30 de septiembre de 2020

Reseñas de libros: julio-septiembre 2020


A continuación tenéis todas las reseñas de las novelas que he leído este trimestre. Podéis seguirme en Goodreads o Twitter para ir al día con mis lecturas.

Sinvergüenzas (2013) ★★★

Poco tiempo después de la destrucción de la primera Estrella de la Muerte, Han Solo tiene la oportunidad de dar un golpe con el que podría conseguir los créditos que necesita para pagar lo que le debe a Jabba el Hutt. La dificultad es doble: la fortuna pertenece a un peligroso miembro del Sol Negro y las medidas de seguridad con las que protege su caja fuerte son impresionantes. Además, Han es un contrabandista, no un ladrón. Por lo tanto, reúne a un equipo de expertos para que colaboren con él en el robo: una proveedora, un jugador, una ladrona fantasma, una experta en electrónica, un ladrón de naves, un carterista, una grabadora viviente y un experto en explosivos y droides. Junto a su misterioso empleador, Chewbacca y él mismo suman un total de once. ¿Casualidad? No, porque esta novela es la versión del universo Star Wars de la película Ocean's Eleven. Podéis llamarla Solo's Eleven, si queréis.

Hay planes intrincados, gente haciéndose pasar por quien no es, situaciones que se complican en el peor momento posible... Aunque el escenario es conocido y hay montones de guiños a la franquicia (hasta mencionan a un personaje de la serie Droids), esta no es vuestra típica historia de Star Wars. El Imperio está presente, pero no hace las veces de antagonista; nada de lo que está en juego podría cambiar el curso de la guerra; y no hay ningún jedi por ahí haciendo cabriolas con su espada de luz.

La historia ni siquiera está contada íntegramente desde el punto de vista de Han, sino que el suyo es uno de varios, incluidos los de algunos miembros de la banda, un agente de la inteligencia imperial y el propio gánster al que pretenden robar. De hecho, el carismático contrabandista permanece apartado de la acción la mayor parte del tiempo, liderando al grupo desde la comodidad de una habitación de hotel. Sigue siendo Han Solo, y Timothy Zahn sabe cómo escribir al personaje; pero hubieran podido poner a cualquier otro en su lugar y la novela habría funcionado igual de bien. Eso sí, habría perdido atractivo para potenciales lectores. Siempre habrá alguien con ganas de leer otra aventura de Han Solo, pero ¿puede decirse lo mismo de una aventura de Danz Borin o Arleil Schous? Pues eso.

Dentro de la inabarcable librería de novelas de Star Wars, da gusto encontrarse alguna diferente de vez en cuando. Esta me llamó la atención desde el primer momento por la propia premisa y ha cumplido lo que esperaba de ella. Quizá la historia se me hizo algo pesada al principio y hay algunos puntos que me resultaron confusos, pero en cuanto empieza a desarrollarse el golpe, Zahn activa el hiperimpulsor y ya no puedes parar de leer hasta el final.

A quien le guste Star Wars y le diviertan las películas de atracos como la citada Ocean's Eleven, The Italian Job o la clásica El golpe, estará en su salsa leyendo esta novela. No es una aportación memorable a los grandes mitos de esta galaxia, pero podría haber sido un buen episodio semanal de una serie como Rebels.

Ah, sí, una cosa más: en la última página hay un giro que no me habría visto venir ni en un millón de años. Gratuito, pero eficaz.

La brigada de Anne Capestan (2016) ★★★

La comisaria Capestan, cuya carrera pendía de un hilo, recibe una inesperada promoción que la pone al mando de un grupo de policías poco "ortodoxos" como parte de un programa especial. Sus jefes no dejan que se haga ilusiones: la brigada a su cargo se ha creado para quitarse de en medio a los "borrachos, los tarados, los depres, los vagos y otros cuantos", y los casos de los que se ocuparán son aquellos de los que el resto de comisarías y brigadas quieren deshacerse. Sin embargo, Capestan está decidida a hacer su trabajo lo mejor posible. Buscando entre la pila de casos sin resolver, encuentran dos homicidios a punto de prescribir y que, a primera vista, son lo bastante prometedores como para reabrir su investigación.

