21 de febrero de 2016

Padres forzosos: Nuestra primera función

Cuando pienso en las series de televisión ñoñas y cursis de mi infancia, el primer título que me viene a la cabeza es Padres forzosos. Miento. Es Los osos amorosos, pero de alguna forma tenía que empezar esta entrada.

Para los que no peinéis canas y prefiráis ver series actuales en lugar de reposiciones de programas de los ochenta y noventa (solo se vive una vez), Padres forzosos era una comedia de situación para toda la familia que trataba sobre un padre viudo que cuidaba de sus tres hijas con ayuda de su cuñado roquero y su mejor amigo cómico. La máxima de cada episodio era que no había ningún problema que una familia unida no pudiera solucionar antes de veintidós minutos, aunque hubo algunos episodios en los que necesitaron el doble de tiempo para dejar todo bien atado, como aquel episodio doble en el que viajaban a Disney World y Stephanie quería ser princesa por un día, o en el que la pequeña Michelle se convertía en una gigantesca pesadilla atómica andante y asolaba la ciudad de San Francisco. Esto último me lo he inventado.

La serie aguantó ocho temporadas en antena a pesar de la dura competencia de otras series de la misma calaña como Los problemas crecen, Cosas de casa o Dinosaucers. Todo un logro para este circo de moralina flagrante y risas enlatadas.


Ahora, veinte años después de que se emitiese su último episodio, la serie vuelve a la televisión en forma de secuela gracias a Netflix. O por culpa de Netflix, ya veremos. Ahora es D.J., la hija mayor, quien se queda viuda y tiene que cuidar de sus hijos con ayuda de su hermana Stephanie y su mejor amiga Kimmy, lo cual empieza a sonar a maldición gitana transmitida de padres a hijos. En esta nueva entrega, titulada Fuller House (Madres forzosas en español), también veremos, aunque solo puntualmente, a Danny, el tío Jesse y Joey, es decir, a toda la familia menos a la pequeña Michelle, que se supone que está consagrada al mundo de la moda, igual que las auténticas gemelas Olsen, solo que con menos anorexia y sin pasar largas noches en clubes nocturnos consumiendo alcohol y droga hasta caer redonda al suelo.

Aprovechando que Madres forzosas se estrena dentro de cinco días, hoy repasaremos el primer episodio de la serie original, para lo cual tenemos que retroceder en el tiempo hasta 1987. Para ello solo necesitaremos el poder de nuestra imaginación y una ligera intoxicación provocada por un escape de gas.


Lo admito sin tapujos: la canción de entrada de esta serie me emociona hasta el punto de que se me pone la carne de gallina. Principalmente a causa del miedo, claro. ¿Habéis visto qué felices parecen todos, la forma en que sonríen enseñando largas filas de dientes blancos y relucientes? ¡Me da escalofríos! ¿Y qué me decís del croma de la toma del asiento trasero del coche? Incluso aquella película de Spider-Man de 1977 tenía efectos menos cantosos. Pero también hay una parte de mí que siente el tirón de la nostalgia. Es empezar a oír la melodía y se activa automáticamente un resorte que me hace sonreír como un bobo y me trae a la memoria tiempos más sencillos en los que las camisas sucias que dejaba tiradas por el suelo aparecían luego mágicamente limpias y planchadas en el armario, tiempos en los que no tenía que enfrentarme a Ul'dhlogothu, la Gran Cosa Grumosa, cada vez que entraba en la cocina y en los que mi mayor preocupación era que los profes no me pillaran comiéndome los mocos.

Ahora podemos criticar la serie todo lo que queramos, pero recuerdo que cuando Canal+ emitía Padres forzosos allá por los noventa, mi hermano y yo nos sentábamos cada noche antes de cenar delante del televisor y pasábamos un rato de lo más alegre en compañía de la familia Tanner, olvidándonos de los deberes y riéndonos como solo ríen los críos y los enfermos mentales. Luego jugábamos a Bola de Dragón en vivo hasta que uno de los dos (mi hermano) acababa llorando, pero la serie nos aportaba veinte minutos de tranquilidad doméstica que nuestros padres seguro que apreciaban.

