23 de marzo de 2022

The Witcher: Kaer Morhen

¿Quién hablaba de The Witcher a mediados de enero? Casi nadie. ¿Quién habla hoy de ella? Menos que nadie. El silencio es tan rotundo que, en un dislate propio de la ciencia ficción más chusca (véase Star Trek y Alex Kurtzman), el vacío sonoro ha roto la barrera del tiempo y afectado al pasado. Ya no se trata de que no se hable de la segunda temporada de The Witcher, sino que nunca nadie habló jamás de ella. Por lo tanto, si veis una entrada anterior a esta recapitulando el primer episodio de la temporada, no es porque yo haya perdido definitivamente el norte, sino porque os habéis quedado atrapados en la línea temporal original. Intentad sacarle provecho antes de que la línea temporal desde la que publico esta entrada os arrolle.

Y el párrafo anterior es lo que pasa cuando uno escribe sin supervisión.


Al norte de Cintra

El episodio comienza con un sueño. ¿Y cómo sé que es un sueño? Fácil: porque Batman lleva gabardina.

Quien sueña es nuestra querida Yennefer de Vengerberg, que en este mundo onírico tiene la vida que siempre deseó: vive en un hogar acogedoramente rústico, lleva ropa que no le corta la circulación y está amancebada con Geralt de Rivia. Es un sueño muy progresista, en efecto. Y, por si lo anterior fuera poco, el brujo no tiene más que rozarla cariñosamente para que, de pronto, espere una hija suya. En un momento la hechicera tiene el vientre plano y, al instante siguiente, le ha crecido un bombo tan grande que podría alquilarlo como pelota para clases de pilates. La fertilidad de Henry Cavill no tiene parangón. 

Yen se despierta dentro de su propio sueño, para indicarnos que ha pasado algún tiempo, y ve una cuna de mimbre bajo la ventana de su dormitorio. No menciono el detalle de que la cesta es de mimbre por ninguna razón en particular, pero que conste que el mimbre es altamente inflamable.

La bebita empieza a llorar y Yen, madraza, sonríe con dulzura, que es la reacción natural de cualquier mujer que no tiene un bebé de verdad ni lleva meses sin pegar ojo convencida de que su retoño la confunde con una vaca lechera.

Pero antes de que Yen disfrute de las alegrías de la maternidad, el sueño se convierte en pesadilla. La bebita entra en combustión espontánea y echa a arder como si fuera madera seca.

Yen corre hacia la cuna llamando a gritos a Geralt y la imagen se distorsiona. Tras ella, en el umbral de la puerta, ve a una figura envuelva en una túnica roja sosteniendo en brazos a la bebita, que está intacta y no churruscada. Un primer plano nos permite ver que la niña tiene orejas puntiagudas, como los vulcanianos, aunque quizá los elfos serían la referencia más apropiada en este caso. Larga vida y prosperidad.

Nunca falla. Es cenar cocido montañés y empezar a ver a Raistlin Majere en sueños.

Yen despierta de la pesadilla dentro de un carro y tendida de mala manera sobre un montón de sacos de arpillera. Voy a suponer que los sacos van cargados de berenjenas y alcachofas, porque eso me hace más gracia que si fueran cargados de heno. Espero que estéis de acuerdo en que berenjenas y alcachofas son palabras inherentemente graciosas.

La hechicera ve que está esposada a su ex compañera de academia y ahora enemiga Fringilla Vigo, que yace dormida a su lado. Ha sido una de esas noches.

Yen se sienta y mira al exterior por una rendija. Es de día y junto al carro, de espaldas a ella, ve a un elfo rubiales.

Fringilla farfulla en sueños.

"No, no me hagas ver más episodios de Marmalade Boy...", dice. "¡No!".

Yen, que ya bastante tiene con que la secuestren por segunda vez en dos episodios como para tener que soportar mis estúpidas ocurrencias, despierta a su compañera. Fringilla remolonea lo justo y también se asoma por la rendija.

"Nos alejamos de Cintra", dice con seguridad, a pesar de que están en mitad de un bosque y no tiene una brújula para orientarse.

-Puedo orientarme gracias al musgo.
-Guau. ¿En serio?
-No, uso Google Maps.

El carro se detiene, y un elfo con el rostro parcialmente oculto bajo una capucha abre las puertas. Antes de que las prisioneras puedan preguntar siquiera cuándo se sirve el desayuno, la figura se echa la capucha hacia atrás, revelando su identidad y llevándome a la firme conclusión de que solo se había cubierto la cara un instante para hacerse el misterioso.

Su raptor no es otro Filavandrel aén Fidháil, el rey de los elfos. 

La primera y última vez que vimos a Fil (puedo llamarte Fil, ¿verdad?) fue en el segundo episodio de la primera temporada, cuando Geralt y Jaskier se toparon con él en el Confín del Mundo. . Sin embargo, se le nota cambiado. Ya no tiene pinta de ser un desarrapado piojoso que vive de la redistribución de propiedades ajenas. Se le ve más altivo, más garboso, más... élfico, supongo. Este es un Filavandrel que podría haber salido en una película de Peter Jackson, no el de saldo que nos colaron en la temporada anterior.

-¡Agh! ¿A qué huele aquí dentro? Berenjenas, alcachofas y... ¿grosellas?
-Y lilas también. No te olvides de las lilas.

Las hechiceras salen del carro y se unen a pie a la caravana de guerreros elfos. Como aguzado metomentodo que soy, observo que no hay ninguna balista, escorpión o arma de asedio con la que pudieran haber disparado los arpones extragrandes que se cargaron a los soldados nilfgaardianos en el episodio anterior. No sé si tengo que suponer que los lanzaron a mano. ¿Tanto cuesta mantener la coherencia interna?

Más allá del bosque, las hechiceras ven una antigua fortaleza con una gran torre, no muy diferente a la de Aretusa.

Yen recuerda que Istredd le habló de eso.

"Istedd nos habló de eso".

Sí, es justo lo que acabo de decir. Gracias.

Como nunca está de más deleitar al público con un poco de historia y folclore (ronquido profundo), Yen explica que estos lugares de antaño eran un homenaje de los elfos a los profetas, porque ¿a qué profeta no le va a gustar una torre bien sólida y erecta? Pero los propios elfos los quemaron durante las primeras guerras, unos quince siglos atrás.

"Mejor perdidos para la historia que para los humanos", les espeta el elfo con morritos de pato de la imagen superior, que se llama Gage y está muy pendiente de las hechiceras por si les da por escaparse en su escoba o hacer alguna otra brujería.

Y, a todo esto, ¿qué clase de nombre de elfo es Gage? ¡Si ni siquiera tiene eles! Gage suena más a héroe negro de cómic o a motero de los Scorpios. Hasta yo me invento nombres de fantasía mejores. Recientemente, por ejemplo, di vida a Lahaliaoel el elfo, que se enfrentó a los desafíos de HeroQuest en compañía de Katapún el bárbaro, Gwarrin el enano y Karajast el mago. En paz descansen.

¡Admirad la portentosa arquitectura élfica!

Al cabo de un tiempo indeterminado, el grupo llega a un campamento con elfos por doquier.

"No veía tanto elfo junto desde la última convención de la Sociedad Tolkien", comenta Yen.

Filavandrel conduce a las hechiceras a una tienda de campaña custodiada por dos guardias de vanguardia y les advierte que se estén calladas. En boca cerrada no entran endriagos, que dicen los brujos. Y si no lo dicen, deberían.

En la tienda, las prisioneras conocen a Frascesca Findabair, conocida en su lengua materna como Enid an Gleanna, esto es, la Margarita del Valle (juro que no me lo invento), una poderosa hechicera elfa con una actitud que sugiere problemas.

Fringilla, que es un lince, se da cuenta de que está delante de la mujer que maneja el cotarro e intenta negociar su liberación. Le dice que ella está con Nilfgaard, que el imperio no tiene nada contra los elfos, que son los reinos del Norte los que deberían preocuparse, que vaya si ha subido el precio de la gasolina, bla, bla, bla, rollo, rollo... Francesca se aburre del discurso y la deja grogui con un gesto de la mano.

