1 de julio de 2013

Transformers: Afterdeath

Tras un paréntesis quizá demasiado largo, retomamos los viejos cómics de Transformers donde los dejamos. O no exactamente. En realidad, me voy a saltar varios números de golpe y porrazo para hablar de la muerte de Optimus Prime, porque es lo que más me apetece; y si no puedo darme estos caprichos de vez en cuando, ¿para qué porras tengo un blog? Desde luego no es para ligar mucho.

Aunque esta era la primera vez que el líder de los Autobots palmaba en los cómics y, por lo tanto, debería haber sido un momento muy dramático, el impacto en su día fue menor porque cinco meses antes de que se publicase este número, el líder de los Autobots ya había espichado en la película de título redundante Transformers: The Movie.

Os lo creáis o no, la muerte cinematográfica marcó a muchos chavales de aquella época. Aunque cuando Hasbro produjo esa película sólo pensaba en personajes nuevos para sustituir a los viejos o, lo que es lo mismo, en una nueva tanda de juguetes con los que llenar las estanterías de Toys "R" Us, los críos no veían más allá de la caída de su ídolo. Muchos salieron del cine llorando. O eso tengo entendido.

Sin embargo, a partir de ese momento, se abrió la veda para los guionistas de cómics y series de televisión y, pérdido el impacto de la primera defunción, Optimus Prime protagonizaría la serie más larga de muertes y resurrecciones jamás escrita, llegando en algún caso a regresar de entre los muertos en el ridículo tiempo de un minuto y quince segundos. La carrera profesional de Sean Bean está basada en su historia.

Este número, el 24 de la colección de Marvel (no me preguntéis por la edición de Forum, porque no la conservo), se publicó en enero de 1987. Esto es importante porque en el guión de Bob Budiansky se nota la influencia de las primeras películas sobre "juegos electrónicos" y "computadoras personales", como Tron, Juegos de guerra o Starfighter: La aventura comienza. A su vez, la edad de oro de los videojuegos empezaba a tocar a su fin con la llegada de las primeras videoconsolas domésticas realmente populares, como la NES y la Master System, que abrían un nuevo mundo de posibilidades frente a los salones recreativos.

Situado el cómic en contexto, creo que ya podemos repasar su historia.

Ethan Zachary es un geek que trabaja para Energy Future Industries en la fabricación del primer prototipo de HidrotermoclinaTM, una máquina con un nombre demasiado complicado como para reproducirlo sin cometer alguna errata y exponerme a que os me lo subrayéis en los comentarios y que, además, podría ser la fuente de energía inagotable que buscan los Transformers.

Sin embargo, aparte de trabajar, en sus ratos muertos a Ethan le gusta jugar  al Multi-World, un Arcade con toques de RPG. Y debe de importarle muy poco que sus jefes le pillen tocándose las narices, porque el tío no juega a escondidas, sino en la Spectramax 1000 de la empresa, la segunda pantalla de ordenador más grande que he visto jamás. Ay, y yo que no paro de echar miradas de reojo a mi espalda cuando paro dos minutos para leer el periódico en mi oficina…

Ethan está tan metido en su mundo de fantasía virtual que cuando una atractiva compañera de rasgos orientales le dice que hay otras formas de relajarse distintas de jugar con su ordenador, el tipo no pilla la indirecta. Esto no es importante para la trama, pero me gustan esta clase de pequeños momentos que definen a los personajes. El resto es pura exposición y os da igual.

Su personaje en el videojuego se llama Formulak el Compuzoide. Si no es lo más alucinante que habéis oído hoy, decídmelo por favor.

No lejos de allí, en la falda del monte St. Hillary de Oregon, se encuentra el Arca, la nave reconvertida en base de operaciones donde viven los Autobots sin pagar gas, electricidad ni alquiler.

Optimus Prime está sometiéndose a una delicada operación para que el extraigan un "bicho" que los Decepticons habían introducido en su cerebro un par de números atrás para controlar sus acciones, pero que finalmente sólo les sirve para escuchar sus pensamientos, ya sean estrategias militares o dudas sobre si el chasis del camión le hace gordo el culo. En el inglés original, ese bicho recibe el nombre de cerebro-shell y no recuerdo cómo lo tradujo Forum, pero me gustaría pensar que le llamaron vaina-cerebral en homenaje a La invasión de los ladrones de cuerpos.

Utilizando ingeniería inversa, Wheeljack consigue que la vaina-cerebral capte las comunicaciones de los Decepticons, y por suerte para el mantenimiento del ritmo dramático, sólo unos minutos después, escuchan a Megatron planeando asaltar la planta de Energy Future Industries para hacerse con la HidrotermoclinaTM.

¿Está Megatron cantando Mr. Roboto?

