27 de agosto de 2019

Clásicos Disney: Pinocho


El 23 de febrero de 1940, Walt Disney estrenó su segundo clásico animado: Pinocho. Al principio estaba previsto que fuera Bambi la película que sucediera a Blancanieves y los siete enanitos, pero animar a los condenados animales traía a los dibujantes de cabeza.

El segundo largometraje de Disney es una versión recortada y suavizada del cuento original del italiano Carlo Collodi; pero aquí las diferencias saltan más a la vista que en la adaptación del cuento de Blancanieves. Y no debería sorprendernos que las diferencias sean mayores. Blancanieves seguía casi a pies juntillas el cuento de los hermanos Grimm, pero este tiene unas veinticinco páginas, incluyendo ilustraciones, y Las aventuras de Pinocho, alrededor de ciento ochenta. Había que meter mucha tijera.

Pero la extensión no fue el único problema de cara a adaptar el libro. Collodi concibió su obra como un cuento episódico, por lo que carece de una estructura narrativa estricta. Es más, la primera mitad de lo que luego se convirtió en libro se publicó semanalmente en un periódico durante dos años, y la historia culminaba de forma infeliz con la muerte de Pinocho. La segunda mitad no se publicaría hasta el año siguiente, 1882, después de que Collodi se rindiera a las peticiones de sus lectores y resucitará milagrosamente a su personaje estrella. Esto demuestra que los fans tocapelotas existen desde siempre.

A todo lo anterior hay que añadir que el Pinocho del libro es un niño malo, desobediente, ingrato y holgazán, y para nada parecido al típico protagonista adorable que uno espera encontrar en un cuento infantil, así que Walt Disney decidió darle un carácter inocente y entusiasta, para que resultara más simpático a ojos del público.

La película costó cerca dos millones y medio de dólares, más del cuádruple de lo presupuestado y casi el doble de lo que había costado Blancanieves. Era la mayor inversión que había realizado el estudio desde que compraron una cámara de criogenización para alentar rumores y leyendas urbanas en caso de que Walt Disney muriera repentinamente.

Por desgracia, la película no recaudó todo lo que se esperaba de ella, y el estudio acabó endeudado hasta las cejas. Actores como el caballo Horacio y la vaca Clarabella tuvieron que dormir debajo de un puente. Sin embargo, el tropiezo en taquilla no se debió a una mala recepción por parte del público, sino a una pequeña eventualidad histórica de la que quizá hayáis oído hablar: la Segunda Guerra Mundial, un escollo imprevisto que jorobó la taquilla europea.

Qué aires más alpinos.

La película comienza de forma similar a Blancanieves y los siete enanitos, con el libro de Pinocho sobre una mesa esperando a que alguien lo lea. Eso sí, esta vez no se trata de un libro auténtico, de papel y tapa forrada en piel como el Necronomicon ex Mortis, sino de un dibujo animado. La grabación de imágenes reales queda ya reservada para su uso a través de la rotoscopia.

Curiosamente, el lomo del libro no tiene impreso el título del cuento original (Las aventuras de Pinocho), sino que se titula sencillamente Pinocho, y en la portada ni siquiera figura el nombre del autor. Una edición apócrifa, según parece. Al menos en los créditos iniciales se incluyó el texto "From the story by Collodi" a modo de reconocimiento de la autoría, aunque el tamaño de fuente es infinitamente más pequeño que el que emplearon para poner "TECHNICOLOR®". Walt Disney sabía distinguir lo que de verdad era importante.

Pepito Grillo, un Gryllus bimaculatus anatómicamente incorrecto pero elegantemente vestido, es quien hace las veces de narrador. Lo sorprendemos cantando la misma canción cuya melodía suena durante los créditos iniciales y que, desde entonces, ha servido de acompañamiento musical al logo de Disney en sus producciones: La estrella azul (When You Wish Upon a Star), escrita por Leigh Harline y Ned Washington.

La canción es solo una pequeña muestra de la magnífica banda sonora. Y si no os fiais de mi opinión, fiaos de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, porque la película se llevó dos Oscar por su música, uno a la mejor canción original (When You Wish Upon a Star) y otro a la mejor banda sonora.

Pepito Grillo nos da la bienvenida y, como no tiene nada mejor que hacer hasta que lleguen las primeras noches calurosas de la primavera y comience su ciclo reproductivo, decide contarnos la historia de su amigo Pinocho. Con ello pretende demostrarnos, según dice, que los sueños pueden hacerse realidad.

