6 de marzo de 2011

Blueberry: Las primeras guerras indias

Hace unos meses, mi hermano y yo le regalamos a mi padre por su cumpleaños los números 50 y 51 de Blueberry, un cómic francés ambientando en el lejano Oeste, creado por el ya fallecido guionista Jean-Michel Charlier y el dibujante Jean Giraud.

Y, por favor, no penséis que somos unos agarrados y que solo le compramos un cómic cada uno. Faltaba más. También le regalamos un ambientador para el coche.

El caso es que en el momento de comprar los cómics, pensé "Por las barbas de Carlomagno, a ver cuándo me leo los Blueberry". Y excepto por lo de las barbas de Carlomagno, tenía sentido. Con lo que me gustan los cómics y para uno que normalmente no tengo que pagar yo, tendría que ser imbécil para no aprovecharme y leerlo gratis.

Pero a lo tonto, a lo tonto... llevaba con esa misma historia más de veinte años. De vez en cuando sacaba algún Blueberry de la estantería, lo hojeaba, me leía algunos bocadillos al azar y luego volvía a dejarlo en su sitio. Hasta que un día di con este artículo de Paco Fox sobre Las aventuras de Blake y Mortimer; colección que, casualmente, también hace mi padre. En ese instante, me dije "¡De hoy no pasa! ¡Mañana mismo empiezo a leerme Blueberry!".

Un mes más tarde, aún no había abierto ni un solo número. Parecía que tuviera alergia a las historietas francesas de vaqueros. Por supuesto, esto sonaba estúpido incluso para mí, así que me armé de coraje y, por fin, me llevé a casa cinco números de la colección bajo el brazo: del 16 al 18 y el 22, el llamado ciclo de Las primeras guerras indias. No, no elegí los tomos al azar. De hecho, seguí el orden de lectura indicado por la editorial Grijalbo-Dargaud en las contraportadas. Alguien debería volver a ver Barrio Sésamo.



Este ciclo argumental de Las primeras guerras indias está formado por cinco títulos: Fort Navajo (1965), Tormenta en el Oeste (1966), Águila Solitaria (1967), El jinete perdido (1968) y La pista de los navajos (1969).

Me apostaría mi último calzoncillo limpio a que os habéis saltado esas últimas líneas. "Puf, un párrafo con nombres y fechas. Se parece a una clase historia. Mejor me lo salto". No os culpo, porque yo hago lo mismo; pero me gustaría llamaros la atención sobre los años de las ediciones, porque fue precisamente en la segunda mitad de los sesenta cuando el western americano cedió terreno al spaghetti western, con Sergio Leone y su trilogía del dólar a la cabeza. Esto sin duda influyó en la ambientación y en las historias de Charlier y Giraud, que tocan todos los palos que ofrece el lejano Oeste y no solo las clásicas historias de diligencias e indios a lo John Ford.


En el primer número se nos presenta al teniente Blueberry, un canalla encantador, físicamente inspirado en el actor francés Jean-Paul Belmondo, que no puede mirar a otro lado cuando se comete una injusticia. Valiente e ingenioso, inclinado a usar la cabeza antes que los puños, Blueberry también tiene algunos vicios y defectos, que lo definen tanto como sus virtudes: "bebedor, jugador, fullero, indisciplinado, camorrista, protestón, insolente...", o eso dicen los informes de sus superiores.

Por supuesto, no se puede uno creer todo lo que pone en un papel. Aún recuerdo la nota de un profesor de la universidad que decía que yo tenía "pensamiento propio", cuando es evidente que la televisión y los videojuegos me han lavado el cerebro. ¿O fueron las hormigas gigantes del espacio exterior? No me acuerdo.

Del pasado de Blueberry sabemos que participó en la Guerra de Secesión, alistándose en el ejército sudista antes de cambiarse de bando porque "desde el principio detestaba la esclavitud de los negros", y que sus padres eran ricos plantadores que le repudiaron y desheredaron.

