24 de septiembre de 2019

Jackie Chan en 'Furia Oriental II' (1976)

Si leísteis mi recapitulación de La Mano de la Muerte, ya sabréis que las primeras incursiones de Jackie Chan en el mundo de la interpretación no fueron muy sonadas. Es más, decir que sus primeras películas tenían problemas sería un eufemismo. Una mierda pinchada en un palo es una expresión más próxima a la realidad. A no ser, claro, que os gusten las pelis de kung-fu.

A mediados de la década de 1970, la industria del cine china buscaba desesperadamente un sustituto para Bruce Lee, alguien con el suficiente carisma para que sus películas pudieran venderse en el mercado nacional y a la vez exportarse a occidente sin que las distribuidoras se las tirasen a la cara.

Sin embargo, y aunque muchos lo intentaron, lo cierto es que nadie podía reemplazar a Bruce Lee. Ni siquiera Jackie Chan. A este le gustaban más las payasadas de Buster Keaton que arrear sopapos dando alaridos y sus habilidades y su forma de trabajar eran muy distintas de las del famoso Dragón. Eso quedaría patente con el paso del tiempo. Pero a principios de los setenta, aún era pronto para que Jackie impusiera su opinión a a la de directores y productores; aún estaba abriéndose un hueco en la industria y se podía dar con un canto en los dientes si le daban papeles mejores que el de "extra al que Bruce Lee atiza en la escena número tres".

Por lo tanto, cuando en 1976 le ofrecieron el papel protagonista en Furia Oriental II ―la continuación de la película protagonizada por Bruce Lee en 1972―, Jackie estaba encantado, pero también atado de pies y manos. Y aunque su personaje ya tiene aquí un cierto aire pícaro y desenfadado que lo distingue del perdonavidas al que solía interpretar Bruce Lee, aún estaba lejos de ese estilo suyo tan personal que le daría fama a nivel global. En este sentido, las acrobacias de riesgo y los toques de comedia tendrían que esperar otro par de años, al menos hasta el estreno de La serpiente a la sombra del águila, su primer gran éxito.

Lo Wei, realizador de la primera Furia Oriental, dirigió también esta secuela, conocida internacionalmente como New Fist of Fury. El resultado es una cinta de artes marciales corrientilla que apenas se distingue de otros títulos propios de la brucexploitation de los setenta, pero que sirvió para ampliar el currículo de Jackie Chan de cara a convertirse en la nueva estrella del cine de acción chino.

La historia comienza en Shanghái, con una secuencia que destaca por el gran uso de las luces y sombras, su música intrigante y un tempo que contribuye a mantener el suspense. Diría que tiene incluso ecos del mejor Alfred Hitchcock. El mejor Alfred Hitchcock después de sufrir un desprendimiento de retina.

¿Qué clase de complot merece tanta tensión? Ninguno. La secuencia concluye con el director de la película, que retoma su rol de inspector de policía de la primera Furia Oriental, llevando comida a domicilio a tres protegidos suyos.

-¿Otra vez arroz? Yo quería wonton frito. 

Los protegidos en cuestión son un chino gordito, un chino genérico y la encantadora actriz hongkonesa Nora Miao, que aquí vuelve a interpretar a Ma Leir (Yuan Le-erh o Ching Hua, según versiones), la que fuera la prometida de Bruce Lee en Furia Oriental.

La actriz no solo repite papel, sino que con ella regresa también su inolvidable peinado, que a mí me recuerda al de la reivindicativa Mafalda de Quino. Ma también tiene mucho que reivindicar.

En la primera Furia Oriental, Bruce Lee acabó muerto, así que la chica no es precisamente la personificación de la alegría y el jolgorio.

Ma no tiene apetito desde que a su prometido le hicieron un ombligo nuevo y los "japoneses asesinos" acabaron con la escuela, y anuncia que irán a Taiwán para castigarlos con gran venganza y furiosa cólera.

En aquella década, los japoneses eran al cine chino lo que los nazis a las películas de Indiana Jones. ¿Por qué? No lo sé. Quizá sean manías suyas, o quizá uno no pueda invadir un país y masacrar y esclavizar a su gente sin que luego le guarden rencor. El caso es que, en esta cinta en concreto, la línea entre patriotismo y xenofobia se diluye tanto que apenas existe, así que si os apasiona la cultura japonesa, preparaos para sentiros ofenfidos.

