13 de diciembre de 2021

'El poder de los 80: He-Man y los Masters del Universo', de Kromic Bruck

El pasado 2 de diciembre se publicó El poder de los 80: He-Man y los Masters del Universo, un ensayo sobre los efectos del calentamiento global en la migración de las ballenas jorobadas.

El libro lo firma Adolfo Saro, más conocido en redes sociales como Kromic Bruck, un adulto aparentemente funcional con el que comparto la abyecta depravación de ser fan de los Masters del Universo. No lloréis por nosotros; tenemos la casa llena de muñecos, pero mucha vida interior.

No exagero si digo que Kromic es una de las caras más célebres de los Masters del Universo en España y en el mundo hispanohablante en general (y también en la villa de Yumai, China, donde, por alguna extraña razón, lo veneran en forma de estatua de palillos). Quizá estaría exagerando si dijera que le quedan bien las pelucas que utiliza en sus sketches, pero si hablamos de fans célebres de los Masters, Kromic se lleva la palma. Tiene tropecientos mil seguidores en Twitter, le invitan a centenares de podcasts y programas de prestigio, e incluso le dedicaron un reportaje de Madrid Directo, en el que el mundo entero (Madrid) pudo ver su apabullante colección de juguetes y no sentirse solo por sufrir el síndrome de Diógenes. ¿Y sabéis lo que le dijo la reportera al cámara mientras Kromic iba a por un vaso de agua? "Creo que no vamos a salir vivos de aquí".

Antes de continuar soltando chorradas, y para que nadie se lleve a engaño, me gustaría aclarar que esto no es un publirreportaje. Aunque aún me llegan propuestas de colaboración de agencias de publicidad que al parecer no se han enterado de que los blogs murieron en 2014, nunca he recibido compensación alguna por hablar de productos ajenos, ni siquiera de Telepizza, a pesar de que mis artículos sobre la Pizzalada y la Telepizza Nacho's dispararon las ventas de estos experimentos culinarios/armas biológicas. Puedo aseguraros, por tanto, que nadie me ha pagado para que escriba esta reseña. Es verdad que Kromic me ha dedicado el libro y me ha incluido en los agradecimientos calificándome de "faro de sapiencia", pero eso solo demuestra que se ha equivocado de persona.

Es más, por lo que sé de él, cuando lea esto lo hará buscando nervioso la primera frase en la que diga a las claras qué me ha parecido su libro para poder respirar tranquilo. ¡Ja! ¡Suerte con eso! Yo nunca voy al grano.

Pero, por otro lado, me gusta sorprender. Y este libro es cojonudo. Incluso después de que lo terminase, ha dormido a mi lado varias noches seguidas, en la mesilla, porque me gustaba verlo ahí cada mañana al despertarme y porque me falta espacio y no sabía dónde porras meterlo. Kromic, respira tranquilo, que necesitamos que nos dures al menos hasta escribir un libro sobre BraveStarr.

La Kromicueva, refugio espiritual del autor. Entrad libremente, por vuestra propia voluntad, y dejad parte de la felicidad que traéis.

En los últimos diez años, para deleite de los fans y expolio de sus carteras, se han publicado varios libros centrados en los Masters del Universo. En particular, desde que Dark Horse se convirtió en la licenciataria de Mattel, ha editado al menos cuatro volúmenes que considero indispensables para los seguidores de la marca: The Art of He-Man and the Masters of the UniverseHe-Man and She-Ra: A Complete Guide to the Classic Animated Adventures, He-Man and the Masters of the Universe: A Character Guide and World Compendium y The Toys of He-Man and the Masters of the Universe. Puede pareceros que comprar todos estos tomos es excesivo e innecesario, y tenéis razón; pero si vives con el miedo perpetuo de que tu estantería salga volando, utilizarlos como contrapeso da una seguridad increíble. En serio, son tan tochos que si los lees a diario levantándolos a pulso, se te ponen los brazos como los del He-Man salvaje. ¡Garantizado!