El mensaje era cosa del propio Walt Disney, que estaba convencido de que los sueños se hacen realidad si tenemos el valor de perseguirlos. Lo que nadie suele contarte, y menos cuando eres un crío, es que los sueños también pueden frustrarse y convertirte en una persona amargada y desmotivada sin esperanza alguna de ser feliz. Ni tanto ni tampoco. Yo abogo por que Pepito Grillo ofrezca una alternativa intermedia, más razonable: conformarse con como son las cosas. Quizá no sea tan bonito, pero es más realista.

En esta imagen pueden verse dos cuentos que Disney adaptaría varios años más tarde: Alicia en el País de las Maravillas y Peter Pan. Así nace el Universo Cinematográfico Disney.

La historia como tal empieza en un pequeño pueblo italiano al pie de las montañas. Pero no os confundáis, porque no da al mar y, por tanto, no es el puerto italiano al pie de las montañas en el que vive nuestro amigo Marco. Además, lo de que el pueblo es italiano lo digo yo porque la historia original es italiana. El lugar parece más bien un villorio alemán. Y además lo diseñó un dibujante suizo. La monda.

Es de noche y no hay luz en los hogares, salvo en uno: el taller de Gepetto, cuya primera planta está repleta de muñecos, marionetas, relojes de cuco y cajas de música. En otro contexto, con menos luz y las notas musicales apropiadas, sería terrorífico. La buena noticia es que al menos esta versión de Gepetto no vive en la indigencia. El del cuento es tan pobre que el fuego de su chimenea es pintado.

Siguiendo el (mal) ejemplo de Blancanieves, Pepito Grillo se cuela en el taller en busca de un lugar caliente en el que pasar la noche. Pepito no viste aún su característico esmoquin, sino que tiene toda la pinta de ser un vagabundo. Su abrigo está raído y remendado, la copa de su sombrero está destrozada y los dedos de los pies le asoman fuera de los zapatos. Me gustaría saber cómo acabó en esa situación de aparente indigencia. Quizá tenía familia y se largó una noche de casa sin más equipaje que un bolso y un paraguas. He leído que los grillos tienen puestas de hasta 200 huevos, así que es fácil imaginárselo como un padre a la fuga.

La voz en inglés de Pepito Grillo pertenece al cantante Cliff Edwards. Fue la primera vez que un famoso prestaba sus cuerdas vocales a un dibujo animado. Ahora hasta lo hacen famosos sin talento interpretativo ni buena voz.

A Pepito se le hiela la sangre cuando sus ojos reparan en una marioneta en particular, que yace sola y lánguida sobre la mesa, una marioneta de rostro inexpresivo, sin boca...

Yo mismo me estremezco cuando veo esta pavorosa imagen:

Su prima se llama Annabelle.

El viejo Gepetto baja del cuarto superior, donde está su dormitorio, con un bote de pintura, listo para dar los últimos retoques a su nueva marioneta. No me explico por qué no guarda toda la pintura en el piso de abajo, en el taller, aunque solo sea por comodidad; a lo mejor disfruta inhalando gases tóxicos.

A Gepetto le acompaña Fígaro, un gatito malcriado cuyo mal carácter me recuerda al del Pato Donald, lo que hace automáticamente de él mi personaje favorito de la cinta. ¿A quién podría no gustarle un gato celoso e irritable? Fígaro también era el personaje favorito de Walt Disney; tanto le gustaba el refunfuñón felino que, al terminar la producción, decidió convertirlo en la mascota de Minnie Mouse en sustitución de la perrita Fifi, a la que presumiremos que la alegre ratona pegó un tiro y enterró en el jardín.

Gepetto tiene como segunda mascota una pececita de colores muy coqueta llamada Cleo a la que los dibujantes sexualizan de formas inimaginables. No os encariñéis mucho con ella. En una pecera como esa y sin filtro durará tres o cuatro semanas a lo sumo, y eso si tiene suerte y no se la come algún felino despiadado.

A esto lleva la soledad.

Y a esto también.

Mientras Gepetto termina de pintar la marioneta, Pepito Grillo mete mano a una muñeca de porcelana que hay sobre un estante. Hace que parezca un acto fortuito, pero es una conducta constante a lo largo de la película y tiene poco de accidental. Quizá fue su mujer la que lo echó de casa y no él quien huyó.

Disney: valores que perduran.

Terminada su obra, Gepetto le pone el nombre de Pinocho y aterroriza con ella a sus mascotas mientras canta La cabecita de madera en un número musical del infierno.

*Ruido de estática*

Pepito también sufre lo suyo bajo una llave de música cuando se convierte en la primera víctima de una imprevista precuela de Saw.