Dicho esto, no queda claro por qué Ma y sus amigos quieren ir a Taiwán si en la propia Shanghái tienen japoneses a patadas. Y no lo digo por decir. El inspector-director se cruzó con varias tropas de camino a casa. Tal vez lo que realmente quiere Ma es asistir al festival Duanwu y ponerse ciega de zongzi.

Antes de partir, el último consejo que les da el director es que tengan "mucho cuidado", porque la gente en Taiwán es diferente. He leído consejos más prácticos en posavasos de Mr. Wonderful.

-Y si llueve, salid con paraguas.

Mientras Ma y sus amigos navegan hacia Taiwán, nosotros nos trasladamos hasta allí directamente gracias a la magia del cine para conocer a Jackie Chan, que, con poco más de veinte años, tiene una cara de pillo pubescente que no puede con ella.

También conocemos a su tutor y mejor amigo, cuyo nombre no recuerdo y al que llamaré Barragán. Aunque este no sea su verdadero nombre, las pintas que lleva sin duda me recuerdan a las del harapiento y sucio personaje creado por el cómico José María Rubio para los escenarios. Si el tipo empezase a contar chistes guarros que no tienen gracia desde 1995, no me sorprendería.

Jackie y Barragán son dos ladronzuelos de poca monta, pero, como ellos mismos dicen, tienen principios, porque solo roban a los extranjeros.

"No, mire, señor policía, es que yo solo robo a los turistas".

Ah, entonces todo bien.

-¿Cómo estamoooos?

Jackie tropieza con dos japoneses y, como el sol sale por el Oeste, le empiezan a llover golpes a tutiplén.

Aunque nuestro joven amigo es incapaz de defenderse porque aún no sabe ni papa de kung-fu, no le falta arrogancia e insiste en que sus agresores le besen el culo. Al parecer, a él también le caen mal los japoneses. Lo deduzco de la frase "odio vuestras entrañas".

Eso sí, habría que ver cómo reaccionaría si se enterase de que su madre trabaja en una casa de señoritas de compañía y que tiene muy buenos tratos con los nipones. Lástima que esta sea una de las subtramas que la película introduce y luego no se molesta en desarrollar. De otro modo, no podríamos disfrutar de casi dos horas de chinos y japones partiéndose la cara con una calidad de imagen nefasta y efectos sonoros que parecen sacados de un dibujo animado.

-A ver, me gustan vuestras series de televisión con robots gigantes, pero, como sociedad, tenéis unas taras de aúpa.

Al rato, un chino con bigote, al que luego conoceremos como el señor Hong, interrumpe la pelea, y acompaña a los japoneses a otro plató. Estos ni siquiera se han perdido de vista cuando aparece otro chino, este algo retaco y con perilla, y le dice a Jackie que su maestro (el del chino con perilla) quiere verlo. Debe de ser día del espontáneo.

Aunque Jackie pasa un kilo del tipo, Barragán le promete que se asegurará de que su joven amigo acuda a la cita.

La verdad, no sé cómo van a llegar a ninguna cita, porque se largan antes de preguntar siquiera un nombre o una dirección. A no ser que en todo Taiwán no haya más maestros de artes marciales que el aludido, lo tienen crudo para encontrarlo.

Sin embargo, tampoco podemos descartar que la confusión se deba a un problema del doblaje español y que en la versión original esto tenga sentido. Cuando sincronizar las voces con el movimiento de los labios se considera algo opcional, los fallos de traducción son lo de menos.

-¿No creéis que es un poco racista referirse a mí como el chino con perilla?
-Es que chino gordito ya está cogido.

Ma y sus amigos desembarcan en Taiwán, y, por casualidades de la vida (esto es una película), Jackie les roba la caja en la que llevaban el nunchaku que usaba Bruce Lee para repartir estopa en Furia Oriental.

Ma, entristecida, dice que ahora ya no podrán vengar a su prometido. No sé por qué. ¿Es que su plan de venganza requería atizar a los japoneses con ese nunchaku en concreto? ¿No pueden comprar otro o sustituirlo por una ristra de salchichas?

