12 de marzo de 2019

'Congo', de Michael Crichton

Si la memoria no me falla, leí Parque Jurásico, de Michael Crichton, poco después de que se estrenase la película de Steven Spielberg, allá por el otoño de 1993, más o menos cuando Michael Jordan se retiró del baloncesto profesional.

El siguiente libro del autor con el que me aventuré fue la secuela del anterior: El mundo perdido. Este me lo leí antes de que se estrenase su correspondiente adaptación cinematográfica, también dirigida por Spielberg.

Aunque apenas recuerdo nada de estas dos novelas, salvo algunas de sus diferencias con las películas, tengo que suponer que el hecho de que me leyera El mundo perdido antes de ver su adaptación al cine significa que al menos me gustó la primera parte. A esto le llamo yo optimismo retrospectivo.

Después de esas amenas lecturas, probablemente en el mismo verano en el que se estrenó El mundo perdido, me leí Esfera, y estoy bastante seguro de que disfruté de este libro más que de la dilogía jurásica.

Todos esos recuerdos han permanecido guardados en algún archivador polvoriento y cubierto de telarañas de mi cerebro durante años, tan útiles como un anorak en el África Central, hasta que salieron a la luz hace un par de semanas cuando vi la novela Congo en una estantería de casa de mis padres. Creyendo que apostaba sobre seguro, la cogí prestada.

Fue un impulso del que me arrepentí esa misma noche mientras leía en la cama. Sé que parece feo hablar mal de una novela cuyo autor murió de cáncer hace apenas unos años, pero...

Bandera congoleña. Qué puñetero es elegir imágenes para la reseña de una novela.

Profundo en el África ecuatorial... la selva del CongoTM.

Una expedición de geólogos americanos se adentra en la jungla buscando diamantes para la multinacional STRT, que pretende utilizar estas piedras preciosas para revolucionar la industria del microchip. Por desgracia, todos los miembros de la expedición son brutal y misteriosamente asesinados cerca de las ruinas de la Ciudad Pérdida de Zinj. ¿Deberían haber contratado un seguro de viaje? Sí. ¿Hay algún seguro que cubra ataques de gorilas mutantes? No lo sé.

A un océano de distancia de allí, en el centro de la multinacional STRT en Houston, la doctora Karen Ross, supervisora del proyecto "Congo", se toma un cafelito mientras visualiza la última transmisión en vídeo de la expedición. Las tiendas del campamento están destrozadas y los cuerpos de sus compañeros son guiñapos sanguinolentos esparcidos por el suelo, con sus cabezas convertidas en pulpa viscosa. La doctora decide tomarse las pastitas de mantequilla más tarde. La única pista sobre el incidente es un borrón gris, de forma antropoide, que cruza por delante de la cámara como una exhalación, demasiado rápido como para considerarlo el primer caso de photo bombing animal registrado en la historia.

En San Francisco, el zoólogo Peter Elliot trabaja con la gorila Amy en una forma de comunicarse entre especies mediante signos. Amy ha aprendido ya la sorprendente cantidad de 620 signos, diez veces el número de emojis que necesita el humano medio para comunicarse. Sin embargo, últimamente Amy se comporta de manera extraña. No solo lanza a sus cuidadores más excrementos de lo normal, sino que sus últimas obras pictóricas son un plagio de unos grabados portugueses de 1642 en los que aparece una ciudad muy antigua perdida en la selva africana.

Contando con la asistencia de Elliot y de su peluda amiga, así como con la protección del mercenario Charles Munro, la STRT organiza una segunda expedición al Congo, liderada por la doctora Ross, para encontrar los diamantes antes que sus competidores japoneses, alemanes y holandeses. Los españoles aún están buscando África en el mapa.

Waka-Waka. Esto es África.

Si quisiera comprarme un libro de bolsillo en las tiendas del aeropuerto y leyera en la contraportada un resumen como el que acabo de hacer (pero escrito en serio), me llevaría Congo sin pensármelo dos veces, porque pinta la mar de entretenido.

Es más, ¿acaso puede ser aburrida una novela con tiros, hipopótamos, pigmeos, caníbales, gorilas asesinos y erupciones volcánicas? Yo estaba seguro de que no... hasta que leí Congo.