Si tuviera que escribir una sola línea resumiendo mi opinión, diría que esta es exactamente la clase de novela policíaca que querría tener conmigo en un viaje de avión. Y lo digo con la mejor de las intenciones y sin un ápice de maldad. Es divertida y fácil de seguir, tiene personajes interesantes y variopintos, y sus subtramas acaban encajando a la perfección en el momento preciso. Además, a pesar del género, y de la naturaleza de los crímenes, no hay detalles truculentos ni escabrosos. No es para nada ese tipo de novela negra, más bien al contrario: el libro transmite calidez humana.

También me ha llamado la atención la ambientación, tan genuinamente francesa que hasta aparece una vieja colección de Astérix en una estantería. Y, ¿qué queréis que os diga?, mencionar la obra cumbre de Goscinny y Uderzo siempre suma.

The Wendigo (1910) ★★

En el folclore de los nativos americanos, el wendigo es un espíritu maligno asociado a prácticas canibalísticas. Según la versión más popular de estas leyendas, si pruebas la carne humana, ya sea cruda o en un estofado con patatitas, el wendigo te convertirá en una bestia voraz que no encontrará alivio a su hambre insaciable en la sección de lácteos del supermercado.

En este relato del prolífico autor Algernon Blackwood, el wendigo es un monstruo sobrenatural que habita en lo más profundo del bosque, tan veloz que le sangran los ojos y le arden los pies, y que tiene la capacidad de convertirse en el perverso doble de sus presas para tomar el pelo a los incautos que se adentran en su territorio. Sus víctimas en esta ocasión son un grupo de cuatro personas a la caza del alce al noroeste de Ontario más un indio, que, al parecer, no entra en el cómputo.

Este relato es un clásico del género de terror, y cabe suponer que a principios del siglo XX, en una América para la que la naturaleza aún tenía misterios ocultos y la gente se hacía daguerrotipos en lugar de fotografías, provocaría un escalofrío en el espinazo a los lectores más supersticiosos. A día de hoy, sin embargo, da tanto miedo como un ficus de plástico. El terror ha evolucionado mucho en el último siglo, sobre todo como consecuencia del cine, y es fácil estar insensibilizado.

Aun así, hay pasajes realmente efectistas (por ejemplo, el de las huellas cambiantes) y la ambientación es sobresaliente. Me gusta la forma en que el texto transmite la soledad y el desamparo que uno puede sentir en la inmensidad del bosque. Claro, entonces no tenían ni siquiera walkman.

De todos modos, mi versión favorita del wendigo sigue siendo la de los cómics de Marvel, que lleva intercambiando mamporros con el increíble Hulk desde 1968.

Neimhaim: Los hijos de la nieve y la tormenta (2015) ★★★★

A este libro se le queda tan pequeña la palabra épica que hay que escribirla en mayúsculas para hacerle justicia: ÉPICA. Mucho mejor.

Si os gustan los mitos nórdicos, los vikingos feroces, los celtas hippies, las profecías impepinables, los duelos de espadas en los que se mide más que la habilidad con el acero, las batallas cruentas en las que palma hasta el apuntador, las relaciones poliamorosas, y las historias de leyenda donde el caballo no siempre muere (que te j****, Michael Ende), Los hijos de la nieve y la tormenta podría ser la novela que andáis buscando.

Por mi parte, llevaba queriendo introducirme en el mundo de Neimhaim prácticamente desde que salió el primer volumen, hace ya la friolera de cinco años. En ese tiempo, me he leído toda reseña que caía casualmente en mis manos. La mayoría de ellas eran positivas, lo cual anima bastante cuando planeas enfrentarte a un tocho como este; pero las que más me llamaban la atención eran precisamente las que no lo veían todo de color de rosa y, a pesar de reconocer la incuestionable calidad del libro, achacaban su valoración menos entusiasta a una cuestión de gustos. No hacía falta ser un lince para darse cuenta de que los aspectos negativos solían repetirse en estas reseñas y de que el nexo que los aglutinaba era el propio subgénero al que pertenece la novela.

En realidad, es fácil entender el problema que pueden tener los lectores aficionados a la literatura fantástica más contemporánea con este libro. Desde que la espada y brujería entró con fuerza en el el mundo literario allá por la década de 1960, y más marcadamente en los años 70, la llamada "fantasía épica" o "alta fantasía" ha ido poco a poco perdiendo terreno frente a otros subgéneros de la fantasía menos elevados, en los que héroes y villanos se desdibujan, los conflictos son más mundanos y las tramas tienen un alcance más moderado. Cuando menos, y quizá para garantizar su subsistencia, ha ido tomando prestados elementos y recursos de estos subgéneros.