Al principio del cómic, el teniente Craig, un novato recién salido de West Point, metódico y honesto, pero demasiado vehemente para su propia seguridad, coincide en un saloon con Blueberry, y después de un inocente malentendido, se dan cuenta de que a ambos les han destinado a Fort Navajo. En el caso de Blueberry, la alternativa era ser expulsado del ejército por no pegar un palo al agua.

A lo largo de este número, entre ambos hombres se establecerá una relación de camaradería sana, varonil y, por dejarlo claro, perfectamente heterosexual. (Aunque Craig tiene bigote, antes de que llegara Freddy Mercury, los hombres podían dejarse crecer todo el mostacho que quisieran sin que su virilidad fuera puesta en entredicho.)


De camino a Fort Navajo, Craig y Blueberry descubren un rancho aparentemente arrasado por los apaches. Todo quisque está muerto y el hijo de la familia ha sido secuestrado.

Los prejuicios del mayor Bascom hacia los "pieles rojas" conducen a la matanza injustificada de una partida apache y, a raíz de ello, a la rebelión de los indios. A partir de ese momento, se iniciará una carrera repleta de tiros, persecuciones, tretas, peleas y tocino desaparecido, para descubrir al verdadero culpable y conseguir que los apaches entierren el hacha de guerra.


Uno de los aciertos de estos primeros números de la colección es que dejan muy claro que de gilipollas está el mundo lleno. Así, si del lado de los yankis teníamos al mayor Bascom, racista, cruel e irascible; del lado de los apaches está Quanah "Águila Solitaria", un guerrero sádico y traicionero que quiere evitar la paz a toda costa para satisfacer su ambición personal.

Otros personajes relevantes en este ciclo son Crowe "Casaca Azul", un soldado mestizo despreciado por su ascendencia india, pero que persigue la paz para ambos pueblos; Jimmy McClure, un viejo borrachín, buscador de oro, que jura por mil millones de mofetas y sirve de contrapunto cómico a Blueberry (mi favorito, por razones obvias); y el capitán Finlay, un sudista afincado en México que es prácticamente un calco del actor Richard Harris en Mayor Dundee y que colaborará con Blueberry pese al rencor que guarda a los unionistas.

Por último, mencionar también la presencia casi anecdótica de la joven Muriel Dickson, que representa una suerte de interés romántico para Blueberry y Craig, aunque tan difuso que no aporta nada. Me viene a la cabeza aquel comentario de Sergio Leone de que en los westerns le sobraban las mujeres.


De todos modos, no quiero destriparos estos cómics, sino picaros la curiosidad, así que solo me queda añadir que me siento profundamente estúpido por no haberlos disfrutado cuando era un chaval en lugar de perder el tiempo leyéndome por septuagésima vez El Quinto Centenario de Mortadelo y Filemón.

7 comentarios

  1. Todo un clásico tebeístico. Junto con Comanche, el mejor western que ha dado el tebeo. Échale un vistazo a las sagas "El oro de la sierra" y "El tesoro de los confederados + Primer complot contra Grant".

    Haces un gran trabajo, Tipo de la brocha. Saludos!!

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  2. Si te gustan los dibujos de Giraud (aka, Moebius), quizá te interese saber que se encargó del arte conceptual de películas como Alien, Tron o Los Masters del Universo.

    ¡Sigue así, Brocha!

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  3. Yo me he leído recientemente uno de los últimos números que han salido y hay que ver lo que ha cambiado el dibujo de Blueberry en estos cuarenta años, y a mejor!!

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  4. Hmmm... nunca he sido muy fan del comic europeo, pero he oído hablar mucho de Blueberry. Le echaré un ojo, a ver qué tal.

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  5. @Critical+: Voy poco a poco. Comanche no lo conozco. Investigaré a ver qué tal es.

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  6. Uuuuh... Sólo 5 comentarios y 1 es tuyo. Caída en picado, tío.

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  7. Por desgracia mi devoción a Fanhunter hizo que no le tuviera mucho aprecio al cómic europeo.

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