La cuestión es la siguiente: ¿Cuántos libros sobre los Masters del Universo son de cuño español y pueden, por tanto, ofrecer una perspectiva que tenga en cuenta cómo vivimos este gran fenómeno en España? Que yo sepa, dos: El poder de los 80 y El poder en tus manos. Si notáis un patrón en los títulos, son imaginaciones vuestras.

El segundo de esos libros no lo encontraréis en mi estantería, pero lo he ojeado unas cuantas veces en librerías y tiendas de cómics, planteándome si comprarlo o no. Y al final siempre he acabado dejándolo donde estaba. Bueno, no exactamente donde estaba, sino colocado sobre una precaria pila de libros montada a toda prisa para que el librero pensase que tenía un poltergeist. Me gusta pensar que hago la vida de la gente un poco más interesante con mi gamberrismo.

Esto mismo, pero con libros.

La razón por la que nunca he comprado un ejemplar de El poder en tus manos es porque me parecía generalista y ligero.

Por si no sabéis leer entre líneas, esa es mi manera educada de decir que es demasiado superficial.

No me malinterpretéis. El libro está bien para el fan casual, ya sea la persona que empieza a interesarse ahora por la franquicia o la que aún recuerda con cierto cariño los muñecos o la serie de Filmation pero no ha vuelto a tener contacto con los Masters desde que era un crío, quizá porque ha sabido pasar página y ahora se dedica a asuntos más serios, como las criptomonedas o los NFT. Este tipo de lector probablemente verá las fotos de los muñecos y pensará: "¡Anda, este lo tenía! ¡Y a este con pelo lo pringué de Blandi Blub y acabó en la basura! ¡Oh, y este es el castillo que utilizó mi padre para pasar cuatrocientos gramos de cocaína desde Colombia! Qué recuerdos". Y con eso tendrá suficiente y se quedará satisfecho.

Las instrucciones del Blandi Blub eran imprecisas... si no te las leías.

Pero, para bien o para mal, algunos no somos la clase de aficionado que pasa por ahí, ve unas cuantas fotos vistosas y da palmas con las orejas. En mi caso, llevo leyendo y escribiendo sobre los Masters del Universo tantos años que necesito que me presten dedos para contarlos y, contra mi mejor juicio, sigo coleccionando muñecos aunque ya no me quepan en casa (comparado con mis vitrinas, el Combatesaurus en hora punta va vacío). A mí que un libro de los Masters me despierte recuerdos me parece bien, pero se me queda corto. Prefiero un texto que pueda usar de referencia sin recurrir a cien fuentes distintas o que me aporte información nueva o, al menos, me redescubra lo que ya conozco desde una perspectiva diferente.

Por suerte, Kromic adora esta franquicia como el que más y sabe que hay forofos que no se van a contentar con menos de lo que se contentaría él, y ha procurado que su libro cumpla un doble propósito: lo puede leer cualquiera que quiera introducirse en el extraordinario mundo de los Masters del Universo y, a la vez es, lo bastante prolijo como para satisfacer al aficionado que busque una experiencia más enriquecedora.

Por eso, me siento cómodo afirmando que el libro ha estado a la altura de mis expectativas. Esto me quita un gran peso de encima, porque siempre cabía la posibilidad de que tuviera que correr un tupido velo sobre el tema y no volver a hablar nunca más de él.

¿Sabéis lo incómodo que sería tener que esquivar a Kromic cada vez que me preguntase si me gustó su libro? No podría vivir con esa tensión.

Aparte de salir corriendo, esta es la única estrategia de fuga que conozco.

El libro comienza con una dedicatoria que te engurruña la patata por partida doble, y después, tras el prólogo de rigor (escrito por "un popular actor español" que dudo que se declare fan de los Masters para impulsar su carrera), viene la introducción propiamente dicha, en la que Kromic nos cuenta lo que significaron y significan para él los Masters del Universo.

Esta introducción es breve, pero sentida, y despeja cualquier duda sobre el oportunismo de esta publicación. Este es un libro escrito desde el corazón y dirigido a "esos niños, hoy adultos" que una vez gritaron "¡Yo tengo el poder!".

