2 de enero de 2022

Reseñas de libros: octubre-diciembre 2021

En esta entrada tenéis las reseñas de las novelas que he leído entre octubre y diciembre del año pasado. Dado que el interés que generan estas reseñas "breves" de libros es inversamente proporcional al tiempo que dedico a escribirlas y recopilarlas, el experimento no se repetirá este año. Y lo mismo digo de las reseñas de películas. Puedo cambiar de opinión en cualquier momento, pero no lo creo. No obstante, seguiré utilizando Goodreads y Letterboxd para llevar la cuenta de lo que leo y veo, y ponerle estrellitas, porque ¿a quién no le gusta reducir una obra a una valoración numérica?

La chica que amaba a Tom Gordon (1999) ★★★★

Sinopsis: Durante una excursión familiar por el Sendero de los Apalaches, Trisha McFarland, una niña de nueve años hincha de los Red Sox (y admiradora entusiasta de su lanzador estrella, Tom Gordon), se desvía del camino para hacer pis. No tenía muchas ganas, pero estaba harta de oír discutir a su madre (recientemente divorciada) y a su hermano mayor (que no está contento desde que se mudaron y cambió de instituto). No sería una novela de Stephen King sin una familia disfuncional, ¿verdad? La pequeña Trisha se pierde en el bosque..., donde el dios de los extraviados la acecha.

Reseña: ¿John Rambo? No habría sido igual de bueno sin el entrenamiento del coronel Trautman. ¿Lara Croft? Ya era mayorcita cuando aprendió a sobrevivir en condiciones hostiles. ¿Trisha McFarland? Sí, definitivamente ella es mi nueva heroína favorita en el campo de la supervivencia.

Dicen que la primera frase de un libro es la más importante. Es una declaración de intenciones por parte del autor y también una oportunidad única para atrapar al lector en el acto. La primera frase de esta novela cumple ambos propósitos. "El mundo tenía dientes y podía morderte en cualquier momento". No mintáis; sé que ahora queréis seguir leyendo.

La chica que amaba a Tom Gordon tiene en común con La larga marcha que ambas novelas parten de un concepto la mar de simple, desprovisto de cualquier enredo o estorbo (chicos caminando, una niña perdida en el bosque), que King desarrolla hasta convertirlo en una sufrida epopeya que desborda humanidad. 

A la mínima que tengas cierta empatía con los niños, la situación de Trisha te parte el alma. Los mosquitos se la comen viva, una avispa le pica en un párpado (experiencia que, por cierto, viví con algunos años menos que ella y no le deseo a nadie), se araña con la maleza, tropieza, rueda ladera abajo, le cae un chaparrón, pasa sed, pasa hambre, se intoxica, coge dos pulmonías... Y aun así, mantiene la barbilla alta. Trisha no se rinde ni se sienta a esperar con la esperanza de que vengan a rescatarla, sino que sigue adelante y persevera, aplicando lo poco que sabe a su temprana edad para sobrevivir. ¿Mete la pata? Sí. ¿Se le va la cabeza, habla consigo misma, fantasea y ve alucinaciones? También. Pero lucha hasta el final.

Valor, fuerza de voluntad, tenacidad... ¡Y solo tiene nueve años! Me parece imposible no simpatizar con un personaje de estas características, especialmente si, como yo, naciste sin sentido de la orientación y tus nociones de supervivencia se basan en números sueltos de la Biblioteca de los jóvenes castores. Apoyarla con fervor y esperar lo mejor es la única alternativa posible.

Por si eso fuera poco, King también se permite alguna reflexión sobre la divinidad. ¿Cuál es la naturaleza de Dios?, se pregunta Trisha. "Manifestarse al final de la novena". Y si leéis la novela, si siquiera hará falta que sepáis de béisbol para entender lo que quiere decir.

El clímax, que, a cierta altura de la historia, ya sabes que solo puede ser uno, eleva todavía más esta historia de supervivencia. Lo interpretes como lo interpretes (solo hay dos alternativas, realmente), es redondo y se me saltaron las lágrimas con él.

Haceos un favor y no esperéis a que salga la película.

Ojos de fuego (1980) ★★★★

Sinopsis: A finales de la década de los sesenta, Andy McGee y su futura esposa participaron en un experimento organizado por "la Tienda", una agencia gubernamental secreta. La droga conocida como Lote 6 pretendía despertar en ellos capacidades psíquicas sobrehumanas, pero algunos conejillos de indias no salieron bien parados y el proyecto se canceló. Dos años después, la pequeña Charlie McGee prendía fuego a su osito de peluche con solo mirarlo. En el presente, Andy y su hija de ocho años son fugitivos de la Tienda, que pretenden capturar a Charlie para estudiarla. ¿Nadie les advirtió que quien juega con fuego acaba quemándose?

Reseña: Esta novela es la bomba. Quizá incluso podría decirse que es... ¿una bomba incendiaria?

Llevo queriendo leerme Ojos de fuego (o Firestarter, por su título en inglés) desde que vi por primera vez el póster de la adaptación al cine dirigida por Mark L. Lester hace un porrón de años. Sí, he dicho el póster; ese en el que sale Drew Barrymore con cara de pocos amigos y la melena flotando a la altura de sus orejas, y las llamas alzándose tras ella. La película ni siquiera la he visto. Pero había algo evocador en esa imagen.

Si hubiera sabido que mi padre tenía la novela en su casa (aunque fuera una edición de bolsillo con las hojas amarilleadas por el tiempo que en su día costó 695 pesetas), la habría leído mucho antes; pero hasta que no empecé a hacer recuento de todos los libros de King que tenía a mi disposición y aún no me había leído, no se me ocurrió mirar en su biblioteca particular. Eso sí, ese fue el último cartucho que me quedaba por quemar. A partir de aquí, me toca ir de compras.

La historia comienza in media res, con Andy y Charlie en plena huida, intentando despistar a sus implacables perseguidores. En ese momento aún te falta información, pero ya empatizas con ellos. Luego los vas conociendo y deseas de veras que triunfen, aunque sabes que, tratándose de una novela de Stephen King, es difícil que el final sea de cuento de hadas. Aun así, el desenlace es más cálido de lo que me esperaba.

