20 de enero de 2018

'Star Wars: Heredero del Imperio', de Timothy Zahn

A lo mejor echasteis en falta que escribiera sobre Los últimos Jedi hace unos meses y sé que mi reseña sobre la mediocre novela Tarkin no os ha compensado, pero os aseguro que tuve dos buenos motivos para saltarme la que incluso a mí me parecía una cita inevitable con el blog. El primero es que me daba pereza ponerme a escribir durante las Navidades, sobre todo cuando podía aprovechar el tiempo libre para terminar algunos de esos centenares de libros y videojuegos pendientes que conforman la Gran Pila de la Deshonra™. El segundo motivo es que no me gusta escribir sobre temas con los que internet está revolucionado y sacando lo peor de sí mismo.

Pero ahora que ya han pasado un par de meses desde el estreno y nadie se acuerda de que la película es lo peor que ha ocurrido en la historia de la humanidad desde las Cruzadas, puedo decir sin meterme en berenjenales que la disfruté mucho. Soy el primero en no verle sentido a la persecución de la trama principal (aunque seguro que hay una explicación para que la Primera Orden no mande varias naves a velocidad luz delante de la flota de la Resistencia) y no hace falta ser Roger Ebert para darse cuenta de sus defectos; pero Los últimos Jedi también tiene todo lo que le pido a una buena película: personajes carismáticos, emoción y entretenimiento. Y, lo que es más inusual, salí del cine sintiendo una chispa de aquel entusiasmo que sentía por Star Wars cuando tenía quince años y aprenderme de memoria el nombre de los extraños huéspedes del palacio de Jabba me parecía relevante.

Al día siguiente, esa chispa se había encendido y, no sin cierto sentimiento de culpabilidad, acabé comprándome en Amazon cinco novelas de Star Wars, cuatro del nuevo canon de Disney y una del viejo Universo Expandido. Confieso que nunca he sido capaz de dejar estas novelas del todo, porque combinan dos de mis grandes pasiones (Star Wars y el olor a árbol muerto prensado); pero no me compraba tantas de golpe desde que me dio por coleccionarlas en los años noventa.

Y no contento con eso, volví a leerme Heredero del Imperio, de Timothy Zahn.


La prueba del delito.

Heredero del Imperio fue la primera novela que leí de Star Wars. Este no sería en sí un dato relevante, sino fuera porque fue la primera de una lista de más de sesenta. Supongo que puestos a tener una afición penosa, mejor llevarla hasta el punto en el que si la gente ve tu colección, no pueda decir "Esto es normal".

La edición que tengo en casa, de páginas amarillentas y ásperas al taco, es la original de Martínez Roca de 1993. Sin embargo, es bastante probable que la comprase dos o tres años después de que se editase, seguramente durante los primeros bombardeos de hormonas de la adolescencia. Es posible que me equivoque porque las fechas no son mi fuerte, pero no recuerdo haber leído ningún libro de Star Wars a la edad de un perro jubilado, y al menos estoy seguro de que que cuando leí las partes en las que Xizor feromonizaba a la princesa Leia en Sombras del Imperio (la edición de 1996), mi mente ya no estaba tan limpia como la de un niño. Y esta es una manera tan buena como cualquier otra de poner fecha a mis recuerdos.

En cualquier caso, de lo que estoy convencido es de que leí Heredero del Imperio antes de que se supiese gran cosa sobre La amenaza fantasma, porque cuando se estrenó la primera de las precuelas ya había acumulado un montón de información inútil sobre Star Wars con la que aburrir a cualquiera que tuviera la mala suerte de sacar el tema.

Y hablando de La amenaza fantasma, ¿os acordáis de la emoción que sentisteis al enteraros de que George Lucas dirigiría una nueva película de Star Wars? Echando la vista atrás, y con la imagen de los gungans en la cabeza, es difícil rememorar la ilusión de aquel momento, la excitación, las especulaciones...; pero si sois capaces de hacerlo, yo sentí una emoción muy parecida el día que encontré por casualidad Heredero del Imperio en una librería. Debió de ser por el moho de todos esos libros viejos.

