3 de agosto de 2020

Reseñas de películas: julio 2020


A continuación tenéis las reseñas de las películas que he visto en julio mientras mutaba en una masa de carne derretida, sudorosa y balbuceante que se escurría del sofá y se desparramaba por el suelo.

Para estar al día, podéis seguirme en Twitter y Letterboxd. Hacedlo antes de que termine de fundírseme el seso.

Los cronocrímenes (2007) ★★★½

Es difícil escribir una sinopsis de esta película sin quitarle al menos parte de su gracia, pero la historia va de un tipo corriente que está pasando el la tarde tranquilamente en su chalé y, sin comerlo ni beberlo, se ve envuelto en un tremendo embrollo de viajes en el tiempo en el que también está implicado un asesino que parece sacado de un slasher ochentero (algunos dirán que un un slasher ochentero cuqui, pero el rosa es el color de los soldados, que no os engañen).

Toda la historia transcurre en el campo, solo hay cuatro actores, y es evidente que contaban con un presupuesto bastante limitado (limitado tirando a escueto, tirando a "aseguraos de que no se queden las vueltas del pan"); pero la dirección de Nacho Vigalondo es eficiente y el guion vale su peso en oro.

Tan pronto como comienzan los viajes en el tiempo, la película te mantiene al borde del asiento, y cuanto más avanza la trama y más se complica, más atento y menos dispuesto a perderte detalles estás. Setup and payoff es la directiva principal y se sigue a rajatabla. Todo está perfectamente hilvanado y nada es gratuito.

Salvando algún reacción poco creíble (prefiero pensar que la gente en la vida real actúa con más sentido común que los personajes de esta película), lo único fallido son las interpretaciones, que, o bien me dejan indiferente, o bien me provocan vergüencita.

También me habría gustado una resolución más potente, pero ese es mi problema.

Mafalda: La película (1982) ★★½

Desde pequeño y prácticamente hasta que empecé a ir a la universidad, cada verano, aprovechando que las vacaciones duraban cerca de tres milenios, me leía la colección completa de Mafalda de mi madre. Era aquella edición publicada por Lumen en formato apaisado, con las cubiertas de cartón cuarteadas y las hojas amarilleadas por el paso de los años. No era la única colección que revisitaba una y otra vez, pero sí una de las pocas en las que, cuanto más mayor me hacía, más chistes pillaba y mejor entendía las historietas.

Pese a su evidente atractivo para el público infantil y los valores universales que defiende, lo cierto es que la obra más popular de Quino solo puede entenderse bien siendo adulto. Si me apuráis, incluso es necesario tener cierta idea del contexto en el que se dibujó para interpretarla sin caer en revisionismos. Mafalda, el personaje, vive en pugna con las injusticias y el conformismo de la Argentina de los años setenta (que en el fondo no son muy diferentes de los que podemos encontrar actualmente en cualquier lugar del mundo), y, bajo una apariencia inocente, sus tiras contienen mensajes políticos y sociales de una fuerza extraordinaria.

Hace ya mucho tiempo que no leo Mafalda cada año; pero nunca pasan muchos meses sin que recuerde alguna tira en particular.

La película se estrenó casi diez años después de que Quino dibujase la última tira de prensa, publicada el 25 de junio de 1973. Pero no es la clase de película a la que uno está acostumbrado. Se trata de una sucesión ininterrumpida de cortos que reproducen las historietas en formato animado, sin introducir cambios destacables ni buscar un enfoque diferente. No hay una historia propia ni hilo conductor alguno. Son las tiras tal cual se publicaron en prensa puestas una detrás de otra. Y, teniendo en cuenta que cada tira de Mafalda suele tener cuatro viñetas, eso significa que en hora y veinte de metraje caben más historietas de las que una persona normal puede digerir.

Ni siquiera los defensores recalcitrantes de las adaptaciones fieles pueden pensar que esto funciona. Yo desde luego no lo pienso. Aprecio el respeto con el que los dibujantes del estudio trasladaron el trazo de Quino al celuloide, pero la película no aporta nada que no estuviera ya en las tiras y, por la propia naturaleza del medio, el humor es menos efectivo.

Leed las historietas.

Terminator: Destino oscuro (2019) ★★

¿"Destino oscuro"? ¿De verdad? ¿Querían que hiciéramos el chiste fácil? Porque ahí es donde lleva aparcada la saga desde Terminator 3.

Tim Miller hizo un buen trabajo en Deadpool, y con Love, Death & Robots creó una antología de ciencia ficción resultona. Pero ningún director sería capaz de sacar provecho de semejante guion. Demasiados pares de manos diferentes escribiendo y demasiadas cabezas iluminadas aportando ideas para lo que no deja de ser la enésima versión de Terminator 2.

