17 de enero de 2022

The Witcher: La semilla de la verdad

En pasado 17 de diciembre, Netflix estrenó la segunda temporada de The Witcher, mi serie favorita en el Mundo Bizarro y probablemente también la de cuatro o cinco personas que no conozco. La serie me gusta, no os equivoquéis; pero, si es por series con protagonistas con el pelo blanco, me gusta más Las chicas de oro.

Como era de esperar, la nueva temporada del brujo fue todo un bombazo en internet, la sensación en redes durante casi un día entero. En mi cronología de Twitter se le dio bastante bombo el 9 de diciembre, que fue el día que se celebró la premier en Madrid. Luego, cuando ya estuvo disponible para todo quisqui en la plataforma, apenas oí hablar de ella, ni para bien ni para mal. Solo las cuentas oficiales y las dedicadas a la franquicia parecían tener algo que decir sobre esta segunda temporada, y pasada una semana, incluso a esas les faltaba fuelle. Nadie habla durante semanas de una serie que puede ver del tirón en dos o tres días.

Por supuesto, a estas alturas, habiendo pasado ya un mes desde su estreno, el silencio sobre la serie es absoluto y, en lo que se refiere al tema, mi cronología de Twitter parece una cripta de mimos. No es que eso me sorprenda. Vivimos en la era de las producciones efímeras, y es normal que el ciclo de vida de una serie como esta sea equivalente al de las moscas del estiércol. Ni por asomo puede compararse con fenómeno que fue Juego de tronos.

Aun así, la serie triunfa a la chita callando. Según los datos publicados en Variety, la segunda temporada acumuló más de 462 millones de horas vistas en sus primeros veintiocho días. Esto la convierte en una de las diez producciones más exitosas de Netflix hasta la fecha. Debe de haber más aficionados a la espada y brujería de los que yo me temía. Pobres almas en desgracia.

¿Es ese éxito el motivo por el que voy a repasar a fondo la segunda temporada a lo largo de este año? No. Esto lo hago por vicio.


En algún pueblo de Redania

Un mercader que viaja acompañado de...

"¡Espera, espera, espera!".

¿Sí, querido lector?

"¿No vas a hacer ninguna introducción? ¿Ni siquiera un breve resumen de lo que ocurrió al final de la temporada anterior?".

Ay, no lo siento. El paternalismo me lo dejé en los otros pantalones. Para ponerte al día con al serie, consulta el archivo. Sigamos.

Un mercader que viaja acompañado de su mujer y su hija guía su carro hasta el patio de una posada, donde espera que puedan pasar la noche al resguardo del frío y la nieve. El lugar, sin embargo, parece desierto y la atmósfera no desentonaría en una película de terror. De terror sobrenatural, de esas con fantasmas, monstruos o adolescentes en la treintena. Hasta el cubo del pozo pone su granito de arena al mecerse con el viento, golpeando las paredes del pozo con un "toc-toc" incesante. Qué canguelo.

"Mira que te dije que parásemos en Torrecillas de la Tiesa", protesta la esposa. "Ya estaríamos cenados y acostados, y no muertos de hambre y helados hasta el tuétano. Pero el señorito siempre quiere llegar deprisa a todas partes".

Antes de que me dé tiempo a pensar en algún chascarrillo que no parezca sacado de Escenas de matrimonio, un misterioso asaltante aéreo elimina uno a uno a los miembros de la malaventurada familia. Ser un PNJ en un mundo plagado de monstruos es un asco.

Y así termina la trágica historia del mercader Colin y su familia. Descansen en paz.


En el Monte de Sodden

Regresamos al lugar en el que tuvo lugar la segunda batalla de Sodden (no me preguntéis por la primera), que en el episodio final de la temporada anterior enfrentó a un grupo de magos renegados y a los tardones reinos del Norte contra el ejército de Nilfgaard.

Han pasado ya algunas horas desde que Yennefer de Vengerberg desató el caos en forma de llamarada abrasadora de proporciones bíblicas al estilo Antiguo Testamento, y la luz de un gris amanecer alumbra un campo humeante y sembrado de cadáveres, algunos poco hechos, otros en su punto y otros bien churruscados.

Mientras los soldados norteños retiran los cuerpos de sus compatriotas caídos y el ambivalente Vilgefortz de Roggeveen remata a algunos nilfgaardianos malheridos (los Convenios de Ginebra son para los flojos de corazón), Tissaia de Vries, rectora de Aretusa y miembro de la Hermandad de Hechiceros, se da un garbeo matutino entre los finados en busca de Yennefer.

¿Habéis oído hablar de la teoría de que la última imagen que vemos antes de espichar se queda grabada en nuestra retina? Bueno, pues no es una teoría, es una tontería. Las dos palabras empiezan por la letra "t", pero es importante no confundirlas. Sin embargo, la fantasía permite ir un paso más allá que la ciencia optográfica. Con la esperanza de encontrar algún rastro de Yennefer, Tissaia utiliza la magia para ver los últimos recuerdos de los caídos en combate.

Las visiones sucesivas en primera persona de una muerte tras otra son una réplica bastante fiel de mi deprimente experiencia multijugador en videojuegos como Star Wars: Battlefront, pero no le ayudan a localizar a la niña de sus ojos.

Me pregunto de qué murió este hombre y quién se dejaría esa hacha clavada en su frente.

Vilgefortz se acerca a Tissaia y le da el parte de defunciones. En total, han muerto 4.000 soldados de Temeria, 5.000 de Kaedwen y al menos 20.000 de Nilfgaard. Los tres soldados que llegaron de Peñamellera Alta han sobrevivido porque cargaron en la dirección equivocada. Dicen que por error, pero se les encontró jugando al tute en su tienda, así que se ha formado una comisión para investigarlo.

"¿Cómo has podido hacer el recuento tan rápido?", le pregunta Tissaia. "El terreno está tan caliente que aún humea y ni siquiera hemos terminado de retirar a los heridos".

"Te recuerdo que esta es la primera recapitulación de la temporada", le contesta Vilgefortz. "No nos pongamos tiquismiquis desde el principio, por favor".

¿Yo tiquismiquis? Pues que sepas que, según los libros, Redania y Aedirn también participaron en la batalla y me lo había callado por no tocar las narices. Ahí queda ese apunte que nadie necesitaba conocer, Vilgefortz.

El mago también le dice a Tissaia que no encontrará a Yennefer en sus visiones, porque "se ha ido", y no precisamente de parranda o a comprar tabaco al estanco.

-Yennefer se ha ido. Ya no está entre nosotros. Ha abandonado este valle de lágrimas. Su espíritu...
-Ya lo he pillado, no hace falta que sigas. Muchas gracias.

Descorazonada, Tissaia grita el nombre de su alumna predilecta a pleno pulmón. Su intensidad dramática rivaliza con la de Marlon Brando gritando "¡Stellaaaaa!" en Un tranvía llamado deseo, pero con menos teatro, lo cual es de agradecer.

"¡Yennefeeeeer!".

"¡Yennefeeeeer!", repite otra voz más grave a lo lejos.

No es que el grito de la hechicera tenga eco, sino que al campo de batalla también ha llegado Geralt de Rivia, también conocido como Gerardo el Magias o el Brujero. Lo recordaréis por su melena blanca, sus ojos gatunos y sus hechuras de costalero anabolizado.

Geralt conduce por las riendas a Sardinilla entre las pilas de cadáveres, procurando que no chafe la mano a ninguno de los figurantes que están haciéndose el muerto a cambio de 50 pavos al día y un bocata. Sobre el animal va montada Cirilla Fiona Elen Riannon, la princesa de Cintra, Hija del Destino, amiga de Pánfila Torrubia.

Buen sitio para traer a la muchacha, ¿verdad? Y no lo digo por lo traumático que pueda ser para una joven ver miles de cadáveres mutilados y abrasados (después de la masacre de Cintra de la temporada anterior, la chica está curada de espanto), sino porque Ciri es la persona más buscada a la otra orilla del Yaruga. Llamadme loco, pero a lo mejor venir al último lugar por el que ha pasado el ejército que tiene la orden de capturarla es tentar la suerte. Cosas mías.

"Ya he visto esto", comenta Ciri, a la que asaltan visiones del pasado, el presente y el futuro casi con la misma frecuencia con la que a uno le asaltan anuncios de aseguradoras en YouTube cuando no paga el servicio Premium.

-¿Es normal que el campo de batalla huela como un asador? Me está entrando hambre.

Preocupado por lo que le haya podido pasar a Yennefer, Geralt le dice a Ciri que se esté quietecita y se acerca a Tissaia. Van a hablar los mayores.

"¿Dónde está?", le pregunta de sopetón.

"¿Y quién eres tú para ella?", replica la hechicera.

"¿Está viva?", pregunta él.

Como no empiecen a darse respuestas pronto, este va a ser un diálogo muy irritante.

La serie no pone a prueba nuestra paciencia, porque al oír esa última pregunta, a Tissaia se le escapan algunos pucheros, y el brujo deduce que Yennefer está en la lista de los que dejaron de fumar definitivamente.

Por aquello de entablar conversación, Tissaia le explica a Geralt que fue gracias a la intervención crematoria de Yennefer que el bando norteño logró resistir el tiempo suficiente para que llegaran los refuerzos. Le deben la victoria.

"¿Valió la pena?", pregunta el brujo, conteniendo su rabia a duras penas.

Gerardo, límpiate los oídos, por favor. ¿No acaba de decirte que han ganado la batalla? ¡Por supuesto que valió la pena! La vida de unos pocos ha sido el precio a pagar para que muchos otros puedan vivir en paz. "El bienestar de la mayoría supera al bienestar de la minoría. O de uno solo", que decía el señor Spock. Además, no solo han frenado el avance del ejército nilfgaardiano, sino que le han causado tantas bajas que lo han obligado a replegarse. Ahora van a tener que reclutar soldados en las filas del INEM. No soy un experto en asuntos bélicos, pero todo eso me parece importante.

