12 de mayo de 2020

La saga de 'Viernes 13' al completo (1ª parte)


Me encanta la saga Viernes 13. Hay más mediocridad que genio en sus innumerables entregas, y desde luego nadie piensa que el séptimo arte perdería mucho si jamás hubiesen existido (¿o sí?); pero mi cariño va más allá de lo que se ve en pantalla. Viernes 13 fue mi introducción al género slasher y una de las primeras colecciones que quise completar en DVD (y lo mío me costó hacerme con Jason va al infierno, aunque por suerte pude verla antes en VHS). Por eso, no me conformo con dedicarle una entrada a la primera película, sino que quiero darle un repaso completo. Así de sonado estoy.

Ahora bien, si voy a repasar la saga de Viernes 13 de cabo a rabo (12 películas en total, contando Freddy contra Jason y el remake de 2009 producido por Michael Bay), creo que necesito establecer alguna clase de sistema de evaluación. Y, aparte de entretenimiento y diversión, ¿qué es lo que busca el espectador en cualquier slasher? La respuesta es evidente: adolescentes cachondos muriendo de forma espantosa. ¿Y de qué más les gusta a hablar a los fans de Viernes 13? Del propio Jason, naturalmente, que cambia de aspecto en cada película para ir siempre a la última. Además, siendo una saga con tantas entregas, habrá que valorar también la originalidad, aunque sea dentro de las estrecheces del género.

Sí, de momento con eso debería bastar.


Viernes 13 (1980)



Hablé largo y tendido de esta película en esta entrada, así que procuraré ser breve.

Sinopsis: Un grupo de jóvenes monitores prepara la reapertura el campamento Crystal Lake, al que los palurdos locales se refieren como "el Campamento Sangriento" desde que en él se produjeron varias muertes prematuras y violentas. Por supuesto, los nuevos monitores no tardarán en descubrir por sí mismos que el apelativo le viene al pelo.

Originalidad: Es cierto que Viernes 13 venía precedida de otras películas que podríamos considerar slashers bajo una óptica posterior a su tiempo (entre otras, suelen citarse Bahía de sangre, de Mario Bava, y Navidades negras, de Bob Clark), pero fue la cinta de Sean S. Cunningham la que, imitando el Halloween de John Carpenter, acercó el género al gran público y le dio popularidad. Lo difícil sería mantener el interés después de esta.

Puntuación: 9/10

Qué amor de mujer. Seguro que todos los días deja una tarta de manzana enfriándose en el alféizar.

Sangre: ¡Diez asesinatos en la primera entrega! A eso le llamo yo empezar con ganas. Las puñaladas al vientre y los pescuezos rebanados puntúan bajo por falta de originalidad, y es irritante que algunas de estas muertes se produzcan fuera de cámara. Sin embargo, esto se compensa con las brutales muertes por hachazo a la cara, apuntalamiento a la puerta con flechazos, traqueotomía desde el lado que no es y, por supuesto, la espectacular decapitación a cámara lenta de la señora Voorhees.

Recordemos además que en 1980 el género era joven y aún no necesitaba recurrir a la creatividad para surtir efecto.

Puntuación: 7/10

No pongas esa cara, Kevin. Solo faltan diez años para que hagas Temblores.

Sustos: No mostrar al asesino hasta el final ayuda a crear suspense y consigue mantener una tensión que, de otro modo, se hubiera diluido rápidamente por falta de verosimilitud (seamos honestos: la adorable Bestsy Palmer, entrada en los cincuenta y con un holgado jersey azul, no es la clase de amenaza aterradora e imparable en la que se convertiría su hijo).

Por otro lado, y aunque la mayoría de sustos se consiguen con sobresaltos de baratillo, la escena en la que Jason emerge del lago para agarrar a Alice sigue siendo el susto más efectivo y espeluznante de toda la saga. Nadie que lo haya visto por primera vez sin saber lo que se avecinaba olvida el escalofrío. También salvaría el momento en el que el cadáver de Brenda atraviesa repentinamente la ventana de la cabaña, no solo porque está mejor medido que otros, sino también porque me hace gracia que Brenda fuera Tom Savini con peluca y camisón.

Puntuación: 8/10

-¡Métete, boba, que el agua está muy buena!

Sexo: El último coletazo estilístico de la década de 1970 se ceba con la película y nos trae los looks más antieróticos de la saga. El reparto masculino es el principal perjudicado, demostrando que las modas femeninas van y vuelven, pero las masculinas no. Steve, bigotón en rostro, pecho velludo al descubierto, con shorts vaqueros y pañuelo rojo al cuello, tiene la misma pinta que los hermanos de mi madre en aquellos bochornosos vídeos caseros en los que inmortalizaban sus veraneos en la playa. Bill descamisado y con tirantes, y Ned disfrazado de indio de los Village People también juegan en la liga de imágenes que me provocan encogimiento genital.

Las chicas en bikini y Kevin Bacon con un Speedo sirven de desagravio temprano en la escena en la que la muchachada se baña en el lago. También hay una escena coito de prematrimonial (con topless de ella y culete al aire de él), tras la que Marcie luce monísima con camiseta y braguitas, al menos hasta que le incrustan un hacha en la cara. En cambio, el camisón con el que duerme Brenda tiene el sex appeal de un saco de arpillera y podría haberlo heredado de su abuela amish.

Pero lo que peor llevo es que la partida de strip tease palé concluya sin eróticos resultados. ¡Hemos sido engañados!

Puntuación: 3/10

Les doy cuatro años máximo para que empiecen a bañarse todos en pelotas.