Barragán confunde el arma son cetros de reyes, pero no intuye su verdadero valor. Si Christie's, la famosa casa de subastas, vendió el chusco traje de astronauta del doctor McCoy por 144.000 dólares, ¿os imagináis el precio que podría alcanzar el nunchaku del Dragón de Hong Kong? Podríamos buscarlo en internet, pero qué pereza, ¿no?

Huele a embutido.

Poco después del incidente, Ma visita a su abuelo, que es el maestro de artes marciales más anciano de Taiwán. La ancianidad se nota por la barba postiza.

Cuando Ma le explica qué planes tiene para su estancia en Taiwán, que incluyen mucho terrorismo y poco turismo, el viejo le dice que es una locura y que debe marcharse enseguida; pero al final incluso se ofrece a echarle una mano, porque también odia a los japoneses.

Estoy aprendiendo una de valores hoy...

-Pepsi con sabor a judías dulces, máquinas de bragas usadas... ¡Están locos esos japoneses!

Mientras tanto, Jackie visita al maestro del que le habló el chino con perilla, que, aparte de su propia escuela de artes marciales, también tiene un casino. Son tiempos duros y hay que diversificarse para hacer negocio. ¿Qué os parece si empiezo a incluir anuncios de casas de apuestas en mitad de mis artículos?

El maestro, llamado Lon Si Chun, es la viva estampa de José Luis López Vázquez (o lo sería si este hubiera nacido al este del Himalaya); pero me temo que si sigo cambiando nombres orientales por occidentales, alguien acabará diciéndome que soy irrespetuoso con otras culturas, así que le llamaré Pato Laqueado.

Un hombre rústico y antiguo, aunque un poco ilustrado.

Pato Laqueado quiere que Jackie se una a sus hombres. No deja claro para qué, pero supongo que será en calidad de matón; salario mínimo, sin seguro médico y con una plaza garantizada en el cementerio tan pronto como se presente el héroe de turno.

Jackie se niega en redondo. Él no quiere aprender kung-fu. Naturalmente, le dan otra paliza. Así son las políticas de contratación de matones en China.

Las preguntas se me acumulan. ¿Desde cuándo un maestro de kung-fu se interesa por un ratero callejero? ¿Cómo sabía Jackie quién era el maestro al que tenía que ver? ¿Por qué quiere Pato Laqueado que trabaje para él si Jackie ni siquiera sabe artes marciales? ¿Me leeré algún día El romance de los Tres Reinos? Solo el Monstruo del Fideo Chino Volador lo sabe.

Ese mismo día, Ma se encuentra a Jackie tirado en una zanja, inconsciente y medio muerto, y se lo lleva para que le atienda un médico. De este modo, recupera también el nunchaku de Bruce Lee, que Jackie llevaba encima, pero que no le sirvió de nada en el combate anterior salvo para golpearse a sí mismo en la cara. ¡Humor inteligente!

-¡Canastos!

Después de todos estos incidentes, y superada la media hora larga de película, nos presentan por fin al malo malísimo de la cinta: el señor Okimura, interpretado por Sing Chen, también conocido como el Lee Van Cleef chino, o sea, el Lee Van Chino. No sé si alguien más le llama así, pero yo lo hago porque normalmente hace de malo y, entre la actitud fría, el bigote y la calvicie incipiente, se da cierto aire al actor de El bueno, el feo y el malo y otros spaghetti westerns.

Mis comparaciones son terribles.

Okimura es un jefazo japonés que se ha propuesto controlar todas las escuelas de artes marciales de Taiwán. Y, aunque pueda sorprenderos, no es el típico tirillas fibroso al que se le marca cada músculo del cuerpo solo por estar más delgado que un insecto palo a dieta, sino un auténtico Hulk, tan hinchado como un cruasán relleno de testosterona.

Además, Okimura tampoco lucha como el resto. Él no da brincos ni espanta moscas a manotazos. Directamente te arrea una castaña a mano abierta que sienten hasta tus ancestros.

Todo esto nos queda bien claro cuando varios chinos intentan asesinarlo mientras se baña y el tipo para cuchilladas con los piños.

¡Mejora tus reflejos con una dieta rica en hierro!

Tan dura como el padre es la hija, que es una experta dando coces y una verdadera máquina de matar. En los créditos la identifican sencillamente como "hija de Okimura". Es tan lamentable que voy a dejarlo así.

