28 de julio de 2014

El Puño de la Estrella del Norte (1986)

¿Por dónde empezar a hablar del primer OVA de El Puño de la Estrella del Norte? Si Toei Animation fue capaz de resumir 15 volúmenes de los 25 que tiene el manga en menos de dos horas, la película tiene que ser buena por fuerza, ¿no? ¿NO?

Está bien, quizá la palabra "buena" sea muy optimista; pero si os gusta la obra de Buronson y Tetsuo Hara, esta cinta es fiel a su tónica habitual de hostias como panes y donantes de órganos espontáneos. En este sentido, cumple las expectativas.

Además, la animación está a mil años luz de la serie de televisión y la banda sonora tiene temas musicales bastante apañadetes, como el Heart of Madness de Kodomo Band que suena antes de la confrontación final.

Por otro lado, las historias bien escritas, con diálogos sustanciales y un desarrollo interesante de la trama, están sobrevaloradas. Ahora lo que se lleva es la fórmula de mucho ruido y pocas nueces. Y a mediados de los ochenta sucedía tres cuartos de lo mismo.

21 de julio de 2014

DC Universe vs. Masters of the Universe


En los cómics, el concepto de crossover atrae a los aficionados como la luz a las polillas, y en ambos casos corre uno el peligro de quemarse y acabar así: (@_@), on en el peor de los casos, así: X_X. Este cruce publicado en 2013 entre los superhéroes del Universo DC y los Masters del Universo es uno de los cómics más anodinos, absurdos, gratuitos y decepcionantes que he leído en mi vida. Y he leído cada bodrio que es para replantearse si me mataría a mí mismo en caso de retroceder en el tiempo.

En una serie limitada de seis números, lo mínimo que exijo es consistencia en el desarrollo y en el equipo creativo. Esta es una historia que debería estar más que definida desde la primera hasta la última viñeta y, sin embargo, va dando tumbos. En algunos números, la trama apenas avanza, y en otros, todo sucede muy rápido. Y es que no hay más que ver el número de diferentes autores que han pasado por sus páginas para descubrir la falta absoluta de planificación y dedicación al proyecto. ¿Cómo puede ser que la miniserie cambie de guionista a partir del tercer número, recupere a medio fuelle al guionista original en el último número, y que en total participen tres dibujantes distintos, cada uno con su propio estilo? Es la crónica de un desastre anunciado.

El resultado es tan malo que no sólo es imposible que la editorial consiga que los seguidores del Universo DC compren los cómics de los Masters y viceversa, sino que lo más probable es que logre que ninguno quiera leer ninguna de las dos colecciones nunca más.

Para colmo de males, aunque por su propia naturaleza esta miniserie debería haber estado fuera de la continuidad de la colección principal, el guionista Keith Giffen, artífice en gran parte del renacimiento de los Masters en las viñetas, opta por resolver aquí varios de los puntos que quedaron pendientes al final de la miniserie de lanzamiento. No se me ocurre peor lugar para atar cabos que en medio de un cómic cuyo leitmotiv es el fanservice.

Hecho este aviso a navegantes, empecemos a recapitular.

14 de julio de 2014

Pizzalada: el último invento de Telepizza


No tengo claro si escribir sobre productos "alimenticios" cuyo paso por el escenario de nuestra vida es tan fugaz como la niñez misma atraerá muchas o pocas visitas al blog. Pero mi intención no es cosechar éxito ni acrecentar mi popularidad, sino dejar constancia de la locura de los hombres. Y locura es la palabra que mejor define el nuevo plato de Telepizza: la Pizzalada.

Pizzalada, sí. No le deis más vueltas, es justo lo que pensáis: un crossover mutante de una pizza y una ensalada. ¿Recordáis a Brundlemosca? A los ojos de Dios, esto es más sacrílego.

Pero dejémonos por un momento de bromas fáciles, que para eso ya está Twitter, y no perdamos de vista lo importante. Este verano Telepizza quería sorprendernos y que hablásemos de su Pizzalada, y lo ha conseguido. La calidad del plato es lo de menos. Nadie aspiraba a que Telepizza figurase en la Guía Michelin. Sólo había que llamar la atención.

Y ahora, dejad vuestros prejuicios en la puerta y acompañadme en este viaje de descubrimiento gastronómico basuril.

7 de julio de 2014

Wolfenstein 3D

Desde mediados del siglo XX, el hombre ha sentido el impulso irreprimible de matar nazis. No se trata de un impulso atávico, sino de la respuesta del hombre civilizado al mal definitivo. A él responden películas bélicas como El desafío de las águilas y las dos mejores películas de la trilogía original de Indiana Jones. La demonización de los miembros del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei nos ha conducido a la creencia de que matar nazis no sólo es bueno, sino incluso divertido. Pisar flores en el parque está mucho peor visto que acribillar krauts.

A finales de 1991, la compañía id Software decidió aprovecharse de ese sentimiento de ojeriza universal para desarrollar en torno a él un mata-mata en primera persona ambientando en la Segunda Guerra Mundial. Wolfenstein 3D (o WOLF3D, para los que os cansasteis de teclear este comando en MS-DOS) tuvo un éxito apabullante, hasta el punto de popularizar y sentar las bases de los FPS que le sucedieron, un género prácticamente inexistente hasta entonces y del que, de la noche a mañana, empezaron a salir videojuegos como setas.

En este sentido, podría decirse que Wolfenstein 3D es el abuelo de los FPS. El pobre Maze War sería el bisabuelo, pero su familia lo ingresó en un asilo y ya nadie se acuerda de él.