31 de diciembre de 2021

Reseñas de películas: noviembre y diciembre 2021

En esta entrada tenéis las reseñas de las películas que he visto en los dos últimos meses de este 2021. ¿Solo siete? Sí. ¿En dos meses? Sí. Pero siete es un buen número.

Os deseo una feliz entrada de año.

Viuda Negra (2021) ★★★

Sinopsis: Natasha Romanoff (vengadora a la fuga tras los eventos de Capitán América: Civil War) descubre que el programa que la convirtió en una espía letal no solo sigue activo, sino que es más peligroso y socialmente autoconsciente que nunca. Para ponerle fin de verdad de la buena, deberá trabajar codo con codo con la que fue su familia de pega durante tres años como célula durmiente rusa.

Reseña: Si hubiera visto los primeros minutos de Viuda Negra sin saber qué tenía puesto en la tele, jamás habría adivinado que era una película del UCM. El tono intimista del prólogo me sorprendió y captó mi atención lo suficiente como para mantenerme engañado hasta pasados los títulos de crédito iniciales. Después de eso, a medida que la película revelaba su auténtica naturaleza, nada pudo impedir que mi atención fuera de más a menos. En el clímax había desconectado tanto que empecé a hacer una lista mental de mi colección de muñecos de la línea Marvel Legends Retro. Y cuando terminé, la hice otra vez por orden alfabético.

Para mí el mayor acierto de esta película es la introducción de la familia de Natasha. Los actores son buenos, los personajes me gustan, y las dinámicas que se establecen entre ellos funciona. De hecho, mis escenas favoritas son las que transcurren en una habitación con dos o más miembros de la familia hablando, sin piruetas, explosiones ni fondos verdes que cantan más que una herida de puñal sin sangre.

En el otro lado de la balanza están precisamente las escenas de acción. Aunque la mayoría me dejan frío, mi problema no es tanto que sean reguleras, como que desentonan. Las agentes de la Habitación Roja, conocidas como "viudas", son mujeres entrenadas desde niñas para hacerte llaves echándote la entrepierna al cuello y matarte si es necesario, pero, hasta donde yo sé, por sus venas no corre sangre asgardiana ni el suero del supersoldado. Por lo tanto, cuando veo que se caen de un edificio golpeándose contra media docena de vigas y no se hacen ni un esguince, o que les explota un motor en la cara y ni siquiera se les rizan las cejas, mi incredulidad no solo no se suspende, sino que empieza a darme toquecitos de forma insistente en el cerebro. "¿De verdad te vas a tragar eso?, porque menuda patochada...". 

Como en todo en la vida, el contexto es fundamental. Puedo comprar ese tipo de escenas cuando los Vengadores están impidiendo una invasión alienígena o enfrentándose a un titán loco que aspira a borrar a la mitad de los seres vivos del universo. Pero, en esta película, la trama y los personajes necesitaban apoyarse en escenas de acción más realistas (realistas de cine, en el sentido de creíbles, no realistas de verdad) y no a Scarlett Johansson deslizándose por una pared que se precipita a toda velocidad hacia el suelo entre los restos de una base aérea que acaba de explotar.

En definitiva, quizá por temor al qué dirán, Viuda Negra cae en los tópicos de siempre y no le saca todo el provecho posible a los personajes ni al subtexto (en el que no he entrado, porque ya hay cientos de artículos y reseñas hablando de él). A lo mejor a los autores les habría gustado ir más lejos, pero seguro que algún estudio de mercado lo desaconsejaba.

Aun así, tiene buenos momentos y es entretenida.

Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos (2021) ★★★★

Sinopsis: A los catorce años, Shang-Chi huyó de su padre, líder de los Diez Anillos, y adoptó una nueva identidad en los Estados Unidos. Diez años después, su pasado le reclama para que la trama avance a ritmo de guantadas hasta su mágico desenlace.

Reseña: Mi primer contacto con Shang-Chi fue un cómic de Rom en el que el maestro del kung-fu se enfrentaba en una cripta a los "fantasmas" (alienígenas metamorfos enemigos del caballero del espacio) para evitar que revivieran el cadáver de una niña. Las primeras impresiones suelen arrastrarse en el tiempo y la mía incluía a Shang-Chi quemando a farolazos a media docena de aberraciones entunicadas mientras una cría esquelética se alzaba de su sepulcro.

Steve Englehart y Jim Starlin crearon al personaje en pleno auge del género de artes marciales en los Estados Unidos. Después de que DC rechazara su idea de adaptar la serie de televisión Kung Fu, los autores hablaron con Marvel para desarrollar un personaje nuevo que aprovechara ese tirón oriental. Marvel dio luz verde al proyecto y Shang-Chi vio la luz en el número 15 de Special Marvel Edition, publicado en diciembre de 1973. Dos números después, la colección pasó a llamarse The Hands of Shang-Chi: Master of Kung-Fu, que en España publicó la editorial Vértice bajo el sello Relatos salvajes.

