.

Una de las muchas historias que hasta hace solo un par de meses no supe cómo comenzaba es la que concluye en el número 306 de la colección del Capitán América, publicado originalmente en 1985 y que a España llegó dos años más tarde, en el número 50 de Cómics Forum. En esta historieta, el Capitán América une fuerzas con el Capitán Britania para derrotar al brujo Modred.

Como casi todos los cómics que tenía, me debí de leer ese número cerca de un millón veces. Fue mi introducción a la escenografía propia de las películas clásicas de terror, con lóbregas mazmorras y viejos cementerios envueltos en la niebla de cuya tierra brotaban cual zanahorias muertos vivientes. El aire de terror que desprendían estas viñetas me fascinaba. Por lo tanto, ¿qué mejor época que la otoñal, a pocas semanas de Halloween y con las temperaturas en descenso, para darle un repaso a este macabro recuerdo de la infancia?

28 de septiembre de 2019

Rambo: Last Blood

La última escena de John Rambo era el cierre perfecto para un personaje que nació en el celuloide con los coletazos tardíos de la década de los setenta, se coronó con la acción ridícula y desenfrenada de la América de Bush Sr. y la Guerra Fría, sobrevivió a duras penas a la autoparodia cuando se arrimaban los noventa y, por último, tras un peregrinaje peculiarmente sangriento, regresó al hogar a finales de la primera década del siglo XXI, libre de sus demonios personales y cinematográficos.

O eso creíamos. Porque resulta que esos demonios seguían ahí y Rambo solo los estaba disimulando.

¿Y qué ocurre cuando se reabren viejas heridas? Que sumas una secuela más a una larga retahíla de películas con títulos incoherentes, pero de nuevo hija de su tiempo.

24 de septiembre de 2019

Jackie Chan en 'Furia Oriental II' (1976)

Si leísteis mi recapitulación de La Mano de la Muerte, ya sabréis que las primeras incursiones de Jackie Chan en el mundo de la interpretación no fueron muy sonadas. Es más, decir que sus primeras películas tenían problemas sería un eufemismo. Una mierda pinchada en un palo es una expresión más próxima a la realidad. A no ser, claro, que os gusten las pelis de kung-fu.

A mediados de la década de 1970, la industria del cine china buscaba desesperadamente un sustituto para Bruce Lee, alguien con el suficiente carisma para que sus películas pudieran venderse en el mercado nacional y a la vez exportarse a occidente sin que las distribuidoras se las tirasen a la cara.

Sin embargo, y aunque muchos lo intentaron, lo cierto es que nadie podía reemplazar a Bruce Lee. Ni siquiera Jackie Chan. A este le gustaban más las payasadas de Buster Keaton que arrear sopapos dando alaridos y sus habilidades y su forma de trabajar eran muy distintas de las del famoso Dragón. Eso quedaría patente con el paso del tiempo. Pero a principios de los setenta, aún era pronto para que Jackie impusiera su opinión a a la de directores y productores; aún estaba abriéndose un hueco en la industria y se podía dar con un canto en los dientes si le daban papeles mejores que el de "extra al que Bruce Lee atiza en la escena número tres".

Por lo tanto, cuando en 1976 le ofrecieron el papel protagonista en Furia Oriental II ―la continuación de la película protagonizada por Bruce Lee en 1972―, Jackie estaba encantado, pero también atado de pies y manos. Y aunque su personaje ya tiene aquí un cierto aire pícaro y desenfadado que lo distingue del perdonavidas al que solía interpretar Bruce Lee, aún estaba lejos de ese estilo suyo tan personal que le daría fama a nivel global. En este sentido, las acrobacias de riesgo y los toques de comedia tendrían que esperar otro par de años, al menos hasta el estreno de La serpiente a la sombra del águila, su primer gran éxito.

Lo Wei, realizador de la primera Furia Oriental, dirigió también esta secuela, conocida internacionalmente como New Fist of Fury. El resultado es una cinta de artes marciales corrientilla que apenas se distingue de otros títulos propios de la brucexploitation de los setenta, pero que sirvió para ampliar el currículo de Jackie Chan de cara a convertirse en la nueva estrella del cine de acción chino.

10 de septiembre de 2019

Mis 10 episodios favoritos de 'Batman: La serie animada'

Para mí hay dos series que fueron la cúspide de la animación infantil y juvenil de la década de 1990, y nadie, salvo que demuestre lo frágil que es mi memoria, podrá convencerme de lo contrario. Me refiero, como no podía ser de otra manera, a Street Sharks y Donkey Kong Country.

No, en realidad me refiero a Batman: La serie animada y Gárgolas. Y la segunda quizá no hubiera existido sin la primera.