Para oportunismo, no obstante, el de la editorial cuando le propuso a Kromic este proyecto. ¿Que los Masters del Universo son más populares ahora de lo que lo han sido en los últimos treinta años? Pues habrá que sacar un libro y ganar dinero, ¿no?

Estoy siendo mordaz, pero no me quejo. Gracias al buen ojo de Dolmen para elegir el tema y al autor, no solo tenemos este fabuloso libro, sino que se está vendiendo como churros. Y todo lo que ayude a que más gente se interese por los Masters es bienvenido. Cada vez que veo en Twitter que alguien se ha comprado un ejemplar, me siento como Tri-Klops celebrando la incorporación de un nuevo miembro a la secta de la Placa Madre. "Excelente", pienso. "Otro que se adentra en la luz".

Dicho esto, quizá comparar a los fans de los Masters del Universo con una secta no sea apropiado. Pensad más bien en una comunidad espiritual en la que nadie ejerce poder absoluto sobre el resto ni celebra orgías con refrescos de arsénico.

Pues ha quedado precioso el libro, ¿no?

El volumen se compone de diecinueve capítulos. Los tres primeros repasan los puntos clave de la creación de la franquicia, desde su germen como proyecto salvavidas de una necesitada Mattel (que la cagó rechazando la oportunidad de fabricar los juguetes de La guerra de las galaxias) hasta su puesta en manos de Filmation para la realización de la serie animada más barata imaginable. Todo lo que necesita conocer una persona que sienta interés por el origen de los Masters del Universo está en estos capítulos, y el libro lo cuenta paso a paso de forma amena y con perspicuidad.

Obviamente, y esto es predicable de todo el ensayo, sería imposible abarcar todo lo que da de sí esta franquicia de forma pormenorizada en un solo volumen, y todavía hay hilos de los que tirar y madejas que desenredar. Eso es lo bonito. Pero si alguien siente una curiosidad anormal por aspectos concretos y quiere sumergirse más a fondo en este mundo, siempre puede consultar los volúmenes de Dark Horse a los que me refería más arriba o, todavía mejor, comprarse la revista Mundo Masters, donde se profundiza en minucias que incluso a mí me asombran y que es el complemento ideal para cualquier ensayo sobre la materia.

¿Estoy teniendo la desfachatez de hacer promoción de una revista en la que escribo en mitad de esta reseña? Podéis apostar vuestro prieto culo eterniano a que sí. Es más, aprovecho para informaros de que en el número el 10 se publicará uno de mis mejores artículos hasta la fecha, en el que desgrano la sentencia que se dictó para dirimir si He-Man era o no una copia de Conan el bárbaro. Además, con este artículo podéis ampliar la información que encontraréis sobre este tema en el libro de Kromic.

Por lo tanto, mi recomendación es que os compréis tanto el libro, como la revista. A mí ninguno me da dinero, pero es que yo no he sabido nunca cómo monetizar mis aficiones.

Para ser un hombre, compra un He-Man.

El cuarto capítulo realiza un recorrido por la premisa y el trasfondo que escribió Michael Halperin para la biblia de la serie animada de Filmation, un documento que el estudio ignoró luego en gran medida, pero que sentó bases importantes para la franquicia. Aquí Kromic no se limita a trasladar sin más la historia concebida por Halperin, sino que construye su "propia" versión de la mitología de los Masters del Universo, añadiéndole para ello elementos de otras fuentes en busca de cierta unidad y cohesión.

De esta forma, el lector puede hacerse una idea clara de los elementos más afianzados de la mitología de los Masters, sin verse abrumado por un revoltijo de información proveniente de la propia biblia, la serie de animación, los minicómics y los cuchicheos del vecino del quinto. De hecho, el capítulo no debería titularse La biblia de He-Man y los Masters del Universo, sino La película que me he tenido que montar para intentar darle sentido a un batiburrillo de información incongruente.

