14 de febrero de 2019

Marmalade Boy: Trabajo a media jornada. La guerra del amor se mide con las ventas


Creo que ya lo había admitido antes, pero disfruto escribiendo sobre Marmalade Boy. No vería un episodio de la serie cada año si no la siguiera para escribir sobre ella en la que probablemente sea la celebración más extraña de San Valentín, pero suele ser un magnífico material con el que llenar las páginas de este blog.

Sin embargo, el episodio que voy a comentar hoy es el más flojo de con el que me hemos topado en los últimos nueve años y me ha llevado a replantearme algunas de las decisiones vitales que he tomado en ese tiempo. Por ejemplo, ¿quiero seguir escribiendo sobre una serie romántica japonesa cuando tenga cuarenta años? ¿Es este el legado que quiero dejar para que la gente me recuerde cuando ya no esté aquí? ¿Qué dirá el Tribunal de Ancianos para la Defensa de Zarkon si se entera de a qué dediqué mi tiempo en la Tierra? Hace más de treinta años que este planeta debería pertenecer al Imper...

¡Marmalade Boy!


Meiko está a solas en la biblioteca del instituto. En lugar de aprovechar para estudiar con tranquilidad, la chica está leyendo un rollo macabeo que le ha escrito Miki.

El texto trata acerca de la diarrea mental que le provoca a esta tarada el triángulo amoroso sobre el que gira toda su vida:

"A veces me odio por sentir celos de Ginta y Arimi. Por otro lado, la ternura de Yuu me desconcierta. No, no quiero ser tan frívola. No quiero jugar con los sentimientos de los dos".

Voy a asumir que si Meiko está leyendo esta mamarrachada a escondidas no es para mantener en secreto la innecesariamente embrollada vida sentimental de su mejor amiga, sino para evitar salpicar a sus compañeros cuando le reviente la cabeza por sufrir una sobredosis de vergüenza ajena. Es una chica muy considerada.

La posdata es todo un detalle. Da mucho peso al drama.

El sentido arácnido de Meiko cosquillea cuando alguien abre la puerta de la biblioteca. ¿Será el profesor Namura, con el que mantiene una relación romántica en secreto, a espaldas incluso de su amiga Miki? ¿Será una manera poco sutil del autor de este blog de recordarnos por qué Meiko debería importarnos?

Pues no. Se trata de Satoshi Miwa, el presidente del consejo estudiantil.

Si el nombre no os dice nada, no os preocupéis. A mí tampoco. Pero quizá os suene su cara.

O su mullet inolvidable.

Aunque tengo muy mala memoria para los nombres, sé y he comprobado que este es el chico misterioso con el que habló Yuu en el episodio tres. Y ahora que ha vuelto a aparecer y no tarda ni tres segundos en flirtear con Meiko, me doy cuenta de que quizá Satoshi no sea tan trucha como yo pensaba, sino ambidiestrosesuar.

"Las chicas tan guapas como tú destacan. Siempre es una gran noticia que llegue al instituto un bomboncito como tú. Lo digo en serio, has causado sensación. Si la belleza de todas las chicas fuera como una carrera de caballos, tú llevarías a todas las demás tres cabezas de ventaja".

Apuntad a Satoshi a la lista de personajes que me dan un asco tremendo. Ya van todos.

Meiko coge un abrecartas que había sobre la mesa y, con un movimiento rápido, se lo introduce a Satoshi en la boca e inmediatamente lo gira hasta clavárselo y desgarrarle la mejilla por dentro, atravesando membrana, carne y piel. La punta del abrecartas asoma por el carrillo y un reguero de sangre comienza a resbalar por la herida.

Lamentablemente, las imágenes que me vienen a la cabeza no reflejan la realidad. Lo que hace Meiko es mandar al chaval a freír espárragos y marcharse.



Mientras tanto, en uno de los pasillos, el profesor Namura se cruza con su compañera de claustro Momoi, que viste como una oficinista lesbiana de treinta años que parece que tuviera cuarenta.

Ella le pregunta si quiere quedar cuando terminen de trabajar y él le responde que "claro" con una sonrisa.

¿De verdad pretenden hacernos sentir lástima o que nos preocupemos por Meiko porque el adulto con una posición de autoridad sobre ella va a salir con otra mujer? ¿Eso es lo que pretenden?