En aquellos tebeos tempranos, Shang-Chi era el hijo del maquiavélico Fu Manchú y de una mujer americana escogida por este para concebir al hijo perfecto, tenía la piel de color anaranjado (o amarillo bilioso, en función del colorista) y vestía un kimono rojo a todas horas, incluso cuando salía a pasear por las calles de Nueva York. Tras descubrir que su padre era un megalómano emperrado en dominar el mundo, se rebelaba contra él y, en su búsqueda del honor y la elevación del espíritu, se unía al servicio de inteligencia británico.

Aunque aquellos cómics me gustaban, no eran fáciles de localizar, y les perdí la pista en los ochenta. Por lo tanto, no tengo ni idea de qué tipo de historietas ha protagonizado Shang-Chi en los últimos cuarenta años (espero, no obstante, que de vez en cuando siga arreando manotazos en el morro a pobres tiburones despistados). Lo que sí sé es que el Shang-Chi de esta película se parece al que yo conocí en el nombre y el blanco de los ojos.

No es que me sorprenda. Desde que vi el primer tráiler, ya me quedó claro que no iba a encontrarme con el Shang-Chi de unos cómics que hoy se caen a pedazos, así que mi única expectativa era que la película fuera entretenida. Sin embargo, la frescura desvergonzada con la que abraza el cine de acción asiático me ha conquistado como conquistó el emperador Qin los estados feudales que formaron parte de la China unificada del siglo III a. C.

Los primeros cuarenta minutos de esta aventura china de superhéroes, aunque aderezados con coreografías al más puro estilo Jackie Chan, no desentonan con el resto del UCM y se integran en él a golpe de guiños y referencias, incluidos personajes que se podrían sacar del guion sin inconveniente alguno. Pero, en su segunda mitad, se convierte en un blockbuster chino de aventuras y fantasía en toda regla, con los géneros wuxia y xianxia como principales referentes y unos devenires superheroicos que tienen más en común con Dragon Ball que con los cómics de Marvel.

Por lo tanto, si te gusta ese tipo de cine y no eres tan purista como para que verlo a través del prisma de una superproducción americana te amargue la vida, la película es una gozada.

También juega a su favor lo conmovedora que es en comparación con otras cintas de superhéroes. A veces me daba la impresión de estar viendo una "película Disney", no en sentido literal, porque lo es, sino en el sentido que tenía esa expresión antes de que el estudio se convirtiera en un monstruo devorador de franquicias y propiedades intelectuales. Y aunque al final el héroe tenga que atizar muy fuerte a un bicho muy gordo para resolver la papeleta, detrás de toda esa acción vertiginosa y parafernalia mística está la historia de dos hermanos que se reúnen tras años de separación para evitar que su padre cometa un terrible error. Tony Leung interpreta al antagonista con más peso emocional que ha tenido el UCM, y no hay ni una sola escena que no gane con su presencia.

En el lado opuesto de la balanza tengo que colocar el abuso de pantallas verdes y efectos visuales, que, mejor o peor realizados, restan credibilidad a las peleas y al mundo que rodea a los personajes (los golpes duelen menos que en cualquier peli "de chinos" de hace cuarenta años y algunos escenarios parecen de dibujos animados). Eso, no obstante, me lo esperaba y lo considero una consecuencia casi inevitable del cine de acción de alto presupuesto. En cambio, soy menos permisivo con los diálogos condescendientes, que por suerte son pocos, pero me duelen más que las tortas ("Shaun, somos amigos desde hace diez años" o "Haré aquello para lo que me entrenó... Voy a matarlo" son buenos ejemplos de cómo tomar al espectador por imbécil). Aun así, estas contrariedades no descompensan la balanza, que se inclina hacia el lado favorable con el poder de su qi.

En conclusión, aunque desde mi perspectiva limitada y antediluviana la película se merece un cero pelotero como adaptación, si dejamos esa fruslería al margen, es una excelente historia de origen con coreografías espectaculares, humor, emoción y una sobredosis de fantasía china. Me parece una de las entregas más disfrutables del UCM, y, como ahora mismo me siento generoso, no solo la colocaría en el mismo escalón que Capitán América: Soldado de Invierno o Thor: Ragnarok por superar con creces mis expectativas, sino que se la recomendaría incluso a personas a las que no les llama especialmente la atención el cine de superhéroes.

El Caballero Verde (2021) ★★★★

Sinopsis: En Navidad, Gawain, sobrino del rey Arturo, decapitó al Caballero Verde por un juego. Un año después, deberá viajar a la Capilla Verde para que lo decapiten a él. ¡El gran clásico navideño!

