15 de septiembre de 2014

'Tortugas Ninja', la película (1990)


cowabunga. 

1. interj. Expresión introducida en los años cincuenta a modo de saludo por el jefe indio Thunderthud en el programa de televisión americano Howdy Doody, más tarde adoptada por los surfistas en la década de los sesenta para expresar satisfacción, y popularizada por los dibujos animados de las Tortugas Ninja a mediados de los ochenta. ¡Cowabunga, tío!

Tenía siete años cuando vi por primera vez la película de las Tortugas Ninja. La Navidad estaba a la vuelta de la esquina y nunca era lo bastante pronto para escribir la carta a los Reyes Magos. Al igual que muchos niños, fui al cine no como un neófito, sino siendo ya fan de la serie de televisión y de los muñecos de Bandai, que eran los mejores juguetes que había inventado el hombre desde que el homo erectus golpeaba unas piedras con otras en los albores de la humanidad. Los Masters del Universo pertenecían al pasado, y las Tortugas Ninja eran mis nuevos héroes favoritos. ¿O tal vez estoy pensando en la secuela? Mmm...

La película se promocionó a bombo y platillo en España. Los anuncios en prensa la llamaban "¡La verdadera campeona de taquilla!" y decían que las Tortugas venían dispuestas a arrasar en todos los cines después de conquistar la taquilla estadounidense con más de treinta millones de espectadores. Si te la perdías, estabas fuera de onda. Y no querías que eso sucediera.


El 30 de noviembre de 1990 llegaron las sorpresas. Muchos padres llevaron a sus hijos al cine pensando que disfrutarían con ellos de una versión de carne y hueso de la inofensiva serie de dibujos animados, y se quedaron con la boca abierta al ver que las peleas eran menos inocentes que en la serie de la televisión y que las Tortugas soltaban tacos cada dos por tres, y no de pollo con frijoles y guacamole precisamente. Podéis tildarme de meapilas, pero todos deberíamos estar de acuerdo en que, al final de una película para todos los públicos, el malo no debería terminar espachurrado en un contenedor de basura ni los héroes celebrarlo exclamando: "¡De puta madre!".

Lo cierto es que entonces nadie o casi nadie sabía que la película de las Tortugas Ninja  era una adaptación no de la serie de televisión, de la que la cinta tomaba no obstante algunos elementos, sino de los cómics de Kevin Eastman y Peter Laird (principalmente de las historietas Origen, Compañero silencioso y Regreso a Nueva York); de ahí su tono más rebelde y crudo.

De todos modos, los niños no dábamos muchas vueltas a estos asuntos. Yo disfruté de cada minuto de proyección y salí del cine entusiasmado, reafirmado en mi afición por estos quelonios mutantes. Mi tortugomanía se había disparado.

La nueva película de las Tortugas Ninja, producida por Michael Bay, está a un mes de estrenarse en España, así que es un momento apropiado para darnos un baño de nostalgia repasando aquella maravillosa producción de 1990. No olvidéis pedir una pizza a Domino's antes de ponerla. Quiero mi comisión.


Año 1990. Nueva York aún está recuperándose de la visita sorpresa de Jason Voorhees en Viernes 13: Parte VIII y del terror desatado por Vigo el Cárpato en Los Cazafantasmas 2, cuando una ola de robos pone en jaque a la ciudad. La policía no es capaz de echar el guante a los criminales y la única pista que tiene son los chismorreos sobre un clan ninja que saqueó el país del Sol Naciente hace años.

Aunque la historia suena a leyenda urbana, lo cierto es que los delincuentes son sigilosos e invisibles como sombras. Mangan con total impunidad incluso a plena luz del día, y nunca hay testigos; algo que parece imposible teniendo en cuenta lo complicado que es robar un televisor fabricado en los años ochenta sin que se entere medio vecindario (me hubiera gustado ver cómo lo intentaban con nuestro viejo Grundig de 20 pulgadas con carcasa de madera; el trasto tenía más fondo que una corredor de maratón y pesaba como una vaca en brazos).

La verdad es esta: detrás de los robos se encuentra el Clan del Pie (pie... pffff), que se sirve de adolescentes problemáticos para cometer sus perfidias y vilezas, y obtener pingües beneficios sin pagar a la Seguridad Social.

Treinta mil policías no pueden detener a una pandilla de mocosos revoltosos, pero quizá cuatro tortugas ninjas mutantes adolescentes sí puedan. Y si no, que llamen a Samurai Cop, él lo puede todo, incluso tener una secuela.

¿Otra "Filips"?, ¿es que la gente es tonta o qué?

April O'Neil, la reportera más dicharachera del Canal 3, sale de trabajar a las tantas de la noche y se tropieza con un grupo de "piecitos" en el aparcamiento liderados por un jovencísimo Sam Rockwell. Los chavales están saqueando una de las furgonetas de la cadena y ahora mismo no me parecen tan invisibles y silenciosos como sugería la primera escena.

Como guiño a la serie de dibujos animados, April lleva un chubasquero amarillo, para que así los niños con más problemas para sumar pollitos y restar limones en los cuadernillos Rubio asocien inmediatamente a la actriz con su homóloga de dos dimensiones. Reconozcámoslo: aunque el mono de la serie es sexy, también es el uniforme más estúpido que puede llevar una reportera de investigación. April no se gana los garbanzos pescando merluza con el capitán Pescanova, sino dando a conocer la verdad a la sociedad influida por sus prejuicios personales y los intereses del medio para el que trabaja.