"Creo que se nos ocurrieron algunas ideas frescas", decía James Cameron en una entrevista.

No, no se os ocurrieron, Jim. No mientas. Esta es otra vez la misma película que hiciste a principios de los noventa, pero peor. Ahora en lugar de tener a Sarah Connor y un T-800 hackeado protegiendo a John Connor de un T-1000, tenemos a Grace (una humana "aumentada"), Sarah Connor y un T-800 arrepentido protegiendo a Daniela Ramos de un REV-9. Qué original.

No voy a negar que en su día me dormí viendo Terminator: Salvation, pero al menos en esa película intentaron ir por otro camino.

Con todo, la primera parte de esta nueva entrega no está mal. Tiene un arranque fuerte y, aunque te equivoques, aún puedes permitirte el lujo de pensar que habrá algún giro y harán algo diferente. También me gusta el personaje de Grace, quizá porque las primeras impresiones son importantes y la suya pasa por verla como Dios la trajo al mundo zurrando a unos policías.

El resto es mediocre y olvidable. Los diálogos parecen sacados de un primer borrador, las secuencias de acción son anodinas, los personajes recreados digitalmente se asemejan a muñecos de plastilina y las escenas nocturnas tienen un aspecto feo y mugroso.

No hay viaje en el tiempo que devuelva la vida a esta saga.

Noche de bodas (2019) ★★★½

En su noche de bodas, Grace tiene que jugar a un juego elegido al azar para que la excéntrica y pudiente familia de su marido la acepte. Lo que podría haberse quedado en una simple anécdota se convierte, sin embargo, en una macabra pesadilla cuando el destino reparte las cartas y se revela el lado más diabólico de esta tradición familiar.

Esta sátira sangrienta es totalmente mi rollo. Una producción modesta, con una premisa original, que se desenvuelve estupendamente en el difícil género de la comedia de terror, y que incluso se permite poner sobre la mesa una pizca de crítica social.

Además, me temo que he desarrollado un extraño y muy específico fetiche por las mujeres vestidas de novia que, sin quererlo ni beberlo, se ven involucradas en situaciones de riesgo con resonancias siniestras. Y Samara Weaving está que se sale en el papel de novia en apuros. Descubrí a la actriz en Ash vs. Evil Dead, llamó mi atención en The Babysitter, me encandiló como asesina pirada en Guns Akimbo, y con Noche de bodas me ha conquistado por completo. Hasta su risa porcina me parece encantadora.

La única pega que tengo es que la cinta no transmite adecuadamente el paso del tiempo, y eso le resta algo de tensión, ya que el tiempo es un factor esencial en la trama. Aun así, es un problema menor que no afecta a lo divertida que es.

Bienvenidos al fin del mundo (2013) ★★★★

Cinco amigos de la infancia se reúnen después de veinte años para intentar conquistar en una noche la Milla de Oro: doce pubs, a una pinta por pub, un "largo camino de indulgencia alcohólica". ¿Qué puede salir mal?

He visto Zombies Party y Arma fatal dos o tres veces cada una, quizá más; pero, entre falta de ocasión y olvidos inexcusables, aún tenía pendiente la tercera y última parte de la llamada trilogía del Cornetto. Mi favorita de las tres sigue siendo Arma fatal, pero Bienvenidos al fin del mundo no se queda atrás. Es brillante, muy personal y destila buena parte de ese singular encanto rural británico.

Mi experiencia además ha sido doblemente satisfactoria por un factor que no pensé que fuera a ser relevante: mi bendita ignorancia. Es raro que me ponga una película sin saber ni siquiera de qué va, pero en esta ocasión no vi el tráiler, no leí la sinopsis, no me fijé al póster y, aunque había oído algunos comentarios en vídeos y podcast, no me acordaba de ningún detalle. En mi cabeza solo había un chivato parpadeando que me decía "vela ya, no te hagas el remolón".

Por lo tanto, os puedo asegurar que el giro que hay alrededor del minuto cuarenta me dejó con la boca abierta y el culo torcido. Hasta ese instante, pensaba que estaba viendo una ágil y divertida comedia inglesa que aprovechaba un argumento sencillo y con gancho para tratar temas que a todos nos tocan, como la madurez, la amistad o la alienación que uno puede sentir cuando se da cuenta de que los lugares y la gente que conocía han cambiado y nunca volverán a ser los mismos.

Lo que no sabía ni podía imaginarme era el género cinematográfico del que se iban a servir Edgar Wright y Simon Pegg para transmitir también sus reflexiones sobre la humanidad o el libre albedrío. Y me chifla cuando una película me sorprende. La última vez que me pasó fue con One Cut of The Dead, y no me cansaré nunca de esa sensación. Quedarme patidifuso, no olerme la tostada, siempre me hace congraciarme con el cine, por mucha película mala o mediocre que exista.