Jason Voorhees: Sé que es discutible, y desde luego no es icónico, pero creo que Jason nunca ha dado más miedo que como zombi adolescente en remojo, con su rostro deforme al descubierto y el cuerpo manchado de lodo y vegetación palustre. El problema es que también da un poco de lástima y que esta es una imagen que solo funciona para una escena, no para cimentar toda una saga.

Puntuación: 6/10

VALORACIÓN FINAL: ★★★½


Viernes 13, 2ª parte (1981)



Sinopsis: Cinco años después de la masacre de Crystal Lake, una nueva remesa de jóvenes incautos se preparan para ser monitores en un campamento vecino. A Jason, que tiene algunas taras y no se tomó muy bien que a su madre le cortaran la cabeza, le desagradan las visitas y decide perpetuar el sanguinario legado familiar.

Originalidad: Si os da la impresión de estar viendo la misma película, no os preocupéis es normal. Hemos cambiado a la señora Voorhees por su hijo, pero la fórmula es exactamente la misma, solo que ya ni siquiera hay giro. Hasta tal punto es la misma película que los primeros diez minutos (de la hora y media escasa que dura) están dedicados a reproducir a modo de flashback casi todo el clímax y el epílogo de la primera parte, incluida la escena del bote, que se supone que había sido un mal sueño. Todo bien, ¿eh? Si no habías visto la primera parte, ya no hace falta que lo hagas.

Obviamente, para explicar lo ocurrido dos meses antes en Crystal Lake, no se necesitaba un resumen tan completo; pero esto es lo que ocurre cuando quieres sacar una secuela deprisa y corriendo para aprovechar el tirón de la primera y ruedas lo justo. No es casualidad que estas dos películas se estrenaran con una diferencia de menos de un año.

Con todo, y aparte de parecerme curioso que la película se ventile nada más empezar a la única superviviente de la película original (el flashback es una pesadilla de Alice), cuando llevo tiempo sin verla y todas las películas empiezan a mezclarse en mi cabeza, lo único que realmente me permite distinguir esta secuela del resto es la confrontación final entre Ginny y Jason. En ninguna otra entrega de la saga vuelve nadie a ponerse el jersey de la difunta señora Voorhees para dar a Jason gato por liebre con una convincente imitación de su madre (aunque no tan convincente como para que la cabeza cercenada de la difunta señora, que su hijo ha conservado durante cinco años sobre un altar como si fuera una reliquia, no le haga darse cuenta de que le están engatusando con aviesas intenciones).

Puntuación: 5/10

A las madres se las respeta.

Sangre: Nueve muertes son una muerte menos que la película original, y eso es inaceptable. Aun así, si esta entrega tiene fama de ser la menos violenta de la saga, no es por la inferioridad numérica, sino por la censura. Para evitar que la MPAA (Motion Picture Association of America, o Madre que Parió A América) calificase la película como X (prohibida la entrada a menores de 17 años), la productora solicitó eliminar los planos más truculentos, y no solo los que mostraban violencia explícita contra "moñecos", sino incluso aquellos en los que corría la sangre. Después de pasar ocho veces por la MPAA y conseguir la calificación R (permitida la entrada a menores de 17 acompañados de un adulto), el editor le había metido tanta tijera a la cinta que casi parecía una secuela de Los incorregibles albóndigas.

Hay una trepanación craneal no supervisada, un estrangulamiento con alambre de espino, un martillazo en el cogote, un degollamiento, un apuñalamiento en una zona indeterminada del pecho... Con galones de sirope salpicando la pantalla, quizá esas muertes podrían haber sido impactantes; pero, sin el rico plasma, llaman poco o nada la atención.

Los únicos asesinatos que merecen la pena son el de Mark, un deportista paralítico al que Jason clava el machete en la jeta y, del golpe, lo manda escaleras abajo en su silla de ruedas (sin que se estrelle ni estampe contra ningún árbol o muro, por desgracia), y el pincho moruno que Jason prepara en un santiamén con Sandra y Jeff, a los que empala con una lanza de atrezo mientras están acaramelados en la cama.

Según Paramount, los negativos de los planos cortados se tiraron por el retrete hace mucho tiempo, así que es poco probable que veamos una edición sin censura en el futuro.

Puntuación: 4/10

-Qué curioso. He recuperado la sensibilidad en las piernas.

Sustos: El primer sobresalto lo provoca un gato cuando entra de improviso por la ventana; y el segundo, un chaval disfrazado de espantajo que salta sobre el grupo de aprendices mientras escuchan una historia de miedo sentados alrededor de una hoguera. Son dos de los clichés más manidos del cine de terror y ahí están, sin sentir ninguna vergüenza.

El resto de sustos son igual de tontos y previsibles, y de ellos apenas puede rescatarse la última aparición de Jason, que atraviesa una ventana cerrada como impulsado por un trampolín cuando todo parece haberse resuelto para achuchar a la protagonista una última vez. Intentaron emular el susto final de la primera película y lo ejecutaron bien, pero no deja de ser lo mismo y la segunda vez ya no es igual de efectivo.

Tampoco hay buenos momentos de tensión. ¿El policía encuentra la cabaña de Jason y se mete dentro? Tonto él por entrar. ¿El coche de la protagonista no arranca? Otro cliché. Solo cuando Jason empieza a perseguir a Ginny se transmite cierto desasosiego, pero este viene dado sobre todo por lo paradita que es la chica en comparación con Alice. Como en casi todo, se queda a medio gas.

Puntuación: 3/10

-¡Se acabó el confinamiento!

Sexo: A diferencia de la primera parte, donde el erotismo es casi casual, aquí la productora ya era plenamente consciente de que la casquería no era el único aliciente que llevaba al público adolescente a ver pelis de terror, sino que también había una amplia demanda de cuerpos núbiles embutidos en camisetas ajustadas y pantalones escuetos siempre a punto de desprenderse.

