1 de octubre de 2014

Especial de Halloween 2014


¡Octubre! El décimo mes del año y el más terrorífico de todos, sin contar el mes de vuelta de las vacaciones, o diciembre si queréis perder peso. Pero eso es lo de menos. Se acerca la noche de Halloween y empieza a notarse en el aire que los espíritus están inquietos. El señor Maldonado, meteorólogo del tiempo de Maricastaña, dice que tendremos un otoño "normal", con temperaturas y precipitaciones "dentro de la normalidad"; pero nosotros sabemos la verdad. Pronto, ¡muy pronto!, se romperán los cuatro sellos, y los seres del inframundo camparán a sus anchas por la Tierra y los muertos abandonarán sus tumbas para darse un garbeo hasta la tasca más cercana, que suele ser la del tanatorio.

¿Y cómo mantener a raya a las pútridas y aullantes hordas de demonios y no-muertos? Uniéndoos a ellos para celebrar la noche de brujas. Poneos los mismos disfraces cutres de cada año, destripad calabazas, bebed bebidas alcohólicas con sombrillita (si vuestra edad os lo permite), decorad vuestra casa con telarañas, y organizad una maratón de películas de terror.

Por mi parte, yo os garantizo que, durante todo este mes, las entradas del blog surgirán de las profundidades de una cripta húmeda y oscura y reptarán hasta vuestras pantallas como repulsivos seres vermiformes. Preparaos para sufrir el canguelo más locuelo. La información aquí recogida se facilita sin garantía de ningún tipo. El Tipo de la Brocha no se hace responsable del uso de la información incluida en el blog.

29 de septiembre de 2014

Ranking de cereales: lo mejor y lo peor del desayuno


El origen de los cereales para el desayuno tal y como los conocemos hoy día se remonta a finales del siglo XIX. Su descubridor era miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Si tenéis una vena atea o satánica y se os están empezando a quitar las ganas de comer cereales, debo deciros que dentro de lo que son las organizaciones religiosas, la Iglesia Adventista no es de las peores. Aún no sé por qué piensan que el sábado es el séptimo día de la semana, pero comparto su respeto por la naturaleza (sé muy bien lo que ocurre cuando descuidas el medioambiente; lo vi en el último episodio de Dinosaurios) y, sobre todo, admiro su optimismo; los adventistas llevan creyendo que la segunda venida de Jesucristo está cerca desde 1863. La esperanza es lo último que se pierde.

Pero me estoy yendo por las ramas. A finales del siglo XIX, el doctor John Harvey Kellogg (hmmm... ¿de qué me sonará este apellido?) trabajaba como superintendente en una clínica de Michigan en la que los pacientes ingresaban para... a ver cómo lo digo sin sonar soez... para dejar de autosatisfacerse. John Kellogg era un adventista convencido de que la masturbación era una enfermedad que se podía curar llevando una buena alimentación, y abogaba por una dieta rica en verduras y cereales. Esto le llevó a hacer lo que ninguna madre ni abuela te deja que hagas: jugar con la comida.

Un día, él y su hermano Will dejaron trigo cociéndose, y cuando por fin se acordaron de él y volvieron a comprobar su estado después de tratar otros asuntos más apremiantes, el trigo estaba de un rancio que ya no había quien se lo comiese. Pero como eran bastante cicateros, aplastaron el trigo con rodillos para estirar la masa, igual que de costumbre. El resultado fueron unas hojuelas endurecidas que les hicieron rascarse detrás de la oreja. Pero ni por esas se rindieron. Tostaron las hojuelas para disimular su espantoso aspecto y así nacieron los Corn Flakes de Kellogg's.

Pocos años después, Will pensó que podían hacerse de oro vendiendo su invención al hombre de la calle, pero que antes convendría añadirle azúcar para que supiera a algo. John le mandó a freír espárragos porque el azúcar era de todo menos sano. Will le contestó que allá él y fundó por su cuenta la Battle Creek Toasted Corn Flake Company, haciéndose de oro. Los hermanos nunca volvieron a hablarse.

Concluida la lección de historia, hoy hablaré de cinco cereales que me chiflan, y otros cinco que aborrezco. Mañana viajaré a Venus.

22 de septiembre de 2014

Advanced Dungeons & Dragons: Eye of the Beholder

Cuando hablé de Legend of Grimrock en marzo del año pasado, mencioné mi atracción fatal hacia los dungeon crawlers en primera persona. Desde entonces he jugado a unos cuantos juegos de este subgénero, buenos, no tan buenos y malos. Hay algo en ellos que me fascina. Hay cierto encanto en guiar a una piña de patrulleros con la capacidad estratégica de un hongo por un laberinto de galerías idénticas que provocan una sensación de claustrofobia galopante.

En aquel artículo también dije que una cosa es la teoría y otra la práctica, y aunque estos juegos me chiflan, se me dan bastante mal. Cuando uno carece de paciencia y sentido de la orientación, los dungeon crawlers en primera persona son una auténtica pesadilla, y yo intercambié ambas aptitudes por un paquete de chicles Boomer en el 88. Además, salvo honrosas excepciones como el Lands of Lore, son juegos que envejecen fatal y no me imagino a nadie jugándolos por voluntad propia salvo que tenga mucho tiempo libre y sea un nostálgico empedernido.

Siendo sinceros, lo mejor de estos videojuegos clásicos de PC son los recuerdos que tenemos de ellos. Incluso el tedioso proceso de instalación en MS-DOS, disquete a disquete, tenía su aquel, y aunque a veces ni siquiera conseguías arrancar el juego, era toda una experiencia.

Eye of the Beholder (El Ojo del Observador en español) es el dungeon crawler del que os hablaré hoy. A diferencia de otros títulos viejunos a los que he jugado, este pertenece a la serie de Dragones y Mazmorras y, por lo tanto, su sistema de combate se basa en las reglas de la segunda edición de este popular juego de rol de tablero, que no sólo ha inspirado videojuegos desde antes de que muchos de vosotros nacierais, sino también películas y series de dibujos animados de dudosa calidad y libros de indudable penosa calidad.

15 de septiembre de 2014

'Tortugas Ninja', la película (1990)


cowabunga. 

1. interj. Expresión introducida en los años cincuenta a modo de saludo por el jefe indio Thunderthud en el programa de televisión americano Howdy Doody, más tarde adoptada por los surfistas en la década de los sesenta para expresar satisfacción, y popularizada por los dibujos animados de las Tortugas Ninja a mediados de los ochenta. ¡Cowabunga, tío!