13 de octubre de 2011

'La Cosa del Pantano', de Alan Moore

Los más jóvenes no sabéis qué suerte tenemos los lectores de cómics hoy día. Cuando yo era un chaval, las películas en 3D eran horrendas, las hombreras estaban de moda y los cómics de superhéroes, incluso los más serios como Caballero Luna o Conan el Bárbaro, recibían el mismo trato que los tebeos, que el diccionario define como "revistas infantiles de historietas". Esto hacía que adquirir una edición cuidada y completa de las mejores aventuras de tus personajes favoritos era una misión imposible.

Ahora, en cambio, nos lo ponen más fácil que a un zombi en una convención de intelectuales parapléjicos, y podemos encontrar sin problema obras maestras del cómic internacional en ediciones de lujo. Ya sabéis: con tapas duras, prólogos, fanfarrias y luces de neón.

Ese es precisamente el caso del primer volumen de La Cosa del Pantano publicado por Planeta DeAgostini, que recopila la primera etapa del escritor británico Alan Moore al timón de la colección, concretamente los números 20 al 34 de The Saga of the Swamp Thing y el Annual #2 (desde enero de 1984 hasta marzo de 1985).

Aunque este tomo me ha fascinado, lo cierto es que, hasta hace unos meses, sabía tanto de La Cosa del Pantano como de la estructura histológica del intestino grueso. De hecho, mi único contacto con este oscuro y extraño personaje, cuya primera aparición se remonta a 1971 (House of Secrets #92, de Len Wein y Berni Wrightson), habían sido los anuncios que las editoriales incluían en las colecciones de otros superhéroes más populares. Quizá alguno de vosotros todavía recuerde la siguiente imagen de la Cosa del Pantano con el cieno hasta la cintura, las manos apoyadas en una rama y la mirada clavada en el lector:


No es tan sexy como aquel póster que tenía de Los vigilantes de la playa con Pamela Anderson, pero igualmente tengo la imagen grabada en la cabeza. La silicona y los monstruos llenaban mi vacío existencial.

El caso es que lo único que sabía por aquel entonces de Swampy se resumía en que era verde y feo de cojones y que vivía en un pantano. Y tampoco quería saber más. Supongo que me decía a mí mismo que, puestos a conocer figuras emblemáticas del comic-book americano, las había más llamativas; y por más llamativas, me refiero a más atractivas; y por más atractivas, me refiero a Tigra y la Bruja Escarlata.

A Alan Moore, en cambio, le tengo muy leído. En mi casa se le conoce como el barbudo tarambana cuyos cómics no me caben en la estantería: Watchmen, La broma asesina, La Liga de los Hombres Extraordinarios, From Hell, V de Vendetta... y ahora ya puedo añadir su saga de La Cosa del Pantano a la lista. Y qué saga más peculiar.

Por ahí dicen que se trata de un cómic de terror gótico; pero, por mucho que se empeñe Neil Gaiman, no hay forma humana de que te entre canguelo leyendo una historieta como no sea con alguno de los últimos álbumes de Mortadelo y Filemón. No obstante, sus páginas sí que desprenden cierta atmósfera desasosegante y lovecraftiana, y muestran una perspectiva muy alejada del mundo que suele rodear a los superhéroes con mallas de colorines. En este aspecto, lo más cercano a La Cosa del Pantano que he leído son los cómics de Batman dibujados por Kelley Jones, de los que os voy a recomendar, a modo de bonus, Batman & Drácula, Lo invisible y Gotham después de medianoche. Luego ya, si eso, me dais las gracias.

De los dibujos de Stephen Bisette y John Totleben y sus suplentes esporádicos, puedo decir que un primer vistazo al interior del volumen casi me echa para atrás a la hora de comprarlo. No niego que sepan agarrar un lápiz, pero su estilo no me convence. O quizá sea el color. O el pestazo a nuevo que desprende todo el volumen. No estoy seguro.

Por suerte, fui capaz de superar mi resquemor inicial, porque si este cómic sobresale no es por sus ilustraciones, sino por su temática y narrativa. Con Alan Moore, la superficialidad que tanto se critica del género de superhéroes se diluye y da paso a tramas viscerales y profundas, realistas al mismo tiempo que espirituales, bien escritas y sin fisuras. De este modo, la intervención de Moore no solo salvó a La Cosa del Pantano del olvido al que parecía encaminarse cuando Marty Pasko estaba a cargo de la colección, sino que propició la creación de un nuevo sello editorial dentro de DC: Vertigo, una línea enfocada al público adulto y que pretendía aportar a los lectores algo más que entretenimiento.