Las parejas con ganas de marcha se triplican, el sujetador se convierte en una prenda ocasional para las integrantes del plantel femenino (y la delantera de Sandra, libre de las ataduras, se mofa con cada paso de las leyes de la gravedad), y además se inicia la temporada de cambios de vestuario gratuitos y baños en pelota picada en mitad de la noche. Curiosamente, aunque solo hay una escena de topless en el filme, se escudriñan un par de felpudos morenos en la distancia.

Tampoco podemos obviar que, si bien la primera parte tenía el mejor susto de la saga, la segunda tiene el mejor primer plano de culo respingón. Terry, cuyo nombre conoceremos después de habernos familiarizado con su trasero, lleva un pantalón tan corto en su primera escena que la palabra pantalón dejó de ser apropiada hace varios centímetros, y, por fuera del liberal tejido, la curva de sus nalgas se dibuja con claridad meridiana mientras camina con zancada segura hasta que un certero lanzamiento con tirachinas la hace darse la vuelta y romper el hechizo.

En cuanto al reparto masculino, el único chico que se quita la camiseta para algo que no sea hacer el zángano es Jeff, que podría ser el hijo que Mick Jagger y John Travolta nunca tuvieron. No se respeta la igualdad.

Puntuación: 7/10

Culo a prueba de chinas.

Jason Voorhees: Si alguien clava la imagen del paleto sureño, el clásico hillbilly o redneck del que hablan los estadounidense, pero con manías homicidas, ese es el Jason vestido con camisa a cuadros, peto de granjero y un saco de arpillera cubriéndole la cabeza. No hay instrumento puntiagudo o afilado que no pueda servirle de arma, pero la que más se ajusta a su bucólico atuendo es sin duda la horca, con la que, muy a mi pesar, no agujerea las tripas a nadie.

También hay que ser comprensivos y entender que estos son sus primeritos días como psicópata demente, por lo que aún no es la máquina imparable de matar en la que se convertiría en las sucesivas secuelas. De hecho, el pobre es un poco torpón, se amilana como un timorato impúber cuando le amenazan con una inocente motosierra, y un buen puntapié en la entrepierna lo frena en seco.

Bajo el saco por el que asoma el ojo, es un hombre elefante desaliñado y con greñas. Salvajismo puro.

Puntuación: 7/10

-Ays, tú que me ves con buenos ojos. U ojo.

VALORACIÓN FINAL: ★★½


Viernes 13, parte III (1982)



Sinopsis: Una chica llamada Chris invita a sus amigos a pasar el fin de semana en la casa del lago de sus padres. El lago, por supuesto, es Crystal Lake. Hace dos años, Jason Voorhees atacó a Chris en el bosque, pero sobrevivió milagrosamente al encuentro y ahora ha decidido regresar y superar sus temores en compañía de jóvenes salidos y fumetas. Qué mala pata que hayan elegido venir justo el día después de que Jason matase bien muertos a todos aquellos monitores...

Originalidad: Esta es la película que estableció los cánones definitivos de Viernes 13, creando una referencia cultural duradera que, aun formando parte de la exploitation, iba más allá del género que ayudó a consolidar. ¿Cómo lo consiguió? Repitiendo la fórmula de las partes anteriores de forma autoconsciente, sin tomarse en serio a sí misma (la versión disco del tema musical de Harry Manfredini que suena en los títulos de crédito iniciales es toda una declaración de intenciones), y convirtiendo a Jason Voorhees en un icono pop.

Se dice que el director Steve Miner, que había trabajado en varios documentales sobre hockey, quería que Jason fuera inmediatamente reconocible y se le ocurrió ponerle una máscara de su deporte favorito. También se dice que la idea idea vino de Marty Sadoff, el supervisor de los efectos 3D, que era fan de los Buffalo Sabres y necesitaba hacer pruebas de maquillaje con Jason antes de que se supiera qué aspecto tendría, por lo que decidió cubrirle la cara con aquella característica máscara. ¿Quién sabe qué es cierto y qué no? Lo importante es que crearon una imagen tan potente para el asesino de Crystal Lake que, a día de hoy, cualquiera que vea una máscara de hockey piensa antes en Viernes 13 que en patinadores con palos partiéndose los dientes sobre hielo.

Además, esta entrega cambiaría la forma de disfrutar del género slasher: seguiría apelándose a los instintos más básicos del público, buscando risas, shocks y tensión; pero de aquí en adelante los espectadores estarían del lado de Jason, esperando que los dejase con la boca abierta, entre el espanto y el gozo pueril, con cada asesinato que perpetrase.

De este modo, aunque esta es la tercera película, es la que recomendaría a cualquiera que quisiera iniciarse en la saga, porque es el prototipo que sirve de modelo de las virtudes y defectos de la saga. En esta ocasión, hasta le puedo perdonar que sus seis primeros minutos sean una reproducción del clímax de la cabaña de la segunda parte con un pequeño añadido, porque ayuda a crear cierta continuidad.

Aparte de eso, y en cuanto a aspectos más concretos que actúan como elementos diferenciadores, hay una banda de moteros que cumplen brevemente el papel;de antagonistas (hasta que Jason los apiola) y se introduce también, a modo de alivio ¿cómico?, a Shelly, un "actor" con baja autoestima, aficionado a las bromas pesadas, y cuyo único mérito es ser el dueño original de la máscara de Jason.

Por último este es el primer y único episodio rodado en "espectacular" 3D, lo que explica la cantidad de objetos que nos restriegan contra la pantalla, incluidos ojos humanos fuera de sus cuencas.