El tema central de este libro, su corazón crepitante (ejem), es la relación entre Andy y Charlie, un padre desesperado y su hija especial, que es una ricura de niña, pero, como se descontrole, podría quemarlo todo. Repito: TO-DO. 

Uno de los momentos definitorios para estos personajes, y que me caló hondo, es el flashback en el que Andy prácticamente le restriega a Charlie su osito achicharrado por la cara, para que aprenda que lo que ha hecho está mal, forzándose él mismo a crearle un trauma, aunque le duela en el alma, por el bien de ella y de su familia. El horror y la culpa que siente en ese momento crean un eco que se repite cada vez que empuja a su hija a utilizar sus poderes para sobrevivir, pese a que la consecuencia sean múltiples bajas por churruscamiento y Charlie tenga que cargar con su propio sentimiento de culpa. Los sacrificios que ambos hacen para sacarse el uno al otro las castañas del fuego te parten el corazón. 

Ahora bien, aunque en el plano emocional haya instantes duros (y supongo que más si eres padre), la angustia se compensa con las escenas de pandemonio flamígero. No hay humo sin fuego, y tú sabes que, antes o después, saltará la chispa y empezarán las Fallas. Es más, ardes en deseos de que llegue ese momento. Y, cuando por fin empieza el espectáculo, King no decepciona. Explosiones, llamaradas, bolas de fuego, combustiones espontáneas... Aquí cuando la cosa está que arde, arde de verdad.

Otro de los aciertos de la novela es su villano principal, John Rainbird, un nativo americano, veterano de la guerra de Vietnam, que trabaja como asesino a sueldo para la Tienda. El tipo es un auténtico psicópata y está cucú, pero lo que realmente da miedo de él es que sabe leer a la gente y manipularla a su antojo. Sus interacciones con Charlie, a la que a su manera perversa y retorcida ama, son escalofriantes. Es la clase de villano que se te mete debajo de la piel y penetra hasta los huesos. Lo aborreces, pero a la vez te fascina. Y no, no tengo chistes "calientes" para un personaje tan frío.

Tampoco tengo nada malo que decir del libro. En las proximidades de su ecuador, hay algún momento que se me hizo más pesado que el resto (el primer clímax dramático se cocina a fuego lento), y quizá el epílogo se alarga más de la cuenta; pero, en general, no he podido despegarme de sus páginas, lo he gozado y me llevo conmigo varios momentos grabados a fuego.

Lo sé, arderé en el infierno por haber escrito esta reseña.

Dolores Claiborne (1993) ★★★★

Sinopsis: Dolores Claiborne, una mujer humilde, acude a la policía para declarar que ella no mató a Vera Donovan, una vieja ricachona para la que ha trabajado como sirvienta durante décadas y cuya salud mental se había deteriorado gravemente con el tiempo. Lo que sí hizo hace ya veintinueve años, durante un eclipse total de sol, fue matar a su marido.

Reseña: Tengo comprobado que me leo antes un libro largo con capítulos cortos que un libro corto con capítulos largos. El motivo tras esta incongruencia aparente es que soy incapaz de dejar un capítulo a medias. Como manía es tontísima, pero sé que muchos lectores la comparten. Si me puedo ventilar un capítulo en cinco minutos o menos, eso significa que, si surge alguna cuestión que deba atender, me entra sueño o sencillamente me aburro, puedo dejar el libro en un pispás. Es cierto que, en la mayoría de los casos, acabaré leyéndome varios capítulos seguidos; pero lo importante es que, de acuerdo con mis reglas, podría interrumpir la lectura prácticamente en cualquier momento. ¿Qué son cinco minutos, después de todo? En cambio, si sé que me esperan quince minutos o más de lectura antes de llegar siquiera a un punto en el que me sienta cómodo cerrando el libro, la pereza y la desidia se apoderan de mí, porque tengo la sensación de estar aceptando un compromiso que no estoy seguro de poder o querer cumplir. Se puede ser así de idiota, sí.

Este rollo viene a cuento de que Dolores Claiborne no tiene capítulos. Es un monólogo larguísimo puesto en boca de la protagonista y no tiene ni una sola pausa, ni siquiera un doble espacio entre párrafos. Exceptuando las dos o tres últimas páginas, que contienen algunos retazos de artículos periodísticos a modo de epílogo, es un larga cascada de texto que cae en tromba sobre ti.

En mi cabeza eso suena a tortura china patrocinada por la Inquisición española.

Pues bien, resulta que me he leído la novela en dos sentadas y en ningún momento tuve ganas de aparcarla. Sabía de antemano que el libro pasaba un kilo de capítulos y pausas, por lo que yo iba receloso de serie; pero, desde el momento en que empecé a leer, no eché en falta esos respiros. Me sentía a gusto y en paz bajo la cascada, como uno de esos luchadores orientales que no tienen ducha en casa. No se me ocurre mejor testimonio que ese para expresar cuánto me ha gustado y atrapado la historia de Dolores.

Aunque Stephen King siempre escribe buenos personajes, pocos me han resultado tan próximos como Dolores Claiborne. En el mundo de ficción al que pertenece, Dolores está contando la historia a unos policías, pero, en el mundo real, te la está contando a ti y oyes directamente su voz, experimentando ese mundo ficticio a través de sus recuerdos, emociones y sentidos. Esta voz, a pesar de los coloquialismos, algunas veces suena más a la del propio King que a la de una mujer tosca, pero te llega igualmente como si viniera de una persona real que ha decidido convertirte en su confidente y abrirte su corazón.

Y Dolores puede ser poco delicada, incluso basta, pero, si algo no le falta, es corazón. "Oídme por lo menos esto: todo lo que hice lo hice por amor", le dice a los policías a medida que se acerca el final de su confesión.

La novela puede dividirse, según lo veo yo, en tres bloques, dos grandes y uno más chico que se sustenta en los anteriores. "En vez de contarlo en de atrás adelante o de delante a atrás, voy a empezar justo por la mitad y recorreré hacia los dos lados", explica Dolores.

En el primer bloque, Dolores cuenta las tres formas en que su recientemente fallecida empleadora era una cabrona. El fondo de este relato, la situación que describe, es áspera e incluso triste, pero el fuerte carácter de Dolores le da un cariz al menos digerible, ya que cuenta la historia con tal desparpajo y falta de delicadeza que incluso los momentos duros se vuelven cómicos.