¿Sufrimiento? Aún no habéis visto nada.

A las nueve en punto, todos los relojes de la casa suenan al unísono, anunciando la hora de acostarse con el mayor escándalo posible. Si yo fuera vecino de Gepetto, lo denunciaría a los carabinieri por contaminación acústica. Nadie iba a echar de menos a un viejo tallista alcohólico.

Lo siento si os escandaliza lo que digo, pero es difícil no hacer alusión a los problemas de Gepetto con la bebida teniendo en cuenta la temática recurrente de sus obras.

¿Es ya hora de beber?

Siempre es hora de beber.

Antes de acostarse, Gepetto ve una estrella en el cielo y desea que Pinocho se convierta en un niño de verdad, lo cual es espeluznante, por que ¿quién en su sano juicio querría que una marioneta cobrase vida? Nadie que haya visto Puppet Master: La venganza de los muñecos y sus trescientas secuelas, eso os lo aseguro.

En el cuento, por el contrario, la premisa tiene mucho más sentido, ya que Pinocho comienza siendo un leño mágico parlante y Gepetto se limita a darle forma después de que un carpintero amigo suyo, maese Cereza, se lo regale (maese Cereza no soportaba que un pedazo de madera gritase de dolor cada vez que le cortaba trozos de corteza con el hacha). Vale, la palabra "sentido" quizá sea un poco fuerte.

De vuelta a la cinta, y mientras Gepetto duerme, la estrella a la que ha pedido su deseo desciende desde el firmamento hasta el taller a velocidad factor 9 y se convierte en el Hada Azul, que da vida a Pinocho con su varita mágica. (¡Curiosidad al canto! La actriz que sirvió de modelo y puso la voz al Hada en la versión en inglés es la bellísima Evelyn Venable, a la que TODOS conocéis ―al menos de cara― porque también sirvió de modelo al logo de Columbia; ya sabéis, la gachí con toga que sostiene una antorcha en alto pero no es la Estatua de la Libertad).

-Uy, qué muñeco más horripilante. Ya sé, voy a darle vida.

Mickey Mouse ha llamado. Quiere que le devuelvas sus guantes.

Pinocho está encantado con el cambio, pero el Hada le advierte que aún no es un niño de verdad y que tendrá que ser "bueno, sincero, generoso" para convertirse en uno y poder sufrir todas las enfermedades y epidemias del siglo XIX, desde el cólera hasta el tifus pasando por la fiebre amarilla. ¿Qué? Al menos no se lo comerán las termitas.

De todos modos, como sería injusto exigir a un trozo de madera tallada que distinguiese entre el bien y el mal, el Hada nombra a Pepito Grillo su conciencia, que él mismo define como "esa débil voz interior que nadie escucha". Bien hecho. Un insecto cínico y depravado sin duda será un gran ejemplo a seguir. Durante poco tiempo, eso sí; porque la esperanza de vida de un grillo es de apenas un año y Pepito es un grillo adulto, así que probablemente solo le queden unos pocos meses de vida. El tiempo corre, Pinocho.

Antes de largarse con viento fresco, el Hada transforma los harapos de Pepito en un traje muy elegante, acorde con su nuevo e inmerecido cargo.

-Me gustas, chatina. ¿Quieres que te acompañe a casa?

Pepito intenta inculcar un poco de ética a Pinocho y luego le canta Dame un silbidito para que, en caso de duda, sepa que siempre podrá contar con él para que le dé consejo.

No obstante, cualquier lección moral que pretenda dar Pepito pierde todo su valor desde el momento en que se dedica a acosar obsesivamente a todas las muñecas con las que se cruza.

Él se considera cortés.

Ellas le llaman baboso.

Desde luego este Pepito Grillo se lo monta mejor que el del cuento. En el texto original lo único que consigue el "grillo-parlante" (así le llama Collodi) con sus lecciones morales es que Pinocho se harte de él y lo aplaste accidentalmente con un mazo. Luego el grillo-parlante vuelve a aparecer en forma de sombra (¿?), pero ese capítulo se escribió probablemente bajo los efectos de algún vino florentino y no se entiende muy bien.

Pinocho cae por accidente en una caja llena de muñecos, y el ruido despierta a Gepetto, que salta de la cama armado con una pistola que guardaba bajo la almohada. Supongo que esta es otra de esas lecciones valiosas que podemos aprender de la película. En los Estados Unidos lo hicieron.

Su imagen inspira seguridad.