Puntuación: 7/10

¿Qué ven mis ojos de friki? ¿Es ese Shang-Chi, maestro del kung-fu?

Sangre: Aunque las escenas en 3D han envejecido tan bien como un yogur abierto a la intemperie durante meses, la película sabe lo que se hace cuando se trata de mostrar violencia gráfica de forma divertida. No solo la tasa de mortalidad es más elevada que en las partes anteriores, alcanzando la nada desdeñable cifra de doce muertos, sino que aquí, a diferencia de lo que ocurría con la segunda parte, cada muerte cuenta.

Harold y su esposa Edna, que tienen una tienda cerca del lago, son los primeros en sufrir las atenciones de Jason: al marido le parte el esternón con un cuchillo de carnicero, y a la mujer le clava una aguja de tejer en la nuca. Después de ese aperitivo, le llega el turno a la banda de moteros: a la chica malota, apodada Fox, la deja clavada en una viga con una horca al cuello, como si fuera un adorno navideño; a un tal Loco le airea el páncreas y la vesícula biliar con otra horca; y al líder de la banda, Ali, primero le canta una nana porrera con una llave inglesa, y cuando el hombre regresa durante el clímax del filme para dar un respiro a la protagonista, Jason, razonablemente molesto, le cercena la mano de un machetazo y lo descuartiza con él.

Liquidada la competencia, el asesino de Crystal Lake por fin puede dedicar el 100% de su tiempo al grupo de jovenzuelos. Shelly es degollado fuera de cámara y sobrevive para contarlo; pero sus amigos pasan de él porque piensan que es otra de sus gracietas (está claro que Shelly no conocía la fábula de aquel pastorcillo que gritaba "¡Lobo!" para reírse de sus vecinos hasta que vino un lobo de verdad, le robó todos sus ahorros y quemó su colección de cromos de la liga 1981). El grado de satisfacción que produce su muerte es, sin embargo, inversamente proporcional a lo odioso que es el personaje.

No decepcionan, en cambio, la electrocución y el empalamiento con un atizador al rojo que Jason aplica respectivamente a Chuck y Debbie, la pareja de hippies. Nadie les echará de menos, porque no hacían otra cosa que fumar marihuana y dormitar en el sofá del salón.

Ahora bien, aunque casi cualquiera de esas muertes ya son mejores que las de la segunda parte, las siguientes son las que realmente demuestran el lado más creativo del equipo de efectos especiales.

A Andy, el chico guaperas, Jason lo pilla haciendo el pino por el pasillo y lo parte por la mitad de un machetazo, y, lejos de dejar el cadáver tirado en cualquier parte, se toma la molestia de recoger sus dos mitades para formar con ellas un siniestro bocadillo en el que las piernas sirven de rebanadas al tronco y colocarlas sobre una de las vigas del techo de uno de los dormitorios. ¿Con qué propósito? Pues para que, Debbie, la novia del chico, vea el cadáver desde la hamaca cuando se tumba a leer sobre Tom Savini y Godzilla en la revista Fangoria y chille horrorizada un segundo antes de que Jason, oculto bajo la hamaca, le haga un Kevin Bacon con el machete.

Todavía más impactante es la muerte de Vera, que tiene el honor de convertirse en la primera víctima de Jason con su máscara de hockey cuando este le dispara un arpón en todo el ojo. Sin duda, una de las escenas más celebradas y recordadas de la saga.

Con todo, nadie corre peor suerte que Rick, el hombretón del grupo, un antiguo novio de la protagonista que planeaba rehacer su relación y acaba con el cráneo espachurrado entre las manazas de Jason. Diría que se le saltan las lágrimas, pero lo único que se le salta es un ojo hacia la cámara. ¡Las tres dimensiones en tu cara!

Puntuación: 8/10

¡ZOING!

Sustos: ¿Se puede criticar a una película de terror cuando todas su escenas de tensión acaban en sobresaltos predecibles e inefectivos? Yo creo que sí, sobre todo cuando la mayoría de esos "sustos" son impostados o consecuencia de las trastadas de los propios personajes.

Es verdad que, cuando uno se familiariza con los mecanismos de esta clase de filme, dejan de ser efectivos, y no está bien echar en cara lo que no tiene arreglo por ser intrínseco al género; aun así, es una lástima que, a partir de esta tercera parte, el elemento de terror de la saga rara vez logre sobreponerse a sus raíces adolescentes y tienda cada vez más a la autoparodia.

Por otro lado, lo que sí que es lamentable fuera de toda duda es que se repita el susto del cuerpo arrojado a través del cristal y que, por segunda vez, se intente replicar el momento más escalofriante y memorable de la cinta original. En esta ocasión, es Chris quien está a salvo en el lago, subida a una canoa, cuando de las profundidades acuáticas emerge la señora Voorhees para llevársela a bucear (al parecer, ahora es un zombi y vuelve a tener la cabeza pegada al cuerpo). Aparte de que cualquiera que haya visto la primera parte, se espera que pase algo, los tiempos y la música empleada no son los más acertados para provocar ese vuelco instantáneo del corazón. Además, aunque se trata obviamente de otra pesadilla, la escena no tiene ningún sentido, porque Chris nunca ha visto a la madre de Jason y, por mucha imaginación que tenga, mucha casualidad es que se la imagine precisamente con su característico jersey azul.

Pese a todo, hay una escena de tensión que se salva de la quema por jugar muy bien con las expectativas del espectador. Cuando Debbie está en la ducha y, por encima de la cortina de baño, asoma lo que aparenta ser la cocorota calva del asesino de la máscara de hockey, tú, avezado fan del cine de terror, te ves venir que, tan pronto como descorra la cortina, ahí estará el silencioso Jason con su machete para darle matarile. Pero no: solo es una lámpara, y a ti solo te queda reírte de ti mismo por ingenuo. Bien jugado, película. Bien jugado.