Reseña: Para quien sea aficionado a la Materia de Bretaña y además le gusten las películas contemplativas, a las que no les importa tomarse su tiempo para pintar cuadros en cada plano (o sea, lentorras), esta nueva adaptación del romance Sir Gawain y el Caballero Verde es un "grialito". Lo que no es es fiel al manuscrito original, pero no importa, porque sigue siendo un cuento de hadas para adultos que relata la la historia de un hombre que se prueba a sí mismo, reconoce sus debilidades y, de este modo, alcanza a comprender los ideales a los que aspira, ya se llame honor, honradez o gallardía, es lo mismo.

La película es un relato de fantasía que sabe transmitir la épica de las leyendas de caballeros andantes, quizá de no tan brillante armadura, y la magia de los mitos feéricos, con imágenes que parecen ilustraciones en movimiento de los grandes artistas del género (nombres como Alan Lee o John Jowe son los primeros que me vienen a la cabeza), y una banda sonora vibrante, ora evocadora, ora misteriosa, que aúna todos los elementos típicos de la música medieval (flautas, coros, instrumentos de cuerda con nombres raros...). Una vez marcadas esas tres casillas de mi lista de fetiches, era difícil que el filme no me gustase.

De lo anterior me veo en el deber de poner en un pedestal el diseño de producción y la cinematografía, porque ambos quitan el hipo. Empecé a ver la película a mediodía, con el sol pegando de refilón en el televisor, y, en cuanto me di cuenta del viaje visual que me esperaba, la quité para verla más tarde, sin más luz que la de la calle al anochecer, para así poder disfrutarla sin perderme detalle. En este momento, el no haberla podido ver en el cine debido a su estreno exclusivo en Prime Video me está causando un importante perjuicio moral.

Las interpretaciones también son formidables. Dev Patel (al que muchos recuerdan por ser el chaval de Million Dollar Baby, aunque se refieran a Slumdog Millionaire) construye un Gawain imperfecto que, a diferencia del Gawain del romance del siglo XIV, aún no es caballero y ambiciona una oportunidad para formar parte del círculo de Arturo. Sin embargo, son otros los que deben brindarse esa oportunidad, porque él lleva una vida disoluta (los únicos riesgos que afronta son los de sufrir daños crónicos hepáticos o contraer una o varias enfermedades venéreas). Este Gawain es, por tanto, un personaje más falible y creíble que el de las leyendas, y, a pesar del patetismo que revela al darse de bruces con el mundo que hay al otro lado de los muros de Camelot (para colmo de males, todas sus tiradas de percepción son pifias), Patel lo dota de una cercanía y una sensibilidad que facilitan empatizar con el personaje. Esperas que al final haga lo correcto para no tener que cagarte en sus muertos, y reconozco que en los últimos veinte minutos estuve a punto de hacerlo. Por suerte, se quedó en un susto.

Respecto del resto del elenco, Alicia Vikander hace dos papeles con registros dispares (uno con pelos de "hace poco tuve piojos" y otro de "muérete de envidia, reina Amidala") y los dos los borda, Joel Edgerton interpreta a un lord con cara de estar siempre achispado y que no sabes por dónde va a tirar, y viendo al rey Arturo de Sean Harris es inevitable preguntarse si el pobre estaba enfermo durante el rodaje (no lo estaba, solo actuaba, aunque en el plató muchos lo dudaban). Todos los actores consiguen comunicar con la mirada y los gestos tanto o más que con las palabras. Es para echarles flores.

Mi mayor temor era que la película fuera una pedorrez incomprensible, porque esa es la esencia del cine de arte y ensayo; pero incluso los momentos más raros obedecen al tipo de narrativa fantástica que se pretende trasladar a la pantalla y no son meros caprichos artísticos. ¿Por qué hay un señor con cara de árbol que celebra la Navidad de forma tan macabra? ¿De dónde salen esos gigantes nudistas que pasean por el campo? Sencillamente, en los cuentos de hadas no todo tiene una explicación. 

Lo que no puedo negar es que la película sea un poquillo pretenciosa, porque esos planos sostenidos y silenciosos en los que no pasa absolutamente nada son de quererse mucho a uno mismo. Ahora bien, ¿cómo narices no va a quererse esta película con lo arrebatadora que es? Yo también lo haría si fuera ella. Mucho. Delante del espejo. Además, si David Lowery admite que la idea de hacer una película sobre "un caballero en una misión" le vino cuando encontró sus viejos muñecos de Willow, aún tiene mucho margen para convertirse en la clase de cineasta que detesto. El hecho mismo de que tuviera pleno control creativo y, aun así, el resultado no sea un churro autocomplaciente, es digno de aplauso.

