20 de octubre de 2014

Transformers: Cratter Critters (las Chatarras Espaciales)

Mucho antes de que existieran las publicaciones en formato digital, antes incluso de que hubiera tiendas de cómics especializadas (o al menos de que yo las conociera), el único sitio donde encontraba tebeos de superhéroes era en los mismos quioscos donde compraba el Mortadelo. Y rara vez traían todos los números de una misma serie. Con Spider-Man no solía haber problema, siempre ha sido uno de los favoritos; pero, por poner un ejemplo, tenías que tener mucha suerte para poder seguir las aventuras de Luke Cage y Puño de Hierro. En resumen: era imposible hacer una colección como Dios manda.

Ahora, por suerte, hay recopilatorios muy buenos de muchos de los cómics que leí en aquella época (como la serie Marvel Gold de Panini) y eso me ha permitido dar cohesión, entre otras colecciones, a los pocos cómics sueltos que tenía de Los Vengadores. Pero en los años ochenta y a principios de los noventa, cuando comprabas un número con la historia hacia la mitad, tenías que confiar en que los autores o el editor hicieran un pequeño resumen en las primeras páginas a modo de flashback para enterarte de qué iba la cosa.

Yo no tenía muchos cómics de Transformers, aunque hubiera comprado más de haber sabido que era la única forma de leer historietas de Rom; pero los pocos que atesoraba en el baúl de los tebeos estaban más salteados que un plato de espinacas con piñones. Siempre pillaba el principio o el final de alguna historia, y nunca conseguía unir los puntos entre ellas.

En concreto, hubo dos números que releí mil veces y que incluían el comienzo de dos tramas espeluznantes y que me hubiera encantado saber cómo acababan. Hoy veremos una de ellas, porque algo tendré que reservarme para el Halloween del año que viene.

13 de octubre de 2014

Green Slime: Batalla más allá de las estrellas (1968)


He visto mucho cine de serie B. De ciencia ficción, de terror, y de espada y brujería principalmente. Nunca he calculado el número de películas de baja estofa que me habré tragado, pero son más de las que me hubiera gustado, porque no todo el cine de serie B es "tan malo que es bueno" y hay muchas cintas que no hay por dónde cogerlas.

Por suerte, este no es el caso de la película de la que hablaré hoy, Batalla más allá de las estrellas, una producción estadounidense de la Metro-Goldwyn-Mayer, dirigida por Kinji Fukasaku (¡el director de Battle Royale!) y rodada en los estudios de Toei, creadora de la mítica serie Super Sentai.

De hecho, esta es una película a la que le tengo especial cariño, porque fue la primera cinta de serie B que vi en la tele, o al menos que reconocí como tal al verla (Critters, en cambio, siempre me pareció una producción de categoría, así les va a mis estándares). Supongo que me fascinó lo pulp y cutre que era. Nunca antes había visto detrás de un póster tan espectacular una combinación semejante de mala interpretación, malos diálogos y malos efectos especiales. Sin embargo, y por encima de todo, es una película entretenida, como lo son las buenas novelas pulp. A su manera, incluso me recuerda a la serie original de Star Trek, aunque con disfraces de alienígena aún más fachosos y mayor desprecio por el sentido común.

Además, a diferencia de muchas de las producciones basura de la última década, no creo que esta sea una cinta intencionadamente mala, sólo muy barata.

9 de octubre de 2014

'Zombi d'Or: Ciudad de vacaciones', de Fernando Polanco

A mediados de agosto, cuando el sol achicharrante convertía el asfalto en una sartén, los pájaros daban la lata gorjeando a las siete de la mañana, y yo me tocaba las narices con una dedicación digna de encomio, me enteré de que Miguel Roselló (al que todos mis lectores deberíais conocer, porque escribe unos artículos tan sesudos como descacharrantes y además dibuja como el mismo Tartakovsky) había ilustrado la portada de una novela que estaba próxima a publicarse: Zombi d'Or: Ciudad de vacaciones, del vendedor de helados, guionista y novelista novel Fernando Polanco.

No soy un defensor de grandes causas, y si alguna vez he donado dinero a una campaña humanitaria, ha sido porque quería impresionar a una gachí. Pero si hay una actividad que siempre he apoyado es la literaria y artística. Al menos a pequeña escala. Si leísteis mi crítica de Angry Video Game Nerd: The Movie, sabréis que admiro a cualquier persona con la pasión y el valor suficientes para mandar al cuerno el mercado laboral convencional y dedicarse a esa cosa que no da de comer llamada arte. Ya es bastante difícil ganarse los garbanzos estudiando ADE, así que cualquiera que decida perseguir el sueño de ser autor es un chalado encomiable.

Por esa razón, y porque el señor Roselló dibujó la fantástica cabecera del blog, voy a reseñar el libro de Fernando.

6 de octubre de 2014

Batman & Drácula

Que Batman y Drácula cruzarán sus caminos era inevitable, una cuestión de tiempo, como el dúo musical de Tom Jones y Raphael. Es una idea que, antes o después, se te pasa por la cabeza.

Entre el Caballero Oscuro y los nosferatu hay demasiados puntos en común para pasarlos por alto. En primer lugar, Batman es un justiciero que trabaja en el turno de noche, y los vampiros no pueden ver la luz del sol ni en pintura porque los convierte en polvo (o al menos eso es lo que ocurre con los vampiros decentes que no se iluminan como un Gusiluz ni protagonizan novelas de ficción romántica para chicas adolescentes).

En segundo lugar, Batman escogió disfrazarse de murciélago para combatir el crimen (una idea mucho mejor que la que le sugirió la polilla a la que había ahuyentado a golpe de zapatilla un minuto antes de un murciélago pasase por delante de su ventana), y, tradicionalmente, los vampiros pueden transformarse en murciélagos.

En tercer lugar, Batman es el guardián de Gotham, la ciudad gótica, y desde que el estudio Hammer revivió los clásicos del cine de miedo, los vampiros se mueven a sus anchas en el terreno del terror gótico, aunque a veces se inclinen por el techno o la astracanada.

Estos y otros aspectos comunes (las grandes mansiones, la lista interminable de novias, la afición por la música de Prince...) deberían llevarnos a pensar que no es descabellado llevar a los vampiros a las historietas del autoproclamado mejor detective del mundo. De hecho, el primer cruce entre Batman y una de estas criaturas de la noche se remonta al mismo año de su creación, 1939, cuando Batman viajó hasta Hungría en el Batgiro para liquidar a un vampiro que tenía hipnotizada a su prometida. Nadie roba la novia al puñetero Batman.

Por eso, no es de extrañar que en 1991,el mismo año en que los estudios Universal celebran el 60º aniversario de la película Drácula de Bela Lugosi, DC publicase bajo el sello de Elseworlds (dedicada a historias no canónicas, como Superman: La guerra de los mundos) la novela gráfica Lluvia roja, en la que el Cruzado Enmascarado se enfrentaba al más famoso de los condes transilvanos. Y no, no me refiero a János Hunyadi, el Azote de los Turcos, sino a Drácula, el Príncipe de las Tinieblas.