Puntuación: 3/10

-¿Ha oído hablar de nuestro señor Voorhees?

Sexo: Casi al principio de la cinta, antes incluso de que la nueva hornada de víctimas llegué a Crystal Lake, Chris reprende a Andy y Debbie por no pensar más que en trajinar. "Sexo, sexo, sexo. Os estáis poniendo aburridos, ¿sabéis?", les dice. Y la película le toma la palabra

Esta entrega se mofa de la obsesión por el sexo y prescinde casi completamente de este elemento definitorio del slasher juvenil, excepto para utilizarlo como tema recurrente en los diálogos de los personajes y de esta forma convertirlo en un cliché. La única escena de cama (o de hamaca, para ser precisos) es de lo más recatada, y ni siquiera cuando Debbie se está duchando se le ve algo más que un atisbo de pezón.

Es más, el único momento en el que se medio utiliza a una mujer como reclamo sexual es cuando la cámara enfoca directamente el culo de Vera en el instante en que esta se inclina para avivar el fuego de la chimenea; y hay que tener en cuenta, en esta escena, ella lleva un pantalón de chándal, tan sexi como el jersey de mamá Voorhees, y que además el objetivo no es recrearse en la curvatura trasera, sino degradar más si cabe al idiota de Shelly, que se queda empanado mirándola.

Así las cosas, todo el erotismo queda reservado para el momento en el que Rick, descamisado cual tiarrón de la portada de una novela de Danielle Steel, ayuda a Chris a subir al granero balas de heno.

¿Puede ser esta la película más modosa de la saga? Tal vez. Pero también es la única en la que aparecen varios tebeos de Shang-Chi, maestro del kung-fu, y eso no es necesariamente malo.

Puntuación: 2/10

Viernes 13, afianzando tu heterosexualidad desde 1981.

Jason Voorhees: Esta es la primera vez que Jason oculta su desfigurado rostro con una máscara de hockey y ya nunca más se desprendería de ella, porque, como disfraz, desde luego tiene más encanto que un saco de patatas con un agujero para el ojo. Y aunque Jason ha perdido pelo de un día para otro (el estrés, ya se sabe), también ha ganado peso en los lugares adecuados, sobre todo alrededor del cuello, tan ancho como su cabeza calva y deforme. Desechados los tirantes, su indumentaria ha pasado a ser más casual (camisa verde caqui, pantalón gris y ¿mocasines negros?), pero el aspecto general que ofrece es brutal y amenazador, de alguien que no se lo piensa dos veces antes de descuanjerigarte a porrazos.

Dicho esto, su constitución más robusta aún no le exime de gruñir como una nenaza cuando le dan pa'l pelo ni de renquear después de que le hinquen un cuchillo albaceteño en el muslo. Su aguante, eso sí, empieza a ser sobrenatural. Chris le arroja una pila de libros sobre la cabeza, lo acuchilla en al menos dos extremidades, le endiña con un madero en el cogote, le cae encima desde el techo, le atiza con una pala en la sien e incluso lo empuja desde la azotea del granero con una soga al cuello para ahorcarlo. Pese a ello, Jason aguanta la paliza como un campeón hasta que la chica, histérica perdida, le pega un hachazo en la sesera, hundiéndole el filo hasta casi hacerle la ceja. Solo entonces, y después de trastabillar hacia nuestra heroína en un último intento de estrujarle el pescuezo, se derrumba al fin. Muerto o no, esa es una cuestión que resolverá la secuela. Pero no. Nunca está muerto.

Este Jason también tiene una presencia y un lenguaje corporal singulares. Es capaz de pasar de una calma zen rayana en el pasotismo a enrabietarse y emprenderla con el mobiliario con espíritu destructivo. Es como una olla a presión a punto de estallar, .

Kane Hodder haría suyo el personaje a partir de la séptima entrega, pero Richard Brooker lo definió.

Curiosamente, bajo la máscara, Jason ya no se parece en nada al melenudo del saco de la segunda parte, pese a que se supone que esta historia transcurre al día siguiente. ¿Fue el susto del final también un sueño febril de la protagonista? Quizá sí o quizá buscarle coherencia a esta saga sea tan absurdo como imposible.

Puntuación: 8/10

-¿Dónde se habrán metido esos entrometidos mocosos y su estúpido perro?

VALORACIÓN FINAL: ★★★★


Viernes 13: Capítulo final (1984)



Sinopsis: Después de una rápida visita al forense del condado (el chequeo médico es necesario cuando te abren el cráneo de un hachazo), Jason regresa al territorio que mejor conoce y se convierte en la peor pesadilla de la familia Jarvis y de una nueva remesa de veinteañeros que acaban de llegar al lago con ganas de fiesta.

Os voy a decir una cosa: la oficina de turismo de Crystal Lake debe de ser la mejor de todo New Jersey si es capaz de contrarrestar la mala prensa que generan 31 cadáveres horriblemente mutilados.

Originalidad: Como se desprende del desacertado subtítulo, esta pretendía ser la película que cerrase la saga para siempre. Y casi acierta, solo le quedaban seis u ocho más para darle carpetazo, según si tenemos o no en cuenta solo hasta Jason X o también Freddy contra Jason y el remake de 2009. Aun así, se nota el esfuerzo por hacer algo diferente e interesante, y el presupuesto más elevado (unos dos millones de dólares frente al medio millón que costó la original) se traduce en mayores valores de producción.