"Oh, es un libro muy especial", me dijo el librero.

Según cómo de jóvenes seáis (no es la primera vez que lo pregunto, pero ¿alguna vez habéis sintonizado canales de televisión con un destornillador?), puede que os cueste creer que, a principios de los noventa, Star Wars era una franquicia en coma. El droide médico 2-1B no la daba por muerta, pero, ocho años después de El retorno del Jedi, el panorama era distinto del que había habido desde finales de los setenta y radicalmente diferente del actual.

En los ochenta, teníamos los muñecos de Kenner, los cómics de Marvel, las películas de los ewoks y alguna cosilla más; y hoy, gracias a la magia [de la estrategia de marketing de] Disney, me cepillo los dientes con un cepillo eléctrico que lleva pintado un soldado de asalto en el cabezal. Pero en aquella época de vaqueros holgados y cazadoras con bordados en la que nadie podía tocar a M.C. Hammer, había muy pocos productos de Star Wars que mantuvieran nuestras carteras calientes y las cifras de Lucasfilm en alza.

Y fue entonces, mientras cruzábamos ese desierto interminable bajo dos soles abrasadores,  cuando Heredero del Imperio nos trajo aquello que los fans de la saga no sabíamos que queríamos pero sin duda necesitábamos: nuevas historias de Star Wars.

Para Timothy Zahn también ha llovido mucho desde 1991, pero solo para mejor.

Aunque Heredero del Imperio no fue la primera novela del Universo Expandido (ese honor corresponde a El ojo de la mente), sí fue la primera en llegar al número 1 en la lista de bestsellers del New York Times. Su éxito demostró que la pasión por Star Wars no solo no se había extinguido, sino que se había trasladado a las nuevas generaciones. Y, por supuesto, esto solo podía significar una cosa para la compañía fundada por George Lucas: había que desempolvar la imprenta y sacar papel hasta que Gutenberg saliese de su tumba y aplaudiese emocionado con lágrimas en los ojos. Lucasfilm dio luz verde a la editorial Bantam para publicar más libros y esta puso todos los medios necesarios para que cada pocos meses hubiera una novela nueva de Star Wars en las librerías. Se vendían como churros e, irónicamente, algunas eran auténticos churros. Pero no Heredero del Imperio.

La primera parte de la llamada trilogía de la Nueva República, o trilogía de Thrawn, nos sitúa cinco años después de El retorno del Jedi... Aunque a los ilusos nos encantan los finales felices, la guerra civil no acabó cuando Darth Vader arrojó al Emperador por "la negra sima que conducía al corazón energético" de la segunda Estrella del a Muerte. La Alianza Rebelde, ahora autoproclamada Nueva República, aún lucha contra los remanentes del Imperio, al tiempo que afronta los problemas políticos y logísticos de establecer un gobierno legítimo sin necesidad de pasar por tres precuelas espantosas. Han y Leia están casados y esperan gemelos, y Luke ha sido nombrado caballero Jedi, el primero de una nueva línea sobre la que, en años venideros, se escribirán una trilogía decente y más de una docena de novelas juveniles infumables.

Así están las cosas, cuando el gran almirante Thrawn, un señor de la guerra al que el Emperador había mandado a hacer un recado a las Regiones Desconocidas, regresa de su viaje y se pone al frente de la flota imperial, dirigiéndola con éxito y estilo hacia la derrota definitiva de la escoria rebelde.

Pelín pronto para celebraciones.

Uno de mis grandes temores antes de volver a leer esta novela es que la estuviera recordando mucho mejor de lo que era, porque el cerebro humano funciona de forma extraña y, como dijo un señor francés con bigotón llamado Proust, "el recuerdo de las cosas pasadas no es necesariamente el recuerdo de las cosas como ocurrieron".

Pero, por suerte, Heredero del Imperio es una novela que supera con nota la prueba del tiempo, y ello se lo debemos al buen hacer de Timothy Zahn.