Antes de que Bruce Timm, Paul Dini y sus poderosos aliados trajesen a Batman de vuelta a la televisión, la presencia del Murciélago en este medio había estado caracterizada por un marcado tono infantil y caricaturesco. No es que eso fuera necesariamente malo, pero no todos apreciábamos por igual momentos como el del Bat-Spray Repelente de Tiburones. Es cierto que ya se había dado un paso muy grande en la representación audiovisual del Caballero Oscuro gracias a las películas de Tim Burton; pero, hasta que llegó Batman: La serie animada, había facetas del personaje que eran completamente desconocidas para el público en la pequeña pantalla.

La serie, desarrollada para Warner Bros. por Bruce Timm y Eric Radomski, demostró que los dibujos animados de Batman podían ser disfrutables para los niños y apelar también a los intereses de los adultos, dotando a héroes y villanos de una profundidad que hasta entonces no se había visto en televisión. Y lo hizo además con estilo; de entre todas las series de animación del momento, esta sobresalía por su increíble diseño artístico, que supo combinar acertadamente el estilo arquitectónico art déco y la ambientación propia del cine noir, con sus coches de chasis tubulares y sus gángsteres con sombrero.

La serie, estrenada en 1992, continuó su exitoso recorrido en Las aventuras de Batman y Robin y Las nuevas aventuras de Batman, que, a pesar del cambio de título (e incluso de diseño en la tercera y última etapa), forman parte del mismo canon, por lo que, a todos los efectos, funcionan como diferentes temporadas de Batman: La serie animada. Yo no voy a ser tiquismiquis, así que, de cara a este artículo, no distinguiré entre ellas.

Dicho esto, y como la semana pasada la serie cumplió veintisiete añazos (fecha redondísima para un aniversario), hoy me propongo compartir con vosotros mis diez episodios favoritos. Y espero que vosotros hagáis lo mismo cuando terminéis de leer esta entrada o al menos aprovechéis para hablar de vuestra experiencia viendo la serie.

De entre los 109 episodios que suman las tres etapas de la serie es difícil elegir solo diez, porque la calidad se mantuvo alta de principio a fin. De hecho, solo se me ocurre un episodio que pueda calificar de castaña pilonga, que es en el que unos críos derrotan al Pingüino mientras Batman plancha la oreja. Por eso, esta lista tiene truco y en algunos casos me he dado el gusto de referirme brevemente a uno o más episodios que podrían haber ocupado un puesto en la lista y que quizá mañana mismo lo ocupen. Esos jugadores de reserva son tan buenos o quizá más que los titulares, y los he escogido porque comparten una temática similar o algún otro vínculo con el episodio finalmente destacado. También he contado episodios en dos partes como si fueran uno. Vamos, que la lista de mis 10 episodios favoritos es en realidad la lista de mis veintitantos episodios favoritos. Pero eso no quedaba bien en el título.

27 de agosto de 2019

Clásicos Disney: Pinocho


El 23 de febrero de 1940, Walt Disney estrenó su segundo clásico animado: Pinocho. Al principio estaba previsto que fuera Bambi la película que sucediera a Blancanieves y los siete enanitos, pero animar a los condenados animales traía a los dibujantes de cabeza.

El segundo largometraje de Disney es una versión recortada y suavizada del cuento original del italiano Carlo Collodi; pero aquí las diferencias saltan más a la vista que en la adaptación del cuento de Blancanieves. Y no debería sorprendernos que las diferencias sean mayores. Blancanieves seguía casi a pies juntillas el cuento de los hermanos Grimm, pero este tiene unas veinticinco páginas, incluyendo ilustraciones, y Las aventuras de Pinocho, alrededor de ciento ochenta. Había que meter mucha tijera.

Pero la extensión no fue el único problema de cara a adaptar el libro. Collodi concibió su obra como un cuento episódico, por lo que carece de una estructura narrativa estricta. Es más, la primera mitad de lo que luego se convirtió en libro se publicó semanalmente en un periódico durante dos años, y la historia culminaba de forma infeliz con la muerte de Pinocho. La segunda mitad no se publicaría hasta el año siguiente, 1882, después de que Collodi se rindiera a las peticiones de sus lectores y resucitará milagrosamente a su personaje estrella. Esto demuestra que los fans tocapelotas existen desde siempre.

A todo lo anterior hay que añadir que el Pinocho del libro es un niño malo, desobediente, ingrato y holgazán, y para nada parecido al típico protagonista adorable que uno espera encontrar en un cuento infantil, así que Walt Disney decidió darle un carácter inocente y entusiasta, para que resultara más simpático a ojos del público.