Hay que tener mucho valor para llevar ese cardado en nuestro barrio.

Los delincuentes asaltan a la reportera y, en ese instante, un afilado sai vuela hacia la única bombilla que alumbra el aparcamiento. Mi niño interior contiene el aliento. Es difícil transmitiros la emoción que sentí hace la tira de años en el cine ante el inminente debut cinematográfico de las Tortugas Ninja. Era la clase de emoción que te nubla la razón y evita que te plantees cuestiones como por qué el aparcamiento de la estación de televisión más importante de la ciudad está tan mal iluminado y dónde carajo está el guardia de seguridad del que April acaba de despedirse.

Hay un fundido en negro, porque la Luna está de vacaciones y la contaminación lumínica ha dejado de ser un problema en Nueva York,  y oímos mamporros y gruñidos. La policía llega a pesar de que nadie ha llamado al 911 y encuentra a los raterillos envueltos para regalo.

"Golpeamos con fuerza y desaparecemos en la noche", decía Leonardo en la primera historieta de Eastman y Laird. Sí, las Tortugas Ninja son como esos malditos mosquitos que me acribillaron la pierna la semana pasada mientras dormía. ¡Asumid vuestra responsabilidad, malditos!

¿No debería apagarse la luz nada más estallar la bombilla?

Una de las Tortugas se asoma por debajo de una tapa de alcantarilla para echar un vistazo. Aunque apenas se le ven los ojos, los fans reconocemos inmediatamente a Raphael, porque lleva la bandana roja. Según la canción de los dibujos animados, Raphael es la Tortuga molona, pero ruda, y quizá por ser la favorita de los fans mayores de diez años, en la película es la que tiene más protagonismo. (Trivia: Raphael recibe su nombre del artista renacentista Raffaello Sanzio, autor, entre otras grandes obras, de La escuela de Atenas y San Jorge luchando con el dragón. Sanzio murió antes de cumplir los cuarenta a causa de lo que sus biógrafos denominan "excesos amatorios". Las noches de sexo loco y desenfrenado estaban en la cresta de la ola a principios del siglo XVI.)

Raphael maldice por lo bajo al ver que April se lleva su sai, y uno se pregunta si no debería entregárselo a la policía.  ¿Dónde le dieron el título de periodista?, ¿en la Ruleta de la fortuna? ¡A eso le llamo yo ocultación de pruebas!

Qué bonitos ojos tienes, tortuguita. No los vayas a tirar a la desgracia

En las cloacas, el director decide hacernos sufrir unos pocos segundos más antes de enseñarnos a las Tortugas. Primero vemos sus sombras, luego la imagen se congela para mostrar el logo de la película, y por fin, a los escasos cinco minutos de metraje, aparecen las Tortugas Ninja en todo su esplendor: Leonardo, Donatello, Michelangelo y Raphael, más reales de lo que podíamos imaginarnos y soltando chascarrillos pasadísimos de moda que hace veinticinco años eran demasié p'al body: "¡Bestial!", "¡Choca esos tres!", "¡Somos cojonudos!"... No son las mejores líneas que se han escrito desde los tiempos de Cervantes, pero en su día funcionaban.

Fue una gran idea recurrir al taller de Jim Henson para dar vida a las Tortugas y a Splinter. Pese a las limitaciones que los disfraces imponían a los especialistas y la economía expresiva propia de las animatrónicas, la personalidad, el carisma y la presencia que tienen los actores disfrazados no se consiguen con un ordenador. El espectador sabe cuándo algo está realmente ahí y cuándo no. Menos mi abuela, que ve las películas como si fueran documentales con independencia de que el grueso del reparto sean tortugas parlantes de metro cincuenta de estatura.

¿Sabíais que algunas tortugas pueden respirar por el culo?

En su hogar subterráneo, las Tortugas se reúnen con Splinter, el único maestro ninja de todo el planeta que puede defecar 25.000 veces al año. Splinter, a diferencia de las Tortugas, no es un especialista achicharrándose en un disfraz que apesta a calcetines sudados, sino una marioneta como la rana Gustavo o el Monstruo de las Galletas, solo que un poco más elaborado. De hecho, si no fuera por todo ese pelo de rata, sería clavadico a los gelfling de Cristal Oscuro, una de las producciones cinematográficas más infravaloradas de Jim Henson y que conforma junto con Dentro del Laberinto su díptico fantástico.


La figura de Splinter como mentor y padre de las Tortugas está muy bien llevada durante todo el filme. Aunque de aspecto frágil, su voz tiene el tono autoritario y a la vez sabio que cualquiera de nosotros asociaría a una versión ratonil y menos racista del señor Miyagi. No obstante, cuando era un crío, Splinter me desilusionó bastante. Me daba la impresión de que podía coger hepatitis solo con mirarlo.

En las alcantarillas no se encuentran muchos suavizantes para el cabello ni batas de Emilio Tucci.

Mientras Leo, Don y Mike "meditan" al son del Tequila de Chuck Rio y esperan a que les traigan una pizza de Domino's, Raphael, aún enfurruñado por haber perdido su sai, se va al cine de incógnito. Si os preguntáis por qué razón una tortuga gigante antropomorfa con gabardina y sombrero pasa más desapercibida entre el público que una tortuga gigante antropomorfa sin gabardina y sombrero, es que tenéis más de cinco años. Estáis de enhorabuena, ya podéis leer los libros de la serie blanca de Barco de Vapor.