El único inconveniente de este trabajo de exégesis de los mitos es que, si quieres utilizar el libro para documentarte sin tener que consultar también la biblia, se echa en falta la distinción entre qué partes corresponden al texto de Halperin (la mayoría) y cuáles no. Por ejemplo, la descripción que ofrece este capítulo de la Hechicera se corresponde con la de la señora disfrazada de mascota del KFC; sin embargo, la Hechicera que aparece en la biblia es la de la armadura de serpiente de los primeros minicómics, ya que Filmation aún no había reinventado al personaje para darle su aspecto aviar característico. También se insinúa, a modo de leyenda, que Skeletor fue una vez Keldor, el hermano del rey Randor, pese a que este culebrón familiar en realidad no se planteó hasta 1986 (concretamente en el minicómic La búsqueda de Keldor).

El libro, eso sí, no pretende engañar a nadie. Kromic advierte que ha picado de aquí y allá para construir el texto, por lo que su intención de ofrecer una versión de la historia que suene razonable y no produzca indigestión está clara. Además, consigue lo que se propone.

Imagen promocional de Zazu para el musical de El rey león.

El quinto capítulo está consagrado a la serie de Filmation, que fue determinante para el éxito de la colección de juguetes y ayudó a que la franquicia se asentase en la cultura popular.

En este capítulo Kromic nos habla de los cambios que introdujo la serie en la mitología precedente, reconoce sus indiscutibles méritos, e incide también en sus problemas (igualmente indiscutibles) con un sutil toque de humor, pero sin faltar. 

Por antigüedad y junto a los muñecos, la serie del estudio de Lou Scheimer es el producto que más nostalgia ha generado con el curso de los años, sobre todo entre los aficionados que no han vuelto a verla desde que eran unos críos y aún se aferran a ella como si fuera la verdad revelada por Dios a los apóstoles. Como bien dice Kromic, "[l]a imagen de los personajes es, para muchos fans de la franquicia, la ofrecida en la serie de animación". Pero cualquiera que compare esta producción de bajo presupuesto con las series estrenadas en Netflix en los últimos cuatro años y tenga las narices de decir que los dibujos de Filmation eran mejores, se merece ver sus 130 episodios de corrido y los 93 de She-Ra de propina. Esa es mi opinión, no la del libro.

La moraleja que extraigo yo de este capítulo es que ver la serie de Filmation te puede dejar con esta cara:

Los siete capítulos siguientes (¡siete nada menos!) tratan sobre los juguetes de la línea original, a capítulo por año de lanzamiento, desde 1982 hasta 1988. Este bloque ocupa alrededor de 230 páginas, lo que significa que más de la mitad del libro tiene un delicioso aroma a plástico. ¡No os acerquéis mucho, podría ser tóxico!

Aparte de describir TODOS los muñecos, criaturas, escenarios, vehículos y accesorios, con datos y curiosidades sobre su creación y comercialización, el texto también da algunas pinceladas sobre la historia de los personajes dentro de la mitología de la franquicia. Estas breves biografías (o no tan breves, porque hay personajes que tienen menos chicha que el tobillo de una Barbie y no dan para más) se basan principalmente en información extraída de la biblia de Halperin, los minicómics originales y la serie de Filmation, esto es, el seudocanon que había en la década de 1980 (recordad que el libro se titula El poder de los 80, no El poder de los últimos 40 años). No obstante, también se incluyen datos de otras contribuciones a los mitos, como la serie de Mike Young Productions, la primera parte de la reciente Revelación o, por mencionar alguna rareza, los audiolibros alemanes. Honestamente, habe ich das nicht erwartet.

¿Es Hordak Torpedor el muñeco más fistro de la colección? La respuesta es un rotundo sí.

Es importante tener en cuenta que cuando una franquicia tiene tantos años a sus espaldas como para que le examinen la próstata, es evidente que, por muy aficionado que seas, no te puede gustar todo. Hay cosas de las que te enamoras y te fascinan, otras que te parecen bien sin más, algunas que ni te van ni te vienen y, si tienes mucha suerte, solo unas pocas a las que encerrarías en una mazmorra llena de monstruos espeluznantes para no verlas nunca más.