Por eso, no voy a estropear a nadie la sorpresa. ¿O decir que hay una sorpresa ya la estropea? Mecachis. Qué encerrona.

La carretera (The Road) (2009) ★★½

Hay dos tipos de películas postapocalípticas: las que molan y las que no. Las primeras suelen tener punkis motorizados, zombis, simios parlantes, asesinos cibernéticos o algún otro componente lo suficientemente colorido como para que el realismo sea la última de tus preocupaciones. Las segundas se toman su planteamiento demasiado en serio y rara vez son divertidas.

La carretera pertenece a este segundo grupo de películas y, a nuestro pesar, nos transporta a un mundo moribundo, gris y plomizo, en el que las plantas y los animales están kaput. Los pocos humanos supervivientes se alimentan de conservas en lata y de la clase de exquisiteces que solo catarían unos jugadores de rugby uruguayos tras quedarse atrapados en los Andes. Es como The Walking Dead, pero sin no-muertos y con la dificultad del entorno fijada en nivel ultrapesadilla.

Dicho esto, la película es buena. Tiene una dirección impecable, sus planos son de una belleza desoladora, las interpretaciones conmueven, y el tratamiento que hace de determinados temas te pesa por dentro. ¿Quién sabe?, quizá sea una obra maestra. Pero no la he disfrutado en absoluto. De hecho, dudo que alguna vez llegue a tener el estado de animo necesario para poder disfrutar de obra tan mortecina y desalentadora como esta. De ahí que le dé semejante birria de puntuación. Es una advertencia a mi yo del futuro para que no vuelva a verla y caiga en una espiral de desesperanza.

De todos modos, gracias por la sopa y los Cheetos.

La vieja guardia (2020) ★★★

No puedo juzgar esta película como adaptación del cómic de Greg Rucka, porque no lo he leído (aunque supongo que, habiendo firmado él mismo el guion, será bastante fiel). Lo que sí puedo decir es que esta es la clase de blockbuster veraniego que iría a ver al cine solo si no hubiera en cartelera ningún estreno que realmente estuviera esperando. Te adereza dos horitas estupendamente y, cinco minutos después, ya te has olvidado de ella.

No hay momentos que vayan más allá de lo esperable. Si descontamos a la siempre divina Charlize Theron, la premisa es lo único digno de mención. No es que no hayamos visto antes a guerreros inmortales combatiendo a través de las eras (¿cómo olvidar al bizco Connor MacLeod y su colega Ramírez?), pero al menos aquí se introducen los suficientes elementos de mito y carácter para que parezca que estamos ante algo nuevo. Además, todos los personajes principales tienen su trasfondo y también se lidia acertadamente con el problema de que Theron y su equipo vayan por ahí bajo los efectos de la estrella del Super Mario Bros., evitando así que la tensión dramática se disipe por defecto.

¿El argumento en sí? Nada del otro mundo. Un grupo de mercenarios inmortales que llevan siglos combatiendo por el bien de la humanidad (y evitando a los abogados de Disney para que no les demanden por ser imitaciones baratas de Lobezno) son perseguidos por una farmacéutica que quiere monetizar su poder. Al mismo tiempo, una nueva inmortal aparece en el mapa para que alguien pueda pedir las explicaciones que necesita el espectador. Tramas básicas y villanos arquetípicos.

En cuanto a las escenas de acción, tenemos peleas y asaltos, y en ellos se combinan de forma fluida los combates cuerpo a cuerpo con los tiroteos con armas automáticas. Por momentos, puedes pensar que estás viendo John Wick, pero sin su originalidad ni una micra de su estilo.

La vieja guardia es como aquellas cintas de acción de bajo presupuesto que acababan teniendo más éxito en el videoclub que en la taquilla. Quizá habría sido mejor miniserie que película, sobre todo teniendo en cuenta el previsible epílogo.

Cocodrilo (2000) ★

No he conseguido terminar de ver esta película. El calvario de la primera hora me llevó a la conclusión de que podía invertir mejor mi tiempo y hacerme menos daño arreando rodillazos a la esquina de la mesa o clavándome astillas debajo de las uñas.

¿Es injusto valorar una película sin haberla terminado? Quizá. Pero no podía soportar ni un segundo más sin arrancarme la piel de la cara a tiras.

Hay muchos elementos de este tubérculo audiovisual que me desesperan, pero, por encima de todo, detesto a cada uno de los chavales descerebrados que lo protagonizan. Los aborrezco y desprecio desde los dedos de sus pies descalzos hasta las puntas lacadas y tintadas de sus pelos, y no hay un solo instante, ni siquiera un mísero cronón, en el que no desease verlos morir de la forma más cruenta imaginable.

