17 de noviembre de 2014

Los luchadores de 'Street Fighter II: The World Warrior'

Street Fighter II llegó a los salones recreativos en 1991 y fue un bombazo inesperado, conquistando a millones de jugadores en todo el mundo. En 1987, el primer Street Fighter había pasado sin pena ni gloria por los salones recreativos y nadie esperaba gran cosa de su secuela. Hasta ese momento, la serie estrella de Capcom era el robótico canijo Mega Man, que iba ya por su tercera parte, y los juegos de plataformas eran la apuesta más segura. Sin embargo, Street Fighter II asentó a la compañía en el podio de la industria del videojuego, estableció las pautas a seguir por el género y propició el boom de los juegos de lucha en 2D, que empezaron a brotar como setas.

En Street Fighter II, podíamos elegir entre ocho jugadores únicos, de nacionalidades diversas y con estilos de lucha y movimientos especiales diferentes, excepto Ryu y Ken, que eran un calco el uno del otro. Después de derrotar al resto de competidores, había que enfrentarse a cuatro jefes (los "Grandes Maestros", les llamaba el manual de Super Nintendo), a cada cual más complicado: Balrog, Vega, Sagat y, por último, M. Bison.

Los sprites eran más grandes y coloridos que los de cualquier otro arcade, y los escenarios eran variados entre sí y estaban repletos de detalles; además, cada uno tenía su propia melodía, que luego no había quien te quitase de la cabeza. La forma de jugar también era diferente. No bastaba con machacar botones hasta que se te pelasen los dedos para ganar, sino que había que dominar las técnicas de cada luchador. Antes de Street Fighter II, todo eran puñetazos y coces; con él se introdujeron las "magias", que eran una nueva y mejorada forma de convertir la cara del adversario en una masa irreconocible de pulpa sanguinolenta.

Hace algunos años, hablé de los cuatro jefazos del juego en este artículo. Hoy hablaré de los ocho luchadores que competían por el título de "World Warrior".

10 de noviembre de 2014

He-Man y los Masters del Universo: El Cometa Cósmico

A lo largo de los años, he invertido gran parte de mis ahorros en algo que no me genera rédito alguno: los Masters del Universo. Sólo con lo que he gastado en los últimos cuatro o cinco años en la nueva colección de cómics de DC y en los muñecos de la línea Masters of the Universe Classics podría haber pagado a dos mendigos para que luchasen a muerte entre ellos, o a una súper-modelo brasileña para que me cantase y bailase La danza de Xuxa. Claro que entonces no tendría una vitrina tan bien abastecida de juguetes figuras de acción articuladas para coleccionistas adultos.

El episodio que voy a recapitular hoy es el segundo de la serie de Filmation y, como gran freak que soy, aparte de en DVD, lo tengo también en VHS. Al final del artículo, encontraréis una fotografía que demuestra que realmente guardo este tipo de cosas. Podéis imaginaros mi casa como un enorme trastero custodiado por pelusas gigantes y una bolsa de basura que ha desarrollado su propio aparato digestivo.

3 de noviembre de 2014

Tortugas Ninja (2014)

He tenido el valor de ir al cine a ver la nueva película de las Tortugas Ninja. Sorprendentemente, no es una buena película. Perdón por el sarcasmo.

Dicho esto, es mejor película de lo que me esperaba. No es ofensiva para las minorías étnicas, no sentí que insultara mi inteligencia y, a diferencia de cualquier top model que haya trabajado para Michael Bay, no me sentía sucio al salir de la sala.

Es una película muy tonta, escasamente creativa, con lagunas argumentales que son la envidia del mar Caspio, villanos de opereta con motivaciones estúpidas, y chistes de pedos (bueno, un chiste de pedos). Pero también hay algunos aciertos e incluso una o dos escenas graciosas. ¡Y es entretenida! Por lo tanto, imagino que si tienes entre seis y diez años y no das mucha importancia a las mil y una diferencias que seguramente haya con la encarnación televisiva más reciente de las Tortugas, la película puede entusiasmarte como a mí me entusiasmó la de 1990.

También debo añadir que no es ni por asomo peor que la tetralogía de Transformers. No es que el director Jonathan Liebesman sea santo de mi devoción, pero al menos la intervención de Michael Bay se ha centrado en las labores de producción, lo que se nota a primera vista en el menor número de explosiones, la ausencia de banderas americanas y de militares caminando a cámara lenta, y la falta de objetivación sexual de Megan Fox. Pero es que la única razón por la que las cuatro partes de esta tetralogía cinematográfica se consideran películas es porque están grabadas con una cámara y se proyectan en el cine. Es como comparar una novela de Alejandro Dumas con unas instrucciones de frigorífico traducidas del taiwanés con el traductor de Google.

Pero me estoy yendo por las ramas. A continuación, repasaremos qué hay de bueno y de malo en este filme. Y como no quisiera estropearos los increíbles giros del guión, os advierto que habrá SPOILERS a punta pala.

30 de octubre de 2014

'Cementerio de animales', de Stephen King

Los que habéis seguido el blog desde su apertura quizá os hayáis dado cuenta de que, en cada especial de Halloween, he reseñado una de las novelas de terror de ese señor feo de Maine llamado Stephen King. Lo curioso es que yo mismo no me había dado cuenta de estarlo haciendo. Sí, así es. He comentado una novela distinta de Stephen King en cada especial de Halloween por pura casualidad. Cosas más raras se han visto (por ejemplo, los mensajes crípticos que aparecen escritos con sangre en el espejo de mi cuarto de baño cada mañana y que dicen cosas como "TE ESTOY OBSERVANDO" o "VAS A MORIR"; si tenéis alguna idea de que querrán decir, soy todo oídos).

Por lo tanto, cuando vi que este año no tenía nada preparado para continuar esa inconsciente tradición, me puse nervioso y corrí por toda la casa como pollo sin cabeza.

¿Os parece que estoy sacando el tema de quicio? ¡Las tradiciones nacen con una fuerza que afecta a generaciones que ni siquiera las ven nacer! ¡Uno no puede simplemente detener esa fuerza sin esperar alterar el equilibrio del universo aunque sólo sea un poquito!

Consciente del desastre cósmico que podía provocar, busqué en Amazon un libro que no costase más de 10 euros y fuese popular, porque una cosa es salvar el universo y otra despilfarrar el dinero para leer morralla. Sé que lo fácil hubiera sido comentar una novela que ya hubiese leído, pero si tiro de mi memoria, la única imagen que me viene a la cabeza cuando pienso por ejemplo en Carrie es la de un John Travolta melenudo con cara de pipiolo en la adaptación cinematográfica de Brian de Palma. Como comprenderéis, no puedo escribir una reseña con esa estampa siguiéndome a todas partes.

Finalmente, escogí Cementerio de animales porque se publicó en el año del primer vuelo del Challenger, del estreno de El retorno del Jedi, del lanzamiento de la NES en Japón, de la emisión del videoclip Thriller en la MTV, y de mi nacimiento, y también porque en la portada de su primera edición sale un gato endemoniado con los bigotes desastrados debajo de un cementerio con muchas lápidas apiñadas entre las que se alza una silueta oscura con un niño en brazos. Supuse que la novela trataría sobre mascotas muertas regresando del Más Allá para aterrorizar a sus dueños; felinos putrefactos afilándose las uñas en las cortinas de una abuelita entrañable, perros zombi con el costillar al aire dejando regalitos apestosos en el sofá y canarios silbando la marcha fúnebre. Por eso, me sorprendió encontrarme la triste historia de un padre incapaz de aceptar la muerte de sus seres queridos.