6 de diciembre de 2015

'Star Wars: Luke Skywalker y las sombras de Mindor', de Matthew Stover


Guau, o sea guau. Disculpad esta muestra de indigencia léxica, pero no me digáis que esta no es una portada que vende libros. No voy a concretar el tipo de lector al que se los vende, porque está feo insultar a la gente por sus pobres selecciones literarias; pero se los vende. En primer plano, tenemos a Luke Skywalker, héroe de guerra y caballero Jedi, armado con su sable láser y la mirada intensa del hombre que sabe exactamente qué hacer o está reprimiendo gases, cargando contra un enemigo invisible; y tras él, en un aparente croma, una enorme nebulosa de fuego provocada por una explosión que debería haber mandado a nuestro héroe a donde Darth Vader perdió las piernas flanqueada por un escuadrón de Alas-X que abren fuego contra... ¿los cazas TIE que los persiguen?

Los libros de Star Wars suelen tener portadas que entran por el ojo, pero esta se lleva la palma. No se puede ser más pulp.

Vale, sí se puede.

Luke Skywalker y las sombras de Mindor es la última novela del Universo Expandido de Star Wars. La última y ultimísima, porque cuando Disney fagocitó vorazmente a LucasFilms a mediados de 2014, anunció que, con la llegada de una nueva trilogía de películas y toda una hornada de productos estelares adicionales, el Universo Expandido dejaría de ser canon y pasaría a conocerse como Star Wars: Las cosas que podrían haber pasado y quizá te gustaría que hubieran pasado, pero no. Luego abreviaron a Star Wars Legends.

Desde el punto de vista de Disney, la decisión era cabal y sensata, porque, una vez descartada la posibilidad de basar la nueva trilogía en las novelas ya existentes (¿qué fan no ha soñado alguna vez con una adaptación de los libros del almirante Thrawn?), nadie querría hacer una película constreñida por cientos y cientos de relatos diferentes que abarcan prácticamente cada día estándar desde que Luke, Han y Leia se agarraron una moña de escándalo celebrando con los ewoks la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte y la muerte del Emperador. Y creedme que nuestros héroes han llevado una vida muy estresante.

Esta noticia, sin embargo, cabreó a muchos seguidores de la saga galáctica, que al segundo de enterarse ya se estaban rasgando las vestiduras y tirándose de los pelos. ¿Cómo se le ocurría a Disney convertir unas historias ficticias en historias ficticias no oficiales? Semejante ultraje no podía quedar sin castigo. "Quejémonos en internet", se dijeron, "donde nuestras protestas llegarán a oídos de esos estúpidos ejecutivos que se encienden los puros con billetes de cien dólares".

En fin...

Boy-oh-boy!

Luke Skywalker y las sombras de Mindor se desarrolla solo seis meses después de la derrota del Imperio en la luna de Endor, lo que hace que su historia sea asequible para cualquiera que haya visto las películas, aunque no sepa un pimiento del Universo Expandido. No es como comprarse un libro de la Nueva Orden Jedi y no saber quién es quién ni por qué narices la galaxia entera está a merced de una pandilla de alienígenas sadomasoquistas con cara de vampiro.

Así, aunque la Alianza Rebelde ha proclamado la Nueva República y retirado todas las estatuas del Emperador de los lugares públicos, aún está muy lejos de haber llevado el orden y la paz a la galaxia, y los remanentes del Imperio siguen dando por saco. Ahora, eso sí, la holored ya no llama "rebeldes" a los buenos, sino héroes, y los imperiales se han convertido en simples terroristas. Así se escribe la historia.

Entre los remanentes imperiales, destaca por su capacidad de destrucción y descalabro un grupo de tropas de asalto de armadura negra (+5 de carisma) que se parte el espinazo trabajando a las órdenes del señor de la guerra Shadowspawn, un mal bicho que urde y maquina maldades desde su base estratégicamente ubicada en el planeta volcánico Mindor, allá por esos andurriales...

¿Y qué clase de héroes serían Luke, Han, Leia y compañía si permitiesen esta clase de insurgencia? Una patata de héroes, eso es lo que serían. Por lo tanto, la Nueva República pone al general Skywalker al mando de las tropas y moviliza rápidamente al Escuadrón Pícaro para acabar con los insurgentes imperiales mediante un ataque directo a Mindor.

Lo que ninguno sabe es que se dirigen a una trampa tendida por su artero y extravagante enemigo.

Me encanta su sombrero.

La novela, empezando por su magnífica portada, me recuerda a los bolsilibros de ciencia ficción que publicaba Bruguera hace treinta años, con la diferencia de que el texto aquí está mucho más cuidado que el de la típica novela de a duro, probablemente porque LucasBooks no funciona como una fábrica de churros y Bruguera sí lo hacía.