En el segundo bloque, la mujer revela por qué mató a su marido, y, aunque los motivos son desgarradores y hay momentos terribles, llegados a este punto admiras a Dolores sin reservas, por su fuerza y coraje. "Un accidente puede convertirse a menudo en el mejor amigo de una mujer desgraciada".

Por último, en el tercer bloque se descubre por fin lo que le sucedió a Vera Donovan. Sería el final perfecto para esta novela, si no fuera porque el epílogo incluso lo mejora. Es un final sencillo, pero que te saca una sonrisa y te eleva el ánimo.

Dolores es uno de los personajes favoritos de Stephen King, y él suele citar esta frase cuando le preguntan por ella: "A veces hay que ser una cabrona redomada para sobrevivir. A veces ser una cabrona es lo único a lo que una mujer puede aferrarse".

Es una gran frase.

UR (2009) ★★

Sinopsis: Wesley Smith, profesor de literatura de un instituto de Kentucky, acaba de romper con su novia, la entrenadora del equipo de baloncesto, y no consigue sacarse de la cabeza lo último que le dijo: "¿Por qué no lees en el ordenador, como hacemos el resto?". Para demostrarle algo (no es que esté muy seguro de qué), Wesley decide comprarse un Kindle. El dispositivo le llega en un solo día (pese a no haber seleccionado ese plazo de entrega) y es de color rosa (en lugar del habitual blanco), pero lo más raro de todo es que una de sus funcionalidades le da acceso a libros y periódicos de un catálogo de más de 10.400.000 realidades paralelas.

Reseña: Según recoge una noticia de The Associated Press del 3 de marzo de 2009, el agente de Stephen King negó que en esta novela corta, publicada en exclusiva para Amazon Kindle, hubiera publicidad encubierta o emplazamiento de producto. Yo creo que eso es verdad, principalmente porque su cliente ya no necesita más dinero; pero, después de haberme leído el libro, tengo que reconocer que algunos de sus pasajes parecen un publirreportaje descarado. La publicidad, intencionada o no, "esite", como los "vanpiro".

Dicho esto, las menciones al Kindle y sus múltiples funcionalidades (reales o de fantasía) no dan al traste con este breve relato de ciencia ficción, que va de más a menos.

La historia comienza como uno de esos episodios curiosos, pero no realmente buenos, de La dimensión desconocida; después gira hacia lo que podría pasar por un episodio aburrido de Edición anterior; y termina de forma surrealista con una escena que parece sacada de un pastiche de la Guía del autoestopista galáctico.

La novela es entretenida y se lee del tirón, pero, más allá de su premisa, no tiene nada que decir.

Billy Summers (2021) ★★★

Sinopsis: Billy Summers, un francotirador condecorado de la guerra de Iraq, se gana la vida como asesino a sueldo. Su regla de oro es que solo mata "malas personas". Para ejecutar el que espera que sea su Último Trabajo™, tendrá que hacerse pasar por escritor durante una temporada (casualmente una ocupación sobre la que Stephen King sabe alguna cosilla). Por supuesto, la situación se complica.

Reseña: Creo que el público general tiene la idea equivocada de que Stephen King solo escribe novelas de terror. Esta misma semana hablaba de algunas de las últimas novelas que me he leído con una amiga y su marido y, cuando mencioné que el terror no era el único género que trabajaba, se sorprendieron. "¿Qué ha escrito que no sea de terror?", me preguntó él. "Cadena perpetua, por ejemplo", contesté (porque si hubiera dicho Esperanza, primavera eterna, no me hubiera entendido). Resulta que la adaptación al cine de esa novela era una de sus películas favoritas.

Billy Summers no es una novela de terror, sino de suspense (o policíaca, si queréis; pero sin policías ni detectives), y, salvo por referencias puntuales a otras obras del autor (érase una vez un hotel encantado en Colorado...), carece de elementos sobrenaturales.

Es difícil hablar de esta novela sin destriparla, pero, para evitar desengaños, creo que es conveniente saber que el meollo de la historia no arranca hasta que Billy hace su trabajo, y esto ocurre muy cerca ya de la mitad del libro. Por si la narrativa os importa un comino, lo normal en una obra de ficción es que la parte correspondiente al planteamiento no lleve más de una cuarta parte de su extensión total. Incluso si vosotros no sois conscientes, vuestro cerebro lo nota. En las películas es más evidente porque suele asociarse a problemas de ritmo.

King no miente cuando dice que los argumentos no van con él y que se deja llevar por los personajes y la situación, y eso se nota en la estructura de sus historias, a veces más y a veces menos. Él mismo ha hablado de ello en multitud de ocasiones. "Desconfío de los argumentos por dos razones: la primera, que nuestras vidas apenas tienen argumento [...]; la segunda, que considero incompatibles el argumento y la espontaneidad de la creación auténtica", dice en Mientras escribo.

El problema de pasarte el esquema clásico de introducción, nudo y desenlace por el arco del triunfo es que te pillen dando tumbos y que no seas tan buen escritor como para mantener enganchado al lector mediante otros recursos. King, por suerte, es un narrador excepcional y lo bastante bueno como para que eso no suela ser un problema. Pero a veces lo es.

Yo no sentí el clic con esta novela, el momento de conexión que busca todo amante de la lectura, hasta cerca de la mitad, que es cuando ocurre un suceso ajeno a la trama principal, pero que introduce al segundo personaje más importante de la historia. Aun así, ni siquiera ese es el punto en el que la historia retoma su curso; para eso todavía hay que esperar más. En un mamotreto de unas 650 páginas, "cerca de la mitad" es demasiado.

No es que la primera parte de la novela esté mal ni mucho menos. Vas conociendo al protagonista a medida que descubres con él que hay algo en este último trabajo que apesta. Sin embargo, hay un punto en el que empecé a preguntarme a dónde narices iba a conducirme todo esto y a cuento de qué era necesaria tanta demora. No quiero llevar a error a nadie por comparar este libro con la película Léon, el profesional, pero imaginaos que el personaje de Natalie Portman tardase una hora en salir. Os chirriaría, ¿verdad? Una novela puede permitirse más licencias que una película, pero no siempre se sale con la suya.