Este es el fotograma exacto en el que a Geralt se le parte el corazón. No es distinguible de ningún otro fotograma en el que lo veáis, porque los brujos no tienen emociones. O eso dicen. En realidad, tiene que más que ver con limitaciones interpretativas.

Geralt vuelve con Ciri y reemprenden su camino.

"Yennefer... Por favor, dime quién es", pide la chica, que no sabe cuándo cerrar el pico.

Geralt le contesta que eso ahora importa un pimiento, porque Yennefer "se ha ido". Me estoy dando cuenta de que a los guionistas les gusta mucho esta expresión. Voy a hacerles algunas propuestas para darle variedad: está criando malvas, se ha hecho cliente del servicio de pompas fúnebres, se le pasó la fecha de caducidad, ha quedado para misa de difuntos...

Tonterías al margen, debo decir que estoy un poco mosqueado con este diálogo, porque el último episodio de la temporada anterior se cerró con Ciri haciéndole a Geralt esa misma pregunta. ¿Pretenden hacerme creer que el andoba lleva sin decirle nada sobre Yennefer desde que se encontraron? ¿Ha estado desviando la conversación todo este tiempo? Y si es así, ¿de qué han estado hablando desde entonces?, ¿de la última película que han visto?, ¿del clima en esta época del año?... Es un poco violento viajar con alguien al que no conoces y que encima te ignora, ¿no?

Mis neuronas no van a salir intactas de este repaso.


Al norte del Monte de Sodden

Geralt y Ciri avanzan hacia arriba en el mapa del Continente, a parajes más fríos, donde lo que flota en el aire es nieve y no cenizas de personas carbonizadas. Se distinguen porque la primera no sabe a chuletón quemado y es más fácil de limpiar de la ropa.

Por la noche, Ciri sufre pesadillas en las que el Caballero Negro la secuestra y Cintra arde, pero cuando Geralt se interesa por los detalles de su huida, se limita a contestarle que tuvo suerte. De sus gorgoritos que provocan terremotos de magnitud 7 no dice ni mu.

Por cierto, si le notáis algo raro a Ciri, es porque Freya Allan se negó a teñirse las cejas de rubio ceniza esta temporada. En la primera temporada, usaron un tinte tan claro que daba la impresión de que la chica no tenía cejas, y, según cuenta la actriz, la gente la paraba por la calle para preguntarle de dónde era, si de la península escandinava o de Próxima Centauri. Al parecer, su nivel de compromiso con el papel y la continuidad de la serie tira a bajo.

Sea como fuere, la chica parece otra.

Freya Allan en la temporada 1, dramatizando por un tinte de cejas.

Freya Allan en la temporada 2, estoica.

Ciri pregunta a Geralt por el Derecho de la Sorpresa y el brujo le hace un resumen de su parte del episodio 4 de la temporada anterior, que yo me voy a ahorrar porque para eso sirven los enlaces.

"Entonces ¿soy tu destino? ¿Significa eso?", pregunta Ciri.

"Eres más que eso, Cirilla".

Los personajes están parafraseando un diálogo del relato Algo más, recopilado en en el libro La espada del destino. Concretamente, cruzan esas palabras cuando se reencuentran tras la caída de Cintra, años después de haber compartido una experiencia vital trascendental en los bosques de Brokilón.

Lo curioso de que incluyan esas líneas en la serie ahora es que Lauren S. Hissrich dijo en su día que no las habían utilizado en el último episodio de la primera temporada (es decir, cuando correspondía, según el libro), porque no se lo habían ganado. Como ya expliqué en su momento (leed la recapitulación del episodio correspondiente), eso tiene perfecto sentido, porque, a diferencia de lo que ocurre en el relato, en la serie Ciri y Geralt aún no se habían conocido, así que hablar en esos términos era incoherente con los personajes y su relación.

Pero, fijaos qué cosas, ahora sabemos que lo único que les faltaba para ganarse ese gran momento era un paseo a caballo por un monte alfombrado con cadáveres. ¿Qué duda cabe que su relación es mucho más profunda en el minuto 8 de este episodio que al final de la temporada anterior? No tiene ni punto de comparación, vamos.

Cambiando de tema, Geralt dice que va a llevar a Ciri a Kaer Morhen, la Fortaleza de la Soledad de los brujos. Si tenéis un mapa a mano, la encontraréis en el extremo noreste del Continente, colindando con Andorra; no tiene pérdida.

Ciri dice que preferiría irse de vacaciones a Cancún para ponerse morena en la playa, pero ¿quién dijo que tuviera voto?


En Aretusa


Aunque en La Palma suele hacer buen tiempo cuando el cielo no está cubierto de ceniza volcánica, el ambiente se pliega al guion, y esta noche llueve a mares sobre el Roque de Santo Domingo (o la isla de Thanedd, si es que os interesa la localización ficticia).

Dentro de la academia reina el caos (el caos normal, no la magia a la que llaman Caos). Se oyen gritos de dolor y auxilio por los pasillos, y los hechiceros y las alumnas residentes corren de un lado para otro asistiendo a los heridos de la batalla sin importarles lo ridículo que pueda parecernos este melodrama hospitalario.

Sé que poner a la gente a correr con cara de sofoco es un recurso habitual para imprimir mayor tensión a una escena que no sería ni la mitad de emocionante en la vida real, pero la coherencia interna del episodio es cuando menos discutible. Lo que quiero decir es que esta escena habría tenido sentido si se hubiera desarrollado inmediatamente después de la batalla y en un hospital de campo, no medio día después y a cientos de kilómetros del lugar donde se resolvió el conflicto. Si los heridos necesitaban atención urgente para sobrevivir, fue allí y entonces. Por lo tanto, es absurdo que los mismos personajes a los que vimos atar cabos sueltos al principio del episodio sin ninguna prisa estén protagonizando aquí y ahora momentos de semejante estrés. Me gusta el teatro, pero ¿tanto?

En medio de este desorden, Tissaia encuentra a Artorius Vigo, otro de los miembros destacados de la Hermandad, arrodillado junto al lecho de Triss Merigold, que está sufriendo una crisis convulsiva a causa de las quemaduras de tercer grado que sufrió en la teta.

"Estaba estable", dice el mago, señalando un monitor de frecuencia cardíaca inexistente. "No sé qué ha pasado".

Lo mismo de antes. Que esto es la televisión y hay que inventarse dramas, eso es lo que ha pasado.

-Estaba así cuando llegué, lo juro.

Entre Tissaia, Artorius y Vilgefortz, que también pasaba por allí, consiguen estabilizar a Triss con un poco de magia y sin tener que rascar siquiera de la partida presupuestaria para efectos visuales. Le ponen los tres las manos encima, Tissaia pronuncia unas palabras incomprensibles en la Vieja Lengua y ¡ale!, crisis solucionada. Lo bueno, si barato, dos veces bueno.

Triss además está de suerte, porque, si esto fueran los libros, ahora mismo estaría tan calva y requemada que ni sus compañeros la habrían reconocido (de hecho, según se cuenta en La sangre de los elfos, la incluyeron en la lista de los que se fueron al otro barrio hasta que mostró el DNI).

A pesar de haber salvado la vida de una amiga, la rectora se incorpora muy afectada, como si le hubiera sentado mal el potaje de bellotas de la cena. Vilgefortz le pregunta qué le ocurre.

"Ha llamado la aseguradora", responde Tissaia, cariacontecida. "Nos han subido la prima por la cobertura contra incendios".

Eso me lo he inventado, pero lo que dice en el episodio es casi igual de arbitrario. En un instante está ayudando a practicarle una reanimación taumatúrgica a Triss y al siguiente, sin solución de continuidad, está soltando esto:

"No hay rastro de Yennefer. Se ha ido para siempre".

Entiendo que quieran recordarnos que Yennefer existe porque los espectadores somos tontos y ya han pasado cinco minutos desde la última vez que la mencionaron, pero al menos podrían haberse molestado en incluir una línea del tipo "No puedo perder a nadie más", para conectar ambos momentos y reconducir la escena con sutileza en lugar de pegar volantazos. A veces este guion fluye como un ladrillo sobre una superficie plana de asfalto.

Siempre que Yennefer no esté en pantalla, los demás personajes deberán preguntar todo el tiempo: "¿Dónde está Yennefer?".

Artorius aprovecha que la cháchara ha pasado a temas personales para preguntar por su sobrina Fringilla, que estaba al frente del ejército nilfgaardiano. Sus compañeros le dicen que coordinó el ataque con "el prisionero que capturamos" y que además ha abandonado todas las reglas sobre el uso de la magia que la Hermandad de Hechiceros se inventa a conveniencia de la trama, lo cual la convierte en persona non grata.

Vilgefortz apunta que no es momento para culebrones familiares y que lo que urge es sonsacarle información al prisionero, porque los reyes del Norte se han venido arriba y quieren perseguir a Nilfgaard. El problema es que, de momento, nadie ha conseguido que el prisionero hable. Solo saben que organizó la escabechina de Cintra, que responde directamente ante el emperador, y que le gustó la película Batman y Robin y no le da vergüenza admitirlo.

"Nos dará todo lo que necesitamos si paso tiempo con él", dice Tissaia. Y no lo dice para nada en plan sugerente sexi, sino en plan sugerente chungo, como si el ahogamiento simulado le pareciera un sistema ideal para fomentar el diálogo entre desconocidos.

A Artorius no le hace gracia que vayan a torturar al prisionero, porque en esta santa Hermandad se respetan las reglas. ¿Qué reglas? Ah, no sé, las reglas.

Vilgefortz le contesta que no le estaban pidiendo permiso.


En algún lugar entre el Monte de Sodden y Cintra


Sé que no os lo esperabais, pero Yennefer sigue viva. Sorpresa. No se podía saber.

La hechicera recupera el conocimiento y se encuentra a sí misma en el bosque, con la espalda apoyada en un árbol. Tenía mejor aspecto cuando asistió al estreno de la segunda temporada de la serie en Londres, y su situación es poco halagüeña. Aparte de que está magullada y lleva un día o dos sin ducharse (apuesto a que huele más a sudadera de gimnasio que a lilas y grosellas), la han esposado con dimerita, la kryptonita de los magos.