"¿Cómo pueden inventar cosas tan absurdas?", dice Raphael al salir de la sala. La película que acaba de ver es Critters, de New Line Cinema, una de las distribuidoras del filme de las Tortugas, así que la pregunta debería ser cómo es posible que en 1990 siga en cartelera una película de 1986 cuando el mismo año de su estreno ya se vendía en vídeo.

"Encendí un cigarrillo que me supo como el pañuelo de un fontanero".

Raphael frustra el típico tirón de bolso y sigue a los "manguis" hasta el Central Park, donde su camino se cruza con el de Casey Jones (interpretado por el gran secundario Elias Koteas), un vigilante de barrio, ocurrente e implacable, que se cubre la cara con una máscara de hockey y combate el crimen con sticks, bates de béisbol y paletas de cricket. No entiendo cómo sigue todavía vivo. Es raro que nadie le haya pegado ya un tiro. "Habéis cometido un delito, asquerosos ladrones de bolsos, ¡así que os voy a castigar con un penalti!", dice.

La aparición de Casey, saltando por sorpresa desde lo alto de un árbol, es más absurda que impactante (¿qué hacía ahí arriba?, ¿buscar búhos?, ¿robar nueces a las ardillas?), pero no voy a poner pegas por introducir a uno de mis personajes favoritos de los tebeos de las Tortugas Ninja. El muñeco de Casey tambien era muy chulo, y no entiendo por qué ni mi hermano ni yo nos interesamos por él. Quizá un antihéroe con máscara de hockey nos parecía demasiado aburrido en comparación con las ranas, rinocerontes, moscas y alces mutantes que formaban el grueso de la colección. Hay que saber elegir.

Ki-ki-ki, ma-ma-ma...

Raphael impide que Casey dé una tunda a los chavales, porque el exceso de violencia solo conduce a que te suban la calificación por edades y te joroben la taquilla, y ambos vigilantes acaban zurrándose la badana. Para decepción de los seguidores de las Tortugas, es el heroico quelonio el que termina con la cabeza metida en un cubo de basura. Sin duda esto es a lo que se refería Splinter cuando decía que "vuestros conocimientos ninja están llegando a su apogeo".

Raphael regresa a las cloacas y, como es la única Tortuga de la película con un mínimo de desarrollo como personaje, eso le da derecho a una escena con Splinter. "He intentado canalizar tu ira, Raphael", le dice su maestro. "No debes actuar como lo has hecho hasta ahora. Si diriges la ira hacia tu interior, será siempre tu enemigo. Únicamente tú entre todos tus hermanos, has elegido enfrentarte en solitario a ese terrible enemigo. Pero cuando lo hagas de nuevo, no te olvides de ellos, ni tampoco de mí. Siempre estaré a tu lado, hijo mío".

Este es uno de mis momentos favoritos de la cinta. La iluminación tenue y el diálogo reflexivo crean un ambiente íntimo que fortalece el vínculo entre maestro y discípulo, y durante un instante, aunque muy pequeño, te olvidas de que Splinter lleva a un tipo sudoroso metido en el culo moviendo ese calcetín peludo que tiene por cabeza.

Alguien necesita que le den mimitos, ¿a que sí?

A la mañana siguiente, el jefe de April se presenta en su piso, preocupado porque han intentado violar a su mejor periodista (eso dice él), y por "mejor" se refiere a la que tiene las piernas más bonitas, que es único el criterio de contratación en el mundo de la televisión desde que el periodismo dejó de ser una carrera. (Las opiniones y puntos de vista incluidos en esta entrada son fruto de un sentido del humor espantoso y no representan las opiniones ni los puntos de vista del Tipo de la Brocha.)

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, the boss también echa pestes sobre su hijo Danny, el adolescente con cara de panoli y camiseta de los Sex Pistols que le acompaña. Mientras April y su jefe discuten, el chico birla la cartera de la reportera. No quiero pensar mal de nadie solo por llevar una camiseta de los Sex Pistols, pero es bastante improbable que Danny esté preocupado porque April cargue demasiado peso en el bolso y acabe sufriendo una desviación de columna. Esto apesta a subtrama de joven problemático con reconciliación familiar al final. ¡Las que más odio!

"¿De verdad no intentaron violarte? ¿Crees que estás perdiendo atractivo? ¿Podría eso afectar a la audiencia?".

En la comisaría central, April saca los colores al jefe de policía preguntándole acerca de la posible implicación del Clan del Pie en los crímenes que están dejando Nueva York sin equipos stereo. "No hay pruebas que la vinculen con los incidentes en cuestión", dice el oficial, que es un cliché con patas al que solo le falta un donut glaseado en la mano para convertirse en una caricatura.

Las Tortugas ven la entrevista en la tele sin que parezca sorprenderles que el operador del Canal 3 sea capaz de cambiar de plano entre la reportera y el jefe de policía con una sola cámara. ¡Tecnología punta de 1990! Mike besa la pantalla del televisor. "¡Estoy enamorado!", exclama planteando interrogantes sobre la copulación entre especies en los que ningún niño debería pensar.

"La tele y yo necesitamos cinco minutos a solas".

En otro lugar, el líder del Clan del Pie, aquel al que llaman el maestro Triturador (Shredder en la versión original), también está viendo las noticias. Como podéis deducir de su atuendo (un 50% Darth Vader, un 30% abrelatas y un 20% reina de la noche), la moderación no es su fuerte, así que no es de extrañar que vea la entrevista en treinta televisores al mismo tiempo.  Debe de ser fatal para la vista.