Hecha esta advertencia, la segunda mitad del libro me ha enamorado. Quizá ya he dicho de ella más de lo que debería (aunque, según el propio Stephen King, "spoilers mostly outrage spoiled people", porque lo importante no es lo que te cuentan, sino cómo te lo cuentan), pero añadiré que es donde reside el corazón de la historia. No solo es cuando entran a jugar mis personajes favoritos, sino que el propio Billy sale reforzado por su relación con ellos.

Más allá de la trama y, aunque no me gusta utilizar esta expresión, la novela también es una carta de amor a la escritura, una de tantas que encontramos en los libros del autor. "A Stevie le gusta escribir, a Stevie le gusta escribir...", corearían unos críos para picarle. Si dejamos a un lado la historia del asesino con un corazón de oro al que se le tuerce su último trabajo, la novela es una declaración autobiográfica acerca de la pasión de King por el oficio de escritor, que en esta ocasión enfoca desde los ojos de un aficionado. El libro nos habla de los efectos terapéuticos de la escritura (a Billy le ayuda a lidiar con los traumas de su infancia y con sus recuerdos de la guerra de Iraq, porque no sería un personaje de Stephen King sin un pasado horrible) y de la experiencia catártica que supone "sentarte delante de una pantalla o cuaderno y cambiar el mundo". A quien le guste escribir disfrutará leyendo esos pasajes, y, con independencia de lo que cada uno opine del final, la última parte de la novela es a la vez un ensayo sobre la literatura y un ejercicio literario precioso.

Por último, y a título anecdótico (porque no es algo que encuentre especialmente molesto), se nota que King lleva ya más de una década pasando los inviernos en Florida, o sea, que es viejo, y que está más desconectado de la realidad cotidiana de lo que le conviene a alguien que escribe historias contemporáneas. ¿Niños que quedan para jugar al Monopoly en el año 2019? ¿En que realidad paralela se ha visto eso? Menudencias, en cualquier caso.

Revival (2014) ★★★

Sinopsis: Cuando tenía seis años, Jamie Morton se hizo amigo del reverendo Charles Jacobs, un buen samaritano obsesionado con la electricidad. Tras sufrir una tragedia personal, el padre Jacobs perdió la fe y, poco después, soltó un sermón fatídico que provocó que lo echaran del pueblo (y con razón). Los encuentros entre ambos se repetirán en distintos estadios de la vida de cada uno a lo largo de cincuenta años, a medida que crece la obsesión de Jacobs por revelar "el camino al conocimiento último" a través de la electricidad. De reverendo afable a científico loco en menos de cuatrocientas páginas, lo que hay que ver.

Reseña: Como primer punto del orden del día, me he propuesto ayudaros a gestionar vuestras expectativas con esta novela. Recuerdo que cuando se publicó, hace ya siete años, me llamó la atención que se hablase de ella como "el regreso de Stephen King al auténtico terror" o "el retorno a sus raíces". Yo no sabía ni que King se había marchado, pero eso no es lo relevante. Lo relevante aquí es que si te esperas una historia de miedo al estilo de El misterio de Salem's Lot o Cementerio de animales, es probable que te sientas estafado.

Esta no es una novela que te meta el miedo en el cuerpo de principio a fin. Se trata de una reflexión sobre la vida y la muerte a través de la mirada de Jamie Morton. Su historia, contada por él mismo, abarca desde su infancia como benjamín de una familia numerosa de Harlow hasta su carrera como técnico en un estudio de música en Nederland, pasando por su etapa como roquero drogadicto en la carretera (la "mejor" etapa de cualquier estrella del rock).

Podría ser la biografía ficticia de un músico cualquiera si la vida de Jamie no estuviera marcada por sus encuentros con el fascinante y misterioso Charles Jacobs, que pasa de reverendo metodista más o menos corriente (lo de "corriente" no es un chiste relacionado con la electricidad) a, por este orden, feriante "Retratista de los Relámpagos", predicador de carpa hacedor de milagros, y facsímil del doctor Frankenstein con extra de ambición.

En cualquier caso, no es una de esas novelas que mantengan un mal rollo constante. De hecho, algunas de las cosas horribles que suceden en esta historia tienen mucho de cotidiano y nada de sobrenatural.

Por otro lado, a pesar de que lo he leído y escuchado en distintas partes, tampoco es cierto que todo el terror esté concentrado al final. Antes del pavoroso y sobrecogedor clímax (que flipará a los aficionados a Lovecraft y sus mitos), hay genuinos momentos de espanto repartidos aquí y allá a lo largo de toda la novela, incluidas varias automutilaciones y una fiesta de cumpleaños macabra y desquiciante que me puso los pelos de punta. Lo que ocurre es que esos momentos son breves y esporádicos, y su presencia solo empieza a calar a medida que el relato se aproxima a su desenlace. Hasta entonces, lo que tienes es la historia de una vida interesante narrada de forma sobresaliente y en la que King, apasionado del rocanrol, aprovecha para recomendar canciones de rock de los sesenta y setenta a tutiplén. El tío ni siquiera disimula su labor evangelizadora.

Aclarado ese punto, mi opinión sobre Revival se resume en que (redoble de timbales, por favor) es una buena novela, y ojalá me hubiera emocionado al menos una pequeña parte de lo que me ha gustado.

Voy a tener que explicar esto último, ¿verdad?

Cuando me pongo en manos de Stephen King, doy por sentado que voy a conectar con los personajes y que lo que me cuente sobre ellos me va a enganchar y mantener absorto durante horas. Y eso se ha cumplido de sobra con Revival.

De propina también me he llevado las reflexiones del autor, puestas en boca de sus personajes, acerca de la religión como sistema organizado, que llega a definir como "el equivalente teológico de los seguros fraudulentos". Lo curioso, aunque no del todo sorprendente, es que King sí cree en Dios (o al menos en algún dios). Decidió creer porque él no hubiera superado sus adicciones, ni quizá podría seguir luchando hoy contra ellas, si no creyera que existe un poder superior. Y a mí todo esto me parece fetén e interesantísimo.