La cinta retoma la acción donde terminó la tercera parte y saca a Jason de los bosques de Crystal Lake para llevarlo a un escenario diferente y menos confortable, tanto para él, como para la audiencia. Es en la morgue del condado donde el infame asesino de Crystal Lake se recupera del hachazo que le había abierto la sesera (solo es un rasguño) y empieza a hacer de las suyas. Por mi parte, habría preferido que el nudo de la historia transcurriese en una instalación tipo hospital, donde Jason podría haberse servido del surtido instrumental médico para sembrar el terror de formas espeluznantes y no necesariamente científicas; pero se ve que la morriña es más fuerte que él, y no tarda en volver a su hogar.

Otro elemento diferenciador es que, aparte de la perenne carne de cañón adolescente, se introduce en la ecuación a una pequeña familia americana: los Jarvis, formada por una madre separada y sus dos hijos, Trish, que se da un aire a Jessie de Salvados por la campana, y Tommy, un niño aficionado a los "marcianitos" y al cine de terror al que interpreta el carismático (pero conflictivo) Corey Feldman. Aunque encarnado por diferentes actores, Tommy Jarvis se convertiría en el único "héroe" recurrente en la saga, al menos hasta la sexta parte, porque a partir de la séptima ya no se le volvió a ver el pelo. Es lo más parecido que Viernes 13 ha tenido a una Laurie Strode.

También es la primera vez que un personaje se propone encontrar a Jason para cargárselo en lugar de simplemente toparse con él y convertirse en víctima de su agresividad mal gestionada. Rob Dier pretende vengarse de Jason por el asesinato de su hermana pequeña, Sandra, que acabó hecha un shish kebab junto a su novio Jeff en la segunda parte. Os podéis imaginar lo bien que le sale el plan. Esa conexión familiar entre personajes de distintas películas es nueva en la saga y crea una cierta sensación de continuidad en la historia, a pesar de que con cada entrega surgen más incongruencias.

Por último, y como giro final, en este caso no es Trish, la última superviviente, quien da el finiquito a Jason, sino su hermano Tommy, que se trasquila el pelo para parecerse a Jason cuando era un crío y jugar al despiste. No acaba de entender por qué narices a Jason le confunde ver a otro niño calvo hablándole como si fuera él mismo, pero el caso es que la treta funciona, y en cuanto se despista, Tommy lo ataca usando su herrumbroso machete y luego, por si las moscas, lo remata con saña al grito de "¡Muere!", todo ello ante la consternada mirada de su hermana. De esta los ingresan en un instituto de salud mental para jóvenes.

Al final, la película expone sin sutilezas que, aunque Jason haya muerto, su franquicia de homicidios a domicilio sobrevivirá en el traumado Tommy.

Por lo tanto, a pesar de que el grueso de la cinta sigue la fórmula habitual de escabechamiento juvenil, no se puede decir que no intentará hacer cosas nuevas.

Ah, sí, y también sustituyeron los porros por cerveza Coors. Eso sí que es original.

Puntuación: 7/10

As long as we got each other
We got the world spinnin' right in our hands

Sangre: La tercera parte puso alto el listón del gore, y por ese motivo creo que hay que ser más exigentes con las películas posteriores que con las que la precedieron. A estos efectos, por desgracia, el pretendido capítulo final, pese al regreso de Tom Savini como artista de efectos especiales, se queda corto. Una vez más, la culpa no fue del equipo ocupado en rodar la película, sino de los tijeretazos metidos en posproducción para rebajar la calificación por edades. Los cortes no llegan a los extremos cursis de la segunda parte, pero siguen robándonos estertores, sangre, crujidos de huesos y otros elementos aparentemente nimios, pero que aportan ese plus de crudeza que busca el fan de lo grotesco y lo macabro. Además, es una lástima que el trabajo de Savini y su equipo no pueda apreciarse de forma íntegra, salvo en el material extra de las ediciones para vídeo doméstico.

Con todo, el número de fallecidos (catorce en total, si contamos al propio Jason), la coloca en el podio de esta tetralogía. Y la ristra de muertes no empieza con mal pie. Durante su breve estancia en la morgue, Jason raja la yugular al forense con una sierra quirúrgica antes de aliviarle definitivamente cualquier contractura que pudiera tener en el cuello, y acto seguido abre en canal a una enfermera con un bisturí mientras la sostiene contra una pared. Luego, en el camino de vuelta a Crystal Lake, para no perder las buenas costumbres, atraviesa el cuello a una autoestopista aficionada a los plátanos por la nuca, demostrando que el potasio no es un remedio eficiente contra el acero en la epiglotis.

A partir de aquí, la matanza del "hatajo de cachondos" presenta serios altibajos. La primera víctima de la remesa juvenil es la liberal Samantha, que está tumbada en una balsa, relajándose con el culo al aire a la luz de la luna como hace cualquier hijo de vecino, cuando la punta de un cuchillo le asoma por el espinazo. Su novio, Paul, descubre el pastel e intenta poner agua de por medio, pero, antes de que escape, Jason lo convierte en una banderilla humana empalándolo con un bichero. Estos asesinatos saben a poco.

La cuesta abajo se vuelve más pronunciada con las siguientes muertes, que se producen fuera de cámara: del asesinato de una de las gemelas (sí, gemelas) solo presenciamos la sombra que arrojan Jason y ella sobre la pared cuando la ensarta por la espalda, y la señora Jarvis simplemente grita a cámara antes de desaparecer para siempre de la película (en teoría, podría seguir viva y haberse fugado a Nuevo México).

