3 de junio de 2019

'Ninja Gaiden', de NES ('Shadow Warriors')


Hay tres cosas que espero que siempre molen: los dinosaurios, los ninjas y los robots gigantes. Si algún día deja de ser así, habrá llegado el momento de mudarme a otro planeta.

Dicho esto, hoy voy a hablar de ninjas. y, concretamente, de un videojuego que lleva un ninja en el título. No sé cuál fue el primer videojuego en el que uno podía calzarse las sandalias de un ninja (quizá el Sasuke vs. Commander o el Sengoku Ninja Tai); pero sí sé cuál fue el primero al que jugué: el Ninja Gaiden de NES, conocido en Europa como Ninja Warriors y en su Japón natal como Ninja Ryūkenden (La leyenda del ninja de la Espada del Dragón).

Salvo que me falle mucho la memoria, diría que la primera vez que lo jugué fue en casa de un amigo cuando tenía algo menos de diez años. Al ver el dibujo de la caja, me quedé alucinado, y cogí el juego con unas ganas tremendas. Pero me cansé tanto de que los malos me tirarán por barrancos que nunca pasé de la fase 2-2.

Muchos, muchos años después, he vuelto a jugar al Ninja Gaiden en la NES Mini, reviviendo la frustración de mi infancia con un grado de madurez no necesariamente mayor.

Pero ya no soy el niño que era entonces. Esta vez perseveré, mejoré poco a poco mi ninjutsu y, con sudor y lágrimas..., llegué a la fase 6-2, tan cerca y a la vez tan lejos del final. En ese punto paré y detoné la videoconsola y el edificio en el que estaba con 250 kilos de dinamita. Luego utilicé un emulador para pasarme el juego con trucos.

No me arrepiento.

23 de mayo de 2019

Juego de Tronos: El Trono de Hierro


Si usáis Twitter y en vuestro TL suele hablarse de Juego de Tronos, imagino que coincidiréis conmigo en que la semana previa a la emisión del último capítulo fue una lata. Tras el aluvión de quejas contra el tercer episodio, el quinto se llevó la palma cuando un tal Dylan D. inició una petición en Change.org para rehacer la temporada 8 con guionistas más competentes. Más competentes, al parecer, que los responsables de adaptar a la televisión unas serie de libros tan compleja y empachosa que era difícil imaginar que el proyecto tuviera éxito. Más competentes, al parecer, que los escritores de episodios como Y ahora su guardia ha terminado, Las lluvias de CastamereLa Montaña y la Víbora, Casa Austera, La batalla de los bastardos y Vientos de invierno. Más competentes que el propio Dylan, que reconoce que no es escritor y no sabría cómo solucionar lo que tanto le molesta.

El problema no ha sido la falta de competencia de los guionistas. Partiendo de que una serie tan popular como esta nunca iba a contentar a todo el mundo, es obvio que Benioff y Weiss han cometido errores, algunos de ellos menores y otros de traca (no todas las series pueden ser perfectas como El coche fantástico). Pero aquí el auténtico enemigo han sido las prisas. Han querido dar carpetazo demasiado pronto a la serie, con un apresuramiento impropio de ella, y eso la ha perjudicado.

Por culpa de esas prisas, los episodios a veces nos han llevado de A a D sin pasar por B y C, pretendiendo que seamos nosotros quienes rellenemos los huecos sin darnos las herramientas adecuadas para hacerlo. Es como si en uno de esos pasatiempos en los que hay que unir los puntos para formar un dibujo, faltasen la mitad de los puntos; podrías completar el dibujo igualmente y este incluso se parecería a lo que pretendía ser, pero sería una versión imperfecta de lo que debería haber sido.

Curiosamente, y a diferencia de aquellos detractores que arremeten contra la serie porque no ha colmado sus expectativas, el propio promotor de la campaña de Change.org reconoce que lo que le fastidia no es lo que ha pasado en esta temporada, sino el cómo ha pasado. Y en ese aspecto estoy de acuerdo con él: la ejecución podría haber sido mucho mejor. La serie ha llegado a la línea de meta, pero lo ha hecho después de dar numerosos traspiés por el camino y con una pronunciada cojera.

Si el listón no hubiera estado tan alto, quizá más gente habría pasado por alto las deficiencias; pero la última vez que vi ese listón, estaba ya en la exosfera, camino del espacio exterior. Juego de Tronos se ha convertido en víctima de su propia excelencia.

Dicho esto, hacer causa de una pataleta me parece de una idiotez superlativa. Y que Dylan o cualquier otra persona piense que HBO le debe algo porque él ha seguido la serie "religiosamente desde la temporada 2" raya el delirio. Esa clase de mentalidad es la que da vida al lado más feo y tóxico del fandom.

En cualquier caso, no voy a darle más vueltas a este tema. Esta introducción ya es demasiado larga tal cual es.

16 de mayo de 2019

Juego de Tronos: Las campanas


Después de haber visto la locura roquera lisérgica que es Mandy y el perturbador remake de Suspiria en el mismo fin de semana, agradezco haber madrugado el lunes con un producto televisivo más convencional y de menor ambición técnica y estética; algo grandioso, que busca el espectáculo y la sorpresa inmediata, pero que no pretende dejar un poso artístico ni huella emocional. ALF era la serie que necesitaba.

Y después vi Juego de Tronos.

Las campanas ha sido un episodio divisorio; pero, si tuviera que posicionarme, estaría del lado de los buenos. La dirección es impecable, los actores lo dan todo, y el diseño de producción, la fotografía y los efectos especiales quitan el hipo. ¿Hay problemas de guion? Por supuesto. Pero con una producción de este escala no sé cómo puede alguien ver un episodio como este y no quedarse patitieso del gusto. Me parece complicado que series de fantasía como The WitcherEl Señor de los Anillos o Paquita Salas puedan alcanzar algún día este nivel.

Pero antes de empezar a hablar en detalle del quinto y penúltimo episodio de la temporada, y ahora que empiezo a vislumbrar cuál será el desenlace, voy a dedicar un instante a asumir que las predicciones más relevantes de mi necroporra son un despropósito.

Ya está. Ha sido denigrante.

9 de mayo de 2019

Juego de Tronos: Los últimos Stark


En general, soy un blando para criticar los peores aspectos de Juego de Tronos. Esto se debe a que he desarrollado la portentosa capacidad, casi inaudita en redes sociales, de apreciar lo positivo por encima de lo negativo. Si una serie consigue emocionarme episodio tras episodio, puedo perdonarle muchas cosas: fallos de racord, diálogos bochornosos, elipsis mal construidas, sacrificios rituales al Desconocido... Así me ahorro muchos disgustos y disfruto de mi ocio de forma saludable. Además, una cosa es reírse incluso de aquello que nos gusta, y otra muy distinta, hacer sangre sin el menor atisbo de ánimo humorístico, no sé muy bien con qué intención.

Dicho esto, el cuarto episodio me ha parecido el más flojo de lo que llevamos de esta corta temporada. Aunque en él vuelven con fuerza los conflictos interpersonales y las historias de intriga palaciega que eran la esencia de la serie en sus primeras temporadas, estos aspectos positivos no son suficientes para compensar las descalabrantes sandeces que se suceden a ritmo de infarto en este episodio.

¿Me sigue gustando? Claro que sí. Pero lo voy a poner a caer de un burro en lo que toca.