En días como este seguro que piensa que debería haberse quedado en Rinde vendiendo remedios mágicos contra la disfunción eréctil.

Aunque todavía ve borroso a causa de la conmoción, al menos Yennefer no está más ciega que un camarón de Kentucky, que es como acabó en los libros después de cruzar conjuros con Fringilla Vigo (lo cual Sapkowski nos cuenta a toro pasado, porque en su primera aparición en La sangre de los elfos ya está curada). Además, incluso medio grogui y sin gafas, enseguida se da cuenta de que no está sola. A pocos metros de ella hay seis o siete soldados nilfgaardianos de acampada, y con ellos está la propia Fringilla, que se la tiene jurada desde que le robó el puestecito de consejera en la corte del rey de Aedirn en el episodio 3 de la primera temporada.

Uno de los soldados avisa de que Yennefer ha dejado de roncar y Fringilla se acerca para darle los buenos días y decir obviedades:

"Bienvenida de nuevo. Has sobrevivido. El sol calienta".

Cumplido este trámite, Fringilla vuelve junto a los soldados. Pronto recibirá su premio a la aportación más innecesaria del episodio.

"Cachis la mar", farfulla Yen.

Cachis la mar, eso digo yo, sí.

Lunes tenía que ser.


Al norte del Pontar, de camino a Kaer Mohen


Geralt se convierte en enciclopedia ambulante y le habla a Ciri de Kaer Morhen, que describe básicamente como una mezcla entre resort de invierno y centro de rehabilitación y reabastecimiento para brujos. También le explica la razón por la que procuran que el lugar no salga en las guías de turismo.

"Verás, por un lado, a nadie le gusta encontrarse el buzón embuchado de facturas y folletos de comida rápida cuando vuelve a casa después de pasar varios meses de viaje. Y, por otro lado, hace mucho, mucho tiempo, cuando yo no era más que un chiquillo mutante y no tenía los ciento y pico años que no aparento, hubo un ataque en Kaer Morhen en el que casi nos dan pasaporte a todos. ¿Has visto La pesadilla del lobo, la película de animación que estrenó Netflix el año pasado? Pues es una precuela en la que se cuenta la historia de ese aciago día. Y salgo yo de niño. Calvo. Deberías verla. El Tipo de la Brocha le dio tres estrellas y media sobre cinco".

"¿El Tipo de la Brocha, dices? Puf, paso. Su gusto es tan malo como su criterio".

Me ofendes, Ciri. Me ofendes.

-Háblame de tus visiones, Cirilla.
-Son borrosas y raras.
-Gracias. Muy clarificador.

Avanzando sin prisa pero sin pausa, la pareja llega a la adaptación del relato que da título al episodio: La semilla de la verdad.

Antes que se estrenase la primera temporada, ya repasé ese relato junto al resto de El último deseo en esta entrada, aunque he vuelto a leérmelo para tenerlo fresco. Es la tercera vez que lo hago. Menos mal que lo disfruto, porque si no, menuda cruz.

Más adelante me meteré más a fondo en algunos de los cambios que introduce esta adaptación sobre la obra original, pero la diferencia que más canta entre ambas versiones es que en el relato Ciri no está presente. Si sabes eso de antemano, enseguida te das cuenta de que la "Hija del Destino" no pinta nada en la trama principal. Aun así, los guionistas han hecho bien su trabajo, porque aprovechan que Ciri está presente para desarrollar su hasta ahora inexistente relación con Geralt y profundizar en su carácter y trasfondo. No se pueden ganar todas las batallas, pero sí algunas.

En mitad del camino, encuentran un ciervo muerto espolvoreado de azúcar glas (puede que sea nieve). A juzgar por el agujero que tiene el rumiante donde debería estar su tripa, o bien lo ha asaltado un monstruo, o bien tenía unos gases terribles. Teniendo en cuenta el prólogo del episodio, me inclino por el monstruo. Podría ser un monstruo gaseoso.

Sardinilla se pone nerviosa al ver el cadáver del animal, y el brujo que susurraba a los caballos le hace la señal de Axii para que relaje. En el videojuego The Witcher III: Wild Hunt (que recomiendo a cualquier amante de los RPG de mundo abierto), Axii es uno de mis trucos favoritos. Es como el poder de sugestión de los jedi, pero en versión Tranquimazin 0,50 mg. Te puede ahorrar muchas peleas y dinero, y además sirve para dejar turulatos a los enemigos mientras les cortas el pelo a la navaja a la altura de la nuez. Todo son ventajas.

Geralt corta un trocito de solomillo de ciervo, lo olfatea con sus supersentidos mutantes y, como la higiene alimentaria aún no se ha inventado, se lo mete crudo en la boca. Si de esta manera no averigua qué ha destrozado al animal, al menos habrá matado el gusanillo hasta la hora de la cena.

De todos modos, se podría haber ahorrado esta autopsia improvisada, porque, según está mascando el trozo de carne, se oyen unos chillidos escalofriantes a lo lejos. Salvo que alguien se esté paseando por ahí en una bicicleta con la cadena oxidada, hay un monstruo acechando en la zona.

-Con cebollitas, almendras y una rama de tomillo estaría de rechupete.

Al caer la noche, en plena tormenta de nieve, Geralt y Ciri llegan a las inmediaciones del poblado aparentemente abandonado en el que el mercader y su familia se toparon con una hospitalidad letal.

El Lobo Blanco no necesita consultar Tripadvisor para saber que algo anda mal en este lugar (no hay guardias, los perros no ladran, huele a bufé libre para monstruos...), así que dirige su yegua a la mansión que hay cerca del pueblo, en cuyas ventanas se distinguen algunas luces encendidas. Además, según dice, en la mansión vive un amigo suyo. ¡Haber empezado por ahí, hombre!

Sin embargo, el patio de la mansión podría haber salido de una película de terror de la Hammer y tampoco le inspira confianza, sobre todo cuando la puerta y los postigos empiezan a abrirse y cerrarse solos y con estruendo.

"Ciri, quédate ahí", dice Geralt. "Esto de las casas inteligentes está yendo demasiado lejos".

El golpeteo cesa tan repentinamente como comenzó y, de improviso, una figura enorme y velluda, con complexión de oso y colmillos de jabalí, atraviesa el umbral, arrancando las puertas de golpe, y, ¡PUMBA!, placa a Geralt.

El brujo supera la tirada de atletismo y gira rápidamente para cambiar las tornas y sentarse a horcajadas sobre su atacante. Al mismo tiempo, desenfunda el cuchillo y se dispone a apuñalarle la cara a discreción.

"¡Geralt!", grita la bestia, levantando las zarpas en señal de rendición.

"¿Nivellen?", responde el brujo, confundido.

¡Anda!, pero si es Kristofer Hivju, el actor noruego que interpretaba a Tormund Matagigantes en Juego de tronos.

No lo había reconocido sin bigote.

-Estás distinto. ¿Te has hecho algo en el pelo?
-Menos guasa, por favor.

La bestia resulta ser, en efecto, el amigo al que se refería Geralt, solo que ha cambiado un poco desde la última vez que se vieron. La verdad es que la mezcla de efectos prácticos y visuales funciona de maravilla, y, gracias a la magia de la televisión, Hivju casi parece una persona.

Como apunte, cabe mencionar que, en el relato de Sapkowski, el brujo y la bestia son dos perfectos desconocidos. No obstante, hacen buenas migas enseguida, por lo que el cambio no solo es insignificante, sino que además nos ahorra las presentaciones y justifica que Geralt no se lo piense mucho antes de meter a su protegida en el "antro" de la bestia (aun así, lo primero que le pregunta a Nivellen en cuanto los dos se quedan a solas es si ella estará a salvo en la mansión, ya sea por deformación profesional o porque, bajo esa inexpresiva y abultada masa de músculos, hay un padrazo en potencia).

Una vez dentro, Nivellen demuestra a sus huéspedes el poder mágico que ejerce sobre su hogar, que obedece todas sus órdenes y hace su vida indiscutiblemente más cómoda. ¿Que quiere encender la chimenea? "¡Fuego!", exclama. Y el fuego se enciende solo. ¿Que la princesita quiere darse un baño? "¡Bañera!". Y una bañera cae de la nada en la habitación. ¿Que le apetece leerse la edición para coleccionistas de El ocaso de los dragones? Lo siento, el libro está descatalogado. Además, ¿quién en sus sano juicio querría leerse un libro de la Dragonlance? Yo, claro. Y no lo encuentro a un precio asequible.

Después de frotarse bien con jabón y quitarse los cinco centímetros de mugre que tenía encima, Ciri saca la cabeza de la bañera y mira hacia el techo con resquemor. La primera vez que vi el episodio no estaba muy atento al sonido, pero, después de tres visionados y gracias a los subtítulos en inglés, ahora puedo precisar que la causa de su inquietud son unos "ligeros ruidos de arrastre", "crujidos" y "gorgoritos suaves", todos procedentes del piso superior. Sin embargo, Ciri no ve nada inusual en el techo, solo los típicos paneles y vigas de poliuretano imitando piezas de madera, nada más. De lo que sí se da cuenta es de que, mientras ella estaba distraída despiojándose el pelo con vinagre de manzana, alguien le ha dejado un vestido la mar de coquetón, blanco y con ribetes enjoyados, sobre la silla.

"Ois, qué prechiochidad".

Mientras Ciri sostiene el vestido, unos ojos de iris clarísimo y pupilas negras chiquitinas la observan con curiosidad desde un agujero en el techo. ¿Ana Frank tal vez?

Si veis la imagen más negra que una boina, ajustad el brillo de vuestras pantallas.

Vestida con su nuevo modelito, Ciri baja al comedor.

Nivellen, cuya caballerosidad y buen humor contrastan con su aspecto de cochino jabalí, agasaja a sus invitados con un banquete caído literalmente del cielo y cuenta cómo se conocieron Geralt y él.