Los hijos de la nieve y la tormenta es alta fantasía tradicional, con toda la épica y grandeza que cabe esperar de ella y también sus lugares comunes. Y si ese tipo de literatura no es santo de tu devoción, quizá deberías leer una muestra gratuita antes de comprar esta novela.

La alta fantasía es evidente deudora de los mitos de la antigüedad, que si bien tienen una narrativa propia y diferente de la de una novela, comparten con el subgénero un buen número de rasgos, como son el papel protagonista de los héroes y el mundo simplificado en el que habitan, generalmente emplazado en un pasado remoto ficticio más fácil de entender que la realidad cotidiana.

Los héroes clásicos se definen por los mitos de los que son protagonistas, y, cuando son arrancados de su existencia humana para pasar a formar parte del orden divino, se convierten en objeto de culto o tema de canto de poetas, bardos y gente con calzas. Sin embargo, son personajes con pocas aristas, casi planos, a los que generalmente caracteriza un único talento (fuerza, astucia...) y una sola debilidad (orgullo, lujuria...). Por eso, aunque sus proezas puedan fascinarte e inspirarte, es raro que empatices con ellos. Y de simpatizar ya ni hablamos, claro (¿Recordáis cuando Teseo dejó tirada a su novia en una isla tras derrotar al Minotauro? Qué tío, ¿eh?).

Los trazos del héroe clásico se hacen especialmente patentes en los dos protagonistas de la novela, Ailsa y Saghan. Aunque los llamados Herederos no son unidimensionales como una Penélope o un Heracles, pertenecen a un mundo más elevado que el de los mortales y su trascendencia cuasireligiosa los aleja del lector.

Por supuesto, algo así no es un problema cuando estás leyendo un libro de relatos cortos, en los que lo relevante es el mito en sí, pero lo puede ser cuando te enfrentas a un leviatán de novecientas páginas y te toca acompañar a esa clase personajes en un largo viaje. En el momento en que pierdes la conexión con los protagonistas de una novela, es fácil que leer se convierta en una carga. Además, y aunque esto ya dependerá del trastorno obsesivo compulsivo de cada uno, no ayuda que la mayoría de capítulos sean extremadamente largos. Cuando el ebook me advierte de que tengo 53 minutos de lectura por delante, me lo pienso dos veces antes de continuar.

Con lo anterior no pretendo decir que la novela o sus personajes carezcan de humanidad y sean todos fríos como témpanos (esa cualidad queda reservada para el villano inmortal), sino que es improbable sentir afinidad por ellos cuando la realidad en la que viven y los retos que afrontan rehuyen lo ordinario. No sé vosotros, pero en mi caso hace meses que no recae sobre mis hombros la responsabilidad de traer de vuelta una estirpe perdida ni de convertirme en rey de una dinastía legendaria.

A pesar de esa desconexión, que se nota más en unos momentos que otros, la novela me ha emocionado reiteradamente. ¡Ja, imprevisible giro de los acontecimientos! Es más, creo que, descontando mi cartilla de notas de 3º de BUP, este es el libro que más veces ha hecho soltar la lagrimilla de toda mi vida. Incluso llegué a plantearme si no tendría alergia a los relatos épicos de ambientación nórdica. Y quizá os preguntéis: ¿Cómo carajo te puede emocionar un libro en el que no llegas a empatizar con los personajes? ¿No es eso una contradicción? Bueno, parafraseando a Alexander Lloyd, la alta fantasía alcanza áreas de sentimiento que ningún otro género alcanza de la misma manera. Y a mí imbecilidades como el honor, la redención y el sacrificio siempre me han tocado la fibra sensible.

Dicho todo lo anterior, y con independencia de las preferencias que tenga cada uno en relación con el género fantástico y su vasto catálogo de subgéneros, es imposible no maravillarse ante el talento de la autora para crear un mundo nuevo, a la vez familiar y único, para ambientarlo cuidando cada detalle y dotarlo de una belleza letal, y para desarrollar en él una mitología rica y compleja con un potencial enorme. Ese trabajo es filigrana pura, y si me dicen que la autora se ha tirado dos décadas para dar a luz el mundo de Neimhaim me lo tengo que creer.