Pues me parece bien. A lo mejor a vosotros os plantea un dilema moral irresoluble que un profesor y su alumna salgan juntos; pero a mí, plin. Estoy repasando la serie con más detalle que cualquier otra persona sobre la faz del planeta y tengo muy claro que sus personajes gozan de una estabilidad emocional y una madurez mental envidiables. No hay más que ver a Miki.

Y, por cierto, Momoi ni siquiera suena a nombre de verdad. Podría ser un producto de la imaginación de Namura para servirle de válvula de escape a su sentimiento de culpabilidad. Leí sobre ello en un estudio sociológico sobre enfermedades mentales. Creo que se titulaba Teo está enfermo.

Los años noventa, atentando contra la moda.

En otro pasillo diferente, Ginta recuerda el pacto que hizo con Arimi para fingir que son novios. Para los que no tengáis buena memoria, la intención de los confabuladores es que Miki y Yuu se pongan celosos y salgan con ellos. No los cuatro juntos. Por parejas. Parejas hetero.

Pese a que el plan es infalible y no tiene fisuras de ningún tipo, Ginta se arrepiente de haber aceptado la propuesta de Arimi porque ahora no puede hablar con Miki "como siempre". Supongo que quiere decir como el obseso sexual con personalidad psicopática que ha demostrado ser.

Ante esta situación, y como haría cualquier persona razonable, Ginta le dice a Arimi que su acuerdo fue un error y que prefiere sincerarse con Miki antes de que el asunto se les vaya de las manos.

O no dice nada y se dedica a espiar a Yuu y a Miki. Yo no escribo la serie.

De esto a James Stewart en La ventana indiscreta hay un paso.

Ginta oye a Yuu pedirle a Miki que le eche una mano en la tienda.

"Ya sabes, en el Junk Jungle", dice Yuu. "Hoy vamos a tener mucho lío".

Qué gran decisión por su parte. Si algo hemos aprendido viendo los episodios anteriores es que Miki no solo tiene la serenidad de un monje tibetano y, por tanto, trabajará bien bajo que presión, sino que reúne las cualidades que cualquier tienda busca en un vendedor. Es amigable, paciente, disciplinada, empática y para nada bipolar, neurasténica y proclive al empanamiento.

Como Miki no tiene planes, Yuu la agarra por la muñeca y la arrastra con él a la carrera. Es un auténtico caballero.

A todo esto, aún no sé por qué narices se sonroja Ginta mientras escucha a estos dos. Quizá el diálogo en japonés tiene doble sentido y el traductor del doblaje castellano fue incapaz de resolverlo. O, lo que es más probable, el traductor vio que le iba a llevar un rato pensarlo y llegó a la conclusión de que no merecía la pena el esfuerzo. Yo habría hecho lo mismo y además prendido fuego al estudio de grabación. Al menos así hubiera retrasado la propagación de esta plaga animada.

-¡Violencia física! ¡Socorro! ¡Policía!

La tienda en la que trabaja Yuu la vimos por primera y última vez en el episodio 5. De eso hace ya cuatro años y por aquel entonces ni siquiera estábamos seguros de si era una tienda de ropa o una cafetería. Pero aunque la naturaleza del negocio empieza a estar más clara, sigue siendo extraño que Kijima, el dueño, lleve gafas de sol. Yo jamás entraría a comprar ropa en una tienda si viera que el tipo que hay detrás del mostrador lleva gafas de sol. Armas o drogas tal vez, pero no ropa.

Contra todo pronóstico, Miki resulta ser una buena dependienta, y Kijima la cubre de halagos.

No sé por qué me sorprendo. En realidad, Miki se limita a actuar como esperan de ella, con un despropósito de sonrisas, reverencias y buenas maneras impostadas que minan la poca dignidad que pudiera quedarle al personaje y la convierten en la viva muestra del servilismo laboral que persiste en la sociedad japonesa.

Ja, ja, ja. Cómo nos reímos todos ahora, ¿eh?

Miki no proyecta sombra, quizá porque ya no tiene alma.

Miki enseguida se da cuenta de que Yuu es un vendedor muy popular con las mujeres y empieza a entender aquello de que tenía un club fans. He escrito un haiku al respecto:

Mosca a la miel,
y para los moscones,
la mermelada.

¿Qué?, al menos he respetado la métrica.