¿Qué he echado en falta entonces? El golpe emocional. Me da igual si son escalofríos o lagrimones, cuando leo o veo una película por su historia ¡quiero sentir!

Sin embargo, aparte de algún calambre ocasional en la espalda por leer en mapa postura (y ser mayor), no he sentido gran cosa con esta novela. Hay escenas espeluznantes e incluso momentos tiernos que me han sacado la sonrisa ("Nuestra casa es el sitio donde quieren que nos quedemos más tiempo"), pero ninguno ha resonado en mí. Ni he pasado miedo ni me he emocionado. Ni siquiera me he sentido incomodado.

Pero como eso depende de cada uno, la recomiendo igualmente, porque la he disfrutado un montón.

El fugitivo (1981) ★★★

Sinopsis: En el futurista año 2025, Ben Richards compite en El fugitivo, un programa de televisión en el que los concursantes tienen que conseguir evadir durante un mes a los cazadores, hombres especialmente entrenados y contratados para matarlos. Esta es la última oportunidad de un padre desesperado para ganar el dinero que necesita para salvar a su hija enferma, pero podría costarle la vida. ¿Aumentarían sus posibilidades de sobrevivir si tuviera la fuerza de un físicoculturista austríaco? Quizás.

Reseña: Lo creáis o no, cuando escribo estos textos, procuro centrarme en lo importante y no irme por las ramas (ja, ja, lo sé). Por eso, lo normal sería que dejase al margen la comparación de esta novela con su adaptación o que pasase por ella de puntillas. Sin embargo, este es un caso especial, porque ¿cuántas personas, aparte de Stephen King y su editor, habrán leído la novela antes de ver la película de Arnold Schwarzenegger? ¿Tres? ¿Cuatro? King ni siquiera firmó la novela con su nombre, así que probablemente no se hizo popular hasta que se reveló que Richard Bachman y él eran la misma persona, lo que no ocurrió hasta 1985, cuatro años después de su publicación. Es más, estoy convencido de que las ventas del libro no mejoraron hasta que la película se estrenó en 1987.

¿A dónde quiero ir a parar? A que lo más probable es que uno haya visto la película antes de haberse planteado siquiera leer la novela (que a lo mejor descubre precisamente al leer los títulos de crédito), y si, como lector inocente, piensas que encontrarás entre sus páginas la misma historia y los mismos personajes que viste en la pantalla te quedarás con el culo torcido.

El contexto es similar. En ambas obras la historia se desarrolla en unos Estados Unidos ultraconservadores y con desigualdades sociales pronunciadas (supuestamente se trata de una distopía, aunque cada día cueste más distinguir la ficción de la realidad), y donde los medios de entretenimiento se utilizan como herramienta de control de la población. El concurso más popular de la televisión es The Running Man, en el que los participantes se juegan la vida huyendo de cazadores profesionales.

Pero ahí acaban las coincidencias importantes. Ni siquiera las reglas del juego son las mismas. Los fugitivos del libro pueden huir y esconderse en cualquier parte del mundo (pero tienen que grabar y mandar dos cintas diarias a la sede de la Federación), ganan dinero por cada hora que se mantienen con vida (más los extras por matar policías o cazadores) y, si logran sobrevivir treinta días, se llevan un billón de dólares como premio (lo cual es imposible, porque el concurso está amañado). Y, desde luego, en la novela los concursantes no visten pijamas fosforitos ni los persiguen fantoches de la WWE.

En su libro Total Recall: My Unbelievably True Life Story, Schwarzenegger da a entender que la película debería haber sido más cercana al libro en cuanto a su mensaje y tono, pero que el director Paul Glaser (Starsky en Starsky y Hutch) no era el más adecuado para trasladar el comentario sociopolítico a la pantalla (porque solo había hecho televisión) y además no había tenido tiempo para prepararse (lo contrataron después de haber despedido a Andy Davis tras la primera semana de rodaje).

Respeto a Schwarzenegger, pero se está columpiando o engañando a sí mismo. El cambio de director no fue la razón por la que una novela sobria y dura como esta se convirtió en un festival de acción ochentera repleto de fanfarronadas y chascarrillos. La razón de peso es que el guion de Steven de Souza se construyó como vehículo de propulsión a chorro para la personalidad que Schwarzenegger se había labrado en la gran pantalla, y no para hacer un alegato sobre los gobiernos autoritarios y los peligros de la manipulación de la verdad por parte de los medios. El comentario social está en la película, pero el enfoque es completamente diferente.

Stephen King escribió esta novela en un momento penoso de su vida y volcó en ella toda la frustración y rabia que sentía. Había tenido una hija nada más salir de la universidad, se había casado medio año después y, como no conseguía una plaza de profesor, su familia subsistía con lo que le pagaban por escribir relatos para revistas masculinas y el sueldo que ganaban con empleos precarios (él trabajaba en una lavandería por 1,60 dólares la hora mientras su mujer Tabitha echaba las noches detrás del mostrador en un Dunkin’ Donuts).

No es casualidad, por tanto, que Ben Richards sea un hombre sin empleo, enfadado con el mundo y desesperado por sacar adelante a su familia. Richards no es ningún héroe, ni siquiera para los estándares de Stephen King. Simpatizas con el personaje porque los malos son la hez y él es un antisistema recalcitrante que decide jugarse el pellejo para ayudar a su familia, pero sus tendencias racistas, homófobas y sexistas no se las quita nadie. Dicho de otra manera: sabes que es víctima del entorno en el que le ha tocado vivir y te puedes poner en su lugar, pero no lo invitarías a tu casa a cenar.

La novela está dividida en 101 capítulos, que van del 100 al 000 (es una cuenta atrás, no me he vuelto gilipollas), y tiene el ritmo que cabe esperar de una historia escrita a tope de energía (u otras sustancias estimulantes) y pisando el acelerador a fondo (tardó setenta y dos horas en terminarla). Su fuerza adrenalínica te arrastra hasta su última página y, aunque el estilo es tosco, le pega.