El Triturador, irritado, lanza un cuchillo contra una de las pantallas y ordena a sus ninjas que encuentren a la reportera y la hagan callar. Nadie debe interferir en sus planes para abrir un mercadillo de radiocasetes y televisores robados. No es un villano muy ambicioso, me temo. Primero tenemos a Sauron, después a Tony Montana, luego al Dioni, y, por último, al Triturador.

"Tanta tele y esos idiotas no han robado ni un solo mando a distancia. ¡Qué cruz, Señor! ¡Qué cruz!".

Después de la entrevista con el jefe de policía, April decide coger el metro para volver a casa y pierde el vagón por los pelos. Curiosamente ella es la única persona que se queda en el andén, a pesar de que incluso por las estaciones menos concurridas de Nueva York pasan más de trece millones de personas al año. ¿Coincidencia, parvedad presupuestaria o necesidad argumental? La respuesta la veremos... en el párrafo siguiente.

Cinco o seis ninjas del Clan del Pie se plantan delante de April, con sus uniformes negros a juego y una velada amenaza de muerte. Ella se ríe y les pregunta si se ha olvidado de pagar la letra del compact. Yo me puedo burlar del Clan del Pie desde la comodidad de mi sofá porque veo a unos tipos en pijama cubriéndose los ojos con coladores, pero si me abordasen en el metro amenazando con mandarme al otro barrio, me haría caquita encima, ¡no haría un chiste malo que ya es anacrónico!

Como si fuera una genuina Luisa Lanas, April se defiende a golpe de bolso, pero el cabecilla del grupo la tumba de un guantazo. Raphael, que había seguido a April con la esperanza de recuperar su sai (no creáis que la gente tira muchos de esos por el retrete), lanza un ataque sorpresa y deja K.O. a los ninjas en un visto y no visto. Eso es lo que pasa cuando contratas mano de obra poco cualificada.

Esos dedos como morcillas tienen que ser muy útiles para manejar armas.

Sin saber que un miembro del Clan del Pie le está siguiendo, Raphael lleva a la desmayada reportera hasta su cubil.

Tras el previsible trámite de grititos histéricos sobre el sofá, Splinter explica a April que hace quince años, siendo una rata normal y corriente con conocimientos avanzados de ninjitsu (ajá), encontró a cuatro tortugas recién nacidas sobre un moco verde fluorescente cerca de un frasco roto. La sustancia mutó a las tortugas y a Splinter, que crecieron en tamaño e inteligencia, se convirtieron en marionetas monísimas y aprendieron a hablar. "Pizza" fue su primera palabra, porque a las tortugas les encanta la pizza. Es cierto que son omnívoras, ¿sabéis?

El material radiactivo nunca provoca cáncer.

April se traga la historia sin hacer ni una sola pregunta, demostrando una vez más que es una pésima reportera, e invita a las Tortugas a subir a su piso, donde comparten pizzas congeladas y se echan unas risas con las imitaciones de Mike. "¡Adriaaaaaan!", grita el quelonio de la cinta naranja clavando a Rocky Balboa. Alguien debería contar el número de referencias a otras películas y series de televisión, porque son más de las que recordaba.

"¿Volveré a veros otra vez?", pregunta April. "Depende de la rapidez que tengas en comprar más pizza", contesta Leo. Me parece increíble que después de pasar el rato con unas tortugas parlantes, April ni siquiera haya intentado sacarles una foto. Su vena periodística está muerta.

Esos pantalones cortos son inapropiados. ¡Las Tortugas son menores de edad!

Cuando las Tortugas regresan a su cubil, todo está patas arriba y el único rastro de Splinter son los pelos que va dejando por el suelo, el sofá, el fregadero... La cosa pinta fea. O bien el Clan del Pie ha secuestrado al maestro ninja, o bien éste ha encontrado un boleto premiado de lotería entre los desperdicios y ahora viaja rumbo a las islas Fiji. Inclinándose por la primera opción, el cuarteto heroico vuelve al piso de April buscando consuelo y pasa allí la noche. No necesito más información.

A la mañana siguiente, el jefe de April vuelve de visita con su hijo para decirle a su mejor reportera que se tome un descanso y cubra temas más serios, como el congreso anual de odontología. Durante la visita, las Tortugas demuestran su dominio de las artes ninja haciéndose invisibles. Solo otra persona entrenada desde muy joven en el arte del ninjitsu podría distinguir a una tortuga de metro cincuenta repantingada debajo de la mesa del comedor, o colgada del techo del cuarto de baño. Pese a todo, Danny ve a una de las Tortugas reflejada en un espejo. ¿Se chivará al maestro Triturador? Pues claro, sino la peli sería un rollazo.

"En ocasiones, veo tortugas ninja".

En el almacén al este de la isla Lairdman (un pequeño homenaje a Eastman y Laird, autores del cómic), el Triturador ha erigido una imitación moderna de la Isla de los Juegos de Pinocho, pero sin burros. Es un paraíso para adolescentes, y los chavales hacen lo que les viene en gana, desde jugar a las máquinas recreativas hasta practicar skateboarding pasando por fumarse un habano. ¡Lo impensable!

Pero la cosa tiene truco, porque aquí también inician una prometedora carrera criminal como ladrones ninja bajo la tutela del maestro Tatsu, el mismo chino calvo con mala baba al que vimos en Little Tokyo: Ataque frontal y cuyos métodos de entrenamiento son dignos de la escuela Cobra Kai.

"Hola, maestro Tatsu".
"¿Tú quelel hola? Plegutal a otlo".