La sincronización cómica de Fringilla para desplomarse es impecable. 10 sobre 10.

Ignorando a Yen, Filavandrel y Francesca discuten en lengua élfica sobre la pertinencia de traer invitadas. Él cree que pueden serles útiles como rehenes; ella, que quedarían preciosas colgando de un árbol, aunque todavía no sea Navidad.

Yen, que tiene un cuarto de elfa por parte de su prima segunda y además conoce la lengua de los Aes Seidhe (los elfos, por si no lo habíais pillado), intenta aprovecharse de esta circunstancia para congraciarse con sus anfitriones.

"Uy, pero si yo soy elfa hasta las trancas. ¿No lo había mencionado antes?", pregunta, inocente. "Incluso me sé los mejores chistes". 

"Vale, cuenta uno".

"A ver... ¿Cómo se dice butanero en élfico?".

"No lo sé".

"¡Eldelgas!".

Por desgracia, Francesca es un hueso duro de roer. Para ella, los elfos que no tienen orejas puntiagudas ni cantan a la Era de Acuario son elfos de chichinabo.

Filavandrel sigue pensando que no es buena idea acogotar a las magas, porque sería más útiles como rehenes. Añade que llevan meses cavando en la zona (esto se pone misterioso) y cada día que pasa aumenta el riesgo de que los pillen.

Francesca le recuerda que es ella quien manda ahora, porque es la única que ha soñado con "el ser de la toga blanca". Voy a suponer que se refiere a John Belushi en Desmadre a la americana, porque tiene perfecto sentido.

Yen arquea una ceja. Anda, si ella también tuvo un sueño en el que salía un tipo con toga. Pero la toga era roja, no blanca. ¿Será el mismo personaje, que cometió el error de mezclar la ropa blanca y la de color en la lavadora?

Filavandrel asegura a Francesca que solo quiere protegerla, lo que, por alguna razón, la hace cambiar ligeramente de idea. Mantendrán a las prisioneras con vida hasta que encuentren lo que buscan y luego mandarán sus cabezas como regalo a Aretusa con una tarjeta que diga "Recordatorio de la gloria élfica. Besitos".

"Podría ser peor", dice Igor. "Podría llover".

-Dartho guin Beriain. Rych le ad tolthathon.
-Eeeh... No creo que esa frase sea aplicable aquí.


En Kaer Morhen

Pasamos ahora a la parte del episodio que no se han sacado los guionistas de la manga, sino que está basada en los libros, concretamente en La sangre de los elfos, el tercer libro de la saga y la primera novela, ya que los anteriores son recopilatorios de relatos.

Despuéd de mucho trotar, Geralt de Rivia y la princesa Cirilla llegan a Kaer Morhen, la residencia de invierno de los brujos, enclavada en las montañas al noreste de Kaedwen. A la vista está que la fortaleza, construida por los elfos en los tiempos de Maricastaña, ha vivido épocas mejores, y no le vendría mal una reforma. Honestamente, desde que un ejército de magos, soldados, paletos y monstruos asaltó Kaer Morhen casi cien años atrás, el lugar está hecho un desastre. De lo único que no se puede uno quejar es de la ventilación, porque los muros tienen agujeros por todas partes. Y no hay calefacción central.

Con todo, sigue siendo una estructura impresionante.

Una vez más... ¡admirad la portentosa arquitectura élfica!

Al entrar en el patio, Ciri le pregunta a Geralt cuántos brujos son. El Lobo Blanco, con melancólica resignación (estado de ánimo desde el diseño y por defecto), le contesta que la última vez que estuvo aquí eran unos veinte. No obstante, teniendo en cuenta la alta tasa de mortalidad asociada al oficio y su incapacidad para procrear...

"Ahora quizá menos".

"¿Diecinueve?", pregunta Ciri.

"No lo estás pillando".

De camino al interior de la fortaleza, la leoncilla de Cintra repara en una gran osamenta que sobresale más de un metro en la nieve. Sin embargo, no hace preguntas. Debieron de extirparle quirúrgicamente la curiosidad cuando nació. En cambio, a mí ese tipo de detalles me chiflan. Es como cuando C-3PO y R2-D2 están deambulando por el desierto de Tatooine en La guerra de las galaxias y pasan junto al esqueleto de un saurio gigantesco. No puedes evitar preguntarte cómo sería el animal al que pertenecía la osamenta e inconscientemente te sientes trasladado a una galaxia muy, muy lejana. Es la magia de la ficción, que funciona hasta que te expanden el universo y acabas sabiendo hasta cuál es la marca de calcetines que usa el tabernero de la cantina de Mos Eisley,

Dicho esto, si habéis visto la película de animación La pesadilla del lobo, sabréis que el esqueleto pertenece a uno de los monstrencos que los brujos se cargan durante el asalto a la fortaleza, probablemente el grifo al que Vesemir destripa en el aire de forma espectacular.

Así estamos.

Y así estábamos.

Las puertas de la fortaleza se abren a un salón-comedor cuyas mesas y bancos están colocados delante de un gran árbol que se eleva hasta un techo abierto. De este árbol, viejo y deshojado, cuelgan los medallones de los brujos que ahora usan pijamas de madera, un recordatorio permanente de los riesgos de la profesión.

Pero ¿cuántos brujos viven aún y están hoy aquí reunidos?

"Hay uno..., dos..., tres..., cuatro..., cinco..., seis..., siete..., ocho..., nueve..., diez. Diez brujos. ¡Sí, diez, diez brujos! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!".

Gracias, conde Draco. Es un privilegio contar contigo.

Cuando Geralt y Ciri entran al salón, las conversaciones cesan de golpe y todas las miradas se posan en ellos. El Lobo Blanco ignora la subida del tensiómetro y le hace un gesto tranquilizador a su joven protegida. Lo tiene todo controlado. 

Dos de los brujos se levantan con cara de malas pulgas y se plantan muy engallados delante de Geralt. El pelirrojo que podría haber sido miembro de los Jethro Tull en los setenta es Lambert, y el pelón con un ojo de cada color a lo David Bowie es Coën.

"¿Dónde c****** has estado?", pregunta Lambert.

Qué raro… ¿Será esta la típica escena cliché en la que los camaradas de toda una vida reciben al protagonista como si no les hiciera ninguna gracia verlo para luego soltar una carcajada y darle una bienvenida efusiva? Podéis apostar vuestras ediciones coleccionista de The Witcher 3: Wild Hunt con pegatinas exclusivas a que sí.

¿Sabíais que entre todos los brujos de Kaer Morhen comparten personalidad y media? Estos son esa media.

Los brujos, muy machos todos, celebran tener a su compañero de vuelta con abrazos breves y palmaditas contundentes en la espalda.

Vesemir, el brujo más veterano del Continente, también se alegra de ver a su pupilo, pero prescinde de las muestras físicas de afecto, porque no se puede ir por ahí con pintas de motero anarquista fan de Motörhead y luego ser un moñas.

"Lobo. Al fin. En casa", dice.

No sé. Por qué. Habla. Así.

-Voy a cumplir. Ciento setenta años. Puedo hablar. Como me dé la gana.

Los brujos se sientan a la mesa y comparten historias mientras apuran sus jarras de cerveza. Curiosamente, nadie pregunta a Geralt por la chica con estola de piel de zorro que le acompaña. No sé si debo suponer que respetan su intimidad y por eso prefieren esperar a que él saque el tema, o si tengo que pensar que Geralt se presenta con una muchacha a la que quintuplica la edad todos los inviernos y, por tanto, ya lo ven normal. La única referencia a la que puedo acudir son las novelas, y en La sangre de los elfos lo primero que le preguntan a Geralt cuando llega a Kaer Morhen es precisamente quién es la niña que viene con él. Pero, claro, los libros los escribió un señor polaco ateo que se crio durante la Guerra Fría y que escribió su primer relato cuando tenía treinta y ocho años, no un grupo de guionistas pijos estadounidenses que toman decisiones creativas alrededor de una mesa con con Frappuccinos®, batidos detox y cupcakes. Tampoco olvidemos que esta es una serie de Netflix, por lo que el efectismo se antepone a la lógica nueve de cada diez veces.