Gepetto celebra que su sueño se haya hecho realidad cantando y bailando, pero después de que Pinocho se queme un dedo con una vela, decide que será mejor que todos vuelvan a la cama a dormir. He de añadir que este pequeño accidente probablemente sea una versión light del capítulo del cuento en el que Pinocho se quema los pies en un brasero y se convierte así en un lisiado incapaz de moverse. ¿Aún no os han entrado ganas de leerlo?

A la mañana siguiente, los niños del pueblo madrugan para ir a la escuela, y Gepetto no quiere que Pinocho sea una excepción. En la escuela pública aceptan a cualquiera, ¿no?

Por desgracia, de camino a la escuela, Pinocho tiene la mala pata de cruzarse con un zorro y un gato antropomorfos que se hacen llamar el Honrado Juan y Gedeón, dos bribones de poca monta.

El Honrado Juan, dándose cuenta de que pueden hacer fortuna vendiendo una marioneta sin cuerdas, convence a Pinocho de que tiene futuro como actor de teatro y consigue que les acompañe al son de Tra-la-la-larí, el arte es para mí o cómo se llame esa canción tan pegadiza.

Gedeón, en cambio, no solo no canta, sino que no dice ni una sola palabra en toda la película, salvo que los hipidos se consideren una forma verbal de comunicación. Lo suyo son los gags visuales. Esto no deja de resultar curioso porque en el guion tenía diálogos y el estudio grabó sus líneas. Es más, la voz se la puso Mel Blanc, el primer actor de doblaje de Buggs Bunny y de decenas de personajes de animación icónicos. Menudo desperdicio.

Walt Disney, promoviendo el furry fandom desde 1927.

Quizá os preguntéis dónde está Pepito Grillo mientras sucede todo esto. Pues bien, se ha quedado dormido. Podéis añadir la negligencia profesional a su lista de defectos.

El Honesto Juan y Gedeón venden a Pinocho al dueño de un espectáculo de marionetas, Stromboli, un tipo barbudo y ambicioso con un culo enorme. No es que vaya mirando el culo del primer dibujo animado que se me pasa por delante (excepto si se trata de Holli Would o Jessica Rabbit), pero en este caso es imposible evitarlo. Es como si un tren descarrila delante de tus narices. ¡Es imposible apartar la mirada! Solo que en lugar de un tren son dos posaderas gigantes, y en lugar de descarrilar, se menean.

Hipnótico y relajante.

Pepito Grillo llega a tiempo de ver la función, y por si no teníamos ya bastante claro lo inútil y degenerado que es, solo presta atención cuando salen unas muñecas a bailar cancán.

¡Oh-la-la!

Su perversión no conoce límites.

Pese a la ineptitud de Pinocho, el espectáculo es un éxito, y el público, entusiasmado, lanza monedas al escenario. Debe de sobrarles el dinero, porque no creo que la entrada fuera gratis.

Stromboli gana una pequeña fortuna y no cabe en sí de gozo. Sin embargo, cuando Pinocho le dice que tiene que regresar a casa con su padre (que, a todo esto, ha salido a buscarle en plena noche), Stromboli lo encierra en una jaula y le dice que actuará para él por todo el mundo, y cuando ya esté demasiado viejo para cantar y bailar, lo utilizará como leña para el fuego. Y para reforzar esta amenaza tan sutil, Stromboli clava un hacha en una vieja marioneta, porque en los primeros clásicos Disney nunca hay suficientes imágenes aterradoras.

Magia Disney. Me toca a la patata.

Antes de abandonar su cargo como peor conciencia de la historia, Pepito Grillo decide despedirse de Pinocho y lo encuentra encerrado en la jaula. Por aquello de disimular, el insecto intenta liberarlo, pero fracasa miserablemente. A nadie le sorprende. No ha hecho nada bien desde que empezó la película.

Pinocho llora desconsolado en su jaula.

Es un momento de bajón y claramente empieza a ser necesario un alivio cómico que reduzca los niveles de dramatismo. Por eso, Disney nos muestra a Gepetto, preocupado y triste, en busca de su hijo. Bajo la lluvia.

La auténtica magia Disney es que los niños no queden traumatizados después de ver esta película.

Por si os hace sentir mejor, el actor de doblaje original de Gepetto, Christian Rub, era simpatizante nazi.

El Hada Azul, como buen deus ex machina que es, aparece en la caravana y le pregunta por qué no fue al colegio.

