20 de octubre de 2014

Transformers: Cratter Critters (las Chatarras Espaciales)

Mucho antes de que existieran las publicaciones en formato digital, antes incluso de que hubiera tiendas de cómics especializadas (o al menos de que yo las conociera), el único sitio donde encontraba tebeos de superhéroes era en los mismos quioscos donde compraba el Mortadelo. Y rara vez traían todos los números de una misma serie. Con Spider-Man no solía haber problema, siempre ha sido uno de los favoritos; pero, por poner un ejemplo, tenías que tener mucha suerte para poder seguir las aventuras de Luke Cage y Puño de Hierro. En resumen: era imposible hacer una colección como Dios manda.

Ahora, por suerte, hay recopilatorios muy buenos de muchos de los cómics que leí en aquella época (como la serie Marvel Gold de Panini) y eso me ha permitido dar cohesión, entre otras colecciones, a los pocos cómics sueltos que tenía de Los Vengadores. Pero en los años ochenta y a principios de los noventa, cuando comprabas un número con la historia hacia la mitad, tenías que confiar en que los autores o el editor hicieran un pequeño resumen en las primeras páginas a modo de flashback para enterarte de qué iba la cosa.

Yo no tenía muchos cómics de Transformers, aunque hubiera comprado más de haber sabido que era la única forma de leer historietas de Rom; pero los pocos que atesoraba en el baúl de los tebeos estaban más salteados que un plato de espinacas con piñones. Siempre pillaba el principio o el final de alguna historia, y nunca conseguía unir los puntos entre ellas.

En concreto, hubo dos números que releí mil veces y que incluían el comienzo de dos tramas espeluznantes y que me hubiera encantado saber cómo acababan. Hoy veremos una de ellas, porque algo tendré que reservarme para el Halloween del año que viene.

La historieta, que se corresponde con el número 29 de la edición americana y el 25 de Cómics Forum, comienza con un prólogo que no desentonaría en una película de ciencia ficción de terror de los años cincuenta: mostrándonos la aparente caída de un meteorito en el norte de Arizona, una zona conocida por su clima desértico, sus durísimas leyes antiinmigración y su gastronomía de sabores mexicanos, con sus tacos, burritos, enchiladas y todos esos platos que tanto me gustan y tan fuertes ondas peristálticas me provocan. Allí también se han rodado obras cumbres del western estadounidense como La diligencia y películas de baja estofa como El Rey Escorpión. ¿Hoy? Hoy es el escenario de una catástrofe espacial que podría suponer... ¡el fin de los Transformers!

Un robot verde muy maltrecho, con el chasis hecho polvo y los cables y engranajes al descubierto, emerge del cráter provocado por el impacto suplicando "ayuda". Asistencia, amigo, los robots piden asistencia. Sea como fuere, el pobre robot de hojalata está para el desguace, y si no se os encoge el estómago al verlo, buscad imágenes de víctimas de pirañas en Google y dadles un vistazo. Esa es la sensación que os provocaría ver a este robot mutilado si fuerais un Transformer y no vulgares bistecs con patas.

A pesar de sus esfuerzos, el robot no consigue escapar porque "algo" que no llegamos a ver, pero que seguro que es terrorífico, lo arrastra de vuelta al agujero. Antes de desaparecer de nuestra vista, una misteriosa tuerca de color rosa chicle se desprende de él. Dun-dun-dun... La trama se complica.

¿Chiclón tal vez?

Más tarde, no muy lejos de allí, Blaster y Goldbug, en sus respectivas formas de radiocasete ochentero y Volkwagen Escarabajo, se acercan a la salida de un restaurante de lujo. Para ser precisos, es Goldbug el que se acerca con Blaster sobre su salpicadero, porque un radiocasete sólo es un medio adecuado de transporte si escuchas a los Jefferson Airplane estando hasta arriba de LSD.