Aquí King no pierde el tiempo. A Richards le hacen una serie de pruebas para comprobar si es apto para competir en los juegos, lo seleccionan para El fugitivo, le dan una charla y, sin más dilación, empieza el juego. A partir de ahí, nuestro "héroe" se esconde, huye, mata, hace amigos, descubre secretos, miente, secuestra, organiza un espectáculo como nunca antes se había visto en la televisión, y le echa cojones hasta el final.

El desenlace, que no tiene nada que ver con el de la película, es una absoluta locura que solo podría haber escrito alguien muy cabreado con el mundo. Y eso me chifla.

El Talismán (1984) ★★

Sinopsis: Jack Sawyer, un chico de doce años, emprende un viaje lleno de peligros para encontrar el talismán del título de la novela, con el que pretende salvar la vida de su madre enferma y la de su "gemela", la reina de los Territorios, un universo de fantasía medieval en el que los seres humanos conviven con hombres lobo, gárgolas vivientes y otros seres extraños (aunque no muchos más).

Reseña: Voy a hablar de dos aspectos de este libro que me habría gustado conocer antes de leerlo y que me habrían ayudado a gestionar mis expectativas.

En primer lugar, aunque el resumen oficial de la solapa da a entender que el protagonista es un crío corriente que, por equis circunstancias, se transporta a un mundo de fantasía, donde vive toda clase de aventuras increíbles, al estilo de El mago de Oz o Alicia en el país de las maravillas, ese no es el caso. En El Talismán, la mayor parte de la trama transcurre en nuestro mundo, el mundo real, el que a menudo huele mal y da asco. Hay fantasía a porrillo, pero no se trata del típico viaje en el que el héroe descubre un mundo nuevo al mismo tiempo que el lector. Aunque un mínimo de wordlbuilding es impepinable, la información que nos ofrecen Stephen King y Peter Straubb sobre los Territorios es escasa y sabe a poco. Por lo tanto, si lo que más os atrae del género fantástico es la sensación de maravilla y descubrimiento, raro será que esta novela satisfaga vuestras necesidades literarias.

En segundo lugar, tenemos que hablar del tono. Esta no es ni por asomo la obra más perversa ni malsana de King; de hecho, incluso transmite un mensaje de esperanza. Pero es una historia para adultos, y llega a ponerse bastante oscura. En particular, si sois sensibles con temas como el maltrato de niños o perros (hombres lobo en realidad, pero, a los efectos, viene a ser lo mismo), hay tramos bastante duros. Las partes del bar Oatley y, sobre todo, del Hogar Cristiano de Sol Gardener para Chicos Descarriados todavía me pesan. Esto no quiere decir que el libro no pueda leerlo un chaval de catorce años, pero no creo que King y Straubb lo escribieran con esa idea en la cabeza. Si buscáis una novela juvenil, supongo que el libro de King más apropiado sería Los ojos del dragón, que escribió porque quería que su hija leyera alguna de sus novelas y a la niña no le gustaba el terror.

Dicho esto, fuera por A o por B, no he conseguido meterme en la novela. Es entretenida y tiene buenos personajes y algo interesante que contar, pero la historia no ha conseguido engancharme, y en algunos tramos se me ha hecho pesada. Para lo larga que es, pasan pocas cosas, y no se me va la sensación de que a algunos capítulos les enchufaron un compresor de aire Michelin, porque no es normal que estén tan inflados.

Peor que eso es que la mezcla de fantasía y realidad tampoco me convence. Hay escenas en las que el recurso de pasar de un mundo a otro funciona e incluso se utiliza con ingenio, pero el conjunto carece de consistencia y a veces la situación se desmadra hasta lo absurdo (la parte en la que Jack y su amigo se presentan con metralletas en los Territorios y se lían a tiros con una manada de hombres lobo estuvo a punto de perderme, pero a lo mejor esta última frase es la que os convence a vosotros para leeros el libro, ¿qué sé yo?).

De Speedy, el "negro mágico", cuanto menos diga mejor. No creo que King o Straubb sean racistas, pero este personaje es un estereotipo con patas al que no le hace sombra ni el tío Remus de Canción del sur. Muy mal.

Supongo que podría mencionar algunos momentos que me gustaron, porque solo faltaba que de ochocientas páginas no me congraciase con ninguna. Sin embargo, esos momentos no compensan los problemas que le veo al libro, así que mejor lo dejo aquí, antes de que se me ocurran más.

El maestro y Margarita (1967) ★★

Sinopsis: El Diablo y su corte llegan a Moscú, donde cometen mil y una tropelías.

Reseña: Mentiría si dijese que esta obra maestra de la literatura rusa me ha gustado. Desde luego podría decirlo para quedar bien, pero estaría engañándome a mí mismo, y ya me engaño demasiado como para sumar otra mentira a la lista. Creo que hacerlo podría destruir la relación tan buena que tengo conmigo mismo.

Bulgakov escribió la novela durante la secretaría general de Iósif Stalin en respuesta a la fuerte propaganda ateísta de la época. Sin embargo, por temor al régimen y sus frecuentes invitaciones a hospedarse en un gulag, la novela no vio la luz hasta 1966, más de dos décadas y media después de la muerte del autor. E incluso esa primera versión fue alterada y recortada como consecuencia de la rígida censura soviética. Casi puedo oír el himno de la URSS mientras escribo estas líneas.

El maestro y Margarita es una brillante e imaginativa sátira de la sociedad soviética de la década de 1930, y suele enmarcarse en la corriente del realismo mágico, por cuanto que lleva lo fantástico (en este caso, la corte satánica) al terreno de lo cotidiano (la Rusia moscovita). 

La mayor parte de la novela sigue las andanzas del Diablo (bajo el nombre de Voland) y su séquito (Koróviev, Asaselo, Guela y Popota, un enorme gato negro parlante) mientras siembran el caos en Moscú con sus travesuras y vuelven del revés la vida de sus ciudadanos. Entre los principales afectados por este advenimiento demoníaco están "el maestro", un escritor desilusionado tras el rechazo de su último manuscrito, y su amante Margarita, a la que se le presenta la oportunidad de convertirse en bruja. La otra parte de la novela se remonta a la Judea de los tiempos de Poncio Pilatos y relata, desde el punto de vista del infame procurador romano, el juicio y ejecución de Joshúa Ga-Nozri (Jesús de Nazaret).

