4 de marzo de 2018

Crónicas de la Dragonlance: El retorno de los dragones

Después de veinte años sin consumir, he recaído. Pensé que sería más fuerte que mi adicción, pero no tuve ninguna oportunidad. Me faltaron fuerzas para resistirme. Empecé consumiendo muy poco, pretendiendo revivir, aunque fuera solo por un instante, aquella sensación de excitación pasada y jurándome que no iría más lejos, que me detendría a tiempo. Pensé si consumía una pequeña dosis lo tendría todo controlado y que no volvería a engancharme. Aquello no tenía por qué significar nada.

Luego vino el desengaño. Aquello me gustaba. Quería más.

Y aquí estoy ahora,  releyéndome las novelas de la Dragonlance. ¡Peor aun! Me he comprado algunas que ni siquiera tenía. ¡Y también la trilogía de El valle del viento helado!

*Sollozo melodramático*

Si nunca habéis leído libros con portadas como la que acompaña estas líneas, es probable que eso de la Dragonlance os suene a chino. En realidad debería sonaros a inglés, pero si nunca habíais oído esa palabra, a vuestros efectos es lo mismo. Nǐ míngbái ma?

La Dragonlance es una serie de cerca de medio millón de novelas, publicadas mayormente entre mediados de los ochenta y finales de los noventa, ambientadas en un universo de fantasía heroica plagado de tópicos que, por si lo anterior fuera poco descorazonador, está basado en varios módulos del juego de rol de Dungeons & Dragons creados por un señor con nombre de playmate llamado Tracy Hickman. ¿Es necesario que añada algo más para ahuyentar a cualquier lector de fantasía con buen gusto?

La primera trilogía de la serie se recopiló bajo el nombre de Crónicas de la Dragonlance y se compone de El retorno de los dragones, La tumba de Huma y La Reina de la Oscuridad, cuyos títulos en inglés solo se parecerían menos a sus traducciones españolas si hubieran escogido palabras del diccionario al azar. En concreto, el primero de estos libros, que es el que comentaré hoy, lleva el título original de Dragons of Autumn Twilight, que debería haberse traducido como Dragones de crepúsculo otoñal. Eso sí, el título que le dio la editorial española, aunque menos poético, es más directo y honesto. No había dragones y ahora los hay. Es más, esta podría ser la sinopsis del libro.

Tras el salto, portadas mucho más chulas que las historias que se ocultan tras ellas.

La Santa Trinidad.

El primer volumen de las Crónicas nos cuenta la historia de un puñado de amigos que en su día se separaron para allanar el camino a un montón de novelas precuela y quedaron en reunirse cinco años después en una posada para contarse sus andanzas. Durante el reencuentro, acuden al auxilio de una pareja de turistas bárbaros con una misteriosa vara azul que les convierte en el blanco de unos siniestros seres con planes más siniestros todavía. Pronto el acrecentado grupo se ve forzado a emprender un largo y peligroso viaje con la misión de encontrar un Objeto Mágico™ del que podría depender el destino del mundo.

No le busquéis tres pies al gato. Es la recontratípica historia del bien contra el mal en la que unos héroes espontáneos tienen que salvar el día jugando con la peor mano de póquer posible.

De hecho, cuando os decía que estas novelas nacieron con el juego de Dungeons & Dragons, no pretendía arrojar información extra solo para sumar líneas a esta entrada. El retorno de los dragones sigue casi al pie de la letra, encuentros con enemigos incluidos, los manuales del dungeon master (o amo del calabozo, según los dibujos animados de Marvel Comics y TSR, Inc.) correspondientes a los dos primeros módulos del juego en cuestión, titulados Dragons of Despair y Dragons of Flame. Si afináis el oído, incluso oiréis rodar los dados sobre la mesa.

DL1: Dragones desesperaícos.

Los protagonistas, apenas héroes, arrastran las características esenciales de las clases más habituales de los juegos de rol y tienen el carácter que cabe esperar de estas, con solo un fino barniz de personalidad original añadido para poder distinguirlos de un personaje pregenerado.

Primero, por orden de protagonismo, tenemos a Tanis el Semielfo, de clase arquero/explorador, un tipo insoportable. Cuando no está poniendo pegas a sus compañeros por uno u otro motivo, se convierte en doña Angustias, ya sea por ser el vástago de dos razas diferentes, ninguna de las cuales le invita a la cena de Navidad, o ya sea porque su corazón está dividido entre dos mujeres, la elfa etérea y amor de su infancia, la hermosísima Laurana, y Kitiara, una guerrera forjada en la carátula de un disco de heavy metal cuyo apellido contiene la palabra "matar" (no aparece en esta primera novela, pero me da en la nariz que no es trigo limpio). Como curiosidad para los fans de Star Trek, cuando Tracy Hickman describió cómo era Tanis a Margaret Weis, coautora con la que formaría un recurrente dúo dinámico, comparó al semielfo con James T. Kirk; pero yo les veo tan parecidos como un dragón y una lagartija reumática. Ni es impetuoso, ni usa faja y bisoñé, ni se lía con la primera mujer que pasa por delante con independencia de su especie. Si le hubiera dicho que era como Spock, al menos coincidirían las orejas puntiagudas.