Cuando Megatron y los Combaticons llegan a la planta industrial, Optimus y los Protectobots ya están esperándolos y listos para el combate. ¿Y quiénes son los Combaticons y los Protectobots? Os lo contaría, pero si el cómic no se molesta en presentarnos a unos personajes que no habían aparecido hasta ahora, ¿por qué voy a hacerlo yo? A falta de una suposición más elaborada, pensaré que surgieron por generación espontánea.

Las fuerzas están igualadas en número, pero Optimus guarda un as en la manga. Como apenas se nota la influencia nipona en todo este asunto de los robots gigantes (recordemos que Hasbro compró los derechos de Transformers a varias compañías de juguetes japonesas), los cinco Protectobots se unen para formar a… ¡DEFENSOR!, un titán entre los Autobots y uno de los juguetes más impresionantes que recuerdo haber tenido. De hecho, por ahí debe de andar todavía, metido en alguna caja llena de Masters del Universo mordisqueados, muñecos de Los Cazafantasmas de Filmation y algún G.I. Joe vilmente mutilado.

A pesar de todo, los nuevos juguetes de Megatron tampoco son moco de pavo, y a una orden de su jefe, se fusionan para formar al terrible… ¡BRUTICUS!

Diría que es demasiada coincidencia que ambos líderes se presenten con robots capaces de combinarse en uno solo de tamaño extra grande, si no fuera porque Megatron probablemente le copio la idea a Optimus cuando aún podían escuchar sus pensamientos. Esto es como cuando Apple saca un nuevo iPad y a los dos días se presenta Microsoft con su Tablet, sólo que con robots que causan más destrozos que King Kong y Godzilla saliendo juntos de fiesta por Los Ángeles.

Defensor y Bruticus se acercan el uno al otro, ambos dispuestos a discutir cuál tiene el nombre más risible, mientras sus líderes tratan los pros y los contras de partirse la cara ahora mismo.

¿Llegaría a plantearse alguno de los autores la posibilidad de colorear a Defensor y Bruticus?

Antes de que comience la lucha, Bruticus pilla a Ethan Zachary intentando huir (se ve que la única ruta de escape pasaba por el aparcamiento donde estaban pelándose los robots gigantes), y el chaval, ni corto ni perezoso, en lugar de cagarse encima como haría cualquier persona normal a la que un robot de quince metros de altura con fuerza para levantar 200 toneladas de peso amenazase con aplastar, propone a los Transformers que luchen en el entorno virtual de Multi-World, evitando así el riesgo de destruir la HidrotermoclinaTM. Si los Decepticons ganan, se quedan el aparato; si pierden, se largan con las manos vacías.

Y los Decepticons, que son firmes partidarios de la traición y la puñalada trapera, van a respetar este acuerdo por… Ah, sí, porque lo dice el guión.

Megatron acepta la propuesta a condición de que el perdedor sea también destruido en la vida real, por lo que ambos líderes se conectan a sendos joysticks con los que Ethan puede destruir a Optimus o Megatron, según quién pierda. Si esto no os parece cada vez más estúpido, deberíais replantearos qué clase de cómics leéis normalmente.

Ethan enchufa a todos los Transformers al juego y les explica que en este mundo virtual encontrarán criaturas que son enemigos o aliados en potencia. Megatron exige saber cómo puede distinguirlos, y Optimus le dice que ahí está la gracia del juego. Es como un niño dándole instrucciones a su abuelo cuando prueba por primera vez una videoconsola.

Comienza la partida. Press Start to play.

Yo presionaría ambos joysticks sólo para ver qué pasa.

Mientras los líderes Transformers esperan en un punto fijo para mantener su culo a salvo, los Protectobots y los Combaticons se ocupan del trabajo sucio y se separan para cubrir mayor terreno, de tal modo que acaban enfrentándose por grupos en distintas situaciones y fases, desde una jungla de lianas a una ciénaga asquerosa, pasando por el País del Amor de los Osos Amorosos.

Los Protectobots, fieles a su programación principal, esto es, proteger (¡de ahí su nombre!), procuran mantener a salvo a los seres que habitan Multi-World; pero los Combaticons sólo piensan en destruir a sus rivales y esto les lleva a una derrota tras otra, porque las criaturas virtuales, que son bastante agradecidas, ayudan a los Autobots y putean a los Decepticons.

Aún estoy esperando a que salgan Animoso, Gracioso y Venturoso.

Al final, Optimus y Megatron se encuentran cara a cara en los extremos opuestos de un puente colgante y Megatron se da cuenta, espantado, de que aunque su rival aún cuenta con la ayuda de los Protectobots, él se ha quedado más solo que la una.