La Cosa del Pantano de Alan Moore comienza con la captura del bueno de Swampy, al que una Malvada CorporaciónTM quiere estudiar para reconstruir la fórmula biorregenerativa en la que estaba trabajando el doctor Alec Holland antes de que una bomba de relojería le explotase en la cara y se convirtiera en la Cosa del Pantano. Y aquí es donde Moore, en poco más de veinte páginas, se las ingenia para dar un impresionante giro de tuerca al personaje, revelándonos que el doctor Alec Holland murió en el accidente y que la Cosa del Pantano es, en realidad, una planta que se cree Alec Holland. Toma ya.

A lo largo de su miserable existencia, lo único que lo ha mantenido cuerdo ha sido la esperanza de recuperar su humanidad algún día y el saber que, bajo todo ese limo, sigue siendo Alec Holland. Pero, si ha leído mis notas, ya sabe la verdad. No es Alec Holland. Nunca será Alec Holland. Nunca ha sido Alec Holland. Es solo un fantasma cubierto de hierba.

Este descubrimiento afecta tanto a Swampy que, de regreso a su hogar en Luisiana, se sume en un estado vegetativo (je, vegetativo... soy la monda) y, cuestionándose su humanidad, se funde con "el Verde", una energía que conecta a todas las plantas del planeta y que viene a ser como la Fuerza de Star Wars, pero en plan ecológico, como el programa número 3 de mi lavadora. Las secuencias oníricas son el plato fuerte del día.


Al tiempo, Swampy despierta de su letargo para reencontrarse con su amiga de pelo súper oxigenado Abigail Cable y enfrentarse al doctor Woodrue, alias el Hombre Florónico (pffff.... Florónico), que amenaza con destruir a toda la humanidad. El cameo que hace aquí la Liga de la Justicia me sirve para poner un ejemplo de la distintiva literatura de Moore, que se refiere a Flash como "un hombre que se mueve tan deprisa que su vida es una interminable galería de estatuas". Ya veis, y yo haciendo chistes de maricas... Me avergüenzo de mí mismo.

La lucha entre la Cosa del Pantano y el Hombre Florónico concluye con un mensaje hippie: las plantas no pueden sobrevivir sin el hombre ni el hombre sin ellas. Y para que no nos aburramos, los personajes defienden sus argumentos con una motosierra.


Después de la derrota del Hombre Florónico, Abigail comienza a trabajar en un centro para niños autistas y conoce a un chico que cree que a sus padres los mató un mono blanco mientras trasteaban con un tablero de ouija. De la noche a la mañana, todos los niños del centro comienzan a dibujar monos blancos. Diría que es aterrador, pero, pensándolo bien, ni siquiera me parece tan raro. En mi colegio, hubo una época en la que todos dibujábamos Tortugas Ninja (sin pupilas y con los dientes muy apretados, como los muñecos), y nadie se preocupaba por nuestra salud mental. Viendo dónde estoy ahora, quizás deberían haberlo hecho.

Sin embargo, el mono blanco realmente existe y resulta ser un demonio que se alimenta del miedo y no un producto de la imaginación colectiva. Sea como fuere, la Cosa del Pantano lo devuelve al Infierno con ayuda de Etrigan, un diablo achaparrado de piel amarilla que suele hablar en rima y que es bastante cabroncete, aunque suela estar del lado de los buenos.


En el siguiente número se reproduce el origen de nuestro héroe tal cual se narró en House of Secrets #92, y Swampy recupera el esqueleto de Alec Holland para enterrarlo y conseguir así que su espíritu encuentre reposo. Supongo que la alternativa era colgar el esqueleto en un armario ropero para sorprender a las visitas cuando fueran a dejar sus abrigos; pero, claro, en los pantanos no hay muchos armarios.