La película costó cerca dos millones y medio de dólares, más del cuádruple de lo presupuestado y casi el doble de lo que había costado Blancanieves. Era la mayor inversión que había realizado el estudio desde que compraron una cámara de criogenización para alentar rumores y leyendas urbanas en caso de que Walt Disney muriera repentinamente.

Por desgracia, la película no recaudó todo lo que se esperaba de ella, y el estudio acabó endeudado hasta las cejas. Actores como el caballo Horacio y la vaca Clarabella tuvieron que dormir debajo de un puente. Sin embargo, el tropiezo en taquilla no se debió a una mala recepción por parte del público, sino a una pequeña eventualidad histórica de la que quizá hayáis oído hablar: la Segunda Guerra Mundial, un escollo imprevisto que jorobó la taquilla europea.

23 de julio de 2019

'Saint Seiya: Los Caballeros del Zodíaco': 21 diferencias entre la serie de Netflix y la original


El viernes pasado, Netflix estrenó la primera parte de uno de sus animes "originales" más esperados de 2019. Esperado a la par que temido. O al menos temido por un reducido grupo del público adulto que vive con la constante aprensión a que la adaptación de alguna de las series favoritas de su niñez estropee retroactivamente su infancia.

Os diré qué estropeó mi infancia: las inyecciones que venía a ponerme el practicante y los supositorios.

Saint Seiya: Los Caballeros del Zodíaco es una coproducción estadounidense-japonesa que adapta a la televisión el manga más popular de Kiyoko Arai: Pastel Yumi, the Magic Idol (Sandy, en España), que trata sobre una niña que encuentra una varita mágica con la que puede hacer realidad todo lo que dibuja.

¿No os cuadra? Pues entonces es que el tebeo en cuestión es Saint Seiya, de Masami Kurumada.

La serie de Netflix, coproducida con Toei Animation y Electric Shadow Films, es básicamente una versión condensada de la obra del famoso mangaka, pero concebida para el público americano. Y cuando digo condensada más bien debería decir espachurrada. Esta suerte de reboot resume en seis episodios los dos primeros arcos de la saga del Santuario: el Torneo Galáctico y los Caballeros Negros, que en el manga abarcan la friolera de cinco tomos y a los que incluso el anime de 1986, compartiendo formato, dedicaba quince episodios, ¡el triple que la serie de Netflix! Viéndolo por el lado bueno, puede decirse que esta nueva adaptación va al grano y los episodios se pasan volando, aunque a menudo avanza tan rápido que rompe la barreras del sonido y del sentido común.

Lo que no podemos perder de vista, sobre todo si sois de mi quinta, es que esta serie no está pensada para los señores que flipábamos en colores con el anime original cuando se emitía en TVE y Telecinco a principios de la década de 1990, sino para un público nuevo, sin canas, para chavales que no han visto Los Caballeros del Zodíaco y quizá ni siquiera la conozcan, y que, por tanto, carecen de prejuicios engendrados por la nostalgia.

Con esto quiero decir que mi opinión no vale un pimiento. Preguntadle a alguien que tenga entre trece y dieciséis años, porque es a quien tiene que gustarle.

Habiendo dejado eso claro, en esta entrada repasaré las diferencias que más me han llamado la atención respecto del manga de Kurumada, con alguna mención también la vieja serie de animación de 1986. No obstante, como esta serie adaptó con bastante fidelidad las historietas, utilizaré capturas de pantalla de la edición en DVD de Selecta Visión para ilustrar el texto.

No encontraréis todas las diferencias que hay, pero sí las suficientes para manteneros distraídos un rato mientras yo estoy de vacaciones.

9 de julio de 2019

'Cristal Oscuro', la película de Jim Henson (2ª parte)


En la entrada anterior...

Jen, el último gelfling (no prestéis atención al póster que hay sobre estas líneas), se embarcó en una misión para encontrar el fragmento perdido del Cristal Oscuro y así satisfacer la última voluntad de su padre adoptivo y, de paso, salvar el mundo.

El muchacho se dio un garbeo y encontró a la bruja y astróloga Aughra, y con ella, el fragmento del Cristal. Aughra le explicó que debía restaurar el Cristal antes de la Gran Conjunción para evitar que los skeksis mantengan su dominio sobre el mundo de Thra hasta que las ranas críen pelo. Los skeksis quieren matar a Jen porque una galletita de la suerte les dijo que sería un gelfling quien acabaría con ellos.

Unos cucarachos monstruosos a las órdenes de los skeksis localizaron a Jen y arrasaron el observatorio de Aughra, causando al joven gelfling una entomofobia galopante que le durará toda la vida. No obstante, Jen consiguió escapar de los insectos de pesadilla mientras el observatorio se quemaba hasta los cimientos. No os preocupéis por él. El edificio estaba asegurado a todo riesgo.