♪ Memory
All alone in the moonlight
I can smile at the old days
I was beautiful then ♪

El primer episodio se abre en el salón-recibidor de la casa de los Tanner, un decorado que es más grande que el propio edificio en el que se encuentra. Por suerte para la productora, el espectador medio no adquirió la capacidad de percatarse de este tipo de inconsistencias hasta mediados de los noventa. Aunque tampoco hubiera importado, porque el cinismo no empezó a ser relevante hasta que llegó Twitter en 2006. Ahora cualquiera puede demostrar lo ingenioso que es en 140 caracteres o menos.

Danny, de la mano de su hija mayor D.J. y su hija mediana Stephanie, se despide de su madre, que le ha ayudado a cuidar de las niñas desde que su mujer Pamela murió en un trágico accidente de coche, hace ya tres meses. No recuerdo si en la serie llegaron a dar más detalles sobre el accidente, pero es posible que la atropellase un diabólico Plymouth Fury blanco y rojo de 1958.

-Lo diré muy claro, mamá. Si pasas aquí un solo día más, tendré que matarte.

La abuela dice que ha dejado en la cuna a Michelle (una bebita de nueve meses interpretada por las gemelas Olsen, lo que facilitaba a la productora cubrir el número de horas de rodaje sin que una muchedumbre enfurecida le acusase de explotación infantil) y nos deleita con el primer chiste de toda la serie. Este es un momento de máxima tensión. Tened en cuenta que del éxito del primer chiste puede depender que público se decante por seguir viendo el programa o cambiar de canal.

"El bebé está dormidito como un bebé", dice la abuela, a la que corean las risas enlatadas más genéricas que podáis imaginaros.

¿Habéis notado ese golpe tan contundente? Es la realidad haciendo uso de la fuerza combinada de Voltron y Mazinger Z para que dejéis de haceros ilusiones respecto de la altura cómica de Padres forzosos.

Por suerte para las personas cuyo empleo dependía de la serie, en 1987 no todo el mundo tenía un televisor con mando a distancia (en Estados Unidos, ni siquiera dos de cada tres hogares tenían uno), porque de lo contrario no me explico cómo alcanzaron los índices de audiencia necesarios para que la cadena comprase una segunda temporada.

Según esta foto de época, en los ochenta ni siquiera se habían inventado los sofás.

D.J. y Stephanie no quieren que su abuela se vaya, porque aparte de prepararles unas "cocretas" y unas "almóndigas" que están para chuparse los dedos, necesitan una figura femenina adulta de referencia, así que se abrazan a ella con fuerza. Danny las separa, ellas vuelven a colgarse del cuello de su abuela, él las separa, ellas se abrazan... y las risas enlatadas van in crescendo. No me reía tanto desde que me sacaron tres muelas del juicio y tuve que pasarme una semana comiendo con una cucharilla.

Ante la reticencia de las niñas, la abuela dice que no tiene por qué irse. Sin embargo, a Danny no acaba de convencerle la idea. Ningún hombre quiere tener a su madre en casa cuando no hay que hacer la comida ni la colada.

Sin otro motivo que evitar fastidiar la premisa de la serie, la abuela se marcha, y Danny anuncia que ahora comienza la diversión. ¡Dios, Danny!, ¿qué vas a hacer a las niñas? ¡La mayor solo tiene diez años!

-¡Si te vaz, abuelita, juro que me daré al alcohol y a las metanfetaminaz!

Danny dice que pronto vendrán el tío Jesse y su amigo Joey, y que, a partir de ahora, D.J. y Steph dormirán en la misma habitación; noticia que las niñas reciben con emociones contrapuestas.

Mi hermano y yo compartíamos dormitorio cuando veraneábamos en la sierra, y la verdad es que lo llevábamos bastante bien, al menos cuando no coincidíamos. Por las noches, sin embargo, no podíamos librarnos el uno del otro y solía haber bastante jaleo. Entre las batallas campales, los shows de sombras chinescas y las horripilantes máscaras de cerámica que colgaban de la pared, no había quien pegara ojo.