Luego tenemos a los hermanos Majere, gemelos para más señas: Caramon el guerrero, y Raistlin el mago (túnica roja, para ser precisos). El primero es una montaña de músculos broncíneos con cerebro de mosquito, y el segundo es un tipo enclenque, siniestro, cínico y arrogante... y también el personaje más complejo de toda la Dragonlance. No es que esto signifique gran cosa, pero al menos parece que en su desarrollo se tomaron más tiempo que el que lleva rellenar una hoja de personaje. Raistlin ya era un chaval de físico birrioso antes de pasar el examen práctico de Hogwarts; pero después de superar la prueba, se quedó más raquítico y pocho que un hipster vegano alérgico a la vitamina B. Tiene la piel dorada, lo que le confiere una tirada de salvación contra conjuros, y pupilas en forma de relojes de arena, con los que ve cómo todo se pudre y muere (vosotros también tendríais una actitud de mierda si cada vez que miraseis a alguien revivieseis la muerte del malo de Indiana Jones y la última cruzada). A veces muestra un lado tierno, y es el aspirante más claro del grupo a antihéroe o héroe trágico. Blind Guardian le dedicó una canción.

Por el contrario, no hay personaje más ramplón que Sturm Brightblade, de clase paladín buenazo, un caballero de la orden de Solamnia tan apegado a su código de honor que no duraría ni medio telediario en un libro de George R. R. Martin o de Joe Abercrombie. Su rasgo más destacable es su bigotón. No hay mucho más que decir de él en el contexto de esta primera novela.

El alivio cómico del grupo de aventureros mide poco más de un metro y responde al nombre de Tasslehoff Burfoot, un alegre mediano (solo que en lugar de mediano le llaman kender, por aquello de que la Dragonlance tiene su propia mitología) que, como todo los de su raza, no conoce el miedo ni la prudencia. Su clase es la de pícaro, y, para que no nos olvidemos nunca de ello, hay 3.746 momentos repartidos a lo largo del libro en los que algún objeto ajeno acaba en sus bolsillos y él dice que solo lo cogió prestado o se felicita por haberlo recuperado cuando su dueño lo había perdido. Esto me hacía gracia cuando leí estos libros hace veinte años.

En la línea de clásicos del humor como La extraña pareja, donde actitudes contrapuestas dan lugar a escenas divertidas, aunque sin un ápice de la genialidad del meritado clásico de Gene Sacks, el kender suele emparejarse con Flint Fireforge, un viejo enano cascarrabias, experto herrero y que, en un alarde de originalidad, lucha con un hacha. ¿Os imagináis un enano con un arma que no fuera un hacha o un martillo de guerra? ¿Qué se les ocurrirá luego? Pese a su aparente mal humor, es la voz de la conciencia y la figura paternal del grupo.

La parejita de turistas bárbaros a la que me refería en la sinopsis está formada por Goldmoon y Riverwind, carne de portada de novela rosa y que parecen inspirarse más en los nativos americanos que en los clásicos bárbaros de las novelas de espada y brujería. Goldmoon se convierte en la clérigo del grupo y, en plena crisis personal, suelta joyitas como "Treinta años y no tengo hijos", por lo que poco más puedo añadir que la hunda del todo en la miseria. En cuanto a Riverwind, no solo me confunde con su nombre, que me suena más a rechicero cobarde que a explorador salvaje, sino que además es la antítesis misma de la personalidad, un ceño fruncido de dos metros de alto vestido con pieles que no hace nada de utilidad en toda la novela y solo resulta ligeramente interesante cuando lo abrasan vivo y se queda hecho un esqueleto apenas cubierto de carne churruscada y chiclosa.

Al sexteto inicial se unen en la segunda parte del libro Tika Waylan, camarera metida a guerrera y fantasía erótica de Caramon, más hábil con la sartén que con la espada; y Laurana, delicada princesa elfa que quiere demostrar a Tanis que ya no es una cría. Laurana es para dar de comer aparte.

Ninguno mide más de 25 milímetros.

El universo en el que transcurren las aventuras también es bastante simplón. La historia del mundo se resume en que hubo un cataclismo que te cagas hace cientos de años y desde entonces los dioses están presuntamente desaparecidos y la gente anda necesitada de guía espiritual; la magia funciona releyendo hechizos que los magos "olvidan" nada más pronunciarlos; y las razas "originales" son los kenders (visto Taslehoff, vistos todos) y los draconianos, hombres dragón que vienen a ser las masillas de la saga, solo que a estos no basta con darles una sonora patada voladora que falla por veinte centímetros para matarlos.