24 de junio de 2019

'Cristal Oscuro', la película de Jim Henson (1ª parte)


Lo primero es lo primero: adoro esta película. Casualmente se estrenó en España en el mismo año en que nací, apenas unos meses después de su salida en los Estados Unidos, y cada vez que vuelvo a verla, es como si mi televisor se convirtiera en una ventana a otro mundo, un mundo mágico del que puedo formar parte durante hora y media, y al que puedo regresar siempre que quiera, a menos que haya un corte de luz. Y desde luego es mucho mejor alternativa que asomarme a la ventana de mi salón y ver a un grupo de adolescentes improvisando rap en la calle. Necesito cristales insonorizados.

Por eso, cuando, en mayo de 2017, me enteré de que Netflix produciría una precuela en forma de serie de Cristal Oscuro, la película de Jim Henson, di saltos de alegría. No literalmente, porque un perro me torpedeó la rodilla y, dado que además tengo la enfermedad de Oswald-Slater (o algo que suena parecido), no debería darle mucha tralla. Cuando los marcianos esclavicen a la humanidad, yo seré el humano que no se arrodille y dé inicio involuntariamente a una rebelión para reconquistar el planeta.

De todos modos, ni siquiera en sentido figurado fueron saltos muy entusiastas, porque enseguida vi que el responsable de la serie sería Louis Leterrier, director, entre otros proyectos mediocres, del remake de Furia de titanes y de la película del Universo Cinematográfico Marvel que nadie se molesta en recordar.

Mucho tiempo después, a finales de mayo de este mismo año, por fin empezamos a tener más información sobre la serie y salió el primer tráiler. No me convenció demasiado. Aunque lo vi como siete u ocho veces en una sola tarde, lo hice solo porque las imágenes estaban muy por encima de mis expectativas y me emocioné como si fuera un crío otra vez. Una nadería. Eso me enseñará a tener fe en The Jim Henson Company.

3 de junio de 2019

'Ninja Gaiden', de NES ('Shadow Warriors')


Hay tres cosas que espero que siempre molen: los dinosaurios, los ninjas y los robots gigantes. Si algún día deja de ser así, habrá llegado el momento de mudarme a otro planeta.

Dicho esto, hoy voy a hablar de ninjas. y, concretamente, de un videojuego que lleva un ninja en el título. No sé cuál fue el primer videojuego en el que uno podía calzarse las sandalias de un ninja (quizá el Sasuke vs. Commander o el Sengoku Ninja Tai); pero sí sé cuál fue el primero al que jugué: el Ninja Gaiden de NES, conocido en Europa como Ninja Warriors y en su Japón natal como Ninja Ryūkenden (La leyenda del ninja de la Espada del Dragón).

Salvo que me falle mucho la memoria, diría que la primera vez que lo jugué fue en casa de un amigo cuando tenía algo menos de diez años. Al ver el dibujo de la caja, me quedé alucinado, y cogí el juego con unas ganas tremendas. Pero me cansé tanto de que los malos me tirarán por barrancos que nunca pasé de la fase 2-2.

Muchos, muchos años después, he vuelto a jugar al Ninja Gaiden en la NES Mini, reviviendo la frustración de mi infancia con un grado de madurez no necesariamente mayor.

Pero ya no soy el niño que era entonces. Esta vez perseveré, mejoré poco a poco mi ninjutsu y, con sudor y lágrimas..., llegué a la fase 6-2, tan cerca y a la vez tan lejos del final. En ese punto paré y detoné la videoconsola y el edificio en el que estaba con 250 kilos de dinamita. Luego utilicé un emulador para pasarme el juego con trucos.

No me arrepiento.

23 de mayo de 2019

Juego de Tronos: El Trono de Hierro


Si usáis Twitter y en vuestro TL suele hablarse de Juego de Tronos, imagino que coincidiréis conmigo en que la semana previa a la emisión del último capítulo fue una lata. Tras el aluvión de quejas contra el tercer episodio, el quinto se llevó la palma cuando un tal Dylan D. inició una petición en Change.org para rehacer la temporada 8 con guionistas más competentes. Más competentes, al parecer, que los responsables de adaptar a la televisión unas serie de libros tan compleja y empachosa que era difícil imaginar que el proyecto tuviera éxito. Más competentes, al parecer, que los escritores de episodios como Y ahora su guardia ha terminado, Las lluvias de CastamereLa Montaña y la Víbora, Casa Austera, La batalla de los bastardos y Vientos de invierno. Más competentes que el propio Dylan, que reconoce que no es escritor y no sabría cómo solucionar lo que tanto le molesta.