Eran buenos tiempos.

Algo así veía yo desde mi cama cada noche.

A juzgar por la cara que pone D.J., la idea de compartir cuarto con su hermana no la atrae en absoluto, y esta circunstancia pasa a convertirse en el tema central del episodio. Y no es que Padres forzosos no tratase temas serios de vez en cuando, como cuando Michelle empezó a pensar que tenía los pies demasiado grandes o a D.J. le salió un grano, sino que... No, esperad. Es precisamente eso. Creo que lo más gordo que ocurrió en la serie fue cuando Kimmy Gibbler, la amiga rarita de D.J., se emborrachó en una fiesta. Eso que los chavales llaman viernes y sábado noche.

Lo irónico es que tanto Jodie Sweetin, como Mary-Kate y Ashley Olsen han tenido problemas mucho más serios en la vida real que sus personajes: drogadicción, alcoholismo, trastornos alimenticios, videojuegos horrendos para Nintendo DS... Solo Candace Cameron parece haberse quedado al margen de los escándalos habituales de los juguetes rotos de la televisión, quizá por la influencia de su hermano Kirk, protagonista de Los problemas crecen y adalid del creacionismo. Supongo que cuando crees que Dios creó al ornitorrinco chasqueando los dedos, no necesitas drogas para divertirte.

No entiendo por qué no hay más creacionistas.

Stephanie, por el contrario, está emocionadísima con la idea de compartir dormitorio con su hermana mayor y pregunta a su padre si podrá ponerse la ropa de D.J.

Quiero aprovechar este último chiste, que probablemente os haya tronchado el esternón de risa, para mencionar que, en el doblaje español, Steph tiene un ceceo marcadísimo con el que no hay medias tintas: o bien os parece muy cuco y os inspira ternura, o bien os resulta más insoportable que el chirrido de una tiza arañando la pizarra. Lamento ese último símil tan lamentable, pero iba a comparar el ceceo con una canción de las Flos Mariae y me pareció demasiado cruel.

Lo que sí puedo decir es que si Steph fuera mi hija, la llevaría a un logopeda tan rápido que se le iban a saltar los dientes de leche.

El logopeda es el que te quita los lóbulos frontales del cerebro, ¿verdad?

Insertad vuestro propio pie de imagen inapropiado.

El tío Jesse entra por la puerta (en el Estados Unidos pre-11-S, las puertas nunca se cerraban) y las niñas corren a sus brazos al grito de "¡Tío Jesse!", una de las interjecciones más repetidas de la serie junto con "'¡Corta el rollo!" y "¡Qué grozero!".

En favor de Jesse diré dos cosas: la primera, que a partir de la segunda temporada tiene el mejor apellido de la historia de la televisión: Katsopolis; y la segunda, que es el único personaje con el que uno puede llegar a reírse sin ponerse hasta arriba de tetrazepam.

Tampoco se me escapa que John Stamos era una golosina para las chicas, y entre los machotes, ¿quién no ha fantaseado alguna vez con ser un roquero motero enrollado? Yo de crío incluso tenía un tema musical preparado para cuando llegase el momento de cambiar de aires y tomar la carretera: el Back in the U.S.S.R. de los Beatles. Recuerdo que a veces, cuando me quedaba solo en casa, me ponía las gafas de sol de mi padre, me sentaba en mi silla con el respaldo por delante, reproducía la canción en el radiocasete y fingía que conducía una moto. Patético, lo sé. Ahora lo hago escuchando el Bad to the Bone de George Thorogood.

Enter the coolness.

Después de saludar a sus sobrinas, Jesse explica a Danny por qué ha llegado tarde, contándole una historia que demuestra que, al lado del señor Katsopolis, todos somos simples mortales con vidas anodinas.