Por suerte, la creatividad repunta cuando Jason se carga a Jimmy, al que clava la mano con un sacacorchos en la tabla de cortar para acto seguido rematarlo hundiéndole un cuchillo de carnicero en el rostro; por no mencionar que, con gran espíritu decorativo, también lo crucifica en el marco de una puerta para evitar que los otros supervivientes escapen. Merece la pena destacar que a Jimmy lo interpreta Crispin Glover, que está zumbado, y que el personaje está obsesionado con comportarse como un "impotente" (siempre usa esa palabra, y no creo que signifique lo que él cree).

Más espectacular, aunque para nada sangrienta, es la despedida de la otra gemela, a la que Jason arroja desde la ventana de la segunda planta y ve estamparse contra el techo del coche que hay aparcado junto a la casa. Mis aplausos para la doble que hizo esta toma, aunque hay otro salto al vacío todavía mejor.

Llegados a este punto, entramos en una zona de aprobado raspado. A Ted, el graciosete del grupo, le llega su hora cuando Jason interrumpe su sesión de cine erótico de los años veinte y le clava un cuchillo en el cogote a través de la pantalla del proyector; Doug, el guaperas, descubre que la música no amansa a las fieras cuando Jason interrumpe sus cánticos en la ducha y le empuja contra la pared, despachurrándole la nariz con su manaza monstruosa; y la tímida y enamoradiza Sarah, recién perdida su virginidad, prueba el método anticonceptivo definitivo cuando huye aterrorizada hacia la puerta y un hacha lanzada a conciencia le parte literalmente el corazón. Ante esta acumulación de cadáveres, a Rob le entran las ganas de hacerse el macho delante de Trish y baja al sótano en busca de Jason, donde este le enseña amablemente un uso alternativo, aunque insólito, de los rastrillos de jardín. Todo suena mejor de lo que se ve en pantalla.

Curiosamente, los instantes más horripilantes y gráficos de la cinta los sufre el propio Jason, al que Trish le hace la pedicura con tan poco cuidado que le abre la mano por la mitad, y que poco después se encuentra la horma de su zapato en Tommy, que le birla el machete y se lo incrusta en la cabeza hasta la linde del ojo, de tal forma que, cuando cae de rodillas y el mango del arma hace tope con el suelo, la cabeza se desliza filo abajo con patética y grotesca parsimonia. Precioso.

Puntuación: 6/10

-Ay. Esta es la última vez que me agacho para recoger una moneda del suelo.

Sustos: Más de lo mismo y no mejor: falsas alarmas y sobresaltos que ya hemos vivido con anterioridad, incluidos los provocados por cuerpos arrojados en el momento más "inesperado" a través de alguna ventana (en la década de 1980, las cristaleras debían de estar siempre de oferta). Ni siquiera la fría mirada a cámara de Tommy mientras abraza a su hermana, antes de que se congele la imagen y pasemos a créditos, me provoca más reacción que un resoplido de resignación.

El único personaje que llega a preocuparme es Gordon, el golden retriever de los Jarvis. Tengo mala memoria y uno nunca sabe cuando una película de terror se atreverá a dar el paso de matar al perro. No lo hicieron en la segunda, pero el miedo permanece.

Puntuación: 4/10

¿Nadie le ha dicho que es de mala educación mirar fijamente?

Sexo: Lo que baja el nivel de hemoglobina y tensión, sube el de cochinería. Permitidme que haga recuento: el vídeo de aeróbic, la enfermera morreándose con el forense, voyerismo juvenil, traseros en minifalda, ¡gemelas!, baños nudistas unisex (de día), baños nudistas en solitario (a horas intempestivas de la noche), sexo en la ducha con las nalgas pegadas a la mampara, conversaciones de alcoba...

Estamos ante un despliegue de revolución hormonal que, pese a no contar con ningún momento álgido como el de la segunda parte, para nada es desdeñable.

Puntuación: 8/10

Las gemelas de (Not So) Sweet Valley.

Jason Voorhees: A primera vista, no hay muchas diferencias entre este Jason y el de la tercera parte. Incluso la máscara, en un alarde poco frecuente de continuidad, conserva el corte que le hizo Chris en el desenlace de esa película.

Sin embargo, lo cierto es que sufrir una experiencia cercana a la muerte ha afectado a Jason más de lo que aparenta su acostumbrada actitud homicida. Un examen concienzudo revela que su paso por la morgue lo ha dejado algo pocho: tiene la piel macilenta y las uñas ennegrecidas, se le ve más "correoso" que un filete de pensión barata, y parece que hubiera sufrido una considerable pérdida de volumen en el tronco superior. Es casi como si fuera una persona completamente diferente debajo del disfraz.

Su ropa también ha conocido tiempos mejores y no le vendría mal un lavado en la tintorería. Una cosa es que sus víctimas nunca le oigan acercarse, y otra que no puedan oler el tufo que echa esa camisa a kilómetros de distancia.

El modus operandi se mantiene más o menos igual, pero hay detalles que delatan una mayor planificación por su parte, como romper el rifle con el que Rob pensaba darle caza, cortar las líneas telefónicas o comprar acciones de Home Depot.

Además, su resistencia ha subido un nivel en la escala de lo sobrenatural. Ya no reniega en arameo ni suelta a su presa a la primera de cambio (ni siquiera cuando le están acuchillando el brazo), soporta con estoicismo un corte en la mano que da mucha grima, y apenas sufre una ligera conmoción cuando le estampan un televisor de caja en la cabeza (esto no tiene tanta gracia con las pantallas planas que hay ahora). La evolución continúa.

Puntuación: 6/10

-Buf. Menos mal que es la mano izquierda.

