14 de noviembre de 2011

El Capitán Trueno: Atlántida

No sé por qué me compré esta basura de tebeo. Ah, no, esperad, no lo hice. Convencí a mi padre de que se lo comprase argumentando que no podía dejar su colección incompleta. Sabía que este cómic iba a ser malo con ansia y no quería gastarme ni un solo euro en alimentar la frustración de mis expectativas. Uno de mis lemas es que la frustración de expectativas siempre debería salirte gratis. Y otro de ellos es deja de comprarte cómics de El Capitán Trueno.

Algunos dirán que no se puede juzgar un libro por su portada, pero es evidente que no han leído Atlántida. Cuando recuerdo las magníficas portadas de Antonio Bernal para Trueno Color o las de la revista Aventuras Bizarras y luego veo la portada de Atlántida, me entran ganas de llorar. Si no supiera que este es un cómic de El Capitán Trueno, apostaría a que se trata de un libro de pinta y colorea para niños con un retraso mental grave. ¿Qué tal si dibujamos al Capitán Trueno y a Sigrid rejuvenecidos hasta la náusea y en una pose carente de todo dinamismo, sobre un fondo en el que ni siquiera parecen estar integrados? ¡Brillante!

Me estoy planteando muy seriamente pagar a una gitana para que le eche mal de ojo a Ricard Ferrándiz. Lo que sea por que no se acerque más a Trueno.

Pero antes de nada, voy a enseñaros las portadas que mencionaba más arriba, para que veáis porque mi desilusión viene de entrada.

Esta es la portada del primer número de Trueno Color, de 1969:


Y esta la del número uno de Aventuras Bizarras, de 1987:


Buscad las 7.438.956 diferencias entre estas dos portadas y la de Atlántida:


Aunque me cuesta superar el hecho de que las ilustraciones de este cómic sean una birria, con trazos propios de un aficionado y errores de composición que cualquiera que sepa un mínimo de dibujo artístico podrá detectar, voy a hacer el esfuerzo de dejar eso a un lado, para centrarme en la oda a la desgana y a la ausencia de originalidad que es el argumento.

La historia comienza en el reino de Thule, con los preparativos de la boda del Capitán Trueno y Sigrid, porque, ¡eh!, ¿cómo iba un fan de El Capitán Trueno a dejar pasar el cómic en el que los eternos enamorados se casan? Después de un noviazgo de 55 años, ya iba siendo hora, ¿no?

Hay que admitir que, aunque vil y despreciable, esta es la estrategia más efectiva para atrapar a los seguidores de Trueno. Es un álbum que tienen que comprar, porque sale la maldita boda. Lo que ocurre es que, en el álbum anterior, Ferrándiz ya mató a Sigrid y al Capitán, así que, agotados los recursos más evidentes, me pregunto a qué recurrirá el autor en el próximo número. ¿Se pasará Goliath a la dieta vegana? ¿Saldrá Crispín del armario? Se admiten apuestas, damas y caballeros.

Mientras los tortolitos organizan el bodorrio, Goliath y Crispín se van a pescar y sacan del mar una botella que lleva dentro un mensaje con un mapa. Un mapa A COLOR. El remitente dice que necesita ayuda inmediata (colorear el mapa denota urgencia, según parece) y asegura que posee "conocimientos de importancia vital para la humanidad". El mapa indica dónde está la Atlántida.

Menudo hacha el Capitán con la traducción simultánea.

Y pensaréis: "Puf, ya está el Tipo de la Brocha quejándose por nada. Si viajan a la Atlántida, por fuerza tiene que haber algo que merezca la pena". Debería, ¿verdad? La mitología sobre el Continente Perdido es rica en detalles y tiene mucho donde rascar. Una civilización que, según los diálogos de Platón, estaba más allá de las Columnas de Hércules y cuya cultura y tecnología eran muy superiores a las de sus contemporáneos. Los que hayáis leído sobre este mito o simplemente jugado al Indiana Jones and the Fate of Atlantis sabéis a qué me refiero.

Sin embargo, incluso con ese trasfondo tan interesante, el cómic se las apaña para ser insulso. Sí, sí, estáis leyendo bien, una aventura protagonizada por un cruzado español y una reina vikinga que viajan a la Atlántida puede llegar a ser insulsa. ¿Difícil de creer? Ya no.

Rumbo al sopor.

Para Ferrándiz, la Atlántida no es más que una isla volcánica habitada por una suerte de monje sabio y una horda de trogloditas andrajosos, que, ¡oh, la originalidad!, raptan a Sigrid y la encadenan a un pilar para sacrificarla a su dios.

El monje, que es quien mandó el mensaje en la botella, quería que alguien viniera a la isla para poder entregarle sus libros, de tal forma que la sabiduría de los atlantes no se perdiera para siempre. Por pura chiripa, el Capitán Trueno y sus amigos llegan justamente el día en que la Atlántida revienta. Es una suerte, porque el último atlante, pese a toda su sabiduría, no tenía un plan B.

Comunistas tenían que ser.

Curiosamente, el conocimiento del que presume el monje cabe en una bolsa en la que me costaría meter algo más que el Integral de Conan y Bêlit y un par de volúmenes de La Cosa del Pantano. Y ahí se supone que entran "todos los conocimientos existentes sobre historia antigua, física, medicina, la cábala, astronomía, geometría, química, alquimia, filosofía y muchas cosas que vosotros ni siquiera podríais imaginar y tardarías siglos en descubrir". Ferrándiz abusa de mi credulidad.

Además, cuando Trueno pregunta por un libro al azar de los que hay sobre una mesa, el monje le dice que ése no pueden llevárselo, porque "no estáis preparados para esto... sería demasiado peligroso para la humanidad...". Y no creáis que luego nos explican de qué va este libro ni nada. Voy a pensar que se trata de una novela erótica de la que el monje estaba avergonzado.

Aún no sé a qué viene el abrazo de la segunda viñeta.

El final del cómic es lo único que se salva de la quema. El grupo regresa a Thule en plena ceremonia de coronación del primo de Sigrid, que había conspirado para que sus hombres la asesinaran durante el viaje a la Atlántida, y la reina vikinga reta a su primo a un duelo a muerte. El combate acaba con el traidor llevando la espada de Sigrid como un pincho moruno y siendo fulminado por un relámpago. Su virtud está en el exceso.

Después de este incidente, el Capitán Trueno y Sigrid se casan. La ceremonia es un rollo, y hubiera ganado si el Jabato se hubiera presentado con Taurus y Fideo para detener la boda. Los anacronismos cronológicos me importan un comino.

Según parece, la idea de Ferrándiz es publicar un álbum al año, y a pesar del tiempo que pasa entre una publicación y la siguiente, sus guiones son tan patéticos que dudo que dedique a pensarlos más de una semana. Ambrós y Víctor Mora se deslomaban para trabajar al ritmo que les exigía la editorial Bruguera, y aun así, la mayoría de sus historias son mejores que las de su sucesor. O así las recuerdo yo al menos. Por si acaso, no voy a comprobarlo.

2 comentarios

  1. Pues ahora está a punto de aparecer "La espada del invencible", nuevo álbum de Trueno y también con Ferrándiz al frente. ¿Crées que será mejor que éste? (al menos a mí la portada me mola mucho más).

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  2. El abrazo fue para pillar cacho piensa que el tío debe de llevar sin ver una pava desde ni se sabe

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