Además, aunque la novela se toma las cosas con calma y es tan larga que algunos bajones de ritmo son inevitables, sus momentos álgidos te mantienen en vilo y elevan la novela a lo más alto de la épica fantástica, cruzando en un visto y no visto la troposfera, atravesando en un pispás la estratosfera, dejando atrás velozmente la mesosfera, surcando como el rayo la termosfera, plantándose tranquilamente en los límites de la exosfera y alcanzando el espacio exterior para saludarnos desde allí con regocijo.

También es de agradecer que la novela sea autoconclusiva, pese a formar parte de una (aún incompleta) pentalogía. Abre la puerta de par en par a una nueva entrega y deja plantadas semillas para el futuro, pero sus tramas quedan satisfactoriamente cerradas.

Terminarla me dejó un pequeño vacío. Supongo que lo llenaré con helado. Parece lo apropiado.

11/22/63 (2012) ★★★★★

Cuando empecé a leer esta novela, me enganchó tanto que continúe más allá del capítulo en el que pensaba quedarme y acabé acostándome mucho más tarde de lo que debía. La combinación de la atrapante narrativa de Stephen King con la premisa de un gran episodio de La dimensión desconocida era demasiado buena para parar. Esa es precisamente la novela de la que habla la sinopsis de la solapa, la de un profesor que viaja atrás en el tiempo con la misión de evitar el asesinato de JFK.

Durante el primer tramo, la historia no va ni mucho menos al grano. El libro tiene más de setecientas páginas y se puede permitir largos rodeos, el primero de ellos, el que da el protagonista para comprobar que realmente puede cambiar la historia. Como en cualquier buena obra de ficción con viajes en el tiempo, estos tienen reglas muy precisas, y si Jake quiere impedir que Harvey Lee Oswald mate al presidente en Dallas (asumiendo que fuera Oswald quien efectuó el disparo mortal), tendrá que pasar cinco años en el pasado, desde 1958 hasta la fecha del trágico incidente.

Es después cuando el libro cambia de derroteros, y pasa de ser lo que promete la premisa a convertirse en la historia de la vida cotidiana de un profesor de otra era en la América de finales de los cincuenta. Y poco a poco, a medida que vas pasando páginas, te das cuenta de que todo ese asunto del asesinato del presidente ya no es tan importante y que, en realidad, estás leyendo una historia de amor. Esta otra trama, que también tiene sus complicaciones, es la que ocupa la mayor parte de la novela, y aunque curiosamente no sea su hilo conductor, desplaza todo lo relacionado con JFK y Oswald un segundo plano. De hecho, si tuviera que asignarle un género al libro, antes le pondría la etiqueta de ficción histórica romántica que la de ciencia ficción.

Es un hecho que este inesperado desvío ralentizó mi ritmo de lectura. Sin embargo, esto no quiere decir que perdiera interés en la historia, y mis ganas por saber cómo acabaría todo eran cada vez más grandes. Pero ya no había cuestiones apremiantes que fueran a resolverse de un capítulo al siguiente, por lo que la lectura pasó a ser más una cuestión de hábito que de consumo irresistible. Sabía que el camino sería largo, y no merecía la pena recorrerlo con prisas.

Y aunque ahora sé que esta novela podría haber sido un relato más corto y centrado, de un corte distinto, y que de ese modo probablemente me hubiera enganchado de principio a fin, en lugar de por intervalos, no me gustaría haberme perdido ni una sola parte de ese camino, en el que sin duda merece la pena extraviarse para que la llegada al destino cobre otro significado.

"El baile es vida".

Invasión: Los ladrones de cuerpos (1955) ★★★★

Escrita y publicada en plena caza de brujas estadounidense, esta novela se ha interpretado frecuentemente como una metáfora del mccarthismo. También se ha asociado con ideas sobre la pérdida de libertad en la sociedad moderna. Sin embargo, cada vez que alguien le preguntaba a Jack Finney al respecto, este siempre contestaba lo mismo: "¡Suélteme el brazo, señor! ¡Yo solo quería escribir una puñetera historia de alienígenas!".

