30 de septiembre de 2018

'Skrodar', de S. T. Rando (o 'He publicado un libro y voy a darle publicidad')

El título de esta entrada es autodescriptivo, así que iré al grano: desde hoy mismo tenéis disponible en Amazon, en formato electrónico, el primer relato que he escrito.

Bien por mí.

Hacía mucho tiempo que quería escribir algo distinto, MUY distinto, de lo que suelo escribir en este blog, y sabía que si lo intentaba con una novela, la dejaría a medias. No soy uno de esos genios de la planificación, metódicos y disciplinados, que consiguen terminar su primer libro sin dejar de lado su trabajo. Apenas consigo compaginar mi trabajo con mi pasión por desperdiciar el tiempo.

Por lo tanto, decidí ponerme una meta más realista y escribir un relato breve al estilo de las historias pulp americanas o los bolsilibros españoles.

El resultado no me corresponde a mí juzgarlo.

4 de septiembre de 2018

El coche fantástico: El espectáculo de Sam


¿Recordáis los buenos viejos tiempos, cuando la gente todavía prefería leer una entrada de blog a un hilo de Twitter y yo escribía sobre El coche fantástico al menos una vez al año?  Sí, antes de que un servidor sucumbiese al embrujo de Marmalade Boy, la serie creada por Glen A. Larson para la NBC era mi compromiso anual inexcusable.

El problema es que hace ya mucho que comenté la mayoría de episodios memorables de la serie (el episodio piloto, el de Goliath, el de KARR...) y, cuando empecé a ver los episodios del montón y a escribir sobre ellos, el gran evento anual se convirtió en un trámite rutinario y mi pereza hacia la serie creció sin freno. Tanto es así que esa pereza acabó cobrando forma, como una condensación del aire, oscura y perversa; y el monstruo de la pereza siguió creciendo y creciendo hasta convertirse en una gigantesca aberración a la que hubo que matar con fuego y un lápiz muy afilado.

Para evitar que esto vuelva a repetirse, y como han pasado ya más de cuatro años desde la última vez que dediqué una entrada del blog a Michael Knight y su Pontiac TransAm parlante, hoy retomamos la serie donde la dejamos: en el quinto episodio de la primera temporada.

23 de julio de 2018

Las aventuras de Tintín: La estrella misteriosa


Mi padre es tintinófilo. No es ninguna enfermedad grave, aunque suene como una. Es algo mucho peor. Ser tintinófilo significa ser un apasionado de Tintín y de su mundo. Y no tiene tratamiento conocido.

En la práctica, esto supone que mi padre no solo tiene todos los tebeos de Tintín, muchos de ellos repetidos para compensar los daños padecidos por las primeras ediciones (de pequeño confundí Los cigarros del faraón con un libro de pinta y colorea), sino que, a lo largo de más de cincuenta años, ha ido acumulando todo tipo de productos asociados a la franquicia que aún hoy da de comer a los herederos de Hergé y otros titulares de derechos sobre las historietas: series y películas en distintos formatos, una vasta bibliografía sobre el autor y su obra, tantas figuras y maquetas como para que no haya una sola estantería en casa que se libre de ellas...

Por suerte, no es una enfermedad hereditaria, porque yo ya tengo mis propios vicios, incluida la serie más gay del mundo. Pero que esto no os confunda. Me gusta Tintín. Es más, me habré leído cada álbum un mínimo de veinte veces y no concibo mi infancia sin ver cada día los lomos de la colección en la estantería de mi habitación. Pero ahí acaba mi afición por el intrépido reportero de Le Petit Vingtième y empieza la de mi padre.

10 de junio de 2018

'Contacto sangriento' (1988)

En el mundo existen dos tipos de personas: aquellas a las que les gusta Claudio Coello y aquellas a las que les gusta Juan-Claudio Van Damme. El primero era un célebre pintor del barroco madrileño que se peinaba como Krusty el Payaso y sobre cuya extensa obra podéis leer en la página web del Museo del Prado hasta moriros de aburrimiento; y el segundo es un actor belga de cine de acción y experto en artes marciales, al que tan pronto perdemos de vista durante años, como nos sorprende con un papelón dramático en una cinta franco-belga luxemburguesa o resurge en una magnífica comedia en formato de serie de televisión.

Yo prefiero a Van Damme porque las pinturas religiosas al fresco no tienen nada que hacer frente a sus patadas voladoras y spagats épicos.

Pero remontémonos en el tiempo, hasta principios de la década de 1980.