Miscelánea: Aunque hay momentos de la cinta que no encajan en las categorías anteriores, no sería yo mismo si los ignorase. El primero lo he mencionado ya de pasada, y es la espectacular huida de Trish durante la confrontación final con Jason. Al igual que la gemela defenestrada, pero por su propio pie, Trish salta a través del cristal de una de las ventanas de la segunda planta de la casa para esquivar a Jason y así dar tiempo a su hermano Tommy para escapar. Desde ahí cae sobre la terraza, rebota, rompe la barandilla con las piernas y se precipita con las bragas al aire sobre la colchoneta malamente disimulada con hojarasca que la espera en el suelo. Hacer una toma así sin el cuerpo forrado de almohadillas protectoras, por mucha colchoneta que hubiera debajo, es digno de ovación.

El golpe de tablón al final es el remate perfecto para esta dolorosa acrobacia.

El segundo momento que no puedo obviar es, por supuesto, el indescriptible baile que ejecuta Jimmy antes de que comience la masacre. Es más, es un hecho científico demostrado que nadie puede hablar de esta película sin mencionar este esperpento. Y aunque las palabras jamás harán justicia a semejante despliegue de descoordinación motriz, digamos que los movimientos que ejecuta Crispin Glover podrían descoyuntarle las extremidades a un ser humano normal y están muy lejos de ir al compás de la canción que suena en esta escena (porque, de hecho, no es la canción que el actor estaba escuchando durante el rodaje).

Jimmy, la Elaine Benes de Viernes 13.

VALORACIÓN FINAL: ★★★½

11 comentarios

  1. ¿Conseguirá ETdlB que por fin vea una saga de películas que de pequeño me daba miedo y de mayor pereza? Probablemente no, pero la de cultura pop que estoy adquiriendo no me lo quita nadie.

    ResponderEliminar
  2. Lo más interesante es ver como Jason se va haciendo más y más inhumano en cada secuela.

    Había por ahí una teoría que decía que la madre de Jason era una bruja y que Jason era medio demonio, de ahí su aspecto deforme. Durante los asesinatos de la primera película eran parte de un ritual por el que la madre los ofrecía como sacrificios para traerlo, teniendo éxito al final de la película aunque no pudo verlo. En la segunda película Jason intenta devolver a su madre recreando el ritual, de ahí el altar dedicado a esta aunque no lo consigue a su desconocimiento de este haciendo que en su lugar aumente su vitalidad, pundiendo resucitar por si mismo en la 3ª, donde hace el ritual funciona parcialmente, la madre sólo está viva unos minutos, lo suficiente para revivir a Jason para la 4ª película a partir de la cual Jason ya no consigue realizar el ritual para traer de vuelta a su madre, en lugar de eso su vitalidad aumenta con cada persona que mata.

    ResponderEliminar
  3. Tenía esta saga pendiente desde hace mucho. De niño vi Jason X y Freddy vs Jason, y aunque me vi un par de peliculas más de Pesadilla en Elm Street, de Jason nunca vi más. Ahora me has hecho ver cuatro del tirón y ya he visto por twitter que ya vas por la quinta. No se si voy a ser capaz de seguirte el ritmo de ahora en adelante, pero con estas 4 películas y sus respectivas reseñas me lo he pasdo bastante bien.

    ResponderEliminar
  4. El sistema de comentarios de blogger va mal, es la tercera vez que escribo este comentario...
    Conocí a Jason en el zombies ate my neighbor, De pequeño jamás habría visto esto, era miedoso, hoy con casi 40 disfruto leyéndolo con tu óptica, tipo dela brocha

    ResponderEliminar
  5. Aco: Dale una oportunidad a las buenas, que a lo mejor te gustan. Miedo dan poco (o ninguno, si eres aficionado al terror) y entretienen.

    Anonimatus: Lo de las teorías para resolver las incongruencias de la saga me encanta. Son loquísimas.

    Alvaro: ¿Has visto las cuatro? ¡Hala! Pues me alegro. Una experiencia que hemos compartido. Si quieres seguirme el ritmo, tienes, como poco, hasta la semana que viene para ver las cuatro siguientes. Piensa que tú al menos no tienes que escribir los artículos.

    Garou: Gracias por el comentario y por la perseverancia. ¿Con qué navegador te ha fallado? A mí Chrome me ha dado problemas alguna vez y los he resuelto borrando las cookies.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola tipo, firefox y/o duck duck go, pero creo que da igual, el tema es que nunca me recuerda el usuario, me borra lo escrito al identificarme y además, cuando logro escribir le doy a la tecla de cerrar sesión! jejeje

      Eliminar
    2. Hmmmm... Puede tener relación con la configuración del navegador. Qué lástima. Recordaré sentir más agradecimiento cuando comentes.

      Eliminar
  6. Primero una entrada sobre el videojuego de Elvira, y ahora un especial dedicado a viernes 13, mi saga de películas slasher favoritas? Tipos de la brocha, me está usted alegrando la cuarentena a base de bien ^_^

    ResponderEliminar
  7. Menudo repaso te quieres pegar con estas pelis. Debe encantarte mucho la saga para atreverte a algo así. Yo es que no soy muy fan de los slasher. He visto algunas cuantas como Halloween, pero poco mas. No sé, no me llaman mucho la atención. En fin, por lo menos tus reseñas son como siempre muy divertidas. Me gustan tus métodos de evaluación con nivel de sustos, sangre y sexo, los baluartes del genero!!!

    Un saludo y espero la segunda parte con ganas.

    ResponderEliminar
  8. Rokugo: Jo, me alegro yo también. ¡Gracias! :_)

    JoakinMar: El slasher no es un género para todo el mundo, eso es así. Qué bien que al menos sí te gusten estas reseñas. ¡Muchas gracias!

    ResponderEliminar
  9. Cual es la pagina que usaste para el tier de las peliculas?,la pagina de la primera foto

    ResponderEliminar