Alucinante póster de la edición de bolsillo, de Robert McGinnis.

Y el problema no es el argumento. El argumento es perfecto para una novela pulp, y hay pocas obras literarias que atrapen más al lector que una novela pulp bien escrita. Tal vez una citación judicial.

El problema es que el estilo de Crichton es tan aséptico e impersonal que es difícil involucrarse en la trama. La narración desde el punto de vista de un personaje a la que la literatura contemporánea nos tiene acostumbrados brilla aquí por su ausencia. Congo está escrita prácticamente como si fuera el informe de una expedición científica y recuerda a los reportajes que uno puede leer en revistas como National Geographic. ¿La diferencia? Que al menos las revistas tienen fotografías.

¡Dale caña al mono!

Para más inri, los protagonistas son puro cartón. No cambian en absoluto y es imposible sentir empatía por ellos o preocuparse siquiera cuando están en peligro.

El único personaje que me despertó algún tipo de sensación distinta de la desidia es Amy, porque al menos expresa sus emociones con signos, que ya es más de lo que hacen sus compañeros humanos. "Amy tener miedo", "Amy querer comer", "Peter hacer cosquillas Amy Amy buen gorila". De todos modos, encuentro más entretenidos los vídeos de Koko en YouTube.

No obstante, valoro mucho la labor documental de Crichton, que se informó largo y tendido acerca de las investigaciones realizadas sobre el lenguaje de los gorilas y se acercó un fin de semana al zoológico de Los Ángeles a echar cacahuetes a los monos y hacerse fotos con ellos. También visitó el volcán Stromboli, en la isla italiana del mismo nombre, y se fue de excursión las junglas de Malasia para empaparse de los ambientes en los que se moverían sus personajes. Algunos lo calificarían de turismo vacacional. Crichton era más caradura y le llamaba trabajo.

Pero aunque aprender leyendo está muy bien, rara vez es lo que consigue conquistarme de una novela. Las historias entretenidas, con personajes bien caracterizados que se desarrollan a medida que avanza la trama, y los gorilas que aplastan cabezas utilizando pedruscos a modo de platillo ya se acercan más a lo que me atrae de la literatura popular.

Este juguete me produce escalofríos.

Crichton decía que la idea de Congo le vino de Las minas del rey Salomón de H. Rider Haggard, publicada en 1885. Él quería escribir una historia de aventuras similar, pero llevada al siglo XX, esto es, con la tecnología punta de finales de la década de 1970 y sus computadoras con memorias de 256 K.

Hace ya muchos años que me leí Las minas del rey Salomón y, honestamente, no recuerdo nada de este libro salvo que su protagonista, Allan Quattermain, cazador de elefantes en el África salvaje, no era para nada parecido al Quattermain al que interpretaba Sean Connery en La Liga de los Hombres Extraordinarios. Pero, solo por hacerme a la idea, he rescatado este libro para ojearlo y puedo aseguraros que tiene un enfoque mucho más personal que la novela de Crichton. Para empezar, la historia de Rider Haggard está narrada en primera persona por el propio Quattermain, y además, abriendo solo tres páginas al azar, he visto al personaje 1) fuera de sí por haber fallado un tiro, 2) horrorizado tras escuchar las siniestras profecías de una bruja fea como "un cadáver secado al sol" y 3) rezando con fervor ante la perspectiva de un viaje hacia lo desconocido pese a no ser un hombre religioso.

La lección que uno puede aprender de esto es que es mejor plagiar algo bueno que solamente inspirarse en ello.

Lo mejor que puedo decir de la novela es que Crichton consigue mantener un interés moderado a base de cliffhangers, lo que te lleva a terminarla antes en lugar de prolongar el sufrimiento.

Congo y Las minas del rey Salomón comparten adaptaciones cinematográficas chungas.

Por supuesto, cuando la adaptación cinematográfica de su novela Parque Jurásico se convirtió no solo en un éxito de taquilla, sino en un tremendo fenómeno de masas, los estudios de cine rebuscaron entre su bibliografía a ver qué otras novelas se podían adaptar a la gran pantalla.