"Anoche, después de dar el concierto, vuelvo a casa con mi Harley, ¿sabes?, y de repente, ¡aparezco en Reno! Era de noche y me perdí, pero entré por casualidad a ver un espectáculo: Razzle Dazzle 87, que le da mil vueltas a Razzle Dazzle 86; y veo en el escenario a Vanessa, que está impresionante. Nuestras miradas se cruzan, ¡PAPUM!, y un relámpago de pasión cruza todo el casino. Resultó que Vanessa se iba a las Filipinas para hacer un especial con Bob Hope, ¡y estaba loca por entregarse desenfrenadamente a una última y gloriosa...!".

"¡Comida! Comida. Tenía hambre, ¿verdad?", interviene Danny antes de sus hijas escuchen las desmadradas y gloriosas aventuras sexuales de su tío.

"Sí, estaba muertecita", dice Jesse con una sonrisa viciosa.

Este hombre es mi ídolo.

¿No notáis un sensible aumento de temperatura?

El siguiente y último en llegar es Joseph "Joey" Gladston, el único cómico fracasado que no le da a la botella. Os hablaría un rato de este doble de Jeff Daniels, pero José Viruete ya le dedicó un completísimo monográfico en el que podéis leer todo lo que necesitáis saber sobre el personaje. En cualquier caso, y como dice Homer Simpson, solo dos tipos de hombres llevan camisas hawaianas: los juerguistas obesos y los gays.

Joey no tarda en fascinar al público con sus increíbles imitaciones de personajes populares, que en nuestro caso se ven totalmente reventadas por el doblaje español de Fernando Acaso, que si acaso alguna vez sabía a qué personaje estaba imitando.

Al presenciar la patética actuación de Joey, D.J. se pregunta si habrá despegado ya el avión de la abuela. Mientras suenan más risa enlatadas, lo que yo me pregunto es cómo pensaron los guionistas que Joey nos haría gracia si la propia serie descalifica su sentido del humor en el primer episodio. Si vuestra respuesta incluye cannabis, seguramente habréis acertado.

-Eh, yo salí con Alanis Morissette.

Tras la presentación de todos los personajes que saben hablar y no se hacen caca en los pañales, Danny enseña a Jesse su nuevo dormitorio, que hasta ahora era el de Steph y no es excesivamente masculino. Concretamente, tiene conejitos rosas pintados en las paredes, una camita con sábanas rosas y una mesita de madera en la que podrían jugar una partida de póquer Willow, Gimli hijo de Gloin, Tyrion Lannister y Prince.

Agradecido porque su cuñado haya venido a echarle una mano con las niñas, Danny exclama "¡Dios te bendiga!" y estrecha a Jesse entre sus brazos.

Viendo a Bog Saget interpretar a Danny, un personaje unidimensional que limpia la casa, habla sobre lo que es correcto y abraza compulsivamente a la gente, es difícil imaginárselo contando chistes políticamente incorrectos o cantando Danny Tanner Was Not Gay. Pero más difícil es imaginarse que Dave Coulier zumbándose a Alanis Morissette, ¿no?

¡En auténtico 3D!

Mientras los chicos se instalan, D.J. divide su cuarto en dos mitades con un cordón amarillo (voy a pensar que se lo birló a la policía en la escena del accidente de su madre) y establece algunas reglas para su nueva compañera: no toques mis cosas, no pises mi mitad del cuarto, no hables sobre el Club de la Lucha...

"¿Entonces como salgo?", pregunta Steph.

"Es fácil. Sales por la ventana y bajas por el árbol", le contesta D.J.

Steph, tan inocente ella, hace caso a su hermana mayor, se cae del árbol y se parte la columna vertebral, quedando paralítica para el resto de la serie. D.J. no consigue superar el sentimiento de culpa, y, al cumplir los catorce años, se toma un bote entero de ansiolíticos que escondía su madre en el botiquín (el accidente fue en realidad un suicidio) y muere por sobredosis.

*Nudo en la garganta*

O tal vez no. Lo cierto es que Steph, que es muy espabilada para una niña de su edad que se hubiera quedado sin oxígeno un par de minutos al nacer, decide cruzar al otro lado del cuarto colgándose de la barra de la cortina para así evitar pisar el suelo, lo cual no tiene sentido porque la barra no llega hasta la puerta. Da igual, porque esta serie parte de la premisa equivocada de que cualquier cosa que diga o haga un niño tiene gracia, así que esos detalles son lo de menos.

