24 de diciembre de 2016

'How the Grinch Stole Christmas!', del Dr. Seuss

Aunque podría pasarme horas y horas hablándoos de películas y especiales de televisión navideños, tantas como para que os hartéis de la Navidad y empecéis a celebrar la Kwanzaa, tengo que admitir que en lo que se refiere a la cultura popular navideña, y aunque me guste una barbaridad leer, no sé mucho de cuentos navideños. Descontando el maravilloso relato de Charles Dickens sobre un pobre anciano capitalista atormentado por los efectos de una mala digestión, el único relato navideño que me viene a la cabeza es How the Grinch Stole Christmas!, del Dr. Seuss.

En un caso flagrante de publicidad engañosa, el Dr. Seuss no era doctor ni tenía un doctorado. De hecho, Seuss ni siquiera era el nombre de pila del autor, sino el segundo nombre de Theodor Geisel, que empezó a firmar bajo esta suerte de seudónimo cuando le prohibieron seguir escribiendo en la revista de la universidad por beber ginebra de extranjis en su dormitorio. Yo no sé si leería a mis hijos la obra de un escritor que bebe alcohol a escondidas y que luego se hizo famoso como publicista, esto es, un experto en la manipulación del comportamiento ajeno; pero eso no frenó a los estadounidenses, y sus cuentos infantiles, escritos en verso e ilustrados por él mismo, se vendieron como churros y aún hoy siguen editándose.

Probablemente debido a que las rimas se traducen como el orto a otros idiomas, la obra del Dr. Seuss no es muy conocida en países como España, y apuesto a que si muchos de vosotros reconocéis al Grinch, es solo porque en Solo en casa 2 salen varias escenas de la adaptación de dibujos animados de 1966. También habrá quien tuviera menos suerte y conociera al Grinch por la película de Jim Carrey, pero es que a veces la vida nos da sorpresas muy desagradables. Incluso en Navidad.

Mi primo el Grinch.

El Dr. Seuss escribió e ilustró más de cuarenta libros infantiles a lo largo de su vida, y probablemente hubiera escrito más, si una horda de padres hartos de leer cuentos a sus hijos cada noche no lo hubiese lapidado con sus propias obras.[citation needed]

How the Grinch Stole Christmas! fue su decimoséptimo libro y el primero que escribió en el que el protagonista era el villano. Tanto le entusiasmó su original *cof* Scrooge *cof* idea, que apenas tardó unas pocas semanas en terminarlo. El final es lo que más le costó sacar adelante, porque para entonces le quedaba muy poca pintura roja y tuvo que sustituir la sangrienta masacre que había previsto por un final más tradicional y ñoño.

Pero contemos la historia desde el principio.

El Dr. Seuss, supongo.

Los Who, una raza de seres peludos microscópicos que viven en una mota de polvo, están preparándose para celebrar la Navidad. Compran regalos, cuelgan los calcetines de la chimenea y se emborrachan con ponche de huevo de ácaro, que es exactamente el tipo de asquerosidad que uno esperaría beber en Navidad si viviera sobre un montoncito de partículas de piel, arena, excrementos de insecto y otras guarrerías. ¿Os acordáis de la última vez que pasasteis un trapo por la estantería para quitar el polvo? Aquello fue el Holocausto de los Who.

Primer boceto de los Who.

Al norte del pueblo de los Who, en una fría cueva en lo alto de la montaña, vive un ser ruin y mezquino al que todos conocen como el Grinch, que odia la Navidad. ¿Y por qué odia el Grinch la Navidad? Seuss nos propone varias alternativas: la primera, que el Grinch padece un trastorno mental incapacitante ("Podría ser que su cabeza no estuviera bien atornillada", dice el cuento con una falta absoluta de tacto); la segunda, que los zapatos le aprietan demasiado, pese a que en la ilustración que acompaña al texto vemos claramente que el Grinch no lleva zapatos; y la tercera, que el corazón del Grinch es dos tallas demasiado pequeño.