El problema no ha sido la falta de competencia de los guionistas. Partiendo de que una serie tan popular como esta nunca iba a contentar a todo el mundo, es obvio que Benioff y Weiss han cometido errores, algunos de ellos menores y otros de traca (no todas las series pueden ser perfectas como El coche fantástico). Pero aquí el auténtico enemigo han sido las prisas. Han querido dar carpetazo demasiado pronto a la serie, con un apresuramiento impropio de ella, y eso la ha perjudicado.

Por culpa de esas prisas, los episodios a veces nos han llevado de A a D sin pasar por B y C, pretendiendo que seamos nosotros quienes rellenemos los huecos sin darnos las herramientas adecuadas para hacerlo. Es como si en uno de esos pasatiempos en los que hay que unir los puntos para formar un dibujo, faltasen la mitad de los puntos; podrías completar el dibujo igualmente y este incluso se parecería a lo que pretendía ser, pero sería una versión imperfecta de lo que debería haber sido.

Curiosamente, y a diferencia de aquellos detractores que arremeten contra la serie porque no ha colmado sus expectativas, el propio promotor de la campaña de Change.org reconoce que lo que le fastidia no es lo que ha pasado en esta temporada, sino el cómo ha pasado. Y en ese aspecto estoy de acuerdo con él: la ejecución podría haber sido mucho mejor. La serie ha llegado a la línea de meta, pero lo ha hecho después de dar numerosos traspiés por el camino y con una pronunciada cojera.

Si el listón no hubiera estado tan alto, quizá más gente habría pasado por alto las deficiencias; pero la última vez que vi ese listón, estaba ya en la exosfera, camino del espacio exterior. Juego de Tronos se ha convertido en víctima de su propia excelencia.

Dicho esto, hacer causa de una pataleta me parece de una idiotez superlativa. Y que Dylan o cualquier otra persona piense que HBO le debe algo porque él ha seguido la serie "religiosamente desde la temporada 2" raya el delirio. Esa clase de mentalidad es la que da vida al lado más feo y tóxico del fandom.

En cualquier caso, no voy a darle más vueltas a este tema. Esta introducción ya es demasiado larga tal cual es.

16 de mayo de 2019

Juego de Tronos: Las campanas


Después de haber visto la locura roquera lisérgica que es Mandy y el perturbador remake de Suspiria en el mismo fin de semana, agradezco haber madrugado el lunes con un producto televisivo más convencional y de menor ambición técnica y estética; algo grandioso, que busca el espectáculo y la sorpresa inmediata, pero que no pretende dejar un poso artístico ni huella emocional. ALF era la serie que necesitaba.

Y después vi Juego de Tronos.

Las campanas ha sido un episodio divisorio; pero, si tuviera que posicionarme, estaría del lado de los buenos. La dirección es impecable, los actores lo dan todo, y el diseño de producción, la fotografía y los efectos especiales quitan el hipo. ¿Hay problemas de guion? Por supuesto. Pero con una producción de este escala no sé cómo puede alguien ver un episodio como este y no quedarse patitieso del gusto. Me parece complicado que series de fantasía como The WitcherEl Señor de los Anillos o Paquita Salas puedan alcanzar algún día este nivel.

Pero antes de empezar a hablar en detalle del quinto y penúltimo episodio de la temporada, y ahora que empiezo a vislumbrar cuál será el desenlace, voy a dedicar un instante a asumir que las predicciones más relevantes de mi necroporra son un despropósito.

Ya está. Ha sido denigrante.

9 de mayo de 2019

Juego de Tronos: Los últimos Stark


En general, soy un blando para criticar los peores aspectos de Juego de Tronos. Esto se debe a que he desarrollado la portentosa capacidad, casi inaudita en redes sociales, de apreciar lo positivo por encima de lo negativo. Si una serie consigue emocionarme episodio tras episodio, puedo perdonarle muchas cosas: fallos de racord, diálogos bochornosos, elipsis mal construidas, sacrificios rituales al Desconocido... Así me ahorro muchos disgustos y disfruto de mi ocio de forma saludable. Además, una cosa es reírse incluso de aquello que nos gusta, y otra muy distinta, hacer sangre sin el menor atisbo de ánimo humorístico, no sé muy bien con qué intención.

Dicho esto, el cuarto episodio me ha parecido el más flojo de lo que llevamos de esta corta temporada. Aunque en él vuelven con fuerza los conflictos interpersonales y las historias de intriga palaciega que eran la esencia de la serie en sus primeras temporadas, estos aspectos positivos no son suficientes para compensar las descalabrantes sandeces que se suceden a ritmo de infarto en este episodio.

