24 de noviembre de 2014

Series de TV de los 80 y 90... ¡de dinosaurios!


¿Por qué a los niños les fascinan los dinosaurios? Todos los críos, a cierta edad, pasan por una fase en la que se obsesionan con estos animales antediluvianos y consumen con devoción cualquier cosa que tenga que ver con ellos, ya sean películas, series de televisión, tebeos o deliciosas galletas de cereales. Algunos nunca llegan a salir de esa fase y mantienen su fascinación hasta la edad adulta. Ayer encargué esta camiseta.

Una respuesta sencilla a ese interrogante sería que los dinosaurios son lagartos grandes que podrían ventilarse a una persona de un bocado (algunos eran hervíboros, sí; pero si ese detalle traía sin cuidado a los productores de King Kong, imaginaos a un chavalín de cinco años). Sin embargo, esta respuesta, además de ser inexacta, se queda corta. Sin duda tiene que haber alguna otra razón que impulse a un niño a dar la tabarra a sus padres para que le lleven al museo de ciencias naturales a ver la reproducción de un esqueleto extraordinariamente viejo, o a pedirles que le compren un libro sobre dinosaurios aunque no le guste leer (uno con muchas ilustraciones, eso sí).

El hecho de que los dinosaurios se extinguieran nos ayuda a aproximarnos a la verdad. Los dinosaurios eran monstruos terribles que dejaron de existir hace millones de años, lo que significa que un niño puede fantasear y aprender todo lo que quiera sobre ellos sabiendo que, cuando se meta en la cama, no saldrá un Velociraptor de su armario para rajarle el vientre con su garra retráctil de 15 centímetros que corta como una cuchilla.

Aunque los dinosaurios nunca han dejado de ser populares y estoy convencido de que en la parrilla televisiva actual también hay series de dinosaurios que los niños de hoy recordarán con nostalgia dentro de veinte años, yo voy a centrarme en las series que conozco, las que emitían cuando sólo teníamos cuatro canales de televisión y las videoconsolas no se actualizaban durante horas cada vez que las encendías.

17 de noviembre de 2014

Los luchadores de 'Street Fighter II: The World Warrior'

Street Fighter II llegó a los salones recreativos en 1991 y fue un bombazo inesperado, conquistando a millones de jugadores en todo el mundo. En 1987, el primer Street Fighter había pasado sin pena ni gloria por los salones recreativos y nadie esperaba gran cosa de su secuela. Hasta ese momento, la serie estrella de Capcom era el robótico canijo Mega Man, que iba ya por su tercera parte, y los juegos de plataformas eran la apuesta más segura. Sin embargo, Street Fighter II asentó a la compañía en el podio de la industria del videojuego, estableció las pautas a seguir por el género y propició el boom de los juegos de lucha en 2D, que empezaron a brotar como setas.

En Street Fighter II, podíamos elegir entre ocho jugadores únicos, de nacionalidades diversas y con estilos de lucha y movimientos especiales diferentes, excepto Ryu y Ken, que eran un calco el uno del otro. Después de derrotar al resto de competidores, había que enfrentarse a cuatro jefes (los "Grandes Maestros", les llamaba el manual de Super Nintendo), a cada cual más complicado: Balrog, Vega, Sagat y, por último, M. Bison.

Los sprites eran más grandes y coloridos que los de cualquier otro arcade, y los escenarios eran variados entre sí y estaban repletos de detalles; además, cada uno tenía su propia melodía, que luego no había quien te quitase de la cabeza. La forma de jugar también era diferente. No bastaba con machacar botones hasta que se te pelasen los dedos para ganar, sino que había que dominar las técnicas de cada luchador. Antes de Street Fighter II, todo eran puñetazos y coces; con él se introdujeron las "magias", que eran una nueva y mejorada forma de convertir la cara del adversario en una masa irreconocible de pulpa sanguinolenta.

Hace algunos años, hablé de los cuatro jefazos del juego en este artículo. Hoy hablaré de los ocho luchadores que competían por el título de "World Warrior".

10 de noviembre de 2014

He-Man y los Masters del Universo: El Cometa Cósmico

A lo largo de los años, he invertido gran parte de mis ahorros en algo que no me genera rédito alguno: los Masters del Universo. Sólo con lo que he gastado en los últimos cuatro o cinco años en la nueva colección de cómics de DC y en los muñecos de la línea Masters of the Universe Classics podría haber pagado a dos mendigos para que luchasen a muerte entre ellos, o a una súper-modelo brasileña para que me cantase y bailase La danza de Xuxa. Claro que entonces no tendría una vitrina tan bien abastecida de juguetes figuras de acción articuladas para coleccionistas adultos.

El episodio que voy a recapitular hoy es el segundo de la serie de Filmation y, como gran freak que soy, aparte de en DVD, lo tengo también en VHS. Al final del artículo, encontraréis una fotografía que demuestra que realmente guardo este tipo de cosas. Podéis imaginaros mi casa como un enorme trastero custodiado por pelusas gigantes y una bolsa de basura que ha desarrollado su propio aparato digestivo.

3 de noviembre de 2014

Tortugas Ninja (2014)

He tenido el valor de ir al cine a ver la nueva película de las Tortugas Ninja. Sorprendentemente, no es una buena película. Perdón por el sarcasmo.

Dicho esto, es mejor película de lo que me esperaba. No es ofensiva para las minorías étnicas, no sentí que insultara mi inteligencia y, a diferencia de cualquier top model que haya trabajado para Michael Bay, no me sentía sucio al salir de la sala.

Es una película muy tonta, escasamente creativa, con lagunas argumentales que son la envidia del mar Caspio, villanos de opereta con motivaciones estúpidas, y chistes de pedos (bueno, un chiste de pedos). Pero también hay algunos aciertos e incluso una o dos escenas graciosas. ¡Y es entretenida! Por lo tanto, imagino que si tienes entre seis y diez años y no das mucha importancia a las mil y una diferencias que seguramente haya con la encarnación televisiva más reciente de las Tortugas, la película puede entusiasmarte como a mí me entusiasmó la de 1990.

También debo añadir que no es ni por asomo peor que la tetralogía de Transformers. No es que el director Jonathan Liebesman sea santo de mi devoción, pero al menos la intervención de Michael Bay se ha centrado en las labores de producción, lo que se nota a primera vista en el menor número de explosiones, la ausencia de banderas americanas y de militares caminando a cámara lenta, y la falta de objetivación sexual de Megan Fox. Pero es que la única razón por la que las cuatro partes de esta tetralogía cinematográfica se consideran películas es porque están grabadas con una cámara y se proyectan en el cine. Es como comparar una novela de Alejandro Dumas con unas instrucciones de frigorífico traducidas del taiwanés con el traductor de Google.

Pero me estoy yendo por las ramas. A continuación, repasaremos qué hay de bueno y de malo en este filme. Y como no quisiera estropearos los increíbles giros del guión, os advierto que habrá SPOILERS a punta pala.