Splinter sufre encadenado y en silencio en un rincón apartado del almacén, lo que prueba que, por muy maestro ninja que seas, unos grilletes son unos grilletes. PETA debe de estar que trina.

Un gong anuncia la entrada en escena del maestro Triturador, que se muestra en toda su gloriosa excentricidad ante su ejército de ninjas imberbes. La ferretería que lleva a cuestas puede tener un pase (a lo mejor es fan de KISS, ¿quién sabe?), pero el vestido fucsia con lentejuelas y la capa son demasiado. Manuel Pertegaz se remueve en su tumba.

El Triturador ordena a sus "ojos y oídos" que encuentren a las Tortugas para castigarlas por ser unos "monstruos antinaturales" y meterse en sus asuntos. "Maestro", dice una vocecilla entre el público. Danny se asoma con la mano levantada y sospecho que no va a preguntar dónde está el cuarto de baño. Soy así de perspicaz.

Es la reina del baile.

En el piso de April, que empieza a oler a desagüe y a gambas descompuestas (si habéis tenido tortugas como mascotas, sabréis a qué me refiero), Raphael y Leonardo discuten sin ponerse de acuerdo sobre cuál será su siguiente paso. ¿Deberían salir ya mismo a buscar a Splinter a pesar de no tener ninguna pista sobre su paradero como sugiere Raph, o esperar a que los secuestradores den el primer paso como propone Leo? ¿Importa acaso? ¡La esperanza de vida de una rata son dos o tres años máximo! Hay que buscar la póliza del seguro y pasar página.

Los hermanos dicen cosas que luego desearían no haberse dicho, y Raphael abandona el piso para refunfuñar en solitario en la azotea del edificio. Se ve que cuando Splinter les dijo que su dominio era el de las sombras, se refería a las sombras chinescas, porque cualquiera que se asome a la ventana en un radio de trescientos metros podría verlo perfectamente.

Una horda de ninjas del Clan del Pie tiende una emboscada a Raphael, y a pesar de que le atacan de uno en uno (como en cualquier peli de kung fu), le dan una somanta de palos que lo deja hecho un estropajo. Los ninjas arrojan al malherido Raph a través de la claraboya que comunica con el piso de April e invaden el lugar. Solo faltan el fuego y las bolas de demolición para replicar aquella primera pantalla del Teenage Mutant Hero Turtles 2 de NES, y uno de esos elementos no tardará en aparecer.

¡KICK! ¡Tu ombligo conoce a tus riñones!

En lugar de empezar a partirse directamente la cara, Michelangelo decide que es una buena idea enfrentarse primero a uno de los ninjas del Clan del Pie en un duelo singular de nunchakus. De pequeño me divertía mucho esta escena, pero ahora no puedo dejar de pensar en que Raphael está desangrándose en el suelo mientras su hermano hace el payaso. (Trivia: Aunque supongo que ya lo sabríais, en la cuarta temporada de la serie de dibujos animados, cambiaron los nunchakus de Michelangelo por un gancho porque, según la muy notoria y coherente censura británica, katanas bien, nunchakus mal. Están locos esos ingleses.)

¿Tortuga Lee?

Los ninjas destrozan el suelo a hachazos y la batalla se traslada a la tienda de antigüedades que hay bajo el piso. Está claro que les gusta cambiar de escenario más que un lápiz a un tonto.

Uno de los grandes aciertos de la productora Golden Harvest, alma máter de Jackie Chan y Bruce Lee, fue contar con un equipo mixto de americanos y asiáticos en el rodaje. El elemento oriental se nota sobre todo en peleas multitudinarias como esta, que sin ser la repanocha, sí que son bastante superiores a las que suelen verse en las pelis americanas de acción de finales de los ochenta.

Cuando la cosa empieza a ponerse peliaguda (¿soy el único que piensa que luchar contra el Clan del Pie utilizando técnicas inspiradas en los dibujos de Bugs Bunny es una mala idea?), las Tortugas reciben la inesperada ayuda de Casey Jones.

"¿Quién es esta belleza?", pregunta Casey al ver a April. Hay que admirar a cualquier hombre que mantenga claras sus prioridades incluso en mitad de una pelea a muerte entre tortugas mutantes y una legión de asesinos ninja.

No hay escena de acción que no pueda mejorarse añadiendo fuego.

Superados en número, nuestros héroes deciden tomar las de Villadiego, y el grupo al completo huye de la ciudad en la vieja furgoneta de April para refugiarse en la granja en la que creció y así dar tiempo a Raphael a recuperarse. Después de todo, no es que puedan llevarlo al veterinario como si fuera un perro con moquillo, ¿verdad?

En la isla Lairdman, el Triturador está que se sube por las paredes e interroga a Splinter para intentar averiguar dónde han aprendido a luchar las Tortugas de esa manera. Sin embargo, no obtiene más respuesta que el silencio y su aliento a Camembert.

Cabreado, el Triturador reprende a Tatsu por su fracaso mirándolo muy fijamente. El chino la paga con sus alumnos hasta que uno de ellos intenta hacerle entrar razón y se lleva tres hostias bien dadas. Es evidente que Tatsu lo mata porque el chaval cae al suelo más tieso que la mojama, pero como a la productora le parecía un pelín violento cargarse a un crío en una película para niños, en postproducción añadieron tosidos y una voz superpuesta diciendo que se pondría bien. Sí, se pondrá bien tan pronto como consigan sacarle la nuez del cerebro.

"No subestimes el poder del Lado Oscuro".

En la granja de mi tío, ia, ia, oh, no hay ni una sola vaca que haga mu, y la película se toma un respiro de tanto ajetreo para cargar las pilas de cara a la batalla final.