Padre e hija visitan una escuela de artes marciales (una distinta de las que ya conocemos) y acusan al maestro del reciente intento de asesinato.

El maestro niega las acusaciones y les invita a discutir tranquilamente el tema mientras comparten unos tallarines con gambas; pero la niña de papá, con gran diplomacia y estilo, le pega una somanta de palos que ni Bud Spencer y Terence Hill en toda su filmografía juntos.

-¡Tu alma es MÍA!

Por la noche, Okimura y su hija, escoltados por sus sicarios, acuden al 80º cumpleaños del abuelo de Ma. Allí, durante una representación teatral, presionan al viejo maestro hasta que este pierde la paciencia y decide enfrentarse a los japoneses.

Entonces, el anciano pega un salto de veinte metros hasta el escenario, coge una lanza de atrezo, grita a pleno pulmón que está dispuesto a luchar y... le da un infarto.

No es broma. Y si no es un infarto, es una embolia. El caso es que el viejo se queda ahí parado con cara de susto, más tieso que un palo de escoba, y no vuelve a abrir la boca.

Ma culpa a Okimura de la muerte de su abuelo, pero, sinceramente, el viejo podría haberse estado quietecito. ¿A quién se le ocurre saltar en plan Tigre y Dragón con ochenta años? Que ya no es un chaval, hombre.

Dynasty Warriors XCV: El marcapasos del dragón.

Ni corta ni perezosa, Ma abre su propia escuela con ayuda del señor Hong, y, contra todo pronóstico, consiguen atraer a un montón de alumnos. Deben de regalar camisetas de Bruce Lee con la suscripción.

Ma ofrece personalmente a Jackie que se incorpore a la escuela, pero él sigue errer que erre con que el kung-fu no es lo suyo.

En estas estamos, cuando Pato Laqueado se presenta con sus matones en la escuela y les exige que utilicen su nombre para dar clase, porque no está bien que haya una escuela nueva en la isla.

"¡Y una mierda!", dice el chino gordito, del que ya me había olvidado.

Las dos escuelas acaban peleando, ganan los buenos y Pato Laqueado huye con el rabo entre las piernas a esconderse tras las faldas de Okimura.

Ay, estos niños. No puede uno dejarlos solos.

Okimura acude con su hija y sus hombres a la escuela de Ma y les ordena que cambien el nombre de la escuela.

Cuando Ma se niega en redondo, la hija de Okimura entra en acción y se carga el cartel de la escuela a coces. Hay que ver qué piernas tiene esta mujer.

Muy ufanos, los japoneses se llevan los trozos del cartel. Serán los malos, sí; pero también son limpios.

Ma, derrotada, les dice a sus alumnos que se vuelvan a casa.

¿Qué clase de filosofía de vida es esa? Le roban el nunchaku y dice que ya no puede vengarse. Le rompen el cartel y deja de dar clase. Qué mujer más negativa y poco zen.

¿Os parece esta forma de inaugurar una escuela? ¿No pueden cortar una cinta como hace todo el mundo?

Okimura arroja los trozos del cartel a la calle y alecciona a los chinos sobre los riesgos de enfrentarse a los japoneses.

"¿Veis este cartel de madera? No me gustaba, así que lo quité. Nosotros mandamos, y haréis lo que nosotros os digamos. No hay libertad. Obedeceréis nuestras órdenes. En artes marciales, los japoneses somos los mejores, de modo que si queréis aprender, estudiaréis en mi escuela. Y si os apuntáis a otra escuela, ¡la destruiré! Yo mato chinos igual que mato perros. Vuestras vidas no valen nada. Y si me desobedecéis, sois hombres muertos. Gobernaremos aquí como nos guste, y si alguien intenta resistirse, le romperemos todos los huesos; quedará como ese cartel".

No es muy diplomático, pero la transparencia del mensaje es incuestionable.

Concluido el discurso, Okimura y su séquito se marchan.

Jackie, más cabreado que una mona borracha en las fauces de un tigre, arregla el letrero con mocos y escupitajos, se lo echa a los hombros y carga con él hasta la escuela de Ma seguido de una masa de chinos enfervorecidos.