Digo esto porque, después de haberme leído el libro de cabo a rabo, os aseguro que para escribir estos siete capítulos en concreto y extractar la información más atractiva, Kromic se ha metido en aguas fecales hasta la barbilla y ha tenido que tragarse una cantidad considerable de detritus y cochambre.

Leyendo estos capítulos, incluso he descubierto datos relevantes que desconocía o había olvidado, lo cual me deja en muy mal lugar como "faro de sapiencia", pero dice mucho de la minuciosidad del libro.

Por ejemplo, en la página 69 se dice que en la mitología de la serie de Mike Young Productions se confirma que Skeletor es el medio hermano del rey Randor. Hace mucho tiempo que no revisito esta serie, pero la recuerdo bastante bien, y no me sonaba para nada que se mencionase que Skeletor y Randor fueran algo más que rivales. Y, efectivamente, esa relación de parentesco no se menciona en ningún episodio. ¿Se había tirado Kromic un triple? ¿Tendría tanto morro? ¡No! Los creadores de la serie habían previsto desarrollar esa relación en algún momento, pero no pudieron hacerlo antes de que la serie se cancelase. Sin embargo, la edición en DVD de la serie recoge una biografía de Keldor (que es como se llamaba Skeletor antes de afeitarse con vitriolo, cuando aún tenía el rostro apolíneo de un cardenal Richelieu pitufado) y en ella se menciona que el Señor de la Destrucción es el medio hermano de Randor, por lo que tenemos que considerar que esa es la versión oficial. Así pues, Kromic uno, el Tipo de la Brocha cero.

En cualquier caso, si hubiera algún gazapo, sería disculpable, porque lo raro sería que, con semejante macedonia de información y nombres raros, no se confundieran ideas o datos de distintas fuentes. En cualquier caso, si vais a hablar de los Masters del Universo con Kromic, os recomiendo que no compitáis con él por ver quién lleva razón, y menos si el que se equivoca tiene que beberse un chupito. Pensad en vuestro hígado.

El último capítulo de este voluminoso bloque se cierra con una entrevista a Tom Kalinske, quien fuera director ejecutivo de Mattel entre 1984 y 1987, y al que le debemos su expansión al mercado internacional. Si estáis muy puestos en el mundo del videojuego o visteis la docuserie High Score en Netflix, Kalinske os sonará además por ser la persona que estuvo al volante de la división estadounidense de Sega durante la guerra de las videoconsolas de los años noventa. Entre Spikor y Sonic solo hay un grado de separación.

¿Es más interesante lo que puede contarnos esta leyenda del sector juguetero sobre los Masters del Universo que, por ejemplo, cualquier empleado del Toys "R" Us que se encargase de colocar los muñecos en los estantes? Probablemente no, pero hay personas más accesibles que otras, y para tratarse de un libro publicado en España y escrito por un autor novel, supongo que entrevistar a un exgerifalte de Mattel es aceptable.

Esta es la primera foto que sale de Tom Kalinske cuando buscas su nombre en Google. Maravilloso.

El siguiente capítulo, decimotercero si no he metido la pata con las cuentas, trata sobre el Club Masters del Universo, que, para quien no lo sepa, era un club en el que los críos podíamos inscribirnos "con el permiso y ayuda de [nuestros] papás", para así sentirnos amigos de He-Man y recibir noticias insulsas y regalos tan baratos que avergonzarían a una caja de cereales. ¿A quién le importaba si las cartas que recibíamos desde Eternia las escribía el propio He-Man o un empleado de Mattel España con un cuadro de depresión? Eran tiempos felices.

La primera regla del Club Masters del Universo es "nadie habla del Club Masters del Universo", así que el capítulo es breve. En una página se explica en qué consistía el club y cuáles eran los pírricos privilegios que tenían sus miembros, y las dos páginas restantes contienen fotos de la parafernalia que podían mandarte, como el carnet personal, el llavero o la chapa oficial.

Sí, la chapa oficial. ¿Os imagináis? ¡Una chapa! ¡En la que ponía "Club Masters del Universo"! ¡Eso sí es que era tener el poder!

En el fondo, creo que mi cinismo galopante es consecuencia de que jamás tuviera esa chapa.