Al poco tiempo, Paramount ya había comprado los derechos de Congo. Y a los ejecutivos del estudio debió de pasarles como a mí, que empezaron a ojear la novela y les entraron sudores fríos al ver que aquello era más parecido al informe de un explorador científico que a una novela de aventuras. Desde luego el lenguaje de signos de Amy no iba a mantener al público pegado a su asiento. En cambio, la monstruosa raza de gorilas grises podía dar juego.

Así pues, el guionista John Patrick Shanley, autor también del libreto de Rex: Un dinosaurio en Nueva York, empezó a adaptar la novela tomándose algunas licencias para que el resultado fuera más comercial: Amy se comunicaría gracias a la magia del Power Glove de Nintendo, Elliot se convertiría en el interés romántico de Karen, habría un villano de opereta en el grupo, y al final todos se enfrentarían a los rabiosos gorilas grises con un rayo láser devastador.

Gran póster, eso hay que reconocerlo.

La película acabó siendo el típico blockbuster veraniego de mediados de los noventa, una época en la que los efectos digitales aún no habían tomado el relevo de los efectos tradicionales y a nadie le extrañaba que los gorilas fueran actores disfrazados combinados con marionetas y animatrónicas en lugar de polígonos renderizados. La cinta fue el hazmerreír de la crítica y fue nominada a siete Razzies, incluidos los de peor película, director y guion.

Lo curioso es que, aunque la cinta parezca infinitamente más cutre que Parque Jurásico, su presupuesto no fue muy diferente, lo que demuestra una vez más que el dinero no suple la falta de talento.

A mí, con todo, la película me parece entretenida e incluso involuntariamente hilarante. Hay un cameo de Bruce Campbell, sale uno de los Cazafantasmas originales (Ernie Hudson), Tim Curry es un villano divertido incluso cuando usa un acento más falso que los gorilas grises, y Amy resultar ser una simia juerguista con propensión a los vicios poco saludables.

Amy, no...

Amy, para...

A pesar del aluvión de críticas negativas, los ingresos en taquilla triplicaron el presupuesto de la película, probablemente porque el público esperaba ver un nuevo Parque Jurásico y se lanzó como una tromba de chimpancés descerebrados a comprar entradas.

Paramount trató de seguir los mismos pasos que con Parque Jurásico y engrosar sus beneficios con la venta de merchandising. Por lo tanto, no es extraño que Congo contase con su propia línea de juguetes, así como con un par de videojuegos: una aventura gráfica para Machintosh y Windows, y un FPS para Sega Saturn, ambos con tan mala pinta como os podéis imaginar.

Aunque los videojuegos los va a probar su tía, debo decir que los juguetes no tenían nada que envidiar a los de la película de Spielberg. Ambas colecciones las fabricó Kenner y basta con compararlas para encontrar enormes parecidos. La única y quizá crucial diferencia es que la línea de Congo no contaba con el atractivo comercial que tienen los dinosaurios para cualquier niño. Por suerte, Kenner suplió esta deficiencia con gorilas de cara despellejada y ojos y piños fluorescentes. Ni tan mal.

Juguetes calidad Happy Meal.

Curiosamente, mucho antes de que saliera todo ese merchandising, a mediados de los años ochenta, el propio Crichton había desarrollado con ayuda de dos amigos una aventura gráfica textual basada en su novela y se la habían vendido a Telarium para distribuirla en plataformas como la Commodore 64 ("la computadora personal con poder profesional").

El único problema es que Crichton había cedido previamente los derechos de la novela a 20th Century Fox para hacer una película con Sean Connery (proyecto que, como podéis suponer, no cuajó), así que, para evitar las idas y venidas del juzgado, cambiaron la selva congoleña por la amazónica, los diamantes por esmeraldas, y a Amy por Paco, el loro parlanchín.

El videojuego, titulado Amazon, recibió mejores críticas que cualquiera de las adaptaciones posteriores de Congo. La vida es así.

El bueno de Paco.

En definitiva, recomiendo que vayáis corriendo a vuestra librería más cercana a comprar Congo. Pero entre interrogantes. Y la respuesta a esa pregunta es no.

La historia está narrada con la flema y apatía de una nota de prensa, y para cuando llegas al final es un alivio. No solo no extrañaré a sus personajes, sino que puedo afirmar que hubiera disfrutado más del libro si todos ellos hubiesen muerto. Lástima que no pueda desleerlo.