Pinocho le cuenta que unos monstruos lo capturaron, y al instante la nariz le crece, porque esto es lo que ocurre cuando eres un niño de madera viviente y mientes. Sin embargo, no creo que a eso pueda llamársele mentir. El Honrado Juan y Gedeón secuestran a un niño y lo venden a un espectáculo ambulante, ¿qué más hace falta para que se les considere monstruos?, ¿que desayunen bebés?

Pinocho continúa mintiendo y la nariz sigue creciéndole con cada mentira. Incluso le sale de la nada un nido con dos pajaritos, en plan teoría creacionista.

El Hada le dice que mentir está mal, y Pinocho le promete que no volverá a hacerlo. A Pepito no le reprende pese a que su falta de ética y de responsabilidad profesional es palmaria.

El Hada libera a Pinocho y, antes de marcharse, le dice que no volverá a ayudarle. Ahora la mentirosa es ella, pero si no dijera eso, entonces la película perdería toda su emoción y dramatismo.

Los pajaritos azules representan Twitter, porque se sostienen sobre falsedades y mentiras.

En el libro todos esos sucesos ocurren de forma muy diferente. También hay un espectáculo de marionetas, pero Pinocho no se une a él, sino que asiste como espectador después de revender la cartilla escolar que le compró el pobre Gepetto tras vender su chaqueta en pleno invierno. Las marionetas, que también están vivas aunque lleven hilos, reconocen a Pinocho por algunas extraña razón y él corre a abrazarlas, interrumpiendo la función. Esto enfurece al dueño del espectáculo, Tragalumbre, que en un principio decide quemar a Pinocho para terminar de calentarse un asado, pero luego se compadece de él y lo libera; incluso le da cinco monedas de oro para que su padre y él salgan de la pobreza. En ese momento y no antes es cuando entran en escena el zorro y el gato, que engañan a Pinocho convenciéndolo de que si planta sus monedas en el Campo de los Milagros, crecerá un árbol cargado de dinero; luego, no contentos con robarle, lo ahorcan en una rama de una encina. ¿Os he recomendado ya el libro?

Aquel fue el final original de la historia hasta que Collodi la continuó por petición popular. Fue entonces cuando introdujo al Hada para salvar a Pinocho de la muerte. Aparte de eso, el Hada (una niña de cabellos azules) tiene más presencia en el libro que en la película; comienza haciendo el rol de hermana de Pinocho y, más adelante, el de madre, consiguiendo que el muñeco viviente se convierta en un alumno ejemplar hasta que las malas influencias vuelven a llevarlo por el mal camino.
Lección para niños nº 1: si te portas mal, te ahorcarán unos animales parlantes.

De vuelta a la película, el Honrado Juan y Gedeón celebran su triunfo emborrachándose y tragando humo en una taberna de mala muerte.

El Cochero, un tipo obeso y de aspecto siniestro, escucha su historia y les dice que si quieren conseguir una gran suma de dinero, solo tienen que traerle "niños estúpidos" para llevarlos a la Isla de los Juegos.

Al Honrado Juan le preocupa que puedan pillarlos, pero el Cochero les asegura que no hay peligro porque los niños nunca vuelven. No como niños al menos.

A estas alturas, creo que el tráfico infantil a gran escala era lo único que podía mejorar esta película.

El secreto de su éxito es que su negocio se basa en violar derechos humanos.

Al salir de la taberna, el Honrado Juan y Gedeón se cruzan con Pinocho, al que Pepito ha vuelto a perder de vista porque estaba echándole una carrera hasta casa (suma y sigue, supongo).

Con trucos sucios, pero no por ello menos hilarantes, el Honrado Juan convence a Pinocho de que está muy enfermo y de que para curarse necesita pasar una temporada en la Isla de los Juegos.

En la escena siguiente, el Cochero lleva a un montón de niños eufóricos hacia el puerto en un coche tirado por burros. Y digo "niños eufóricos" a pesar de que lo que veo son horribles rostros de cuencas vacías que se asoman a una negrura insondable.

Inspirado en El grito, de Munch.

La Isla de los Juegos es justo lo que promete: un lugar lleno de coloridas atracciones en el que los niños pueden hacer lo que quieran sin que nadie los regañe ni supervisión adulta. Pensad en la isla de El señor de las moscas pero con instalaciones de recreo.

Es cierto que algunas atracciones parecen diseñadas por un payaso psicópata, pero eso no parece preocupar a ninguno de los niños, incluyendo a Pinocho y a su nuevo amigo Polilla.

Entiendo que sea una de las películas de animación favoritas de Terry Gilliam. Otra es South Park: Más grande, más largo y sin cortes.

Una noche más que no duermo.

