20 de noviembre de 2016

Thundarr el Bárbaro: El secreto de la Perla Negra


Entre las décadas de los sesenta y ochenta, la animación del estudio de Hanna-Barbera se caracterizaba por dos cosas: por entretener a los niños llevando a sus televisores risas e ilusión, y por ser una cagarruta de paloma producida con cuatro perras gordas.

Thundarr el Bárbaro, que se emitió entre 1980 y 1982, ni siquiera era una serie de Hanna-Barbera, sino de su hija bastarda, Ruby-Spears, fundada por los creadores de Scooby-Doo después de mandar a freír espárragos a su compañía madre.

Aunque el mayor logro que Joe Ruby y Ken Spears alcanzaron bajo su propio sello probablemente fuera producir dieciocho episodios de una serie protagonizada por un cubo de Rubik, se suele decir que su mejor producto fue Thundarr el Bárbaro, que se distanciaba de los patrones de los dibujos animados de la época mezclando con acierto elementos de un popurrí de fuentes de lo más variopintas (desde los libros de Conan el Bárbaro de Robert E. Howard, hasta los cómics de Flash Gordon, pasando por la película de La guerra de las galaxias), para crear una distopía futurista fuera de lo común y de gran atractivo para los aficionados a los géneros de espada y brujería y de ciencia ficción..., al menos en concepto.

13 de noviembre de 2016

Geralt de Rivia: Tiempo de odio

Tiempo de odio es la cuarta novela de la saga del brujo, del autor polaco Andrzej Sapkowski, un vejete entrañable que en una reciente entrevista dijo: "Esto es literatura, y no se tiene que analizar de ninguna otra forma. Mis opiniones importan menos que el agujero del culo. Son como el ojete. Todo el mundo tiene opiniones, y todo el mundo tiene ojete. Y no es conveniente enseñar a la gente ni tus opiniones ni tu ojete". ¡Podéis leer la entrevista completa aquí! Los escritores bordes que se amoscan con facilidad son mis favoritos, y Sapkowski se lleva la palma.

En cuanto al libro, tiene todas las virtudes del volumen anterior, pero casi ninguno de sus defectos. La trama avanza a buen ritmo, la narración está bien construida y, aunque la historia se queda a medias (porque eso es lo que pasa con las sagas, ¿qué le vamos a hacer?), hay una conclusión más o menos satisfactoria. Incluso puedo recomendároslo con independencia de que hayáis leído o no los libros anteriores.

Si os ha gustado esta reseña y queréis que escriba más entradas como esta, por favor enviad un sobre con 15 € a nombre del Tipo de la Brocha a la dirección: Autovía A6 (Madrid- A Coruña) Salida 29, 28250 Torrelodones, Madrid, Casino Gran Madrid, junto a la máquina de King Kong Cash.

¿Cómo? ¿Queréis que me extienda más? ¿Y sin cobrar siquiera?

De acuerdo, pero entonces no me culpéis si os destripo algunos detalles de la trama. Estáis avisados.

30 de octubre de 2016

Masters del Universo: El día de las iracundas calaveras


Entre las colecciones de cómics de los Masters del Universo que publicó Ediciones Zinco en España allá por la década de los ochenta, cuando los aviones comerciales aterrizaban en las hombreras de las chaquetas y los teléfonos móviles desechados se utilizaban como ladrillos en el sector de la construcción, la más popular fue sin duda la de Marvel. Fue la editorial de los tebeos de superhéroes la que editó el mejor cómic que se ha publicado jamás de los Masters del Universo, el cual conservo en una cámara hiperbárica protegida por un sistema de seguridad inteligente en mi búnker secreto. O quizá esté en el estante superior del armario donde guardo la aspiradora, nunca sabréis la verdad.

Menos popular era la colección que editó la editorial alemana Condor-Interpart entre 1985 y 1987, y aun así, gracias a la gran fama de la franquicia de Mattel, la misma se tradujo igualmente a varios idiomas, entre ellos el español y el neerlandés. Y sí, la palabra neerlandés existe, aunque sea un adjetivo tan menospreciado que incluso Word me lo subraya con esa irritante línea roja ondulada que parece hilo dental demasiado usado.

Hoy veremos cómo trataron los alemanes a los Masters del Universo. Por suerte, entre las filas de los Masters hay montones de monstruos y esperpentos, desde hombres-cangrejo hasta un chino con una mano gigante, así que no ha sido difícil encontrar uno que pudiera comentar con Halloween a las puertas, pero lo que si os digo es que ninguno tiene un título más apropiado y a la vez pegadizo que El día de las iracundas calaveras.

16 de octubre de 2016

'La llamada de Cthulhu', de H.P. Lovecraft

Más de cuatro años después de desencajarme la mandíbula bostezando con la novela En las montañas de la locura (a.k.a., the most boring thing ever), he dado una segunda oportunidad a H.P. Lovecraft, ese supuesto genio de la literatura de terror estadounidense al que yo no le pillo el punto. Tampoco se lo pillo a Wet Hot American Summer ni a la dorada al horno y no pasa nada; el mundo sigue adelante.

No obstante, para ser justo con Lovecraft (y no es que a él le importe, porque está muerto), en esta ocasión he escogido La llamada de Cthulhu, un relato de terror tentacular que la crítica más autorizada de internet considera su obra maestra. Yo no puedo calificarlo de tal hasta que haya leído y descartado el resto de su bibliografía (je, je... no va a pasar); pero al menos esta vez pude decir algo positivo del relato incluso antes de empezar a leerlo: es muy corto. La primera parte de mi recapitulación de La amenaza fantasma tiene aproximadamente el mismo número de palabras, y ahora me arrepiento de no haber dedicado ese tiempo a escribir algo con más chicha, como el manual de instrucciones de una lavadora.

Antes de empezar a leer la que podía ser mi siguiente gran decepción literaria, me parecía importante ponerme en contexto, así que busqué información sobre La llamada de Cthulhu. Lo primero que me mosqueó fue enterarme de que cuando esta novelette se publicó por primera vez en la revista Weird Tales en febrero de 1928, ni siquiera le dedicaron la ilustración de portada. En su lugar, el editor decidió dedicársela a un relato de Elliot O'Donnell tiulado La mesa fantasma. La. Mesa. Fantasma. En serio, ¿os imagináis cómo de flojos debía de ver el editor el resto de relatos de la revista, para que escogiese el de la mesa fantasma para captar la atención de los lectores?. Estamos hablando de elegir dibujar a un tipo rudo con una damisela en brazos apuntando con una pistola a una mesa demoníaca antes que al monstruoso Cthulhu, al que Lovecraft describe como "un cuerpo escamoso y grotesco, provisto de alas rudimentarias" sobre el que se alza "una cabeza pulposa y coronada de tentáculos". Aquí hay otro que no le pillaba el punto a algo.

De lo segundo que me enteré en mi labor de investigación es de que Lovecraft escribió La llamada de Cthulhu en 1926 y tardaron dos años en publicársela. Es cierto que hay obras a las que solo el tiempo coloca en el lugar que se merecen, pero en la mayoría de casos, ese lugar es un contenedor de basura.

Con esta visión tan optimista de lo que iba a encontrarme en sus páginas, comencé a leer.