Como dijo Groucho: "Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo".

Los capítulos decimocuarto y decimoquinto tratan sobre las dos grandes producciones de los Masters del Universo protagonizadas por intérpretes de carne y hueso: la película de imagen real de Cannon Films, terriblemente fallida en su estreno, pero hoy considerada de culto (la cultura es muy abierta de mente); y el Power Tour, un espectáculo en vivo con música, acrobacias y ningún sentido del ridículo que estuvo de gira por los Estados Unidos entre 1986 y 1987, y que los fans europeos no conocimos hasta que llegó internet (y con internet, como bien sabemos, la sordidez).

El libro aporta información variada sobre estas obras cumbre del entretenimiento, aunque nada que no supiera ya. No es que el libro se quede corto, es que la película la tengo muy trillada (compré hasta el álbum de cromos en un mercadillo) y el Power Tour apela a mi pasión manifiesta por los Masters sumada a mi atracción inconfesable por las mamarrachadas.

Songster, el trovador cósmico, fue un personaje creado ex profeso para el Power Tour con la idea de arruinar la línea de juguetes y favorecer a los competidores de Mattel.

El capítulo decimosexto es uno de mis favoritos, porque toca un tema por el que siento fascinación: el merchandising de los Masters del Universo, concretamente el comercializado en los años ochenta, que incluía desde discos de vinilo hasta videojuegos, pasando por moldes de repostería y otros productos de consumo irresponsable.

El libro menciona el gran surtido que hubo de productos licenciados, pero se centra en dos categorías: los "juegos electrónicos" (Paco Fox probó el de Spectrum; parecía bueno) y los tebeos. Aunque me encantaría leer más sobre tipos de productos menos conocidos, la selección de esos dos me parece razonable, porque, después de todo, ¿cuánto puede uno escribir sobre la fiambrera y el termo de He-Man sin volverse loco?

Yo calculo que unas diez mil palabras, pero mi capacidad para explayarme no conoce límites.

La fiambrera sale en una película de Steven Spielberg. ¿Podéis decir vosotros lo mismo?

El decimoséptimo capítulo seducirá especialmente a los coleccionistas. En él se repasan esos escurridizos juguetes de los Masters del Universo que nunca vimos en las tiendas, pero de los que Mattel llegó a fabricar al menos un prototipo. En algún caso, incluso se anunciaron en catálogos y otros materiales promocionales, para futura decepción de potenciales compradores.

Y no, Songster nunca fue uno de esos prototipos. ¿Por qué os preguntáis esas tonterías? ¿O solo soy yo?

El siguiente capítulo aborda la carrera de algunos de los numerosos artistas que contribuyeron a que los Masters del Universo calaran en el imaginario colectivo de toda una generación de futuros amantes de la fantasía y la ciencia ficción.

Las páginas que Kromic les dedica, en sus propias palabras, sirven "como reconocimiento a su labor y como sincero homenaje". Y se lo merecen, porque, sin el trabajo de esos artistas, las imágenes que se formaban en nuestra cabeza cuando jugábamos con aquellos trozos de plástico articulados quizá no habrían tenido tanta ÉPICA™. Por mucho que se diga que antes salíamos más a la calle (a jugar al balompié, a las chapas o a "esquiva al yonki del chándal de tactel"), también consumíamos demasiada televisión, así que nuestra imaginación necesitaba de todos los nutrientes que estuvieran a su alcance.

Mi versión impúber jugando con Modulok. Aún estoy esperando que me crezcan las patillas.

Pese a que el libro explora un periodo concreto de la franquicia (¿os recuerdo el título otra vez?), el último capítulo está dedicado curiosamente a una de las series de animación estrenadas por Netflix este mismo año 2021: la polémica Masters del Universo: Revelación. ¿Recordáis lo bien que me lo pasé contestando comentarios después de que a la primera parte le llovieran palos por todos lados? Yo sí, y por eso he apuntado la serie en mi lista de entradas pendientes, justo por detrás de la segunda parte de mi recapitulación de La amenaza fantasma.