Nuestros dos amigos se separaron de los Autobots en el número anterior, poco después de que Grimlock se convirtiera en el mandamás al morir Optimus, que decidió suicidarse tras perder una partida al Space Invaders. El propio Blaster había estado a favor de nombrar a Grimlock jefe de los Autobots cuando los Dinobots consiguieron dar una patada a Trypticon en su brillante culo metálico, pero después de verle probarse coronas como una reinona y de soportar sus malos prontos, decidió pirarse y trabajar como freelance. Goldbug le acompaña porque Grimlock le da canguelo y nunca ha tenido suficiente personalidad, ni siquiera cuando respondía al nombre de Bumblebee, antes de que los G.I. Joe le volaran en pedazos y se sometiera a un cambio de look con ayuda de Jeannie Mai.

G.I. Joe: A real american hero.

Blaster y Goldbug acuden al restaurante no para cenar a la luz de las velas, ni para traumatizar al aparcacoches haciéndole creer que el Volkswagen lo conduce un fantasma, sino para preguntar al magnate G. B. Blackrock, un viejo aliado de los Autobots, si sabe por dónde podrían andar los Decepticons.

No creo que unos robots gigantes que se dedican a asaltar plantas eléctricas y plataformas petrolíferas por rutina sean difíciles de localizar, pero hay que poner en marcha el argumento y los Autobots no leen el periódico. Podrían enterarse por la tele si lo único que vieran no fueran culebrones.

Como vimos en el episodio 51 de la serie de dibujos animados.

El conflicto surge cuando Blaster, un tanto gratuitamente, cuenta que tuvo que dejar morir a su compañero Scroung porque, en aquel momento, derrotar a los Deceps era más importante que salvar a su mejor amigo. Esto está un poco traído por los pelos, porque los Transformers no dejan de ser robots y lo cierto es que Blaster podría haberse llevado la cabeza de Scrounge bajo el brazo y haberla colocado en un cuerpo de robot nuevo. ¿Acaso no sobrevivió Optimus la tira de números cuando Shockwave se llevó su cabeza con intención de usar la Matriz de la Creación para crear un ejército de Decepticons? Pues eso.

No obstante, en defensa de Blaster, diré que Scrounge era el peor Autobot de la historia, hasta el punto de que ni siquiera tuvo su propio muñeco. Teniendo en cuenta que algunos de los Transformers de Hasbro eran auténticos cagarros, sacad vosotros mismos las conclusiones.

Seaspray, prototipo de cagarro.

Bumblebee no da crédito a que su socio fuera capaz de ver palmar a otro Autobot sin mover un dedo por ayudarlo, y a Blaster le sienta a cuerno quemado que duden de la decisión que tomó porque, como decía Sun Tzu, "la victoria es el objetivo máximo en la guerra". Claro que el tipo también decía que las operaciones de guerra requieren "mil carros veloces a cuatro caballos, mil vagones a cuatro caballos cubiertos en cuero, y cien mil hombres a cota de malla". Nunca he sabido que sacar en claro de El arte de la guerra.

Blackrock, que no tiene ganas de jaleo, les dice que el meteorito que acaba de caer emite señales de radio. La única conclusión posible es que se trata de una nave Decepticon comunicándose con Cybertron, así que los Autobots se ponen en marcha para investigar. Transform and roll out!

Blaster, creo que deberías ver a un psiquiatrabot.

En Cybertron, Ratbat se reúne en sus oficinas con Astrotrain, Blitzwing y Octane. Esta es la primera aparición de los Triple Changers en los cómics y, como su propio nombre indica, se distinguen del resto de Decepticons porque pueden adoptar tres formas distintas. Astrotrain, por ejemplo, puede transformarse en un trasbordador espacial y en una locomotora.

Nadie dijo que tuviera sentido.

¡Tres juguetes en uno por el precio de cuatro!

Ratbat ordena a los Triple Changers que recuperen un paquete que había enviado a la Tierra en un carguero "de bajo consumo energético" como parte de su "plan de economía de combustible terrícola".

Recordad que Ratbat es el Jefe Decepticon Auditor de Combustible, y no soporta a los derrochones. De hecho, cuando antes he dicho que los Dinobots derrotaron a Trypticon, en realidad lo que ocurrió fue que Ratbat ordenó a Trypticon que volviera a Cybertron porque había excedido el presupuesto de energía para la misión. No es un chiste.

¿Os puedo ofrecer café?