Pensaréis tal vez que, como la cinta pertenece al maravilloso subgénero de animales asesinos, donde uno puede ponerse fácilmente del lado de la bestia antropófaga, el reparto humano es lo de menos. ¡Pero es que el cocodrilo tampoco ayuda a pasar el trago! Puedes contar con los dedos de una mano los minutos que aparece en pantalla, y, en cada sucinta aparición, da más o menos el mismo miedo que el tope de una puerta. Ni siquiera sé cuál de sus versiones me gusta menos, si la del muñecote anfibio de movilidad reducida, o la del esperpento digital de credibilidad nula.

Eso sí, ahora puedo afirmar que a Tobe Hopper no se le caen los anillos por dirigir un directo a vídeo. Hay que pagar las facturas.

The Vast of Night (2019) ★★★★

Una película aparentemente sencilla, dirigida y escrita por dos absolutos desconocidos, pero que hace un uso magistral del lenguaje cinematográfico para conseguir mucho con muy poco.

Presentada como si fuera un episodio semanal de la serie The Twilight Zone (aquí llamada Paradox Theater), la historia tiene lugar a finales de los años cincuenta, en el típico pueblecito americano de la frontera, y trata sobre una operadora telefónica y un locutor de radio que, durante una noche tranquila en la que la mayoría de vecinos están asistiendo a un partido de baloncesto local, escuchan un extraño ruido de estática, procedente de una fuente desconocida. Como de otra forma no habría película, deciden investigarlo.

El argumento está trilladísimo. Lo hemos visto docenas de veces, en cine, televisión y literatura. No hay nada nuevo en ello, y cualquier aficionado al género de ciencia ficción sabrá enseguida por dónde van los tiros. Además, la producción es modesta. El peso de la trama recae en dos actores y las localizaciones son limitadas, lo que se traduce en una sucesión de escenas de gente hablando en habitaciones pequeñas, a veces sin tener siquiera a otra persona delante. La película comienza con un ágil plano secuencia y un diálogo a ritmo de ametralladora, pero, tras esa primera impresión, la cocción es lenta y reposada.

¿Dónde está la gracia entonces? En la ejecución, tremendamente estudiada y cautivadora. Cada plano, cada movimiento de cámara, cada diálogo, cada gesto... todo está pensado para meterte de lleno en este mundo y hacerte partícipe del misterio, consiguiendo que te involucres en la trama como si fueras un personaje más y que te mantengas pegado a la pantalla, comido por la intriga, hasta el fascinante clímax.

Todo el que haya sentido una mínima curiosidad por los entresijos de la ficción sabe que la originalidad no radica en lo que se cuenta, sino en cómo se cuenta. The Vast of Night lo demuestra haciendo uso de todas las herramientas a su disposición para ofrecer, sin alardes, una experiencia única a partir de una premisa básica y recurrente. Para mí ha sido una sorpresa.

It: Capítulo 2 (2019) ★★★

Veintisiete años después de los eventos de la primera película, el Club de los Perdedores regresa a Derry para enfrentarse otra vez al payaso cósmico asesino Eso, que es como la moda: cíclico y se queda obsoleto de una temporada para otra.

Cuando salieron las primeras noticias y luego los avances de este segundo capítulo, recuerdo haber pensado que tenía una pinta prometedora. Habían escogido al nuevo reparto con un tino excepcional, y las imágenes lucían al menos tan bien como las de la primera película. Aun así, todos eramos conscientes de que lo tenía difícil para repetir el éxito de esta.

Cualquiera que haya leído la novela de Stephen King, o incluso visto la miniserie de 1990, sabe que la parte de los adultos es la más floja. Funciona indudablemente mejor en la novela porque se alterna con la parte de los críos, tratando en paralelo ambas líneas temporales; pero ese tipo de estructura es complicada de llevar en un largometraje y nadie ha apostado aún por sacar una serie como Dios manda para poder abordar una adaptación fiel en ese sentido. Aun así, aunque el encanto inherente a la pequeña pandilla de amigos se pierde con el cambio de guardia, sigues teniéndoles simpatía y el trasfondo de los personajes está bien planteado y correctamente desarrollado; todos crecen de alguna forma en el transcurso de la película. Es más, a la cinta ni siquiera puede achacársele la ausencia de los niños, porque todos repiten papel en varias secuencias introducidas a modo de flashback (digitalmente rejuvenecidos para la ocasión, porque cuando la pubertad ataca, nacen los verdaderos monstruos).

