9 de julio de 2019

'Cristal Oscuro', la película de Jim Henson (2ª parte)


En la entrada anterior...

Jen, el último gelfling (no prestéis atención al póster que hay sobre estas líneas), se embarcó en una misión para encontrar el fragmento perdido del Cristal Oscuro y así satisfacer la última voluntad de su padre adoptivo y, de paso, salvar el mundo.

El muchacho se dio un garbeo y encontró a la bruja y astróloga Aughra, y con ella, el fragmento del Cristal. Aughra le explicó que debía restaurar el Cristal antes de la Gran Conjunción para evitar que los skeksis mantengan su dominio sobre el mundo de Thra hasta que las ranas críen pelo. Los skeksis quieren matar a Jen porque una galletita de la suerte les dijo que sería un gelfling quien acabaría con ellos.

Unos cucarachos monstruosos a las órdenes de los skeksis localizaron a Jen y arrasaron el observatorio de Aughra, causando al joven gelfling una entomofobia galopante que le durará toda la vida. No obstante, Jen consiguió escapar de los insectos de pesadilla mientras el observatorio se quemaba hasta los cimientos. No os preocupéis por él. El edificio estaba asegurado a todo riesgo.

24 de junio de 2019

'Cristal Oscuro', la película de Jim Henson (1ª parte)


Lo primero es lo primero: adoro esta película. Casualmente se estrenó en España en el mismo año en que nací, apenas unos meses después de su salida en los Estados Unidos, y cada vez que vuelvo a verla, es como si mi televisor se convirtiera en una ventana a otro mundo, un mundo mágico del que puedo formar parte durante hora y media, y al que puedo regresar siempre que quiera, a menos que haya un corte de luz. Y desde luego es mucho mejor alternativa que asomarme a la ventana de mi salón y ver a un grupo de adolescentes improvisando rap en la calle. Necesito cristales insonorizados.

Por eso, cuando, en mayo de 2017, me enteré de que Netflix produciría una precuela en forma de serie de Cristal Oscuro, la película de Jim Henson, di saltos de alegría. No literalmente, porque un perro me torpedeó la rodilla y, dado que además tengo la enfermedad de Oswald-Slater (o algo que suena parecido), no debería darle mucha tralla. Cuando los marcianos esclavicen a la humanidad, yo seré el humano que no se arrodille y dé inicio involuntariamente a una rebelión para reconquistar el planeta.

De todos modos, ni siquiera en sentido figurado fueron saltos muy entusiastas, porque enseguida vi que el responsable de la serie sería Louis Leterrier, director, entre otros proyectos mediocres, del remake de Furia de titanes y de la película del Universo Cinematográfico Marvel que nadie se molesta en recordar.

Mucho tiempo después, a finales de mayo de este mismo año, por fin empezamos a tener más información sobre la serie y salió el primer tráiler. No me convenció demasiado. Aunque lo vi como siete u ocho veces en una sola tarde, lo hice solo porque las imágenes estaban muy por encima de mis expectativas y me emocioné como si fuera un crío otra vez. Una nadería. Eso me enseñará a tener fe en The Jim Henson Company.

3 de junio de 2019

'Ninja Gaiden', de NES ('Shadow Warriors')


Hay tres cosas que espero que siempre molen: los dinosaurios, los ninjas y los robots gigantes. Si algún día deja de ser así, habrá llegado el momento de mudarme a otro planeta.

Dicho esto, hoy voy a hablar de ninjas. y, concretamente, de un videojuego que lleva un ninja en el título. No sé cuál fue el primer videojuego en el que uno podía calzarse las sandalias de un ninja (quizá el Sasuke vs. Commander o el Sengoku Ninja Tai); pero sí sé cuál fue el primero al que jugué: el Ninja Gaiden de NES, conocido en Europa como Ninja Warriors y en su Japón natal como Ninja Ryūkenden (La leyenda del ninja de la Espada del Dragón).