Sea o no voluntariamente, el caso es que Matthew Stower utiliza muchos de los recursos característicos de los relatos pulp, hasta el punto de que casi parece que hubiera seguido a pies juntillas la fórmula de Lester Dent. Los héroes se enfrentan a un reto imposible tras otro, el villano es tan peligroso como teatral, hay giros sorprendentes, los cliffhangers están al orden del día... Y todo ello con la intención de que al lector le cueste dejar de pasar páginas.

¿Lo consigue? Eeeeh... dejemos esa pregunta para más adelante y hablemos de los aspectos positivos.

Optimismo.

La historia está contada en plan flashback, de modo que el prólogo del libro tiene lugar después de que nuestros héroes hayan derrotado al villano de la semana.

"Corcho, pues para eso no sigo leyendo, ¿no?", os preguntaréis.

No, hombre, no. El recurso de convertir la historia en un flashback, que en principio le restaría emoción a la novela, no es realmente un problema, porque cualquier lector con un poco de cabeza debería imaginarse de antemano que no van a cargarse a Luke, Han o Leia en una novela. De hecho, existe una regla de oro para todos los autores que trabajan en el Universo Expandido y es que ninguno de los protagonistas de las películas puede morir. La única excepción se hizo con Chewbacca en Vector Prime y no veáis la que liaron los fans.

Así las cosas, al comienzo del libro Luke Skywalker contrata a Lorz Geptun, un investigador privado al que no le gustan los Jedi y al que le trae sin cuidado quién gobierne la galaxia con tal de que a él le dejen trabajar a su bola, para que instruya un caso por crímenes de guerra cometidos en Mindor.

"¿Sobre quién? ¿Quién es el criminal de guerra al que desea encausar?", pregunta Lorz Geptun.

"Creía que era evidente", le contesta Luke. "Soy yo".

Y ahora es cuando el lector necesita averiguar por qué Luke cree que es un criminal de guerra.


Stover, que ya había trabajado con los personajes de las precuelas en Punto de ruptura y en la novelización de La venganza de los Sith, clava aquí a los protagonistas de la trilogía original, captando perfectamente su personalidad y sus peculiaridades.

Cuando lees un capítulo narrado desde el punto de vista de Luke, Han o incluso de R2-D2, eres capaz de reconocerlos por su forma de pensar y actuar, y cuando les "oyes" hablar en tu cabeza, también suenan como en la películas.

Además, para cualquier fan de la trilogía original es un placer volver a ver a estos héroes de vuelta a sus orígenes, antes de que cientos de novelas y cómics los convirtieran en personas distintas, más maduras, con arrugas, hijos, hipotecas...

¿El viejo reparto de Star Wars o el reparto viejo?

Lord Shadowspawn (o Blackhole o cómo se llame) tiene complejo de villano de opereta y le cuesta no retorcerse el bigote o quedarse dando explicaciones de sus planes a los buenos en lugar de despacharlos en el acto; pero, a diferencia de los villanos de la semana de otras novelas y cómics del Universo Expandido, Shadowspawn es un personaje complejo que planea sus movimientos sin ir a tontas y a locas, y, como lector, te da la impresión de que si sus planes llegasen a funcionar (que no, pero vamos a imaginar que sí), pondría en jaque a toda la galaxia.

El tipo además es un hipster de tomo y lomo, y considera que la Fuerza, con su Lado Luminoso y su Lado Oscuro, es demasiado mainstream para él. Shadowspawn cree en el poder de la Visión OscuraTM.

"El único poder real es el poder de destruir. La existencia es pasajera. La destrucción es eterna"

Y por eso se lo quiere cargar todo, para que solo quede la Oscuridad con "O" mayúscula.

También es un malo con historia, ya que su primera aparición en el Universo Expandido se remonta a las tiras cómicas de Gambler's World, publicadas en periódicos estadounidenses y canadienses en 1979.

Blackhole y Vader pariendo el bacalao en unas viñetas de Gambler's World.

Otro punto a favor de la novela, y que la distingue de otras de la saga, es que juega con el impacto que tienen las hazañas de las grandes figuras de la Alianza Rebelde en la cultura popular, especialmente en la HoloRed (una mezcla de televisión e internet).

Tras la muerte de Darth Vader y el Emperador, Luke, Han y Leia se vuelven famosos de la noche a la mañana, se convierten en los héroes de la Nueva República, y sus aventuras se llevan a incontables holothrillers y holodramas "ligeramente" dramatizadas: Luke Skywalker y los dragones de Tatooine, Han Solo y los piratas de Kessel, Han Solo en la guarida de las babosas espaciales... Esto a Luke no le gusta un pelo, porque son historias que "tratan del chico que todo el mundo quiere que sea", y no del hombre que realmente es.

El planteamiento, por novedoso en la saga, me parece interesante, aunque luego da menos juego del que me esperaba.

El verdadero Luke Skywalker es comediante y trabaja con Fozzie el Oso.