Poco después, Swampy descubre que su viejo enemigo Anton Arcane, un científico chiflado reconvertido a zombi insectil, ha enviado el alma de su sobrina Abigail al Infierno. La polémica se dispara cuando se apunta a que Anton Arcane había hecho guarreridas españolas con Abigail tras poseer el cuerpo de su marido, lo cual raya el incesto. Y dado que Anton Arcane también es un zombi, incluso cuenta como necrofilia. Por supuesto, el número se publicó sin el sello de aprobación de la puritana Comics Code Authority, y en adelante, La Cosa del Pantano prescindiría de él.

Más enfadado que nunca, Swampy le da una somanta de palos a Anton Arcane y luego desciende al Infierno para recuperar el alma de su amada Abigail. Una vez más, nuestro héroe cuenta con la ayuda de Etrigan, que, en su tiempo libre, probablemente también arregla persianas y desatasca tuberías. Esta historia es de las más complejas del álbum y ganó el Jack Kirby Award for Best Single Issue en 1985. Esto significa que es bueno.


Nos saltamos un número pro-medioambiente y otro algo más interesante con una reveladora secuencia onírica sobre las generaciones pasadas de la Cosa del Pantano, para llegar al final del volumen, en el que Abigail y Swampy se confiesan su amor muto. Con besos sabor a lima. ¿O era a limo? Ugh. Y como el sexo es fundamental en cualquier relación de pareja pero Swampy no está equipado para satisfacer esa clase de necesidades, le ofrece a Abigail un tubérculo alucinógeno extraído de su propio cuerpo para que ella se lo coma y pueda ver el mundo como lo ve él.

"La corteza se me incrusta en los costados. El musgo me sube por la espalda y me llega a los hombros. Somos... un... solo... ser... y todo... lo que existe... está dentro de nosotros".

No sé qué mierda se metía Alan Moore por aquella época aparte de hachís y setas alucinógenas, pero debía de ser la bomba para que se le ocurrieran semejantes ideas.

Como curiosidad, esta "escena de cama" se intentó recrear en El retorno del Monstruo del Pantano; pero si comparáis el cómic con esta película, os daréis cuenta de que ésta se quedó precisamente en eso, en un intento.


Como colofón a mi reseña debo decir que este volumen de La Cosa del Pantano sobrepasó con creces todas mis expectativas. No solo es el mejor cómic que he leído de Alan Moore, sino que no había leído nada parecido en toda mi vida. Es cierto que la fitofilia no es un tema recurrente en el noveno arte, excepto en Japón; pero ya sabéis que no me refiero a eso. La Cosa del Pantano de Alan Moore es un cómic grotesco, sofisticado y filosófico; y lo he disfrutado como un niño, pero desde la perspectiva de un adulto. Un adulto que escribe gilichorradas en un blog.

16 comentarios

  1. Saludos, te llevo siguiendo desde hace poco, cuando llegué desde Vidaextra y aquí me tienes leyendo tus posts a horas intempestivas, menudo vicio malsano, jajaja.

    Tendré que anotarme éste tomo. A mí también me echaba para atrás estéticamente y por ello no ha caído, pero después de leer tu reseña creo que no me va a quedar otro remedio (sobretodo después que me aclares que ganar el Jack Kirby Award for Best Single Issue significa que es bueno. La deducción nunca fue lo mío y está bien haya almas caritativas como la tuya que se presten a éstas labores, gracias.)

    Sigue así, espero seguir leyéndote durante mucho tiempo.

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  2. Animo que a mi me gustan tus chistes de maricas :)

    A ver si me leo el comic, aunque leyendo la reseña paso de interesarme a no interesarme en lo más minimo y luego a interesarme de nuevo con tu ultimo comentario. Le dare una oportunidad aunque esas cosas de viajar al infierno no me llama mucho la atencion, pense que tendria explicaciones más materialistas a la Lovecraft o cientificas sobre la cosa y el desarrollo detodoloquepaseporahi pero bueno! Hasta que no lo lea no sabre y si dices que es lo mejorcito de Moore tendre que leerlo.

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  3. Se ve interesante el Comic solo que por estas lejanas tierras ha de ser muy difícil de conseguir....

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  4. Pfff, si es que me lo voy a comprar.

    Le he tenido que dar un par de vueltas a lo del zombi y los intelectuales parepléjicos para pillarlo, pero mola xD

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  5. Me repele este tebeo a color. Me quedo con la edición en B/N de Norma.

    ¿Has leído "Top Ten", también de Alan Moore?.

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  6. La edición original era en blanco y negro? Pero qué coño??