Kijima le pregunta a Miki si le gustaría seguir trabajando en la tienda. Yuu se interpone rápidamente entre ellos nada más oír la propuesta y le dice a su jefe que ni hablar del peluquín, porque, "¿qué pasaría si de repente [Miki] tuviera que ayudar a un tipo a probarse unos pantalones?".

Miki lo encuentra adorable y se ríe al verle sacar la lengua como un crío. ¿Qué mujer no querría a su lado a un hombre que tome las decisiones por ella sin contar siquiera con su opinión?

"Me has hecho muy feliz", piensa la chica para sus adentros.

Tiene que haber un teléfono al que podamos llamar para que la ayuden a salir de esta relación.

Controlador, paternalista y pueril. Un tesoro.

Al rato, Arimi entra en la tienda con Ginta del brazo, fingiendo que son novios.

Pese a su manía de repetir constantemente que Ginta y ella son pareja y salen juntos (porque, por si no habéis prestado atención, son pareja y salen juntos, y salen juntos porque son pareja), Arimi está medio creíble en el papel de novia; pero a Ginta se le ve más incómodo que si tuviera colgado del brazo un koala rabioso con garrapatas.

Con todo, Miki no es capaz de captar estas sutilezas en el comportamiento de su amigo y pica el anzuelo. La música dramática que quiere que el espectador se ponga en tensión también tiene parte de culpa.

-¿No puedes disimular un poco, Ginta?
-¿Y qué narices hago?
-No sé. Procura ser más controlador, paternalista y pueril.

Antes de que pase mucho rato, entra en la tienda otro viejo conocido: Tsutomu Rokutanda, el chaval del pelo violeta que casi lleva la palabra "tanga" en el apellido.

Al ver a su primo Ginta del brazo con Arimi, la ira que hay en él entra en ebullición y se convierte en el típico protagonista chuleta de de los shonen, enfrentándose a su primo delante de toda la clientela.

"Sabes que me gusta Arimi desde pequeño y ahora vas y te pones a salir con ella", le grita. "Pensaba que me respetarías por ser tu primo. Eres un mamón. Vamos, que te voy a zurrar".

Un rasgueo de guitarra eléctrica añade tensión a la escena.

-Decidiremos quién se queda con Arimi en Mortal Kombat.

Tsutomo aprovecha que toda la tienda les presta atención para ridiculizar a Ginta. Concretamente, y os juro que no me invento nada, dice que Ginta se meó en la cama durante muchos años, que hasta después de parvulario llamaba "guau-guau" a los gatos, y que, una vez que fueron a pescar, se cayó al agua y hubo que sacarlo con la red.

Menudo escándalo. Es lo más humillante que he oído nunca.

Avergonzada, Arimi se esconde poco a poco entre los clientes para pasar desapercibida. ¿Y ella se hace llamar novia falsa? Lo que hay que ver...

"¡No vas a conseguir nada diciendo esas gilipolleces sobre mí!", contesta Ginta, enfadado.

Primero "mamón", ahora "gilipolleces"... ¡Marmalade Boy se ha subido al tren de los tacos!


"Vamos a pegarnos y veremos quién tiene más aguante", dice Tsutomo, ya que claramente esa es la única salida razonable.

Yuu tampoco se libra del fregado, y aunque de primeras pasa de los primos y le llama "niñatos", al final le pican y no puede resistirse a decirles:

"No podríais conmigo".

Esta pelea de gallitos refleja la estupidez masculina a la perfección y es la representación más realista del ser humano que hemos visto desde que empezó la serie.

-Pos fale.

Por desgracia, nadie se lía a puñetazos hasta sacarse un ojo o reventarse el hígado, porque Kijima, el jefe de la tienda, les propone que en lugar de matarse unos a otros, compitan en beneficio del sistema económico que salvó a la raza humana de la barbarie y de la extinción en el siglo XIX: el capitalismo. Sí, el que más ropa venda antes de cerrar será el ganador.

Aunque no veo en qué medida puede ayudar esto a nadie que no sea el propio Kijima, a Tsutomo le encanta la idea y, al igual que pasó con la apuesta del partido de tenis, propone que el perdedor se corte el pelo.

Miki y Arimi se imaginan a Tsutomo rapado al cero y se ríen por lo bajini.

¿Se puede saber por qué les hacen gracia los calvos a los japoneses? ¿Es que no pueden adaptarse a la cultura occidental para que yo pueda entender sus ridículos dibujos animados?