Dicho esto, si ahora añadiera que la novela me ha encantado y le diera cinco Alas-X sobre cinco, os estaría mintiendo a la cara. Y yo no haría eso... excepto si tuviera un contrato firmado por Editorial Planeta comprometiéndose a pagarme al menos veinte pavos por escribir una reseña favorable (me vendo barato porque tengo que ahorrar para comprarme los cómics de Elric de Melniboné de Roy Thomas y Michael T. Gilbert).

La novela no es especialmente larga. Tiene unas cuatrocientas páginas y el tamaño de fuente es del que puede leer mi padre sin ponerse las gafas. ¿A dónde voy con esto? A que si me hubiera entusiasmado lo que estaba leyendo, el libro no me habría durado ni dos semanas. En cambio, tardé algo más de un par de meses en leérmelo, y en medio hubo una pausa de un mes y pico que dediqué a leerme Festín de cuervos y Danza de dragones.

Así es, la primera mitad de este libro captaba tan poco mi interés que lo dejé aparcado para leerme dos tochos de un millón de páginas cada uno. Luego seguí leyendo y vi que la segunda mitad era más entretenida, pero tampoco era para tirar cohetes.

No es buen momento.

El principal problema es que la historia no está bien estructurada y tiene muchos altibajos. Hay partes que son emocionantes y divertidas, con diálogos chisposos y secuencias de acción que recuerdan a los grandes momentos de la trilogía original, y otras que son un absoluto petardo.

Leer a Han Solo es una gozada, porque es un personaje al que entiendes perfectamente y con el que no cuesta empatizar, un granuja con un corazón de oro que se esfuerza por hacer lo correcto, pero que no deja que se la metan doblada.

Leer a Luke, por el contrario, es más sufrido, porque el chaval es caballero Jedi y le da mucho al coco, y cuando se pone en plan profundo (léase emo) no hay quien lo aguante. En particular, hay un capítulo hacia la mitad del libro en el que el cuerpo de Luke está en una especie de coma inducido y él va perdiendo la consciencia de sí mismo poco a poco que no hay quien lo soporte. Cito:

"Él era la piedra misma, descubrió: la matriz de piedra congelada y oscura que los atrapaba a todos. Él los atrapaba a ellos y ellos lo atrapaban a él, y ni uno ni otros podían liberarse. Estaban unidos por la misma estructura del universo".

Imaginaos cuatro páginas enteras del mismo palo. Demasiado new age para mi gusto.

Es en momentos como ese, cuando preferiría que la novela se pareciese más a esos holothrillers con títulos pintorescos de los que hablan los personajes y dejará de dar la brasa con manuales de autoayuda Jedi. La trilogía original era un serial televisivo llevado a la gran pantalla, una forma de revisitar y traer a los años setenta la emoción y el suspense de las viejas series de fantasía espacial como Flash Gordon y Buck Rogers. Llevar Star Wars más allá de eso traiciona sus orígenes.

A lo anterior debemos añadir que mi época de leer relatos de Star Wars con avidez, más preocupado por su cantidad que por su calidad, pasó hace casi veinte años. Ya he comentado alguna vez que en su día consumía estas novelas como quien consume cigarrillos, y tengo una balda combada en la estantería que lo demuestra. Pero cada cosa tiene su momento y ahora prefiero repartir mejor mi tiempo y leer historias en las que, a ser posible, no tenga que encontrarme frases como "la formación de Defensores se abrió como una esnekfruta demasiado madura" y fingir que las entiendo.

Si os gustan las películas de Star Wars, especialmente la trilogía original, y alguna vez os habéis planteado leer una de sus novelas, podéis empezar por esta. Pero yo no lo haría. En su lugar, compraría la trilogía de la Nueva República de Thimothy Zann.

7 comentarios

  1. No me puedo contener:

    "¿Con quién va Han al supermercado? ¡Con nadie, se va SOLO! ¡Waka waka!"

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  2. Lo de que Luke se acuse a si mismo de criminal de guerra me recuerda los miles de personas que mató al destruir la Estrella de la Muerte, una estación espacial de ese tamaño tendría personal de mantenimiento civil como ingenieros, cocineros, conserjes por no contar los prisioneros que había en los calabozos.

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  3. No se si has leído las novelas de Star Wars de Michael Stackpole.

    No las he leido y no se que tal serán, pero las que escribió para Battletech son brillantes.

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  4. No se si has leído las novelas de Star Wars de Michael Stackpole.

    No las he leido y no se que tal serán, pero las que escribió para Battletech son brillantes.

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  5. Tíooo pide 30 pavos por reseña y comprate también los Elric de Blondel, Poli y Recht

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  6. No pinta mal la novela. Para para el rato no esta mal pero ese fragmento de Luke reflexionando sobre lo peligroso que es para sus amigos me parece muy redundante.

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  7. Alguna vez comencé a coleccionar las fichas de Star Wars que publicó Planeta DeAgostini, pero, por alguna extraña razón que no recuerdo, lo dejé de hacer, así que siempre me quedó la comezón de intentar documentarme acerca de la historia. Si me la encuentro, le daré un tiento.

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