De vuelta a la Tierra, un grupo de científicos está a punto de bajar al cráter, pero en ese instante llegan los Triple Changers y les dicen que se larguen cagando leches si no quieren que este lugar se convierta en su tumba. Supongo que la amenaza era necesaria porque hay días en la vida de un científico en los que la presencia de tres malvados robots gigantes armados hasta los dientes podría no ser suficiente para echar a correr.

Junto al carguero escojorciado, los Triple Changers encuentran al pobre piloto, que les dice con voz balbuceante que se alejen. Sin embargo, como en Cybertron no ponen pelis de terror y los Decepticons desconocen las reglas básicas del género, Blitzwing le responde que, aunque esté hecho un guiñapo, no se va a ir de rositas y que tiene mucho que explicar. En ese momento, algunas tuercas y tornillos que estaban desperdigados por el suelo se mueven de repente y trepan por las piernas de los sorprendidos Decepticons. ¡El terror mecánico se desata!

¿A alguno le falta un tornillo?

Poco después, la Guardia Nacional acordona la zona a la espera de que llegue el ejército y se ocupe del marrón.

No es por menospreciar al ejército de los Estados Unidos, cuyos hombres arriesgan la vida cada día para que los países desarrollados puedan robar recursos a los países menos desarrollados, pero la última vez que los soldados americanos se enfrentaron a un Decepticon con todo lo que tenían, recibieron un petulante "¡Ja!" como única respuesta.

¿"Budda-budda"?

Un científico chino-americano que responde al nombre de Charlie Fong empieza a impacientarse. El hombre está convencido de que se halla ante el hallazgo del siglo y quiere ser él quien lo descubra para hacerse famoso. Teniendo en cuenta que en la Tierra caen cerca de 48 toneladas de meteoritos al día, no entiendo en qué clase de descubrimiento estará pensando; pero Blaster y Goldbug, recién llegados al lugar, aprovechan esta circunstancia para convencer a Fong de que les ayude a superar el cordón de la Guardia Nacional, ya que un coche sin conductor "levantaría sospechas". ¿Tú crees, Goldbug? ¿TÚ CREES?

Fong engaña a un teniente para que les deje atravesar el cordón convenciéndole de que Blaster en su forma de radiocasete es un micro-sismómetro que les permitirá detectar los movimientos de los Decepticons. Voy a suponer que el teniente no ha visto un sismómetro en su vida, o que es su último día de trabajo en la Guardia Nacional y se la sopla.

¿Es normal que suene Don't Get Me Wrong de los Pretenders en ese sismómetro?

Cuando los Autobots se acercan al cráter, la tuerca color chicle que se desprendió del piloto del carguero se transforma en un diminuto robot-termita con ojos saltones y dentadura esmaltada que no desentonaría sobre una estantería al lado de unos Z-Bots. ¡Y la criatura tiene hambre de robots!

Ahora por fin podemos deducir qué le sucedió al piloto del carguero y por qué se parece a un robot de juguete para coleccionistas adultos que hubiera caído en manos de un bebé con dientes de leche. ¡Los diminutos critters mecánicos se lo están comiendo vivo! ¿Se os ocurre una muerte más espantosa? Aparte de meterte un hurón en los pantalones, que se te cuele por el recto y te devore desde dentro, quiero decir. "Huroncete en el ojete" le llamaron en La Sexta.

Adorable.

Los Triple Changers se elevan sobre el cráter en su modo aéreo, y Blaster, que es de gatillo fácil, dispara contra ellos. No hay onomatopeyas en estas viñetas, porque el Autobot utiliza una pistola que sólo provoca interferencias en aparatos electrónicos. Es una guarrada, porque si te acierta, tienes que volver a sintonizar la radio.

Los Decepticons devuelven el fuego, ¡BLAM!, y sólo la oportuna intervención de Goldbug evita que Charlie Fong se abra el colodrillo cayendo hacia el cráter.

Aprovechando el descenso, el Autobot y el científico investigan el carguero Decepticon y encuentran al piloto escacharrado, que con sus últimas palabras les explica que al llegar al sistema solar salió a hacer unas reparaciones en el carguero y atravesó una nube que confundió con polvo espacial, pero que era otra cosa muy distinta. Distinta y mortal. "Me infectaron", dice. Y un par de viñetas después pierde la cabeza. Literalmente, quiero decir. Se separa de su tronco como una uva madura. ¡Pop!