De pronto, una nueva voz se une a los brindis:

"¡Por olvidar la p*** Travesía durante una p*** noche!".

El brujo al que deberían lavarle la boca con jabón es Eskel, cuya presencia física me provoca una fuerte reminiscencia de Brad Dourif en La fosa común. Esa es la película en la que el actor favorito de los niños interpreta a un veterano de la guerra de Vietnam que trabaja como exterminador de ratas y que tiene un carácter acorde a su oficio. Y, por si no habéis leído La sangre de los elfos, esa no es la clase de sensaciones que debería transmitir Eskel, que en la obra de Sapkowski es más majo que las pesetas.

Alguien debería decirles a los p**** guionistas que no hace falta meter un p*** taco en cada p*** frase para parecer moderno y provocador. Menos Tarantino y más Sapkowski, por favor.

Geralt se levanta con una sonrisa y abraza con mucho sentimiento a su hermano.

"¿Estás bien? No tienes buen aspecto", le dice.

Ya habló el zarrapastroso...

Eskel les cuenta que ha estado luchando seis horas contra un leshy, que viene a ser como una versión chunga de Groot con muy mal pronto. El brujo dice que no consiguió matar a la criatura porque perdió la poción mágica que les prepara el druida Panorámix, pero al menos le cortó una mano. Y la ha traído como recuerdo. Qué detalle.

Lo extraño del caso es que este leshy se encontraba en las inmediaciones de Kaer Morhen. Esto, según el bestiario de El mundo de The Witcher, es altamente inusual, porque estos seres del bosque son mazo territoriales y rara vez abandonan sus dominios. El episodio no explica por qué el leshy se ha dado un garbeo, pero cabe suponer que ningún monstruo es tan estúpido como para acercarse a la fortaleza donde viven los mutantes expertos en cazar y matar monstruos. O quizá han puesto un cartel fuera que dice "PЯOIVIDO MOSTЯUOS" y la penosa ortografía mantiene a las bestias a raya.

Eskel dice a todos que deberían considerarse afortunados por no haberse cruzado nunca con un lehsy.

"A no ser que deseéis que os pique con una de sus p**** raíces", añade, llevándose instintivamente una mano al hombro, como si tuviera la sarna, pero se le diera muy mal disimularlo.

Si os parece bien, voy a fingir que no sospecho nada y que no me veo venir cómo Eskel se transforma en un monstruo arbóreo salido de una pesadilla cronenbergiana. Lo digo para no estropearos la sorpresa.

Vesemir comenta, en plan casual, que la única manera de matar a un leshy es atravesar su corazón con fuego (o rociarlo con glifosato, supongo) y pregunta a Eskel, con cierto retintín, si en seis horas no se le ocurrió hacerlo.

Los brujos se ríen de su camarada y Eskel les aparta la mirada, abochornado. Sin embargo, cuando el brujo ve a Ciri unirse a las risas por lo bajini, se le tuerce el gesto y le arrima el jeto grimoso.

"¿Quién c*** eres tú?".

"La princesa Cirilla de Cintra, antes conocida como Pánfila Torrubia", se presenta la chica. "Pa servirle a usté".

-¿Está bueno el mosto?
-Bueno, estaría mejor con una tapa...
-¡A callar, princesa!

Más tarde, en el patio, Geralt entrena sobre unos pilares de madera de unos cinco o seis metros de altura, un entrenamiento muy útil si pretendes retroceder en el tiempo hasta 1990 y participar en Gladiadores Americanos o que la aseguradora te suba la prima para la próxima temporada.

Vesemir observa a Geralt desde el suelo y asiente con la cabeza. Ahora ya sabemos quién es el beneficiario del seguro.

Al concluir el entrenamiento, Vesemir riñe a Geralt por haber reclamado el Derecho de la Sorpresa y haber traído a la niña a Kaer Morhen. Sin embargo, le reprende con tanta serenidad y comedimiento que da la impresión de que el asunto le trae al fresco. Por desgracia, que los brujos controlen sus emociones no ayuda a hacer buena televisión.

Geralt dice que, entre estos muros semiderruidos y sin sistemas defensivos, podrá proteger mejor a Cirilla mientras intenta averiguar quién es, qué es y cómo ayudarla. Él aún no la ha visto provocar terremotos con su cante flamenco, pero estuvo presente cuando su madre hizo bum y no fue bonito.

Vesemir le responde que recuerde lo que pasó la última vez que se inmiscuyeron en asuntos estatales. La pesadilla del lobo es lo que pasó. Disponible en exclusiva en Netflix. Todas las películas y series que desees, y mucho más. Suscríbete ahora y no tendrás ningún descuento.

-¿No has visto aún la película? Es cojonuda.
-Ni la voy a ver si sigues dándome la turra.

Mientras tanto, dentro de la fortaleza, Ciri busca una suite espaciosa con colchón king size de alta gama, baño individual y vistas a la playa. Como no la encuentra, se conforma con el cuartucho con menor densidad de ratas y sin butrones del diámetro del túnel del canal de la Mancha.

Eskel sorprende a la muchacha mientras observa con disgusto el dormitorio desde el pasillo e invade su espacio personal de la forma más incómoda posible. 

"Discúúúúlpeme, princesa, pero esto no es ningún palacio", le dice. "Aquí solo hay pocilgas".

"¿En serio? No lo había notado. Estaba demasiado distraída viendo a esas dos ratas pelearse por un churro".

"Las oscuras siluetas eran siluetas de amigos. Protectores. Los ojos brillantes solo mostraban su curiosidad. Su preocupación. Su intranquilidad...". Sapkowski, Andrzej (1994). La sangre de los elfos (p. 38). Alamut.


En los bosques al norte de Cintra

Recostadas sobre un árbol, aún esposadas la una a la otra, Yennefer y Fringilla hablan, entre otros temas, sobre la figura con toga que se les aparece en sueños. Resulta que Fringilla también ha soñado con ella, aunque su togado misterioso prefiere el color negro.

Recapitulemos: Yen sueña con una figura con toga roja; Francesca, con una figura con toga blanca; y Fringilla, con una figura con toga negra. A lo mejor es cosa mía, pero esos son los colores de las túnicas de los magos en el universo de la Dragonlance. Blanco para los legales, rojo para los neutrales y negro para los caóticos. ¿Simple casualidad o tal vez estoy muy cerca de encontrar una respuesta estúpida a una pregunta que no necesitaba formularme?

-Al Tipo de la Brocha se le está yendo la pinza. Mira a ver qué están haciendo los elfos.

A tiro de piedra de las dos prisioneras, sentados alrededor de una hoguera, Francesca, Gage (hermano de Francesca) y Filavandrel discuten sobre la situación mientras almuerzan. De esta conversación sacamos dos conclusiones: que los elfos y están en un punto de inflexión en sus vidas y que tienen menos sentido del humor que un catafalco.

Según cuentan, cuando Francesca sacó a los suyos del Confín del Mundo, les prometió Dol Blathana, el Valle de los Floripondios, que los humanos les arrebataron, década arriba, década abajo, hará cosa de un siglo y que, en términos bíblicos, podríamos describir como "una tierra fértil, un país de torrentes, de manantiales y de aguas profundas que brotan del valle y de la montaña; una tierra de trigo y cebada, de viñedos, de higueras y granados, de olivares, de aceite y miel; un país donde comerás pan en abundancia y donde nada te faltará, donde las piedras son de hierro y de cuyas montañas extraerás cobre". Y, sin embargo, aquí están ahora, en mitad de ninguna parte comiendo lo que podría ser medio topo tiñoso.

Aun así, la reina elfa es optimista. Está convencida de que el ser de la toga blanca que ve en sueños es Ithlinne, su "profeta más sagrada" (o Jesucristo Superstar, uno de los dos), y espera encontrar respuestas en las ruinas.