Según dice Kromic, su excusa para tratar este tema en un libro focalizado en los años ochenta es que la serie de Kevin Smith está "directamente conectada con los años de esplendor de la franquicia". Para conectada con esa etapa, la serie de Las nuevas aventuras de He-Man que se emitió a principios de los noventa, que puso a He-Man coleta y lo mandó al espacio. Qué excusa más mala.

El hecho de que se hable de Revelación en el libro, ¡y en buenos términos encima!, demuestra más allá de toda duda que Kromic recibe cuantiosas sumas de Netflix para que finja que le gusta la serie y se la recomiende a sus millones de seguidores.

Estoy bromeando, por si no lo habíais notado. Todos sabemos que Netflix prefiere la coacción al soborno.

La serie habrá provocado reacciones dispares, pero ¿a quién no le gusta este póster?

Tras una emotiva despedida ("buen destino") y los agradecimientos de rigor (donde se ve que meten a cualquiera, porque aparezco yo), el libro se cierra, no con uno, sino con dos epílogos, ambos escritos por poliplasticómanos de renombre. Ah, y también hay una breve biografía de Kromic en la que sale en una foto posando como si fuera un escritor serio. La foto está en modo espejo, así que en su camiseta de Masters del Universo se entrevé algo así como ƧЯƎTƧAM. ¿Será este el guiño definitivo a los trucajes de animación de Filmation?

Llegados este punto, y habiendo hablado ya de las virtudes y el contenido del libro, creo que es hora de adentrarnos en el hemisferio oscuro de Eternia.

Por mucho que me pese, esta no sería una reseña íntegra y recta si no le diera un tirón de orejas a Dolmen por los defectos de la edición. No me refiero a la calidad del papel o del encuadernado ni tampoco a la maquetación, que están bien, sino a la edición pura y dura del texto.

Para quien no conozca los entresijos del negocio editorial, lo normal es que cuando se termina de escribir un libro, una persona distinta del autor revise el texto a fondo y realice una corrección ortotipográfica y también de estilo.

En este caso, si no fuera porque la persona responsable de la corrección está acreditada, me preguntaría si Dolmen se saltó ese paso. Se me ocurren cuatro posibilidades: 1) que, por razones de plazo, el editor/corrector no hubiera tenido tiempo de hacer su trabajo todo lo bien que debería; 2) que la remuneración fuera insuficiente y hubiera tenido que mirarse el texto por encima para que le compensase aceptar el encargo; 3) que no supiera nada de los Masters del Universo y se hubiera dado de bruces con un mundo inabarcable de terminología compleja y extraña (la enciclopedia de Dark Horse tiene más de cuatro mil entradas, así que imaginaos el percal); y 4) que, contagiado por la pasión de Kromic, hubiera descubierto su afición por la franquicia y se hubiera dedicado a jugar con muñequitos en su horario de trabajo. Algunas de estas opciones son compatibles entre sí.

Y esto es lo que habría pasado si el corrector hubiera sido fan de G.I. Joe.

Aparte de las siempre entrometidas erratas y de algunas imprecisiones léxicas, hay inconsistencias que, si bien no afectan al fondo de la obra, afean el bellísimo conjunto. Por ejemplo, en las fichas de los juguetes que se comercializaron en España con un nombre distinto del original, los títulos alternan sin criterio aparente entre el nombre del producto en inglés ("Wind Raider", "Dragon Blaster Skeletor"...), el nombre español ("Tiburón de Ataque", "He-Man Puño de Trueno"...) y el nombre en inglés acompañado del nombre español entre paréntesis ("Fright Zone (Cueva del Terror)", "Blaster Hawk (Destructor Lanzadiscos)"...). También en el cuerpo del texto una misma cosa puede aparecer designada de distintas maneras ("Montaña de la Serpiente", "Castillo de la Serpiente" y "Snake Mountain"), escrita con letras iniciales mayúsculas o sin ellas ("Espada del Poder" y "espada del poder"), con guion y sin guion ("Evil-Lyn" y "Evil Lyn"), o al buen tuntún ("Hombres Serpiente", "hombres-serpiente" y "Snake Men").