Mientras los niños se divierten a sus anchas, el Cochero ordena a sus esbirros (unos seres negros de los pies a la cabeza, con brazos grandes y peludos como los de un gorila) que cierren las puertas del recinto.

No hay razón para escamarse, ¿verdad?

Más rostros amables con los que llenar los sueños de los más chiquitines de la casa.

Pepito, que ha seguido a los niños hasta la isla, encuentra a Pinocho en compañía de su nuevo amigo Polilla, que es un niño de mundo, o sea, un niño que debería estar encerrado y ver cuanto menos mundo mejor.

Los niños fuman, beben y juegan a los naipes y al billar, dándose, como dicen ellos, "la gran vida". Pepito riñe a Pinocho y le advierte que así nunca será un niño de verdad.

Por supuesto, este es el tipo de escena que ya no veréis jamás en un dibujo animado dirigido a menores de trece años, ni tampoco en una película, porque hemos asumido que los padres de hoy día son incapaces de educar a sus hijos y de conseguir que les hagan más caso que a la televisión o a internet. Todo bien.

-¿No crees que la palabra "enfisema" es hilarante?

-Descacharrante incluso. Como el cáncer de pulmón.

Polilla, asombrado de que alguien pueda hacer caso a un insecto, se burla de Pepito, al que llama "bicho" (es lo que es, ¿no?), y lo manda a la tronera de un bolazo.

El grillo pierde los papeles y se arremanga, dispuesto a pelear con Polilla para demostrar que no tiene control alguno sobre su temperamento ni inconveniente en agredir a un menor de edad.

Pinocho le dice que no lo haga, porque Polilla es su amigo, y al oír esto, Pepito, indignado, dimite y se marcha. Supongo que la perseverancia tampoco es una de sus virtudes.

Mujeriego y pendenciero. Lo tiene todo para ser la conciencia de un crío sin educación.

Por si quedaba algún niño pendiente de traumatizar durante el visionado de este clásico infantil, de camino al puerto, Pepito descubre al Cochero y a sus simiescos esbirros encerrando en cajas a docenas de burros para enviarlos a lugares como las minas de sal o el circo.

Uno de los pobres burritos pide volver a casa con su mamá, y el Cochero lo arroja a un corral con otros burros que aún "no están hechos". Los burros lloran y lamentan su suerte, y el Cochero los hace callar chasqueando su látigo.

Pepito, muy avispado, deduce que los burros son en realidad niños transformados después de que el Cochero lo diga en voz alta con esas mismas palabras.

Acepto que los niños se transformen en burros. Sin embargo, lo que no puedo explicarme es cómo consigue el Cochero mantener este negocio a flote. Aun suponiendo que su simiesca mano de obra trabaje gratis, no puede ser que sus clientes le estén pagando más por los burros de lo que paga él por los niños (recordad que al Honrado Juan y Gedeón les da una bolsa llena de monedas de oro), y eso por no mencionar los gastos de mantenimiento de las atracciones, la bebida, el tabaco... Incluso hay una casa completamente amueblada para que los críos se desfoguen destrozándola, la cual imagino que alguien tendrá que reconstruir cada vez que llega una nueva remesa de niños. ¡Este negocio es insostenible a largo plazo!

Insostenible y cruel. Sobre todo cruel.

Pepito sale corriendo para advertir a Pinocho del peligro que corre si permanece en la isla.

Si esperáis que alguno de ellos se salve, esperad sentados en una silla cómoda.

Mientras tanto, Polilla, que aún se burla de Pepito aunque el grillo no esté presente, comienza a convertirse en burro ante la incrédula mirada de Pinocho.

El muñeco piensa que la cerveza y el tabaco le están provocando alucinaciones, pero enseguida se da cuenta de que lo que ve es tan real como espantoso.

Polilla suplica ayuda, pero Pinocho, que también empieza a sufrir los efectos solipedantes de su estancia en la isla, no puede hacer nada por su amigo.

Polilla llama desesperado a su madre hasta que su grito se convierte en un rebuzno de terror, anunciando que la perversa metamorfosis se ha completado.

¡Cine para niños!

Por este motivo es necesario incluir advertencias sobre los riesgos del tabaco en las cajetillas.

Cuando Pepito regresa, a Pinocho ya le han crecido orejas y cola de burro, y el grillo le apremia para huir de este lugar maldito. Juntos escapan de la Isla de los Juegos y regresan a nado al continente, abandonando a Polilla y al resto de niños a su suerte. Tenemos secuelas de todas las películas de Disney menos de la que realmente lo necesitaba.