Fuese eso verdad (me inclino a pensar que no) o sencillamente el escritor prefiriese no meterse en berenjenales para evitar que su nombre acabase en una lista negra, lo cierto es que la novela es el clásico ejemplo de ciencia ficción bien traída, y ofrece una visión certera sobre la paranoia social y el significado de ser humano.

La historia está narrada en primera persona por Miles Bennell, el médico de un tranquilo pueblecito americano, que un día recibe la visita de una antigua novia del instituto. Ella le pide que vea a una prima suya que está convencida de que su tío no es su tío. Es idéntico a su tío, habla como él e incluso tiene sus recuerdos. Pero la mujer está segura de que no es su tío.

Lo que empieza como un caso aislado, se convierte pronto en una epidemia y, a medida que los personajes descubren lo que está sucediendo y lo que ello podría significar para la raza humana, la trama se complica y se precipita hacia su clímax, que no es para nada el que me esperaba..

La premisa es una genialidad. Crees que conoces a alguien a la perfección y de pronto descubres que quizá no sea realmente quién tú creías que era. En este caso, resulta que ese alguien es una vaina replicante del espacio exterior, pero eso lo sabe cualquiera que haya visto alguna de las adaptaciones cinematográficas (espero por su bien que una de las dos primeras, o al menos no la versión de Asylum).

Además, aun sabiendo lo que iba a encontrarme (porque, sí, he visto las películas de 1956 y 1978 un millón de veces), me encanta la forma gradual en que se va desentrañando el misterio, lentamente pero en un crescendo de tensión constante, con la situación empeorando día a día, o más bien noche a noche, sin que los personajes sean realmente conscientes del enredo en el que están metidos hasta que ya es demasiado tarde.

Por otro lado, que el protagonista esté cachondo la mayor parte del tiempo me hace mucha gracia. Miles es como el capitán Kirk de Star Trek, solo que con un título médico. Ni siquiera en medio de una crisis planetaria pierde de vista sus prioridades.

Una lectura rápida, que engancha, e imprescindible para cualquier aficionado a la ciencia ficción y el terror de los años cincuenta.

Rebel Agent (Star Wars: Dark Forces #2) (1998) ★★

La continuación de Dark Forces: Soldier for the Empire es una adaptación del segundo videojuego de la saga, subtitulado Jedi Knight, y nos sitúa en el periodo del viejo canon inmediatamente posterior a la derrota del Emperador. Por lo tanto, entre una novela y otra hay un espacio de seis años, que es el tiempo transcurrido desde que Kyle Katarn, desertor imperial, robó los planos de la primera Estrella de la Muerte y se unió la Alianza Rebelde.

El videojuego, lanzado en 1995, es uno de mis shooters favoritos. Y una de las razones por las que lo disfruté tanto cuando salió fue por la historia, que se narraba no solo dentro del propio juego, sino a través de escenas cinemáticas intercaladas entre las misiones y protagonizadas por actores de carne y hueso delante de los cromas más cantosos que se han visto nunca en Star Wars.

El argumento de Jedi Knight, que comparte esta novela, gira en torno a la búsqueda del Valle de los Jedi, un lugar recóndito en el que, según las leyendas, que flotan atrapadas las almas de cientos de jedi. Jerec, un jedi oscuro, pretende acceder a esa fuente de poder para restaurar el Imperio con él como nuevo emperador. Tú, como Kyle Katarn, debes evitarlo.

La novela consigue lo que parecía improbable: contar la misma historia peor que el videojuego. Al adaptar el primer Dark Forces, alguien, ya fuera el autor o el editor, tomó la acertada decisión de convertir la novela en una precuela del videojuego (de hecho, el único evento en el que las historias coinciden es en el robo de los planos de la Estrella de la Muerte, último capítulo del libro y primera misión de las catorce que tenía el videojuego).

En cambio, para Rebel Agent se decidió adaptar la historia del videojuego íntegramente. No se replican como tal las misiones, porque ni siquiera un fan de Tom Clancy querría leer semejante basura, y el autor se inventa sus propias escenas e interacciones (incluidos cameos de Luke y Leia); pero, a grandes rasgos, el Kyle Katarn literario sigue los pasos de su homónimo poligonal.