Honestamente, si lees ese último párrafo y ni siquiera despierta tu curiosidad, deberías hacértelo mirar.

Dicho esto, y aunque no dudo que esta novela sea una de las obras más importantes de la literatura del siglo XX, porque ese es el consenso general y ni si me ocurriría llevarle la contraria, tengo claro que no es para mí. Ni siquiera las ediciones en las que sale el gato Popota en la portada podrían cambiar mi opinión.

Reconozco su complejidad, está indudablemente bien escrita (me llama la atención, en particular, cómo pasa de un estilo burlesco para narrar los acontecimientos derivados de la visita del Diablo a Moscú, a otro más sobrio, propio de la ficción histórica, para contar la historia de Pilatos) y abarca muchos ámbitos y temas, de los cuales es probable que no me haya pispado de la mitad (intuyo, eso sí, que el totalitarismo soviético no era santo de devoción de Bulgakov).

El problema principal es que a mí me gustan las historias con una estructura tradicional en las que se presenta un conflicto y, tras las peripecias de rigor, al final se resuelve. En cambio, esta novela está construida a partir de una sucesión de escenas aisladas, en su mayor parte disparatadas, con conexiones de índole más temática que narrativa. Es cierto que no solo "pasan cosas", porque existe cohesión en lo que el narrador está contando; pero no tienes la sensación de que lo que ocurre lleve a alguna parte. Por lo tanto, por fluida que sea la prosa del autor, la historia no me engancha.

El otro elemento que me fastidia la lectura es que la novela carece de protagonistas al uso, ya que el narrador omnisciente (que se considera a sí mismo veraz, pero ajeno a la historia) salta de unos personajes a otros constantemente, a conveniencia del relato, y apenas da unas pinceladas de su carácter. Los personajes son básicamente una herramienta para desarrollar las reflexiones del Bulgakov y no consiguen escapar del papel y convertirse en personas; no llegas a conocerlos.

En cualquier caso, y con independencia de mis gustos, la novela es una genialidad como una catedral, así que hechas las debidas advertencias, ¡leedla, corcho!

Vampire Hunter D (1983) ★★

Sinopsis: En el año 12.090, Doris Lang, una adolescente huérfana que vive con su hermano pequeño, se convierte en víctima del maléfico conde Magnus Lee, un vampiro con solera al que se le ha antojado convertir a la muchacha en su esposa para chuparle la sangre a conveniencia, vestirla con camisones blancos y, en general, satisfacer sus fetiches de señor depravado no-muerto que ha vivido la tira tiempo. La chica contrata a D, un misterioso y bello cazador de vampiros, para que apiole al conde.

Reseña: Vampire Hunter D es una de las sagas literarias de terror más longevas y populares de Japón. La primera novela se publicó en 1983 (el mismo año en el que salió el manga El puño de la Estrella del Norte y empezó a emitirse en la televisión Capitán Tsubasa, por centrar la época), y su autor ha seguido escribiendo entregas de la saga desde entonces, hasta sumar un total de treinta y ocho novelas, porque no tiene vergüenza ni la conoce. Estas novelas se han adaptado en cómic, televisión, radionovela y videojuego y tiene merchandising para parar un tren.

Hecha esta introducción para ganar tiempo, confieso que no tengo ni pajolera idea de cómo valorar esta novela. Me falta la experiencia y me falta el conocimiento. Por no tener, no tengo ni con qué compararla, porque he leído poca literatura oriental, juraría que ninguna japonesa, y la poca que he leído pertenecía tenía más años que la tos y no era ficción ligera para el público juvenil (salvo que Viaje al Oeste o El arte de la guerra entren en esa categoría).

Por lo tanto, aunque habrá a quien le parezca inapropiado o incluso insultante, solo se me ocurre decir que esta novela es básicamente un anime en formato texto, con todo lo que ello implica, incluyendo héroes experimentados con cara de no haber cumplido los veinte (hermosísimos todos ellos, claro está), frases que nadie diría jamás en la vida real ("sentí un aliento tan frío como la luz de luna en la base de mi cuello") y técnicas de lucha disparatadas ("a través de su propia fuerza de voluntad, podía crear un pasaje cuatridimensional en cualquier parte de su cuerpo [...] y enlazarlo al cuerpo de su enemigo").

Quizá penséis que una novela como esta no puede analizarse en términos de calidad literaria (sí que se puede: es MALA), pero, en cualquier caso, por aquello de darle chicha a esta reseña, vamos a decir que eso no es lo más importante y que, para evaluar esta clase de obra, hay que fijarse en los gustos de cada uno, concretamente en hasta qué punto le atraen la premisa y el mundo creado por el autor para perdonarle que la novela sea una soberana estupidez.

La historia se desarrolla en un futuro distópico en el que han pasado más de diez milenios desde que la humanidad se fue al cuerno a causa de la guerra nuclear, poniendo fin a una ridícula utopía tecnológica. Tras un periodo oscuro en el que los contados supervivientes se vieron abocados a un nivel de vida peor que el del bajo medievo, los vampiros, que habían permanecido ocultos hasta entonces, salieron de sus criptas y se hicieron con el cotarro.

Utilizando "superciencia y hechicería", estos señores de ultratumba trajeron de nuevo el orden al mundo y restauraron la civilización, sometiendo a los humanos a su voluntad. Sin embargo, la propia naturaleza apática de los vampiros era su peor enemigo y, al cabo de cinco mil años y tras unas cuantas rebeliones, ellos mismos pasaron a ser una especie en vías de extinción. Ahora, los miembros de esa decadente nobleza viven apartados en sus fortalezas inexpugnables y se dedican a atemorizar a los humanos, que subsisten llevando un estilo de vida parigual al de los pueblos fronterizos de las películas del lejano Oeste, pero con tecnología futurista (caballos cibernéticos, rifles láser, barreras electromagnéticas…).

En efecto, la novela aúna terror gótico, wéstern y ciencia ficción en un mundo postapocalíptico en el que tan pronto te cruzas con un monstruo de la Universal, como con un mutante producto de la radiación.

