17 de octubre de 2018

JoJo's Bizarre Adventure: Phantom Blood - Dio el invasor

Voy a aventurarme a decir que la mayoría de los que habéis oído hablar alguna vez de Jojo's Bizarre Adventure ha sido por los memes que plagan las cuentas de otakus y otros seres de intelectualidad superior en las redes sociales. Si es así, es bastante probable que tengáis poco claro de qué porras va esta serie. Es normal. Yo sigo haciéndome esa pregunta después de haberme leído dos sagas enteras del manga y más de la mitad de la tercera.

JoJo's Bizarre Adventure empezó a publicarse en la revista Weekly Shonen Jump a principios de 1987 y narra la historia de la familia Joestar a lo largo de varias generaciones en su cruzada contra el mal.

Los protagonistas cambian de una saga a otra, e incluso el tono de la obra y el estilo del autor —Hirohiko Araki, un señor mayor que se tiñe el pelo— evolucionan a medida que se acumulan las viñetas, por lo que no es fácil describir esta serie en apenas unos párrafos; pero las poses extravagantes y sus rompedoras tendencias de moda son la mayor constante de este producto de culto dirigido a auténticos machotes. Y por "auténticos machotes" me refiero a hombres pintorescos y sensibles de musculatura improbable, pecho depilado y ropas abigarradas y provocativas.

Gracias a su éxito dentro y fuera de las fronteras niponas, la colección sigue publicándose a día de hoy y cuenta con varias adaptaciones para la pequeña y gran pantalla. Durante las próximas semanas, nos centraremos en los primeros episodios de una de esas adaptaciones: el anime de 2002.

30 de septiembre de 2018

'Skrodar', de S. T. Rando (o 'He publicado un libro y voy a darle publicidad')

El título de esta entrada es autodescriptivo, así que iré al grano: desde hoy mismo tenéis disponible en Amazon, en formato electrónico, el primer relato que he escrito.

Bien por mí.

Hacía mucho tiempo que quería escribir algo distinto, MUY distinto, de lo que suelo escribir en este blog, y sabía que si lo intentaba con una novela, la dejaría a medias. No soy uno de esos genios de la planificación, metódicos y disciplinados, que consiguen terminar su primer libro sin dejar de lado su trabajo. Apenas consigo compaginar mi trabajo con mi pasión por desperdiciar el tiempo.

Por lo tanto, decidí ponerme una meta más realista y escribir un relato breve al estilo de las historias pulp americanas o los bolsilibros españoles.

El resultado no me corresponde a mí juzgarlo.

4 de septiembre de 2018

El coche fantástico: El espectáculo de Sam


¿Recordáis los buenos viejos tiempos, cuando la gente todavía prefería leer una entrada de blog a un hilo de Twitter y yo escribía sobre El coche fantástico al menos una vez al año?  Sí, antes de que un servidor sucumbiese al embrujo de Marmalade Boy, la serie creada por Glen A. Larson para la NBC era mi compromiso anual inexcusable.

El problema es que hace ya mucho que comenté la mayoría de episodios memorables de la serie (el episodio piloto, el de Goliath, el de KARR...) y, cuando empecé a ver los episodios del montón y a escribir sobre ellos, el gran evento anual se convirtió en un trámite rutinario y mi pereza hacia la serie creció sin freno. Tanto es así que esa pereza acabó cobrando forma, como una condensación del aire, oscura y perversa; y el monstruo de la pereza siguió creciendo y creciendo hasta convertirse en una gigantesca aberración a la que hubo que matar con fuego y un lápiz muy afilado.

Para evitar que esto vuelva a repetirse, y como han pasado ya más de cuatro años desde la última vez que dediqué una entrada del blog a Michael Knight y su Pontiac TransAm parlante, hoy retomamos la serie donde la dejamos: en el quinto episodio de la primera temporada.

23 de julio de 2018

Las aventuras de Tintín: La estrella misteriosa


Mi padre es tintinófilo. No es ninguna enfermedad grave, aunque suene como una. Es algo mucho peor. Ser tintinófilo significa ser un apasionado de Tintín y de su mundo. Y no tiene tratamiento conocido.

En la práctica, esto supone que mi padre no solo tiene todos los tebeos de Tintín, muchos de ellos repetidos para compensar los daños padecidos por las primeras ediciones (de pequeño confundí Los cigarros del faraón con un libro de pinta y colorea), sino que, a lo largo de más de cincuenta años, ha ido acumulando todo tipo de productos asociados a la franquicia que aún hoy da de comer a los herederos de Hergé y otros titulares de derechos sobre las historietas: series y películas en distintos formatos, una vasta bibliografía sobre el autor y su obra, tantas figuras y maquetas como para que no haya una sola estantería en casa que se libre de ellas...

Por suerte, no es una enfermedad hereditaria, porque yo ya tengo mis propios vicios, incluida la serie más gay del mundo. Pero que esto no os confunda. Me gusta Tintín. Es más, me habré leído cada álbum un mínimo de veinte veces y no concibo mi infancia sin ver cada día los lomos de la colección en la estantería de mi habitación. Pero ahí acaba mi afición por el intrépido reportero de Le Petit Vingtième y empieza la de mi padre.