Como dice la carátula del DVD: "Cualquier persona puede llevar un héroe en el corazón". Eso sí, para cargar carteles así de hermosos, lo mejor es alquilar una furgoneta, que luego las lesiones de espalda tardan una barbaridad en curarse.

Os lo traduzco: "SuperBazar. 0,60 €".

En ese momento, Ma ve en Jackie la viva imagen de Bruce Lee. Literalmente, porque el montador intercala un par de fotografías del susodicho entre plano y plano sin sutileza alguna.

Lo "curioso" es que las imágenes ni siquiera son de la primera Furia Oriental, sino de Operación Dragón. Yo no suelo fijarme en estos detalles, y mucho menos cuando me estoy quedando roque (estas pelis de kung-fu son un remedio infalible contra el insomnio), pero los arañazos que tiene Bruce Lee en la cara son tan característicos que es imposible no darse cuenta. Y desde luego esperaba que el director de la primera parte de Furia Oriental supiera cuál es su propia película.

Bruce Lee en Star Trek II: La ira de Khan.

Jackie, por fin, se decide a aprender kung-fu para expulsar a los japoneses.

Dicho y hecho. Gracias a la magia de los montajes de entrenamiento, Jackie no solo se vuelve un experto en artes marciales en cinco minutos, sino que incluso aprende la técnica secreta de la escuela que solo Bruce Lee supo dominar: el Puño de Furia™.

La policía japonesa recibe una llamada anónima y un destacamento se dirige a la escuela de Ma para capturar a los rebeldes que se refugian allí. Barragán se entera de todo gracias a la madre de Jackie y pone a la escuela sobre aviso, ofreciéndose voluntario para guiar a los rebeldes hasta la playa. Dios sabrá por qué necesitan un guía para llegar a la playa. Solo hay que seguir el olor a pescado.

Cuando la policía llega a la escuela, los rebeldes ya se han marchado. En cualquier caso, no sé cómo pensaban los japoneses distinguir a rebeldes de alumnos si son todos chinos.

El jefe de policía pregunta quién dirige la escuela, en busca de un responsable.

Cuando Ma levanta la mano para dar la cara, Jackie, el chino gordito, el señor Hong y los demás alumnos, primero uno a uno y luego a mogollón, también levantan la mano al grito de "¡Yo!".

Entre este homenaje a Espartaco y el de la película Alien Apocalypse, Kubrick se ha removido tanto en su tumba que parece una macedonia de huesos.

-¿Voluntarios para probar los nuevos fusiles que han llegado de Japón?
-...
-¿He mencionado que es para servir de diana?

-Ya decía yo.

Como los japoneses no quieren arriesgarse a provocar una revuelta popular, dejan marchar a todo el mundo.

Okimura, sin embargo, tiene sus propios planes e invita a los representantes de todas las escuelas a su dojo para ofrecerles dos alternativas: o bien se someten a su escuela, o bien se enfrentan a sus dos mejores alumnos.

El maestro al que derrotó la hija de Okimura es el primero en prestarse voluntario para luchar. Hay gente que nunca aprende. Las personas que han recibido repetidos golpes en la cabeza y no se han molestado en ir al médico suelen formar parte de ese grupo.

Okimura le pregunta con cuál de sus dos alumnos quiere enfrentarse, y el maestro, que es GILIPOLLAS, dice que a los dos a la vez. Por supuesto, recibe una zurra de padre y muy señor mío.

El chino gordito salta enfurecido al tatami, dispuesto a dar su vida por la causa. Pero lo que tiene de entusiasmo le falta de habilidad, y los minijefes también le dan lo suyo.

El señor Hong toma el relevo y, para sorpresa de todos, derrota a los dos mejores alumnos de Okimura sin apenas despeinarse. Como gesto de cortesía, también les recoloca algunos huesos, para que puedan rascarse en lugares inalcanzables con facilidad.

Podría ser mi fisioterapeuta.

La hija de Okimura salta al tatami y consigue dominar a Hong con la ayuda furtiva de su padre, que lanza un plato para que Hong tropiece con él y pierda el equilibrio.

Buuu. Tramposos.