Recordadme tal y como fui: un inútil montón de hojalata.

Las criaturas mecánicas revelan su verdadera forma y se abalanzan ávidas sobre Goldbug, que actúa con su brío habitual y utiliza una técnica de defensa Autobot consistente en quedarse parado mirando a su alrededor.

Por suerte, Fong, además de científico, es chino, y defiende al Autobot ejecutando sus movimientos secretos de kung-fu. Quizá medio kung-fu, porque sólo es medio chino.

Kárate a muerte en Arizona.

Mientras tanto, el combate entre Blaster y los Triple Changers se recrudece. ¡BAWOOON! ¡KBAM! ¡SPKOW! ¡BWAN! Jamás un radiocasete había peleado con tanta bizarría.

Los Decepticons pasan al modo terrestre e intentan atropellar a Blaster, pero éste recurre a un cliché hollywoodiense para salvar la situación, saltando por encima de ellos en el último momento y dejando que se precipiten al fondo del cráter. Por desgracia, el truco no le sale del todo bien, porque Blitzwing dispara su cañón mientras se despeña y el Autobot acaba desplomándose junto a sus enemigos.

Cuando Blaster trata de incorporarse, observa que algunas tuercas y tornillos se han incrustado en su mano, igual que me pasaba a mí cuando montaba los Lego. Astrotrain le dice que, al igual que ellos, ¡ha sido infectado por las Chatarras!

Aunque el nombre dé risa, Blaster sabe que está perdido porque las Chatarras son la enfermedad más mortal que existe para los seres mecánicos y no hay cura conocida. Octane le corrige: hace la tira de tiempo, cuando los Transformers aún funcionaban con OS/360, en Cybertron se descubrió un componente químico que mataba a las Chatarras. Pero el Decepticon duda que vivan lo suficiente como para redescubrirlo. Se reiría si no fuera porque pueden caérsele los dientes.

Al menos dos de vosotros necesitáis una manita de pintura.

A Blaster no parece preocuparle mucho su destino (tenía las horas contadas desde que Sony empezó a trabajar en el desarrollo del primer discman) y él es feliz si puede llevarse por delante a unos cuantos Decepticons antes de pasar a mejor vida. Con este último deseo en mente, se comunica por radio con Goldbug para que ataque a los Triple Changers a su señal.

Sin embargo, Fong convence a Goldbug de que lo que deberían hacer es poner los pies en polvorosa y buscar una cura para la Chatarra. Goldbug se transforma en Volkswagen y sale del agujero con su nuevo amigo, pero se detiene indeciso al pie del cráter cuando oye a Blaster cagarse en sus muelas mecánicas y jurar que irá a por él aunque tenga que pasar por encima de Grimlock.

Esto demuestra ser un error fatal, porque la primera Chatarra que vimos aprovecha la ocasión para engancharse al guardabarros de Goldbug, infectándolo. Fong intenta arrancar la tuerca, pero no lo consigue y la Chatarra se duplica. Yo hubiera quitado el guardabarros en lugar de tirar de la tuerca, porque un guardabarros nuevo no cuesta más de sesenta pavos, pero, oye, yo no soy científico.

Cuando la ciencia falla.

Sabiendo que ahora compiten contra el tiempo, Goldbug y Fong se alejan del lugar del impacto, abandonando a Blaster a su suerte. No hay casete que salve esto.

En la última viñeta del cómic, después de un largo recorrido por el desierto, la infección de Goldbug se ha propagado y al Autobot ya no le quedan fuerzas para rodar. Goldbug  le ruega a Fong que no le deje morir aquí, no cuando Blaster está en peligro y cree que le ha traicionado. Hay que ver lo melodramáticos que llegan a ponerse estos robots.

Algunos días desearía ser un Camaro.

Como decía al principio de esta entrada, no supe cómo acababa esta historieta hasta bien poquito. Por supuesto, sabía que alguien encontraría la cura, porque era el título del número siguiente; pero aun así resultaba duro ver a Goldbug en ese estado y no saber si el pequeño Autobot volvería a disfrutar de los grandes placeres de la vida, como pasar por un túnel de lavado o correr por la autovía con el depósito lleno.