Por otro lado, tampoco puedo decir que me moleste que solo haya una escena de miedo que sea efectiva (la de la niña bajo las gradas). Habría preferido ver una adaptación de It que no pareciera la versión no recomendada para menores de 18 años de Pesadillas, pero puedo congraciarme fácilmente con una película de fantasía con un tono siniestro, aunque no alcance las cotas deseables de tensión.

Lo que me da rabia es tener que tragarme una cinta de casi tres horas en la que la mitad de las escenas son puro artificio y no aportan nada a la historia ni a los personajes. La sucesión de escenas de "terror" individuales que tienen lugar después de que los protagonistas se separen pueden gustarme más o menos (visualmente todas son atractivas y Skarsgård es un Pennywise cojonudo), pero su gratuidad es evidente y podrían haberse eliminado del montaje.

Tres cuartas partes de lo mismo podría decirse del personaje de Bowers. Al igual que en la novela, Eso le ayuda a escapar del psiquiátrico para que asesine a los Perdedores; pero, tras un par de encontronazos fallidos, desaparece del mapa sin haber tenido impacto alguno en la historia. Su huella se reduce a ser uno de los elementos del discurso de Richie para convencer a Eddie de que tiene más coraje del que piensa.

A pesar de todo, la dinámica entre los personajes funciona de maravilla, el diseño de producción y la cinematografía son excelentes, y no hay momentos aburridos. Solo hacía falta trabajar más el guion para dejarlo todo mejor atado y pulido.

Superman (1941) ★★★½

A principios de la década de 1940, en plena edad dorada de la animación americana, los estudios Fleischer produjeron una serie de cortometrajes basados en los cómics de Superman, que ya había hecho sus pinitos en los programas radiofónicos y gozaba de una sana popularidad entre el público juvenil.

Los estudios Fleischer fueron unos pioneros en la industria y siempre mantuvieron unos elevados estándares de calidad en sus producciones. Cualquiera que haya visto los dibujos de Popeye de los años treinta reconocerá en esta incursión superheroica el mismo estilo de animación, melodías que suenan extrañamente familiares e incluso algunos indicios de su humor.

Pero hablemos de Superman. "Más rápido que una bala. Más potente que una locomotora. Capaz de superar edificios altísimos de un solo salto". Ya entonces el personaje era el mismo que todos conocemos ahora: un visitante del planeta Kyrpton de asombrosa fuerza que luchaba "en pos de la verdad y de la justicia", y se ocultaba bajo la identidad del "tranquilo y tímido" periodista Clark Kent. Y a pesar de que en las historietas aún pegaba enormes brincos para desplazarse de un lugar a otro, en estos cortos empezó a volar. Sobra decir que el cambio cuajó.

Las aventuras, eso sí, no tenían la complejidad a la que aspiran ahora la mayoría de tebeos de superhéroes. Además, duraban un suspiro, lo justo para presentar la amenaza y que el último hijo de Krypton le pusiera fin.

En el primero de estos cortometrajes, Superman se enfrenta a un científico loco que secuestra a Lois Lane y, no contento con eso, utiliza un rayo para sembrar la destrucción y el pánico en la ciudad. Hay un momento en el que Superman se lía a puñetazos con el rayo (insisto: CON EL RAYO, no con el cañón que lo dispara), y, francamente, creo que eso es todo lo que una persona decente necesita saber antes de decidir si ver o no este corto.

Superman: Los monstruos mecánicos (1941) ★★★½

Un inventor loco (si fuera científico, llevaría bata, y no la lleva) utiliza a su batallón de "monstruos mecánicos" para robar dinero y joyas. Estos robots voladores, hechos a prueba de balas y equipados con lanzallamas, podrían haber cambiado el curso de la Segunda Guerra Mundial, y su inventor indudablemente habría ganado una fortuna mayor vendiendo la patente al Tercer Reich que atracando bancos, pero es un inventor LOCO, no un maldito nazi. Durante uno de los robos, Lois se cuela dentro del monstruo mecánico que está cometiendo la fechoría para cubrir la noticia (hay que admirar su profesionalidad), y Superman acude al rescate.

Ver al Hombre de Acero convertir en chatarra a un puñado de autómatas metálicos es divertido, pero no hay estampa más épica en este cortometraje que la de Superman arrollidándose con la capa desplegada para proteger a Lois de una cascada de lava.

¿De qué narices esta hecha esa capa?*

* No hace falta que contestéis. Me vale cualquier teoría: desde que el uniforme está confeccionado a partir de las mantas kryptonianas que envolvían al pequeño Kal-El cuando llegó a la Tierra, hasta que el propio Superman genera un campo de fuerza a su alrededor que se extiende a su uniforme. También admito el argumento de que son solo dibujos animados.