-♫ Son gitanitas moraaas...
-¡Olé esas palmas!
-♫ En una camita de alambreee...

En cuanto tienen ocasión, Yen y Fringilla llaman la atención de Filavandrel para intentar ganarse su confianza y alguien menciona que hace muchos años que no nace un elfo de sangre pura. No explican el porqué, pero para eso estoy yo aquí. Bueno, para eso y para hacer la jocosidad, porque la jocosidad no se hace sola.

La razón por la que quedan cuatro elfos mal contados mientras que los humanos se multiplican como conejos es porque, aunque los Aes Seidhe viven largo tiempo, solo los jóvenes son fértiles y a la mayoría de los que estaban en edad carantoñera los masacraron los humanos hace doscientos de años en la guerra. Este es un dato importante, así que quedaos con él.

Para convencer a Filavandrel de que tienen que trabajar juntos, Yen y Fringilla le dicen que ellas también sueñan con fulanos con togas, igual que Francesca.

Esto despierta el interés del elfo, pero, desafortunadamente, las leyes de la tensión dramática determinan que en ese preciso instante una partida regrese para informar de que han encontrado "algo", y Filavandrel abandona a las hechiceras. Casi se puede oír el sonido triste de trombón.


En Kaer Morhen


En el laboratorio de la fortaleza, Ciri hace compañía a Geralt mientras este juega a Operación con el muñón vegetal del leshy.

"Así que eso hacemos aquí, ¿eh?, estudiar monstruos", pregunta la Leoncilla de Cintra.

"Sip". El brujo saca un esqueje negruzco de la extremidad nudosa.

"¿Recoger ingredientes para tus pociones?".

"Ajá". El brujo abre la corteza a golpe de escoplo y descubre dentro a una miríada de bichos bola bailando una rondeña cacereña.

"¿Confeccionar armaduras de cuero negro con tachuelas?".

"A menudo".

"¿Aprender a programar en C++?".

"Claro".

"¿Entrenar para desmochar al hombre del casco negro alado?", pregunta finalmente Ciri con un disimulo cuestionable.

"Uy, entrenar es peligroso", responde Geralt, que no muerde el anzuelo. "Y los brujos nunca matamos por miedo. Nos jugamos el pellejo para salvar vidas, por puro altruismo, repartiendo solidaridad sin esperar nada a cambio, salvo doscientos o trecientos lereles más gastos".

"¿Qué es lo último que has dicho?".

"No, nada".

-El odio, el miedo, la agresividad... el Lado Oscuro ellos son. Y una vez que ahí empiezas a entrar, para siempre dominarán tu destino.
-Suena a cita de película de antes de que yo naciera. ¿No tienes consejos más modernos?

Un repentino bullicio, de distintiva farra y francachela, llega desde el salón.

Geralt, mosqueado, le dice a Ciri que espere mientras él va a comprobar qué está pasando. Al fin y al cabo, sus hermanos son hombres de buenas costumbres, morigerados, sobrios, comedidos, un ejemplo de virtud, castidad y templanza. Y por esa razón se topa con la clase de fiesta que derivaría en una orgía si la confianza y la impudicia se impusieran a la intimidad y la higiene.

Henry Cavill, que aún se acuerda de que los brujos sufren de un severo déficit de emociones, presenta una queja ante el director. Al igual que yo, él también preferiría que la serie fuera más fiel a los libros en lugar de imitar a otras series más populares, pero la productora le recuerda que se embolsa más de medio millón de pavos por episodio, así que Cavill cierra la boca y se marcha a su tráiler a pintar miniaturas de Warhammer 40.000.

Sin embargo, Geralt no es tan transigente como su intérprete y, después de charlar con la madame sobre basiliscos y paternidad (los temas de moda), aborda a Vesemir.

"¿Qué narices está pasando aquí?", le pregunta entre dientes.

Vesemir, que se mantiene en un discreto segundo plano remojando el bigote, le explica que Eskel ha encontrado a estas nuevas amigas montaña abajo (en alguna parte entre Kaer Morhen y La Línea de la Concepción, supongo).

Eso no responde a la pregunta en absoluto, así que Geralt va al grano y le dice que las mujeres no deberían estar aquí. Recordemos que la localización de Kaer Morhen es un secreto. No me lo invento ni es cosa de los libros. Es justo lo que explicaron en el episodio anterior. Los brujos no quieren que nadie sepa dónde están por si algún aficionado a los genocidios decide que estos mutantes son demasiado peligrosos y que lo mejor sería exterminarlos.

"¿En serio? Pues entonces esta escena resulta un poco incoherente", admite Vesemir. "Espera que me invento una excusa y así podemos justificar todos estos desnudos gratuitos... Mmm... Ya sé. Todas las pilinguis han bebido estramonio. Mañana no recordarán nada y mucho menos cómo llegaron aquí".

"El estramonio no hace eso", dice Henry Cavill. "Este guion no me gusta".

¡Cuidado, Vesemir! ¡Aguafiestas aproximándose a las nueve en punto!

Mientras tanto, en el otro extremo del salón, la mujer con la que Eskel está confraternizando le pregunta acerca de los leshys y le acaricia el mismo hombro que él se tocaba antes de forma tan poco sospechosa. El brujo se le cruzan los cables y reacciona de forma violenta, mejorando siempre lo que opinamos de él; pero, por suerte, la mujer es una profesional con años de experiencia y desactiva esta bomba de relojería con mucha mano izquierda.

Geralt decide que este es el mejor momento para hablar con Eskel y cantarle las cuarenta. Sin embargo, lejos de achantarse, Eskel le echa en cara que él se presente aquí con una princesita cuando todos vuelven siempre de sus trabajos más recosidos que un pantalón de jipi. Por poner un par de ejemplos, Lambert se cruzó con un trol que le dejó el ojo hecho un buñuelo y Coën se pasó seis meses sin poder sentarse después de que un hombre lobo le mordiera la rabadilla.

El diálogo tendría más sentido si Geralt no recibiera también más palos que una estera cada vez que se cruza con algún monstruo y, en esta misma escena, no llevara el muslo vendado para cubrir los mordiscos de los necrófagos de la temporada pasada. Digamos que Eskel está afectado por la picadura del leshy y no sabe lo que dice, porque prefiero pensar eso y no que le estoy dedicando más de diez mil palabras a un episodio mediocre.

Para dar más asco si cabe, Eskel dice que si él se encontrase una princesa, lo último que haría sería jugar a ser un caballero. A ser fontanero, tal vez. Por el Super Mario Bros., digo, no por las películas porno.

Eskel se vuelve hacia su acompañante, aparentemente dando la conversación con Geralt por concluida, pero, en el último instante, se gira y le lanza un sopapo a traición.

Geralt esquiva el golpe echando la cabeza hacia atrás como si le hubiera venido un estornudo y aprovecha la inercia de su agresor para atraparlo entre sus noventa kilos de puro músculo.

"Eskel, vete a planchar la oreja, anda", aconseja.

Y ese nunca es mal consejo, sobre todo viniendo de alguien que gruñe al final de cada frase y que podría desnucarte con una mano.

El machismo se intensifica.


En las ruinas de la antigua fortaleza


"Entráis en antigua fortaleza siguiendo a Gage por un oscuro pasadizo", dice el Dungeon Master. "Las únicas fuentes de luz son las antorchas que sostienen los soldados elfos que hacen guardia y la que porta el propio Gage".

"Saco una antorcha", dice Anya, que interpreta a Yennefer en esta partida de Dungeons & Dragons.

"¿Estás de coña?", dice Mimi, que interpreta a Fringilla. "Te recuerdo que somos prisioneras y vamos esposadas".

"¿Y? A mí nadie me ha dicho que me hayan quitado mi equipo", contesta Anya. "¿DM?".

"Puedes sacar una antorcha, sí", consiente el Dungeon Master, poniendo los ojos en blanco.

"Je, je. Anya uno, Mimi cero".