Excepto por los dos primeros capítulos, que sirven de prefacio a la aventura y tienen algún relleno original, la trama se desenvuelve de forma similar al videojuego, pero con una importante diferencia: en la novela todo ocurre muy deprisa.

El autor tenía mucho que contar y poco espacio para hacerlo por cuestiones de formato. Como resultado, la historia pega brincos de un momento de acción al siguiente sin profundizar en nada de lo que ocurre ni molestarse en desarrollar a los personajes que presenta. Los secundarios tienen la personalidad de una ficha de parchís, y entran y salen de escena en un visto y no visto, y el propio Kyle Katarn es un monigote de cartón.

Esto es evidente para cualquier lector y lamentable para quien conozca el videojuego. Y seamos realistas, ¿quién se compra estos libros sin haber jugado a los videojuegos?

Uno de los elementos más novedosos que introdujo LucasArts en Jedi Knight fue la posibilidad de escoger el camino del personaje. Si reprimías tus impulsos atávicos y te mantenías en la senda del Lado Luminoso, continuabas siendo el héroe de la Alianza que tus compañeros esperaban de ti. Por el contrario, si despachabas a inocentes transeúntes alegremente o utilizabas los poderes del Lado Oscuro para abrirte camino entre las tropas de asalto, acababas convirtiéndote en la clase de villano contra el que siempre habías luchado. Y no era una decisión fácil, porque molaba mucho más lanzar a los enemigos por los aires, electrocutarlos o freírlos con la mirada que persuadirlos de que no estabas delante de sus narices o recitarte a ti mismo el "cura, sana, culito de rana". Y de las decisiones que tomases dependía, entre otras cosas, el final de la historia.

Obviamente, la novela no puede contar dos historias alternativas, pero esa mecánica de juego debería haberse traducido al menos en un conflicto interno para Kyle Katarn. A falta de un maestro (o al menos un vídeo tutorial de HoloTube) que le enseñe lo que significa ser un jedi, es razonable que se sienta atraído por el Lado Oscuro, sobre todo en situaciones en las que el fin parece justificar los medios. En otras palabras: su aprendizaje no debería ser ni mucho menos fácil. Sin embargo, en la novela no hay ningún conflicto ni tampoco hay aprendizaje. Básicamente Kyle Katarn coge la espada de luz y se convierte en un caballero jedi. Así, por las buenas. Solo le falta el título para enmarcarlo y colgarlo de la pared.

Uno de los alicientes de este tipo de adaptaciones es que suelen meterte en la cabeza de los personajes para que te los creas y los comprendas mejor; pero esta novela surte el efecto contrario. Es entretenida porque pasan muchas cosas en pocas páginas, pero ahí acaban sus aspectos positivos.

De lo poco que me llevo son el salseo que se trae Kyle Katarn con Jan Ors, porque es la poca vida que el autor insufla a estos dos personajes, y el gracioso guiño a Indiana Jones en busca del Arca perdida en el enfrentamiento con los gemelos Gorc y Pic.

¿Quizá la segunda parte sea mejor?


La segunda parte no era mejor.

Podría dejar esta reseña aquí, porque los defectos del cierre de la trilogía de Dark Foces son los mismos que los del volumen anterior (las prisas son malas), y sus virtudes, anecdóticas (por decir algo positivo, el capítulo de la batalla espacial, en el que aparecen los tres héroes de la trilogía original, está bien); pero, como eso me sabe a poco, voy a añadir una advertencia: incluso si le tenéis cariño a los videojuegos en los que se basan estas novelas, o sobre todo si les tenéis cariño, ignoradlas, no merecen la pena.

Y que la Fuerza os acompañe, supongo.

The Autobiography of an Ex-Colored Man (1912) ★★★★

James Weldon Johnson fue un escritor y activista social estadounidense que vivió entre finales del siglo XIX y principios del XX. Fue secretario de la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People), cónsul en Venezuela y Nicaragua, y el primer afroamericano en dar clase en la Universidad de Nueva York. Ahí es nada.

En 1912, publicó una autobiografía ficticia, para dar visibilidad a la situación de los hombres "de color" en los Estados Unidos. Estas memorias están basadas en eventos de su propia vida y de la de personas a las que conoció. Por lo tanto, es una novela en clave o, como le llaman los franceses, laitue romaine. Weldon no firmó el libro por miedo a que afectase a su trabajo como cónsul, aunque quince años más tarde reconoció su autoría; hechos que tienen mucho que ver con los temas que trata en sus páginas.