De todos modos, no sé si es peor la incertidumbre, el no saber a ciencia cierta cuál es el destino de estos muchachos, o tener pleno conocimiento de lo que les ocurre. Por ejemplo, en el libro de Collodi, el homólogo de Polilla (un bala perdida llamado Espárrago) acaba trabajando para un labrador hasta morir de agotamiento. Qué risas, eh.

Pinocho y Pepito corren hasta el taller de Gepetto, pero no encuentran ni un alma en él. El Hada Azul, cuya palabra no vale un pimiento porque había dicho que no volvería a ayudarles, adopta la forma de una paloma sideral y desciende del firmamento por tercera vez para dejarles una carta en la que indica la dirección en la que podrán encontrar a Gepetto: el estómago de Monstro, una sardina sobrealimentada con muy mala gaita y que podría ser pariente de Moby Dick, de la rama no albina de la familia.

Pese a la evidente amenaza que supone animar escenas con agua (hubo personas trabajando un año entero solo en estas secuencias), Pinocho se arma de valor y, atándose una piedra a su cola de burro, desciende a las profundidades submarinas para salvar a su padre. Pepito le acompaña, pero, por descontado, no hace nada de provecho.

¿Y qué hay del viejo Gepetto? Gepetto está muriéndose de hambre en el interior de la bestia leviatánica. Sus mascotas lo acompañan y tampoco lo están pasando mejor.

Durante la producción de La sirenita, se estudió Pinocho a fondo para conseguir ese mismo efecto de haber bebido unas copas de más.

Existe una escena eliminada aterradora, o al menos tan aterradora como la mayoría de las escenas de esta película, en la que Fígaro, acuciado por el hambre, intenta comerse a Cleo. Gepetto se lo impide repetidas veces, regañándolo y apartándolo por la fuerza, hasta que él mismo, debilitado por la falta de alimento, comienza a alucinar y confunde cuerdas y raspas de pescado con comida suculenta. En ese momento, se le pasa por la cabeza comerse a la adorable pececita, y Fígaro se une a él.

Pero no se comen a Cleo, palabra.

Risas perversas.

Pinocho se topa con Monstro y la bestia se lo traga de un bocado junto con todo un banco de peces. De este modo, el hijo pródigo se reúne al fin con su padre. Sería un momento enternecedor si no supiéramos que solo han tenido cinco minutos para conocerse desde que empezó la película. Todas esas muestras de amor paternofilial son una farsa; el cariño que se profesan es impostado.

Asaltado por una idea brillante, Pinocho enciende una hoguera para que el humo provoque un estornudo a la gigantesca ballena. El plan funciona y el grupo abandona el estómago de Monstro en una balsa birriosa que había construido Gepetto. ¿Qué podría salir mal?

Tiene dientes en lugar de barbas, luego es un odontoceto. No digáis que no aprendisteis nada leyendo esta entrada.

El furioso cachalote los persigue y consigue hundir la balsa con su embestida, obligando a Pinocho a cargar con su padre inconsciente. ¡Menos mal que la madera flota!

Al final, Monstro se estampa de cabeza contra la pared de un acantilado, y Gepetto, Pepito y las mascotas llegan a salvo a la costa. Pero ¿y Pinocho?

Pinocho está bien.

Bien muerto, quiero decir.

La buena noticia es que murió a causa del golpe, no ahogado. Vale, buena lo que se dice buena no es. Pero es una noticia.

De vuelta al taller de Gepetto, todos lloran al trozo de madera inerte. Esta escena es prácticamente una copia del velatorio de Blancanieves, así que ya no me da tanta lástima. Me la pueden colar una vez, pero no dos. No es mi culpa que se me haya metido algo en el ojo.

El Hada Azul, viendo que la película está llegando a un punto de no retorno en lo que se refiere a provocar traumas permanentes en los niños, resucita a Pinocho y lo convierte en un niño de verdad.

Por alguna incomprensible razón, el Hada también da una medalla a Pepito. Sí, sí, ya sé que salvó a Pinocho de la Isla de los Juegos; pero si hubiera hecho bien su trabajo desde un principio, no habría hecho falta. Aborrezco a ese grillo resabido.

Supongo que Pinocho y Gepetto fueron felices, no como todos aquellos niños de la Isla de los Juegos.

Fin.

-¡Soy un niño de carne y hueso! ¡Ahora el fuego no puede hacerme daño!