Seré breve. April dibuja a las Tortugas con ceras lastidecor y reflexiona en off acerca de la situación en la que se encuentran hasta aburrir a las ovejas, Donatello y Casey reparan una vieja camioneta mientras discuten sobre La isla de Gilligan y se insultan de la a a la z (asno atómico, berzotas, cardo borriquero, desgraciado, enano mental, fangoso, gusarapo, hortera...), y Leonardo vela sin descanso a Raphael, al que han arrojado a una bañera mugrienta porque, según un estudio que me he inventado, las tortugas se recuperan mucho más rápido cuando están tiradas en lugares poco confortables y no reciben ninguna clase de atención médica.

Su vigilancia es constante. Los ronquidos son para despistar.

Después de que Raph salga del coma provocado por la tunda que le dieron en la azotea  (agravado sin duda por la chapa que da April con sus narraciones), las Tortugas comienzan a entrenar juntas, preparándose para la batalla final contra el Clan del Pie. El training montage no está mal del todo, pero yo le pondría más Eye of the Tiger. No hay nada que el Eye of the Tiger no mejore.

Un día, meditando mientras sus hermanos juegan al Trivial Pursuit, Leo oye la voz de su maestro llamándole. "¡Leonardo!", dice. "¿Dónde @#!☠% os habéis metido?", le falta añadir.

Esa misma noche, las Tortugas se reúnen para intentar realizar una llamada a larga distancia a Nueva York... sin teléfono. Los cuatro hermanos se sientan alrededor del fuego, cierran los ojos y, concentrándose, consiguen contactar vía línea espiritual con Splinter, que les dice que han aprendido la lección más valiosa de todas: "El dominio más absoluto no proviene del cuerpo, sino de la mente". Apuesto a que lo leyó en una galleta de la fortuna.

Las Tortugas Ninja, por fin listas para la acción, regresan a Nueva York.

"Ayudadme, Tortugas, sois mi única esperanza".

De vuelta al hogar, hediondo y húmedo hogar, las Tortugas encuentran a Danny escondido. "¡No disparen!", chilla cuando le descubren, porque además de pelirrojo, es idiota. "Me he fugado de casa", explica. ¡No pasa nada! ¡Únete al grupo! April incluso le regala uno de sus dibujos. Y nadie desconfía de él pese a que todos saben que el Clan del Pie ya conoce su guarida y utiliza adolescentes para cometer sus fechorías. Películas.

Mientras los demás duermen, Danny, atormentado por una pizza de pepperoni con extra de remordimiento, regresa a la guarida del Triturador para hablar con Splinter. Cuando no sabes qué hacer con tu vida, hablar con una rata mutante gigante ayuda. Así fue como superé mi depresión posvacacional.

"Te das cuenta de que has dibujado a adolescentes desnudos, ¿verdad?".

El maestro ninja le cuenta la historia de cómo el destino cambió su movida, y sin comerlo ni beberlo llegó a ser el maestro de una alcantarilla que huele a gruyer. ¡Tiempo de flashback!

Hace mucho, mucho tiempo, cuando Splinter aún era una rata del montón, aprendió el noble arte del ninjitsu imitando a su amo, Hamato Yoshi. La vida era como un gran queso suizo con mermelada de melocotón por encima hasta que un día, un ninja rival, el infame Oroku Saki, mató a Yoshi por el amor de una mujer. Splinter marcó al asesino con la efectiva técnica ninja de saltarle a la cara y arrancarle la piel a tiras, y Saki respondió al ataque cortándole una oreja con su katana.

No hace falta ser una lumbrera para deducir que Oroku Saki es el Triturador.

Bienvenidos al show de los Teleñecos.

El Triturador sorprende a Danny con Splinter y, al descubrir el dibujo de April en los bolsillos del chico, su afilada mente criminal deduce que sus eternos rivales, a los que conoce desde hace una semana y ni siquiera ha visto todavía, han regresado a la ciudad. ¿Y no le han llamado para decírselo? Qué desconsiderados.

Para evitar que se cometan más cagadas y proteger su imperio de productos electrónicos de segunda mano, el Triturador decide tomar cartas en el asunto y ocuparse de las Tortugas personalmente. Esta noche cenará sopa de tortuga. Y mañana desayunará zumo de naranja y cereales. ¡MWAHAHAHAHA!

Lo que me fastidia es no saber si me está sacando la lengua.

Mientras las Tortugas luchan contra el Clan del Pie en las calles, Casey Jones, que había seguido a Danny hasta el almacén de la isla Lairdman, le ayuda a rescatar a Splinter. Me encanta el momento en el que Casey ve al maestro ninja por primera vez y, después de un instante de desconcierto, se encoge de hombros y sigue adelante, como diciendo: "¿Una rata gigante? Bah, ya nada puede sorprenderme".

Tatsu, acompañado de algunos malotes, descubre a los héroes llevándose a Splinter y su cara se convierte en un mensaje de dolor. O tal vez de estreñimiento. Probablemente de estreñimiento. Será por comer tanto arroz.

3... 2... 1... ¡Luchad! Casey recibe más golpes que una estera por combatir los puñetazos con chistes sobre el mal aliento, pero al final se lleva la copa a casa noqueando al chino pelón con un palo de golf.