Siento que, con el tiempo, podría obsesionarme con esta película. Incluso ahora, cuando pienso en ella otra vez y reflexiono sobre los temas que trata, su imaginería, los pequeños detalles que pasan inadvertidos hasta que vuelves a ellos..., me doy cuenta de que me ha gustado más que cuando la terminé. Y esto no me pasa a menudo.

Eso sí, si os aburre, las protestas se las dirigís a Merlín el Majo. No el Mago. El Majo. Es su primo.

Ataque a los titanes (2015) ★★

Sinopsis: Tras el ataque de los "titanes" (gigantes nudistas, poco agraciados y antropófagos; lo tienen todo los chiquillos), la humanidad está a un tris de su extinción. Los supervivientes viven refugiados en una ciudad dividida en círculos concéntricos formados por tres altas murallas. Cien años después del último avistamiento de los titanes, uno especialmente crecidito y desollado abre un hueco en la primera muralla.

Reseña: Según el libro Pensamiento positivo: Cómo aprender a pensar positivamente para tener más éxito y felicidad en la vida, todos deberíamos guiarnos por el siguiente mantra: "los pensamientos negativos no están permitidos".

Por eso, prefiero pensar que esta película es positivamente mala.

Aunque apenas dura noventa minutos, la primera media hora fue suficiente para que me arrepintiera y pensase que debería haber invertido mi tiempo libre en algo más entretenido, como, por ejemplo, meter en fundas de plástico las doscientas cartas del juego Dungeons & Dragons: Wrath of Ashardalon para que mis amigos no las ensucien con sus manos pringosas.

Ah, sí, pensamientos positivos. Empezaré por lo bueno.

Me gusta el primer asalto de los titanes a la ciudad. Los mostrencos dan grima, es divertido verlos zamparse a la gente (en un sentido perverso y grotesco, quiero decir), y las secuencias en las que salen masas de gente huyendo despavoridas son resultonas. Hay fallos de racord bochornosos (por ejemplo, sangre que desaparece de un instante para otro), pero al menos los momentos dramáticos y de suspense no me dan risa.

Pasado el prólogo, la película oscila entre lo mediocre y el no hay por dónde cogerlo.

Repasemos un poco más a fondo la historia:

Dos años después de que los titanes invadieran el círculo exterior de la ciudad, los supervivientes se las han ingeniado para crear unos cachivaches la mar de aparatosos, llamados EMT (Equipos de Maniobras Tridimensionales), que disparan ganchos al estilo Zelda y permiten a su usuario propulsarse y balancearse por el aire para colocarse a la altura de los titanes y escabecharles la nuca a espadazos. El invento es tan ridículo y peligroso como suena, pero, como el concepto mola, se le disculpa. Lo que no se le disculpa son los efectos especiales, que no están a la altura y le restan un 37% de emoción y credibilidad a las escenas de acción.

La trama se centra en un equipo de novatos a los que envían a reconstruir el muro exterior, para evitar la entrada de más titanes y centrarse en liquidar a los que ya pululan por ahí. El plan, que tiene entre poco y ningún sentido, consiste en reventar la parte alta del muro que está pegado al butrón que el titán colosal abrió hace dos años, para así cubrir el agujero con los escombros que se desprendan a causa de la explosión. ¿Qué impide que el titán colosal vuelva y se cargue otra vez el muro? Nada. ¿Pueden los titanes retirar los escombros o incluso trepar por ellos en función de cómo caigan? Sí.

Genial, pues ¡adelante con la misión!

El ritmo durante el nudo de la cinta es lento y enervante, y los protagonistas son más planos que las páginas del manga del que salieron, por no mencionar los lamentables secundarios, cuya personalidad puede consistir en llevar gafas vintage de aviador. El único personaje salvable es Mikasa, y no porque sea menos unidimensional que sus compañeros, sino porque al menos cada vez que decían su nombre me echaba a reír (la primera vez que se la menciona es en la frase "¿Está Mikasa por aquí?", lo cual encuentro hilarante).

Tenía la esperanza de que esta película se pudiera ver de forma aislada, pero ni siquiera tiene final. Es básicamente una premisa que plantea muchas incógnitas y no resuelve ninguna. Por lo tanto, supongo que tendré que ver la secuela. O eso es lo que diría si sintiera curiosidad. Por suerte, no es el caso.

Rocky (1976) ★★★★½

Sinopsis: Rocky Balboa, boxeador y matón de medio pelo con un corazón de oro, tiene la oportunidad de competir por el título de los pesos pesados. Afortunadamente, de robots asistentes y aspirantes a campeón con menos carisma que un protector bucal no hay ni rastro.