Un piscolabis para vuestras pesadillas.

Tras un montaje en el que vemos a cada chico haciendo lo imposible por vender más que el resto, llega la hora de cerrar la tienda, y Tsutomu ha perdido la apuesta por una sola camiseta.

No veía una competición tan emocionante desde que jugaba a las carreras ciclistas con chapas. Yo solo.

Pero el resultado es irrelevante. Lo interesante es que el espectáculo atrae a mucha gente, incluidos Namura y Momoi, que estaban paseando por la zona y se quedan para tomar un café con Kijima, que es un antiguo amigo de ambos.

Por supuesto, da la casualidad de que Meiko, seguida de Satoshi, también pasaba por allí y ve a los tres juntos en la terraza. En el Tokio de los años noventa apenas vivían 33 millones de personas, así que estas casualidades ocurren.

Meiko se queda mirándolos fijamente y llega a la única conclusión razonable: Namura se ha cansado de ella y ahora está liado con Momoi.

Supongo que es una cuestión de perspectiva. Si eres una persona normal, ves a tres amigos tomando algo juntos; pero si eres una adolescente que vive en una dimensión de melodrama infinito, ves a dos tortolitos rodeados de burbujas mágicas. Y esta distorsión de la realidad le parte el corazón.

Normavisión®.

Mermeladavisión®.

Después de este día tan interesante, Miki y Yuu regresan a casa y encuentran varias maletas hechas junto a la entrada.

Sus padres les preguntan si no les habían dicho ya que se iban de vacaciones. Obviamente no, porque son un desastre como progenitores, como personas e incluso como bultos a los que arrimarse en caso de una bajada repentina de las temperaturas.

Miki se queda pasmada.

"Yuu y yo vamos a quedarnos solos en casa", piensa al tiempo que entra en el hiperespacio.

Y aquí termina el episodio.

¡Velocidad absurda!

Tremendo cliffhanger, ¿verdad?

Pero si semejante bomba de premisa os parece poco aliciente para continuar viendo la serie, esperad a leer el título del próximo episodio: "Nuestra primera noche. Sorpresa en el cuarto de baño".

¡Ahora no puedo esperar a que pase otro año para enterarme de qué sucederá!

Nah, sí que puedo. Además, con ese título podría ser el episodio ideal para celebrar los diez años que llevo escribiendo sobre esta carcoma empalagosa del ánimo.

Eso sí, espero que la sorpresa en el cuarto de baño sea un buen ñordo de Yuu y que cuando Miki entre en el baño, Yuu cierre la puerta de golpe y mantenga el tirador bien agarrado por fuera para que ella no pueda escapar. Y no hablo de una caca cualquiera, sino de una montaña fecal jurásica que atasque el váter y huela tan mal que provoque náuseas a las moscas. Esto me haría feliz. Y también nos conduce a mi conclusión del episodio:


Gracias, doctor Malcolm.

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3 comentarios

  1. Todo un año esperando este día y tengo que decir que no me ha decepcionado.
    yo creo que lo mejor, como ya lo he dicho otras veces, es que esto sea una labor no se... Semanal y nos puedas iluminar cada semana con estos grandes momentos de la tv. No se piénsalo..

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  2. Rayos ahora me apetece (volver a) ver la serie, (volver a) leerme los cómics y leer una entrada sobre Voltron. Por cierto ¿hay algún sitio donde puedan verse las temporadas 3 - 8 sin tener que rebuscar en la deep web?

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  3. Si no supiera como acaba la serie tendría esta estúpida teoría:

    Lo más seguro es que la tienda de ropa sea para lavar dinero negro procedente de la trata de blancas que también para captar posibles víctimas usando a Yuu como cebo, de ahí su actitud posesiva con Miki, más propia de un proxeneta que de un adolescente normal y es más que probable que dijera la verdad cuando dijo que Ginta y Tanga, los yakuzas saben pelear. Namura en realidad es un captador de la red que se encarga de captar jovencitas incautas y las acondiciona para tener sexo con hombres mayores que ellas. Momoi en realidad es un travelo que se encarga de los chicos y Satoshi es el aprendiz de Namura el cual usa su posición en el consejo estudiantil para cubrir las huellas de Namura y su horterismo sirve en realidad para que las víctimas se alejen por patas de los chicos de su edad.

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