El narrador es un mulato nacido después de la Guerra Civil, blanco en apariencia por el color de su piel, que a lo largo de su vida se debate entre ocultar sus raíces, esto es, hacerse pasar por blanco para tener los mismos privilegios y oportunidades que los hombres de esta raza, o abrazar su herencia africana y luchar por los derechos de los negros.

El libro tiene dos o tres momentos devastadores (el primero de ellos cuando el narrador, siendo aún un niño, descubre que es diferente porque en el colegio lo juntan con otros niños "de color"), pero es escasamente emocional y no incide tanto en el punto de vista personal del protagonista, como en el social. Su testimonio sobre la vida de los negros de la América postreconstrucción y las reflexiones que vuelca sobre la cuestión racial, planteadas por distintos personajes, son lo que hace que la lectura sea interesante: qué divisiones existían entre los propios hombres "de color", a qué se dedicaban y a qué podían aspirar, cómo eran vistos por los blancos, etc.

En ese sentido, el libro ofrece una perspectiva valiosa incluso para el lector actual. Sorprende lo mucho y la vez lo poco que cambian algunas cosas.

Conan the Rebel (1980) ★★★

En esta novela, Conan, recién metido a pirata, se separa de su amada Bêlit para rescatar al hermano de esta, prisionero de los estigios. Sin embargo, no sabe que se trata de una trampa organizada por el malvado hechicero Tothapis para evitar que el cimmerio encuentre el hacha legendaria de No-Me-Acuerdo-Qué y cumpla su destino, contraviniendo los difusos planes del dios serpiente Set.

Diré una cosa positiva del Conan de Poul Anderson: no se parece al Conan del resto de pastiches que he leído hasta la fecha. Tampoco se parece una mierda al bárbaro creado por Robert E. Howard; pero, ¡eh!, al menos es diferente. Tan diferente que debería llamarse Conan el Moderado. ¿Cómo de moderado? Mucho. Se mantiene fiel a Bêlit a pesar de que al menos un par de mujeres sugerentes se le ofrecen abiertamente (lo cual puedo disculparle, porque la capitana pirata es el amor de su vida) y hasta se dirige a algunas personas con un respetuoso "señor" (lo cual es imperdonable). De hecho, el cimmerio que describe Anderson se parece tan poco al original, e incluso, si me apuráis, al estereotipo de bárbaro de la fantasía heroica más genérica, que a veces tenía que releerme párrafos enteros para asegurarme de que el personaje que estaba hablando o haciendo tal o cual cosa era Conan y no otro. Y eso a pesar de que Anderson no es un escritor cualquiera. El tipo tiene toda una colección de premios Hugo y Nebula. A lo mejor sencillamente el personaje le traía sin cuidado y solo quería ganarse el jornal.

Al menos, la historia en sí es entretenida, no se anda con rodeos, y tiene todos los elementos que hacen de la espada y brujería uno de mis subgéneros fetiche. Esto incluye, en particular, un barco volador, muertos vivientes y lagartos monstruosos.

Además, como curiosidad para los fans del Conan apócrifo, que siempre buscan más detalles con los que completar la biografía del cimmerio y sus allegados, esta novela rellena algunos huecos en el pasado de Bêlit, antes de que Conan se uniera a ella a bordo de la Tigresa para asolar la Costa Negra. Los hechos carecen de relevancia en el desarrollo del relato (hasta el hermano de la pirata solo es una excusa para impulsar la trama), pero aportan algo de profundidad al personaje, como hicieron también los cómics de Marvel escritos por Roy Thomas. Lástima que Bêlit solo aparezca al principio y al final de la novela, y que el resto de mujeres del libro sean, o bien brujas perversas que intentan seducir a Conan para detenerlo, o bien mozas que caen rendidas a los pies del bárbaro y suspiran cada vez que lo ven en acción. Como manda el género.

2 comentarios

  1. "11.22.63" es maravilloso, el mejor libro de King en años (la serie ni idea, no la he visto).

    Todo lo que comentas de Neimhaim me atrae, así que lo sumo a mi pila de lecturas.

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