Zahn ya había ganado un premio Hugo antes de que Bantam le ofreciera el proyecto, y, como escritor de ciencia ficción y fan de la saga que era, se tomó su trabajo muy en serio. Aunque no existieran redes sociales como Twitter en las que sus lectores pudieran amenazarle de muerte por destruir su infancia, este escritor ilinoisiano era consciente de la importancia de reflejar adecuadamente el tono de las películas y la voz y la actitud de los personajes, para evitar que llegaran cientos de cartas de fans airados a la editorial. Como él mismo dice, su novela tenía que ser una novela de Star Wars y no "la aventura de dos tipos llamados Han y Luke".

-¿Quieres salir a cenar, Luke?
-Naaaah, paso.

Pero Zahn no solo firmó una buena historia de Star Wars, impulsando la saga hacia delante a velocidad luz y abriendo el camino a una miríada de odiseas galácticas, sino que introdujo varios personajes nuevos que se ganarían rápidamente el favor de los fans y nos acompañarían durante años en el Universo Expandido, ampliando esa galaxia muy, muy lejana que habían tejido Lucas y Kasdan en las películas. Entre estos personajes, destacan el gran almirante Thrawn y Mara Jade.

Thrawn es muy diferente de cualquiera de los oficiales imperiales a los que Darth Vader estrangulaba en las películas a la menor provocación ("¿Azúcar? Pedí sacarina. No volverá a fallarme, almirante Vretzel"). La diferencia más evidente es que Thrawn, también conocido como Mitth'raw'nuruodo (no, no me he quedado dormido sobre el teclado), es de color azul pitufo y tiene los ojos rojos, lo que significa que no es humano y, por tanto, que no ha llegado a gran almirante por enchufe, sino por méritos propios, ya que el Emperador aborrece a los alienígenas casi tanto como confundir el protector solar con la crema antiarrugas cuando va a la playa.

Además, y lo que es más importante, Thrawn es la clase de líder militar al que los soldados respetan y siguen sin necesidad de infundirles miedo; un estratega brillante con dotes de observación holmesianas, al que le gusta sentarse a maquinar mientras admira obras de arte y que sabe elegir sus batallas. Si no fuera el malo, todo debería salirle bien. Pero como es el malo, sus planes siempre se van al traste en el último momento. En cualquier caso, es tan buen villano que en la serie Rebels no tardaron en pescarlo para integrarlo en el nuevo canon.

El gran almirante Thrawn de la serie Rebels con un guiño a Herederos del Imperio a su espalda.

Como contrapartida a este gran villano, Zahn nos presenta a una suerte de antiheroína: Mara Jade, una habilidosa mercenaria de pasado misterioso obsesionada con matar a Luke Skywalker. El motivo de su tirria por el exgranjero de Tatooine metido a caballero Jedi engancha al lector, y cuando por fin se revela el secreto, la saga se enriquece de forma retrospectiva, permitiendo a los fans pesados como yo tener otro dato estúpido con el que importunar a todo el que tenga la mala suerte de ver El retorno del Jedi con ellos.

Además, hay que tener en cuenta que, hasta hace relativamente poco, Mara Jade era uno de los pocos personajes femeninos populares de Star Wars. Rey es la nueva heroína de la aún inacabada trilogía; las series de televisión Clone Wars y Rebels nos han regalado a Ahsoka, Asajj Ventress y Hera Syndulla; y Holdo y Rose han demostrado que se pueden incluir más personajes femeninos en las películas de Star Wars sin necesidad de convertirlos en intereses romanticooOOOH. Ejem. Lo triste es que, antes de que Timothy Zahn escribiese esta novela, la representación femenina en la saga se reducía a la princesa Leia. Ni siquiera las precuelas rellenaron ese vacío, porque Padmé, como personaje, está al nivel de un evaporador de humedad.

Hay cosas que han mejorado con el tiempo, pero Mara Jade fue un buen comienzo.

Mara Jade, más angulosa que nunca en el videojuego Jedi Knight II: Mysteries of the Sith.