D.J. corre las cortinas y Steph regresa a su lado del cuarto.

¡Risas enlatadas!

¿Serán las cortinas rojas de las visiones del agente Cooper?

Danny se marcha a trabajar en la emisora y deja a Jesse y a Joey a cargo de las niñas.

Tras lo que supongo que era la pausa publicitaria (probablemente aprovechada para anunciar métodos anticonceptivos y clínicas abortivas), la extraña pareja sube a ver cómo está Michelle, que es la bebita más adorable de la historia de la televisión, con permiso del bebé lagarto de V y Peque Sinclair de la serie Dinosaurios.

El saber que las gemelas Olsen empezaron trabajando en esta serie y acabaron fundando un imperio de moda de lujo me hace pensar que quizá merezca la pena sacrificar a tus propios hijos al omnipresente dios  de la televisión. Lo pasaría francamente mal durante los cinco minutos que tardaría en resolver el dilema moral de la explotación infantil, pero luego solo me quedaría esperar sentado a recibir un montón de sucio dinero. He oído que con él se puede pagar lo mismo que con el dinero ganado honradamente.

¿Bebé? Yo solo veo un enorme saco con el símbolo del dólar.

Michelle está llorando, así que Joey se asoma a la cuna e imita una voz de pito completamente irreconocible en un vano intento de arrancar una sonrisa a la bebita. ¿Por qué los adultos hacemos el gilipuertas cada vez que nos ponen delante un bebé? No lo sé, pero he ahí uno de los grandes misterios de la humanidad.

"Tío Jesse, ¿qué vamos a hacer?", pregunta Joey con la irritante vocecilla.

"Primero, dejar de hablar como un gilipollas", le contesta Jesse.

Apuesto a que no recordabais que dijeran tacos en Padres forzosos. Pero esto no es porque los personajes y el tono no estuvieran aún bien definidos, como cuando Grisson le pegaba un berrido a unos cadáveres en el piloto de C.S.I., sino que se trata de una decisión tomada por el estudio de doblaje español. Tanto es así que en la versión original, Jesse ni siquiera suelta una palabrota, sino que dice "munchkin"; ya sabéis, la alegre gentecilla de ropas coloridas y peinados estrafalarios que recibe a Dorothy a su llegada al mundo de Oz. Quizá el estudio español no tenía muy claro que fuera una serie infantil. Les despistaría la habitación empapelada con conejitos rosas.

Los tres minutos siguientes son un espectáculo circense en el que Jesse y Joey cambian los pañales a Michelle en la cocina, valiéndose de todo lo que tienen a mano para superar este difícil trance, fregadero y utensilios de cocina incluidos. En este punto no sé qué me escandaliza más, si el atentado contra las normas de higiene o el maltrato infantil.

El padre legal de las gemelas Olsen era Jeff Franklin Productions.

Cuando Danny regresa del trabajo, la casa está patas arriba y Jesse le dice que Michelle es "una cerda", justo lo que todo padre desea oír de su hija pequeña.

En ese momento, alguien llama a la puerta y resulta ser Vanessa, ¡la chica de la historia del tío Jesse!, una tía despampanante de cabello oxigenado a la que interpreta Christie Claridge, que fue Miss International 1982 y también participó como actriz de pegote en otras series de televisión, como El equipo A o Vacaciones en el mar.

Jesse y su amiguita se pegan el lote en el portal hasta que Steph los interrumpe y, chascarrillo de por medio, les dice que D.J. ha cogido sus cosas y se ha marchado. ¿Significa eso que Joey no tendrá que dormir en el salón?

-Tío Jesse, te presento a Sherry y Cindy.