11 comentarios

  1. Hola amigo, como siempre un excelente artículo que me brindo alegría tras haber sufrido 6 días sin luz.
    En lo personal no he leído los libros de Michael Crichton, luego de ver Jurasic Park que me encanto ni me moleste en leer el libro en que estaba basado. Es mi fe ciega en Steven y su trabajo.
    Ahora con Congo, la película, no recuerdo si la vi y si la vi, la olvidé por completo. Quizás la vea porque suena disparatada noventera y eso me atrae.
    Gracias por el artículo amigo, saludos.

    ResponderEliminar
  2. La verdad es que a mí también me decepcionó. La premisa es molona pero luego es bastante peñazo con tanta info sobre satélites y no se qué más(que me salté vilmente..)

    ResponderEliminar
  3. Algún día me debería dedicar a hacer un libro de sci-fi pulp, bueno no tenes algún lugar sitio donde poder echar una ojeada a varias historias pulp (legalmente)

    Saludos desde Venezuela

    ResponderEliminar
  4. José Correa: Espero que este año pueda mantener el ritmo de publicación para que conservéis esa pizca de alegría que, con suerte, consigo daros.

    Pennywise: ¿Cómo lo haces para saltarte partes de un libro sin sentirte culpable? Quiero aprender, maestro.

    Oscar Daniel Sanchez: No sabría decirte. En España no es difícil encontrar bolsilibros (novelas pulp españolas) en librerías que vendan libros usados. Pero la mayoría de novelas de este tipo las compro en Amazon.

    ResponderEliminar
  5. Curioso, estoy leyendo ahora mismo Parque Jurasico y esta bien, pero no se, Spielberg le insufló una magia emocionante a la peli que Crichton no muestra demasiado. Al menos, profundiza mas en los dilemas morales de la clonacion y la manipulación genética de lo que hacía su adaptación cinematográfica, lo cual es muy interesante. Y tiene muertes mas chungas.

    Sobre Congo, no he leido, pero si he visto la peli de chaval y la verdad es que me flipó, por los gorilones asesinos, claro. Luego la pillé tiempo después una aburrida tarde y si, deja que desear. Pero bueno, Tim Curry es siempre garantía de villano molón, así que eso que nos llevamos.

    En fin, otro fantastico articulo por tu parte. Voy a leer la reseña de Hercules que tiene buena pinta. Un saludete.

    ResponderEliminar
  6. Ya que se iban a tomar licencias artísticas con la adaptación cinematográfica tendrían que haber añadido un simio gigante, un final boss con el que acojonar realmente al personal y con el público se preguntase si ganaría en un combate a muerte al T-Rex de Jurassic Park.

    ResponderEliminar
  7. ¿se podría decir que entre los dinos de JP y los monet4es de Congo Crichton hizo una "deconstrucción" de la peli King Kong?

    ResponderEliminar
  8. CucarachaEnojada14/3/19 18:29

    Todos saben que esta película es en realidad la versión live action de Donkey Kong Country.

    ResponderEliminar
  9. Paco el loro, creí que era una broma. y Por los Gorilas de la película se ven mucho mas reales que las tortugas ninja de Michael Bay. En blu Ray se ven mas superpuestas que Roger Rabbit.

    ResponderEliminar
  10. He de asumir que entre los antagonistas de "Amazon" no se encuentra una tribu de loros albinos homicidas

    ResponderEliminar
  11. Gracias por el artículo!
    Mucho más interesante que la novela, endeluego!
    Querría aportar que los monos y gorilas venden bastante, más de lo que uno piensa.
    He leído que Marvel comics tenía un código limitando la aparición de pongidos en sus publicaciones para no quemar el interés.
    Saludetes

    ResponderEliminar

LEE ESTO ANTES DE COMENTAR: Al autor del blog le chifla recibir comentarios, pero todo tiene un límite. Con carácter general, los siguientes comentarios se eliminarán de la faz de la red: 1) los que no tengan un carajo que ver con la entrada, 2) los que falten el respeto sin ninguna gracia ni elegancia, y 3) los que puedan considerarse spam o se pasen de largos (en principio, los que superen 300 palabras, ya sea individualmente o de forma concatenada).