Reseña: La verdad, podría escribir sobre Rocky hasta que se me pelasen las yemas de los dedos, porque los temas que trata me parecen muy interesantes y las anécdotas del rodaje da para llenar un libro. Pero, seré sincero, esta es la segunda vez que escribo esta reseña (todos recordamos el desastre del 30 de noviembre, ¿verdad?) y me deprime intentar recrear lo que se perdió en un limbo de bits. Además, tratándose de un clásico de hace cuarenta y cinco años, podéis estar seguros de que ya hay tropecientos artículos y reseñas mejores que cualquier estupidez que pueda escribir yo.

Por otro lado, también es verdad que se me caería la cara de vergüenza si dijera que me gusta esta película y luego me rindiera a la primera de cambio. Tampoco volvería a sentirme cómodo cuando menease la cabeza al ritmo del Tubthumping de Chumbawamba. ¡Y por ahí sí que no paso!

All I wanna do is go the distance.

Bajo su sencilla premisa, Rocky plantea reflexiones y genera la clase de actividad pensante que, irónicamente, cualquier boxeador al que hayan cascado el cráneo durante años es incapaz de desarrollar. Nos habla de valores como el esfuerzo y la persistencia, del crecimiento y enriquecimiento personal a través del amor, de que si actúas como una puta te acabas convirtiendo en puta... Pero, por encima de todo, se la reconoce porque se trata de la película definitiva del underdog. No me consta que haya una palabra en español que recoja el significado preciso de este vocablo inglés, así que mientras no exista una alternativa consensuada en nuestro acervo ("bajoperro", por ejemplo), lo utilizaré sin esforzarme en buscarle una traducción para referirme al competidor menos favorecido, a la persona con menos posibilidades de cantar victoria, ya sea en un deporte o en la vida misma

A la mayoría nos resulta fácil, incluso natural, ponernos de parte del underdog. En primer lugar, porque, salvo que hayas nacido con una flor en el culo, en algún momento habrás pasado una mala racha y seguro que sabes lo que es perder, así que te identificas y simpatizas con el desvalido, te pones en su piel y le deseas lo mejor. Y en segundo lugar, porque en cualquier competición es más emocionante apostar por aquel que se deja la piel para "aguantar los quince asaltos" que por el favorito (el autor de esta reseña no aprueba ni apoya las apuestas deportivas; la ludopatía es una adicción que necesita tratamiento).

Rocky construye esa figura a la perfección. Lo hace principalmente a través de su protagonista, Rocky Balboa, al que interpreta un joven Sylvester Stallone, entrañable y mendrugo a partes iguales. No voy a criticar los prejuicios de nadie, pero si, por la razón que sea, cuando pensáis en Stallone os vienen a la cabeza imágenes de Rambo (el de Rambo: Acorralado - Parte II y las sucesivas secuelas, no el de la primera parte), recordad que, antes de convertirse en una de las grandes estrellas del cine de acción de los ochenta y noventa, en los inicios de su carrera, el tipo era una de las jóvenes promesas de Hollywood y, en este papel, escrito por él mismo, demuestra una sensibilidad apabullante. No es ni mucho menos el macho alfa, 100% músculo y 0% cerebro, en el que se convertiría durante su pico de popularidad.

Pero además Rocky no es el único underdog de la película. A excepción de Apollo Creed (interpretado por Carl Weathers, también recordado por su papel en Depredador como "¡Dillon! Hijo de puta..."), todos los personajes principales, construidos con un tino impecable, son perdedores, individuos en una situación desdichada, pero que aún aspiran a ser alguien en la vida. Esto incluye, por supuesto, a la novia de Rocky, Adrian, encarnada por una magnífica Talia Shire, a la que escogieron para el papel, entre otros motivos, por ser, como le dirían a Moe en un episodio de Los Simpson, "fea de tele", pero no "fea fea". Adrian vive en una jaula metafórica (la sutileza visual no es el fuerte de su presentación, pero funciona) hasta que, en una escena un tanto incómoda, se sincera con sus sentimientos y se abre al mundo.

Hasta la propia película fue el underdog del año de su estreno. Triunfó a lo grande e incluso se llevó el Óscar en un año con una competencia durísima, a pesar de ser una producción de segunda fila por la que el propio estudio no daba un duro. Sabiendo que el presupuesto ascendió a poco más de un millón de dólares (una veinteava parte de lo que costó el bochornoso remake de King Kong producido Dino De Laurentiis ese mismo año), es un milagro que el resultado fuera tan bueno.

Por último, quiero decir que el grupo de WhatsApp que comparto con los dos amigos con los que fui al cine a ver la película (no allá por el Triásico, sino el pasado 26 de noviembre, en la sesión celebrada por Tiempo de Culto en mk2 Palacio de Hielo) tiene desde entonces como imagen la famosa escena de Rocky en lo alto de la escalinata del Museo de las Artes de Filadelfia y se llama "Rocky ♥ Adrian". Supongo que eso también significa algo.