¿Me sigue gustando? Claro que sí. Pero lo voy a poner a caer de un burro en lo que toca.

1 de mayo de 2019

Juego de Tronos: La Larga Noche


Creo que pocas veces he estado más tenso y angustiado viendo una serie de televisión que con este episodio. Por un lado, estaba tan concentrado en lo que estaba sucediendo, tan metido en la acción, que me daba todo el apuro parpadear o coger el móvil para consultar el tiempo que haría esta semana o ver gifs graciosos de gatitos; tenía la sensación de que podían cargarse a cualquiera de mis personajes favoritos en cualquier momento y que, si hacía un gran esfuerzo y no cerraba los ojos, podía evitar que ocurriera.

A lo anterior hay que sumar que me daba la impresión de que cerrarían el episodio sin haber resuelto la batalla de Invernalia o, peor aún, habiéndola resuelto con una derrota de esas que te dejan hundido, quizá obligando a los escasos supervivientes a buscar el auxilio de su mayor rival entre los vivos. Esto me hizo estar muy pendiente del reloj. "Buf, queda media hora; aún puede pasar de todo". Uy, quedan diez minutos; esto tiene que acabar ya". "¡¿Cinco minutos?! ¡¡¿CINCO MINUTOS?!! ¡Van a morir todos!". Y yo el primero de un apechusque.

En definitiva, pese a todos los defectos que pueden achacársele a este episodio, que no son pocos, ha sido una experiencia cardíaca increíble y no hay nada en televisión que pueda comparársele.

25 de abril de 2019

Juego de Tronos: Caballero de los Siete Reinos


En el episodio anterior, Samwell se enteró de que Daenerys había carbonizado a su padre y a su hermano por no hincar la rodilla, Jon descubrió que comparte nombre con una aseguradora, y a Jaime casi le dio un telele cuando vio que Bran seguía de una pieza y además se había motorizado. En pocas palabras: los pelagatos se pusieron al día.

El segundo episodio de la temporada también se toma las cosas con calma y trata sobre todo de despedidas, de ofrecer al espectador la ocasión de compartir unos últimos momentos de paz y tranquilidad con unos viejos amigos antes de que corran ríos de tinta en la sección de necrológicas del Invernalia Times. Es un episodio que desnuda a muchos personajes (literalmente en algún caso) y que nos muestra cómo afronta cada uno de ellos una posible incorporación a las huestes podridas del Rey de la Noche. No tendría sentido desarrollar un dramatis personae de este calibre para luego tener al grueso de personajes haciendo bulto en un segundo plano hasta que llegue el momento de matarlos.

Dicho esto, entiendo a las personas que empiezan a impacientarse. En este episodio hay algunas escenas que, por emotivas que puedan parecernos, no avanzan la historia ni aportan nada nuevo a la caracterización de los personajes. A primera vista pueden parecer prescindibles, y desde luego hay al menos un par de escenas que podrían haberse quedado en la sala de montaje sin que notásemos nada raro. Pero todas esas escenas cumplen una función: establecen el tono, alivian la tensión o incluso dejan entrever el destino que espera a algunos personajes.

Y creo que después del episodio del lunes que viene, cuando suframos un síncope colectivo, incluso quienes ahora se quejan de que estos dos primeros episodios tienen relleno, los recordarán con melancolía.

17 de abril de 2019

Juego de Tronos: Invernalia


¡Juego de Tronos está de vuelta! Algunos lo celebramos con ilusión, otros se hartan de escucharnos hablar del tema y el resto del mundo sigue su vida con normalidad.

Dado que vosotros estáis leyendo esto, voy a asumir que formáis parte del primer grupo o que realmente os chifla este blog. En cualquier caso, en las próximas semanas vamos a embarcarnos juntos en un viaje por Poniente, quizá más corto que de costumbre, pero espero que igual de intenso y disparatado.

El primer episodio ha acaparado noticias y llenado las redes sociales de comentarios y memes, pero, como era de esperar, no ha contentado a todos los seguidores de la serie. Entre los detractores tenemos a los que esperan que cada episodio sea un alarde de pirotecnia, los que creen que si no muere al menos un personaje no ha pasado nada y los que añoran aquellos tiempos en los que las novelas de George R. R. Martin inspiraban mejores escenas y diálogos.

