31 de octubre de 2017

Lucha Ficción: El Bosque Tenebroso

Los librojuegos de Fighting Fantasy (Lucha Ficción en España) nacieron a comienzos de la década de los ochenta de la mano de dos señores ingleses, Steve Jackson e Ian Livingstone, que, a pesar de no tener dificultar en encontrar amigos con los que pasar la tarde jugando a Dungeons & Dragons mientras comían patatas fritas y bebían refrescos de cola, diseñaron una versión triste y desaborida del clásico de Gary Gygax para adolescentes marginados aficionados a la literatura fantástica. ¡Bien!

La colección, que suma la impresionante cifra de cincuenta y nueve tomos, empezó a publicarse en 1982, y cosechó un éxito notable gracias a su peculiar narrativa, su sencillo sistema de juego y, sobre todo, a que en aquella época los videojuegos de rol eran una castaña pilonga y no había alternativas mejores.

A día de hoy, sin embargo, estos libros están casi tan olvidados como las casetes de Philips, y aunque el género no está muerto, parece complicado que vuelva a gozar de la buena salud que tenía entonces. Es comprensible que sea así, porque los librojuegos en general, y los librojuegos de fantasía en particular, suponen un montón de trabajo poco gratificante para chavales que consideran la PlayStation 2 una videoconsola de tiempos remotos. En este mundo digital e interconectado, utilizar dados, papel y lápiz para jugar a un juego de rol es como cocinar encendiendo tu propio fuego con piedras y palos.

Para que los más jóvenes entendáis mejor en qué consistían estos libros y podáis presumir de conocimientos inútiles ante vuestros amigos de la red social de moda, os haré el dudoso honor de guiaros en una partida al azar del tercer volumen de la colección, que es además el primero que se desarrolla en un mundo abierto en lugar de en una mazmorra mohosa que apesta a orines y comida tailandesa. Su título, The Forest of Doom, traducido en España como El bosque tenebroso. Lo de "tenebroso" me permite colaros esta entrada como escuálido especial de Halloween.

9 de septiembre de 2017

13 razones por las que 'Death Note' de Netflix es mejor que el resto de 'Death Notes'

Hace un par de semanas, Netflix estrenó la adaptación norteamericana del manga más popular de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata: Bakuman, que trata sobre dos chicos que sueñan con ser mangakas, una chica que quiere ser actriz de doblaje y promesas absurdas a las que nadie encuentra sentido.

O quizá la película sea una adaptación de su otro manga más conocido, Death Note, que trata sobre un estudiante de instituto que se encuentra con un cuaderno de notas con el poder de matar a aquel cuyo nombre se escriba en él (presumiblemente sin faltas de ortografía, lo cual descarta que el estudiante español medio pueda utilizarlo de forma efectiva y, en consecuencia, cualquier posible adaptación española).

La cinta la dirige Adam Wingard, el prometedor cineasta que hará realidad mi sueño húmedo de Godzilla vs. Kong dentro de tres años, y está protagonizada por dos pollos que me quieren sonar pero no caigo, y por la chica que hacía de Amelia en Dos buenos tipos, que es un peliculón. De hecho, os recomiendo que dejéis de leer esta entrada, paséis de todo lo relacionado con Death Note y veáis Dos buenos tipos. Esta es la única gran verdad que leeréis hoy aquí.

Como suele ocurrir con este tipo de adaptaciones, las reacciones del público ya fueron malas antes de que se estrenará la película (fans acérrimos vomitando bilis en las redes ante cualquier indicio de desviación de la obra original, debates fútiles sobre whitewashing, sacrificios humanos, perros y gatos cohabitando, ¡la histeria de las masas!) y las críticas posteriores han sido más devastadoras que un Cuaderno de la Muerte conectado a Facebook.