Cazafantasmas: Más allá (2021) ★★½

Sinopsis: Tras ser desahuciada, una madre soltera y alcohólica se muda con sus dos hijos a una granja de Oklahoma que ha heredado de su padre, fallecido en extrañas circunstancias. La menor de los hijos descubre el legado de su abuelo y una importante tarea que dejó inacabada. Este podría ser el argumento de un telefilme de tarde de Antena 3 si no fuera porque el difunto dueño de la granja era Egon Spengler, el cerebro de los Cazafantasmas.

Reseña: Con el tiempo he aprendido a estar preparado para lo peor, pero esperar lo mejor, y esa es la actitud con la que procuro afrontar cualquier obra de ficción. Pero a veces ocurre que lo peor llega con retraso y me pilla desprevenido. Cazafantasmas: Más allá forma parte de ese selecto grupo de películas que me están gustando hasta que, de golpe, dejan de hacerlo.

En este caso, el choque fue tan repentino y contundente que incluso puedo identificar el momento preciso en que se rompió la ilusión y me vine abajo moralmente: la escena de la llamada de teléfono. Si habéis visto la película, ya sabéis de qué escena hablo. Si no, la reconoceréis en cuanto llegue porque va precedida de una referencia a la canción de Ray Parker Jr. tan flagrante que te cortocircuita el cerebro.

A partir de aquí voy a intentar no destriparos ningún detalle que no hayáis visto antes en los tráileres, pero os advierto que es posible que me caliente a medida que escribo, así que, si tenéis miedo de atragantaros con algún spoiler, no sigáis leyendo, porque no voy a poder aplicaros la maniobra de Heimlich desde el otro lado de la pantalla.

Quiero puntualizar, para que no haya duda alguna sobre este punto, que me siento muy a gusto con que esta película de aventuras protagonizada por críos y no una comedia para adultos al estilo de Saturday Night LiveNational Lampoon. De hecho, creo que si Jason Reitman y Gil Kenan hubieran intentado capturar el humor cínico y seco de la Cazafantasmas original, tan consustancial a su lugar y momento, les habría salido el tiro por la culata. Me sorprende, por tanto, que haya quien diga que esta secuela respeta la esencia de la película original, cuando la única "esencia" del filme de 1984 era ser gracioso, mientras que Más allá se esfuerza en darle sentimiento a la historia; pero todos tenemos derecho a tener nuestro punto de vista, aunque estemos equivocados, y, en cualquier caso, ese no es el motivo por el que la película me parece una castaña de la mitad para adelante.

Como podéis deducir, tengo algún que otro inconveniente con esta secuela tardía, pero el más gordo es que la trama principal tiene cero átomos de sentido. Cuando una película se toma en serio a sí misma, y esta lo hace, tengo que exigirle una mínima coherencia argumental, y si mete la pata en algo tan básico como eso, es improbable que consiga disfrutarla, incluso si a su favor juegan otros aspectos.

Y os aseguro que esta no es una de esas ocasiones en las que le saco punta a las cosas con fallidas intenciones humorísticas. Estoy hablando de que la propia premisa, revelada a medida que avanza la película, no se sostiene. No es una cuestión de que haya pequeñas lagunas en el guion (lo cual suelo considerar disculpable, porque la mayoría de las veces tiene alguna explicación), sino de que el meollo de la historia es inverosímil e incomprensible.

Ni siquiera se trata de algo que uno pueda pasar por alto (aunque sí ignorar voluntariamente), porque hay un diálogo que parece haberse escrito a propósito para que al espectador le quede claro lo absurdo que es todo el planteamiento. Hay partes sustanciales de la trama que no tienen sentido dentro de la historia que nos están contando y que tienen incluso menos sentido si conoces a los personajes intervinientes. Un puntapié en el culo no me habría sacado más de la película que eso.

Mi segundo problema, menor en comparación, pero también importante, es que, después de la escena que arruinó mi suspensión de la incredulidad, la cinta sufre un cuadro agudo de "despertardelafuerzaitis" y deja de ser ella misma para convertirse en una réplica de la original. Puedo convivir con guiños, homenajes, paralelismos y hasta un chorro de nostalgia a presión en toda la cara; pero no con la repetición literal. Esta circunstancia exterminó a protonazo limpio todo rastro de mi predisposición favorable.

