15 de diciembre de 2014

Los Picapiedra descubren la Navidad


Los Picapiedra no necesitan presentación. Son los dibujos animados más populares de Hanna-Barbera junto al Oso Yogi y Scooby-Doo y, en sus primeros tiempos, incluso podían permitirse anunciar cigarrillos Winston sin arruinar su reputación. Por eso, estoy convencido de que muchos de vosotros habréis disfrutado ya de sus especiales navideños de televisión. La sola idea de que unos cavernícolas celebrasen  la Navidad es deliciosamente extravagante, y si además fuera cierto y, digamos, alguien encontrase restos prehistóricos de un abeto decorado con bolas y guirnaldas, sería el mayor hallazgo arqueológico desde que el profesor Nicholas Conard y su equipo de la universidad de Tübingen descubrieron el consolador más antiguo del mundo.

Dicho esto, si los Picapiedra y los Mármol son tan modernos como para celebrar la Navidad un millón de años antes del nacimiento de Cristo, cuando las trogloditas con curvas de infarto aún luchaban por la supervivencia en un mundo dominado por los dinosaurios, desde luego yo no voy a quedarme atrás hablando de algo tan obvio como los especiales navideños de Los Picapiedra. No, lo que voy a hacer es centrarme en una tira dominical publicada el 24 de diciembre de 1961 y que en sólo diez viñetas consigue capturar toda la esencia de la Navidad. O no. Yabba-dabba-doo.

11 de diciembre de 2014

Cinco muñecos de 'Star Wars'


El teaser trailer de la próxima película de La guerra de las galaxias, dirigida por el chaquetero J. J. Abrams, ha arrasado en Internet. Sus cinco imágenes mal contadas han dado que hablar más que la crisis del ébola y las torturas de la CIA juntas, y el sable láser con guardamanos ha sido objeto de miles de chascarrillos y fotomontajes, a cada cual más exagerado y ridículo. Yo soy más bien de la opinion de que algo tenían que inventar. De hecho, me parece más sorprendente que hayan mostrado un soldado de asalto afroamericano... sin casco. Si Lando Calrissian sigue vivo, el personaje de John Boyega se confirmaría como el negro con el segundo mejor puesto de trabajo de toda la galaxia.

En fin, aprovechando el despertamiento de la Fuerza y que estamos en Navidad, que es la época del año en la que se dilapida más dinero en juguetes, hoy voy a hablar de cinco muñecos de Star Wars elegidos al tuntún y sin ningún orden en particular. En concreto, hablaré de muñecos de Kenner. Todos los habéis visto. Son del tamaño de un G.I. Joe, tienen la movilidad de un Playmobil y normalmente vienen con uno o dos accesorios, ya sea un bláster o una vibro-hacha de esas que sirven tanto para cortar cabezas, como para limarte los callos de los pinreles. Aunque la calidad de los muñecos de Kenner es cuestionable, su variedad pone a los coleccionistas los pelos como escarpias. Casi cualquier personaje de las películas, series, cómics, libros o videojuegos tiene su propia figura de acción, incluso aquel tipo con cara de yak que aparece tres segundos en el esquife de Jabba en El retorno del Jedi.

8 de diciembre de 2014

La Befana, la bruja de la Navidad

Continuando el repaso de tradiciones navideñas foráneas que comencé con el tió de Nadal, hoy hablaré de la Befana. Todos conocéis a Papá Noel, y dentro de un par de semanas incluso aprenderemos algo sobre sus orígenes cristianos (El Tipo de la Brocha, intentando crear expectativas infructuosamente desde 2011); pero, ¿qué sabéis de la vieja Befana? No os suena, ¿verdad? Y, sin embargo, en muchos pueblos italianos, quien baja por la chimenea para llenar de regalos los calcetines de los niños no es un gordinflón barbudo y risueño vestido de rojo, sino una anciana inmortal y demente que, por un acto de egoísmo, se condenó a sí misma a vagar en busca de Jesucristo en cada víspera de la Epifanía.

Os aseguro que si yo fuera un alegre bambino y viviera convencido de que una vieja fea y enjuta, con aspecto de bruja, encorvada por el peso de los años y vestida con sucios andrajos, vendrá volando en una escoba desde las frías y brumosas montañas, para colarse en mi casa en la oscuridad de la noche y merodear por el salón pensando en si he sido bueno o malo, os aseguro que la noche del 5 de enero la pasaría escondido bajo las sábanas.

4 de diciembre de 2014

El calendario de Adviento

El calendario de Adviento es la excusa que utilizan los individuos de baja continencia gastronómica para comer una chocolatina diaria durante casi un mes sin sentirse horriblemente culpables. Véase un servidor.

Para los cristianos auténticos (no los de pitiminí que se desmayan al ver un poco de sangre, sino los que tienen una colección de flagelos en el armario), el Adviento (del latín adventus, que significa "venida" o "advenimiento") es el tiempo de preparación para la Navidad. ¿Preparación? Pues sí, preparación. Y por mi parte puedo deciros que después de visitar suficientes páginas web cristianas como para que me rechinen los dientes, he llegado a la conclusión de que para celebrar el aniversario del nacimiento de Jesucristo tienes que entrenarte en plan Rocky Balboa; pero no en el gimnasio ni en las calles de Filadelfia, sino en tu fuero interno, emocional y espiritual. Esto significa que mientras te reconcilies contigo mismo y con tu fe, puedes seguir poniéndote ciego a turrón, mazapanes, polvorones y peladillas.

El Adviento dura cuatro semanas y comienza cuatro domingos antes del día de Navidad, que reciben el nombre de Domingos de Adviento, porque la originalidad no es un requisito en las tradiciones religiosas. Este año, por tanto, el Adviento comenzó el 30 de noviembre. Eso sí, no he visto un solo calendario de Adviento que comience un día que no sea el 1 de diciembre. Es lo que tiene la secularización. Eso y que es una palabra hexasílaba y difícil de pronunciar si tienes la lengua de trapo.