Su padre, "el mayor monstruo de todos", dice Nivellen, contrató al brujo para que se ocupase de una plaga de wyvernos que se habían instalado en el bosque tras la bajada de los precios del alquiler. Por si no estáis muy puestos en animales fantásticos, los wyvernos son reptiles con alas. Pero no los confundáis con dragones. Son mucho más pequeños, no escupen fuego y, sobre todo, no se entrometen en relaciones románticas complicadas sin que nadie se lo pida (eso va por ti, Villentretenmerth).

Nivellen quiso demostrar que era un tío echado p'alante liquidando él mismo a una de las criaturas, pero, en lugar de eso, se cayó en la guarida de una y estuvo a puntito de servirle de alpiste.

Geralt no solo se ganó las habichuelas exterminando a toda la manada de wyvernos, sino que salvó la vida al joven e imprudente Nivellen y además le entregó la cabeza de la bestia como trofeo para que quedara como un valiente delante de su padre y ganase un 5% de experiencia adicional por matar monstruos al llevarla colgada del caballo (tengo ganas de jugar al Witcher 3).

Geralt se hace el duro, pero en el fondo es un trozo de pan, y Ciri le sonríe con cara de "qué callado te lo tenías, buenazo".

Asado de venado, trufas con salvia, vino dulce y, de postre, helado con Lacasitos y confesiones inconfesables. ¡Que festín!

El Lobo Blanco, al que no se le escapa una, le dice a Nivellen que, ya que está soltando trapo a sotavento, cuente también lo de su maldición. Ya sabéis, los típicos temas de conversación para la cena: ¿qué tal en el trabajo?, ¿cómo está tu familia?, ¿por qué de repente te ha crecido morro?...

Nivellen cuenta que se juntó con un grupo de maleantes, se atiborraron de setas (el estupefaciente favorito de la Madre Naturaleza) y destrozaron el templo de la Araña con Cabeza de León. Como castigo, la sacerdotisa gritó algo sobre "el amor y la sangre", y lo maldijo a vivir así para siempre.

Pues vale.

No quiero parecer insensible, pero como maldición me parece bastante floja. Supongo que levantarte todos los días con la cama llena de pelos es un engorro, pero anda que no lo compensa poder materializar comida de la nada. Si tengo que poner en una balanza un menú Doble Whopper® instantáneo y mi alma inmortal, me quedo con la hamburguesa mágica 99 de cada 100 veces.

Toda la comida que desee a un chasquido de dedos. Qué vida más torturada y melancólica.

Después de la cena, Geralt está con la mosca detrás de la oreja, porque así son los brujos, y pregunta a Nivellen por el pueblo.

"¿Qué diantres pasó ahí?".

"¿Acaso no has oído hablar de la Redania vaciada? Cientos de pequeñas ciudades y pueblos que son marginados en su desarrollo económico y social, y que pierden habitantes progresivamente hasta acabar despoblados. Los jóvenes se van a buscar trabaja a la ciudad, y los viejos se mueren. Es una de las tristes consecuencias del desequilibrio territorial que sufre el reino".

"Eso me suena a denuncia político-social del Tipo de la Brocha metida con calzador".

Me ha pillado.

"¿Y si te digo además que la Persecución Salvaje cabalga por estos andurriales?", continúa Nivellen.

"¿La Persecución Salvaje?".

"Yo mismo los vi la semana pasada, cabalgando por el cielo del sur en sus caballos, que tenían más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, y dando cantidubi de mal rollo. Un presagio de muerte y un gancho también para próximas temporadas".

"Creo que se refiere a los espectros del Anillo", apunta Ciri. "Perdón, quería decir los espectros de Mörhogg. Si los confundimos, los herederos de Tolkien podrían demandarnos por infracción de derechos de autor".

"¡Ah!", exclama Geralt, palmeándose la pierna. "Es que yo la conozco como la Cacería Salvaje. Por los videojuegos. Para Persecución Salvaje la de la reina Calanthe con los elfos. Menudos genocidios se traía entre manos. Perdona, Ciri, no quería faltar a tu abuela. Ella al menos no era un borracho como tu abuelo".

Si sois nuevos en el mundo de The Witcher y queréis saber más sobre la Persecución Salvaje, buscad información en internet. No seré yo quien os destripe tramas que deberían abordarse en futuras temporadas. Lo que sí os adelanto es que si solo habéis jugado a los videojuegos de Projekt Red y no habéis leído las novelas de Sapkowski, los espectros de Mörhogg no son para tanto. En los libros son un poco como la banda KISS: impresionan a primera vista por la parafernalia siniestra que gastan, pero, en cuanto empiezas a conocerlos, te das cuenta de que ni siquiera son buenos en su profesión.

La Persecución Salvaje, versión Detroit 1977.

Nivellen insiste en que está pasando algo muy malo, porque la explosión demográfica de monstruos es demasiado repentina, y dice que el fin del mundo podría estar cerca. A Geralt no le impresiona, porque ha vivido la era oscura, tres supuestos fines del mundo y el nacimiento del metaverso de Facebook, y sabe que al final nunca es para tanto y la vida siempre se abre camino.

"¿No los consiguieron los dinosaurios en Parque Jurásico?", dice. "Pues ahí lo tienes".

"Pero en Parque Jurásico los dinosaurios se comían a las personas", replica Nivellen. "Eso no es bueno".

"Para los dinosaurios sí".

Ciri se acuerda demasiado bien de sus profecías apocalípticas como para mantener cara de póquer mientras los otros dos se dan palique.

-Para apocalipsis el que está sufriendo mi estómago con este vino peleón del Mercadona.

"Cambiando de tema...", dice la princesa, que eleva de nuevo la mirada hacia arriba. "¿Hay un gato atrapado en el techo?".

"Eeeh... Sí, claro. Una gata. Gatita, gatita", responde Nivellen con poca convicción. "Se llama Vereena. Es timidilla y no le gustan los desconocidos. Pero se pirra por los pájaros y los punteros láser".

"Qué raro", dice Geralt, cada vez más escamado. "Los gatos son alérgicos a los brujos y a este no le he oído estornudar".

Nivellen se estira el cuello de la camisa, como si le apretase más de la cuenta.

"Uy, qué tarde se ha hecho", dice. "Me pregunto qué estará pasando en Aretusa. ¿Cortamos a otra escena?".


En Aretusa


Tissaia entra en el calabozo en el que tienen encerrado el prisionero, que no es otro que Cahir Mawr Dyffryn aep Ceallach, más conocido como el Caballero Negro, el nilfgaardiano que ostenta el récord de fracasos en intentos de secuestrar a Ciri desde la temporada 1.

Cahir tiene el labio partido, la nariz como un pimiento, un ojo a la sotana, y está engrilletado a un asiento de piedra para nada ergonómico y sin automasaje. Y pensábamos que Yennefer lo estaba pasando mal en el camping.

"¿Eres mi inquisidora o mi ejecutora?", pregunta. "Porque si eres del servicio de habitaciones, que sepas que aún no he recibido el solomillo de ternera con mantequilla emulsionada que pedí hace más de una hora. En cuanto me quitéis las cadenas y se invente TikTok, pienso subir un vídeo quejándome de la calidad de este calabozo. ¡Ya veréis cuando se enteren mis decenas de seguidores!".

Tissaia le toca un hombro con la mano, así sin más, y le provoca un calambrazo que le hace dar un brinco en el asiento y pegar unos berridos dignos de un chivo en bicicleta.

"Necesito saber qué narices se propone Nilfgaard", dice la rectora. "No está en mi naturaleza ser una cafre con moño. Pero os cargasteis a alguien a quien le tenía cariño, así que contigo haré una excepción".

Supongo que convertir a las novicias ineptas en anguilas mágicas no cuenta.

Tissaia se coloca detrás del soldado y le pone las manos en las sienes. No es para lavarle el pelo ni para darle un masaje capilar, sino para meterse en su cerebro y sacarle la información a golpe de abracadabra.

Poco a poco, y con mogollón de rencor, la hechicera le inserta los dedos en el cráneo, para hurgar a fondo y que no quede ni un recoveco sin escrutar, aunque deje al prisionero tieso en el intento.

A juzgar por la cara que pone Cahir de cantaor flamenco sosteniendo una nota interminable, debe de dolerle más que un mordisco en el párpado.

-Si es que no me he enterado de cuál era la preguntaaaAAAAAARGH...


En algún lugar entre el Monte de Sodden y Cintra


Durante otra o la misma acampada que la última vez (absteneos de calcular tiempos y distancias en esta serie, porque os dará tanto dolor de cabeza como los interrogatorios de Tissaia), Yennefer se sienta al lado de Fringilla, alrededor de la hoguera, y se queja de la cena. Lo único que vemos en sus platos son huesecillos, así que no me queda claro si se han jamado un cubo entero de muslitos de pollo rebozados con salsa picante, o directamente han estado royendo huesos. No lo debatamos.

Yennefer empieza a darle al seso y se da cuenta de que si ella misma achicharró a la mitad del ejército enemigo, la media docena de soldados que la acompañan están hechos un guiñapo, no tienen apenas comida y están retrocediendo hacia el sur, es porque Nilfgaard perdió la batalla de Sodden.

"Quieres huir", le dice a Fringilla. "Ganamos".

Muy bien, Yen, tú solita. Un aplauso por sacar la conclusión más evidente posible y encima creerte Laura Bow.

A Yennefer también se le pasa por la cabeza que esta invasión no puede deberse solo a un afán desmesurado de conquista territorial, sino que el emperador Emhyr (la Llama Blanca para fanáticos y groupies) "busca algo", y le dice a Fringilla, para picarla un poco, que ella solo es un peón más en el tablero de ajedrez personal de su líder y que le va a caer un buen rapapolvo cuando regrese con el rabo entre las piernas.

Fringilla le contesta que a ver si se piensa que a ella la van a recibir con los brazos abiertos si regresa a la Hermandad, porque al acceder a la magia de fuego, ha violado "su ley más sagrada".

