14 de febrero de 2019

Marmalade Boy: Trabajo a media jornada. La guerra del amor se mide con las ventas


Creo que ya lo había admitido antes, pero disfruto escribiendo sobre Marmalade Boy. No vería un episodio de la serie cada año si no la siguiera para escribir sobre ella en la que probablemente sea la celebración más extraña de San Valentín, pero suele ser un magnífico material con el que llenar las páginas de este blog.

Sin embargo, el episodio que voy a comentar hoy es el más flojo de con el que me hemos topado en los últimos nueve años y me ha llevado a replantearme algunas de las decisiones vitales que he tomado en ese tiempo. Por ejemplo, ¿quiero seguir escribiendo sobre una serie romántica japonesa cuando tenga cuarenta años? ¿Es este el legado que quiero dejar para que la gente me recuerde cuando ya no esté aquí? ¿Qué dirá el Tribunal de Ancianos para la Defensa de Zarkon si se entera de a qué dediqué mi tiempo en la Tierra? Hace más de treinta años que este planeta debería pertenecer al Imper...

¡Marmalade Boy!

26 de enero de 2019

Supaidāman, el Spider-Man japonés

Han pasado cerca de 40 años desde que la serie de Spider-Man producida por Toei terminó de emitirse en televisión. Durante su emisión, desde mayo de 1978 hasta marzo de 1979, coincidió con la serie estadounidense sobre la que ya escribí hace algún tiempo, y ambas comparten lo que para mí representa el pilar esencial de las producciones de superhéroes de aquella época: el cutrerío desvergonzado.

Sin embargo, pese a que los presupuestos y medios con los que contaban americanos y japoneses no eran muy diferentes (según las fuentes más fiables que he consultado, ambas series se rodaron con las vueltas del pan), la producción de Toei supera con creces a la de la CBS en entretenimiento. Y esto se debe a lo absurda y extravagante que es.

Mientras que los estadounidenses decidieron dar a la serie del arácnido un enfoque de serie policíaca, el Spider-Man japonés ignora todos los elementos periféricos del más reconocible superhéroe de Marvel, abraza el género tokusatsu y se aferra a él como una garrapata ávida de acción y extravagancia.

Ya podéis olvidaros del origen clásico que visteis en los cómics de Stan Lee y Steve Dikto, de los amigos y supervillanos con los que el Trepamuros comparte aventuras y desventuras en los tebeos, y del universo tan inmenso en el que todos ellos conviven, porque la serie japonesa tiene mucho más en común con Bioman o los Power Rangers que con las historietas de Marvel.

Dicho esto, si la serie ha llegado a conocerse más allá de las fronteras de Japón, ha sido sobre todo como meme de internet y son pocos los que se han molestado en ver esta serie y disfrutarla como el glorioso disparate que es. Por eso, como me da lástima que el Spider-Man japonés haya quedado en poco más que una chiste desprovisto de contexto, quiero dedicarle esta entrada y dároslo a conocer recapitulando el primer episodio de la serie.

9 de enero de 2019

Dragon Quest III


¿Por qué, con todos los videojuegos buenos que salen cada año, todavía dedico mi tiempo a jugar y escribir artículos sobre videojuegos lo bastante viejos como para que se consideren hallazgos arqueológicos cuando los saco del cajón?

Y si solo lo hiciera con los típicos plataformas de 8 y 16 bits que se puede uno pasar en una o dos horas, ni tan mal; pero a veces me da por desempolvar un RPG espantosamente largo, y entonces siento que debería recapacitar sobre el uso de mi tiempo libre (o el rumbo de mi vida, en general).

Que haya escogido precisamente la tercera entrega de Dragon Quest para esta entrada es más absurdo si cabe, ya que este juego ni siquiera llegó a Europa. Es cierto que sentía curiosidad por conocer el título que llevó al gobierno japonés a prohibir el lanzamiento de las futuras secuelas de la saga en días lectivos para evitar que los chavales hicieran novillos en masa, pero lo más cercano a un recuerdo que tengo de Dragon Quest es haber visto en la tele Las aventuras de Fly.

Me gustaba mucho esa serie. Tendrá que bastar.

26 de diciembre de 2018

Heroine's Quest: The Herald of Ragnarok

Hoy voy a abrigarme mucho (ha refrescado la temperatura en la estación 31) y hablaros de un videojuego que pertenece a un género híbrido que hasta ahora nunca me había terminado de llamar la atención y que, probablemente debido a su escasa popularidad, cuenta con muy pocos títulos en el mercado, la mayoría ni siquiera buenos.

Me refiero a ese género bastardo que es la aventura gráfica-RPG, en el que, aparte de estrujarnos las meninges para resolver puzles, también tenemos que realizar acciones más propias de un Dungeons & Dragons, como elegir la profesión del protagonista de turno (bárbaro, hechicero, ladrón, cuarentón en paro adicto a los Cheetos...) y entrenarle para que sus habilidades mejoren y así podamos avanzar en la historia y derrotar a los malhechores, monstruos y vendedores de castañas que se interpongan en nuestro camino.

El arquetipo de este tipo de videojuegos es el Quest for Glory de Sierra, que debería haberse titulado HeroQuest si el nombre no hubiera estado ya pillado por el único juego de rol de tablero al que he aprendido a jugar.

Heroine's Quest: The Herald of Ragnarok también pertenece a ese género. Su desarrolladora, Crystal Shard, es un grupo multinacional dedicado a la creación de videojuegos retro, y si lo de multinacional os ha sonado a grande, eso es porque no os he dicho que la razón por la que se autodenominan grupo multinacional es porque la empresa no tiene sede y está formada por freaks de varios países que trabajan desde su casa sin cobrar un duro. A pesar de ello, este juego es tanto o más profesional que el mejor de los Quest for Glory de Sierra, y de videojuegos viejos sé un rato.