No pongo ejemplos concretos porque quiera hacer sangre o vengarme de alguien por motivos que solo a mí me conciernen ("Hola, me llamo el Tipo de la Brocha. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir"), sino para que se entienda de qué hablo. Bastante me joroba tener que ponerle pegas a un libro tan trabajado, como para que encima se piense que lo hago con mala idea...

Tratándose de los Masters del Universo, yo soy el primero al que le cuesta mantener la coherencia terminológica entre unas entradas y otras, básicamente porque esa coherencia no existe en el material oficial traducido al español. Sin embargo, yo no me gano la vida editando textos ni cuento con nadie que revise mis entradas antes de publicarlas (salvo las de Marmalade Boy, que pasan por una lectora cero para garantizar que son inteligibles y no han degenerado en un delirio balbuceante). Dolmen no tiene esa excusa, y, aunque se trate mayormente de nimiedades en las que quizá solo se fijarán los lectores más atentos o los fans de los Masters del Universo con trastorno obsesivo-compulsivo, como editorial debería cuidar estos aspectos.

Yo no estoy muerto, Skeletor. Mis sentimientos sí.

Hecha la anterior delación, dudo que exista algún fan de los Masters del Universo que no quisiera tener este libro en su estantería. Sería como que alguien al que le gustase cocinar no tuviera sal en casa. A no ser, claro está, que esa persona no deba tomar sal porque sea hipertensa. Entonces sería como no tener ajo, supongo. O alguna clase de hierba aromática. No tengo ni pajolera idea de lo que hablo. Tampoco tengo sal en casa.

Lo que quiero decir es que El poder de los 80 es un libro imprescindible para cualquiera que sienta apego por esta franquicia, sea o no un nostálgico empedernido. Es un compendio extenso y completo de la década prodigiosa de los Masters del Universo, y está escrito con la perspectiva que solo dan décadas de afición unidas a una labor de documentación que te riza las pestañas. A mí me ha descubierto algunos detalles que había pasado por alto, suscitado interés por temas a los que no había prestado apenas atención, y ayudado a recordar algunas buenas historias que hace mucho tiempo que no revisito. ¡Y además es el único libro recomendado por los principales fabricantes de lavadoras!

Si os gustan los Masters del Universo, estaríais haciendo el canelo no comprándolo. O pidiéndolo prestado. O mangándolo, si no tenéis más remedio.

Y hasta aquí, esta reseña. Como decía He-Man, "por el poder de Playskool, yo tengo el poder" y "que la Fuerza os acompañe".

9 comentarios

  1. Genial reseña. Corro a comprarme el libro!

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    1. Buena decisión. La apoyo plenamente*.

      * El Tipo de la Brocha no se responsabiliza de las decisiones tomadas por sus lectores. Los lectores responderán personalmente de sus decisiones y renuncian a ejercitar cualquier acción frente al Tipo de la Brocha o sus sucesores.

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  3. Gran artículo.

    Resulta que Netflix tiene más material sobre He-Man que no es ni Revelations ni la serie CGI, recomiendo encarecidamente el visionado de la serie documental "The Toys that Made Us", el tercer capítulo trata sobre la franquicia de He-Man, muy bueno.

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    1. Es un documental bien chulo. Y hace buena pareja con varios capítulos del libro.

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  4. Acor, heroico maestro de los comentarios14 de diciembre de 2021, 14:05

    Buena reseña y bonito libro. Yo era muy fan de los Masters de pequeño y aunque regalé todos los muñecos y no he vuelto a comprar ninguno si que disfruto mucho viendo las nuevas series y leyendo Mundo Masters y libros como el de Kromic. Es como ver a Arguiñano o Bricomania y es que cuando la gente hace cosas con pasión, humor y cariño el resultado siempre es una gozada.

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    1. Sí, se nota cuando a alguien le apasiona algo de lo que habla. Esas personas siempre transmiten y te contagian parte de su emoción. Y esperemos que solo eso, porque ¿quién sabe dónde habrán estado?

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