Superman: El tren de un billón de dólares (1942) ★★★

¿Cómo iban a conseguir unos gánsteres de tres al cuarto salirse con la suya y robar un cargamento de oro en las narices de Superman? No es que fuera improbable, es que era de una imposibilidad absoluta y objetiva, sobre todo si estamos hablando de un Superman que hace que las hazañas ferroviarias de su versión cinematográfica de 1978 parezcan juegos de niños.

Lo realmente sorprendente de este corto es ver a Lois Lane hacerse cargo de la situación mucho antes de que llegue su salvador con capa y disparar una ametralladora Thompson para mantener a los cacos a raya. Ya lo decía Gabriel García Márquez: "El periodismo es el mejor oficio del mundo".

Gretel & Hansel (2020) ★★★

Si la tercera incursión de Oz Perkins en el género de terror hubiera sido el episodio piloto de una serie antológica que reimaginase los cuentos clásicos para tratar temas sociales contemporáneos, estaría dando palmas. Como película, se me queda corta. No niego que sea atractiva, y, en concepto, tiene una iconografía potente; pero la ejecución carece de una personalidad acorde con esa fuerza y el guion es demasiado textual para mi gusto.

Hay amagos de virtuosismo en sus planos y la escenografía es impecable y llamativa. Sin embargo, da la impresión de que en su composición pesa más la imitación que el talento, y el resultado no alcanza las cotas de calidad que nos hemos acostumbrado a esperar del buen cine de terror.

Aun así, la ambientación es uno de los aspectos más acertados. Lúgubre, inquietante y con ese aire surrealista de cuento que ya rara vez se ve en el cine moderno. En particular, quiero romper una lanza a favor de la música de Robin Coudert. Sus melodías renuncian a las partituras clásicas a favor del uso de sintetizadores, y tienen una identidad propia y una fuerza cerval que potencian la atmósfera disonante de las imágenes. No es el tipo de música que uno esperaría escuchar en esta clase de película, y con eso me gana.

El mayor lastre de esta cinta es probablemente su literalidad. Las actuaciones de Sophia Lillis y Alice Krige son cautivadoras, y confieren Gretel y a la bruja de la casita de chocolate una profundidad que jamás tuvieron en el cuento, apta y necesaria para contar esta historia de empoderamiento femenino a través de su mirada (o sea, como Hansel y Gretel: Cazadores de brujas, pero bien). Es el propio guion el que hace de menos su papel acotándolo con una verborrea intrascendente. La mediocridad es clamorosa cada vez que se recurre a la voz en off para explicar lo que siente el personaje de Gretel y trasladarnos sus reflexiones, tratando al espectador como si fuera imbécil y privándole de la oportunidad de interpretar lo que ve.

Haciendo balance, aunque la película se acerca a lo que me hubiera gustado que fuera, desafortunadamente nunca llega a serlo. ¿Fue ingenuo esperar de ella que fuera un ejercicio de estilo comparable a La bruja, de Robert Eggers? Sí.

La fortaleza escondida (1958) ★★★★½

Llevo echándole horas al Ghost of Tsushima desde el día que salió, así que era cuestión de tiempo que el gusanillo por las "movidas" de samuráis me animase a ver alguna película de Akira Kurosawa. Pese a no ser la más adecuada para este propósito, escogí La fortaleza escondida porque la tenía a mano y además me apetecía comentar su influencia en La guerra de las galaxias.

A George Lucas pueden echársele en cara muchas cosas (desde las alteraciones a la trilogía original de Star Wars hasta Escuadrón Rojo, pasando por Jar Jar Binks), pero no tuvo ni por asomo el descaro de Sergio Leone cuando, con todo su morro italiano, plagió Yojimbo en Por un puñado de dólares y encima ordenó a todo el equipo que no dijera ni mu. Aun así, hay influencias claras en su obra, y La fortaleza escondida es una de las más importantes y evidentes.

Permease más o menos en Lucas la técnica de Kurosawa tras la cámara, él mismo ha reconocido que C-3PO y R2-D2, así como su papel en la narración, están tomados del filme japonés. La dinámica entre Matashichi y Tahei, los dos codiciosos campesinos a los que acompañamos en su éxodo más allá de las líneas enemigas, inspiró la amistad entre los dos androides, y ambas películas están contadas desde la perspectiva de estas singulares parejas, que forman parte del peldaño más bajo de la sociedad.

Dejando las curiosidades a un lado, de un maestro como Kurosawa solo cabe esperar genialidad y buen hacer. A partir de una premisa sencilla, el director sabe cómo conquistarte con su forma de contar la historia, encadilándote ya desde el primer plano.

Más allá de lo técnico, me maravilla lo bien que compagina la sensación de grandeza con las bajezas del ser humano, el drama con el humor.