Aquí tengo que hacer un inciso para comentar un aspecto sobre la mitología del universo del brujero que creo se me escapó cuando repasé la primera temporada. Todo ese rollo de que la magia de fuego está más prohibida que nombrar a Voldemort es un invento de la serie. En los libros solo hay dos tipos de magia que estén vetados en términos generales: la nigromancia, porque reanimar a cuarenta muertos para poder disfrutar de la versión zombi del musical Hamilton está feo, y la demonología, porque invocar a cuarenta demonios para poder disfrutar de la versión infernal del musical Hamilton está feo. La magia de fuego simplemente se considera no apta para novatos porque la naturaleza impredecible de este elemento como fuente de poder conlleva el riesgo de que lo que quede de ti después de usarlo se tenga que barrer con escoba.

No sé si los creadores de la serie malinterpretaron los libros o tomaron esta decisión por algún motivo, porque no he encontrado ninguna declaración que aborde este tema a pesar de que la he buscado durante casi cinco minutos mientras me cortaba las uñas de los pies. Solo sé que en La sangre de los elfos (la novela en la que se basa esta temporada), Yennefer prohíbe a Ciri "tocar la energía del fuego" por el peligro que conlleva, no porque lo proscriba el artículo 159 del Código de hechicería.

En cualquier caso, lo único con lo que tenéis que quedaros es con que Yennefer llama "Miergaard" a Nilfgaard. Eso tiene gracia y, por tanto, es lo importante.


En la mansión de Nivellen


Mientras Geralt comparte confidencias con Sardinilla en el patio, Nivellen le enseña a Ciri uno de sus pasatiempos favoritos: una lámpara.

Pero no es una lámpara cualquiera, sino una lámpara con figuras metálicas colgadas de un dispositivo rotatorio en su interior y cuyas sombras se proyectan sobre la pared al encender la luz para contar una historia. Es una tele cutre, vamos.

La historia de la lámpara se llama La rendición de los amantes (o Romeo y Julieta con un 50% más de orejas puntiagudas) y cuenta la leyenda de un guerrero elfo y una maga humana que se acaramelaron y se fugaron "en contra de toda voluntad" para casarse en Las Vegas, donde todo vale. Tuvieron un retoño y luego los mataron. Fin.

Menuda birria de historia. Prefiero el clásico número de sombras chinescas con patos, conejos y perros. A mi hermano le encantaban cuando tenía cuatro años, y creo que no hay público más exigente.

¿No es ese el póster de La princesa prometida?

Ciri le dice a Nivellen que le recuerda a su viejo amigo y tutor, el druida Microsoftword Myszowor. Debe de ser por las barbas asilvestradas. A veces, confiesa la princesa, le gustaría poder retroceder en el tiempo y salvarle la vida, salvarlos a todos.

Nivellen la acompaña en el sentimiento. A él también le gustaría cambiar algunas cosas. Supongo que se refiere al techo de poliuretano. Debería haber utilizado madera auténtica.

"¿Cómo es estar solo por lo que eres?", le pregunta Ciri, por pura amabilidad y sin que se identifique en absoluto con él por esa razón.

Nivellen le responde que la soledad te devora vivo.Decía Lorca que la soledad es la gran talladora del espíritu, pero ¿qué sabrá él? Escribió Yerma, que es un petardo. Tiene más razón el furro.

Ciri le pregunta si ha intentado curarse alguna vez y Nivellen le explica que, durante algún tiempo, intentó agasajar a muchas damas para ver si había algo de verdad en las fábulas, pero sin éxito.

Esa es la única mención que encontraréis en el episodio a las delirantes aventuras amorosas del relato original de Sapkowski, en el que el velludo anfitrión le cuenta a Geralt que, año tras año, recibía a la hija de un mercader a cambio de riquezas, con la esperanza de que se encariñara de él y le devolviera a su forma humana con un beso. A continuación os dejo algunos extractos del diálogo, porque no tienen desperdicio y así a lo mejor os animáis a leer los libros:

"Fenne intentó con mucho ardor que olvidara mis preocupaciones. No te haces una idea de qué muchacha más alegre era. ¿Sabes lo que se le ocurrió? Asustábamos los dos juntos a los visitantes no deseados. Imagínate: entra uno en el patio, echa un vistazo y de pronto, con un aullido, le salto encima yo, a cuatro patas, y Fenne que, completamente desnuda, está sentada en mi lomo y sopla el cuerno de caza del abuelo".

"[Primula] tenía [...] un temperamento considerable, pero yo, habiendo cobrado confianza en mí mismo, tampoco me dormí en mis laureles. Apenas dos semanas después me encontraba ya en muy estrechas relaciones con Primula, durante las cuales solía tirarme de la oreja y gritar: '¡Muérdeme, animal!', '¡Despedázame, bestia!'. Y parecidas tonterías".

"Después hubo otras dos, Ilka y Venimira. Todo sucedió del mismo modo, hasta el aburrimiento. Al principio, una mezcla de miedo y reserva, luego un pelín de simpatía, reforzada por pequeños, aunque costosos, souvenires, luego 'Muérdeme, cómeme entera', luego el regreso del papá, triste despedida y una merma cada vez más apreciable del tesoro".

Fenne y Nivellen, la mejor pareja.

Ciri opina que la clave para romper la maldición podría estar en el Amor Verdadero™.

Nivellen le contesta que mató a todos los sirvientes el día que se convirtió "por no saber lo que era ni la fuerza que poseía" y los tiene enterrados en el patio, entre las estatuas.

Perdón, pero ¿cómo porras hemos llegado a este punto de la conversación?

"Merezco mi destino", añade Nivellen.

Ah, gracias. Ahora lo pillo. Son sus actos los que lo convirtieron en un verdadero monstruo y, con el tiempo, ha llegado a la conclusión de que obró mal y no merece redimirse. Bien jugado, serie. Bien jugado.

Ciri se queda callada con cara de haberle sentado mal las trufas con salvia de la cena. Su reacción no tiene nada que ver con el hecho de que no entienda su poder y haya matado a unas cuantas personas sin querer.

Nivellen acompaña a su invitada al dormitorio para huéspedes. Antes de que su anfitrión se vaya, Ciri le dice que para ella no es un monstruo. Por si no recordáis bien la primera temporada y las liadas paranormales con alta tasa de mortalidad, Ciri está hablando más de ella misma que de Nivellen. Me gusta cómo han aprovechado los guionistas la inclusión de Ciri en esta historia para ahondar en el tema principal del relato original: lo indigesta que resulta la trufa, sobre todo para cenar.

"Los monstruos son más que un aspecto horrible, garras y dientes. Los monstruos nacen de unos actos. Actos imperdonables", dice Nivellen. "Ale, a mimir".

A Ciri no le ha salido bien la jugada, así que, si quiere consuelo, va a tener que buscarlo en el fondo de una tarrina de 500 ml. de helado. Yo le recomiendo que pruebe el Cookie Dough de Ben & Jerry's. En cantidad suficiente es un remedio infalible contra la ansiedad, la depresión, los trastornos obsesivos compulsivos... En general, acaba con cualquier enfermedad mental, básicamente porque su alto contenido calórico puede matarte si te descuidas. Pero bendito empacho...

Desde que tiene cejas, hay que ver lo que se le nota la aflicción a Ciri. ¡Qué derroche de expresividad!

En la caballeriza, Geralt sigue pasando tiempo de calidad con Sardinilla. Juegan a recoger la pelota, a atrapar el frisbee, al tira y afloja, a buscar la golosina... Bueno, en realidad solo se queda apoyado en un poste del establo con cara de muermo mientras la yegua rebufa. Muy estoico. Muy aburrido. Pero a medida que la música se intensifica, Sardinilla se pone nerviosa y le da un par de sacudidas al brujo en la espalda con la nariz, presintiendo que algo no anda bien y azuzándolo para que haga su trabajo antes de que algún bicho se los meriende. A buen caballo no hay que decirle arre. Geralt es el caballo.

A tan solo unos pocos metros de la caballeriza, el brujo encuentra unas huellas de pies descalzos en la nieve. Humanas, en apariencia. Un número 37 o 38, así a ojo de buen cubero. Geralt sigue las pisadas hasta el exterior de la mansión y observa que se dirigen al pueblo abandonado, pero se interrumpen abruptamente, como si su dueño se hubiera esfumado de golpe o salido volando. ¿Una abducción alienígena tal vez? Podría ser.

Sea como fuere, a Geralt la teoría de la Redania vaciada le suena cada vez más a cuento chino.

Años y trabajo ponen el pelo blanco.

De vuelta al interior de la mansión, Geralt le propone un juego de beber a Nivellen para sonsacarle información: lanzarán chuchillos a la cara del retrato del padre de Nivellen y "el que falle beberá y dirá una verdad". Desde luego suena menos traumático que el interrogatorio de Tissaia.

Nivellen hace caer varios cuchillos del cielo y comienza el juego.

La situación, sin embargo, no se desarrolla como cabría esperar, porque Geralt, a diferencia de su anfitrión, no acierta ni un solo lanzamiento, así que le toca beber y soltar prenda. Con su parquedad habitual, el brujo habla de cómo ha acabado al cargo de Ciri, qué planes tiene para ella, qué acondicionador usa para la peluca y, lo más importante de todo, qué ha pasado en su vida para que haya renegado del atractivo arquetipo del lobo solitario y se haya convertido en niñera. Yennefer es lo que ha pasado, reconoce, y está más muerta que el pescado.

Al enterarse de que solo hace unos días que su amigo ha perdido a la "dama más peculiar y bella de todas, esa que ha logrado adentrarse en tu gélido corazón", Nivellen no puede evitar comentar que no parece muy abatido. Al instante, recibe un correo electrónico de Geralt con el texto siguiente:

"FYI: Pues lo estoy".

Recordad que, en contra de lo que recomendaría cualquier experto en salud mental, los brujos procuran llevar sus emociones por dentro, hasta el punto de que ni siquiera utilizan emoticonos en sus mensajes de WhatsApp o Telegram. No obstante, se trata más de una estrategia para dar credibilidad a su profesión de matarifes que una realidad, y los rumores de que tienen menos sentimientos que el robot Emilio son falsos. Por supuesto, a Henry Cavill le viene como anillo al dedo interpretar a esta clase de personaje, porque su principal registro es "tener un palo metido por el culo". Y lo digo desde el cariño y el respeto hacia Cavill como actor y como persona..., y a sabiendas de que jamás se leerá esta entrada y no corro el riesgo de que me incruste la rabadilla en el ombligo de una coz.