Dicho de otro modo: el supuesto villano de este cuento, o bien padece un enfermedad mental para la que no está recibiendo tratamiento alguno, o bien es víctima de una anomalía cardíaca que podría provocarle un fallo ventricular y mandarlo a la tumba en cualquier momento. Odiar la Navidad es el menor de sus problemas.

La víctima.

Pero es que incluso si la genética no le hubiera jugado una mala pasada, al Grinch no le faltan motivos para odiar la Navidad.

Duerme solo en una cueva helada sin más compañía que la de su perro Max, y cada 25 de diciembre se despierta con los gritos histéricos de los niños Who desenvolviendo sus regalos, después lame el liquen de alguna sucia roca para que las pastillas contra el estrés no le perforen el estómago mientras sus vecinos se dan un festín de "pudín-Who" y "rosbif-Who" (cuyos principales ingredientes, a juzgar por el nombre, deben de ser Who), y se acuesta escuchando villancicos y campanillas navideñas. Los hay que se suicidarían por menos.

Solo es la mitad de una ilustración a doble página y ya me quiero morir.

Aunque el genocidio sería una solución razonable a esta situación, el Grinch decide poner fin a la felicidad de los Who lanzando un ataque directo contra el corazón de la Navidad: el consumismo.

Así pues, se confecciona un traje de Santa Claus (una habilidad que aprendió cosiendo zapatillas deportivas en un sótano oscuro de la China comunista), disfraza a su perro Max de reno, y, al caer la noche, desciende en un trineo cargado de sacos vacíos hasta Who-ville.

¿Cómo va a ser malo. si tiene un perro?

Cuando llega a la primera casa del pueblo, el Grinch sube al tejado y se cuela por la chimenea.

"Si Papá Noel puede hacerlo, entonces también puede hacerlo el Grinch", dice el libro, aunque nosotros ya sabemos que al verdadero Papá Noel le iba más aquello de asomarse a la ventana de sus vecinas.

Sin temor ni vergüenza, el Grinch vacía la casa de juguetes, comida y adornos navideños. Si no fuera porque he contado al menos CUARENTA regalos en la ilustración que acompaña esta parte del cuento, quizá incluso sentiría lástima por los Who. La gente honrada no tiene tanto dinero.

Algunos de los regalos podrían ser solo ladrillos, pero ¡mirad cuántos son! ¡Y en esta imagen ni siquiera están todos!

El Grinch está empujando ya el árbol de Navidad chimenea arriba, cuando la pequeña Cindy-Lou, una niña diminuta con un vestidito rosa y dos pelopos en la cabeza, la menor de cinco hermanos (los Who no solo son asquerosamente ricos, sino además mormones), se levanta de la cama y le pilla con las manos en la masa.

Lejos de arrepentirse, el Grinch se hace pasar por Papá Noel y le dice que se tiene que llevar el árbol a su taller para arreglar una bombilla fundida. Por suerte para él, la pequeña Cindy-Lou es demasiado estúpida para darse cuenta de que el salón está más vacío que una botella de whisky al final de un velatorio, así que no avisa a sus padres y regresa a la cama.

Deal with it!

Lo último que se lleva el Grinch antes de marcharse con una sonrisa de oreja a oreja es el leño de la chimenea, y en el salón de esta familia Who solo quedan clavos, alambre, sueños rotos y una miga de pan demasiado pequeña incluso para un ratón microscópico que vive en una casa microscópica en un pueblo microscópico en una  mota de polvo.

El Grinch recorre el resto del pueblo, saqueando a diestro y siniestro, hasta que no queda ni una sola casa por allanar. Concluida su labor, con el sol asomando ya en el horizonte, el Grinch asciende con su trineo cargado hasta los topes al Monte Crumpit, para arrojar desde su cumbre el botín navideño.

"No somos nuestro trabajo. No somos nuestra cuenta corriente. No somos el coche que tenemos. No somos el contenido de nuestra cartera. No somos nuestros pantalones. Somos la mierda cantante y danzante del mundo", podría haber dicho.

Los precios de los seguros de hogar van a subir como la espuma en Who-ville.