También siento fascinación por sus personajes, tan distintos y cargados de matices. Los campesinos son rastreros, pero a la vez entrañables; la princesa mantiene una fachada altiva, pero es fuerte y compasiva; y Toshiro Mifune... es Toshiro Mifune, una fuerza de la naturaleza cuyo ímpetu traspasa la pantalla. ¡Y qué patillas! Incluso personajes secundarios como la chica a la que sacan de la posada o el general enemigo están tan bien construidos que bastan apenas un par de pinceladas para que simpatices con ellos.

Por ponerle algún "pero" a la cinta, el clímax me parece poco convincente (ver a un cuarentón con el físico de George Constanza manteniendo a raya a toda una tropa de hombres armados no está en mi top de escenas creíbles); pero ¿cómo no perdonárselo después del magnífico viaje?

Detective Dee y el misterio de la llama fantasma (2010) ★★★

Por curiosidad, he estado leyendo sobre la saga del detective Dee en la Wikipedia, y resulta que la película que vi el año pasado, The Four Heavenly Kings, es la tercera que se hizo y, a su vez, la segunda precuela; El misterio de la llama fantasma es la primera de la saga, aunque la última en su cronología interna; y la que aún tengo pendiente, El poder del dragón marino, es la segunda película y la primera precuela.

Me fascina saber que ya no las puedo ver de forma más desordenada.

La película es un wuxia detectivesco en el que el crimen son combustiones espontáneas, y el escenario, una impresionante estatua de Buda de sesenta metros. El detective Dee, que ocho años antes formó parte de una rebelión para derrocar a la emperatriz viuda, es liberado de prisión para investigar estas muertes inexplicables antes de su coronación. Para ello contará con la ayuda de Shangguan Jing'er, sirvienta y mano derecha de la regente, y Deng Chao, un oficial albino de la Corte Suprema.

En torno a esta premisa se teje un divertimento ligero y llamativo, desacomplejado y repleto de artificio, que lo último que busca es rigor argumental o histórico. Hay misterio con toques de fantástico, sombreros estrafalarios, combates de artes marciales de esos en los que la gente camina por el aire cuando salta, y giros de guion impredecibles para cualquiera que no esté habituado a la ficción oriental. Es la clase de película que solo podría venir de donde viene.

La herencia Valdemar (2010) ★½

Al poco de iniciar mi andadura profesional, participé en una fase preliminar del proyecto que se convertiría en la dilogía de terror dirigida por José Luis Alemán. Aunque mi implicación fue mínima y terminó mucho antes de comenzar la producción, a mí mismo me extraña no haber visto la película hasta ahora.

Eso sí, pese a que en su momento tuve ocasión de leer un borrador del guion, había olvidado por completo de qué iba. Solo recordaba que era una historia de terror que bebía de los mitos de Cthulhu.

Ahora intuyo por qué me había mantenido al margen durante todos estos años: en alguna parte recóndita de mi subconsciente había quedado grabada una terrible advertencia...

Sin embargo, como me apetecía ver una película con tintes lovecraftianos y aquella advertencia yacía en niveles demasiado profundos del subconsciente como para disuadirme, empecé a ver la ópera prima de Alemán con el mismo optimismo ignorante con el que suelo afrontar cualquier película que no haya visto antes.

A mi favor diré que conseguí mantener ese optimismo más allá de la previsión lógica. Es cierto que los andares de momia karloffiana del primer monstruo que asoma su fea jeta por la mansión Valdemar me dieron más risa que miedo. También lo es que el trueno oportunista que retumba a la señal de una frase ominosa me arrancó una tremenda carcajada y se cargó definitivamente cualquier atisbo de tensión. Pero esa cualidad risible del terror no cambia la debilidad que siento por las viejas mansiones victorianas. Estaba dispuesto a sumergirme en la pretendida atmósfera de la película aunque esta se esforzase en sacarme de ella.

El desengaño sobrevino a partir del momento en que un personaje le cuenta a otro lo que les sucedió a los antiguos propietarios de la mansión. Cuando uno lleva más de media hora metido en una película, lo último que espera es que la trama principal se retire y le deje a solas con un flashback de SESENTA MINUTOS para ponerle al tanto de unos hechos que podrían haberse resumido en cinco. Pero lo realmente inesperado es que el flashback ES la película, porque lo que viene antes y lo que sucede después es solo material para la secuela. Y, como película, es una birria, un prólogo dilatado e introducido a destiempo que no entiende de estructuras ni de ritmos y cuyo clímax es insuficiente.

Las advertencias a futuro es mejor dejarlas por escrito.

Desafío total (1990) ★★★★

¿Está Douglas Quaid soñando o vive realmente la aventura de espionaje con la que siempre soñó? Esa es la incógnita que plantea la película tras todo su violento despliegue y sobre la que podemos debatir durante horas.

