22 de mayo de 2016

Juego de Tronos: Perjuro

¿Qué tienen en común Las chicas de oro, Marmalade Boy y una campaña para que PepsiCo y Nintendo traigan de vuelta los tazos de Pokémon?

¿No lo sabéis? ¿Os rendís ya?

Pues que son tres cosas espantosas sobre las que algunos de mis seguidores de Twitter creen que puedo escribir una introducción para esta nueva recapitulación de Juego de Tronos. ¿Y sabéis qué? Que se equivocaban.

Pero lo importante es que todas esas líneas me han conducido hasta el tercio inferior del póster de esta temporada y, por lo tanto, ya puedo dar por resuelto el problema semanal.

En cualquier caso, si se os ocurre una forma menos ridícula de introducir estas recapitulaciones, decídmelo. Soy todo oídos.

16 de mayo de 2016

Juego de Tronos: A casa

"Pasado el sábado, cuando ya apuntaba el primer día de la semana, pues en aquellos tiempos las semanas empezaban en domingo y la gente odiaba los domingos en lugar de los lunes, María Sobaopasiego (más tarde conocida como María Magdalena) y la otra María (que prefería que no la llamasen así) fueron a ver el sepulcro donde habían enterrado a Jesús. Ambas mujeres estaban pasando una fase un tanto morbosa de sus vidas y se entretenían de aquella manera.

De pronto, se produjo un terremoto de 6,4 en la escala de Richter, pues un ángel del Señor había bajado del Cielo a fumarse un piti y había caído de culo. El ángel se acercó al sepulcro, removió la piedra de de dos toneladas que cerraba la entrada como quien aparta una cortinilla de cuentas, y se sentó sobre ella a fumar tranquilamente ante la mirada atónita de las dos mujeres. Resplandecía como un foco en un concierto de Vangelis y sus vestiduras eran blancas como la nieve, pues las había lavado a conciencia con Wipp Express.

Los soldados que guardaban el sepulcro, que hasta ese momento estaban convencidos de que tenían el trabajo más fácil del mundo y pensaban que esta noche a lo mejor incluso ligaban, se cagaron de miedo y les dio un patatús. Por desgracia para ellos, aún no existían las pastillas para los infartos de miocardio. Entonces el ángel dijo a las mujeres:

-Calma y tranquilidad. Ya sé que andáis buscando a Chus, que con su crucifixión inició una línea de merchandising cristiano. No está aquí, pero podéis dejarle un mensaje después de la señal. Piiiiii... Nah, es broma. Ha resucitado, ¿o es que pensabais que estaba marcándose un farol cuando dijo que volvería como Arnold Schwarzenegger en Terminator? Si no me creéis, mirad ahí dentro. ¡Eh!, dejad esa sábana guarrindonga donde está, que si la manoseáis, estropearéis la prueba del carbono catorce. ¿Convencidas? Pues largaos y contadle a sus discípulos que ha resucitado y que va a Galilea. Ale, fus, fus" (Mateo 28.1-4, versión revisada).

7 de mayo de 2016

Juego de Tronos: La Mujer Roja

Cinco años de Juego de Tronos, cinco temporadas de una de las series con más fandom de los últimos tiempos, y tres años de recapitulaciones en este blog. ¿Por qué solo tres? Porque esto es algo que fue surgiendo a medida que crecía mi adicción por la serie y no algo que planease para fastidiarme los fines de semana durante más de dos meses cada año. Pero podría ser peor. Podría estar haciendo lo mismo con Marmalade Boy.

Los fans de los libros, los que empezaron a leerlos antes de que se vendieran tazas y camisetas con los lemas de las Casas de Poniente, aún no pueden creerse que la serie haya adelantado, al menos en parte, a su saga literaria favorita. Lo que es peor, esta saga podría no terminar nunca, porque George R. R. Martin es un escritor lento, tan lento como el regreso de Daenerys a Poniente, y además su gran volumen corporal le hace proclive a palmar de un infarto cualquier día de estos cogiendo una lata de guisantes del estante de arriba en el supermercado. ¿Qué harán sus lectores ahora?, ¿esperarán a que Martin termine las novelas antes de continuar con la serie, lo que podría ocurrir en los próximo diez años, o seguirán viéndola a riesgo de destriparse la trama de los libros? ¿A alguien le importa?

Por su parte, Benioff y Weiss ya no cuentan con un referente literario que pasarse por el arco del triunfo para caldear los foros de internet con cada giro que no está en los libros, y aunque Martin ya les sopló los elementos clave de la historia, lo que veamos ahora será en buena medida de su cosecha. Como la tan apreciada trama de Dorne de la temporada pasada.

24 de abril de 2016

He-Man y los Masters del Universo: El Gran Símbolo de las Formas

Si os estáis preguntando qué necesidad hay de recapitular otro episodio de He-Man y los Masters del Universo, coged vuestros pomposos sombreros y vuestras levitas de paño fino, y largaos de aquí con viento fresco. Por el contrario, si os habéis emocionado al leer el título de la entrada, sed bienvenidos. Solo por eso ya me caéis bien. Nosotros, los aficionados de los Masters del Universo, tenemos que apoyarnos los unos a los otros, igual que harían los miembros de un grupo de alcohólicos anónimos, pero sin ningún tipo de reconocimiento social.

El episodio de hoy, el tercero de la primera temporada, no es tan delirante como otros que hemos comentado anteriormente, pero es que es difícil superar la historia de amor de dos cometas. Lo que sí os prometo es que igualmente estúpido y divertido.

Haciendo honor a la verdad, lo cierto es que el episodio comienza de forma bastante interesante para tratarse de una serie infantil de la década que nos trajo producciones tan espantosas como Denver, el último dinosaurio o Potato Head Kids. Incluso tiene una migaja de misterio e intriga.

Además, por primera vez y sin que sirva de precedente, el plan de Skeletor tiene sentido. Al menos al principio. El problema de Skeletor es que no puede poner freno a su creatividad cuando se trata de hacer el mal y acaba complicando innecesariamente sus planes con clones robot diabólicos y juegos de bondage. No le querríamos tanto si fuera de otra manera.

¿He mencionado ya que He-Man lanza un pulpo gigante por encima de una montaña?