Esto nos lleva a una de las viñetas más graciosas del cómic, en la que Megatron la toma en el mundo real con los Combaticons por ser unos mantas jugando a la videoconsola. ¡Es como la vida misma!

Megatron tiene muy mal perder.

Volviendo al juego, en lugar de machacar a Megatron, que sería lo más lógico y satisfactorio, Defensor opta por la vía más estúpida de todas y destruye el puente cuando ambos se colocan encima de él, de tal forma que Autobot y Decepticon se precipitan juntos al vacío y Optimus gana la partida.

En fin, que uno se suicide cuando está desesperado y puede llevarse a un enemigo por delante puedo entenderlo, porque, oye, yo también me inmolaba con mis propias minas en el Goldeneye de Nintendo 64 cuando preveía que iba a cascar y veía que podía arrastrar conmigo a un par de amigos; pero en esta situación de superioridad evidente, sólo puedo calificar a Defensor de novato; n00b, si lo preferís.

La decisión, además, no tarda en demostrarse fatal, porque Megatron utiliza una "puerta trasera" que ha descubierto uno de los Combaticons y regresa al juego en el lugar que más le interesa, esto es, detrás de Optimus, al que vuela medio brazo de un disparo con su cañón de fusión y deja colgado de un precipicio, completamente a su merced. Gracias, Defensor. La próxima vez piensa antes de actuar, por favor.

Como es natural, Megatron pierde el tiempo soltando el indispensable discurso malvado en vez de rematar a nuestro héroe, que aprovecha la prórroga para arrancar una tubería de la estructura que los sostiene a ambos, provocando que un par de torres caigan sobre Megatron y lo empujen al vacío junto a algunos petisos carambanales.

So long, suckers!

Optimus gana la partida y, como dice uno de los Protectobots, esto sólo puede significar una cosa: es hora de reventar a Megatron.

Pero no.

El líder Autobot cree que al sacrificar algunas vidas de este mundo virtual para derrotar a Megatron, ha quebrantado los sagrados principios de los Autobots, que, por cierto, parece inventarse sobre la marcha. Por lo tanto, considera que es él, y no su rival, quien ha perdido este juego, y pide a Ethan que pulse el botón de su joystick.

Ethan obedece, y Optimus estalla en pedazos.

Una de las viñetas más impactantes que recuerdo de mi infancia. Sin duda, en el top 5.

La única conclusión posible es que Optimus es tonto del higo. Os recuerdo que estamos hablando de un videojuego y los principios morales brillan por su ausencia. Lo único que importa es ganar o, si vuestros padres os educaron como perdedores, participar. Toda mi generación lleva aplastando goombas y masacrando a los alienígenas de Red Falcon desde principios de los noventa y no por ello suspendimos ética en el colegio.

Como jefazo de los Autobots, Optimus tiene una doble responsabilidad: en primer lugar, como general ante sus soldados, y en segundo lugar, frente a toda la humanidad por haber traído a la Tierra la guerra con los Decepticons en lugar de haber estrellado el Arca en alguno de los tropecientos millones de planetas deshabitados que hay en el Universo. Que pida que lo maten porque se ha cargado a seis gorrinos Lemmings no sólo no tiene ni pies ni cabeza, sino que deja a Optimus como un egoísta de tomo y lomo.

Ahora, por sacar las cosas de quicio, los Autobots se verán inmersos en rencillas internas hasta que elijan a un nuevo líder y los humanos tendrán que apañárselas sin su principal defensor. A Optimus debería caérsele la cara de vergüenza. ¿Qué contestará cuando regrese de entre los muertos (porque lo hará) y un chaval le pregunte dónde estaba cuando los Decepticons convirtieron a toda su familia en fosfatina? "No, mira, es que Megatron y yo estábamos echando una partida al Multi-World, y para ganar tuve que eliminar a varios NPC, y esto está mal, así que pedí que me destruyesen". Ah, pues eso lo soluciona todo, no me digas más, Optimus.

Que nadie le deje jugar al Pikmin, por favor.

A sus compañeros les toca cargar con el muerto.

Por suerte, en este número, Ethan tiene la genial idea de guardar la "mente" de Optimus en un disco magnético, para ser precisos, en un disquete de 5¼, con una capacidad de 360 KB.

Según el profesor Paul Reber, de la Northwestern University de Illinois, que, por una vez, no es alguien que me haya inventado, el cerebro humano tiene una capacidad de un millón de gigabytes, lo que equivale a unos tres millones de horas de vídeo. Eso signigica que varias generaciones de retrasados mentales podrían ver Transfomers: El lado oscuro de la Luna 1.997.280 veces seguidas durante 342 años. La memoria de Optimus, en cambio, da para un vídeo de dos segundos. ¿Y se supone que los Transfomers son una civilización avanzada?