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  7. @David_Watts: Pues bienvenido seas y gracias. Espero verte por aquí a menudo.

    @Gabriel: Para gustos los colores, pero a todo el que conozco que se lo ha leído también le ha gustado, mujeres incluidas. Es muy espiritual, la verdad.

    @Carlito: Si lo compras on-line, no tendrás problema. En Amazon casi seguro que lo tienen.

    @Critical+ y @D: Al final como lo que te atrapa es la historia, lo del color es lo de menos. De todos modos, yo creo que la primera publicación fue en color. Podría consultarlo, pero me da pereza.

    No me he leído Top 10. ¿Qué tal está?

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  8. Tengo mucha ganas de leerme los comics de la Cosa del Pantano, y más teniendo en cuenta que algunos trabajos de Moore, como Watchmen, From Hell y V de Vendetta, me han encantado (siendo además los más conocidos). Por eso, le pregunto: ¿qué partes del artículo he de leer para no comerme spoilers? Porque me interesa mucho leermela jeje.

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  9. @Roy D. Mustang: Puedes leer hasta el párrafo en el que la palabra "Vertigo" está escrita en negrita y... ya. Quizá también el último párrafo. El resto es un resumen relámpago del primer volumen de esta saga.

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  10. ¿Swampy contra el hombre Florónico?
    Suena a combate de Muchachada Nui. Pero bueno, siendo de Alan Moore y viendo la recomendación que haces, trataré de hacerme con un ejemplar.

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  11. Jo, los dibujos dan miedo T_T suerte que no leí cómics de éste tipo cuando era pequeña.

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  12. La primera edición USA (y aquí) fue en color, si, pero creo que el B/N le va mejor a este tipo de historia. Claro que sólo es mi opinión.

    Top 10 es algo así como "Canción triste de Hill street" ambientada en una ciudad llena de gente con superpoderes (que no superheroes). Una lectura más "ligera" que Watchmen, From Hell, V for vendetta o este Swamp Thing pero muy por encima de la media. Personajes muy bien caracterizados y que evolucionan coherentemente. Alguna salvajada, siempre al servicio de la historia, nada gratuito. Un gran final y montones de homenajes, parodías y guiños frikis. En algunas páginas puedes encontrarte a Superman, Astérix, Obélix, Idéfix, Ben Grimm, Bender, Leela, la familia de "Lost in space", etc, etc.

    Y el spin-off de uno de los personajes de Top 10, Smax el bárbaro. Ya en clave de humor, parodiando el género de espada y brujería. Y más homenajes y guiños.

    Perdón por la chapa.

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  13. @Ínfila: Son dibujos muy peculiares.

    @Crítical+: De perdón nada, muchas gracias por contar de qué va Top 10. Si lo encuentro, le daré una oportunidad.

    En cuanto a lo del color, tal y como está coloreado, seguro que queda mejor en blanco y negro.

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  14. Y yo que dudaba en comprármelo... Mierda, por tu culpa seré más pobre!

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  15. Todas las creaciones del señor Moore son magníficas, es uno de los mejores novelistas gráficos de la Historia.

    Personalmente este lo prefiero en B/N, que es como lo leí por primera vez y contribuye mucho a la atmósfera de terror que le quieren inculcar.

    Si las historias recopiladas en este tomo os han gustado entonces os recomiendo encarecidamente las siguientes, os encantarán.

    Como dato curioso se podrán ver ciertas consecuencias a la fitofilia de la chica...

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  16. Otro tebeo que tuve el privilegio de leer en su primera edicion española y he podido completar con sus diferentes reediciones.

    Mi opinión: más que grande, genial, puta obra maestra, para matar a quien diga lo contrario vamos...

    Otro por el estilo, Sandman, le debe tooodo a Swampy.

    La edición original era en color.
    ¿Que no os gusta el dibujo??? ¡Pero bueno, qué juventud!!

    Hace poco Moore publicó Promethea, es lo que mas me ha recordado a la Cosa de toda su obra, por el misticismo y la evidencia del consumo psicotrópico, lo recomiendo. Igual al ser actual el conjunto os molará más.

    Pero la cosa del pantano, siempre, siempre la mejor de todas. La cosa, V, Watchmen y pa la isla desierta que me voy, gracias.
    Te adoramos Moore!

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