Supongo, por tanto, que sería un fastidio no contaros cómo acaba esta historia, pero eso es precisamente lo que voy a hacer.

10 comentarios

  1. Nooooo! Cuanta crueldad! Ahora necesitamos conocer el destino del pobre Goldbug!

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  2. Jo, pues lo dejas en el mejor momento. Ademas, quería ver a Charlie Fong haciendo mas llaves de Kung Fu. Eres una persona muy mala Tipo de la Brocha.

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  3. Menudo debut para los Triple Changers, haciendo falta tres de ellos para someter al autobot con la transformación más inútil de todas y siendo devorados por termitas espaciales.

    Lo del consumo de energía en los Decepticons es algo bastante serio, hace poco leí que la razón por la que en la serie los Decepticons se retiraban de la batalla cuando todavía no habían empezado a perder era porque se les acababa antes la energía al tener un tamaño medio mayor que la mayoría de autobots y a su capacidad de vuelo. Esto se refleja más tarde en los cómics aparecerían Transformers de tamaño casi humano para ahorrar energía.

    Lo siento Tipo de la Brocha pero no puedo soportar que nadie se quede sin saber que pasa, aquí hay un link con la colección de cómics completa, acordaos de agredecer al que los ha subido:

    http://www.exvagos.com/showthread.php?t=278286

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  4. Me alegra ver que se recurran a los cómics de Transformers de vez en cuando para que recuerdes a éste humilde servidor que tuvo una infancia.

    Queridos amigos, yo tengo el cómic de la conclusión (de hecho tengo la colección entera, fue la primera que terminé cuando me puse a currar y a recorrer las tiendas especializadas) pero guardo el secreto profesional que de mi cargo se espera.

    Si refrendar lo que dice el señor Brocha y que los cómics se vendían en los quioscos y no solo en las tiendas especializadas. Además, lo bonito de esta colección es que un amiguete más fanático que yo y que se recorría los salones del cómic de España, (entre ellos el más veterano que es el de Barcelona), me comentó que Forum (editorial de Marvel en España) tenía una estadística de que Transformes era el tercer cómic que más se vendía en los quioscos tras Spiderman y Conan en los años 80.

    Muy buena la reseña, señor Brocha.

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  5. Juan Germán Socías Segura: Se salva, crea su propia línea de utilitarios, tiene un hijo en secreto con la hija del presidente de Wolkswagen y muere en un accidente de esquí.

    JoakinMar: Soy un hombre malo, muy malo.

    Anonimatus: Lo que querías decir es que la gente puede encontrar estos cómics a la venta en sitios web como Comixology. Y la editorial Planeta DeAgostini los está publicando en español .

    Doctor Müller: Conan fue una gran colección de aquella época, con unos escritores y artistas de tomo y lomo. Yo tenía algún número suelto y lo coleccionaba también con el Gente Menuda, pero no me empezó a gustar hasta mucho más tarde.

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  6. Sabes lo raro?que yo tengo el siguiente numero en formato físico XD,aunque de pequeño lo releyera muchas veces nunca me enteraba de la historia

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  7. Siempre me pregunte por que los tranformers en vez de convertirse en un tanque panzer preferían convertirse en un bonito Chevrolet Camaro

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  8. A mí me ocurrió algo parecido a ti. En mi caso, yo me hacía la serie de cómics, pero comencé en el número 27. Posteriormente sacaron recopilatorios de 5 en 5 con lo que pude conseguir hasta el 25. ¿Cuál faltaba?

    ¡¡El 26!!

    Tardé años en conseguir el número que me faltaba y descubrir que la cura era mvñangienñoae neaoge

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  9. También tengo este tebeo de cuando salió publicado. Aparte de darme mal rollo los cratter critters, siempre me quedé con las ganas de ver cómo acababa la historia. Igual cometo una locura y consigo el tebeo ilícitamente para saciar mi curiosidad.

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  10. Anda! Cómo Bumblebee acabó siendo Goldbug era uno de los grandes misterios que me quedaban.
    Gracias

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