El Dungeon Master retoma la narración:

"¿Por dónde iba?... Ah, sí. En el techo abovedado del pasadizo hay una serie de murales. En uno de ellos, dos figuras tocan un patrón en espiral en una aguja de roca. Otro muestra varios objetos circulares en colisión... Haced por favor una tirada de Historia o de Conocimiento Arcano. Creo que el modificador es el mismo en vuestro caso".

Los dados de veinte ruedan sobre la mesa.

"Doce... más cuatro... son, eeeh, dieciséis", dice Anya.

"Has dicho Historia o Conocimiento Arcano, ¿no?", se asegura Mimi. "Un siete... Buf. Más cuatro, once en total".

"Once está bien. Algunos murales son más fáciles de interpretar que otros", dice el Dungeon Master. "El mural que se extiende a vuestra derecha representa una especie de runas unidas por el Caos. En otro de los murales está representada la llegada de los monstruos al Continente tras la Conjunción de las Esferas".

"Son supervivientes, perdidos y abandonados en un nuevo mundo", dice Mimi con la voz de Fringilla.

"Nuevo para vosotras. Era nuestro, os dice Gage. El elfo os espera más adelante, en una sala grande en la que la luz del sol entra de forma tenue a través de un pequeño tragaluz. Allí están también Francesca y Filavandrel. Detrás de los elfos, a unos seis o siete metros, justo debajo del tragaluz, veis una estatua de un esqueleto sobre un zócalo. El esqueleto tiene tres cabezas".

"Uy, qué mal rollo", dice Mimi. "¿Se mueve?".

"No. Es una estatua", responde el Dungeon Master. "Francesca se dirige a vosotras: Vuestros sueños. Contadme".

"Le contesto que primero nos enseñe el suyo", dice Anya. "Esto ya va en ambos sentidos".

"Francesca te mira con cara de póquer. Haz una tirada de Persuasión".

"¿Persuasión? Pan comido". El dado de veinte rueda sobre la mesa hasta detenerse. "¡Toma ya! ¡Dienueve!... Y sumándole cinco hacen... ¡veinticuatro!".

"¡Veinticuatro!", repite el Dungeon Master, incrédulo. "¿Seguro que no son dados trucados? Francesca asiente y os hace un gesto con la cabeza para que la sigáis hasta el altar donde está la estatua".

"La seguimos", dice Mimi.

Anya asiente.

"En mi visión me pierdo en un laberinto de cadáveres, una pila de elfos tan alta que bloquea el sol", dice el Dungeon Master en el rol de Francesca. "Ithlinne me guía hacia la salida y veo amanecer en un nuevo reino élfico".

"Yo también le cuento mi sueño", dice Mimi. "Mi guía no es Ithlinne. Es Emir. No puede verle, lleva una capucha. Hemos vuelto a Nilfgaard. Ha matado al usurpador. Me ha salvado".

"Yennefer".

"¿Qué pasa?".

"Filavandrel te mira expectante. ¿El tuyo?, pregunta".

"¿Mi sueño? No me da la gana contárselo. Me acerco más a la estatua. ¿Qué veo exactamente?".

"Hay tres escalones que llevan al altar. Los subes arrastrando a Fringilla, a la que sigues esposada. Cada una de las cabezas de la estatua mira en una dirección, una al frente y dos a los lados. La estatua está cubierta con ropajes raídos que han perdido su color con el paso de los siglos. Sobre el altar, en el espacio que hay hasta los pies de la estatua, veis varias cosas: velas medio consumidas, hierbas y flores secas, un cuenco con tierra, el cráneo de un perro, papiros enrollados... y polvo, sobre todo mucho polvo. Haz una tirada de Investigación".

"Investigación, okey... Once más dos. Trece. Meh".

"Es suficiente. Con una mano apartas las hierbas y las flores, y luego soplas para despejar el polvo. En la superficie del altar hay grabados varios símbolos. Entiendes la Vieja Lengua, ¿verdad?".

"¿La Vieja Lengua es el élfico?", pregunta Anya. El Dungeon Master asiente. "Entonces sí".

"Esto está escrito en una versión primitiva de la Vieja Lengua, pero más o menos entiendes lo que pone. Lees: Contemplad a la madre de los bosques, a la Madre Inmortal anidando en sueños. Debajo hay otros símbolos que no reconoces".

"Un galimatías, vamos".

"Tal vez para ti, pero no para Francesca. Es un encantamiento... sobre una choza... sin puertas".

"¿Me suena de qué está hablando?", pregunta Mimi.

"Haz una tirada de Historia o de Conocimiento Arcano".

"¡Veinte!".

"¿Estás de coña?".

"Y además le sumo...".

"Deja, no te molestes", le interrumpe el Dungeon Master, meneando la cabeza. "A pesar de la flagrante falta de detalles, relacionas lo que dice Francesca con una historia que solía contarte tu padre. Trataba sobre una bruja que vivía en el bosque y que atraía a los niños para hervirlos y comérselos. Su choza se sostenía sobre las patas de un basilisco".

"Esta es la versión de The Witcher de la leyenda de Baba Yaga, ¿no?", deduce Mimi. "Comparto esa información con el resto".

"Muy bien", responde el Dungeon Master. "Francesca mira hacia las cabezas de la estatua. Quizá esa Madre Inmortal sea una de las antiguas diosas".

"A ver, ¿en qué quedamos? ¿Es Ithlinne o una antigua diosa?", pregunta Mimi, no se sabe si dentro o fuera del personaje. "Que se aclare".

"Sí, ¿y qué pintamos nosotras en todo esto?", pregunta a su vez Anya.

"Sentís un fuerte temblor bajo vuestros pies", dice el Dungeon Master, sin achantarse. "Toda la sala tiembla. Montones de polvo y tierra arenosa se desprenden del techo. Retrocedéis unos pasos y veis cómo el pedestal se desplaza poco a poco hacia atrás, revelando unos escalones de piedra que descienden hacia la oscuridad".

"Bajamos", dice Anya.

"¿De verdad? ¿Eso es lo que vamos a hacer?, ¿bajar? ¿Así por las buenas?", pregunta Mimi. "¡Recuerda que no podemos lanzar hechizos por culpa de la dimerita! ¿Y si tenemos que enfrentarnos a un boss?".

"¿Y qué quieres hacer si no? ¿Echar la siesta debajo de un árbol?", replica Anya.

Mimi resopla, pero no dice nada más.

"Francesca ordena a Filavandrel y Gage que hagan guardia", dice el Dungeon Master. "Seguís a la hechicera elfa hacia los escalones y bajáis tras ella lentamente, peldaño a peldaño... Y si os parece bien, aquí lo dejamos por hoy, porque son más de las doce y mañana madrugo".

"¿Ya? ¡Si ni siquiera hemos peleado!", protesta Anya. "Sabes que mis partes favoritas son las peleas".

"¿Cuánta experiencia hemos ganado?", pregunta Mimi.

"Ay...", suspira el Dungeon Master.


En Kaer Morhen


Como Ciri no consigue conciliar el sueño, Vesemir decide hacerle una visita guiada por la colección de trastos que los brujos han acumulado tras décadas de síndrome de Diógenes colectivo, aunque ellos le llaman armería. En esa esquina están las lanzas que nadie usa nunca, en aquella el mocho que nadie pasa desde 1165... ¿Y no son esas las espadas de la escuela del lobo que utilizaba Geralt en The Witcher 3: Wild Hunt? ¡Sí que lo son!

Vesemir se acerca a un soporte de armadura que lleva un casco astado y una deslucida cota de malla

"Este es Klef", dice. "Fue uno de los primeros brujos". 

"¿Klef era un maniquí?".

"No, hablaba figuradamente. A Klef lo mató uno de los monstruos más antiguos, un demonio de armas tomar con menos gracia que una úlcera de duodeno. Varios brujos llevaron a la criatura hasta un bosque oscuro y allí le dieron matarile con esa daga que ves ahí".

"¿Esa tan discreta que está bajo un foco y que la cámara siempre mantiene en encuadre?".