Salvo que me falle mucho la memoria, diría que la primera vez que lo jugué fue en casa de un amigo cuando tenía algo menos de diez años. Al ver el dibujo de la caja, me quedé alucinado, y cogí el juego con unas ganas tremendas. Pero me cansé tanto de que los malos me tirarán por barrancos que nunca pasé de la fase 2-2.

Muchos, muchos años después, he vuelto a jugar al Ninja Gaiden en la NES Mini, reviviendo la frustración de mi infancia con un grado de madurez no necesariamente mayor.

Pero ya no soy el niño que era entonces. Esta vez perseveré, mejoré poco a poco mi ninjutsu y, con sudor y lágrimas..., llegué a la fase 6-2, tan cerca y a la vez tan lejos del final. En ese punto paré y detoné la videoconsola y el edificio en el que estaba con 250 kilos de dinamita. Luego utilicé un emulador para pasarme el juego con trucos.

No me arrepiento.

23 de mayo de 2019

Juego de Tronos: El Trono de Hierro


Si usáis Twitter y en vuestro TL suele hablarse de Juego de Tronos, imagino que coincidiréis conmigo en que la semana previa a la emisión del último capítulo fue una lata. Tras el aluvión de quejas contra el tercer episodio, el quinto se llevó la palma cuando un tal Dylan D. inició una petición en Change.org para rehacer la temporada 8 con guionistas más competentes. Más competentes, al parecer, que los responsables de adaptar a la televisión unas serie de libros tan compleja y empachosa que era difícil imaginar que el proyecto tuviera éxito. Más competentes, al parecer, que los escritores de episodios como Y ahora su guardia ha terminado, Las lluvias de CastamereLa Montaña y la Víbora, Casa Austera, La batalla de los bastardos y Vientos de invierno. Más competentes que el propio Dylan, que reconoce que no es escritor y no sabría cómo solucionar lo que tanto le molesta.

El problema no ha sido la falta de competencia de los guionistas. Partiendo de que una serie tan popular como esta nunca iba a contentar a todo el mundo, es obvio que Benioff y Weiss han cometido errores, algunos de ellos menores y otros de traca (no todas las series pueden ser perfectas como El coche fantástico). Pero aquí el auténtico enemigo han sido las prisas. Han querido dar carpetazo demasiado pronto a la serie, con un apresuramiento impropio de ella, y eso la ha perjudicado.

Por culpa de esas prisas, los episodios a veces nos han llevado de A a D sin pasar por B y C, pretendiendo que seamos nosotros quienes rellenemos los huecos sin darnos las herramientas adecuadas para hacerlo. Es como si en uno de esos pasatiempos en los que hay que unir los puntos para formar un dibujo, faltasen la mitad de los puntos; podrías completar el dibujo igualmente y este incluso se parecería a lo que pretendía ser, pero sería una versión imperfecta de lo que debería haber sido.

Curiosamente, y a diferencia de aquellos detractores que arremeten contra la serie porque no ha colmado sus expectativas, el propio promotor de la campaña de Change.org reconoce que lo que le fastidia no es lo que ha pasado en esta temporada, sino el cómo ha pasado. Y en ese aspecto estoy de acuerdo con él: la ejecución podría haber sido mucho mejor. La serie ha llegado a la línea de meta, pero lo ha hecho después de dar numerosos traspiés por el camino y con una pronunciada cojera.

Si el listón no hubiera estado tan alto, quizá más gente habría pasado por alto las deficiencias; pero la última vez que vi ese listón, estaba ya en la exosfera, camino del espacio exterior. Juego de Tronos se ha convertido en víctima de su propia excelencia.

Dicho esto, hacer causa de una pataleta me parece de una idiotez superlativa. Y que Dylan o cualquier otra persona piense que HBO le debe algo porque él ha seguido la serie "religiosamente desde la temporada 2" raya el delirio. Esa clase de mentalidad es la que da vida al lado más feo y tóxico del fandom.

En cualquier caso, no voy a darle más vueltas a este tema. Esta introducción ya es demasiado larga tal cual es.