Pero, ¿qué es eso que oye el Grinch allá abajo? No son los llantos desconsolados de los niños, ni el disparo de un revólver seguido del sonido de sesos salpicando la pared.

¡Son los Who cantando felices! ¡El Grinch no ha conseguido detener la Navidad!

Los Who no necesitan regalos, adornos ni comida para celebrar que la Iglesia católica arrebató la fiesta del solsticio de invierno a los paganos mintiendo sobre la fecha del nacimiento de Jesucristo. ¡Son felices sin sus adornos ni sus regalos! Es cierto que aún necesitarán la comida que les ha robado para sobrevivir al invierno, pero la muerte ya no les llegará de forma inmediata. ¡No será tan divertido!

Confuso, el Grinch pasa las tres horas siguientes rumiando para sus adentros mientras su perro Max muestra síntomas de hipotermia. Quizá la Navidad no viene de una tienda atestada de gentuza abrigada... Quizá la Navidad signifique algo más... No, imposible. Debe de haber algún tipo de explicación científica para esta conducta. ¿Un escape de gas tóxico tal vez?

O emisiones radiactivas.

En aquel momento, el corazón del Grinch "creció tres tallas", y aunque la cardiomegalia repentina no llegó a matarlo (eso ocurrió una semana después), sí que lo cambió de algún modo por dentro, porque descendió al pueblo con su trineo para devolver todo lo que había robado.

En lugar de colgarlo y dejar su cadáver pudriéndose en la plaza del pueblo a modo de advertencia para otros criminales microscópicos, los Who acogieron al Grinch con los brazos abiertos. Incluso le dejaron trinchar el rosbif-Who en el tradicional festín caníbal navideño.

Mmm... carne de Who.

Y así, amigos míos, termina este hermoso cuento cargado de la moralina más básica. Espero que hayáis aprendido una valiosa lección sobre cómo invertir en bolsa y por qué uno nunca debe desarmar ojivas nucleares estando ebrio.

PD:  El Dr. Seuss dedicó esta obra a Teddy Owens, el director de operaciones del programa de baloncesto de la Universidad de Nebraska, un hombre que aún no había nacido cuando se publicó el libro y al que nunca conoció. O tal vez se refiriera al hijo de su sobrina, que también se llamaba Teddy Owens. No lo sé, porque yo no soy su biógrafo.

6 comentarios

  1. Pobre Grinch, tener que aguantar todo el porc**o que significa la Navidad y más con vecinos cansinos como los que tenía. No a todo el mundo les gusta estas fiestas, y más el sistema yanki "ultraconsumista" que adquiere la fiesta, o la gilip****z de tener que juntarse la familia cuando no se aguantan en todo el año.
    Soy muy Grinch, pero es lo que tiene que estas fiestas no traigan nunca buenos recuerdos.

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  2. Muchos conocerán la historia del Grinch por el capítulo de los Simpsons en el que Homer roba los regalos esperando que la gente de Springfield reaccione como los Who (cosa que no pasa).

    Viendo la última ilustración y la manera en que esos Who miran al Grinch tengo la impresión de que el rosbif-Who es sólo el entrante y que el Grinch es el plato principal.

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  3. ¡Prometiste la segunda parte de La Amenaza Fantasma! :P

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  4. Solo una pregunta: Dr. Seuss se pronuncia como Dr. Zaius?

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  5. Muy interesante la historia del Grinch. Solo lo conocía de oídas por la peli de Jim Carrey que por suerte no he visto nunca, y ahora sé un poquito más del bicho.

    Suerte que has vuelto al servicio activo.

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  6. Victor: Mis Navidades son una birria desde hace años, pero procuro mantener el espíritu. Porque soy imbécil.

    Anonimatus: Ah, sí, aquel episodio de Los Simpsons. Ya ni me acordaba. La aplicación práctica de la moral no suele dar resultados satisfactorios.

    Eleazar López: Lo apuntaré en mi lista de promesas incumplidas.

    Aco: Según internet, se pronuncia Zoice.

    Doctor Müller: Disgusto en 3... 2... 1...

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