Aunque apenas he leído tres o cuatro reseñas que tuvieran más de 140 caracteres y explicasen por qué la película les parece poco afortunada juzgándola por sus propios méritos (algunas con mucho tino), creo que no me confundo si digo que la mayoría de los detractores se han centrado en vapulear la producción de Netflix por no ser fiel al manga y traicionar su espíritu.

Con independencia de que esas afirmaciones puedan ser ciertas, el enfoque de tales críticas les confiere en mi escala personal el valor aproximado de un pimiento, que, según he comprobado, vienen a ser unos cuarenta céntimos. Y no os confundáis. Nadie está libre de pecado. Yo también he escrito más de una reseña dejándome llevar por mi lado más fanboy y creyéndome en poder de la razón última. La buena noticia es que, con las canas, a uno se le acaba pasando la tontería. Más o menos.

Para los que me seguís en Twitter, no es un secreto que la adaptación de Netflix me ha gustado. Por eso, y a la vista de que apenas tiene partidarios, voy a enumerar trece razones por las que la más reciente película de Adam Wingard es mejor que el manga, el anime, la live action japonesa de 2006 y, quizá, las barritas de chocolate rellenas de caramelo.

SPOILER ALERT!

2 de septiembre de 2017

Juego de Tronos: El dragón y el lobo


Se acabó la temporada. Diría que se me ha pasado volando, pero mentiría. Resumir estos siete episodios ha sido como subir por una pendiente cada vez más pronunciada con un zapato roto y la botella de agua medio vacía. Y creo que me lesioné una rodilla en la sexta etapa.

Esto habría sido aun más difícil si no hubiera contado con vuestro apoyo, así que doy las gracias a todos los que habéis leído estas entradas y sumado al contador de visitas, y, muy especialmente, a los que habéis dejado algún comentario. Siempre me alegra recibir respuestas a estas chapas que os meto y vuestras apreciaciones e hipótesis son la guinda del pastel, sobre todo cuando me lleváis la contraria y demostráis lo tonto o poco perceptivo que soy.

También quiero aprovechar para aclarar una cosa sobre la que quizá yo mismo haya creado confusión por mi forma de contar las cosas: ¡he disfrutado un montón de esta temporada!

Me encantan la baja fantasía, la fantasía oscura, la fantasía heroica, la película Fantasía, cualquier postre que se llame fantasía de chocolate y casi todos los subgéneros en los que haya un trasfondo mágico/mitológico sacado de la manga y que no obedece a las leyes naturales. Y aunque Juego de Tronos empezó siendo una serie de politiqueos feudales que tocaba lo fantástico con timidez, en esta temporada se ha manifestado más que nunca como un claro exponente de ficción fantástica. Si a esto le unimos un reparto excelente y una producción de postín, ya tengo motivos de sobra para realizar una valoración positiva.

Eso no quita para que pueda reírme de todo, o criticar, como lo he hecho, las partes que están peor escritas o que tiene menos sentido. No creo que haya habido ideas malas, pero sí ideas mal ejecutadas y que un buen escritor no habría pasado por alto. También se han multiplicado los recursos dramáticos de la sutileza de "un relámpago ilumina al conde Drácula cuando aparece en lo alto de las escaleras". Hemos ganado en dinamismo, pero también en confusión e incertidumbre.

Aun así, la realidad es que la mayoría de espectadores se fijan poco en los defectos y tampoco les preocupan. Están encantados con la serie y me parece fenomenal que lo estén.

26 de agosto de 2017

Juego de Tronos: Más allá del Muro


¿Os ha pasado alguna vez que termináis de ver una película encantados, pero cuando, al cabo de un tiempo, la repasáis en vuestra cabeza con calma, empezáis a verle defectos que al principio pasasteis por alto?

Lo pregunto por preguntar, claro. No es que eso me haya pasado nunca con Juego de Tronos. Desde luego no con este episodio. No, señor. Que va. Para nada.

Pero me duele la cabeza, así que sed valientes y seguid adelante sin mí.