Sin embargo, la repuesta es irrelevante. Porque, con independencia de lo que cada uno opine, lo importante es que la reflexión es inevitable y que no hay una respuesta válida. Por eso, y por la forma en que Paul Verhoeven presenta sus propias neuras postmodernas sobre la identidad y la realidad, Desafío total no solo es un gran exponente del cine palomitero americano (aunque el filme lo protagonice un austríaco y lo dirija un neerlandés), sino también una película de autor. La clase de autor extravagante e irregular que es Verhoeven, quiero decir. Siempre se le echará en cara haber dirigido Showgirls.

Pero la cinta no sería la misma sin el carismático Arnold Schwarzenegger. Pese a que este no es el papel más icónico del actor, desde luego es de los que mejor define su persona cinematográfica: un tipo improbablemente cachas, duro como el acero corrugado, con un acento más fuerte que él mismo y que siempre tiene la frase apropiada para poner la guinda a la situación. "Denúnciame, gilipollas" y "Considérate divorciada" son dos de mis one-liners favoritos de su carrera.

No recuerdo haber leído el relato original de Philip K. Dick, pero si lo hice, eso solo demuestra que la adaptación de Verhoeven es más memorable. Y si no lo hice, dudo que me equivoque afirmando que la película es mejor. Fue esta la que nos dio dos grandes referentes de la cultura popular: Kuato (conocido en España como el Jordi Pujol mutante) y la mujer de tres tetas. Esa no es una deuda que tengamos con ningún libro.

Y, por cierto, todo es un sueño y no lo es, así que incluso tienes razón.

10 comentarios

  1. "Arma fatal" también es mi favorita de la trilogía del Cornetto, seguida de esta "Bienvenidos al fin del mundo" que fue irregularmente recibida en su estreno y a mí me encanta.

    "La carretera" hace una traslación bastante buena del libro, pero es que es uno de esas lecturas que se te enquistan y tardas en digerir. Yo lo disfruté muchísimo pero no es para todos los estómagos.

    Has definido muy bien "La vieja guardia", yo pegué un par de cabezadas y no me molesté en rebobinar para ver lo que me había perdido.

    Me jode, pero "The vast of night" se me ha quedado a mitad: empecé a tope con ella, con ese ritmazo tan natural y esos diálogos fresquísimos, pero poco a poco me fui saliendo de la película hasta acabarla de ver por simple curiosidad. Es una apuesta valiente y bien resuelta, simplemente no hemos conectado, se me ha hecho un poco ampulosa.

    "It: capítulo 2" es el resultado del tiro en el pie que los propios creadores se dieron al planificar la adaptación: si reservas lo mejor del libro para la primera parte, obviamente la segunda se va a quedar coja. Y si encima intentas compensarlo con cansinos golpes de efectos CGI, inflando el metraje artificialmente, pues peor nos lo pones.

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    1. Uno de los factores a considerar cuando uno valora una película (que no ha visto antes) es si la rebobina o no cuando se pierde parte de ella por dar cabezadas. Si la respuesta es no, yo a la película no le daría más de 6 sobre 10.

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  2. Leí el libro de La Carretera y no recuerdo absolutamente nada. No quiere decir que sea malo, porque me pasa lo mismo con otras obras como Matadero 5, de la que lo único que recuerdo es que si que me gustó. Pero este me debió dejar bastante frío...

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    1. Si lees mucho, acaba pasándote con la mayoría de libros. Y de los buenos, pasados unos años, recuerdas básicamente que te gustaron. Al menos es lo que me pasa a mí.

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  3. Bueno... con respecto a Total Recall, el primer tema de la banda sonora se llama A Dream y el del del final End of a Dream. So...

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  4. Que recuerdos la película de MAfalda, yo también era super fan, recuerdo haber visto la pelicula en el videoclub y alquilarla (mi madre es argentina y estaba ilusionada).
    Era pequeño y recuerdo que me gusto.
    Le pregunté a mi madre si existía una versión con Mafalda adulta, jaja, me dijo que no

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    1. En algunas historietas, ella misma se imagina de adulta. Esa es toda la Mafalda adulta que necesita el mundo.

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  5. Ah, impagable la reseña de Terminator Dark Fate, coincidimos en todo.

    Me acuerdo que de niño me gustaba la madre de Mafalda, bonita, trabajadora, amable y con lentes, menudo partido.

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    1. Dark Fate es una obra maestra. La mejor película de la saga con diferencia. No sé de qué me hablas.

      Es la primera vez que oigo a alguien a hablar así de la madre de Mafalda. Tendré que reflexionar sobre esta filia en particular.

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