Yo procuro no ser tan exigente. Se ve que tengo la portentosa capacidad de entretenerme con lo que me gusta a pesar de sus defectos, sobre todo si ya le he cogido cariño. Por eso aún guardo un calcetín que tengo desde 1987. Y hay muchas cosas que me gustan en este episodio. Hay reencuentros de todos los colores (cómicos, dulces, emotivos, chocantes...), presentaciones que se han hecho las remolonas durante años, tramas que se entrelazan, PUÑETEROS DRAGONES, paralelismos, una banda sonora memorable, un diseño de producción que es un primor... En definitiva, ¡el mayor espectáculo televisivo de nuestros tiempos! ¡Con mil elefantes en escen..! Ah, no.

Ya quisiera yo haber podido disfrutar de una serie de fantasía como esta hace veinte años.

14 de abril de 2019

La hilarante necroporra de 'Juego de Tronos'


A falta de menos de veinticuatro horas para que empiece la última temporada de Juego de Tronos, no se me ocurre nada más entretenido que compartir con vosotros mis imprudentes y probablemente desatinadas predicciones acerca de qué personajes vivirán y cuáles morirán en los seis episodios con los que culminará la que quizá sea la mejor serie televisiva de fantasía épica de la historia.

Sin más preámbulos (ya tendré tiempo de explayarme cuando empiece a recapitular cada episodio con insoportable detalle), El Tipo de la Brocha orgullosamente presenta...

¡LA HILARANTE* NECROPORRA DE 'JUEGO DE TRONOS'!

*La hilaridad no se garantiza.

26 de marzo de 2019

Teseo y el Minotauro

La mitología griega es como los cómics de superhéroes. Puedes tener tu héroe griego favorito, pero es raro que puedas leerte una de sus aventuras y enterarte perfectamente de qué va la vaina si nos ha leído sus aventuras anteriores o incluso aventuras de otros héroes distintos.

Aunque las adaptaciones de los mitos griegos nacidas de la cultura pop podrían ser los New 52 de la mitología griega, el verdadero entusiasta de esos mitos, el auténtico fan, preferirá arremangarse y atacar el núcleo duro de la mitología griega en toda su extensión y complejidad.

En el caso del mito más famoso de cuantos rodean al héroe Teseo, tenemos que remontarnos a los doce trabajos de Hércules (o Heracles, si tomáis yogur griego) para conocer el origen del Minotauro.

12 de marzo de 2019

'Congo', de Michael Crichton

Si la memoria no me falla, leí Parque Jurásico, de Michael Crichton, poco después de que se estrenase la película de Steven Spielberg, allá por el otoño de 1993, más o menos cuando Michael Jordan se retiró del baloncesto profesional.

El siguiente libro del autor con el que me aventuré fue la secuela del anterior: El mundo perdido. Este me lo leí antes de que se estrenase su correspondiente adaptación cinematográfica, también dirigida por Spielberg.

Aunque apenas recuerdo nada de estas dos novelas, salvo algunas de sus diferencias con las películas, tengo que suponer que el hecho de que me leyera El mundo perdido antes de ver su adaptación al cine significa que al menos me gustó la primera parte. A esto le llamo yo optimismo retrospectivo.

Después de esas amenas lecturas, probablemente en el mismo verano en el que se estrenó El mundo perdido, me leí Esfera, y estoy bastante seguro de que disfruté de este libro más que de la dilogía jurásica.

Todos esos recuerdos han permanecido guardados en algún archivador polvoriento y cubierto de telarañas de mi cerebro durante años, tan útiles como un anorak en el África Central, hasta que salieron a la luz hace un par de semanas cuando vi la novela Congo en una estantería de casa de mis padres. Creyendo que apostaba sobre seguro, la cogí prestada.

Fue un impulso del que me arrepentí esa misma noche mientras leía en la cama. Sé que parece feo hablar mal de una novela cuyo autor murió de cáncer hace apenas unos años, pero...

26 de febrero de 2019

'El desafío de Hércules' (1983)


Rara vez pensamos en la ingente cantidad de películas que se han hecho. Y dado que es imposible verlas todas, lo ideal sería reservar nuestro tiempo para aquellas que realmente merecen la pena y aportan algo a nuestras vidas. Eso es lo que haría un auténtico cinéfilo.

Dicho esto, hoy quiero hablaros de El desafío de Hércules, un telefilme de tarde de producción italo-americana que tomó un género acabado como era el peplum y lo llevó literalmente a las estrellas. ¡Con Lou "El Increíble Hulk" Ferrigno en el papel del semidiós griego!

No pretendo engañar a nadie. El desafío de Hércules es pura serie B italiana, una producción de Golan y Globus escrita y dirigida por Luigi Cozzi. Tres de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Esto quiere decir que lo mejor que salió de ella fue el póster que veis sobre estas líneas. ¿Sus famosos doce trabajos? Aquí hace uno de ellos. Dos, si tenemos manga ancha.