"¡Somos leales a Shredder!", dice Sam Rockwell, dispuesto a seguir luchando si los demás le apoyan. Splinter les dice que "Shredder el Triturador" se aprovecha de ellos y que le importan menos que una cagarruta de rata. "Somos una familia", replica Sam Rockwell, no muy convencido. "¿Una familia puede vivir en un sitio así y con alguien como ese, que os maltrata?", pregunta Casey señalando a Tatsu. El discurso es súper efectivo y los chavales cambian de bando. ¿Así de fácil? Sí, así de fácil. No me explico por qué los psicólogos cobran tanto por consulta.

"Chúpate esa, Tsuneyuki Nakajima".

Al igual que en el primer tebeo de las Tortugas Ninja, la confrontación final tiene lugar en una azotea, porque cuando das volteretas y brincas de aquí para allá te gusta estar a la mayor altura posible del suelo.

Los últimos soldados del Clan del Pie se retiran por su propio pie (¡JA!) y la cacharrería ambulante entra en escena cayendo de vete tú a saber dónde. "Lucháis con valentía, al viejo estilo", dice el Triturador. "Pero ya me habéis causado suficientes molestias. Ahora os enfrentáis al Triturador". Las Tortugas se parten la concha de risa.

Pero el Triturador no está para bromas y vapulea a sus cuatro rivales sin piedad. ¿Estará todo perdido? ¿Será este el fin de las Tortugas? ¿Qué le susurra Bill Murray a Scarlett Johansson al final de Lost in Translation? ¿Por qué sujetador es singular y bragas plural? ¿Quién mató a JFK? ¿Cuánto cuesta un billete de avión a Moscú? Responderé a una de estas preguntas en el párrafo siguiente.

Ooooh, cómo brilla...

Según la web de Vueling, volar mañana hasta Moscú haciendo escala en Barcelona me costaría unos 300 euros.

Splinter surge de la nada y, por si alguien se hubiera dormido durante la proyección, revela que el Triturador es, en realidad, Oroku Saki, el ninja que le cortó la oreja hace quince años y asesinó a su amo Hamato Yoshi.

Saki se quita la máscara, mostrando la escabechina que le hizo Splinter en la jeta, y rabioso por ver arruinada su carrera como modelo de Nivea, carga contra la rata mutante con su lanza en ristre. No veía una historia de venganza tan profunda desde que leí El conde de Montecristo.

El marionetista de Splinter, a riesgo de asomar el colodrillo en la toma y mandar la suspensión de la incredulidad a tomar por saco, utiliza uno de los nunchakus de Michelangelo para atrapar la lanza y arrojar a Saki por encima del antepecho de la azotea con una llave digna del Street Fighter II.

"Esto no ha salido como yo planeaba".

Splinter sostiene en vilo al Triturador y, aprovechando que su rival no tiene más remedio que escucharle, le suelta un sermón: "La muerte nos alcanza a todos, Oroku Saki. Pero algo mucho peor viene a tu encuentro". Con disimulo, el Triturador se saca un cuchillo del pandero, preparándose para atacar. "Porque cuando tú mueras...", continúa la rata, pero el Triturador va a lo suyo y arroja el cuchillo a traición. Splinter no tiene más remedio que soltarle para atrapar el cuchillo al vuelo. "... morirás sin honor", sentencia el maestro ninja mientras su enemigo se precipita a cámara lenta desde la azotea hasta el contenedor de un camión de basura.

Casey, silbando como quien no quiere la cosa, aplasta al Triturador junto con el resto de desperdicios. Supongo que los cargos por asesinato no le preocupan.

Ya solo falta que se suelden las costillitas rotas y las vertebritas desmenuzadas y estará como nuevo para Tortugas Ninja II: El secreto de los mocos verdes.

¡Llegamos al final de la película! Danny se reconcilia con su padre, Casey y April se dan el lote, y Splinter enseña a las Tortugas una expresión que siempre le ha hecho mucha gracia: "De puta madre". Las Tortugas celebran la ocurrencia y chocan los tres gritando: "¡De puta madre!". "He hecho una gracia", dice Splinter, riéndose con las Tortugas.

La expresión, para el que no lo sepa, es exclusiva del doblaje español, aunque en las versiones en DVD y Blu-ray se ha cambiado por el "¡Cowabunga!" del doblaje original. Personalmente, pese a su desacierto, prefiero el "¡De puta madre!", porque fue la frase que escuché en el cine hace más de dos décadas y los azotes que recibí por repetirla merecieron la pena.

Fin.

¡Thundercats! ¡Hoooooo!

Ha habido pocos fenómenos infantiles con un éxito tan arrollador como las Tortugas Ninja. G.I. Joe, Masters del Universo, Transformers... todos eran populares, pero no al mismo nivel que las Tortugas. Por eso, no deja de sorprenderme que, en su día, ninguna de las majors quisiera financiar la película. A pesar de que a finales de los años ochenta, las Tortugas Ninja eran un producto mainstream con tanta mercadería como para parar el Technodrome, la cinta se produjo como cualquier otro proyecto independiente, sin el apoyo de los grandes estudios de Hollywood, que creían que era demasiado "oscura" para el público infantil.

Me imagino que más de un pez gordo se tiraría de los pelos después del estreno, porque la película se convirtió en el filme independiente de más éxito en los Estados Unidos, multiplicando por diez en taquilla su presupuesto de 13 millones de dólares y eso sin contar el mercado internacional. Tuvieron que pasar nueve años para que The Blair Witch Project batiese ese récord.

Pero Tortugas Ninja no solo fue una de las películas más taquilleras del momento, sino también la mejor película de las Tortugas Ninja que se podía haber hecho. No se puede aspirar más alto.

