20 de abril de 2015

The Dark Eye: Chains of Satinav


Según me comunica mi viejo amigo el profesor Mortimer Kelp, doctorado en ciencias sociales por la Universidad de Vermont, existen más juegos de rol de tablero aparte de Dungeons & Dragons. Y algunos, aunque no lo creáis, ¡ni siquiera son americanos! The Dark Eye, por ejemplo, es un juego de rol alemán muy querido en su país, y lleva entreteniendo a los amantes de los dados de más de seis caras y de la la fantasía heroica desde nada menos que 1984, cuando el rol no era ni la mitad de popular de lo que es ahora.

Ulrich Kiesow, su creador, fue el primero en traducir al alemán las reglas del Dungeons & Dragons, por lo que voy a suponer que las coincidencias de ambos juegos en su origen no fueron fruto de la casualidad. Ahora bien, aunque The Dark Eye empezó teniendo unas reglas muy básicas y pareciéndose mucho al juego de Gary Gygax, con el paso de los años se fue enriqueciendo y ganando en complejidad, y aunque no estoy dispuesto a leerme su manual de casi doscientas páginas, estoy seguro de que en su última edición hay muchas clases de héroes entre las que elegir, montones de monstruos distintos y más tipos de salchichas de los que un hombre puede soñar (es un juego alemán, ¿no?, si entre misión y misión los héroes no pueden disfrutar de una Weisswurst con mostaza dulce, sería un timo).

A pesar de todo, The Dark Eye: Chains of Satinav no es un RPG, sino una aventura gráfica del estilo point and click, porque, naturalmente, nada dice aventura gráfica como un juego de rol de tablero en el que los héroes recorren una tierra mágica tomando decisiones consensuadas, masacrando hombres lagarto, orcos, trasgos y troles, y jugándose la vida a una tirada de dados.

13 de abril de 2015

Masters of the Universe: The Clash of Arms


Los que seguís el blog desde hace tiempo sabéis de sobra que de pequeño besaba el suelo que He-Man pisaba con sus botas de pelo de conejo. Pero reconozco que no todo lo relacionado con los Masters del Universo era bueno, aunque a mí me lo pareciera. Los muñecos desde luego lo eran; tenían diseños muy originales que fusionaban lo mejor de Conan el Bárbaro y Flash Gordon, así como gimmicks variados y chulos: unos Masters lanzaban agua, otros se partían por la mitad, otros olían mal...

La serie de dibujos animados, en cambio, era un insulto a la inteligencia, algo que deberíais tener bastante claro después de todos los episodios que hemos repasado juntos (ejemplo 1 y ejemplo 2). Es cierto que la biblia de la serie era sobresaliente, con una mitología compleja y fascinante, pero la censura y las constricciones de la animación resultaron fatales para ella.

En cuanto a los cómics, había de todo, desde historietas con gran carga dramática hasta mediocridades infantiles, aunque a su favor diré que la mayoría eran bastante entretenidos. A los mini-cómics que acompañaban a los muñecos no podía exigírseles más que eso, e incluso los peores tenían la virtud de hacer que los muñecos que aparecían en él te parecieran populares y quisieras tenerlos todos. El mini-cómic que comentaré hoy, por ejemplo, incluía juguetes por el precio aproximado de 15.000 pesetas.

6 de abril de 2015

Los mejores 13 episodios de 'Golgo 13'

Este no va a ser uno de esos artículos largos que os arreglan una mañana aburrida u os llevan a preguntaros si existían ya los coches voladores cuando empezasteis a leer, sino que solo pretende ser una recomendación sobre uno de los diez mejores cómics que he leído desde que tengo uso de razón. No me preguntéis por los otros nueve. Yo estas listas las improviso sobre la marcha. Aunque probablemente incluiría también algún Superlópez.

¿Tan bueno es Golgo 13? Como en todo, es cuestión de gustos. Pero su longevidad lo avala. Su primera historieta se publicó en enero de 1969, cuando los Beatles aún estaban juntos y el Seat 600 era el coche que más se veía en las carreteras españolas; y a día de hoy, con más de 170 volúmenes a sus espaldas, el septuagenario Takao Saito sigue dándole a la plumilla.

Solo dos colecciones en Japón superan a esta en número de volúmenes: Dokaben, un manga deportivo sobre un equipo de béisbol de instituto; y Kochikame, la comedia maestra de Osamu Akimota sobre un policía tarugo y unicejo. Pero no hay ninguna colección que haya durado tanto como Golgo 13, y el sentido común me dice que nada se vende durante más de cuatro décadas sin ser bueno.

Si estos credenciales no os parecen suficientes para correr a adquirir esta antología con las trece mejores historias de Golgo 13 (a elección de los lectores nipones), tranquilos, porque hay más. Esta solo era la introducción necesaria para cubrir el largo de la imagen que acompaña estas líneas.

30 de marzo de 2015

Brütal Legend


Brütal Legend es el mejor título de la historia de los videojuegos desde que Thomas T. Goldsmith Jr. y Estle Ray Mann inventaron el "dispositivo de entretenimiento de tubos de rayos catódicos" en 1947. Y, por supuesto, me refiero al nombre del videojuego, no al videojuego en sí.

Es verdad que varias décadas de historia dan para muchos títulos memorables (Diosas de Cuero de Phobos 2: Las tres empleadas de la gasolinera encuentran al tentáculo palpitante del Planeta X, por ejemplo, desborda encanto por los cuatro costados), pero las palabras "brutal" y "legend", en satánica comunión, resuenan con la fuerza y ferocidad de una canción de Pantera rugiendo en una docena de altavoces Omnitronic de 2.000 vatios.

Además, el uso gratuito de la diéresis sobre la "u" le añade un plus de atractivo, y es que este signo ortográfico tan pronto se utiliza para escribir palabras divertidas como "sinvergüenza" o "pingüino", como sirve de recurso estético a las bandas de hard rock y heavy metal que quieren que su nombre resalte en las carátulas de sus discos. Lo utilizan Motörhead, Mötley Crüe y Mägo de Oz, por mencionar unos pocos, y de rompedor no tiene nada, pero funciona. Lo contrario podría decirse de Brütal Legend.