"Sí, esa daga. Hay quien dice que el demonio todavía atrae a las desafortunadas almas que se cruzan con él en el bosque y se hace bocatas con ellas".

"Las historias de miedo no funcionan conmigo. Tengo mucha calle", dice Ciri, poco impresionada por esta poco sutil conexión con la trama de Yennefer.

-Si lo mataron con esa cosita, no debía de ser un demonio tan impresionante.
-Lo importante no es el tamaño, sino cómo la usas.
-Eso es lo que dicen todos los aficionados a las espadas cortas.

Vesemir se acerca a otro maniquí armado.

"Esta armadura perteneció a Deglan. Él me enseñó lo que sé. A preparar elixires. A combatir. A ser creativo con mi declaración de la renta... Me convirtió en brujo".

"Era como un padre para ti. Como tú para Geralt", dice Ciri, atando cabos que no hacía falta atar.

"Algo así, sí. Lo cierto es que los brujos buscamos figuras paternas hasta en las cajas de cereales... Si estás interesada en saber más sobre Deglan y cómo me convertí en el mentor de los chicos, puedes descubrirlo en La pesadilla del Lobo, ¡solo en Netflix!".

"No voy a ver la película, de verdad. No insistas".

"¿Y tampoco me vas a decir a quién se supone que protejo y de qué?".

Ah, el enfoque directo. Seguro que ahora le cuenta todo sobre sus extraños poderes.

"No", contesta Ciri.

"Bah, al menos lo he intentado".

Estas viñetas de Calvin y Hobbes resumen a la perfección la filosofía de vida de los brujos.

En el laboratorio, Eskel y su novia de una noche embisten el mobiliario en un arrebato de pasión retribuida con gastos desgravables.

"Tú te enfrentaste a esa enorme bestia", dice la mujer, jadeando entre morreos. "Deja que yo me enfrente a la tuya".

Qué diálogo más horrible. Espero que despidieran a alguien por escribirlo.

Mientras hacen el fornicio (que, al igual que la jocosidad, no se hace solo; hay que hacerlo), la mujer le quita la camisa a Eskel, revelando al espectador que el brujo tiene la espalda hecha un asquito.

En torno al agujero de la picadura del leshy, la carne se ha tornado cortezosa y formado anillos, pero, además, de pronto, ¡una rama del grosor de un dedo brota de la herida! ¡Y crece a un ritmo vertiginoso! Vertiginoso para una planta, quiero decir. No creo que veamos la transformación completa hasta el clímax del episodio.

No entiendo cómo puede alguien querer ser dermatólogo.


En los dominios de la Madre Inmortal


Las hechiceras descienden por las escaleras secretas de la antigua fortaleza de los elfos y llegan a... ¿un bosque oscuro?

No me preguntéis cómo es eso posible. Ya deberíais saber la respuesta.

Mientras avanzan entre los árboles, Yen pregunta a Fringilla por su sueño.

"En mi sueño todo ocurre en blanco y negro", dice la hechicera del bando nilfgaardiano. "Estoy participando en un concurso. Hay tres puertas numeradas, y detrás de cada una de ellas, un regalo. Uno de los regalos es bueno, y los otros dos, malos. Tengo que escoger una de las puertas. Cuando lo hago, el presentador abre una de las dos puertas restantes, en la que sabe de antemano que no está el premio bueno. Y entonces tengo la oportunidad de mantener mi decisión o cambiar la puerta que he escogido por la otra que aún está cerrada".

"¿De verdad?".

"No. En realidad, en mi pesadilla estoy en un lugar oscuro rodeada de una panda de facinerosos que me dan pellizcos y pescozones sin que yo haga nada por impedírselo. Mi psicoanalista dice que es la manera en que mi cerebro lidia con el trauma de que a los magos nos enchironaran después de que el Usurpador acelerase el proceso de sucesión al trono a punta de cuchillo. Estuve retenida hasta que Emhyr me rescató Por eso llevo su foto en mi carpeta".

Las hechiceras llegan ante una choza siniestra y sin puertas, igual que la del cuento. Francesca saca unas castañuelas y pronuncia el encantamiento al son de unas sevillanas:

Me dicen que soy antiguo,

que sueño con to lo pasao,

y a mi Virgen he prometío

hacer una choza de arte

en el Real del Rocío.

En respuesta a esas palabras (que he reproducido con una literalidad total por respeto a la serie), la choza se levanta sobre sus cimientos como si tuviera patas y se gira hacia las hechiceras con una luz cegadora saliendo de sus ventanas.

"¡Cáchili móchilis!", exclama Yen.

Yo no lo habría dicho mejor.

-Menuda fiesta tienen ahí montada, ¿no? A ver si invitan.


En Kaer Morhen


Geralt regresa al salón y pregunta a Vesemir por Ciri.

"La mandé a dormir porque nuestra conversación no estaba yendo a ningún lado", responde el brujo más veterano. "Pero, seamos honestos, ¿estás listo para convertirte en papá canguro? O sea, te has librado de la parte de cambiar pañales y levantarte a las tantas de la madrugada para darle el biberón, pero sigue siendo mucha responsabilidad para un heavy melenudo que viste de cuero".

Geralt compara el ataque a Cintra vivido por Ciri (que vimos desde dos ángulos diferentes en los episodios uno y siete de la primera temporada) con el asalto a Kaer Morhen que vivió él cuando era un crío (enésima referencia a La pesadilla del Lobo). 

"Tú no estabas listo para lidiar con una panda de huérfanos y, aun así, nos protegiste", concluye.

"Nanay, yo os enseñé a defenderos", responde Vesemir. 

Geralt se da cuenta de que su mentor tiene razón y sonríe.

"Tú...", dice, apuntando a Vesemir con el dedo índice y agitándolo enérgicamente.

"No".

"No, tú. Tú eres muy bueno".

"¡No!".

"Tú eres muy bueno".

En ese momento, como si supieran que el espectador medio se aburre cuando hay poca acción, los medallones de los brujos empiezan a vibrar. Eso solo puede significar que hay una fuente poderosa de magia cerca o que la fortaleza está ubicada sobre una falla sísmica. En cualquier caso, habrá problemas.

El tintineo constante crea una atmósfera muy navideña, si se me permite decirlo.

Los brujos dejan lo que tienen entre manos (o entre piernas ajenas) y se preparan para hacer lo que mejor se les da: posar y parecer preocupados.

"Quizá el leshy de Eskel vuelve a por el cacho que le arrancó", sugiere Coën, que no anda muy desencaminado.

Vesemir ordena a Lambert que se ocupe de sus invitadas mientras los demás se dividen para buscar al monstruo por los pasillos de la fortaleza.

No sé para qué se esfuerzan. Todos sabemos que al monstruo de la semana va a cargárselo Geralt, que para eso es el protagonista. ¿O alguien piensa que Severino de Valdecuenca, de la escuela del gorgojo de la patata, va a llevarse el honor y la gloria esta noche?


En la choza de la Madre Inmortal


Francesca, Fringilla y Yennefer despiertan despatarradas en el suelo de la choza con patas, separadas y por su cuenta a pesar de estar en el mismo lugar. Así es la magia.

Cada una de ellas experimenta una visión con su togado favorito, que se descubre para revelar tres rostros diferentes: Francesca ve a la profeta Ithlinne, una elfa tan vetusta que podrían declararla patrimonio histórico y cuya profecía apocalíptica oímos pronunciar a Ciri en la temporada anterior. Fringilla ve al emperador Emhyr, cubierto de la pies a la cabeza con una armadura que impide ver su careto, porque incluso las visiones como esta respetan las sorpresas del final de la temporada. Y, por último, Yen ve a mengana, una chica corriente con el pelo castaño.

No sé quién se supone que es mengana ni voy a perder el tiempo con teorías, pero, según dice la propia Yen en el último episodio de esta temporada, se supone que representa una versión retorcida de ella misma. Aunque no se parezcan en nada, voy a decir que es verdad para no tener que pensar.