Hay algo más de trasfondo, pero el mundo de Krynn es a la Tierra Media lo que Teo en la granja es a Rebelión en la granja de George Orwell.

Usted está más o menos aquí.

Ahora bien, pese a su simpleza y las montañas de tópicos que acumulan sus páginas, la novela es entretenida como pocas y es capaz de conquistar al lector menos exigente gracias a la sucesión casi ininterrumpida de escenas de acción. Es la versión en prosa y sin picoteo de una buena partida de Dungeons & Dragons, con los héroes yendo de combate en combate y de peligro en peligro, y parando solo para descansar y tomar decisiones estúpidas e imprudentes. Los "encuentros" son además de lo más variado y, en ciento cincuenta páginas, uno ya ha visto elfos, enanos, magos, goblins, bárbaros, draconianos, muertos vivientes, unicornios y pegasos. ¡Y lo que queda!

Aparte de acción, también hay romance (con propiedades eméticas y purgantes, pero romance al fin y al cabo) e incluso algunas escenas emotivas. Por ejemplo, Bupu, la enana gully que traba amistad con Raistlin, es un personaje entrañable, de esos que inspiran fanart, y también siento debilidad por Matafleur, antaño una fiera dragona roja que perdió a sus hijos y que ahora, senil y medio ciega, cuida de unos niños humanos como si fueran suyos.

Con todo, la parte que más me conmueve es la del perro anónimo de este párrafo:

"Recordaba a un perro -el único ser vivo que encontraron en todo el pueblo-, enroscado alrededor del cuerpo de un niño muerto. Caramon se detuvo a acariciarlo, y el animal tembló y le lamió la mano, lamiendo luego, a su vez, el frío rostro del niño y mirando al guerrero esperanzado; esperanzado en que ese humano arreglara la situación, que hiciera que su pequeño compañero de juegos volviera a reír y a correr".

Desde que tengo a una galga por sobrina, mi amor por los canes está disparado, así que esas líneas me tocan la fibra sensible. A ver si mato algo inocente y achuchable y me recupero.

¿Quién se habrá metido en la cama mientras yo no estaba? ¿Quién?

En definitiva, si os gustan las novelas de aventuras sencillas, os conformáis con autores de talento literario medio-bajo y podéis sobrevivir sin niveles superlativos de desarrollo de mundos fantásticos ni personajes complejos, El retorno de los dragones es disfrutable. No es lo mismo leerlo ahora que cuando uno tiene menos de quince años y no conoce nada mejor, pero ayuda a pasar el rato en tardes lluviosas.

Y si os preguntáis que ha podido provocar que esté volviendo a leerme estas novelas con sabor a comida basura cuando podría estar degustando un menú gourmet de la mano de verdaderos maestros del género, creo que ya he mencionado alguna vez que, aunque los juegos de rol siempre han captado mi interés, nunca se me presentó la oportunidad de jugar a nada más complejo que el HeroQuest. Leer las novelas de Dragonlance me ayuda a lidiar con esa espinita que siempre he tenido clavada.

Tendría que haber hecho amigos con menos aptitudes sociales.

10 comentarios

  1. La relación con esta serie es complicada y parece requisito terminar odiandola para poder sacar el carnet de "lector de fantasía". Y no es cierto; se le termina odiandola porque tiene bodrios insufribles. Pero en honor a la verdad, esta primera trilogía aguanta razonablemente bien una lectura despreocupada. Incluso recomendable para un lector joven que quiera iniciarse en el género.

    Soy gt7h1 y "Crónicas de la Dragonlance" no me parece mala. Vale, lo he dicho.

    De los otros cientos de títulos ya no sé. Sólo he leído aparte "La Forja de un Túnica Negra" y fue un suplicio. Aunque si quieres un texto que incluya la palabra "arcano" por lo menos dos veces por página (calculando por lo bajo), ésa es tu serie.

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  2. Yo también leí este libro cuando era pequeño, me puse pesado con los rollos fantásticos y mi pobre madre miró algo que pudiese leer a ver si callaba, y me regaló ese mismo libro. Lo disfruté bastante en su momento aunque imagino que buena literatura no es. Más adelante me compré yo mismo otro libro de estos, "Kaz el minotauro" creo que se llamaba, pero me pareció muy aburrido y no lo acabé.

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  3. Lo bueno de Dragon Lance es que es uno de los universos de fantasía más ricos en transfondo y cosas únicas, además de ser uno de los pocos en los que los dragones tienen el impacto que deberían tener criaturas tan poderosas en un mundo medieval.