En los ochenta, toda información importante cabía en un disquete. Lo mismo sucedía en El Coche Fantástico.

Para no dejaros con la intriga metida en el cuerpo, puedo deciros que los Autobots tardarían cerca de veinte números en devolver a Optimus a su cuerpo, y mientras tanto, Grimlock, el líder de los Dinobots (no sé qué hago recordándooslo, ¡se transforma en tiranosaurio!), asumiría el mando del grupo.

Pero, al igual que Jesucristo, Optimus regresaría de entre los muertos con mejoras sustanciales, pudiendo fusionarse con su propio tráiler para convertirse en Optimus Prime Powermaster (¡ahora con científico nebulano incluido!), lo que definitivamente verifica la ecuación Optimus Prime + muerte = juguetes nuevos.

¡Siente el poder!

Y así eran los cómics basados en juguetes en los ochenta: mediocres y memorables al mismo tiempo.

9 comentarios

  1. Se nota que este comic es antiguo. Si lo hiciesen ahora, o les saldrían tres luces rojas o para jugar deberían bajarse un dlc...
    Claro que podrían aprovechar para meterle a Megatron un windows Vista y rematarlo pa los restos.

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  2. A lo mejor lo del floppy era un complemento o llave jajaja(bueno, Yo mismo hacía milagros con cientos de documentos y llegaba a pensar que jamás iba a llenar el disco).
    Por acá la muerte de Optimus era bastante esperada y aclamada, aunque el cómic no circulo por acá.En cambio el juguete del tráiler fue muy cotizado(ahora me arrepiento de haberlo rematado cuando pensé que eso ya era para niños y yo era puberto).
    Y no hay lógica: Vienen con tecnología de punta y no la comparten al 100% a los humanos, ni siquiera para esclavizarlos y que los reparen o curen en estos casos.
    Una reseña y trabajo excelente, el volver interesante estos cómics en estos tiempos es bastante difícil.
    Definitivamente hace un par de décadas, dejaban todo a la imaginación de los niños, careciendo de lógica ahora entiendo porque son inalcanzables(como de cuentos de hadas).

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  3. Joer, ESTA es la muerte de Optimus que leí yo y la que me dejó to loco... entre otras cosas, por lo idiota que fue! Optimus es noble, joder, pero también un líder y un guerrero! Mira que dejar a sus bichos desamparados...

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  4. Victor: ¡Cachis! He desperdiciado la ocasión de hacer chistes sobre los DLC.

    M@nchitas: Los Autobos aplican la Primera Directiva de Star Trek: el ser humano debe evolucionar a su ritmo.

    José Viruete: A mí el brazo escuajeringado ya me daba cosica, aunque no era la primera vez que Optimus lo perdía; pero la explosión fue el colmo. Debí de pasarme minutos mirando esa viñeta con la boca abierta.

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  5. Muertes absurdas de roboces aparte, yo aún sigo inmolándome con mis minas cada vez que mi primno pequeño viene y me pide que juguemos al Goldeneye. Es una suerte de justicia divina: tantas minas dejamos tiradas por ahí que acabamos con el escenario convertido en una gran ruleta rusa. Al darle los dos al botoncito del reloj núnca se sabe quien va a palmar (generalmente los dos, por tontacos).

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    1. Gran juego el Goldeneye. Debería hablar algún día de él...

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  6. Espera espera...trabajas en una oficina?...joooo..no se porque yo me habia hecho a la idea de que trabajabas de marinero mercante y que cuando volvias de tus viajes posteabas D:

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  7. Menuda risa con el artículo. No se quien es más idiota, Optimus por suicidarse por unos bits de datos que a diferencia de los Transformers no eran auténticas inteligencias artificiales o el chico por acceder a ellos aunque podría haberse cargado a Megatrón alegando que automáticamente perdió la partida cuando hizo trampas.

    La verdad es que yo fuí de los que se enteraron de la muerte de Optimus en la segunda temporada de Transformers cuando volvió como un zombi en un capítulo, pensaba que estaba de misión en otra parte y había dejado a Hot Rod como sustituto temporal.

    No puedo imaginar lo que fué ese capítulo para aquellos niños que habían visto la muerte de Optimus en el cine, más sal en la herida.

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  8. Este numero me lo compre en su momento cuando salio (nº 21 forum creo que era) y si, la logica dejaba mucho de si. Lo que hay que preguntarse es.. que tipo de energia disparaba ese ordenador para hacer tal destrozo a un robot gigante, y como es que no lo usaba nadie mas para parar a los transformers luego? :|
    Por lo demás, a mi el comic en general me parecio bastante superior y divertido que la serie de television. E incluso tienen una epoca supergore en que tanto autobots como decepticons contrataban a Death Head como mercenario... Menuas masacres XD.

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