Es alucinante que, a partir de cierto punto, se olviden incluso de la historia que nos estaban contando, y que los personajes que nos habían presentado, y a los que, con suerte, incluso habíamos cogido cariño a pesar de la cuasiinexistencia de conflictos personales, pasen a ser elementos decorativos a los que, para mayor escarnio, se desplaza con un bochornoso deus ex machina. El final es lamentable, y los dos únicos arcos de personaje reconocibles (dos a repartir entre seis) reciben una resolución tan mediocre que queda totalmente eclipsada por un previsible intento de manipulación sentimental que raya la necrofilia.

Todo esto me resulta inexplicable y me lleva a pensar que en algún momento del proceso creativo hubo un guion que contaba una historia original, pero llegó alguien y dijo: "Hay que reescribir la mitad de la película. Estamos haciendo esto para los fans, o sea, por el dinero de los fans, y los fans no quieren ver nada nuevo, sino señalar a la pantalla y decirle a la persona que se sienta a su lado que han entendido esa referencia, como Chris Evans en el meme de Los Vengadores".

¿Os acordáis de Ivo Sandor? ¿Y del Maestro de las Llaves? ¿Y de la Guardiana de la Puerta? ¿Y de Gozer? ¿Y del muñeco de malvavisco? ¿Os acordáis? ¡¿OS ACORDÁIS?! Pues si no, por mis muertos que os vais a acordar.

Qué lástima, por favor.

Spider-Man: No Way Home (2021) ★★★★

Sinopsis: Peter Parker recurre al Dr. Strange y le pide que lance un hechizo para que la gente se olvide de que él es Spider-Man. Vamos, como quien pide una chapata en la panadería. El hechizo sale mal y se arma un lío de tres pares de narices.

Reseña: Aunque es difícil hablar de esta película sin destriparla, me alegra poder decir que no solo de sorpresas vive la nueva entrega cinematográfica del superhéroe arácnido. Lo sé, porque, de todos los momentos inesperados que hay en la película y que la propia Marvel no destripó con tráileres e imágenes promocionales, solo hubo uno del que no me hubiera enterado días antes de entrar en la sala (no puede uno ni navegar por internet tranquilo), y, aun así, la historia me cautivó por lo que contaba y no solo por lo que mostraba. No digo que la experiencia sea la misma si ya sabes lo que vas a encontrarte, porque hay pequeñas y grandes escenas que uno merece vivir desde la ignorancia; pero al menos no necesito ver la película una segunda vez para darme cuenta de que el guion es más que una mera excusa para dar pie a un evento que, a primera vista, podría pasar por una concesión caprichosa a los aficionados.

Sin duda hay escenas que merece la pena experimentar sin tener ni pajolera idea de lo que va a pasar, pero lo que realmente sorprende es que la película tenga algo que contar sobre quién es Peter Parker. De hecho, a pesar de los derroteros que toma la trama con todo el embrollo de los multiversos, esta es más una historia de origen de lo que lo fueron las dos entregas anteriores. Es una historia que lleva a Peter de ser el protegido de Tony Stark al punto en el que muchos lo conocimos cuando empezamos a leer cómics de superhéroes. Le da la gravitas que le faltaba para estar completo, esa cualidad moral y sentido de la responsabilidad que ha caracterizado al Hombre-Araña desde que hiciera sus pinitos en el mundo de la historieta de la mano de Stan Lee y Steve Ditko. 

Aparte de eso, la película es un espectáculo comiquero desinhibido y fantástico. La barrera entre el cómic y el cine se rompió con Los Vengadores, y No Way Home es la prueba definitiva de que las reglas del primero valen para el segundo (al menos siempre que Marvel y Sony lo encuentren rentable en este caso).

Hoy quizá damos mucho por sentado, pero de vez en cuando viene bien detenerse y reflexionar, para darse cuenta de lo increíble que es que estemos disfrutando en el cine (o en los salones de nuestras casas) de lo que, hace apenas diez años, no os digo ya cuarenta, parecía imposible que escapara de las viñetas. Creo, en particular, que los chavales que han tenido la suerte de crecer con las películas del UCM, acompañando a todos estos héroes en el cine desde que eran niños, no pueden valorar la magnitud de lo que ha conseguido Marvel como lo hacemos los que hace la tira de tiempo flipábamos de críos con el Spider-Man telefilmesco de Nicholas Hammond. Es una cuestión de perspectiva. Por otro lado, los que crecieron con las películas del UCM tampoco tienen que hacerse aún revisiones de próstata, así que salen ganando.

Ni siquiera voy a entrar en los menos de la película, porque este es un evento que ningún fan de Spider-Man debería perderse.

16 comentarios

Anónimo dijo...

¿No te gustó Ghostbusters:Aftelife,o aun no asimilas que la agenda progre e inclusiva feminazi ya está concluida?
Y que esa..cosa del 2016...que fué puesta a martillazos de cupón descargable en el Real Box Set de la saga,PARA SONY YA NO EXISTE.