Y aunque en la mediocridad del filme está también su mayor virtud, el que os riáis como hienas o caigáis en el sopor más profundo al verla dependerá de vuestro estado de ánimo. En un buen día, con palomitas, refrescos y amigos que sepan lo que van a ver, la experiencia puede ser hilarante hasta el punto de rodar llorando por el suelo. En un mal día…

En cualquier caso, me apetecía comentar una película igual de vieja que yo, así que os la resumo.

14 de febrero de 2019

Marmalade Boy: Trabajo a media jornada. La guerra del amor se mide con las ventas


Creo que ya lo había admitido antes, pero disfruto escribiendo sobre Marmalade Boy. No vería un episodio de la serie cada año si no la siguiera para escribir sobre ella en la que probablemente sea la celebración más extraña de San Valentín, pero suele ser un magnífico material con el que llenar las páginas de este blog.

Sin embargo, el episodio que voy a comentar hoy es el más flojo de con el que me hemos topado en los últimos nueve años y me ha llevado a replantearme algunas de las decisiones vitales que he tomado en ese tiempo. Por ejemplo, ¿quiero seguir escribiendo sobre una serie romántica japonesa cuando tenga cuarenta años? ¿Es este el legado que quiero dejar para que la gente me recuerde cuando ya no esté aquí? ¿Qué dirá el Tribunal de Ancianos para la Defensa de Zarkon si se entera de a qué dediqué mi tiempo en la Tierra? Hace más de treinta años que este planeta debería pertenecer al Imper...

¡Marmalade Boy!

26 de enero de 2019

Supaidāman, el Spider-Man japonés

Han pasado cerca de 40 años desde que la serie de Spider-Man producida por Toei terminó de emitirse en televisión. Durante su emisión, desde mayo de 1978 hasta marzo de 1979, coincidió con la serie estadounidense sobre la que ya escribí hace algún tiempo, y ambas comparten lo que para mí representa el pilar esencial de las producciones de superhéroes de aquella época: el cutrerío desvergonzado.

Sin embargo, pese a que los presupuestos y medios con los que contaban americanos y japoneses no eran muy diferentes (según las fuentes más fiables que he consultado, ambas series se rodaron con las vueltas del pan), la producción de Toei supera con creces a la de la CBS en entretenimiento. Y esto se debe a lo absurda y extravagante que es.

Mientras que los estadounidenses decidieron dar a la serie del arácnido un enfoque de serie policíaca, el Spider-Man japonés ignora todos los elementos periféricos del más reconocible superhéroe de Marvel, abraza el género tokusatsu y se aferra a él como una garrapata ávida de acción y extravagancia.

Ya podéis olvidaros del origen clásico que visteis en los cómics de Stan Lee y Steve Dikto, de los amigos y supervillanos con los que el Trepamuros comparte aventuras y desventuras en los tebeos, y del universo tan inmenso en el que todos ellos conviven, porque la serie japonesa tiene mucho más en común con Bioman o los Power Rangers que con las historietas de Marvel.

Dicho esto, si la serie ha llegado a conocerse más allá de las fronteras de Japón, ha sido sobre todo como meme de internet y son pocos los que se han molestado en ver esta serie y disfrutarla como el glorioso disparate que es. Por eso, como me da lástima que el Spider-Man japonés haya quedado en poco más que una chiste desprovisto de contexto, quiero dedicarle esta entrada y dároslo a conocer recapitulando el primer episodio de la serie.

9 de enero de 2019

Dragon Quest III


¿Por qué, con todos los videojuegos buenos que salen cada año, todavía dedico mi tiempo a jugar y escribir artículos sobre videojuegos lo bastante viejos como para que se consideren hallazgos arqueológicos cuando los saco del cajón?

Y si solo lo hiciera con los típicos plataformas de 8 y 16 bits que se puede uno pasar en una o dos horas, ni tan mal; pero a veces me da por desempolvar un RPG espantosamente largo, y entonces siento que debería recapacitar sobre el uso de mi tiempo libre (o el rumbo de mi vida, en general).

Que haya escogido precisamente la tercera entrega de Dragon Quest para esta entrada es más absurdo si cabe, ya que este juego ni siquiera llegó a Europa. Es cierto que sentía curiosidad por conocer el título que llevó al gobierno japonés a prohibir el lanzamiento de las futuras secuelas de la saga en días lectivos para evitar que los chavales hicieran novillos en masa, pero lo más cercano a un recuerdo que tengo de Dragon Quest es haber visto en la tele Las aventuras de Fly.

Me gustaba mucho esa serie. Tendrá que bastar.