Además, no es importante, porque esos tres rostros ocultan en realidad la identidad de la Madre Inmortal (o Voleth Meir, en la Vieja Lengua), una villana que los guionistas se han inventado para darle más intriga a esta temporada y dotar de cierta unidad las tramas de los tres protagonistas.

Generalmente, prefiero las adaptaciones fieles a la obra original (como Death Note, de Adam Wingard), pero hay que admitir que La sangre de los elfos no es fácil de adaptar al medio audiovisual, y menos cuando tu propuesta se aleja del tono de la obra original.

"Creo que los fans de The Witcher esperan una montaña rusa de ocho episodios", dice Lauren Hissrich en el after show de la temporada.

Hemos visto la primera temporada, Lauren. No esperamos nada y es evidente que nos conformamos con poco. Pero entiendo por dónde vas.

Yaya Elfa.

Elden Ring.

Mengana.

Cada una a su ritmo, las tres hechiceras se dan cuenta de con quién están hablando en realidad; pero eso no les impide escuchar sus tentadoras y mefistofélicas ofertas. El mal siempre está de rebajas hasta fin de existencias y, además, ¿quién no se fiaría de una bruja que vive en una casa con patas?

A Francesca le promete el retoño de sangre pura que tanto tiempo lleva intentando engendrar, para que así los elfos puedan volver a ser el orgulloso pueblo de las leyendas en lugar de unos vagabundos andrajosos. A Fringilla le pone los dientes largos con una promesa de poder: la posibilidad de comandar a los ejércitos hacia la victoria y llegar a ser (Sissi) emperatriz. Y a Yen, la más desconfiada de las tres mujeres, la tienta con devolverle su conexión con el Caos, porque, sorpresa, sorpresa, la perdió por puro desgaste tras el numerito pirotécnico de la batalla de Sodden.

La propuesta que le hace a Yen no me convence. Y no porque su repentina pérdida de poder mágico sea una ocurrencia de la serie (en los libros te cuentan que se quedó ciega, pero luego mejoró), sino por falta de coherencia. Si se supone que Voleth Meir hurga en tu cabeza para descubrir tus anhelos más profundos, ofrecerte aquello que más deseas y luego dártela con queso, entonces debería saber mejor que nadie que lo que Yen más desea en el mundo, más incluso que una tarta de tres chocolates, es una familia. No solo era uno de los temas de la temporada anterior, ¡es que lo hemos visto en su sueño al principio de este mismo episodio!

Francesca y Fringilla muerden el anzuelo, y Voleth Meir las convence de que el camino hacia sus respectivos destinos pasa por una alianza entre nilfgaardianos y elfos. A Yen, en cambio, decide dejarla macerar para que, cuando por fin dé su brazo a torcer, su desesperación esté crocante.

"Rico, rico y con fundamento", dice la bruja.

-Uno del censo intentó hacerme una encuesta. Me comí su hígado acompañado de habas y un buen Chianti.


En Kaer Morhen


Espada de plata en mano, Geralt entra en el laboratorio y ve a la amiguita de Eskel colgada de uno de los muros. La mujer está casi enteramente cubierta por una maraña de enredaderas, empapada en sangre, y le asoma una rama por la boca. Podría decirse que ha echado raíces, pero sería un chiste de mal gusto.

Antes de que se me ocurra alguna otra maldad, sucesivas ramas salen disparadas de un lado y de otro de la sala, atacando al brujo, que se libra por un pelo de acabar ensartado o partido en dos.

Una criatura enorme abandona las sombras y por fin vemos al leshy en todo su nudoso esplendor. Sin embargo, en rostro familiar, más humano que vegetal, asoma entre el hirsuto ramaje de esta aberración boscosa. ¡Eskel se ha convertido en un árbol con cara!

Geralt a duras penas puede defenderse de este ent con mala gaita y acaba atrapado por sus zarcillos.

"¡KITT, te necesito!", exclama el brujo.

Esa es otra serie, Geralt. Estás en la parra.

La criatura antes conocida como Eskel se le arrima para dar explicaciones.

"Sabía que no estaba como una rosa", dice. "Aun así, pensé: 'Meh, gajes del oficio', y me planté aquí con la esperanza de que pudieras ayudarme. Luego me enredé más de la cuenta con otros asuntos, empezaron a salirme tallos por los agujeros más insospechados y... Perdona, ¿te aburro?".

"Bueno, te estás yendo un poco por las ramas".

"Touché".

-El que a buen árbol se arrima...
-¿No sabe la que se viene encima?

Por suerte para Geralt, en el momento preciso en el que su ex amigo se dispone a pincharlo como a una anchoa de aperitivo, llega Vesemir, completamente pertrechado para el combate, y le saca del apuro a mandoble limpio.

Juntos los dos, espalda contra espalda, Vesemir y Geralt se defienden de las peligrosas ramas del engendro arbóreo, combatiéndolo con la clase de compenetración que solo se consigue entrenando durante horas con el coordinador de especialistas Adam Horton o utilizando dobles.

Cuando el monstruo intenta escabullirse, Geralt bloquea la única salida creando una barrera mágica impenetrable en el umbral de la puerta. Creo que se trata de la señal de Yrden, pero la señal de "Precaución. Suelo mojado" también habría servido.

Hacer esto sin desmembrarse el uno al otro es más difícil de lo que parece.

Mientras el monstruo está concentrado en despanzurrar a Geralt y este se entretiene atravesando un biombo de madera con el pandero, Vesemir coge un garfio extragrande unido a una cadena y, aprovechando que su rival está distraído, se lo arroja con fuerza. ¡ZAS! ¡En todo el hombro!

El brujo tira con brío de la cadena, obligando al monstruo a retroceder, y, a toda mecha, enrolla la cadena a la palomilla que sobresale de la base de la columna de la que cuelga, para que el bicho se esté quietecito. Geralt hace lo mismo con otro garfio, y Vesemir remata la faena con un tercero.

Es una suerte que tuvieran todos esos garfios y cadenas a mano. Seguro que llevaban sin usarlos desde que Kaer Morhen era un almacén de carne.

Vesemir se acerca a Eskel, decidido a resolver este conflicto por la vía diplomática.

"Tranqui, tronco", le dice. "Podemos salvarte. Deja que nos acerquemos a un Verdecora y seguro que...".

Eskel le pega un zurriagazo que lo estampa contra una de las estanterías y, antes de que el brujo se recobre, lo atrapa y lo levanta en el aire con sus cepas, enroscándoselas alrededor del cuerpo para estrujarlo, espachurrarlo y estrangularlo. ¿Cómo era aquel dicho?... Ah, sí. Si quieres ver a un jubilado muerto, dale un huerto.

A medio achuchón de que a Vesemir se le quede la tráquea como un fideo, Geralt hace de tripas corazón y, tras utilizar la señal de Igni para calentar la hoja de su espada al rojo vivo, atraviesa con ella el corazón del monstruo.

Árbol que no frutea, a la chimenea.

Vesemir, que ya estaba cogiendo un tono poco saludable de berenjena madura, le dice a Geralt que ha hecho lo correcto. Pero ¿puede decirse lo mismo de los guionistas de The Witcher?

Por suerte para los que nos interesan los procesos creativos, Lauren Hissrich debate frecuentemente en redes sociales sobre por qué tomaron tal o cual decisión. A su favor diré también que no lo hace con la intención de cambiar la opinión de nadie que piense de forma diferente, sino porque considera interesante dar a conocer ese proceso a cualquier persona que tenga interés o sienta curiosidad por su labor de adaptación.

En particular, cuando se estrenó esta temporada, uno de los temas que más ampollas levantó fue que despacharan a Eskel como un monstruo de la semana más. En La sangre de los elfos, Eskel es un tipo tranquilo y considerado, y, cuando los brujos empiezan a preocuparse por los trances y las profecías de Ciri, es él quien propone traer a una hechicera para que les ayude a entrenar a la cría. Y ahí acaba su papel. Nunca se transforma en un árbol homicida ni nada parecido. Tampoco ocurre en los libros siguientes.