-No es por meter el dedo en la llaga, pero parecías más abatido cuando te enteraste de que Netflix había cancelado Cowboy Bebop a los veinte días de su estreno.
-Pues no veas cómo me puse cuando dijeron que no continuarían el revival de Punky Brewster.


En algún lugar entre el Monte de Sodden y Cintra


En marcha hacia el sur, Yennefer pregunta a Fringilla si realmente cree que ofrecerla como sacrificio a su emperador le va a conseguir el perdón.

"Tu cabeza rodará después de la mía", le dice. "Chop, chop".

Reconozco que no soy capaz de seguir el hilo de esta reflexión. Es cierto que con 20.000 muertos a sus espaldas no es para darle una medalla al mérito y regalarle una cesta con los mejores productos gourmet de Nilfgaard, pero el resultado de la batalla de Sodden era impredecible (¿cómo iba nadie a esperar que Netflix tuviera presupuesto para semejante despliegue de efectos pirotécnicos en una serie recién estrenada?) y al menos Fringilla ha hecho prisionera a la causante de la debacle. Esto tiene que valer para algo, ¿no? Lo malo sería volver con las manos vacías o, más ignominioso todavía, con una camiseta de premio de consolación por haber participado.

Yennefer le propone que regrese con ella y se reincorpore a la Hermandad. Les contarán alguna milonga como que la ha salvado y así podrá redimirse.

Eso está muy bien, pero, que a mí me quede claro, ¿habrá cesta de regalo o no?

Sin embargo, Fringilla le aclara que no tiene nada de lo que redimirse, porque Nilfgaard no ha comenzado esta guerra para conquistar el Norte, sino para liberarlo.

Uf, banderita roja para el bando de los negros. Esa excusa de liberar a la gente de la opresión no se la traga ni su tía la del pueblo. Ya me sé yo cómo funcionan los imperios y sus ansias expansionistas, y esos discursos suelen tener tanto de cierto como que Hitler pretendía liberar a los pueblos de Europa de la amenaza del comunismo o que la guerra de Irak era necesaria para acabar con la tiranía de Saddam Hussein. Pero, claro, no aprendemos nunca de nuestros errores, y siempre hay gente dispuesta a creerse cualquier cosa si simulas que trabajas por el bien común y repartes suficientes banderitas.

Fringilla es esa clase de gente y está convencida de lo que dice.

"Estás ciega, Yennefer", dice.

No, no lo está. Eso hubiera sido fiel a los libros. Pero buen guiño.

-¿Seguro que no prefieres ser del bando de los buenos, Fringilla?
-Esto no es El señor de los anillos o Las crónicas de Prydain. Aquí los únicos malos-malos son los que diseñaron mi vestido y pensaron que podría montar bien a caballo.


En la mansión de Nivellen


El juego de beber continúa y Geralt sigue sin dar pie con bola. Por suerte, sus mutaciones evitan que se coja una buena curda y, después de discutir con Nivellen sobre qué clase de futuro le espera a Ciri en compañía de un brujo ("un monstruo para matar otros monstruos"), llega a la conclusión, si es que no lo había hecho ya antes, de que su colmilludo amigo le está haciendo trampas. Para demostrarlo, se saca una daga de su propia bota y la lanza contra el retrato, creando una estela invisible de fuerte aroma a queso roquefort. Para sorpresa de nadie, la afilada punta se clava con precisión en su objetivo, justo entre ceja y ceja.

"Cuchillos mágicos", se ríe Nivellen, admitiendo que lo ha pillado.

A Geralt no le importa que le haya hecho trampas, sino el motivo, y le pregunta a su amigo qué le está ocultando. De los chillidos siniestros y las huellas inquietantes, sin embargo, no dice nada, porque ¿para qué aludir a hechos cuando se puede recurrir a NADA EN ABSOLUTO? Estas cosas me ponen nervioso.

Ante la falta de presión, Nivellen se hace el longuis y se despide hasta mañana del "viejo huraño".

Geralt se queda en el salón, a solas con sus pensamientos y su enfurruñamiento reconcentrado.

Esta es la cara de una persona que debería replantearse sus estrategias para obtener información.

En su dormitorio, echada ya en la cama, Ciri mira hacia el techo y le dice a Vereena que esté "tranqui", que solo pasarán aquí la noche y luego recuperara su casa. Bueno, quizá también gorroneen un poco a la hora del desayuno, pero luego seguirán su camino. Palabrita del niño Jesús.

Ale, a planchar la oreja.

La princesa se queda roque al instante, con la inmediatez propia de la ficción (o de los trayectos en transporte público a la seis de la mañana), y en ese momento la partitura cambia completamente de tono para anunciar que viene una escena de miedo.

La cámara enfoca hacia una de las esquinas del dormitorio y de uno de los agujeros de la pared vemos salir a una mujer de pelo negro y vestido blanco. La gata, supongo.

La mujer repta por el techo al más puro estilo Drácula de Francis Ford Coppola y, desde allí, contempla a Ciri con interés y curiosidad. Los gorgoritos y chasquidos insectiles que acompañan cada uno de sus movimientos hacen la escena más escalofriante si cabe.

Como fan que soy del cine de terror, estoy extasiado.

Esta escena se merece el primer gif de la entrada.

Como Ciri es especial, no respeta los ciclos de sueños y entra directamente en la fase REM, lo que significa que apenas tarda cinco segundos en sufrir una de sus pesadillas habituales (como esa en la que le persigue una cuadrilla de salchichas Oscar Mayer montadas en panecillos con patas). La pobrecilla lo pasa tan mal que hasta llora en sueños. Si yo estuviera allí, le recomendaría tomarse un Cola-Cao bien calentito antes de acostarse. Es mano de santo contra el sentimiento de culpa y las visiones del fin del mundo.

Vereena repta hasta el borde de la cama, trepa por el colchón para sentarse al lado de Ciri, y le pasa el dedo por la mejilla para recoger una lágrima y llevársela a la boca. No sé si lo calificaría de normal o no, pero poco higiénico es un rato.

Ciri, que no tiene el sueño tan profundo como para ignorar que se beban las lágrimas de su jeta, se despierta y se sobresalta un poco al ver la extraña visitante nocturna, que definitivamente no es un gato.

"¿Quién eres?", pregunta.

Yo habría saltado pegando gritos por la ventana, pero esa opción también es buena.

La mujer, que no para de moverse de manera perturbadora, se presenta como Vereena, "una amiga de Nivellen" y le pregunta a Ciri si está bien y si le gustó el vestido que le dejó

Sí, por favor, mantengamos una conversación normal en estas circunstancias tan poco corrientes y alarmantes. ¡Hablemos de ropa y de chicos!

-¿Misi, misi?
-En serio: no soy un gato.

Ciri se centra un poco y, a riesgo de sonar descortés, le pregunta a Vereena qué puñetas es.

"Soy diferente", responde la criatura, sin que un solo sonido salga de su boca. "No soy tú. Pero soy como tú".

De momento, yo diría que tiene más en común con una vampira o con Spider-Woman (por aquello de trepar por las paredes y la telepatía), pero entiendo por dónde va. También entiendo que le preocupe que su nueva compañera de cuarto viaje por el Continente con un tipo cuya nómina depende del número de monstruos que despache.

"¿Eres un monstruo?", le pregunta Ciri.

"¿Lo eres tú por ser diferente?", replica Vereena.

"Les hacen cosas malas a la gente".

"Los humanos les hacen cosas malas a todo el mundo".

Y aun así, lo más monstruoso de todo esto es la gramática. No quiero ponerme picajoso con el doblaje, pero, en esas dos últimas frases, ambas deberían haber dicho "le hacen", no "les hacen". Yo seré leísta, pero al menos sé distinguir el singular del plural. Y el corrector ortográfico se esá volviendo loco con el subrayado.

Ciri llega a la conclusión de que Nivellen ha escondido a Vereena de Geralt porque la quiere. Ya tenemos otra candidata a Laura Bow. Toma, un pin de premio.

Vereena le besa el dorso de la mano gentilmente, y la muchacha se queda sopa otra vez. No le busquéis explicaciones. No es más raro que cuando Clark Kent le borró la memoria a Lois con un beso en Superman II

Aprovechando que Nivellen duerme a pierna suelta, Geralt baja hasta el pueblo con Sardinilla para convertir sus sospechas en certezas. En el patio de la posada encuentra los cadáveres malogrados del mercader y su familia, que nadie se ha molestado en recoger desde ayer (en estos pueblos pequeños, el camión de basura solo pasa una vez a la semana), y también descubre más huellas que se interrumpen bruscamente. Casi puedes oír los engranajes girando en su cabeza.

"¡Vuela!", exclama al fin.

Y después de sumar dos y dos, y recibir otro pin por llegar a la conclusión más evidente (todos tienen ya el suyo), regresa cagando leches a la mansión para poner a Ciri a salvo y hacer lo que mejor se le da aparte de gruñir y fruncir el ceño: sacudir monstruos hasta en el carné de identidad.

Geralt despierta a Ciri, la manda al patio con Sardinilla, y le echa un buen trago a la poción mágica del druida Panorámix para hacer frente al monstruo del episodio, que identifica como una lamia, uno de los tipos más peligrosos de vampiro que existen en el Continente, junto a las alpas, las muras y los jefes tóxicos.

El brujo sorprende a Vereena chupándole la sangre a Nivellen mientras duerme y carga contra ella con la espada de plata desenfundada.

"¡Al ataquerrrr!", grita en memoria de Chiquito de la Calzada.

Sin embargo, antes de que le dé tiempo a cruzar la distancia que los separa, la lamia se vuelve hacia él con el boquino abierto de par en par, desencajado y repleto de filas de dientes puntiagudos, y le suelta un alarido de 20.000 hercios de puro heavy metal.