    ALERTA DE SPOILERS:

    Lo peor son los Dioses del Bien, una panda de inútiles que no tratan de hacer el mundo un lugar mejor sino servir al 'Equilibrio', con la excusa de que sin el Mal el Bien empieza a oprimir a todos buscando al Mal en todas partes, eso no es Bien eso es ser un tirano, una forma de mal usando el Cataclismo como explicación de que el Bien no debe hacerse con el control cuando en realidad lo que paso fue que los dioses se cabrearon cuando el Gran Sacerdote, la definición de Legal Estúpido, quiso convertirse en un dios, se llevaron a los sacerdotes que no se habían corrompido, se cargaron medio continente y luego tuvieron la desfachatez que fueron los mortales los que les abandonaron a ellos.

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  4. Mi favorita del noble arte de las dragonadas sigue siendo "las crónicas de Belgarath"... David Eddings era muy grande escribiendo sitcoms de espada y brujería XD.

    Las crónicas, las leyendas y la forja me parecen salvables... más o menos mientras está Raistlin en escena el lector tiene a algo a lo que agarrarse más allá de las dudas de adolescente de Tanis o el honor absurdo de Sturm... pero todo lo que hay más allá de eso es mediocre siendo generosos.

    Y una cosa son es la Dragonlance... pero uno nunca debería adentrarse en algo escrito por R.A.Salvatore. Ese "Valle del viento helado" es una muy mala cosa (aunque tanto esta como la primera trilogía del Elfo oscuro son relativamente tolerables XD)

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  5. gt7h1: Si te gusta y es legal, nunca te avergüences.

    No recuerdo si llegué a leer la duología reconvertida en tetralogía de La forja de un túnica negra, porque hubo un momento en que abandoné este tipo de libros para centrarme en literatura más edificante (manuales de Lego) y después fue mi hermano quien cogió el relevo. Las novelas en cuestión están en la estantería.

    Anónimo: Kaz, el minotauro... Me quiere sonar. ¿Salían ponis?

    Anonimatus: ¿"Uno de los universos de fantasía más rico en trasfondo"? ¿"Cosas únicas"? ¿PERO TÚ QUÉ LIBROS DE LA DRAGONLANCE HAS LEÍDO?

    eter: Pues aunque muera en el intento, pienso ir a por todas con la Dragonlance y releerme o leerme por primera vez todas las novelas que los fans consideran esenciales. Pero poco a poco, que hay libros más interesantes en la cola.

    Pawn of Prophecy lleva en mi lista de deseos de Amazon desde hace casi un año, pero la dichosa novela no baja de precio. ¿Quién va a pagar casi siete euros por un ebook? Yo no, desde luego.

    De Salvatore había leído novelas de Star Wars y no es que me entusiasmaran, pero, con en el primer volumen de El valle del viento helado, el autor alcanza nuevas cotas de insustancialidad. No es que sea una birria, es que no me dice nada en absoluto. Me divierto mucho más con noveluchas de espada y brujería como las de Kothar.

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    1. He dicho que es un universo con mucho transfondo, no he dicho que sea bueno.

      Leí la trilogía de las Crónicas, las dos trilogías de precuelas, las sagas de Raistlin, la de la Guerra del Caos, la de la Guerra de los Espíritus y un montón de libros sueltos. No pongas esa cara, era joven, no tenía Internet y la biblioteca de mi barrio los tenía casi todos.

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  6. Escuche el nombre del mago Raistlin y en mi cabeza resono el épico y olvidado tema de los alemanes de Blind Guardian, The Soulforged.

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  7. Jodóoooóo
    Me has hecho exclamar en voz alta al ver la portada de este articulo
    Debía haber empezado a leer estos libros a la vez que tú, con edad similar, que cosas somos de la misma quinta.
    No recordaba que los protagonistas medían menos de 25 mm, que curioso, supongo que el tiempo deforma tus recuerdos

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  8. Estos fueron los primeros libros "sin elecciones" que me lei y me encantaron.
    No son para adultos pero son una muy buena introduccion para jovenes.

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  9. Espera un momento... ¿Tracy Hickman es un tío? Yo siempre me imaginé a mis tiernos doce años que ella (ahora él) y Margaret Weiss eran dos pelirrojas irlandesas de largas y torneadas piernas y pechos turgentes que escribían estas novelas en sus ratos libres. Que decepción. Menos mal que por lo menos Joe Abercrombie es una morena de formas rotundas. Aún me queda eso.
    Sobre las novelas, en su momento me parecieron lo mejor que se había escrito jamás en literatura fantástica. También es cierto que eran las primeras novelas fantásticas que leía. Hace un par de años, preso de un ataque de nostalgia me dio por leer algunas de las novelas posteriores y otra trilogía titulada "El Pozo de la Oscuridad" y sólo puedo decir que cualquier tiempo pasado fue mejor.

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