23 de julio de 2017

Juego de Tronos: Rocadragón


El lunes pasado se estrenó la séptima temporada de Juego de Tronos, la penúltima ya de la serie y, a falta de material original con el que ampliar la trama para seguir ordeñando esta lucrativa vaca, también la más corta hasta la fecha, con siete episodios en lugar de los diez habituales.

No puedo decir que no me alegre de este recorte. Siete episodios ya me parecen muchos teniendo en cuenta que solo he publicado cuatro entradas en lo que va de 2017. Podéis quejaros si queréis, incluso yo esperaba escribir alguna más. Pero antes preguntaos: ¿No está todavía la Tierra de una pieza? ¿Acaso han activado los morlocks su máquina del Juicio Final? No os diré gracias a quién seguís vivos, pero es la misma persona que antes dedicaba mucho tiempo a escribir estupideces en un blog.

El primer episodio, titulado Rocadragón (que rima con transición), no se distancia mucho de otros primeros episodios de temporada y, salvando un comienzo inusual y potente, se limita a preparar el tablero de juego y ponernos los dientes largos. Y es que HBO, a diferencia de John Hammond, sí repara en gastos.

7 de mayo de 2017

Xena: Perdonada

Hay un universo paralelo al nuestro, no muy distinto del que conocemos, formado por materia y energía, en el que escribo desde un búnker a veinte metros bajo tierra y han pasado menos de dos meses desde la última vez que publiqué una entrada en el blog.

Sin embargo, en ese universo más allá de esta dimensión, los Cheetos Pandilla saben a apio y unos invasores de Andrómeda, de piel verde, ojos negros y no más altos que Danny DeVito, han liquidado al ochenta por ciento de la humanidad con sus trípodes de guerra y obligado a los supervivientes a vestir monos grises y fabricar piezas de repuesto para androides-mayordomo.

Por lo tanto, preguntaos: ¿no es un universo sin los artículos del Tipo de la Brocha la mejor alternativa?

Bla, bla, bla, otro episodio de Xena: la Princesa Guerrera. ¿Preparados? ¿Listos? ¡Ya!

12 de marzo de 2017

Tygra: Hielo y fuego


En aquellos tiempos, cuando el cine de animación estaba en declive y las novelas de espada y brujería caían poco a poco en el olvido, hubo una época increíble en la que Ralph Bakshi, un cineasta que pensaba que la idea de que hombres adultos dibujasen mariposillas y florecillas mientras los aviones estadounidenses bombardeaban Vietnam era absurda, decidió que ya estaba frito de hacer dibujos animados para niños y se volcó en el cine de animación para adultos, utilizando técnicas poco convencionales como la rotoscopia para darles un aspecto único no apto para todos los gustos (podéis leer un magnífico artículo sobre esta peculiar técnica de animación en el blog de Miguel Roselló).

Su primer filme fue una adaptación del cómic Fritz el Gato (también conocida como El gato caliente), aunque, de entre sus películas, la más conocida es probablemente la primera adaptación cinematográfica de El señor de los anillos, que tuvo más o menos la misma acogida cuando se estrenó en 1978 que tendría el sida pocos años después. A mí me gusta Cool World porque soy un depravado con muy mal gusto.

A la vista del éxito de la película de Conan el bárbaro protagonizada por el entonces desconocido austríaco Arnold Schwarzenegger, Bakshi quiso probar suerte adaptando las clásicas novelas pulp de espada y brujería, así que buscó a uno de los artistas más renombrados del género para crear el aspecto visual de la película, el ilustrador Frank Frazetta. Nadie dibujaba mejor que él tiarrones garañones de piel aceitosa en taparrabos, mujeres voluptuosas semidesnudas y terribles bestias de tiempos remotos. Contratarlo para ilustrar el cartel de tu película de serie B era una garantía de que la cinta se alquilaría en videoclubes.

A principios de los ochenta, estas dos colosales fuerzas creativas se unieron para crear la historia, los personajes y el diseño artístico que sirvieron de base al guión que escribirían Gerry Conway y Roy Thomas, viejos conocidos de los lectores de los cómics del Conan de Marvel.

La película se tituló Tygra: Hielo y fuego (Fire and Ice), sobre la que os adelanto que es muy difícil buscar información en internet sin que te salgan cientos de resultados sobre la popular saga literaria de George R. R. Martin.

14 de febrero de 2017

Marmalade Boy: Amor en Hokkaido. Pero, ¿qué pasa con esos dos?

Pese a mi paulatina retirada de la desolada y postapocalíptica escena bloguera, he regresado para escribir la entrada más esperada de cada año. No sé qué narices veis en estas recapitulaciones de Marmalade Boy, pero vuestro interés en leerlas es patente y revela lo que solo puedo entender como un profundo odio hacia mi persona. El sentimiento sería mutuo si tuviese mejor juicio.

No recuerdo lo que pasó en el episodio anterior y releer mi último resumen me da pereza, así que no esperéis que detecte incongruencias ni errores de continuidad. Nunca he presumido de conocimientos de esta serie ni pretendo hacerlo. Preferiría presumir de una lesión traumática en la uretra.

Por suerte (es un decir), Miki está escribiendo en su diario y nos recuerda el cliffhanger en el que no hemos vuelto a pensar que nos ha mantenido en vilo desde el año pasado.

Lectora del blog esperando pacientemente la próxima entrada de Marmalade Boy.