La onda de choque manda al Lobo Blanco volando fuera de la habitación y lo empotra contra la pared del pasillo, donde se queda pegado como si fuera un vulgar imán de nevera.

Muérete de envidia, Ronnie James Dio. Muérete más, quiero decir.

De vuelta al ruedo, y gracias a sus supersentidos mutantes, Geralt consigue clavarle una lanza a Vereena mientras se oculta en el techo. La lamia, razonablemente molesta, le salta encima e intenta arrancarle la tiroides de una dentellada. Durante el forcejeo, el brujo utiliza la señal de Aard para librarse de ella, y el empuje telequinético arroja a la criatura al exterior a través de una de las ventanas .

En el patio, Vereena se recoloca las extremidades dislocadas delante de una asustada Ciri y, en cuanto tiene a su contrincante a tiro, le suelta otro alarido que lo manda volando a la Polinesia.

Mientras Geralt se recompone, la Leoncilla de Cintra se aleja silbando con disimulo hacia Sardinilla, pero Vereena la detiene.

"No huyas", le advierte. "No podré controlarme si huyes".

La entiendo perfectamente. Yo tampoco puedo controlarme cuando me ponen comida rápida delante.

Geralt se recobra del último costalazo y, como no se puede estar quietecito ni un minuto, carga de nuevo contra Vereena. Sin embargo, en esta ocasión ha aprendido de sus errores y se acuerda de utilizar la señal de Quen para protegerse del berrido ultrasónico con un escudo mágico antes de golpear a la lamia con otra señal de Aard que la deja despatarrada en la nieve.

La vampira, que empieza a estar bastante frita del combate, revela entonces su verdadera forma (una murciélaga grande, escuálida, orejuda y más fea que pegarle a un padre con un calcetín sudado) y echa a volar para acometer al brujo desde el aire.

Pero ni por esas se sale con la suya. Geralt la agarra por la pantorrilla sin recato ni pudor y, de un tirón, la estampa contra el suelo. Si sobrevive a esta paliza, va a tener que atiborrarse a analgésicos.

-Señor, pensé que era usted un caballero. Lamento haber cometido ese error.

Vereena alza el vuelo de nuevo y se pierde de vista durante unos instantes para intentar pillar a Geralt desprevenido por la espalda. Pero el brujo se las sabe todas y utiliza su espada a modo de espejo para esquivarla en el último instante y pegarle un buen tajo en el pecho.

La lamia llama al centro de control para solicitar un aterrizaje de emergencia, se estrella contra una de las estatuas del patio (tranquilos, los daños los cubre el seguro) y se va de morros al suelo, deslizándose por la nieve completamente en bolas y regresando a su forma humana.

Ciri, diez en empatía, cero en sentido común, hace oídos sordos a la advertencia de Geralt de quedarse al margen y corre hasta Vereena con una manta pulgosa para cubrirle las vergüenzas. La lamia, con una velocidad sobrenatural, la agarra por el pescuezo y amenaza con dejarla con menos sangre que un ladrillo si el brujo no se larga con viento fresco.

Antes de que Geralt reaccione de otra manera que no sea apretar muy fuerte los labios, Vereena abre su bocaza de vampira y, ¡ÑACA!, Nivellen la ensarta por la espalda con una lanza.

Eso no os lo visteis venir, ¿eh?

"Lo siento", gime el hombre-bestia. "Lo siento mucho".

Más lo siente ella, diría yo. Pero la historia no acaba ahí.

Vereena se disloca los hombros y retuerce los brazos hacia atrás para agarrar con ambas manos el asta de la lanza, gira la cabeza 180º como la niña de El exorcista para mirar a Nivellen cara a cara, y se empuja a sí misma a través de la lanza para arrimarse a él poco a poco. Debería trabajar como contorsionista en el Cirque du Soleil.

"Mío o de nadie", murmura la tía grimosa. "Te quiero".

No creo en el amor a distancia, pero este es uno de esos casos en los que, si yo fuera Nivellen, me plantearía muy seriamente mantener toda relación con esta mujer por correspondencia.

¿Qué pasa allí?
Los dos por fin.
Un par feliz.
Que sí, que sí.
Ha comenzado la primavera en el jardín.
Diría yo que hay que aguardar y hay que insistir,
porque el milagro que esperamos va a ocurrir.

Con sus últimas fuerzas, y en nombre del amor, Vereena intenta pegarle un muerdo al trastornado Nivellen; pero Geralt está al quite y corta la cabeza a la criatura de un preciso mandoble antes de que pueda hincarle los dientarros a su amigo. No está de humor para despedidas golosas.

"¡NOOOOOO!", grita Nivellen.

"¡NOOOOOO!", repite Darth Vader en una galaxia muy, muy lejana.

"También irá a por ti", le dice telepáticamente la cabeza cercenada a Ciri antes de estallar en llamas.

"Perdonad que moleste en este momento tan dramático", interrumpo yo. "¿Alguien ha visto las notas que tomé del relato original? Voy a necesitarlas en breve".

Y tal y como el fuego consume los restos de la lamia, Nivellen recobra su forma humana, que tiene menos chepa, colmillos y barba, pero sigue siendo Kristofer Hivju, así que apenas gana con el cambio.

-Uy, qué piel más seca tengo. Voy a tener que comprarme crema hidratante.

"La maldición se ha roto", dice Geralt.

Gracias, Capitán Obvio. No sé qué haríamos sin ti.

A pesar de todo, Nivellen no parece satisfecho con el resultado. ¿Creéis que estar pisando las cenizas de su ex podría tener algo que ver con eso?

El hombre cuenta que conoció a Vereena por Tinder y que a ella no parecía importarle su aspecto de gorrino peludo, así que enseguida le cogió cariño. Para saciar sus impulsos depredadores, incluso dejaba a la bicha pegarle un sorbito de vez en cuando.

"Amor y sangre. Ambos albergan un enorme poder", dice Geralt, que se pone serio para parafrasear el relato original. "Humanos y magos cultivados llevan años intentando descifrarlo sin llegar a ninguna conclusión, salvo...".

"Perder a tu amor verdadero", termina Nivellen la frase.

Así concluye más o menos esta versión oscura de La Bella y la Bestia en el relato original, pero en la serie deciden rizar el rizo y ofrecernos un epílogo. Vosotros mismos podéis juzgar si la decisión es buena o mala.

Destrozado por la muerte de Vereena, Nivellen confiesa que hacía la vista gorda cuando se merendaba a los aldeanos, porque a ella nunca le importó que él estuviera maldito, no ya por destruir el templo, sino por violar a la sacerdotisa.

Y este es el punto en el que a Geralt y Ciri se les tuerce el gesto y se dan la vuelta asqueados para volver por donde vinieron.

"Te lo suplico", le dice Nivellen al brujo, abrumado por la culpa. "Usa tu espada. Acaba con esto. Por mí".

"Va a ayudarte Rita", le contesta Geralt sin detenerse ni mirar atrás.

Cool guys don't look at rapists.

Toda adaptación de un medio a otro implica cambios. Esto hay que aceptarlo. Ya he comentado antes que en el relato original Geralt no conoce previamente a Nivellen y que a Ciri ni se le ve el pelo. Pero no son los únicos cambios del episodio. También los hay, por ejemplo, que afectan a valores estéticos y de carácter más poético que prosaico (las rosas añiles y la fuente del delfín de piedra blanca están ausentes en el episodio, pese a ser imágenes potentes en el relato). Pero la clave de una buena adaptación es mantener la esencia de la obra original, y este episodio lo consigue.

Dicho esto, la adaptación realiza un cambio sobre el trasfondo de Nivellen que me parece digno de mención, porque, aunque el tema central no varía (ambas versiones tratan sobre la naturaleza de los monstruos y nos permiten llegar a la conclusión de que el Monstruo de las Galletas no es un monstruo por parecerlo, sino por sus trastornos alimentarios), las circunstancias que rodean al personaje son lo suficientemente diferentes en un caso y otro como para abrir el debate sobre su culpabilidad y su posible redención.

Empezando por lo más sencillo, en el relato no hay ningún pueblo "abandonado" y Nivellen no tiene ni puñetera idea de que su novia la rarita está buscando donantes de sangre en las inmediaciones. Por no saber, ni siquiera sabe que Vereena es una lamia (el propio Geralt, experto en la materia, la confunde con una náyade la primera vez que la ve). No es como esos amigos que cuando organizas una cena, te dice que tranquilo, que su novia come de todo, y luego resulta que es vegana y su lista de intolerancias alimentarias es más larga que la lista de los reyes godos.

Es más, cuando el brujo le habla de los cadáveres que ha encontrado por el camino, lo que Nivellen teme es que él mismo sea el responsable de sus muertes sin ser consciente de ello, porque últimamente sufre unos sueños monstruosos. Tanto le preocupa estar cambiando que le pide a Geralt que si su condición empeora, regrese y lo mate.

Lo que Nivellen tampoco sabe es que esas pesadillas se las provoca Vereena, que domina su voluntad en sueños para que mate por ella (aunque yo no soy un vampiro, asumo que morder nucas es muy cansado y resulta mucho más cómodo sentarte a comer con el plato ya servido).

Por lo tanto, al Nivellen del relato no se le puede imputar responsabilidad por la muerte de ningún aldeano, ni siquiera por omisión. Solo es culpable de escoger mal a su pareja.

Por otro lado, tenemos el tema de la violación de la sacerdotisa, más sensible que el anterior, y en el que también voy a meterme porque la temeridad me reclama.

En el relato de Sapkowski, la revelación de que Nivellen violó a la sacerdotisa no se reserva para el final de la historia ni pretende ser un golpe de efecto que deje al lector con el culo torcido, sino que es parte de la información que Nivellen le facilita a Geralt durante su conversación para que pueda valorar la maldición. ¿Se larga el brujo al oírlo? No, ni pestañea siquiera. Se limita a preguntarle qué le dijo la sacerdotisa al hechizarlo.