10 comentarios

  1. Frankew8315/9/14 01:59

    Ni más ni menos, no se puede aspirar más alto...
    Excepto Michael Bay, Michael Bay siempre aspira más alto, 13 millones de presupuesto tiene también, no?...que peliculón esperamos (¿Ironía?...noooo)
    En fin, sobre tu entrada, simplemente:
    Chapeau

    Digo, de puta madre!

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  2. Haciendo retrospectiva, sí influyó bastante la época de las Tortugas, pero el filme no me gustó tanto, al menos esperaba otra cosa.
    No recordaba esas piernas de April, probablemente estaba muy niño...cuando pude ver a April más sexy sólo fue en una asquerosa parodia 3X de dibujos animados que alguna vez vi por error(o por horror) al comprar una "beta" pirata en Tepito; lo siento, no había youtube para recapitular mi infancia con videos.
    Que bueno que lo mencionas, se basaron en el cómic, en su momento no asociaba los dibujos animados con la peli y me quedé esperando a Krang, Rocoso y Beebop, iluso o ignorante de mí.
    La escena de la rata haciendo sus katas es una pasada, y lo del test de los cascabeles(no recuerdo si fue en esta o en la del OZE)muy fumado.
    Lo que si recuerdo es que sus juegos en NES y Arcade fueron adictivos por años y que colgados de la fama, conocí a ciertos "Sapos de Guerra" que desbancaron a las explotadísimas tortugas...sólo en los videojuegos (Battletoads),
    Lo de la radiación ni con Hulk me la creí, pero si me tragué el origen del Mandarín en los dibujos de los cincuentas, pues es creíble la mutación "inmediata".
    Muy buena reseña, Casey Jones me impactó por justiciero y por el simbólico mercadotécnico con Jason. Ya esperaré tu reseña con la nueva versión, que me gusto un pelín, aunque Megan dejó mucho que desear.

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  3. Terminento15/9/14 12:27

    Señor tipo de la brocha, me ha animado usted el Lunes con la review. Esta peli estaba de puta madre (no pun intended).
    Si bien es cierto que April puede ser algo pesada en la granja, hay que reconocer que la fotografía de esas escenas está terriblemente bien hecha, hasta el punto de que me transmite mucho más arte un encuadre que básicamente es un tío disfrazado de tortuga sentado en una silla, que toda la mierda que se hace ahora teñida de azul y naranja (y azul y naranja solamente, parece que no haya más colores que habitaciones frías y gente con ictericia en el cine de hoy, coño ya)

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  4. Genial articulo. No recordaba la película tan violenta ni tan malsonante, pero puede que se deba a que la estoy mezclando con la segunda, que esa si que era mala. Ahí si que llego la censura. Ni tacos ni usar armas blancas, no vayamos a traumatizar a los niños. Tampoco tenía idea de que adaptase los comics en vez de la serie de animación. Revelación sorprendente. En cuanto a la nueva de Michael Bay, que la vea su padre, yo no es que tenga muchas ganas. Peor una reseña suya si que estaría bien. Mas que nada porque seguramente con su articulo me reiría mas.

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  5. Frankew83: ¡Esa boca! Este blog es para todos los públicos. Aunque espero que los menores de catorce años pasen de largo al ver lo largos que son mis artículos.

    M@nchitas: En NES siempre preferí los juegos de las Tortugas que los de Battletoads. De los sapos ciclados no me gustaba ni su diseño.

    Terminento: Me alegro de animarle a usted. No me había parada a analizar la fotografía, pero es verdad que tiene sus momentos.

    JoakinMar: Vuelve a ver la película. Creo que no te decepcionará. La segunda, por el contrario... Reconozco que me entusiasmó siendo un canijo, pero ahora... meh. Haré reseña de la michaelbayada, no lo dudes.

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  6. Una de mis pelis favoritas de la infancia. ¡Gracias por recordárnosla al detalle y por las curiosidades!

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  7. Creo que al ser una produción independiente fué lo que permitió que la peli fuese tan buena en comparación con sus secuelas al no tener que llevar el peso de la censura ni las presiones de los estudios para suavizarla. La segunda no está mal pero la tercera es tan mala que el Angry Videogame Nerd incluso hizo un análisis en la que la pone a parir.

    Buenas observaciones acerca de Shredder, no me había dado cuenta de la pinta de drag queen que tenía, hasta su versión de la serie de animación parece un macho a su lado.

    Hablando de la serie, prefería que Splinter fuese un maestro ninja humano transformado en hombre rata, tenía más sentido que una rata pudiese aprender todos los secretos de los ninjas sólo por imitación.

    Tengo la teoría de que Splinter es en realidad una de las ratas de Nimh, eso explicaría por qué pudo aprender tan rápido.

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  8. Salía Casey Jones en la secuela?
    Por cierto muy buen artículo muchas gracias :)

    David

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  9. Anónimo: De nada, hombre. O, más improbable, mujer.

    Anonimatus: Para mí también tiene más sentido que sea un maestro ninja el que se convierta en rata y no una rata la que se convierta en maestro ninja. Pero hablar de qué tiene sentido y qué no cuando se trata de las Tortugas Ninja es perder el tiempo.

    Anónimo: Casey Jones y su antepasado salían en la tercera parte, pero no en la segunda. Gracias a ti.

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  10. SUBLIME Sr. de la Brocha. Ante todo lo que usted comenta no tengo nada más que decir, tan sólo GRACIAS :'D
    Larga vida a usted y a su sitio web.
    Saludos desde México.

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