Desde luego, si hablamos de pastiches, Hideyuki Kikuchi es el rey del mambo, porque es capaz de coger elementos característicos de obras y géneros que nada tienen que ver unos con otros, unirlos como si fueran trozos de diferentes cadáveres y, a chispazo limpio, crear con ellos una criatura original. Y lo increíble es que esa combinación aparentemente aleatoria de elementos funciona. No debería hacerlo, pero el punto de partida es tan absurdo que ya nada de lo que te arroje te puede chirriar. Si de repente te dicen que los vampiros han condicionado a los humanos para que se olviden inmediatamente de que el ajo es su punto débil por si en algún momento lo descubren, te lo tienes que creer.

Más allá de su ambientación y mitología macedónicas (de macedonia de frutas, no de la Macedonia que limita al sur con Grecia), el resto de lo que ofrece la novela es tan extravagante y risible que da hasta ternura. La trama está repleta de clichés, los personajes tienen menos profundidad que un recortable de cartón, los vertidos de información son abrumadores, y la idea que tiene el autor de plantear un misterio consiste en que te preguntes quién será en realidad D, a pesar de que, nada más empezar la novela, el personaje revela que es un dhampiro (mitad vampiro, mitad humano) y después no paran de insinuarte que tiene relación con el maestro de todos los vampiros ("¿Un vampiro importante cuyo nombre empieza por D?, no caigo. ¿Quién será? ¿El conde Draco, de Barrio Sésamo? ¿Draculaura? ¡Es un enigma!").

De todos modos, lo importante es que este libro me ha abierto las puertas a un submundo literario que no conocía y que, por alguna razón que ahora ya no recuerdo, quería conocer.

No prestéis atención a la puntuación que le he asignado, porque podría haberle puesto una estrella igual que tres. No sé ni si me ha gustado. No obstante, aunque solo sea por lo demencial que es y por sus referentes cinematográficos, me inclino por un "tabién". Además, como por impulso me he comprado la edición ómnibus, que contiene las tres primeras entregas de la saga, más me vale autoengañarme para que no pierda las ganas de leer las dos novelas que me quedan.

Para terminar, me parece estupendo que el libro incluya algunos dibujos en blanco y negro de Yoshitaka Amano, autor también de la magnífica portada. Su nombre probablemente os suene por las ilustraciones que ha realizado para la saga de videojuegos Final Fantasy, la cual tiene tanto sentido y coherencia como esta novela. Y con esto se cierra el círculo.

12 comentarios

German dijo...

Pues lo siento mucho, Sr. Brocha. Las echaré en falta. Muchas gracias por tus reseñas, que me han servido para ver o leer muchas obras que no havia considerado o que había olvidado. Un abrazo

gt7h1 dijo...

De los libros, conozco los primeros del tito King anteriores a su accidente y, que en mi opinión, es de lo mejor de su obra. Lo más moderno ya no me fascina como antes. El Talismán lo valoré más por ser el mismo universo de La Torre Oscura (me parece que en los últimos libros de la saga se repiten escenarios). Y creo que leí Revival y no lo recuerdo en absoluto. De hecho, King pasó de ser mi autor favorito a ser reemplazado por Neil Gaiman.
Pues aunque voy a extrañar leer estas antologías de reseñas, te comprendo totalmente que quieras ahorrar el esfuerzo. Sobre todo considerando las veces que he ponderado el dejarte algún comentario y nefastamente gana la desidia y no lo hago, no tengo autoridad moral para reconvenirte por tu decisión.

Sara dijo...

Espero que tu año esté empezando con buen pie
Siento que te plantees dejar de publicar, el problema como seguidores del blog viene cuando nos gusta leer tu opinión aunque no nos planteemos leer esa novela, ver las pelis.. y lo que es peor al no saber qué comentario ponerte, no escribir finalmente ninguno. Vaya, que publiques lo que tú quieras que para eso es tu blog
Un beso

Anónimo dijo...

King es literatura de fácil lectura. Para eso mejor opina sobre Spiderman NWH, a muchos de nosotros nos gustaría saber que opinas de ese cine desechable.

El Tipo de la Brocha dijo...

Muchas gracias. Fue bonito mientras duro. Para algunos al menos.

El Tipo de la Brocha dijo...

Yo creo que tiene buenos y malos libros a lo largo de toda su carrera como escritor. Pero es verdad que tiene etapas diferenciadas, y para gustos...

El Tipo de la Brocha dijo...

El año está empezando, que no es poco. Muchas gracias.

Entiendo perfectamente lo de los comentarios. A mí también me pasa con contenidos ajenos. Muchas veces me puede la pereza o el no saber qué decir o aportar. En todo caso, los comentarios que lleguen bien recibidos serán (en su mayoría, claro, porque también hay cada uno que es para dar de comer aparte).

El Tipo de la Brocha dijo...

Publiqué esa reseña hace cinco días. La tienes aquí: https://www.eltipodelabrocha.com/2021/12/resenas-de-peliculas-noviembre-diciembre-2021.html.

Pons dijo...

Pues ya me has encontrado. Soy una persona que se leyó antes el libro que miró la peli, y me gustó, el libro, la peli es entretenida sin más. La atmosfera de presión constante contra el protagonista en una sociedad totalitaria me gusta.

Puestos a sorprenderte decir que empecé a leer el Maestro y la Margarita, me leí solo las 85 primeras páginas, pero eso fue suficiente para mí. Ninguna de las dos partes de la novela me gustó, el Moscú de principios de siglo XX es bastante tedioso a pesar de tener escenas de acción explicadas de forma bastante caótica y llenas de sin sentidos por parte de los protagonistas. Por otro lado, aún peor, la crucifixión de Jesús, que al menos no es tan caótica ni llena de sin sentidos, pero para mí es pesada e insoportable. Será una de las novelas rusas más importantes, pero parece que no sé apreciar el talento ruso.

El Tipo de la Brocha dijo...

A mí me gustaría apreciar El maestro y Margarita como seguramente se merece, pero no pierdo el sueño porque no vaya conmigo. Cada cual tiene sus gustos y a veces no hay tiempo para refinarlos o no merece la pena hacerlo. Más disfrute, menos postureo.

Claudio Vosco dijo...

Incluidme en el grupo de los que no pudieron con ese libro, treinta páginas creo que aguanté.

El Tipo de la Brocha dijo...

¡Este club crece por momentos!

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