Dado que la violación no es normalizable en ningún contexto (que ningún presunto historiador os cuente milongas sobre que, en un mundo de fantasía medieval, no estaría tan mal visto), la cuestión aquí es si Geralt reacciona de forma tan distinta en una versión y otra porque él mismo es distinto, porque las circunstancias lo son, o porque los creadores de la serie han querido quitarse una patata caliente de encima o demostrar una sensibilidad mayor sobre este tema a raíz de recientes movimientos de denuncia como el #MeToo. Y para valorar esto, se necesitan datos.

En el episodio, cuando Nivellen habla de su padre, se da a entender que este era el señor del lugar; de ahí que contratase al brujo para ocuparse de la plaga de wyvernos. En cambio, en el relato de Sapkowski, el padre de Nivellen (y, antes que él, su abuelo) era el líder de una banda de rufianes que tenía aterrorizada a la región. "Todo el que se aventuraba por aquí, si mi padre lo veía desde la torre, perdía, en el mejor de los casos, su haber. Y un par de aldeas cercanas se quemaron porque mi padre pensaba que pagaban los tributos con demasiada lentitud". Ladrón, asesino, extorsionador... un tipo estupendo.

Después de que a su padre le abrieran el melón de un porrazo, Nivellen heredó el negocio familiar y se puso al mando de la banda. Pero por aquel entonces él solo era un mocoso y "los de la banda hacían de su capa un sayo". Los lideraba, por tanto, "de la misma forma que un lechón bien gordo puede liderar a una horda de lobos". Sus fechorías iban cada vez a más, y el día que saquearon el templo, se apoderaron y desnudaron a la sacerdotisa, y a él, que solo era un crío, le dijeron que "tenía que obrar como un hombre". Recalco el "tenía". ¿Está bien lo que hizo? No. ¿Podría haberse negado y asumido las consecuencias? Sí. ¿Se arrepiente? También.

Por último, y aunque este detalle es menos relevante, en el episodio pasan por alto que el templo en cuestión no era precisamente de los que tienen fuentes ornamentales y huelen a incienso, sino de los que tienen altares con cráneos y huesos, y huelen a azufre. Con esto no quiero decir que la sacerdotisa se mereciese experimentar el tour Jennifer Jason Leigh de Los señores del acero (no y punto), solo que tengamos presente que, en este caso concreto, la víctima no era ningún alma de la caridad. Realizaba sacrificios rituales los fines de semana, escuchaba discos de Black Sabbath y jugaba a Dungeons & Dragons. A lo mejor incluso se comía bocatas de bebés con aceitunas. ¿Quién sabe qué iniquidades son posibles tratándose del culto de Araña con Cabeza de León?

La cuestión es: ¿Se puede juzgar igual al Nivellen del libro que al de la serie? Vosotros diréis. Yo aún no he acabado de repasar las aventuras del brujero y la princesita, y también tengo pendiente una última cita con dos hechiceras sandungueras.


En el bosque, al norte de la mansión de Nivellen


Ciri se calienta las manos en el fuego mientras Geralt medita en la posición del loto y termina de expulsar las toxinas que le ponen paliducho y venoso. ¿Sabéis lo que le ayudaría también a eliminar toxinas? Beber mucha agua y mear mucho. Pero el yoga también es estupendo, sí.

Recobrada la normalidad, Geralt regaña a Ciri por no hacerle caso cuando le dijo que pusiera los pies en polvorosa. La Leoncilla, lejos de protestar, admite que la cagó y le abre su corazoncito.

"Creo que soy gafe, porque vaya donde vaya la gente cae como moscas. Siento que yo solita podría hacer 'pum' con el mundo; no digo aposta, pero sí por causas coyunturales. Y tengo tanto miedo de mí misma que apenas necesito comer fibra para ir bien al baño".

No es una cita literal, pero os hacéis a la idea.

Geralt le responde que enfrentarte a tus miedos no es moco de pavo, pero que él está con ella y no dejará que le pase nada. Es una afirmación que parece sacada de un manual para padres primerizos, pero sus músculos de leñador de los Apalaches le dan un plus de credibilidad.

Ciri sonríe, reconfortada.

Menuda pardilla. Cómo se nota que aún no ha visto los siguientes episodios.

Yo también sonreiría así si Henry Cavill se convirtiera en mi manta de seguridad.


Al norte de Cintra


Fringilla ordena a los soldados que levanten el campamento y se den vidilla con los bártulos porque mañana a primera hora quiere estar en Cintra sentada en una terraza desayunando café con churros.

Yennefer hace un comentario sindicalista y provocador, pero sus palabras caen en saco roto.

De pronto, unos arpones disparados desde los árboles empalan a tres de los soldados y tiran de ellos hacia la oscuridad.

¿Una emboscada a estas horas de la madrugada? ¡Qué falta de respeto!

Fringilla y Yennefer se colocan espalda contra espalda (para que si disparan a cualquiera de ellas, mueran las dos a la vez y sus asaltantes ahorren munición, supongo) y los restantes soldados forman a su alrededor con los arcos listos para fingir que hacen algo de provecho. 

Más arpones silban en el aire, otros tres panolis desaparecen, y ya solo quedan dos hechiceras con cara de susto.

¡La leyenda de los balleneros del bosque era cierta!

Fin.

¿Grado de satisfacción? Alto. Las interacciones entre Geralt y Ciri funciona, la adaptación del relato que da título al episodio es buena (pilla los temas, aunque cambie los detalles) y el nivel de producción está por encima de lo que vimos la temporada anterior (parece menos Hércules y sus viajes legendarios, y más una serie actual).

Esto solo puede significar una cosa: que a partir de ahora iremos cuesta abajo.

Puntuación: 8/10

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17 comentarios

  1. Me vi el primero cuando salió y pese a sus aciertos, me da una pereza terrible seguir con la serie. De momento me veré el segundo esta semana contando con que el segundo lo tengas para el lunes. Si veo que te lo tomas con más calma (respetable decisión, todo sea dicho) estaré pendiente y simplemente iré a la par con tus entradas.

    Genial review como siempre. Con ganas de más, como siempre.

    P.d: Menos de un mes para San Valentín. Just saying. Sí, merezco lo peor.

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    1. Esos dos "como siempre" seguidos por error al escribir desde el móvil me perseguirán esta noche...

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    2. Me temo que la entrada del episodio 2 la publicaré probablemente a finales de febrero o a principios de marzo. Lleva MUCHO tiempo preparar y escribir este tipo de entradas y, aparte de la vida, debería escribir al menos un artículo antes de final de mes para el próximo número de Mundo Masters y la entrada que ya sabemos para San Valentín. Después de eso ya veré qué ritmo me marco, pero no tenía previsto escribir más de una entrada sobre la serie al mes. Si pudiera clonarme, sería diferente. Pero no puedo. Aún.

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  2. Anda que no le ha sentado bien ni nada la inyección de pasta a la serie. También parece que han tomado nota de las quejas de que la historia se narraba de forma confusa y han intentado ser más claros, aunque a veces se pasen de expositivos.

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  3. Buena recopilación. No me pareció mala esta segunda temporada, me vi los episodios más seguidos que la primera, la cual vi tras leer todas las entradas anteriores, todo sea dicho.

    No sé por qué, con lo de la lamia me esperaba que pusieras una imagen del cómic de Superlópez de La caja de Pandora, donde sale una lamia y se presenta ante él.

    Geraldo Rivera es normal que tenga esa cara, le dijeron a Cavill que actuase como si siempre pensase en lo que le hizo DC a su contrato de super y claro, así le tenemos.

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    1. "¿Quién es usted y qué hace aquí...?".

      "Soy una lamia, en cuanto a lo que hago... ¡buscaba con qué desayunarme hoy!".

      Ciertamente, estas entradas necesitan más Superlópez.

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  4. Desde luego es curioso el apagón de comentarios respecto a la serie en comparación con la primera temporada, espero no encontrarme algún bajón desagradable a lo largo de esta, pero si de verdad lo hubiera, también habría sido tema de conversación por las redes.

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    1. Yo voy a terminar de formarme mi opinión mientras la repaso. Pero desde luego es menos confusa que la temporada anterior y se nota que ha contado con más parné. Hasta les brillan más los ojos a los actores.

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  5. Adolescente treintañero jjajajja, ahi me aas ganado-

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  6. Lo que yo he notado es que esta temporada ha pasado totalmente desapercibida. Recuerdo que en plena pandemia todos flipaban con la primera temporada de esta y el Mandaloriano y ahora, ni mu. Vivimos saturados....
    La segunda temporada a mí me ha molado aunque admito que no recordaba casi nada de la primera. A raíz de esto, probablemente me meta con los libros.
    Un saludo, herr Brocha.

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    1. Poco tiempo, mucha serie de moda. Hay que elegir.

      Los videojuegos del brujero también son buenos, sobre todo el tercero.

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  7. La primera temporada me dejó un poco frío y dudaba si ver esta segunda.

    Lo que finalmente decantó la balanza fue el poder disfrutar más tus reseñas. En principio iba ir al ritmo de tus publicaciones pero este primer episodio, pese a sus cosas, me gustó bastante, así que me adelantaré.

    P.D. Si no llegas a decirlo jamás me habría dado cuenta de que lo que notaba raro en Ciri eran su renovada habilidad de alzar las cejas.

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    1. Ve a tu ritmo, sí, porque el que voy a llevar yo con las entradas no es para seguir ninguna serie.

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  8. No se puede juzgar la actuación de Henry Cavill sin su vozarrón en versión original y sin su pechamen al aire, se pierden matices. Podría interpretar su personaje a base de gruñidos y "Fucks" y contaría con mi entera aprobación.

    Mi yo de hace 25 años estaría en la gloria con la ingente cantidad de material audiovisual freak del que disfrutamos estos días; a mi yo actual, trabajando y opositando, apenas le da para seguir un par de series a la semana, así que tú a tu ritmo, me espero a que saques las entradas que así les saco más jugo a los capítulos.

    PD: Algunos pies de foto son cojonudos, y los de las cejas me ha arrancado una carcajada :D

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    1. Muchas gracias. El chiste de las cejas fue el primero que pensé. Es mi favorito.

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