Aunque enseguida cunde el pánico, no tardan en descubrir que D.J. solo se ha mudado al garaje, donde la encuentran hablando por teléfono con Kimmy Gibbler, su mejor amiga. Kimmy no aparecería hasta el tercer episodio, pero es todo un detalle que la mencionaran en el primero. Tan estigmatizada como Jaleel White, pero menos famosa, Andrea Barber abandonó el mundo de la televisión al terminar la serie y no hemos vuelto a saber de ella hasta que se anunció que formaría parte del reparto principal de Madres forzosas. Sus razones tendrá para retomar la interpretación a sus cuarenta años. ¿Deudas de juego con la mafia china tal vez?

Después de que Danny demuestre que no vale un pimiento como figura paterna y Joey deje claro que no tiene ni idea de imitar a Bill Cosby (pre-denuncias de abuso sexual), todo queda en manos del tío Jesse.

"Mira, D.J., es normal que quieras tener tu cuarto, pero comprende que este mundo no es perfecto", le dice. "Bruce Willis graba discos. Pero puede aparecer una Vanessa y todo se arregla".

Y le da 21 pavos para que se meta en casa. Puede que esta clase de actitud ya no sorprenda a nadie, porque a día de hoy complacer todos los caprichos de los niños es el pilar de la educación infantil; pero en el Paleolítico de los años ochenta, sobornar a un crío para que dejara de dar la murga estaba peor visto que darle unos buenos azotes.

-¡Arrepiéntete de tus pecados!


Por desgracia, cuando Jesse regresa al salón, Vanessa ya ha volado, como la infancia de los juguetes rotos del cine y la televisión. Danny dice que quizá ha tenido algo que ver con que haya tres niñas en casa, aunque la idea de tres hombres adultos viviendo juntos es algo más inquietante si esperas mantener relaciones heterosexuales con al menos uno de ellos.

Mosqueado, Jesse le tapa los oídos a Steph y se enfrenta a Danny. "¿Qué coño le has hecho a Vanessa?", le pregunta (el taco, por supuesto, sigue siendo un regalo del doblaje español).

Si el tío Jesse fuera paciente y poco melindroso, en veinte años su propia sobrina no estará muy lejos de la neumática Vanessa. Yo lo dejo caer.

No tengo nada más que añadir, señoría.

Danny descubre que Jesse ha sobornado a D.J., y como solo quedan cuatro minutos para que termine el episodio, comprende que ha llegado el momento de mantener una Charla entre Padres e Hijos™ con las niñas.

Si me disculpáis, creo que iré a por el cubo de vomitar. Es solo por si acaso.

D.J. dice que está perdiéndolo todo (su madre, su abuela, su cuarto, su noción de la realidad...) y Danny la reconforta con el discurso paternofilial A-38, esto es, diciendo que son una familia y que siempre estarán unidos. Por supuesto, esto no soluciona en absoluto el problema de D.J., pero ella abraza a su padre igualmente como si la vida fuera maravillosa. Música cursi, pista de aplausos y todo solucionado.

El episodio termina con la familia al completo (menos la madre, que está más muerta que el pescado) cantando el tema de Los Picapiedra alrededor de la jaula para bebés de Michelle.

Las canciones libres de derechos no son tan pegadizas.

En fin, ¿qué se puede decir? Después de volver a ver este episodio, no me sorprende que la serie me gustase, porque es todo corazón, ¡como yo!

Sin embargo, dado que eso no tiene sentido, tendré que achacar mi afición a algún tipo de injerencia mental externa, posiblemente de origen gubernamental-extraterrestre.

16 comentarios

  1. Siempre es bueno, con alguna sustancia alcohólica o de otra índole, refrescar la memoria de las joyas de los 80 y 90. Eran tiempos más sencillos donde veíamos (casi) cualquier cosa que daban en TV. Hoy día la falta de tiempo y el exceso de opciones hace que uno no sepa qué mirar sin tener la sensación de "podría estar mirando algo quizás mejor."

    Al margen, la otra vez tuve un sueño en el que entraba al blog y veía que habías puesto a un co-autor para cubrir tu falta de disponibilidad horaria/ energia para postear semanalmente y pensaba/comentaba "la has cagado". Y todo desembocaba en que, después de comentarios de los seguidores, descubríamos que en realidad El tipo de la Brocha no era una sola persona per se. Y había todo una movida cospiratoria detrás.
    No, no necesito a otra persona diciendo que vaya a terapia, sólo es un sueño...¿verdad?