Pinocho supuso un claro salto para el estudio Disney en lo que a calidad artística y técnica se refiere. Tenían talento, tenían confianza en sí mismos y tenían dinero, y todo eso les permitió hacer una película que, gustos a salvo, es muy superior a Blancanieves y los siete enanitos, una auténtica obra maestra y un nuevo hito en la historia de la animación. Es cierto que el resultado en taquilla no fue tan bueno como se esperaba el estudio por culpa del conflicto bélico, pero eso no achantó a Walt Disney, que siguió trabajando en nuevos largometrajes, como la divisoria Fantasía entre otros. Además, ¿qué deudas hay que no se pueden solucionar saliendo a bolsa y recortando el salario a toda la plantilla?

Y con esto, y en apenas tres años, ya hemos repasado dos de los clásicos Disney. Solo me quedan... ¿55? Una barbaridad.

PD: Para los que no lo supierais ya, ahora también podéis leerme en Goodreads y Letterboxd, donde publicaré microreseñas de libros y películas con regularidad. Podéis leerlas también en Twitter, pero no las tendréis tan a mano.

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11 comentarios

  1. Muy buena reseña, como siempre!! Tendré que volver a ver la película (nunca fue de mis favoritas) y, sobre todo, leer el libro original...

    A la espera de más reseñas en los dos sitios que has puesto!! ¿De dónde sacas el tiempo libre??

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  2. Vi una obra de teatro sobre el libro original, Pepito Grillo en lugar de morir volvía a aparecer todo lleno de vendas y seguía haciendo su trabajo y parece que Pinocho pierde las partes de burro cuando se sumerge en el mar porque los peces se las comieron.

    Buen punto acerca de lo desastroso del negocio de la venta de burros.

    Nunca lo había pensado pero Honrado Juan y Gedeón, Stromboli y el Cochero son los villanos más exitosos de todo Disney: Se salen con la suya y nunca reciben ningún castigo. Ningún otro villano ha conseguido eso.

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  3. Me has vendido el libro.

    La entrada es maravillosa, el insostenible negocio ilegal de venta de burros me fascina. ¿Entonces vas a continuar con el resto de clásicos Disney? ;D

    Un placer leerte como siempre.

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  4. Anónimo: Procuro aprovechar el tiempo de forma eficiente. Es cuestión de no haraganear, ser disciplinado y tener una máquina del tiempo.

    Anonimatus: Me alegro de que hayas expresado esa reflexión sobre los villanos que no reciben su merecido castigo. Sabía que algo que me mosqueaba pasaba por alto.

    Kamo_Miranda: El libro merece la pena por lo que sorprende en comparación con la película de Disney.

    Ya cuando escribí sobre Blancanieves pensaba abordar los clásicos, pero mira a qué ritmo voy. Lamentable.

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  5. Que buena reseña, de muchas cosas de la película ni me acordaba. Siempre he querido leer el libro y ahora lo haré por tu recomendación.
    Está película sí que enseño cosas a los niños de esa generación. Bien oscura ahora que lo recuerdo para ser de Disney.

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  6. Después de leerme la saga de cómics Fabulas ya nunca podré ver a Geppeto de la misma manera.

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  7. José Correa: Gracias. Ya me dirás qué te parece el libro.

    Ghortaur: Jo, leí Fábulas hace años y no recuerdo a Geppeto. Ahora temo mirar.

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  8. Excelente entrada como siempre Brocha.

    Yo está película poco la recuerdo de cuando la vi de niño, no me gustaba mucho, precisamente por la escena de la isla de los juegos y lo de los niños convertidos en burros. Siempre me dio mal rollo eso. Ahora la he vuelto a ver con mis hijas e incluso asistí a una representación teatral para niños de la misma. A mi hija de 6 años le encanta, lo que nos demuestra que los clásicos nunca mueren.

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  10. Esta película desde pequeño me parecía perturbadora, sobre todo la escena de los niños volviéndose burros (me causo pesadillas), pero ahora veo con tu reseña, que esta película es más extrema de lo que recordaba, (no tanto como el libro claro está) y concuerdo con que Pepe grillo es todo un adulto disfuncional.

    Lo más interesante del post, es que aprendí sobre Evelyn Venable, no sabía que la mujer de Columbia pictures tenía nombre, además de aprender sobre los carabinieri(organismo de seguridad del Estado italiano lo busque en Wikipedia) y la palabra odontoceto (cetáceos dentados, también de Wikipedia) muy educativo el post.

    Como siempre una lectura disfrutable.

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  11. Daniel: ¿A tu niña de seis le encanta? ¿Y a su hermana o hermanas qué?, ¿las horroriza? XD

    Edmaster: Siempre intento que aprendáis algo. De mastuerzos como yo ya está el mundo lleno.

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