No puedo esperar para leer como intentas defender al futuro fracaso de Aquaman(& esa...innombrable)2.

El Tipo de la Brocha dijo...

Madre mía, qué forma de empezar el año. Suerte con esa cabeza

Sara dijo...

Me apunto la de Spiderman, que no tenía pensado ver
Feliz Año

Anónimo dijo...

No pongas una imagen mamón, no se vaya a poder leer.

El Tipo de la Brocha dijo...

¡Espero que te guste!

El Tipo de la Brocha dijo...

Esto no es cuento infantil para niños que están aprendiendo a leer. Por lo tanto, pondré las imágenes que considere oportunas, ya sean una, ninguna o veintisiete.

Claudio Vosco dijo...

"Viuda negra" es muy regulera, pero ha metido a Florence Pugh en el MCU, y solo por eso mereció la pena (su cena con Kate Bishop es mi escena favorita de Ojo de Halcón, su acento ruso en versión original me tiene enamorao).

"Sang-chi" mola. ¿Podría haber molado más? Sí, pero para ser peli de origen está bien, a ver si en la segunda se sueltan el pelo del todo.

"The green knight" no es para todo el mundo, pero a mí me maravilló (bastante más que "A ghost story", que ahí sí se pone pedantillo de más el director).

El balance de calidad de los "live action" es tan paupérrimo que no sé por qué lo siguen intentando, y más después del castañazo de "Cowboy Bebop".

Entre todos me habéis dado unas ganas locas de volver a ver "Rocky", malditos.

Pons dijo...

Totalmente de acuerdo con Viuda Negra. El problema con las últimas pelis de Marvel es la acción, parece que están obligados a poner explosiones y escenas de lucha (literalmente) increíbles por doquier, y no, no hace falta de verdad, los superhéroes son más que gente pegándose, por eso no soporto como todas las últimas producciones de Marvel suelen empezar bien y terminar todas igual de mal, con contadas excepciones como Loki.

Podría repetir lo mismo con la Shang-Chi, con la diferencia que a mí no me van las coreografías orientales, y ya me he cansado de las peleas estilo Bola de Dragón. A ver la escena de tranvía bien, pero a partir de allí mal mal. Resumiendo, para mí, de las peores pelis del UCM.

He visto Rocky, pero no es para mí, boxeo, entreno, perder... Los únicos momentos que me gustaron es cuando suena la banda sonora.

Spider-man es la peli que he visto que más me ha gustado que has reseñado, y con diferencia. No veas lo que mejora una peli cuando pones unos cuantos buenos, y sobre todo unos cuantos malos con carisma, unos mucho más que otros, claro. La parte negativa la de siempre, aparte de la acción que se convierte en repetitiva en estas películas (en esta menos), está la parte literal de "esto funciona así por qué magia"

Jeral dijo...

Yo sólo vengo aquí a decir "Feliz Año Nuevo, Sr Brocha". Un saludo de un lector habitual, no tanto así comentador.

El Tipo de la Brocha dijo...

Gracias por recordarme que dejé la nueva serie de Cowboy Bebop a medias; la verdad es que, a la vista de algunos de los avances, me esperaba más creatividad en la edición.

Nunca es mal día para ver Rocky.

El Tipo de la Brocha dijo...

Estoy contigo en el tema de la acción. Al final lo que te engancha y emociona es la interacción entre los personajes y cómo se desarrolla su historia, y las tortas y explosiones a palo seco, por espectaculares que sean, solo aportan entretenimiento (y si duran demasiado, ni siquiera eso). Para mí, además, ser consciente de que en esas escenas casi todo es digital les resta la emoción que podrían tener si fueran "reales".

El Tipo de la Brocha dijo...

Feliz año, Jeral. Los comentarios se agradecen y te convierten en algo más que en un número en el listado de visitas, pero no son obligatorios.

Gabriel dijo...

feliz año, primera vez que comento pero me gusta leer tus reseñas, de acuerdo con las que has puesto aca y esperando la de la segunda temporada de The Witcher

Kratos dijo...

Feliz Año nuevo maese Brocha!
Una buena selección para empezar el año:

Viuda Negra me ha gustado a secas... 6.5 de 10
Shang Chi meha gustado un poco mas... 7 de 10
Rocky Peliculón... 9 de 10
Ghostbuster Afterlife me llegó a la patata a pesar de sus mucho absurdos... 7 de 10
Spiderman nowayhome y el caballero verde no las he visto aun...
Y esa de Atack on Titan de acción real no la toco ni con un palo...

El Tipo de la Brocha dijo...

Gracias. ;)

El Tipo de la Brocha dijo...

Ja, ja, ja. Sí, la de los titanes mejor en la distancia.

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