    ResponderEliminar
  2. El Señor Cara de Papa y un Ken de fondo en la última imagen...
    Coincido con "Nickford"; antes no había tantas opciones en televisión(incluso el cable era caro y sin mucho cambio).
    Pasable la serie, aunque por el doblaje "latino" y el horario en que la retransmitieron(16hrs) resultaba un tanto aburrida y monotona.
    Siempre los 2primeros" serán recorados, los pioneros. Ahora las peliculas o series repiten los mismos patrones y ya no sorprenden...al menos a los que ya pasamos por esa etapa; no aplica a algunas caricaturas que si han evolucionado conforme a la "nueva sociedad"(o comportamientos).
    Estupenda entrada, resaltando lo cursi y obsoleta que era la "moral" televisiva para niños en esa época.

    ResponderEliminar
  3. "Inserte su propio pie de foto", justo en una foto donde la niña parece que va a lanzar un aliento/gargajo radioactivo a lo Godzilla...

    ResponderEliminar
  4. En la era predescargas las series sobrevivían porque no había mucho donde elegir, la opción era ver este tipo de series o leer o hablar con tu familia, y eso sí que no. Siempre me sorprenderá la gran cantidad de series con humor blanco que habían en la tele, supongo que era la moda.
    Cuando tenía menos de 10 años esta serie me gustaba, con menos de 15 me aburría pero ahora no creo que fuese capaz de soportarla (twitter y su cinismo ha hecho mucho daño), de hecho cualquier serie de este tipo ahora no soy capaz de verla. No sé que tono le dará Netflix pero supongo que seguirá el de la anterior y no sé si ahora hay un público para este tipo de productos.

    ResponderEliminar
  5. Aun no sé como duro tanto esta serie, supongo que estoy de acuerdo con lo que dice el resto, no existían las descargas gratuitas de series ni tanta variedad, pero ya veremos el próximo "éxito" de madres forzosas...quizá dentro de unos años (tal vez otros 10 años) tengas que hacer una comparativa entre ambas series y decidir cual merece más vomitina por tu parte. Esperaremos hasta entonces, aunque igual en ese momento alguien ha descubierto tu verdadera identidad y has tenido que mandar a un sicario a eliminar cabos sueltos y debas verlo desde la cárcel... (viajo del futuro no digo más.)

    ResponderEliminar
  6. 4 Cosas:
    1- Excelente como siempre señor De la Brocha (¡Si es que ese es su verdadero nombre! ¬¬ )
    2- "el salón-recibidor de la casa de los Tanner, un decorado que es más grande que el propio edificio en el que se encuentra" Eso me recuerda a la teoría del "escritor" norteamericano David Wong de que mucha gente de clase baja y media dilapida su dinero porque las Sitcoms les dan ideas equivocadas de la vida que pueden llevar con un sueldo de policía/repartidor/paleontólogo/etc.
    3- de niño me gustaba Full House a pesar de que por motivos que no vienen al caso no supe como se llamaba la serie hasta varios años después. Lo raro es que (a diferencia de El Principe de Bel Air, Sabrina la Bruja Adolescente, Red Shoe Diaries y las otras series que miraba a esa edad) no recuerdo ni un solo chiste de Full House, salvo que a la siguiente conversación entre DJ y su padre se le considere un chiste:
    Danny: _ ¿Y si tienen alcohol?
    DJ: (sarcasm mode ON)_ si vamos a beber alcohol, también vamos a fumar, a tener sexo y quizas hasta probemos drogas_ (sarcasm mode OFF)_ ¡Claro que no! solo quiero escuchar música con mis amigas...
    Danny: _ Puedes escuchar música aquí
    Eso no es un chiste ¿Verdad? ¿VERDAD?
    4- No me quedó claro si tienes intenciones de mirar "Madres Forzosas", pero asumiré que no

    ResponderEliminar
  7. Estoy casi seguro que George R Martin veía esta serie y la usó de inspiración para sus libros.