Por lo demás, y si os van las curiosidades y los detalles, Zahn también introdujo conceptos originales en la mitología de Star Wars (como los ysalamiri o el poder de la Fuerza para coordinar tropas en la batalla), puso nombre a la capital del Imperio (Coruscant) y nos llevó por primera vez a los bosques de Kashyyyk (la visita de Han y Chewie en el Holiday Special no cuenta).

En definitiva, si os gusta Star Wars, Heredero del Imperio tiene todos los elementos que han hecho de esta saga un de las más queridas por el público y la franquicia multimillonaria que es. Si no fuera porque el libro no tiene efectos especiales ni suena la banda sonora de John Williams mientras pasas las páginas, sería igual que una de las películas. Por suerte, la música la podéis poner vosotros y los efectos especiales se suplen con imaginación o drogas psicodélicas.

También os digo que si el inglés no es un problema para vosotros, os hagáis con la edición 20º aniversario del libro, ya que incluye dos extras: un nuevo relato de Thrawn que está psché y, lo que de verdad marca la diferencia y merece la pena, anotaciones del propio autor y de Betsy Mitchell (su editora en aquel momento). Saber que, ya en 1991, había personas capaces de tomarse la molestia de escribir a la editorial para quejarse de que Luke bebía chocolate en un capítulo del libro, a pesar de que el chocolate es una bebida terrícola, me hace darme cuenta de que imbéciles con tiempo libre ha habido siempre; la diferencia es que ahora todos tenemos que soportarlos.

Oooh... brilla.

Por último, no porque lo digan el 99% de las reseñas voy a dejar de mencionar que Heredero del Imperio es la película que todo los fans de Star Wars querríamos haber visto después de El retorno del Jedi. De hecho, las novelas de la trilogía de la Nueva República se publicitaron como "las secuelas que nunca se hicieron".

Quiero incidir en ello, porque, aunque el antiguo Universo Expandido tiene novelas buenas, mediocres, malas y peores, y lo mismo ocurre con el nuevo canon de Disney, al menos a los escritores del antiguo Universo Expandido se les daba libertad para hacer avanzar la saga. Es más, se les animaba a hacerlo porque así era más fácil que se vendieran los libros. ¿O creéis que la muerte de Chewbacca fue una decisión más artística que comercial? ¡Ningún escritor querría matar a Chewie! ¡Sería como matar a tu propio perro! ¡Lanzándole un luna encima!

Ahora, con ocho películas grabadas en piedra, las aventuras de un joven Han Solo en el disparadero, el Episodio IX en preproducción, otras dos películas rumoreadas, y una serie de televisión para niños que va por su cuarta temporada, lo único que pueden hacer los escritores del nuevo canon es rellenar los huecos que separan las atracciones principales con relatos en los que no pasa nada importante en la galaxia ni los personajes principales evolucionan. Es lo que en televisión se llama episodios de relleno. Y es una lástima que los lectores tengamos que conformarnos con eso.

Los comentarios incluidos en esta entrada no representan la opinión de Disney. ¿Por qué narices iban a hacerlo?

El siguiente libro de la trilogía es El resurgir de la Fuerza Oscura, que volveré a leerme en cuanto la Gran Pila de la Deshonra™ baje un poco o descubra la forma de clonarme sin que mi clon se vuelva loco. Quizá escriba otra reseña. De todos modos, incluso si solo leéis Heredero del Imperio, la historia acaba de forma bastante satisfactoria. Solo espero que no os obsesionen los flecos sueltos.

En conclusión, si siempre habéis dudado sobre si leer o no una novela de Star Wars y ya nadie os saca los colores, empezad por esta. Si os gusta, ya nunca os faltará material de lectura. Y si no, tampoco habréis perdido mucho tiempo.

7 comentarios

  1. A mí la trilogía de Thrawn me gusta. Disfruto mucho de la presencia del pitufo en Rebels, aunque se ve que han tenido que nerfearlo un poco porque sino se cargaba a los protagonistas al tercer día.