Por fin, le llega el turno de luchar a Jackie, que se enfrenta a la hija de Okimura y se impone con ingenio. Con ingenio y, sobre todo, una ristra de piñas que va de Taiwán a Espinillo. Primero Jackie le castiga las rodillas con los puños para debilitar sus zancas asesinas y luego la remata arreándole patadas en el pecho hasta meterle para dentro el esternón.

Por el zoom sobre el padre, deduzco que la tipa está muerta. Muerta del todo.

El duelo final entre Jackie y Okimura es de la clase que cabe esperar de una película como esta: competente. El único momento memorable es cuando Jackie usa el Puño de Furia™, que resulta ser un sopapo como cualquier otro precedido de unos movimientos de manos a cámara lenta. Si conocéis el anime de El Puño de la Estrella del Norte, se parece bastante a los aspavientos que hacía Kenshiro antes de reventar cabezas a golpe de dedo.

Es una lástima que después de tanto nunchaku arriba y abajo, no veamos a Jackie utilizar la dichosa arma en toda la pelea.

-Aserejé, ja, dejé...

Jackie consigue vencer a Okimura, y aunque acaba medio muerto, se lanza exaltado a la calle, seguido de cerca por sus entusiastas compatriotas.

Todavía no han abandonado el dojo cuando llega la policía japonesa y, sin más preámbulos, cose a la comitiva a balazos.

No deberíais sorprenderos. Este final es idéntico al de la primera parte y, al igual que le pasó al personaje de Bruce Lee, Jackie también palma. La única diferencia es que aquí la escena no se corta justo antes del tiroteo para preservar la dignidad del héroe, sino cuando Jackie parece ya un escurridor de fideos y todos sus compañeros están desperdigados por el suelo más muertos que un gato en un restaurante chino.

Creo que hemos terminado por hoy.

¡Eso es to-eso es to-eso es todo, amigos!

THE END.

9 comentarios

  1. Por favor, no introduzcas publicidad de casas de apuestas XD

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  2. ¿Seguro que no quieres repasar todas las películas de Jackie Chan? Porque si no vas a hacerlo, al menos te pediría que alternases entre las viejas y las más recientes (no necesariamente las últimas).

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  3. Al final el arte marcial más poderosa es el Gun Fu.

    Ahora en serio, si la peli la hicieran hoy en día seguro que la hija del malo se revelaría contra su padre y se uniría a los buenos porque en el cine actual parece que las mujeres ya no pueden ser villanas.

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  4. Qué hartón de reír. Seguro que la película no es ni la mitad de divertida que el post.

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  5. Aco: Venga, no lo hago.

    Anónimo: Querer, lo que se dice querer, quiero. Pero no hay tiempo. Vista la acogida, tampoco sé si merece la pena hacerlo.

    Anonimatus: Se me ocurren unas cuantas villanas en el cine de los últimos años, por no hablar de la televisión. En todo caso, cualquier giro como ese hubiera sido interesante. Es más que NADA.

    Akira: Me gusta pensar que ni un cuarto. Hoy me he despertado optimista.

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  6. Gracias Brocha, por este articulo de "Furia Oriental 2", recuerdo que te recomendé esta película en el articulo de "La mano de la muerte", pero no pensé que acabarías haciendo un articulo de ella, de todos modos, muchas gracias.

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  7. Menuda chapa :P. Para leerme esto, ya me veo la película.

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  8. Por mi no hagas mas reseñas de pelis de kung fu, soy yo el culpable de la acogida tibia de estas reseñas. Por lo que veo en twitter de vez en cuando hasta miras pelis medio normales, porqué no hacer una reseña larga de una de esas? A poder ser que yo haya visto, tampoco es tanto pedir, no...? Por ejemplo, pedir mucho seria pedir la continuación del Episodio I de Star Wars que se quedó a medias y es uno de mis posts preferidos de este blog

    Para que no se diga comentaré algo del post en cuestión, toda la trama del nunchaku que realmente no se usa para nada me ha gustado.

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    1. Si no escribiera sobre lo que a mí me apetece, tardaría poco en abandonar el blog. Cuestión distinta es que a veces se alineen los astros y lo que quieren los lectores coincida con lo que yo quiero.

      Eso sí, reconozco que dejar a medias la recapitulación de La amenaza fantasma fue un error. Debería haber escrito todas las partes de corrido, porque ahora tengo la espinita clavada, pero me da demasiada pereza quitármela.

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