    ¿Nadie se ha preguntado por qué Joey se ha venido a vivir a la casa cuando Danny y su cuñado deberían ser suficientes para cuidar a las niñas?

    Propongo a los lectores hacer una prueba, coged la primera imagen que viene en este artículo, la de los protagonistas de la serie, enseñadla a alguien que no haya visto jamas la serie y preguntadle quien creen que es el padre de las niñas. La mayor parte responderá que es el tío Joey. Es bastante sospechoso que las tres hijas tengan pelo y ojos claros mientras que Danny los tiene oscuros. Una teoría entre los fans es que Danny era estéril y que su amigo Joey actuó de donante para que su esposa y él pudieran tener descendencia, eso explica por qué se ha venido a vivir con ellos.

    ResponderEliminar
  8. Mi aportación para el pie de página:

    "Hermana mediana a punto de hacer un Blow Nose a su padre"

    Si no es suficientemente inapropiado tengo más...

    ResponderEliminar
  9. Yo aún guardo los tomates en la bandeja de las frutas y no con las verduras por culpa del capítulo doble de la boda de tio Jessy...

    ResponderEliminar
  10. Lo único destacable de esta serie es que el que doblaba al tío Jesse era quien también doblaba a Lenny de Los Simpsons y a Bender. No la recuerdo de mi infancia y si se de su existencia es por las reposiciones que echaban en Factoría de Ficción hace unos años. Ni pizca de gracia daba la pobre. Nada que ver con tu articulo, con el que me he partido de risa.

    Y ya que van a recuperar al serie, a ver si invitan a las Olsen a salir en algún capitulo, o mas bien a su hermana, que es de mi generación y esta cien mil veces mejor.

    Esto ultimo no me lo tenga en cuenta.

    ResponderEliminar
  11. Bua!que buena entrada..yo también era un fiel seguidor de todas estas series..padres forzosos,cosas de casa,primos lejanos...me alegro de que ahora vuelvan con madres forzosas...asi podré verle los cocos a Steph...grrrrr

    ResponderEliminar
  12. Madre mía no sé como nos podian gustar estas cosas... ¿hay alguna serie de los 80 que se salvara de la quema?

    ResponderEliminar
  13. Primero: preguntarte si estas insinuando que Christine tuvo algo que ver con la viudez de Danny? o es que solo quieres separarnos a Christine y a mi!!!
    Segundo: Madre mía como creció la pequeña Steph, debe usar sandalias porque le tiene que costar atarse los cordones porque algo se interpone en su campo visual

    ResponderEliminar
  14. "Tío Jesse, te presento a Sherry y Cindy" - lo que he llegado a reirme al leer esto :')

    Y lo que daria por ver a cualquiera de esta serie sentado en el divan de Hannibal... seguro que estan para chuparse los ¿dedos?

    ResponderEliminar
  15. Michelle era mona hasta que empezó a hablar y la convirtieron en una one-liner cuqui: no pronunciaba frase que no fuera coreada con un pasteloso "Oooohhhh" del público. Yikes.
    Creo que lo mejor que ha generado esta serie es el "You oughta know" que Alanis Morissette dedicó con todo el cariño del mundo a su ex cuando este la abandonó por otra.

    ResponderEliminar
  16. ¡Perfecto como primera función! Pero quiero más y más y más y más... No puedo ser la única que veía incestillo del bueno entre Tito Jesse y Michelle ¡Quiero tus palabras y capturas correspondientes sobre ello!
    Sí sí, ya dejo de exigir y te agradezco sin más de corazón el buen rato que me has hecho pasar con esto XD

    ResponderEliminar

LEE ESTO ANTES DE COMENTAR: Al autor del blog le chifla recibir comentarios, pero todo tiene un límite. Con carácter general, los siguientes comentarios se eliminarán de la faz de la red: 1) los que no tengan un carajo que ver con la entrada, 2) los que falten el respeto sin ninguna gracia ni elegancia, y 3) los que puedan considerarse spam o se pasen de largos (en principio, los que superen 300 palabras, ya sea individualmente o de forma concatenada).