    Aun así aquí tengo que levantarme a decir que a George Lucas el Universo Expandido siempre se la sudó mucho. Se cargó cosas de estas novelas en las precuelas (p.ej. los jedi clonados) o con la tontería de escena extra que le dió por añadir en El Retorno, con todos celebrando la cáida del Imperio ¡Hasta en Coruscant! Ahora es cierto que solo pueden hacer relleno, pero al menos parece que hay una mejor comunicación entre los diferentes apartados, y que Disney no se cargará la nuevas novelas que se vayan haciendo. Aunque haya sido una pena perder el UE por el camino, la verdad

    Sobre Padmé, yo también la tengo tirria. Menos mal que hemos ido mejorando en estas cosas


    Ahora, a ver si edita Planeta la novela de Thrawn que hizo Zahn el año pasado. Tengo cierto entusiasmo por leerla

    Un saludo

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  2. No soy un gran seguidor de Star Wars, de lo que he visto me quedo con la trilogía original y la serie esa loca de minicapítulos animados de Clone wars, pero tu reseña me ha picado la curiosidad, voy a buscar el libro para darle un tiento.

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  3. Por cierto Brocha, ¿para cuando una reseña de Rogue One? Es interesante saber que te pareció como fan.

    Por otro lado, sería también muy interesante que nos comentases algunos de los extras o anotaciones de esta novela. Al menos los más llamativos ya que es sin duda el punto fuerte de esta edición.

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  4. King Garrac: Estoy de acuerdo en que la continuidad está mejor llevada ahora que antes; pero, aunque a Lucas le diese bastante igual el Universo Expandido, ya te digo que en Lucasfilm se lo tomaban bastante en serio.

    Yo la mayoría de novelas nuevas las estoy comprando en inglés. Es lo que hice con Tarkin y Los Lores Sith, y ahí tenéis Ahsoka. La que comentas de Zahn ya tiene secuela anunciada para finales de junio de este año.

    JJ Martínez: Rogue One está bien. Es entretenida y tiene algunas escenas chulas. Esa es mi crítica.

    En cuanto a las anotaciones de la 20ª edición, puedo decir que hay muchas y que hacen que merezca la pena el desembolso. Aquí ya he mencionado lo del chocolate caliente, y en Twitter creo que me referí a alguna anotación más. Las hay sobre el proceso creativo, sobre el tira y afloja con Lucasfilm respecto de cómo encauzar determinados aspectos de la novela, sobre el cómo hay elementos que no terminan de encajar con las precuelas... Son un plus.

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  5. Lei la versión comic de la trilogía y me encantó, reflejaba muy bien el espíritu aventurero y uno veía como los protagonistas originales seguían siendo coherentes y todo lo que les pasaba era relativamente lógico (el final es muy atropellado, pero supongo que eso será más un problema del medio por la densidad de la historia... así como la obligación de tener un final relativamente feliz).
    A ver si alguna vez le echo el guante a estas novelas, porque el canon antiguo me interesa bastante más que el moderno.

    No soy muy fan de los lagartos, pero eran necesarios, como también fundamentar un poco mejor todo el control mental y el como los Sith gobernaban la galaxia, que no dejaba de ser ridículo "desde cierto punto de vista" que un par de vejetes cascados dominaran la galaxia y dijeran que la Estrella de la Muerte era nada en comparación con la Fuerza.

    pd: ¿60 novelas? Joder, tuviste aguante. No dudo de la calidad de algunas de ellas, pero ese tipo de franquicias suelen generar novelas basura como si nada (sólo con esas 60 imagino que irían al menos a 5 por año). Yo con la Dragonlance creo que me quedé en 20 o por ahí XD

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    1. El cómic es una buena adaptación de la novela, pero estoy de acuerdo en que la batalla final está más abreviada de la cuenta. En la novela fue un añadido de última hora para que el final fuera más espectacular. Y fue un acierto.

      Soy un coleccionista sin remedio. De hecho,al final me he comprado las versiones anotadas de Crónicas y Leyendas de la Dragonlance. Y La segunda generación también. Necesito que me paren.

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  6. Bueno, hoy día libre me pongo al día con tus post y acudo raudo y veloz a comprarme esta novela en mi amazon más cercano.

    Gracias por la recomendación.

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