Pero los guionistas son conscientes de que la mayoría de la audiencia de The Witcher ve la serie por las peleas de espadas y las escenas en el baño, no por el nivel de fidelidad a las novelas o su calidad narrativa. Por lo tanto, cuando planifican las tramas de la temporada, no lo hacen pensando principalmente en los fans de los libros, ni siquiera en los de los videojuegos, sino en la caterva de garrulos que tiene que haber pegados a la pantalla para que Netflix les renueve la serie por otra temporada y conserven su trabajo uno o dos años más.

Por eso, en lugar de recrear el emotivo viaje que convierte a Geralt en un padre para Ciri, el equipo de The Withcher se inclinó por ponerle a resolver un misterio que a la vez le sirviera para aprender acerca de la princesa y sus poderes. También decidieron que ese misterio tenía que desarrollarse donde Geralt se sintiera más protegido y seguro, en su hogar, rodeado de su familia y de la gente que mejor conoce.

"Pero ¿qué ocurre cuando una de esas personas regresa a casa y actúa de manera completamente diferente a lo que espera Geralt?", plantea Hissrich. "Geralt toma una decisión que le parte el corazón: sacrifica a Eskel para salvar a Vesemir. Y ahora tenemos un misterio para que Geralt lo resuelva: ¿qué pasó con Eskel? ¿Y cómo involucra a Ciri? Y aparte de eso tenemos un dilema que se desarrollará durante toda la temporada: ¿Hasta dónde llegará Geralt para proteger a la chica que es su destino? ¿Qué es más importante?, ¿ser brujo o ser padre?".

Si queréis leer la reflexión completa, hay un hilo en Twitter dedicado a ella. Todas las respuestas de los usuarios son educadas y comedidas, por supuesto.

Hissrich dio una explicación similar, aunque con matices, en el after show:

"Sabíamos que teníamos que matar a alguien en ese episodio. Sabíamos que queríamos que un monstruo entrase en Kaer Morhen y que tuviera algo que ver con Ciri. [...] Y, para ser sinceros, en la primera versión del guion que escribimos, era un nuevo brujo que nunca habíamos conocido, del que nunca habíamos oído hablar, y de repente dijimos: 'Oh, nuestro público va a conocer a Coen y a Lambert y a Eskel y a John. ¿Quién va a morir? John va a morir'. Así que lo pensamos mucho. Y sé que hay fans que adoran a Eskel y que se preguntan que por qué íbamos a hacer algo así. Pero, sinceramente, su muerte es lo que cambia todo para Geralt, y le empuja a averiguar qué pasa con Ciri y a hacerlo rápido, porque sabe que se arriesga a perderla a ella y a sus hermanos si no lo hace".

Todo eso me suena más o menos bien, razonable incluso. Es evidente que podría ponerme picajoso y decir que en Kaer Morhen hay alrededor de una docena de brujos "John" que acaban muertos al final de la temporada sin que eso parezca importarle mucho a los guionistas; pero estaría desviándome de lo importante. Y lo importante es que, para que la motivación de Geralt funcione como aparentemente pretendían, primero tendríamos que haber visto a Eskel actuar como un ser humano decente en algún momento, y no a la sabandija grimosa que nos presentan aquí.

No podemos empatizar con Geralt porque nadie nos ha mostrado la versión buena de Eskel de la que es tan amigo. Su motivación está tan mal planteada que hubiera dado lo mismo que el monstruo fuera un brujo inventado para la serie o ninguno, porque bastaba con que un leshy hubiera aparecido dándose un garbeo cerca de la fortaleza para introducir el elemento de misterio.

"¿Por qué se están acercando tanto los monstruos?".

"No lo sé. ¿Tendrá que ver con la chica que grita como la Castafiore?".

En definitiva, se puede ser razonable y no tener razón.


En los bosques al norte de Cintra


Yennefer se despierta entre unos matorrales, tan desubicada como de costumbre, pero sana y salva.

Cerca de ella, sin prestarle atención, los elfos caminan por una vereda a través del bosque. Fringilla sale de la fila y se acerca a su ex compañera para decirle que puede relajar la raja, porque ahora es libre.

Nadie es libre realmente si aún existen pesares en su vida, Fringilla. Nadie.

Fringilla también dice que, según Francesca, los antiguos dioses quieren que Nilfgaard y los elfos hagan piña, y que como ella no tenía un plan mejor para el fin de semana, ha accedido.

Yen le responde que mira que hay que ser panoli para dejarse camelar por una bruja que vive en una casa con patas, pero Fringilla tiene respuesta para todo:

"Tan mala no será si te ha dejado ir".

También decían que la bruja de Hansel y Gretel no era tan mala. Y ella al menos regalaba golosinas a los niños. Ahí lo dejo.

Fringilla se reincorpora a la marcha y Yen se queda sola con sus pensamientos.

"¿Cómo puede ser que lo mejor que haya comprado en eBay sea una silla?", supongo que se pregunta.

En ese momento, un trueno retumba por encima de las copas de los árboles. Yen mira hacia el cielo y dos lagrimones le caen por las mejillas. Qué poco debe de gustarle la lluvia.

Así me pongo yo cada vez que se pone a llover y he salido de casa sin paraguas.


En Kaer Morhen


Mientras Yen corre, se empapa, solloza y grita por el bosque porque ni tiene paraguas ni puede decir abracadabra y teletransportarse a algún lugar seco y caliente, Geralt va a buscar a Ciri a su habitación.

La muchacha le da un abrazo bien fuerte, aliviada de que su figura paterna esté más o menos de una pieza, y él la saca al patio a entrenar. Geralt pretende que así encuentre "poder y propósito" en este mundo. Para empezar, debería encontrar ropa más apropiada con la que practicar esgrima. Unos pantalones no serían mal comienzo.

-Flexiona más la rodilla. Tienes que notar cómo se levanta el glúteo.

Fin.

¿Continuamos o lo dejamos aquí?

Puntuación: 6/10

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13 comentarios

  1. Un colega ha trabajado en la serie y contaba cosas muy divertidas (a la par que tristes) de los entresijos de la primera temporada. Ando deseoso de saber qué nos cuenta sobre la segunda cuando volvamos a verle.

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  3. Me alegra que vuelvas a escribir. Ojalá estar amancebada con Henry...

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  4. Tengo un dilema, disfruto mucho de los análisis de la serie pero ahora casi prefiero que los dejes de lado y centres tus esfuerzos en narrar las aventuras de Lalialo, Gwarrin, Katakroker y Chantatachast contra el Malvado Brujo™. Si hay suerte lo mismo Netflix hace la serie animada.


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    1. Ahora estamos jugando a la nueva edición de HeroQuest, pero con reglas adicionales (de mi cosecha) para darle un poco más de vidilla a las partidas. Disfruto un montón.

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  5. Pues a mi no me disgusta. Henry Cavill está infravalorado por ser blanco, pero hace lo que otros blancos hacían hace 20 años y que ahora hacen Vin Diesel o The Rock. Cachas descerebrado parco en palabras que mola porque sí y su personaje tiene que ser el más badass. Creo que ya no es racismo, sino capilarismo: no mola tener a un personaje cachas descerebrado badass con pelazo/pelucón, porque la moda son los rapados como el calvo del Gordo.

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  6. Yo lo dicho. Antes de leer tus entradas, me veo el capítulo y listo. Y es más, me hace disfrutar más la serie pensando en lo que dirá en tal escena o tal momento ETDLB. Es cita obligatoria cada vez que sacas una entrada nueva.

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    1. Muchas gracias. De momento las tengo en suspenso por falta de interés general. No sé si las retomaré.

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  7. Que pena me da leer que no vas a continuar con estas sinopsis, te conocí hace poco precisamente por estas entradas y estaba esperando pacientemente a que vinieran las demás. Ojalá cambies de parecer, pero igualmente muchas gracias por hacerme reír con las ya publicadas :)

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    1. Muchas gracias a ti. Me temo que no escogí la mejor serie para hacer este tipo de entradas. Los interesados somos minoría.

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